LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVI

Lectura del libro del Génesis 18, 1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo:

«Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo».

Contestaron:

«Bien, haz lo que dices».

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

«Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».

Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían.

Después le dijeron:

«¿Dónde está Sara, tu mujer?».

Contestó:

«Aquí, en la tienda».

Y uno añadió:

«Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».

Salmo 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5

R./ Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R./

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R./

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28

Hermanos:

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».

Respondiendo, le dijo el Señor:

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

COMENTARIO

En esta escena de María de Betania a los pies de Jesús, san Lucas muestra la actitud orante del creyente, que sabe cómo permanecer en la presencia del Maestro para escucharlo y estar en sintonía con Él. Se trata de hacer una parada durante el día, de recogerse en silencio, unos minutos, para dejar espacio al Señor que “pasa” y encontrar el valor de quedarse un poco “a solas” con Él, para volver luego, con serenidad y eficacia, a las cosas cotidianas. Elogiando el comportamiento de María, que «eligió la parte buena» (v. 42), Jesús parece repetirnos a cada uno de nosotros: “No te dejes llevar por las cosas que hacer; escucha antes que nada la voz del Señor, para desempeñar bien las tareas que la vida te asigna”.

Luego está la otra hermana, Marta. San Lucas dice que fue ella la que hospedó a Jesús (cf. v. 38). Tal vez Marta era la mayor de las dos hermanas, no lo sabemos, pero ciertamente aquella mujer tenía el carisma de la hospitalidad. Efectivamente, mientras María escucha a Jesús, ella está totalmente ocupada con otros quehaceres. Por eso, Jesús le dice: «Marta, Marta, te afanas y preocupas por muchas cosas» (v. 41). Con estas palabras, ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se vive. También nosotros compartimos las preocupaciones de santa Marta y, siguiendo su ejemplo, nos proponemos asegurarnos de que, en nuestras familias y en nuestras comunidades, vivamos el sentido de aceptación, de fraternidad, para que todos puedan sentirse “como en casa”, especialmente los pequeños y los pobres cuando llaman a la puerta. (Papa Francisco, 21-07-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el libro del Génesis 18, 1-10a Abrahán sentado a la sombra de su tienda en Mambré […] se ve sorprendido por la presencia de tres caminantes. Sale a su encuentro y los invita a descansar y tomar un bocado. La ambigüedad da realce a la reacción de nuestro héroe. Él no sabe, ni el lector tampoco, quiénes son. […] Los trata con normas exageradas de hospitalidad: se pone en pie y corre a su encuentro, los invita con humildad y sencillez a reposar y a comer y beber algo. Apenas sale de su presencia, todo son prisas: ordena a Sara que haga pan y a los pastores que maten una res y la guisen. Mientras ellos comen, permanece en pie como un criado.

Los caminantes prometen, en este caso a Sara, que va a tener un hijo.

Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28. Pablo constata, a continuación, que ha sido constituido ministro de la Iglesia con el encargo de anunciar el misterio escondido. El término “misterio” no designa un secreto que se comunica solamente a unos iniciados y que han de guardar entre ellos como sucede en las religiones mistéricas, sino el designio salvador de Dios respecto de los paganos a quienes llama a formar parte de la Iglesia de Cristo en las mismas condiciones que los judíos. Este designio permaneció escondido en las pasadas generaciones; si bien fue anunciado en el Antiguo Testamento, su manifestación total y su realización práctica no tuvo lugar hasta el advenimiento de Cristo y la predicación de los apóstoles, especialmente de Pablo.

Evangelio según san Lucas 10, 38-42 Visita de Jesús a Marta y María. En la casa de estas dos hermanas, que son probablemente las mismas de Jn 11, debía haber muchos invitados, y uno de los deberes de las personas que recibían era atenderles y preocuparse de que no les faltara nada. De ahí la queja de Marta ante Jesús de que su hermana María no le ayuda en las tareas de la casa. La respuesta de Jesús nos da el mensaje central del pasaje: la palabra de Jesús está por encima de cualquier otro interés. Es una idea similar a la que poco antes Lucas ha descrito con respecto al seguimiento de Jesús (Lc 9,57-62). La descripción de María, sentada a los pies del Señor, se corresponde con la postura de un discípulo ante su maestro (Lc 8,35; Hch 22,3). Lo que no deja de sorprender teniendo en cuenta el contexto sociológico del siglo I, donde una mujer no podía ser discípulo de un rabino. No se trata, por tanto, de la oposición entre acción y contemplación, como a veces de ha dicho, sino de dejar bien claro que la escucha de la palabra de Jesús es el comienzo absoluto de la vida de todo creyente. Quizá Lucas quiere responder con este texto a cierta tensión que existía en su comunidad entre poner en práctica el mandamiento del amor, del que habla en la parábola del buen samaritano, y la escucha de la palabra (Hch 6,2-4).

ACTUALIZAMOS

  1. En la primera lectura, Abrahán tiene gestos de hospitalidad hacia los caminantes:

¿Cuáles son los gestos de hospitalidad que necesita nuestro mundo? ¿Cuáles son los tuyos?

  1. “Nosotros anunciamos a ese Cristo”:

¿Cómo anuncias tú a Cristo, con tu palabra, con tus obras?

  1. “María, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra”:

El que se sienta a los pies del Señor es el discípulo, ¿paras un momento para sentarte y escuchar la palabra, lo que te dice a ti en tu interior?

  1. “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas”:

¿Te agobian las cosas que tienes que hacer, las pones en sus manos para descansar en Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XV

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Escucha la voz del Señor, tu Dios, observando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el libro de esta ley, y vuelve al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.

Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable. No está en el cielo, para poder decir: “¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”. Ni está más allá del mar, para poder decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”

El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas».

Salmo 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37

R./ Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R./

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R./

Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R./

Dios salvará a Sion,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 15-20

Cristo Jesús es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles.

Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».

Él le dijo:

«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».

Él respondió:

«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».

Él le dijo:

«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».

Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:

«¿Y quién es mi prójimo?».

Respondió Jesús diciendo:

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él dijo:

«El que practicó la misericordia con él».

Jesús le dijo:

«Anda y haz tú lo mismo».

COMENTARIO

El Evangelio nos educa a ver: guía a cada uno de nosotros a comprender rectamente la realidad, superando día tras día ideas preconcebidas y dogmatismos. Muchos creyentes se refugian en dogmatismos para defenderse de la realidad. Y, además, seguir a Jesús nos enseña a tener compasión: a fijarnos en los demás, sobre todo en quien sufre, en el más necesitado, y a intervenir como el samaritano: no pasar de largo sin detenerse. (Papa Francisco, 10-07-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro del Deuteronomio 30, 10-14. En la perspectiva de este texto, se trata de dos temas complementarios. En efecto, el arrepentimiento lleva consigo una renovación interior, que se ha de traducir en obediencia a la ley. Un cambio de este tipo abre las puertas a la esperanza de una nueva vida en la tierra.

Carta de san Pablo a los Colosenses 1, 15-20. Cristo, creador y salvador. Nos encontramos ante un himno, de dos estrofas, que probablemente el autor ha tomado de la liturgia, pero que está perfectamente integrado en la carta, puesto que sus temas aparecen muchas veces en ella.

La primera estrofa (Col 1,15-17) comienza afirmando que Cristo es la imagen de Dios invisible. Lo afirmó ya en 2 Cor 4,4. El punto de partida para la explicación del término “imagen” no hay que buscarlo en la esencia de una verdadera imagen, sino en las fuentes bíblicas: Gn 1,26 y sobre todo en Sab 7,26 donde se llama a la sabiduría “imagen de la bondad de Dios”. También el hombre es imagen de Dios en el orden natural por su naturaleza racional (Gn 1,26; 1 Cor 11,7) y en el sobrenatural por la gracia santificante (1 Pe 1,4). Pero Cristo es una imagen en todo igual al Padre, en el ser y en el obrar (Jn 5,19-26), porque en él reside la plenitud de la divinidad (Col 1,19). Dios, que por su naturaleza es espiritual y trascendente, se nos hace visible en Cristo que a través de su humanidad nos refleja las perfecciones divinas del Padre. Las misteriosas declaraciones del mismo Cristo nos dejan vislumbrar el profundo significado de la afirmación paulina. En Jn 14,9 dice: El que me ve a mí ve al Padre. Y en Mt 11,27: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre no lo conoce más que el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Así Cristo viene a ser para nosotros una epifanía del Padre.

Cristo es también el primogénito de la creación. Esta frase hay que interpretarla a la luz del significado del término primogénito entre los judíos. Como consecuencia de su primacía en el tiempo, el primogénito lo era también en la dignidad y el señorío sobre sus hermanos. Aplicado a Cristo, más bien que la preexistencia que le compete como Hijo de Dios y por tanto engendrado desde la eternidad, significa la supremacía y el poder de Cristo sobre toda la creación. En la expresión anterior se trataba de “ser”; en ésta de la “dignidad” y del “dominio”, completando así la anterior. Las frases siguientes excluyen toda posibilidad de interpretación de esta frase en el sentido de la inclusión de Cristo entre las criaturas. Y tiene la supremacía y señorío sobre todas las cosas porque han sido creadas en él, por él y para él (Col 1,16). La primera expresión (en él) no indica causa ejemplar en el sentido de que todas las cosas tuvieron su existencia en el Verbo, a la manera como un edificio antes de ser construido existe ya en la mente del arquitecto, sino que todas las cosas han sido creadas en él como en su principio y tienen en él su centro supremo de unidad, cohesión y armonía. La segunda (por él) afirma que todas tienen en él su causa eficiente, como la tienen en el Padre, y por lo mismo da la vida a los que quiere (Jn 5,21.26). La expresión podría expresar también la mediación de Cristo en cuanto que todo lo que él comunica lo ha recibido del Padre, principio fontal de todas las cosas. La tercera (para él), que en otros pasajes se aplica al Padre (1 Cor 8,6; 15,28), se refiere aquí al Verbo Encarnado, a Cristo, con miras al cual, como término y finalidad, fueron creadas todas las cosas (Ap 1,17; 21,6). Al mencionar expresamente entre las realidades creadas los tronos, dominaciones, principados y potestades (Col 3,16), quiere expresar la totalidad de los seres, no solo los que podemos contemplar con nuestros ojos, sino también las jerarquías angélicas que se suponen dominadoras del mundo. Por lo demás, se las menciona bajo el común denominador de “dominio” para poner de relieve la supremacía de Cristo sobre todas ellas, como criaturas suyas que son, lo mismo que las criaturas de la tierra.

[…]

Mientras que la primera estrofa (Col 1, 15-17) ponía de manifiesto la supremacía de Cristo sobre la creación, la segunda (Col 1,18-20) la va a poner ahora de manifiesto en el orden de la redención: él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. En las cartas de la primera época paulina se utiliza la imagen con sentido de primacía (1 Cor 11,3). En Colosenses y Efesios adquiere un ulterior significado: Cristo es la cabeza que comunica la vida a los miembros del cuerpo y que los une en un conjunto vital y armónico. A la afirmación de que Cristo es el principio de todo por su condición divina, se añade que Cristo se nos ha manifestado en la pascua como el primogénito de los que triunfan sobre la muerte; no se trata de dos afirmaciones independientes, sino que las dos se refieren a la resurrección. Afirman lo que Cristo es no sólo por su “ser”, sino por el acontecimiento “pascual”: la fuente perenne de la gracia y de la gloria. Cristo es principio y primogénito de entre los muertos no sólo en cuanto que fue el primero que resucitó, sino en cuanto que en la resurrección de Cristo está ya incluida la nuestra (1 Cor 15,20), que tendrá lugar al final de los tiempos. […]

En Cristo habita, y sólo en él, efectiva y esencialmente la divinidad. Y no la comparte en modo alguno con las potencias cósmicas (Col 2,8). Estas son, como todos los demás seres de la creación, criaturas suyas. Algunos entienden que el autor se refiere aquí a la plenitud del “cosmos” y explican la expresión, diciendo que Cristo ha sido colocado a la cabeza de ese cosmos o “pleroma” de Dios, recapitulando en sí todas las cosas.

Por eso puede reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra. Se explica fácilmente la reconciliación de los hombres.

Evangelio según san Lucas 10, 25-37. El buen samaritano. El diálogo inicial entre el maestro de la ley y Jesús sigue muy de cerca el texto de Mt 12,28-34. Marcos, sin embargo, nos habla de un maestro de la ley y la pregunta que hace es sobre el gran mandamiento de la ley. Lucas, adaptándose quizá a sus destinatarios cristianos de cultura griega, pregunta sobre la vida eterna. La respuesta del maestro de la ley combina dos textos del Antiguo Testamento: Dt 6,4 y Lv 19,18. Pero queriendo pasar por hombre justo plantea una nueva pregunta sobre quién es su prójimo. Para un judío la cuestión tenía una respuesta clara en la ley: es todo miembro del pueblo de Dios (Ex 20,16-17; 21,14.18.35; Lv 19,11-18). Para esta parábola, sin embargo, todo hombre que se aproxima a los demás con amor es el verdadero prójimo, aunque sea un extranjero. De este modo la pregunta primera se invierte y se transforma en: ¿cómo puedo ser yo el prójimo del necesitado? No debemos olvidar aquí que los sacerdotes y levitas, los expertos de la ley, son los que pasan de largo. Sus conocimientos nos les sirvieron para responder a la necesidad concreta que se les presentaba. Su corazón no estaba convertido al Dios de la misericordia. Por el contrario la parábola nos descubre que el que tiene el secreto de la vida eterna es, paradójicamente, un samaritano, un extranjero odiado por los judíos (el maestro de la ley ni siquiera se atreve a pronunciar el nombre de «samaritano», Lc 10,37). Es verdad que él no tiene los conocimientos de la ley que tienen los sacerdotes y levitas, pero sin embargo sintió lástima. Tiene un corazón compasivo que sabe expresarse a través de un amor eficaz. La compasión (Lc 10,37) es, según Lucas, una de las características de Dios (Lc 1,54; 6,36) y la explicación de la actitud que Jesús adopta ante los pobres y pecadores (Lc 17,13; 18,38). Esta misericordia debe pasar por encima de cualquier otra consideración en la vida concreta de los discípulos de Jesús. En este gesto del samaritano la Iglesia de todos los tiempos reconoce un aspecto fundamental de su misión: la de levantar a todos los hombres y mujeres caídos en los caminos de la historia.

ACTUALIZAMOS

  1. “Escucha la voz del Señor, tu Dios”

¿Lees la Palabra, escuchas lo que te dice, cuidas la relación con Dios en tu interior?

  1. “¿Cuál … te parece que ha sido prójimo?… el que practicó la misericordia con él”

¿Ves a los demás como prójimo?  

Ante sus necesidades, ¿eres indiferente o misericordioso, compasivo?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIV

Lectura del libro de Isaías 66, 10-14c

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis;
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella,
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado,
se manifestará a sus siervos la mano del Señor».

Salmo 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

R./ Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R./

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R./

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna eternamente. R./

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 6, 14-18

Hermanos:

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.

La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.

En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”.

Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:

«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Él les dijo:

«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

COMENTARIO

El profeta Isaías nos presenta en la primera lectura una descripción idílica de Jerusalén, que, como una gran matrona, espera a que sus hijos regresen del exilio y se concentren en su regazo para consolarlos. La paz y la riqueza de las naciones afluirán hacia ella como un torrente en el que se saciarán los repatriados como lo haría un niño en los pechos de su madre. La alabanza que resuena en el salmo bien podría estar motivada por la alegría de ese reencuentro. El evangelio de Lucas, en cambio, nos dice que la Iglesia –Nueva Jerusalén- ha de seguir otra estrategia. Ella no esperará a que sus hijos, hombres y mujeres de todas las naciones, vengan a ella, sino que saldrá a los caminos para anunciarles la paz que llega con el reinado de Dios.

COMPRENDER EL TEXTO

De camino hacia Jerusalén, el Señor decide enviar a un numeroso grupo de discípulos delante de él, dándoles instrucciones para la misión que han de llevar a cabo. Más tarde, cuando regresen contentos, Jesús les ayudará a interpretar el verdadero sentido del éxito obtenido.

Al igual que Marcos y Mateo, Lucas ya había aludido al envío de los Doce mientras Jesús desarrollaba su ministerio en Galilea (Lc 9,1-6). Pero él es el único evangelista que, en el transcurso del viaje a Jerusalén, menciona un nuevo mandato misionero dirigido a otro grupo de discípulos. La comparación entre ambos episodios ayuda a ver las llamativas semejanzas y también algunas diferencias.

El número de setenta discípulos (o setenta y dos, según algunos manuscritos antiguos) no es casual, sino que tiene un valor simbólico. Lo más probable es que haga referencia a la universalidad de la misión, ya que tal es el número de los pueblos de la tierra según el libro del Génesis (Gn 10). Por otro lado, la razón que da Jesús para justificar este nuevo envío es que la mies es abundante y los obreros pocos. Frente a la inmensidad de la tarea, nadie está de más. Por tanto, el anuncio de la Buena Noticia no puede limitarse a Israel ni afectar sólo a los apóstoles, sino que ha de implicar a todos los discípulos y abrirse al mundo entero. De este modo, Lucas presenta a Jesús preparando y adelantando ya la misión universal de la Iglesia que él mismo narrará después en el libro de los Hechos.

Dos veces dice Jesús que los misioneros han de proclamar la llegada inminente del Reino de Dios (versículos 9 y 11). Esta repetición es muy significativa y señala el núcleo esencial del anuncio que deben transmitir. Las demás acciones que han de realizar están íntimamente relacionadas con ese mensaje. Desear la paz, curar enfermos, compartir vida y mesa más allá de prejuicios y escrúpulos reales…, son modos concretos de hacer visible la cercanía del Reino que trae la salvación, rompe las fronteras que dividen a las personas y libera de todo aquello que las oprime o deshumaniza.

Las instrucciones que Jesús da a quienes envía marcan un “estilo misionero” que ya es en sí mismo un testimonio coherente con el mensaje que deben transmitir. Por ejemplo, pedir al dueño de la mies que mande más trabajadores supone confiar en que Dios llevará a cabo su obra, pero implica al mismo tiempo disponibilidad para la tarea. Viajar sin “bolsa, ni alforja, ni sandalias” significa relativizar la seguridad y la eficacia que ofrecen los bienes materiales frente al apoyo ofrecido por el Señor que envía. Ahorrarse los saludos protocolarios no es muestra de mala educación, sino una estrategia requerida por la inminente llegada del Reino, que exige actuar con urgencia y sin rezagarse. Cada una de esas actitudes misioneras testimonia algo sobre el Reino de Dios que se acerca, pero no todos sabrán entender este mensaje.

La posibilidad de una reacción hostil ante el anuncio del Reino está insinuada desde el principio, cuando los discípulos son enviados como corderos en medio de lobos. El mensaje puede ser mal recibido, pero no por ello los misioneros renunciarán a actuar con mansedumbre, en coherencia con la paz que quieren comunicar. El gesto prescrito en el v. 11 se asemeja a las acciones simbólicas de los profetas; supone una constatación de la falta de acogida, pero no implica violencia, revancha o imposición. Con todo, y a pesar de estas advertencias, el balance final de la misión parece muy positivo.

La segunda parte de este pasaje narra el jubiloso regreso de los setenta (y dos) y el diálogo mantenido con Jesús a propósito de la tarea realizada (Lc 10,17-20). El éxito obtenido en la misión anticipa la inmejorable acogida que el Evangelio tendrá más tarde entre los paganos. Jesús interpreta este hecho como una victoria sobre el mal -personificado en Satanás y simbolizado en “serpientes y escorpiones”- pero los discípulos no deberían considerar su alegría como el fruto de un triunfo personal. Lo importante es que han sido instrumentos del poder de Jesús y han colaborado con la causa de Dios. Por eso sus nombres están escritos en el cielo.

ACTUALIZAMOS

En la simbología bíblica, decir setenta es tanto como decir “todos”. La responsabilidad misionera de la Iglesia no puede recaer en unos pocos. Cada cristiano y cada cristiana han de ser testigos de la Buena Noticia. Por eso nos sentimos incluidos en ese grupo de enviados y tratamos de traducir para nosotros las instrucciones que Jesús les dio.

  1. “… los mandó delante de él… os envío…”:

¿Me siento enviado?

¿De qué manera integro la dimensión misionera en mi modo de vivir y de entender mi compromiso cristiano?

  1. Y les dio instrucciones:

¿Cuál de las instrucciones dadas por Jesús a los setenta (y dos) considero más actuales y aplicables para mi vida, comunidad, Iglesia…? ¿Por qué?

  1. El reino de Dios ha llegado a vosotros”:

¿Qué tipo de esperanza transmitiríamos a nuestro mundo si anunciásemos y viviésemos este mensaje según lo hemos visto reflejado en el evangelio de hoy?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIII – SOLEMNIDAD, SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.

De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo:

«Date prisa, levántate».

Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:

«Ponte el cinturón y las sandalias».

Así lo hizo, y el ángel le dijo:

«Envuélvete en el manto y sígueme».

Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel.

Pedro volvió en sí y dijo:

«Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R./ El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R./

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R./

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R./

El ángel del Señor acampa en
torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.

A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

Esta persecución es obra de Herodes Agripa I, nieto del famoso Herodes el Grande. Agripa I reinó entre los años 41-44 d. C. Por congraciarse con los judíos (Hch 12,3) persigue a los discípulos y probablemente hacia la pascua del 42 hace matar a Santiago, probablemente porque había sido un predicador especialmente activo y señalado, y un miembro representativo de la comunidad de Jerusalén.

En todo caso esa nueva persecución va alcanzando a otros miembros destacados de la comunidad y llega hasta Pedro.

Este episodio debe de tener como base histórica una prisión y posterior liberación del jefe de los Doce, fruto de esa persecución. En cambio no parece que hayan de tomarse necesariamente a la letra todos los detalles portentosos de la liberación de Pedro. A través de ellos, el autor quiere subrayar la semejanza entre el apóstol y su Señor perseguido, pero manifestando también cómo las circunstancias desfavorables ponen de relieve la acción salvadora de Dios. En efecto, a él atribuye Pedro su puesta en libertad (Hch 12,17). Así como también es significativo que la comunidad esté reunida orando por él mientras acontece su liberación (Hch 12,12).

Segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Pablo ha realizado fielmente su misión. El apóstol desde el día en que respondió con toda generosidad a la llamada de Cristo, había gastado y desgastado su vida por Cristo y la salvación de los hombres. Al final de su vida alguien escribió en su nombre estas líneas que constituyen el mejor epitafio para su sepulcro: He combatido el buen combate. He concluido mi carrera. He guardado la fe. Sólo me queda recibir la corona de la salvación (2 Tim 4,7-8). Cumplida su misión, que ha sido un sacrificio de culto a Dios mismo, no le queda sino derramar sobre ella la libación de su sangre (Flp 2,17). En los sacrificios se vertía el vino inmediatamente antes de ser inmolada la víctima.

Hay dos maneras de dar la vida por Cristo: una consumirla día a día en la tarea de dar a conocer a Cristo a las gentes (2 Cor 12,15). Otra, derramar la sangre por su causa. Imitar a Pablo, que supo darla de las dos maneras, es un reto para sus discípulos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

El pasaje de la confesión de Pedro nos sitúa en un momento muy importante de la vida de Jesús, que también ha quedado reflejado en algunas de sus parábolas. Parece que su ministerio tuvo unos comienzos brillantes y que fueron muchos los que le siguieron. Pero después de este triunfo inicial tuvo que afrontar el rechazo de su pueblo y el fracaso aparente de su misión. Es entonces cuando el Señor se dirige a sus discípulos con una serie de preguntas sobre su propia identidad: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? … ¿Quién decís vosotros que soy yo? El sentido de esta doble pregunta puede captarse mejor si tenemos en cuenta que en la cultura en que vivió Jesús la opinión que los demás tenían sobre una persona era muy importante. Los evangelios están llenos de referencias a la fama de Jesús, que crecía y se difundía por todas partes (p. e. Mt 9,26.31). En este contexto, la pregunta tiene una doble función: reafirmar a Jesús en su misión y confirmar a los discípulos en el seguimiento.

[…]

La doble pregunta de Jesús hace que aparezca con claridad la diferencia entre la opinión de la gente y la de los discípulos. Pedro, en nombre de estos últimos, reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Estos dos títulos resumen la fe de la iglesia de Mateo. No basta con afirmar que Jesús es el Mesías esperado por Israel; hay que añadir que es el Hijo de Dios. Así es como Mateo presenta a Jesús en la primera parte de su evangelio (Mt 1,1-4,16), y como le reconocen sus discípulos (Mt 14,33), y los paganos (Mt 27,54).

A esta confesión de Pedro, Jesús responde con una palabra de felicitación y un encargo muy especial de cara a la Iglesia (Mt 16,17-19). Jesús declara dichoso a Pedro, no por sus méritos, sino porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías y como Hijo de Dios (véase Mt 11,25-26); y le confía la misión de ser la roca sobre la que se asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos. El cambio de nombre produce un juego de palabras (Cefas=roca), que describe plásticamente la tarea que Jesús le encomienda: ser roca firme, para que la Iglesia no sucumba ante las dificultades (véase Mt 7,24-27). Para ello le entrega las llaves del reino y le confiere el poder de “atar y desatar”. La entrega de las llaves equivale al nombramiento de mayordomo supremo, como aparece en algunos textos del Antiguo Testamento (véase especialmente Is 22,19-22). Por su parte, la expresión atar y desatar designaba entre los judíos de la época la potestad para interpretar la ley de Moisés con autoridad. Así pues, Jesús nombra a Pedro mayordomo y supervisor de su Iglesia, con autoridad para interpretar la ley según las palabras de Jesús, y adaptarla a nuevas necesidades y situaciones.

La especial tarea que se le confiere a Pedro en este pasaje concuerda con la que aparece en otros pasajes de Mateo: es el portavoz del grupo de los discípulos y tiene una especial relación con Jesús. Al presentar así a Pedro, el evangelista se hace eco del importante papel que desempeñó en la vida de la Iglesia naciente, sobre todo en las comunidades de Siria, a las que se dirige este evangelio. De Pedro han recibido el evangelio y la tradición sobre Jesús; él ha sido la roca sobre la que se ha edificado su comunidad.

ACTUALIZAMOS

  1. “El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial”:

En tu vida, ¿ves cómo Dios te sostiene, te protege, incluso en las situaciones y acontecimientos difíciles?

  1. “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”:

Jesús puede ser para nosotros un profeta, una persona a la que admirar, el Mesías, el Hijo de Dios… Para ti, ¿quién es Jesús?

HORARIOS DE VERANO 2025

También a partir del 30 de junio hay Horario de Verano de Cáritas parroquial

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XII «CORPUS CHRISTI – SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO»

Lectura del libro del Génesis 14, 18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo:

«Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos».

Y Abran le dio el diezmo de todo.

Salmo 109, 1bcde. 2. 3. 4

R./ Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». R./

Desde Sion extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R./

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, desde el seno,
antes de la aurora». R./

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec». R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:

«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 11b-17

En aquel tiempo, Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación.

El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron:

«Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».

Él les contestó:

«Dadles vosotros de comer».

Ellos replicaron:

«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».

Porque eran unos cinco mil hombres.

Entonces dijo a sus discípulos:

«Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».

Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos.

Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.

 COMENTARIO

La segunda lectura y el evangelio son los textos que más inciden en la fiesta de hoy. Pablo recuerda una tradición fielmente guardada y enseñada, que debe mantener la comunidad cristiana de Corinto. Se refiere al memorial de la última cena, el banquete de los tiempos definitivos que presidió el mismo Jesús antes de morir y que sigue celebrándose en cada reunión eucarística. Lucas con el pasaje de los panes y peces compartidos a la multitud, subraya el compromiso que adquirimos cada vez que comemos de ese pan.

COMPRENDER EL TEXTO

Este relato, envuelto en un rico simbolismo, ha sido interpretado desde siempre por la iglesia cristiana como una prefiguración de la eucaristía.

Dentro del evangelio de Lucas, este pasaje se sitúa entre los últimos episodios de la actividad de Jesús en Galilea. En este pasaje Jesús manifiesta su identidad más profunda.

Jesús enseña, cura y da de comer, es la manifestación visible de la Palabra, el poder y la presencia de Dios. El relato se centra sobre todo en el don del pan, y en este sentido se hace eco de numerosas referencias al Antiguo Testamento. Una de ellas es la tradición del maná: si Moisés sirvió de intermediario para alimentar al pueblo en el desierto (Ex. 16), ahora Jesús lo alimenta por sí mismo con un nuevo maná. Otra referencia es a los relatos de Elías y Eliseo (1 Re 17; 2 Re 4,42); si estos profetas dieron de comer, Jesús es mayor aún que ellos. En él se cumplen con creces todas las promesas que Dios hizo a su pueblo.

El centro del relato es Jesús. Ante la situación en que se encuentra la gente, toma la iniciativa y acepta los pocos panes y peces que tienen los discípulos. Llegados a este punto, es importante que nos fijemos en los gestos que hace Jesús sobre los alimentos: tras orar; los bendice, parte y reparte. El pasaje no habla de “MULTIPLICACIÓN” ni de juegos de magia. Partir y distribuir el pan y los peces es suficiente para que la multitud se sacie.

En este pasaje, además de presentarse la identidad de Jesús, ocupan un lugar muy importante los discípulos. Si antes fueron enviados a predicar y curar (Lc 9,1-6.10), ahora son invitados a colaborar en la tarea de distribuir el pan. Quienes antes ejercieron como servidores de la Palabra, ahora aceptan el servicio de la mesa. Son dos aspectos de la misma misión: ofrecerse para entregar los dones de Dios a todo el mundo. Eso sí, la fuente no está en ellos, sino en Dios. Ellos son intermediarios, colaboradores para que todo el pueblo pueda comer hasta saciarse.

El alimento que da Jesús sacia el hambre de la gente y sobra para alimentar otra multitud, a todo un pueblo. Así se desprende del simbolismo del número 12, las doce tribus de Israel y a los doce apóstoles, el nuevo Israel. Con Jesús se ha hecho realidad la promesa del banquete abundante, gratuito y salvador que Dios prometió en el Antiguo Testamento (Is 25,6). Jesús, el Pan, que ha dado de comer a la multitud, se entregará también en el marco de la última cena para que su gesto sea recordado, repetido y celebrado a favor de toda la humanidad.

ACTUALIZAMOS

Este relato no puede ser cosa del pasado. La gente continúa teniendo hambre. Jesús sigue presentándose como el Pan que sacia y pide a sus discípulos que actuemos como intermediarios y servidores. Las tradiciones populares del Corpus no deben hacer que nos desentendamos del profundo compromiso cristiano que implica celebrar esta fiesta.

  1. A la luz del pasaje de hoy,

¿Qué significa para ti celebrar la eucaristía y “comulgar” con Jesús?

  1. Dadles vosotros de comer”:

¿Qué gestos y palabras del pasaje te han interpelado?

¿Qué podríamos hacer para que nuestras eucaristías nos impliquen y comprometan más?

  1. Comieron todos y se saciaron”:

La celebración coherente de la Eucaristía, ¿puede hacernos vislumbrar un mundo en el que queden saciadas todas las hambres? ¿Por qué?

ORAMOS Y CELEBRAMOS

Presentarnos personalmente ante Jesús y abrir, en su presencia, nuestras manos. Queremos responder a su invitación de ofrecer comida gratuita y sobreabundante a todo el mundo, pero necesitamos su ayuda.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XI «SANTÍSIMA TRINIDAD»

Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31

Esto dice la Sabiduría de Dios:

«El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas.

En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera.

Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.

Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.

No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.

Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba las nubes en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres».

Salmo 8,4-5. 6-7. 8-9

R./ ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R./

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad;
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R./

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar
que trazan sendas por el mar. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-5

Hermanos:

Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

COMENTARIO

El domingo después de Pentecostés, la liturgia presenta la fiesta de la Santísima Trinidad. Celebramos en ella que no creemos en un Dios solitario, sino en un Dios que es relación entre personas, es familia, es comunidad de amor pleno y total. Esta revelación despunta en el Antiguo Testamento, pero llega a su plenitud con Jesús cuando nos habla de la estrecha relación que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, y cuando nos ofrece la posibilidad de que esa comunión de vida llegue a nosotros.

Creer en un Dios que es relación no puede dejarnos indiferentes, sobre todo porque ese Dios Trinidad ha derramado su amor en nuestros corazones. Este don que es él mismo nos invita e impulsa a implicarnos en la tarea de vivir desde la relación, desde la comunión, desde un amor que, haciéndonos más humanos, a la vez nos diviniza.

La liturgia ha elegido un pasaje del evangelio de Juan para que sea proclamado en esta fiesta. Es uno de los anuncios sobre el envío del Espíritu Santo. Igual que a la comunidad joánica, el Espíritu ha ayudado continuamente a la Iglesia a seguir profundizando en el misterio de Jesucristo a la luz de su muerte y resurrección. La fiesta de este domingo es un buen ejemplo.

COMPRENDER EL TEXTO

El fragmento del evangelio de hoy forma parte de los llamados “discursos de despedida” y de los que hemos hablado en otros domingos de este ciclo. La ausencia de Jesús es inminente; se acerca la hora de pasar de este mundo al Padre y ya no podrá comunicar personalmente sus enseñanzas a los discípulos. En este contexto, Jesús les habla de la acción del Espíritu Santo.

El Espíritu guiará hasta la verdad plena. Esta verdad se refiere a la interpretación y profundización del misterio de Jesucristo. En este sentido, el Espíritu será la memoria viva de Jesús. Ayudará a recordar y comprender en plenitud sus palabras, sus gestos, sus signos, a la luz de su muerte y resurrección. Manifestará la verdadera identidad de Jesús, el Hijo de Dios, que a su vez es expresión del rostro del Padre.

Esto no significa que el Espíritu vaya a añadir nada nuevo a lo revelado por Jesucristo. Se refiere a que el Paráclito va a hacer posible la comprensión y actualización de la revelación de Cristo en el futuro. Con su luz y bajo su impulso, los discípulos podrán recrear y actualizar siempre la misión salvadora del Hijo de Dios. Por tanto, gracias al Espíritu, está asegurada la fidelidad de la existencia cristiana al mensaje de Jesucristo. No olvidemos que ésta fue la experiencia que vivió la comunidad joánica: con la certeza de contar con el Espíritu de la verdad, recordó palabras del pasado que la ayudaron a iluminar el presente y a mantenerse fiel a las enseñanzas del Maestro.

Por dos veces se dice en el pasaje que el Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará (vv 14-15), y también se afirma que sólo dirá lo que ha oído (v.13). Por tanto, la relación que se establece entre el Paráclito y Jesús es de íntima comunión con su persona y su obra salvadora, que culminó con su muerte y resurrección. Pero hay más: lo que es de Jesús es también del Padre (v 15). El evangelio de Juan, en éste y otros pasajes, presenta una relación estrecha y de indivisible unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Si Jesús, el Hijo, ha sido enviado para contarnos lo que ha oído y visto en el Padre (Jn 15,15), el Espíritu dirá lo que ha oído al Hijo. Si Jesús ha dado testimonio del Padre (Jn 5,36), misión del Espíritu será la de dar testimonio de Jesús (Jn 5,36). Si Jesús todo lo ha recibido del Padre, el Espíritu recibirá todo del Hijo (Jn 16,15). Y todo ello sin subordinación, desde la igualdad e identidad de amor más profunda.

Lo admirable es que esta revelación va dirigida al ser humano: el Padre tiene un proyecto de amor que nos revela a través de Jesucristo, y éste nos envía el Espíritu que os guiará hasta la verdad plena”.

Los cristianos creemos que el Espíritu continúa ayudándonos a profundizar en el misterio de Dios. Nos ayuda, por ejemplo, en lo que se refiere a captar y comprender el contenido de la fiesta que hoy celebramos: a partir de la revelación recogida en las Escrituras y profundizada por la Tradición, la Iglesia llegó pronto a confesar su fe en un Dios Trinidad.

Que nuestro Dios es Trinidad implica que tiene rostro de vida compartida, que no es alguien cerrado en sí mismo, sino relación, diálogo y comunicación permanentes. Lamentablemente se nos ha presentado con cierta frecuencia este artículo de fe como un gran “embrollo teológico”, sólo apto para intelectuales. Con ello quizá hayamos caído en el error de olvidar que es precisamente este Dios el que, en Jesucristo, ha entrado en diálogo con nosotros, y que creer en la Trinidad es recordar que estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios que es amor compartido. Por tanto, sólo en la medida en que nos dejemos habitar por él y trabajemos por instaurar la comunidad trinitaria en nuestro mundo encontraremos la verdadera felicidad, la meta para la que hemos sido creados, la realización propia y la de toda la creación.

ACTUALIZAMOS

El pasaje de hoy nos ha ayudado a profundizar en lo que significa que Dios, siendo uno, sea a la vez comunidad, relación interpersonal. Esta reflexión no puede dejarnos impasibles: tiene consecuencias muy claras a la hora de ser y actuar como cristianos que creen en un Dios Trinidad.

  1. Jesús nos revela que en Dios existe una estrecha relación de comunión, de apoyo, de amor:

¿A qué te compromete esta revelación del ser de Dios?

  1. En este mundo:

¿Qué tipo de sociedad y de Iglesia nos invita a construir la fe en la Trinidad?

¿Qué compromiso concreto podemos adoptar en este sentido?

  1. El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”:

¿Qué signos de la presencia de ese Dios que es relación de personas, comunidad de amor pleno y total, descubrimos en nuestra vida y en nuestro mundo?

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO VIII «PENTECOSTÉS»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R./

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R./

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

COMENTARIO

Cincuenta días después de haber celebrado la resurrección del Señor, concluimos hoy el tiempo de Pascua. Pentecostés es el envío del Espíritu Santo. Y de ello hablan las lecturas, cada una desde su perspectiva. Tanto el evangelio como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, resaltando diversos aspectos de un mismo misterio. No obstante, existe una coincidencia de fondo. En ambos casos se resalta que el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para que puedan continuar su misión. El salmo nos invita a entender este momento como una “nueva creación”, y Pablo nos recuerda que la acción del Espíritu se manifiesta de múltiples maneras, todas ellas para el bien de la comunidad.

COMPRENDER EL TEXTO

Hoy leeremos el mismo texto del segundo domingo de Pascua, pero abreviado, aunque nos fijaremos en aspectos más relacionados con la fiesta que celebramos.

Algunos comentaristas han llamado a esta página el “Pentecostés del cuarto evangelio”, pues parece una réplica del acontecimiento que Lucas nos describe en el pasaje de Hechos de la primera lectura de hoy. Es verdad que cada autor lo sitúa en momentos diferentes. Para Lucas, el marco de la venida del Espíritu es la fiesta de Pentecostés. Juan no establece un plazo de tiempo entre la Pascua y la venida del Espíritu, ni tampoco sitúa esta venida en el marco de la fiesta de Pentecostés. A diferencia de Hechos, presenta las cosas como si todo hubiera sucedido el mismo día de la resurrección. Recordamos en este sentido que los evangelios no son “crónicas” estrictamente históricas y que las diferencias que encontramos entre ellos se explican por las diversas perspectivas teológicas propias de cada uno. De hecho, lo que Juan intenta resaltar es la estrecha relación que existe entre la resurrección de Jesús y la efusión del Espíritu como aspectos complementarios de una misma realidad.

La imagen utilizada por el evangelista es muy gráfica. El Espíritu Santo no aparece aquí simbolizado por un viento impetuoso o por llamas de fuego, como en Hechos, sino por el mismo aliento vital del Resucitado, que “sopló” sobre sus discípulos. Esto nos recuerda el mismo gesto que Dios hico al crear al ser humano (Gn 2,7).

El don del Espíritu Santo hace de los discípulos personas recreadas, los libera de su vieja condición de “encerrados” y los prepara para asumir nuevos desafíos. El relato de Juan vincula este acontecimiento con el envío a la misión, pues sitúa unas cosas inmediatamente a continuación de la otra.

En este aspecto del envío, el cuarto evangelio coincide en gran parte con la perspectiva del libro de los Hechos (Hch 1,8). Jesús envía a los suyos como él ha sido enviado por el Padre, pero no los deja solos, sino que les entrega el Espíritu para que puedan llevar a cabo su misión. Sin la garantía de ese Espíritu, la comunidad no hubiera superado sus “miedos” y la Iglesia quizás no se hubiera puesto en marcha. Pero el relato de Juan añade un detalle significativo:

Introduce en el contexto de la recepción del Espíritu el tema del perdón de los pecados, con lo que la misión encomendada a los discípulos se presenta como una tarea de reconciliación universal.

Recordamos, finalmente que la donación del Espíritu a los discípulos no es un “relato sorpresa”, o algo totalmente inesperado en la trama del evangelio de Juan. De hecho, Jesús lo había prometido repetidamente a los discípulos durante su despedida en la última cena. (Jn 14-15,26; 16,7-15).

El acontecimiento de Pentecostés no es algo que pertenece sólo al pasado. El Espíritu Santo continúa vivo y sigue manifestándose en nuestro mundo, en personas y situaciones concretas.

ACTUALIZAMOS

La venida del Espíritu Santo no tiene fecha fija. Juan la sitúa en el momento de la resurrección, y el libro de los Hechos cincuenta días después de la Pascua. Por eso hoy también puede ser Pentecostés. El Señor Jesús, que derramó su Espíritu sobre nosotros el día de nuestro bautismo, no deja de renovar ese don para que podamos continuar la misión que él mismo recibió del Padre.

  1. En estas lecturas:

¿Cómo te ayudan estos textos bíblicos a conocer mejor quién es y cómo actúa el Espíritu Santo?

¿Qué experiencia tienes de su acción en tu vida?

  1. El Espíritu Santo es el aliento vital del Resucitado que actúa en nosotros. Su presencia no se ve, pero…

¿De qué modo debería “verse”, notarse en la vida de los creyentes?

  1. Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados…”

¿Qué podríamos hacer para concretar en nuestra vida personal y comunitaria esa misión de reconciliación a la que somos enviados?

  1. También hoy los cristianos vivimos a menudo “encerrados” y con miedo, reacios a la esperanza:

¿No será que nos resistimos a dejarnos mover por el Espíritu?

¿Cómo hacernos más dóciles a su acción?

Sin el Espíritu, la oración sería un dialogo imposible. Es él quien gime en nosotros para que podamos rezar como nos conviene.

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO VII «LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo.

Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».

Les dijo:

«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9

R./ Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R./

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R./

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Conclusión del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».

Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

COMENTARIO

La fiesta de hoy gira en torno a la Ascensión del Señor, que entronca con el misterio pascual de Jesucristo y expresa la plenitud de la resurrección: El Hijo goza ya de la vida junto al Padre.

La primera lectura y el evangelio ofrecen la versión del acontecimiento según los escritos de Lucas. Para este evangelista, la Ascensión es el preámbulo de la misión de la Iglesia, que se iniciará plenamente con la efusión del Espíritu Santo. El pasaje de la carta a los Efesios confiesa la soberanía universal de Cristo y pide para los cristianos luz y sabiduría, de modo que os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”.

COMPRENDER EL TEXTO

Leemos hoy los últimos versículos del evangelio de Lucas, que tiene mucho en común con la primera lectura, tomada del comienzo de Hechos de los Apóstoles. Esta relación se debe a que ambos libros pertenecen al mismo autor, que estuvo interesado en que se viera claramente la continuidad entre la primera parte de su obra (evangelio) y la segunda (Hechos).

Al comparar el evangelio con el pasaje de Hechos de la primera lectura, se notan semejanzas y diferencias. Hay temas que se repiten, como la enseñanza (Lc 24,45 y Hch 1,3), el Espíritu (Lc 24,49 y Hch 1,4.8), la permanencia en Jerusalén (Lc 24,49 y Hch 1,4), el testimonio (Lc 24,48 y Hch1,8), la subida al cielo (Lc 24,51 y Hch 1,9). Todo ello forma como una “bisagra” que une el final del evangelio de Lucas con el principio de hechos.

En este evangelio se distinguen dos escenas. En la primera (Lc 24,46-49), Jesús resucitado se aparece por última vez a los Once y les instruye. Sus últimas enseñanzas son una especie de testamento para ellos y marcan las pautas que conformarán la futura misión de la Iglesia. Además, al colocar estas instrucciones al final del evangelio, Lucas prepara al lector para leer y comprender la segunda parte de su obra –Hechos de los Apóstoles-, a la vez que conecta la historia de las primeras comunidades cristianas con Jesucristo.

A la luz de la resurrección, Jesús hace comprender a sus discípulos las palabras que les dirigió en vida sobre el significado de su muerte y resurrección (v.46). Al hacer esto, no sólo está diciendo que se cumplen en él las profecías del Antiguo Testamento sino que además, al explicarlas, está mostrando que él es su interprete autorizado. Dicho de otra forma: sus seguidores sólo podrán comprender las Escrituras correctamente desde la fe en Jesús resucitado.

Otra de las instrucciones que Cristo da a sus seguidores es la de que sean testigos de su ministerio pascual, que anuncien en su nombre a todas las naciones la conversión y el perdón de los pecados (vv.47-48). El punto de partida debe ser Jerusalén, la ciudad donde ha tenido lugar el acontecimiento central de toda la historia de la salvación, es decir, su muerte y resurrección. Desde esta ciudad, y gracias al Espíritu, el Evangelio llegará hasta los confines del mundo (Hch 1,8). Éste será el entramado básico de todo el libro de Hechos de los Apóstoles.

La segunda escena se refiere directamente a la Ascensión. La imagen utilizada para describirla (“fue llevado hacia el cielo”) no puede ser entendida literalmente. Se basa en unas coordenadas espaciales que, como sabemos hoy, no responden a planteamientos científicos (el cielo, morada de Dios, está arriba). En realidad, Jesús resucitado no ocupa un lugar físico ni se encuentra en ninguna de las dimensiones que nosotros conocemos. Utilizando una forma de escribir propia del lenguaje religioso de su época, el evangelista nos quiere decir que Jesús está con el Padre, que vive la misma vida de Dios. Culminada su tarea en este mundo, ha entrado en la “gloria” e inaugura un nuevo modo de presencia entre los suyos. Para Lucas, ha finalizado el tiempo de Jesús y da comienzo el tiempo de la Iglesia, un tiempo marcado por la presencia del Espíritu, que apoya el testimonio de los apóstoles e impulsa la misión evangelizadora.

Los discípulos se postran ante el Resucitado (v. 52). Es una forma de decir que lo reconocen como Dios y Señor, que lo adoran como tal. Luego vuelven a Jerusalén, el lugar donde han de esperar al Espíritu, y lo hacen “con gran alegría”, un sentimiento que para Lucas es signo de la llegada definitiva de la salvación. Por último, el evangelista termina su primer libro mostrándonos la imagen de un grupo de seguidores del Resucitado que, mientras espera, se reúne frecuentemente para orar.

ACTUALIZAMOS

La fiesta de hoy es enormemente actual. Por el bautismo nos hemos incorporado al ministerio pascual de Cristo, y la esperanza de una vida junto a Dios forma parte de nuestra fe. Mientras caminamos hacia ese futuro somos herederos de los dones y las promesas que Jesús ofreció a los suyos y a su Iglesia: la lectura de las Escrituras, el testimonio misionero, la comunidad de creyentes y el don del Espíritu.

  1. “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos”:

¿Sientes la necesidad como los primeros discípulos de reunirte para orar y pedir el Espíritu para que te ayude en la misión?

  1. Vosotros sois testigos de esto”:

¿Somos conscientes de que no vamos por libre, sino que somos “comunidad de testigos”?

¿Cómo nos ayuda la comunidad a fortalecer nuestra fe?

  1. Desde la reflexión del pasaje evangélico de hoy:

¿A qué me compromete celebrar la fiesta de la Ascensión?

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO VI

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.

Entonces los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas llamado Barsabás y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y enviaron por medio de ellos esta carta:

«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad.

Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R./ Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R./

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R./

Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 10-14. 21-23

El ángel me llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino.

Tenía una muralla grande y elevada, tenía doce puertas y sobre las puertas doce ángeles y nombres grabados que son las doce tribus de Israel.

A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, al poniente tres puertas, y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.

Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero.

Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

COMENTARIO

La asamblea de Jerusalén, que permitió a los paganos el acceso al cristianismo sin pasar por la observancia de la ley mosaica, incluida la circuncisión, fue consciente de que contaba con la asistencia del Espíritu Santo, prometido por Jesús a sus discípulos y entregado en Pentecostés, ofrece a quienes lo acogen la gracia de la comunión de vida con Dios y la paz, en el sentido bíblico de dicha en plenitud.

Ayudados y motivados por esas promesas marchamos hacia la nueva ciudad de Dios que señala el libro del Apocalipsis, en la que tienen cabida todos los pueblos y en la que habitan el Señor Todopoderoso y el Cordero.

El pasaje del evangelio de hoy pertenece, igual que el del domingo pasado, a los llamados “discursos de despedida” del evangelio de Juan, insertado entre el diálogo que sigue al lavatorio de pies (Jn 13, 31-38) y el relato de la pasión (Jn 18-19). La comunidad de los discípulos va a experimentar, en ausencia de Jesús, el rechazo del mundo y el consuelo del Espíritu enviado desde el Padre.

COMPRENDER EL TEXTO

Se pone en boca de Jesús un resumen de su enseñanza y una serie de orientaciones sobre la situación que aguarda a los discípulos cuando falte el Maestro y sobre cómo deben actuar entonces.

Jesús habla del amor desde una perspectiva diferente, pero complementaria, a la del domingo pasado. Si allí hablaba de la manifestación del Dios-Amor e introducía el “mandamiento nuevo” como distintivo del discipulado, ahora se refiere al amor como fundamento de la comunión de vida con Dios.

El evangelista establece una estrecha relación entre el amor de Jesús y la fidelidad a sus palabras. Debía de ser éste un aspecto muy importante para aquella comunidad, porque la primera carta de Juan insiste con frecuencia en lo mismo (por ejemplo, 1ª Jn 5,3). En Juan 14, de la riqueza que expresan los versículos 23-24, nos podemos fijar en cómo el acento recae en la relación de amor entre Dios y el creyente. Quien opta por la fidelidad a las palabras de Jesús se convierte, no sólo en el futuro, sino ya desde ahora, en morada de la divinidad, en templo permanente de Dios. La iniciativa la lleva el Padre, que entra en diálogo de amor con los discípulos de su Hijo.

Cuando Jesús falte, los discípulos contarán con el Espíritu Santo, el Paráclito, el abogado defensor de los creyentes. Será él quien, a la luz de la Pascua, hará que todo se recuerde, que todo se explique. Sin duda, ésta fue la experiencia de la comunidad cristiana, y en particular de la comunidad joánica; bajo esta certeza de fe se guardaron y recordaron las palabras de Jesús. De hecho, el verbo que aquí se traduce por “enseñar” se refiere en el judaísmo antiguo a la auténtica interpretación y actualización de las Escrituras.

Jesús añade a la promesa del Espíritu la entrega de su paz. La comunidad a la que se dirige el evangelista se ve acosada por la hostilidad de los dirigentes judíos y por las divisiones internas que amenazan con disgregarla. En este contexto las palabras de Jesús son una invitación a superar el miedo y a mantenerse fieles. Pero la paz que promete es más que la mera ausencia de conflictos externos o internos. El Shalom (“paz” en hebreo) implica salud, prosperidad, dicha en plenitud. Es un don que, según el Antiguo Testamento, se nos dará en los últimos tiempos, y otorgarlo será privilegio del Mesías, el “Príncipe de la Paz” (Is 9,5-6).

Las promesas de Jesús tuvieron su cumplimiento tras el acontecimiento de la Pascua (por ejemplo, el relato de entrega de la paz y del Espíritu en Jn 20,19-22) y siguen siendo una realidad entre nosotros y en nuestras comunidades.

ACTUALIZAMOS

Como un día hizo con sus discípulos, también hoy el Señor nos recuerda que no estamos solos. El Espíritu continúa ayudándonos a comprender en profundidad sus enseñanzas para que la presencia del Padre y de Jesús sea plena en quienes los aman y en todo nuestro mundo.

  1. El que me ama guardará mi palabra”:

¿Qué compromiso de fidelidad me invita a tomar el pasaje del evangelio de hoy?

  1. La paz os dejo, mi paz os doy”:

¿En qué se diferencia la paz del mundo de la paz de Jesús?

¿Cómo podemos ofrecerla concretamente en los ambientes en que nos movemos?

  1. “Os alegraríais de que vaya al Padre”:

¿En qué aspectos me siento motivado por el evangelio de hoy para vivir desde la alegría y la esperanza?