LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXII

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 17. 20. 28-29

Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres, y te querrán más que al hombre generoso.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor.

«Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos».

Porque grande es el poder del Señor y es glorificado por los humildes.

La desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues la planta del mal ha echado en él sus raíces.

Un corazón prudente medita los proverbios, un oído atento es el deseo del sabio.

Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11

R./ Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres.

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R./

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R./

Derramaste en tu heredad, oh, Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh, Dios,
preparó para los pobres. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24a

Hermanos:

No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando.

Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:

“Cédele el puesto a éste”.

Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:

“Amigo, sube más arriba”.

Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Y dijo al que lo había invitado:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo ponen de manifiesto la importancia de la humildad. El Señor prepara casa y mesa a quienes el mundo se las niega. Y el evangelista insiste: además de sentar a su mesa a los humildes, el discípulo debe vivir como uno de ellos. Hebreos nos sugiere la razón: vosotros os habéis acercado a Jesús, habéis intimado con él; su vida y su muerte no os pueden dejar indiferentes.

Como discípulos en camino, nos preparamos para escuchar la palabra del Maestro dejando que transforme nuestra vida, nuestra historia y nuestro mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

Las enseñanzas y vida de Jesús son para los primeros cristianos el anuncio de un cielo nuevo y una tierra nueva. Esta novedad empieza con una profunda inversión de valores que, vividos en la tierra por el discípulo, son anticipo del Reino que un día se manifestará en plenitud. La incomprensión que este recibe por su estilo de vida va acompañada de los primeros frutos de la felicidad eterna.

La invitación a un banquete por parte de uno de los jefes de los fariseos da pie a Jesús para hablar de otro banquete, el del Reino. Este pasaje recoge dos enseñanzas:

  1. Sobre el momento de escoger los puestos a la mesa.
  2. La selección de los invitados a un banquete.

Estas enseñanzas no tienen por objeto proponer normas de urbanidad, sino proclamar el banquete del Reino, y como consecuencia de ello, el estilo de vida que debe imperar en la comunidad cristiana, anticipo de la futura mesa compartida. En ambas instrucciones se repite un mismo esquema: se comienza sobre una enseñanza sobre cuestiones de la vida diaria y al final se pasa a proponer una cuestión que transciende lo cotidiano.

Es importante recordar la importancia del honor en la sociedad de aquel tiempo. Las comidas tenían su ritual, los de mayor prestigio social se sentaban cerca del anfitrión, al igual que estos recibían honor de sus invitados.

Primera enseñanza: Jesús se dirige a los invitados que estaban escogiendo los mejores puestos. Lo conveniente es ocupar los últimos lugares. A primera vista la enseñanza puede parecer frívola y utilitarista, pero a la luz del v. 11 “el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”, se ve que va más allá de las convenciones sociales y se llega a un sentido nuevo, a una inversión de los valores. El honor y el prestigio son desplazados por el valor de la humildad. Los valores del mundo dejan paso a los valores del Reino.

Segunda enseñanza: es igualmente subversiva. Los excluidos de la sociedad y la religión pasan a ser los invitados de honor. La dinámica del Reino da la vuelta a la tortilla. Los excluidos y despreciados son incluidos y sentados a la mesa, los pobres y los enfermos prevalecen sobre los familiares y los ricos. La búsqueda del prestigio deja lugar a la gratuidad: “serás bienaventurado, porque no pueden pagarte”. Y lo que aparentemente parece un camino arduo y socialmente inconveniente se convierte, paradójicamente, en la senda de la felicidad.

Los cristianos a los que se dirige Lucas tuvieron que comprender que el seguimiento de Jesús genera una nueva forma de relacionarse, distinta del parentesco o la búsqueda de prestigio; una forma que está en la base de la nueva familia cristiana y que es anticipo de la comunidad del Reino. Jesús iluminó con su vida esta enseñanza, pues ocupó el “último lugar” en la encarnación o en la humillación de la cruz, y Dios lo resucitó y lo llenó de gloria. Su vida fue cercana a todos los marginados de la sociedad (enfermos, pobres, pecadores… y compartió mesa con ellos).

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

El pasaje de hoy tiene plena actualidad. Seguir a Jesús hoy nos impulsa, como a los primeros cristianos, a vivir los valores del Evangelio, contrarios tantas veces a los de este mundo. La comida diaria, la mesa de la eucaristía y el banquete del Reino no son realidades que puedan comprenderse por separado.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXI

Lectura del libro de Isaías 66, 18-21

Esto dice el Señor:

«Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir las naciones de toda lengua; vendrán para ver mi gloria.

Les daré una señal, y de entre ellos enviaré supervivientes a las naciones: a Tarsis, Libia y Lidia (tiradores de arco), Túbal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria.

Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.

Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos, a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi santa montaña de Jerusalén -dice el Señor-, así como los hijos de Israel traen ofrendas, en vasos purificados, al templo del Señor.

También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas -dice el Señor-».

Salmo 116, 1. 2

R./ Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R./

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 5-7. 11-13

Hermanos:

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:

«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».

Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?

Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.

Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.

Uno le preguntó:

«Señor, ¿son pocos los que se salvan?».

Él les dijo:

«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:

“Señor, ábrenos”; pero él os dirá:

“No sé quiénes sois”.

Entonces comenzaréis a decir:

“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.

Pero él os dirá:

“No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

COMENTARIO

Pertenecer a Jesús significa seguirle, comprometer la vida en el amor, en el servicio y en la entrega de uno mismo como hizo Él, que pasó por la puerta estrecha de la cruz. Entrar en el proyecto de vida que Dios nos propone implica limitar el espacio del egoísmo, reducir la arrogancia de la autosuficiencia, bajar las alturas de la soberbia y del orgullo, vencer la pereza para correr el riesgo del amor, incluso cuando supone la cruz. (Papa Francisco 21-08-2022).

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de Isaías 66, 18-21. Mensajeros enviados por Israel llegarán a los más lejanos rincones de la tierra, para invitar a todas las naciones a subir a la montaña del Señor en compañía de los israelitas. También de entre los extranjeros se elegirán sacerdotes y levitas.

Hebreos 12, 5-7. 11-13. Las pruebas y sufrimientos nos son ventajosos, porque nos corrigen, y en este sentido son prueba de la solicitud paternal de Dios para con nosotros. Por lo mismo, son una señal y prueba de la condición filial en que hemos sido colocados.

Las pruebas nos perfeccionan, nos transforman, al adherirnos personalmente a esa “corrección paterna”. Por esa transformación interior nos vamos haciendo interiormente capaces de la santidad de Dios, aptos para recibirla. Por eso, cuando llegan, han de ser consideras como parte del proyecto salvador de Dios sobre nosotros, portadores de paz y salvación. Y han de llevarnos al agradecimiento.

Evangelio según san Lucas 13, 22-30. La puerta estrecha. Un conjunto de palabras de Jesús sobre la entrada en el reino que explican la dificultad y la exigencia del seguimiento (Lc 13,24) y a la vez son una amenaza para la mayoría de los judíos que serán arrojados fuera mientras vendrán de todos los puntos cardinales hombres y mujeres a formar parte de este reino. No basta con haber oído la predicación de Jesús si en realidad la conversión a su evangelio y, sobre todo su aplicación práctica, no se llevan a cabo (Lc 13,25-27). Pertenecer al pueblo de Israel, quien fue el primer beneficiario de la predicación de la Buena Noticia en sus calles y plazas, no da automáticamente la entrada en el reino; se requiere la aceptación de esa «noticia» y la consiguiente conversión.

Las palabras de Jesús sobre la puerta estrecha no describen el resultado del juicio (Mt 7,14). Ni son una respuesta a la pregunta sobre el número de los que se salvan (Lc 13,23). En el judaísmo del tiempo de Jesús, esta pregunta hubiera recibido una doble respuesta. Para los fariseos todos los israelitas, y sólo ellos, conseguirían la salvación. Pero en los círculos apocalípticos se sostenía, con una visión más pesimista, que sólo unos pocos estaban destinados a la felicidad eterna. Jesús, sin embargo, no se interesa por el número, sino que quiere estimular a una decisión por el reino e impulsar al empleo de todas nuestras fuerzas en su servicio. Por eso sus palabras son más bien una demanda del esfuerzo que tenemos que hacer para entrar en el reino (Lc 16,16). Este es descrito, según la tradición judía, como un banquete en el que los elegidos estarán junto a los patriarcas y los profetas. Los que han rechazado la llamada de Jesús serán excluidos. Pero mientras que Mateo dirige esta amenaza al conjunto de los judíos Mt 8,12). Lucas sólo tiene en cuenta a los oyentes de Jesús que sean incrédulos.

ACTUALIZAMOS

  1. “Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor”:

Cuanto te equivocas, ¿aceptas las correcciones que te hacen y que te pueden ayudar a crecer en tu interior?

  1. “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha…”:

¿Vives una fe acomodada y tibia o vives la entrega y el sacrificio que supone amar y servir?

  1. “Vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”:

¿Trabajas por una comunidad abierta, acogedora e inclusiva o tienes prejuicios que dificultan la integración de las personas?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XX

Lectura del libro de Jeremías 38, 4-6. 8-10

En aquellos días, los dignatarios dijeron al rey:

«Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y al resto de la gente. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia».

Respondió el rey Sedecías:

«Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros».

Ellos se apoderaron de Jeremías y lo metieron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua.

Ebedmélec abandonó el palacio, fue al rey y le dijo:

«Mi rey y señor, esos hombres han tratado injustamente al profeta Jeremías al arrojarlo al aljibe, donde sin duda morirá de hambre, pues no queda pan en la ciudad».

Entonces el rey ordenó a Ebedmélec el cusita:

«Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera»

Salmo 39, 2-4. 18

R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R./

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos. R./

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R./

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4

Hermanos:

Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.

Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego a la tierra: ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.

Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

COMENTARIO

Jesús vino a traer el Evangelio al mundo, es decir, la buena noticia del amor de Dios por cada uno de nosotros. Por eso, nos está diciendo que el Evangelio es como un fuego, porque es un mensaje que cuando irrumpe en la historia, quema los viejos equilibrios de la vida, nos desafía a salir del individualismo, nos desafía a superar el egoísmo, nos desafía a pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la vida nueva del Resucitado, de Jesús Resucitado. En otras palabras, el Evangelio no deja las cosas como están; cuando pasa el Evangelio, y es escuchado y acogido, las cosas no se quedan como están. El Evangelio incita al cambio e invita a la conversión. No concede una falsa paz intimista, sino que enciende una inquietud que nos pone en camino, nos impulsa a abrirnos a Dios y a los hermanos. (Papa Francisco, 14-08-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Jeremías 38,4-6. 8-10. La base de la acusación es una interpretación falsa de los jefes del pueblo, no compartida por un funcionario extranjero, que pide y obtiene la salvación de Jeremías. Judíos y extranjeros se contraponen ante la “palabra” y se comportan de distinto modo ante el profeta. Esta escena es central en toda la secuencia narrativa. En ella se subraya la carencia: el pueblo no tiene ánimo (Jr 38,4), el rey no tiene poder (Jr 38,5), en la cisterna no hay agua (Jr 38,6), en la ciudad falta el pan (Jr 38,9). Un funcionario salva al profeta: la aceptación de la propia carencia de libertad podría  salvar la vida del rey y del pueblo.

Carta a los Hebreos 12,1-4. Exhortación a la constancia. La exhortación comienza con la imagen clásica, también en la literatura cristiana (véase 1 Cor 9,24-26; Gal 2,2; Flp 2,17; 3,13-14) de la carrera, en la que son espectadores, observan y animan a la vez, ese gran número de testigos de la fe nombrados anteriormente y, sobre todo, el modelo de todos. Jesús mismo, que consumó su carrera de la pasión luchando con paciencia y aguante, obteniendo al final el premio, la resurrección. Él es el promotor y consumador de nuestra fe, el que abre el camino, el que guía y lleva a la meta a la fila de mártires-testigos de la fe, el testigo-mártir primero y perfecto.

Como en cualquier carrera hay que despojarse de todo aquello que dificulta la máxima agilidad, del pecado, que es el obstáculo fundamental.

No hay que sorprenderse de sufrir acoso y contradicción por parte de los oponentes, los pecadores. Hay que estimularse mirando a Jesús en su carrera y en su premio y corona.

Evangelio según san Lucas 12,49-53. La prioridad del reino. El fuego (Lc 12,49) es generalmente una figura del juicio (Lc 3,16-17) y puede sugerir castigo o purificación. También sugiere en otros casos la futura presencia del Espíritu (Hch 2,1-13), y así debió de ser entendida esta frase por Lucas. En cualquier caso, este texto se refiere a los momentos decisivos (=escatológicos) de la humanidad, tal y como los describen los grandes textos escatológicos del Antiguo Testamento (Is 66,15-16; Ez 38,22; 39,6; Mal 3,19). El bautismo se refiere sin duda a la muerte de Jesús (Mc 10,38) ante la cual siente una angustia que no puede reprimir. Encontramos en estas palabras de Jesús un eco de la situación descrita en el salmo 124. Aunque en éste se trata de una alabanza, que Israel entona después del «bautismo» (=prueba). Por último, la venida de Jesús y la predicación eclesial provocan la división, incluso dentro de la misma casa (Lc 12,51-53). En la tradición profética era un rasgo de las tribulaciones que precederían al fin (Miq 7,6; Ag 2,22; Mal 3,24). Es quizá la perspectiva que estaría presente en la predicación de Jesús. Todo encuentro con el Señor suscita la respuesta de la fe que crea la división entre los hombres y mujeres. Pero es probable que en el contexto de Lucas este texto refleje una realidad posterior a la predicación de Jesús. Es en el seno de la comunidad cristiana donde el seguimiento de Jesús es causa de división dentro de la familia. La afirmación de Jesús sobre la paz (Lc 12,51) puede resultar chocante ya que ésta era uno de los dones mesiánicos (Is 9,6; Lc 1,79). Pero Jesús, con su negación, quiere distanciarse de una falsa paz que era el tema de la predicación de los falsos profetas en el Antiguo Testamento (Jr 6,14; 8,11). Una paz que era sólo tranquilidad no exigente.

ACTUALIZAMOS

  1. “Esos hombres han tratado injustamente….”:

En tus relaciones con los demás, ¿tratas de ser honesto, respetuoso, justo con los demás”.

  1. “…fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe”:

¿Estás vigilante para mantener tus ojos fijos en Jesús? ¿Te apoyas en él?

  1. “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”:

El seguimiento de Jesús no nos deja indiferentes, cambia nuestras vidas, ¿eres signo de Dios para los que te rodean, en tu familia, tu trabajo, tu parroquia?

¿Afrontas las consecuencias del seguimiento evangélico? ¿Te comprometes con las causas justas?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIX

Lectura del libro de la Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.

Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la perdición de los enemigos, pues con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.

Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22

R./ Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R./

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R./

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como los esperamos de ti. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19

Hermanos:

La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.

Por ella son recordados los antiguos.

Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

Por la fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.

Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesaron que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».

Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo:

«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

Y el Señor dijo:

«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y los castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

COMENTARIO

En el Evangelio de la Liturgia de hoy, Jesús habla a los discípulos para tranquilizarles de todo temor e invitarlos a estar alerta. Son dos las exhortaciones fundamentales que les dirige: la primera es «no temas, pequeño rebaño» (Lc 12,32); la segunda «estén preparados» (v. 35). “No temas” y “estén preparados”. Se trata de dos palabras-clave para derrotar los miedos que a veces nos paralizan y para superar la tentación de una vida pasiva, adormecida. “No temas” y “estén preparados”: detengámonos en estas dos invitaciones. (Papa Francisco, 07-08-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de la Sabiduría 18,6-9. El desarrollo de la narración […] se desdobla en dos fases: noche de salvación para Israel (Sab 18,6-9) y de exterminio para los egipcios (Sab 18,10-19). Los hebreos esperaban la liberación que se realizó en aquella noche. Los patriarcas habían transmitido la promesa de la liberación de la tierra extranjera en que serían oprimidos (Gn 15,13s; 26,3).

Carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19. Abrahán y los patriarcas. La fe explica la salida de Abrahán de su tierra y parentela y toda su peregrinación, y la de sus descendientes. Sólo la esperanza-seguridad, adquirida en la fe, de una ciudad firme pudo moverlos a ello. De la fe, de haber dado crédito al que formula las promesas de una descendencia numerosa, a pesar de que todo lo visible (edad, esterilidad…) estaba en contra, procede la fecundidad de Sara.

La fe fue ya para todos ellos una visión anticipada de las promesas con lo que se obtiene una cierta posesión. En virtud de ella asumieron su condición de peregrinos y extranjeros, anhelando constantemente la ciudad del cielo, firme y consistente, diseñada y ornamentada por Dios mismo como morada para ellos.

El resto de la historia patriarcal acentúa este caminar en la fe, especialmente el sacrificio de Isaac, prueba suprema para Abrahán por tratarse del heredero de la promesa, prueba de la que triunfa por la seguridad firme de que Dios tiene poder incluso para devolver la vida a los muertos.

Evangelio según san Lucas 12,32-48. Invitación a la vigilancia y a la fidelidad. Se reúnen en este texto varias parábolas que exhortan a los creyentes a permanecer vigilantes en la espera de la venida del Señor. Más que poner el interés en las posesiones, el discípulo de Jesús debe estar esperando su venida. Este es el tema que desarrolla la primera parábola (Lc 12,35-38). Probablemente en la predicación de Jesús se relacionaba con la venida del reino, pero Lucas la lee a la luz de la venida del Hijo del hombre e incluso introduce, con respecto al texto similar de Mt 25,1-13, algún rasgo que personaliza más la espera (Lc 12,37b). La segunda parábola (Lc 12,39-40) apunta a la incertidumbre de la hora de la venida del Señor (Lc 17,24; 21,34-35; 1 Tes 5,2). Lo que se quiere inculcar no es tanto la vigilancia como el estar preparados, pues el que viene es el Hijo del hombre que se manifiesta como juez.

La tercera parábola (Lc 12,4) parece dirigirse, así se deduciría de la pregunta de Pedro, a los responsables de la Iglesia, aunque en la predicación de Jesús debía ser una crítica de los jefes del pueblo de Israel. El ministro prudente debe permanecer fiel a su tarea hasta que el Señor venga. Si descuida su servicio para con los demás, será castigado en el momento del juicio. La comunidad cristiana tiene en realidad una sola cabeza y un solo Señor, Jesús resucitado (Mt 23,8-10). Todos los demás, aunque ocupen puestos de responsabilidad, son servidores y hermanos. El presidir la comunidad de los discípulos de Jesús no se puede nunca transformar en poder o autoridad. El texto de la parábola ha sufrido una segunda actualización para adaptarse a la escatología humana, que ya no presenta la venida del Señor como inminente (Lc 12,45). El retraso de esta venida le sirve a Lucas para advertir a los responsables de la comunidad que no se aprovechen de esta tardanza para actuar irresponsablemente.

La conclusión nos viene dada en los dos últimos versículos en los que se diversifica el castigo según que la desobediencia haya sido intencionada o no. Los primeros serán castigados más severamente. En cualquier caso, estas líneas subrayan la mayor responsabilidad que en la Iglesia tienen aquellos que podemos llamar sus líderes. Es algo que el pueblo de Israel había experimentado previamente: la elección no es un privilegio sino una responsabilidad acrecentada (Jr 2,19; Am 3,2; Os 4,4-11). Y así debemos vivirla todos los creyentes que formamos parte del nuevo pueblo de Dios. La última afirmación (Lc 12,48b) tiene una clara aplicación a los responsables comunitarios, pero puede también aplicarse a todos los que han recibido dones materiales o espirituales.

ACTUALIZAMOS

  1. “La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve”:

La fe alimenta nuestra esperanza y la esperanza abre nuestro futuro. ¿Lo vives así?

  1. “No temas”:

Nuestros miedos nos hacen dudar, a veces nos paralizan, ¿te dejas guiar por Dios para superar tus miedos, asumiendo tu pequeñez?

  1. “Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”:

¿Vives del modo en que te gustaría que Dios te encontrara?

¿Qué tendrías que cambiar para estar preparado al encuentro con Él?

 

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVIII

Lectura del libro del Eclesiastés 1,2; 2,21-23

¡Vanidad de vanidades!, -dice Qohélet-. ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R./ Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R./

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R./

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R./

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,1-5. 9-11

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.

¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:

«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

Él le dijo:

«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

Y les dijo:

«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola:

«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:

“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.

Y se dijo:

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

Pero Dios le dijo:

“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.

Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

COMENTARIO

La conclusión de la parábola, formulada por el evangelista, es de una eficacia singular: «Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios» (v. 21). Es una advertencia que revela el horizonte hacia el que todos estamos llamados a mirar. Los bienes materiales son necesarios —¡son bienes!—, pero son un medio para vivir honestamente y compartir con los más necesitados. Hoy Jesús nos invita a considerar que las riquezas pueden encadenar el corazón y distraerlo del verdadero tesoro que está en el cielo. San Pablo nos lo recuerda también en la segunda lectura de hoy que dice: «Buscad las cosas de arriba… Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra» (Colosenses 3, 1-2). Esto ―se entiende― no significa alejarse de la realidad, sino buscar las cosas que tienen un verdadero valor: la justicia, la solidaridad, la acogida, la fraternidad, la paz, todo lo que constituye la verdadera dignidad del hombre. Se trata de tender hacia una vida vivida no en el estilo mundano, sino en el estilo evangélico: amar a Dios con todo nuestro ser, y amar al prójimo como Jesús lo amó, es decir, en el servicio y en el don de sí mismo. La codicia de bienes, el deseo de tener bienes, no satisface al corazón, al contrario, causa más hambre. La codicia es como esos caramelos buenos: tomas uno y dices: «¡Ah, qué bien!», y luego tomas el otro; y uno tira del otro. Así es la avaricia: nunca estás satisfecho. ¡Tened cuidado! El amor así comprendido y vivido es la fuente de la verdadera felicidad, mientras que la búsqueda ilimitada de bienes materiales y riquezas es a menudo fuente de inquietud, de adversidad, de prevaricaciones, de guerra. Tantas guerras comienzan con la codicia. (Papa Francisco, 04-08-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Carta de san Pablo a los Colosenses 3,1-5. 9-11. Resucitados con Cristo. En esta breve perícopa, transición de la primera a la segunda parte, Pablo consigna como punto de partida y base sólida de la vida cristiana la unión con Cristo resucitado, en la que nos introduce el bautismo. Este nos hace morir al pecado y renacer a una vida nueva, que tendrá su manifestación gloriosa cuando traspasemos los umbrales de esta vida mortal (1 Jn 3,1-2). Destinados a vivir resucitados con Cristo en la gloria, nuestra vida tiene que tender hacia él. Ello implica despojarnos del hombre viejo por una conversión cada día más radical y revestirnos cada día más profundamente de la imagen de Cristo por la fe y el amor. Tenemos que vivir con los pies en la tierra, pero con la mente y el corazón en el cielo donde están los bienes definitivos y eternos. Estas son las exigencias fundamentales de la unión con Cristo que va a enumerar a continuación

Evangelio según san Lucas 12,13-21. El rico insensato. El punto de partida de la parábola de Jesús es un problema de herencia. Era frecuente en tiempos de Jesús que los doctores de la ley asumieran el papel de jueces en casos similares. Pero Jesús se niega. Su vida estaba plenamente dedicada al anuncio del reino de Dios. Según las tradiciones jurídicas judías, el hijo mayor de una familia de dos hermanos recibía los dos tercios de las posesiones paternas. El hombre que interpela a Jesús, dándole el título de maestro propio de los expertos de la ley, es probablemente el hermano más joven que no ha debido recibir nada de la herencia. El choque entre los dos hermanos por el reparto de la herencia dependía en última instancia de la avaricia insaciable del hombre. La vida, afirma Jesús, no depende de la abundancia de los bienes materiales. El término avaricia se refiere a la aspiración a querer tener más. Un deseo incontenible de dinero que no encuentra dónde satisfacerse. Para el evangelio de Lucas este deseo es otra cara de la idolatría, que no hace la vida más segura ni colma las aspiraciones profundas, ni lleva a la auténtica madurez existencial de la persona. Para ilustrar este punto narra el evangelio la parábola. Para Jesús el dinero y las posesiones no son la verdadera vida del hombre. Pero muchas veces somos como el rico de la parábola que no se enriquece ante Dios y pone su confianza en los bienes y cosechas. Este hombre es llamado insensato, como aquel que según el Antiguo Testamento niega en la práctica a Dios y al prójimo (Sal 14,1). La conclusión de Lc 12,21 nos advierte contra el enriquecimiento egoísta y obsesivo; lo que debemos hacer es enriquecernos ante Dios. Es una expresión un tanto enigmática que quedará aclarada en Lc 12,33-34: las obras de caridad con el prójimo son el auténtico tesoro.

 ACTUALIZAMOS

  1. “… Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios”:

¿Cuál es la riqueza que Dios valora en sus hijos? ¿Tienes en cuenta la mirada de Dios cuando ambicionas algo?

  1. “… su vida no depende de sus bienes”:

Los bienes que poseemos facilitan la vida, pero tu vida depende de Dios, ¿pones tu vida en sus manos? ¿Dónde pones tus seguridades?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVII

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32

En aquellos días, el Señor dijo:

«El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo sabré».

Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor.

Abrahán se acercó y dijo:

«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?».

El Señor contestó:

«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».

Abrahán respondió:

«¡Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?».

Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».

Abrahán insistió:

«Quizá no se encuentren más que cuarenta».

Él dijo:

«En atención a los cuarenta, no lo haré».

Abrahán siguió hablando:

«Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?».

Él contestó:

«No lo haré, si encuentro allí treinta».

Insistió Abrahán:

«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?».

Respondió el Señor:

«En atención a los veinte, no la destruiré».

Abrahán continuó:

«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?».

Contestó el Señor:

«En atención a los diez, no la destruiré».

Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 6-7ab. 7c-8

R./ Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R./

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R./

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo. R./

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 12-14

Hermanos:

Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos.

Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él.

Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio, clavándola en la cruz.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo:

«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”».

Y les dijo:

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:

“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

COMENTARIO

Cuando Jesús nos enseña el Padre Nuestro nos hace entrar en la paternidad de Dios y nos muestra el camino para entrar en un diálogo orante y directo con Él, a través del camino de la confianza filial. Es un diálogo entre el papá y su hijo, del hijo con su papá. Lo que pedimos en el “Padre Nuestro” ya está hecho para nosotros en el Hijo Unigénito: la santificación del Nombre, el advenimiento del Reino, el don del pan, el perdón y la liberación del mal. Mientras pedimos, abrimos nuestras manos para recibir. Recibir los dones que el Padre nos mostró en el Hijo. La oración que el Señor nos enseñó es la síntesis de toda oración, y nosotros siempre la dirigimos al Padre en comunión con los hermanos (Papa Francisco, 28-07-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro del Génesis 18, 20-32. Abrahán, humilde y audaz, pretende ser vehículo de bendición para Sodoma, en la línea de las promesas. Se enfrenta con Dios por amor a aquellos de quienes sólo conoce el pecado. Quiere salvar a Sodoma, que representa a la humanidad pecadora. Su oración es universal por lo más abyecto y sin tener a mano más arma que la misma osadía de su oración para segar la hierba bajo los pies de su Señor. Abrahán se crece más y más para conseguir la benevolencia divina y apela a un tipo de justicia cercano a la misericordia redentora, que consiste en perdonar a todos por la inocencia de pocos. Abrahán se mueve por amor; un amor que nace de la fe en un Dios en quien la justicia se hermana con la misericordia; una justicia que no mezcla a inocentes con culpables; una misericordia que perdona a los pecadores por amor a los justos.  

Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 12-14. El apóstol no se cansa de exhortar a los fieles de Colosas a que se mantengan firmes en la fe y se comporten conforme a las exigencias de esa fe. Todo con un talante de acción de gracias como corresponde a una fe que es don de Dios.

Evangelio según san Lucas 11, 1-13. Jesús enseña a orar. La oración es imprescindible en la vida del creyente. Para que todos aprendan a orar, Lucas nos transmite la oración que Jesús enseñó a sus discípulos. No se trata de una fórmula que haya que repetir de memoria. De hecho, el texto paralelo de Mt 6,9-13 muestra que los primeros cristianos se expresaban diversamente. Las dos recensiones diferentes del Padrenuestro deben explicarse por tradiciones litúrgicas distintas. La de Mateo, más próxima al medio judeocristiano; la de Lucas, más breve y con menos embellecimientos litúrgicos, más cercana probablemente a la oración original. Ninguna de estas dos versiones pretende, sin embargo, reproducir literalmente las palabras de Jesús, sino que son el recuerdo vivo y creativo de estas palabras en una comunidad cristiana determinada.

El Padrenuestro resume las convicciones y deseos que deben aparecer en la oración cristiana: la invocación de Dios como Padre y una existencia invadida por el deseo de un mundo diferente. Quizá la clave está en el tema de la paternidad de Dios (Os 11,1-9). La fórmula breve de Lucas, Padre, parece más primitiva que la expresión mateana de Padre que estás en el cielo. En otros contextos de oración, Jesús utiliza la misma fórmula breve para dirigirse a Dios (Lc 10,21-22; 23,34). Esta palabra traduce el original arameo Abba que utilizaba Jesús para dirigirse a Dios como signo de especial intimidad (muchos piensan que habría que traducirla literalmente por «Papaíto»). Es un término que la Iglesia primitiva ha recogido para dirigirse a Dios (Rom 8,15; Gal 4,6). Según el sentido de estos textos paulinos, Dios Padre es experimentado por los cristianos, no como un poder que coarta la vida, sino como el autor de nuestra libertad.

Que el nombre de Dios sea santificado expresa el deseo de los profetas de que Dios se manifieste como el salvador ante los ojos de todas las naciones (Is 5,16; Ez 20,41; 28,22-25; 36,23) y el reconocimiento por los hombres de la naturaleza y justicia del plan de Dios para el mundo. La venida del reino ya se ha realizado en la obra de Jesús, pero el Padrenuestro pide que se manifieste pronto y definitivamente en toda la tierra. Siguen tres peticiones. La primera invita a los discípulos a pedir a Dios cada día el alimento que necesitamos, con certeza de que nos lo dará. Pero el creyente sabe bien que el pan lo obtendrá con el sudor de su frente (Gn 3,17). Si no queremos tener una imagen de un Dios mágico y alienante para la vida del hombre, le pediremos más bien su Espíritu para que con su fuerza podamos nosotros conseguir el pan. El perdón de los pecados (que permite al creyente vivir su vida como hijo de Dios) es la obra específica de Dios, lo que nosotros somos incapaces de hacer. Pero Jesús lo relaciona aquí con nuestra actitud de perdón hacia los demás. Esta actitud fraterna no compra o merece nuestro perdón, pero atestigua la sinceridad de nuestra demanda. La última petición sobre la tentación, no pide a Dios el no ser tentado, sino el evitarnos una prueba tal que no podamos soportarla. De acuerdo con la visión apocalíptica de la historia. Jesús asume aquí que el pueblo de Dios pasará por una dura prueba antes de que el reino llegue en su plenitud.

La oración debe ser, además, incansable, en espera de recibir de Dios su gran don: el Espíritu (Lc 10,13), que invadirá la Iglesia y el mundo a partir de pentecostés. Dos parábolas expresan los temas de la insistencia en la oración y de su eficacia. Si un amigo, nos dice la primera, da lo que se le pide ante la insistencia del otro, con más motivo Dios actuará así con los que se dirigen a él. Igualmente, insiste la segunda parábola, la oración siempre alcanza su objetivo, el que pide recibe. Es interesante ver el cambio que introduce Lucas con respecto al texto de Mateo. Lo que se recibe no es automáticamente lo que se pide sino el don del Espíritu, que nos permitirá afrontar las situaciones de la vida con la fuerza de lo alto (véase Mt 7,11 que nos dice que la oración obtiene buenas cosas). Lucas elimina así una posible comprensión mágica de la oración de petición.

ACTUALIZAMOS

  1. “Señor, enséñanos a orar”:

¿Le pides al Señor que te enseñe a orar?

  1. “Padre, santificado sea tu nombre, …”:

¿Pides a Dios, como Padre, lo que necesitas, pones tu vida en sus manos, eres misericordioso con los demás igual que Dios lo es contigo?

Cuando rezas el Padrenuestro, ¿pones atención a las palabras que pronuncias?

¿En qué petición del Padrenuestro pondrías más intensidad hoy en tu vida?

 

 

CAMPAMENTO 2025 en Boñar (León)

Fiat voluntas tua. HÁGASE TU VOLUNTAD

Este año todo se hace nuevo, nos vamos con María, queremos conocerla de cerca, hacer su camino, saber de su compromiso, su sencillez, entender sus renuncias, aprender de su fidelidad y de su entrega sin tapujos, con entrega confiada en un Dios que nunca falla.

DÍA 1: Hágase

DÍA 2: Encuentros

DÍA 3: De Nazaret a Belén

DÍA 4: Un Dios que ama el barro. Navidad

DÍA 5: Dios es Padre

DÍA 6: Haced lo que él os diga

DÍA 7: Al pie de la cruz. Esperanza

DÍA 8: Memorias de un camino

DÍA 9: Pentecostés

DÍA 8: MEMORIAS DE UN CAMINO

Penúltimo día de campamento.

Querida comunidad:

Cuánto hemos echado de menos a los que no habéis podido estar aquí, tendremos que ver el año que viene qué hacer para que no os lo volváis a perder.

Vamos a intentar que las fotos cuenten lo vivido.

Ha sido una alegría recibiros y encontrarnos con vosotros, llevábamos toda la mañana dejando el campamento perfecto para que desde vuestra llegada sintierais que esta es también vuestra casa.

Estábamos deseando que llegara el volante, pero como todavía les quedaba camino, nos hemos puesto a jugar.

Con la llegada del volante, ya hemos terminado de juntarnos todos, ha sido un momento de mucha emoción y abrazos, después de una experiencia de encuentro con María y las dificultades del camino.

El resto del día lo hemos pasado compartiendo juntos, haciendo memoria de lo que habíamos vivido cada uno con María durante estos nueve días.

Como no podía ser de otra manera, el buenas tardes ha sido una celebración de la eucaristía en la que se ha volcado la experiencia de minivolante y volante…

…se ha dado gracias por lo vivido con María y pedido por lo que nos queda por descubrir, hacer y amar junto a María.

Antes de que os fuerais, nos hemos hecho una foto juntos, muy juntos, y así hemos quedado

No queremos hoy dejaros algunas fotos de volante y minivolante, la experiencia ha sido intensa y el camino duro, queda mucho que descubrir, pero sí pueden decir que en este campamento se han hecho compañeros de camino con María.

Buenas noches.

DÍA 1: HÁGASE

Primer día de campamento.

Querida comunidad:

¿Recordáis?… hace nada estábamos aquí despidiéndonos de un campamento que se terminaba, dando gracias a Dios por todo lo que el espíritu había hecho con nosotros y hoy, volvemos a estar aquí, empezando de nuevo; otra aventura de Dios, de la mano de María.

Ahí estábamos todos juntos esta mañana con miradas inquietas y atentas, sonrientes y nerviosos,  diciendo sí a la propuesta de vivir juntos nueve días para compartir, jugar, orar, merendar, comer, celebrar, divertirnos en las olimpiadas, hacer talleres y marchas, juegos en la piscina, tener encuentros, hacer silencio y ponernos a la escucha

Este año todo se hace nuevo, nos vamos con María, queremos conocerla de cerca, hacer su camino, saber de su compromiso, su sencillez, entender sus renuncias, aprender de su fidelidad y de su entrega sin tapujos, con entrega confiada en un Dios que nunca falla.

Y así hemos llegado y todo ha sido disfrutar:

el encuentro de la comida,

las tiendas,

las risas del grupo de olimpiadas con el lío de los personajes de los cuentos

y así hasta el buenos días.

Hemos llegado casi al final de la tarde con el buenos días, con el que iremos haciendo el camino de María. Hoy el ángel la saludaba y ella le parecía normal que un ángel le hablara “cosas de Dios”, decía. María nos ha invitado a pensar en el sí que hemos dado para venir al campamento, en si ha sido sincero u obligado o desganado.

Ella nos lo contaba (cantaba) así:

Yo lo dejo todo y me pongo en camino contigo

Y puedo hasta gritarlo

Y no, no necesito certezas

Si un mundo nuevo es posible yo pongo

mis manos abiertas, estoy dispuesta.

Y hoy siento que está pasando

si quieres contar conmigo.

A la celebración de la tarde hemos llevado todas nuestras respuestas; nos hemos lanzado a la aventura y hemos dicho SI

Hágase en los catequistas jóvenes que se estrenan, hágase en el grupo de apoyo, hágase en Javi pastor de este campamento, hágase en ese grupo de jóvenes, hágase en todos los chicos y chicas que se nos confían, hágase en los juegos, marchas y aventuras, hágase en la vida de oración y en las celebraciones, hágase en la coordinación querida, hágase en la comunidad que ora y que nos acompaña.

Ahí os queda la invitación también a vosotros porque, tal vez, lo habéis olvidado pero este campamento lo hacemos juntos. Estáis invitados a vivir y a compartir.

Hágase ¿en vosotros?

Buenas noches.

Aquí os dejamos más fotos …….

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVI

Lectura del libro del Génesis 18, 1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo:

«Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo».

Contestaron:

«Bien, haz lo que dices».

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

«Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».

Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían.

Después le dijeron:

«¿Dónde está Sara, tu mujer?».

Contestó:

«Aquí, en la tienda».

Y uno añadió:

«Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».

Salmo 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5

R./ Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R./

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R./

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28

Hermanos:

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».

Respondiendo, le dijo el Señor:

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

COMENTARIO

En esta escena de María de Betania a los pies de Jesús, san Lucas muestra la actitud orante del creyente, que sabe cómo permanecer en la presencia del Maestro para escucharlo y estar en sintonía con Él. Se trata de hacer una parada durante el día, de recogerse en silencio, unos minutos, para dejar espacio al Señor que “pasa” y encontrar el valor de quedarse un poco “a solas” con Él, para volver luego, con serenidad y eficacia, a las cosas cotidianas. Elogiando el comportamiento de María, que «eligió la parte buena» (v. 42), Jesús parece repetirnos a cada uno de nosotros: “No te dejes llevar por las cosas que hacer; escucha antes que nada la voz del Señor, para desempeñar bien las tareas que la vida te asigna”.

Luego está la otra hermana, Marta. San Lucas dice que fue ella la que hospedó a Jesús (cf. v. 38). Tal vez Marta era la mayor de las dos hermanas, no lo sabemos, pero ciertamente aquella mujer tenía el carisma de la hospitalidad. Efectivamente, mientras María escucha a Jesús, ella está totalmente ocupada con otros quehaceres. Por eso, Jesús le dice: «Marta, Marta, te afanas y preocupas por muchas cosas» (v. 41). Con estas palabras, ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se vive. También nosotros compartimos las preocupaciones de santa Marta y, siguiendo su ejemplo, nos proponemos asegurarnos de que, en nuestras familias y en nuestras comunidades, vivamos el sentido de aceptación, de fraternidad, para que todos puedan sentirse “como en casa”, especialmente los pequeños y los pobres cuando llaman a la puerta. (Papa Francisco, 21-07-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el libro del Génesis 18, 1-10a Abrahán sentado a la sombra de su tienda en Mambré […] se ve sorprendido por la presencia de tres caminantes. Sale a su encuentro y los invita a descansar y tomar un bocado. La ambigüedad da realce a la reacción de nuestro héroe. Él no sabe, ni el lector tampoco, quiénes son. […] Los trata con normas exageradas de hospitalidad: se pone en pie y corre a su encuentro, los invita con humildad y sencillez a reposar y a comer y beber algo. Apenas sale de su presencia, todo son prisas: ordena a Sara que haga pan y a los pastores que maten una res y la guisen. Mientras ellos comen, permanece en pie como un criado.

Los caminantes prometen, en este caso a Sara, que va a tener un hijo.

Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28. Pablo constata, a continuación, que ha sido constituido ministro de la Iglesia con el encargo de anunciar el misterio escondido. El término “misterio” no designa un secreto que se comunica solamente a unos iniciados y que han de guardar entre ellos como sucede en las religiones mistéricas, sino el designio salvador de Dios respecto de los paganos a quienes llama a formar parte de la Iglesia de Cristo en las mismas condiciones que los judíos. Este designio permaneció escondido en las pasadas generaciones; si bien fue anunciado en el Antiguo Testamento, su manifestación total y su realización práctica no tuvo lugar hasta el advenimiento de Cristo y la predicación de los apóstoles, especialmente de Pablo.

Evangelio según san Lucas 10, 38-42 Visita de Jesús a Marta y María. En la casa de estas dos hermanas, que son probablemente las mismas de Jn 11, debía haber muchos invitados, y uno de los deberes de las personas que recibían era atenderles y preocuparse de que no les faltara nada. De ahí la queja de Marta ante Jesús de que su hermana María no le ayuda en las tareas de la casa. La respuesta de Jesús nos da el mensaje central del pasaje: la palabra de Jesús está por encima de cualquier otro interés. Es una idea similar a la que poco antes Lucas ha descrito con respecto al seguimiento de Jesús (Lc 9,57-62). La descripción de María, sentada a los pies del Señor, se corresponde con la postura de un discípulo ante su maestro (Lc 8,35; Hch 22,3). Lo que no deja de sorprender teniendo en cuenta el contexto sociológico del siglo I, donde una mujer no podía ser discípulo de un rabino. No se trata, por tanto, de la oposición entre acción y contemplación, como a veces de ha dicho, sino de dejar bien claro que la escucha de la palabra de Jesús es el comienzo absoluto de la vida de todo creyente. Quizá Lucas quiere responder con este texto a cierta tensión que existía en su comunidad entre poner en práctica el mandamiento del amor, del que habla en la parábola del buen samaritano, y la escucha de la palabra (Hch 6,2-4).

ACTUALIZAMOS

  1. En la primera lectura, Abrahán tiene gestos de hospitalidad hacia los caminantes:

¿Cuáles son los gestos de hospitalidad que necesita nuestro mundo? ¿Cuáles son los tuyos?

  1. “Nosotros anunciamos a ese Cristo”:

¿Cómo anuncias tú a Cristo, con tu palabra, con tus obras?

  1. “María, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra”:

El que se sienta a los pies del Señor es el discípulo, ¿paras un momento para sentarte y escuchar la palabra, lo que te dice a ti en tu interior?

  1. “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas”:

¿Te agobian las cosas que tienes que hacer, las pones en sus manos para descansar en Dios?