LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVII

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32

En aquellos días, el Señor dijo:

«El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo sabré».

Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor.

Abrahán se acercó y dijo:

«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?».

El Señor contestó:

«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».

Abrahán respondió:

«¡Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?».

Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».

Abrahán insistió:

«Quizá no se encuentren más que cuarenta».

Él dijo:

«En atención a los cuarenta, no lo haré».

Abrahán siguió hablando:

«Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?».

Él contestó:

«No lo haré, si encuentro allí treinta».

Insistió Abrahán:

«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?».

Respondió el Señor:

«En atención a los veinte, no la destruiré».

Abrahán continuó:

«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?».

Contestó el Señor:

«En atención a los diez, no la destruiré».

Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 6-7ab. 7c-8

R./ Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R./

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R./

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo. R./

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 12-14

Hermanos:

Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos.

Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él.

Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio, clavándola en la cruz.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo:

«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”».

Y les dijo:

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:

“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

COMENTARIO

Cuando Jesús nos enseña el Padre Nuestro nos hace entrar en la paternidad de Dios y nos muestra el camino para entrar en un diálogo orante y directo con Él, a través del camino de la confianza filial. Es un diálogo entre el papá y su hijo, del hijo con su papá. Lo que pedimos en el “Padre Nuestro” ya está hecho para nosotros en el Hijo Unigénito: la santificación del Nombre, el advenimiento del Reino, el don del pan, el perdón y la liberación del mal. Mientras pedimos, abrimos nuestras manos para recibir. Recibir los dones que el Padre nos mostró en el Hijo. La oración que el Señor nos enseñó es la síntesis de toda oración, y nosotros siempre la dirigimos al Padre en comunión con los hermanos (Papa Francisco, 28-07-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro del Génesis 18, 20-32. Abrahán, humilde y audaz, pretende ser vehículo de bendición para Sodoma, en la línea de las promesas. Se enfrenta con Dios por amor a aquellos de quienes sólo conoce el pecado. Quiere salvar a Sodoma, que representa a la humanidad pecadora. Su oración es universal por lo más abyecto y sin tener a mano más arma que la misma osadía de su oración para segar la hierba bajo los pies de su Señor. Abrahán se crece más y más para conseguir la benevolencia divina y apela a un tipo de justicia cercano a la misericordia redentora, que consiste en perdonar a todos por la inocencia de pocos. Abrahán se mueve por amor; un amor que nace de la fe en un Dios en quien la justicia se hermana con la misericordia; una justicia que no mezcla a inocentes con culpables; una misericordia que perdona a los pecadores por amor a los justos.  

Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 12-14. El apóstol no se cansa de exhortar a los fieles de Colosas a que se mantengan firmes en la fe y se comporten conforme a las exigencias de esa fe. Todo con un talante de acción de gracias como corresponde a una fe que es don de Dios.

Evangelio según san Lucas 11, 1-13. Jesús enseña a orar. La oración es imprescindible en la vida del creyente. Para que todos aprendan a orar, Lucas nos transmite la oración que Jesús enseñó a sus discípulos. No se trata de una fórmula que haya que repetir de memoria. De hecho, el texto paralelo de Mt 6,9-13 muestra que los primeros cristianos se expresaban diversamente. Las dos recensiones diferentes del Padrenuestro deben explicarse por tradiciones litúrgicas distintas. La de Mateo, más próxima al medio judeocristiano; la de Lucas, más breve y con menos embellecimientos litúrgicos, más cercana probablemente a la oración original. Ninguna de estas dos versiones pretende, sin embargo, reproducir literalmente las palabras de Jesús, sino que son el recuerdo vivo y creativo de estas palabras en una comunidad cristiana determinada.

El Padrenuestro resume las convicciones y deseos que deben aparecer en la oración cristiana: la invocación de Dios como Padre y una existencia invadida por el deseo de un mundo diferente. Quizá la clave está en el tema de la paternidad de Dios (Os 11,1-9). La fórmula breve de Lucas, Padre, parece más primitiva que la expresión mateana de Padre que estás en el cielo. En otros contextos de oración, Jesús utiliza la misma fórmula breve para dirigirse a Dios (Lc 10,21-22; 23,34). Esta palabra traduce el original arameo Abba que utilizaba Jesús para dirigirse a Dios como signo de especial intimidad (muchos piensan que habría que traducirla literalmente por «Papaíto»). Es un término que la Iglesia primitiva ha recogido para dirigirse a Dios (Rom 8,15; Gal 4,6). Según el sentido de estos textos paulinos, Dios Padre es experimentado por los cristianos, no como un poder que coarta la vida, sino como el autor de nuestra libertad.

Que el nombre de Dios sea santificado expresa el deseo de los profetas de que Dios se manifieste como el salvador ante los ojos de todas las naciones (Is 5,16; Ez 20,41; 28,22-25; 36,23) y el reconocimiento por los hombres de la naturaleza y justicia del plan de Dios para el mundo. La venida del reino ya se ha realizado en la obra de Jesús, pero el Padrenuestro pide que se manifieste pronto y definitivamente en toda la tierra. Siguen tres peticiones. La primera invita a los discípulos a pedir a Dios cada día el alimento que necesitamos, con certeza de que nos lo dará. Pero el creyente sabe bien que el pan lo obtendrá con el sudor de su frente (Gn 3,17). Si no queremos tener una imagen de un Dios mágico y alienante para la vida del hombre, le pediremos más bien su Espíritu para que con su fuerza podamos nosotros conseguir el pan. El perdón de los pecados (que permite al creyente vivir su vida como hijo de Dios) es la obra específica de Dios, lo que nosotros somos incapaces de hacer. Pero Jesús lo relaciona aquí con nuestra actitud de perdón hacia los demás. Esta actitud fraterna no compra o merece nuestro perdón, pero atestigua la sinceridad de nuestra demanda. La última petición sobre la tentación, no pide a Dios el no ser tentado, sino el evitarnos una prueba tal que no podamos soportarla. De acuerdo con la visión apocalíptica de la historia. Jesús asume aquí que el pueblo de Dios pasará por una dura prueba antes de que el reino llegue en su plenitud.

La oración debe ser, además, incansable, en espera de recibir de Dios su gran don: el Espíritu (Lc 10,13), que invadirá la Iglesia y el mundo a partir de pentecostés. Dos parábolas expresan los temas de la insistencia en la oración y de su eficacia. Si un amigo, nos dice la primera, da lo que se le pide ante la insistencia del otro, con más motivo Dios actuará así con los que se dirigen a él. Igualmente, insiste la segunda parábola, la oración siempre alcanza su objetivo, el que pide recibe. Es interesante ver el cambio que introduce Lucas con respecto al texto de Mateo. Lo que se recibe no es automáticamente lo que se pide sino el don del Espíritu, que nos permitirá afrontar las situaciones de la vida con la fuerza de lo alto (véase Mt 7,11 que nos dice que la oración obtiene buenas cosas). Lucas elimina así una posible comprensión mágica de la oración de petición.

ACTUALIZAMOS

  1. Señor, enséñanos a orar”:

¿Le pides al Señor que te enseñe a orar?

  1. “Padre, santificado sea tu nombre, …”:

¿Pides a Dios, como Padre, lo que necesitas, pones tu vida en sus manos, eres misericordioso con los demás igual que Dios lo es contigo?

Cuando rezas el Padrenuestro, ¿pones atención a las palabras que pronuncias?

¿En qué petición del Padrenuestro pondrías más intensidad hoy en tu vida?

 

 

CAMPAMENTO 2025 en Boñar (León)

Fiat voluntas tua. HÁGASE TU VOLUNTAD

Este año todo se hace nuevo, nos vamos con María, queremos conocerla de cerca, hacer su camino, saber de su compromiso, su sencillez, entender sus renuncias, aprender de su fidelidad y de su entrega sin tapujos, con entrega confiada en un Dios que nunca falla.

DÍA 1: Hágase

DÍA 2: Encuentros

DÍA 3: De Nazaret a Belén

DÍA 4: Un Dios que ama el barro. Navidad

DÍA 5: Dios es Padre

DÍA 6: Haced lo que él os diga

DÍA 7: Al pie de la cruz. Esperanza

DÍA 8: Memorias de un camino

DÍA 9: Pentecostés

DÍA 8: MEMORIAS DE UN CAMINO

Penúltimo día de campamento.

Querida comunidad:

Cuánto hemos echado de menos a los que no habéis podido estar aquí, tendremos que ver el año que viene qué hacer para que no os lo volváis a perder.

Vamos a intentar que las fotos cuenten lo vivido.

Ha sido una alegría recibiros y encontrarnos con vosotros, llevábamos toda la mañana dejando el campamento perfecto para que desde vuestra llegada sintierais que esta es también vuestra casa.

Estábamos deseando que llegara el volante, pero como todavía les quedaba camino, nos hemos puesto a jugar.

Con la llegada del volante, ya hemos terminado de juntarnos todos, ha sido un momento de mucha emoción y abrazos, después de una experiencia de encuentro con María y las dificultades del camino.

El resto del día lo hemos pasado compartiendo juntos, haciendo memoria de lo que habíamos vivido cada uno con María durante estos nueve días.

Como no podía ser de otra manera, el buenas tardes ha sido una celebración de la eucaristía en la que se ha volcado la experiencia de minivolante y volante…

…se ha dado gracias por lo vivido con María y pedido por lo que nos queda por descubrir, hacer y amar junto a María.

Antes de que os fuerais, nos hemos hecho una foto juntos, muy juntos, y así hemos quedado

No queremos hoy dejaros algunas fotos de volante y minivolante, la experiencia ha sido intensa y el camino duro, queda mucho que descubrir, pero sí pueden decir que en este campamento se han hecho compañeros de camino con María.

Buenas noches.

DÍA 1: HÁGASE

Primer día de campamento.

Querida comunidad:

¿Recordáis?… hace nada estábamos aquí despidiéndonos de un campamento que se terminaba, dando gracias a Dios por todo lo que el espíritu había hecho con nosotros y hoy, volvemos a estar aquí, empezando de nuevo; otra aventura de Dios, de la mano de María.

Ahí estábamos todos juntos esta mañana con miradas inquietas y atentas, sonrientes y nerviosos,  diciendo sí a la propuesta de vivir juntos nueve días para compartir, jugar, orar, merendar, comer, celebrar, divertirnos en las olimpiadas, hacer talleres y marchas, juegos en la piscina, tener encuentros, hacer silencio y ponernos a la escucha

Este año todo se hace nuevo, nos vamos con María, queremos conocerla de cerca, hacer su camino, saber de su compromiso, su sencillez, entender sus renuncias, aprender de su fidelidad y de su entrega sin tapujos, con entrega confiada en un Dios que nunca falla.

Y así hemos llegado y todo ha sido disfrutar:

el encuentro de la comida,

las tiendas,

las risas del grupo de olimpiadas con el lío de los personajes de los cuentos

y así hasta el buenos días.

Hemos llegado casi al final de la tarde con el buenos días, con el que iremos haciendo el camino de María. Hoy el ángel la saludaba y ella le parecía normal que un ángel le hablara “cosas de Dios”, decía. María nos ha invitado a pensar en el sí que hemos dado para venir al campamento, en si ha sido sincero u obligado o desganado.

Ella nos lo contaba (cantaba) así:

Yo lo dejo todo y me pongo en camino contigo

Y puedo hasta gritarlo

Y no, no necesito certezas

Si un mundo nuevo es posible yo pongo

mis manos abiertas, estoy dispuesta.

Y hoy siento que está pasando

si quieres contar conmigo.

A la celebración de la tarde hemos llevado todas nuestras respuestas; nos hemos lanzado a la aventura y hemos dicho SI

Hágase en los catequistas jóvenes que se estrenan, hágase en el grupo de apoyo, hágase en Javi pastor de este campamento, hágase en ese grupo de jóvenes, hágase en todos los chicos y chicas que se nos confían, hágase en los juegos, marchas y aventuras, hágase en la vida de oración y en las celebraciones, hágase en la coordinación querida, hágase en la comunidad que ora y que nos acompaña.

Ahí os queda la invitación también a vosotros porque, tal vez, lo habéis olvidado pero este campamento lo hacemos juntos. Estáis invitados a vivir y a compartir.

Hágase ¿en vosotros?

Buenas noches.

Aquí os dejamos más fotos …….

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVI

Lectura del libro del Génesis 18, 1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo:

«Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo».

Contestaron:

«Bien, haz lo que dices».

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

«Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».

Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían.

Después le dijeron:

«¿Dónde está Sara, tu mujer?».

Contestó:

«Aquí, en la tienda».

Y uno añadió:

«Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».

Salmo 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5

R./ Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R./

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R./

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28

Hermanos:

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».

Respondiendo, le dijo el Señor:

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

COMENTARIO

En esta escena de María de Betania a los pies de Jesús, san Lucas muestra la actitud orante del creyente, que sabe cómo permanecer en la presencia del Maestro para escucharlo y estar en sintonía con Él. Se trata de hacer una parada durante el día, de recogerse en silencio, unos minutos, para dejar espacio al Señor que “pasa” y encontrar el valor de quedarse un poco “a solas” con Él, para volver luego, con serenidad y eficacia, a las cosas cotidianas. Elogiando el comportamiento de María, que «eligió la parte buena» (v. 42), Jesús parece repetirnos a cada uno de nosotros: “No te dejes llevar por las cosas que hacer; escucha antes que nada la voz del Señor, para desempeñar bien las tareas que la vida te asigna”.

Luego está la otra hermana, Marta. San Lucas dice que fue ella la que hospedó a Jesús (cf. v. 38). Tal vez Marta era la mayor de las dos hermanas, no lo sabemos, pero ciertamente aquella mujer tenía el carisma de la hospitalidad. Efectivamente, mientras María escucha a Jesús, ella está totalmente ocupada con otros quehaceres. Por eso, Jesús le dice: «Marta, Marta, te afanas y preocupas por muchas cosas» (v. 41). Con estas palabras, ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se vive. También nosotros compartimos las preocupaciones de santa Marta y, siguiendo su ejemplo, nos proponemos asegurarnos de que, en nuestras familias y en nuestras comunidades, vivamos el sentido de aceptación, de fraternidad, para que todos puedan sentirse “como en casa”, especialmente los pequeños y los pobres cuando llaman a la puerta. (Papa Francisco, 21-07-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el libro del Génesis 18, 1-10a Abrahán sentado a la sombra de su tienda en Mambré […] se ve sorprendido por la presencia de tres caminantes. Sale a su encuentro y los invita a descansar y tomar un bocado. La ambigüedad da realce a la reacción de nuestro héroe. Él no sabe, ni el lector tampoco, quiénes son. […] Los trata con normas exageradas de hospitalidad: se pone en pie y corre a su encuentro, los invita con humildad y sencillez a reposar y a comer y beber algo. Apenas sale de su presencia, todo son prisas: ordena a Sara que haga pan y a los pastores que maten una res y la guisen. Mientras ellos comen, permanece en pie como un criado.

Los caminantes prometen, en este caso a Sara, que va a tener un hijo.

Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28. Pablo constata, a continuación, que ha sido constituido ministro de la Iglesia con el encargo de anunciar el misterio escondido. El término “misterio” no designa un secreto que se comunica solamente a unos iniciados y que han de guardar entre ellos como sucede en las religiones mistéricas, sino el designio salvador de Dios respecto de los paganos a quienes llama a formar parte de la Iglesia de Cristo en las mismas condiciones que los judíos. Este designio permaneció escondido en las pasadas generaciones; si bien fue anunciado en el Antiguo Testamento, su manifestación total y su realización práctica no tuvo lugar hasta el advenimiento de Cristo y la predicación de los apóstoles, especialmente de Pablo.

Evangelio según san Lucas 10, 38-42 Visita de Jesús a Marta y María. En la casa de estas dos hermanas, que son probablemente las mismas de Jn 11, debía haber muchos invitados, y uno de los deberes de las personas que recibían era atenderles y preocuparse de que no les faltara nada. De ahí la queja de Marta ante Jesús de que su hermana María no le ayuda en las tareas de la casa. La respuesta de Jesús nos da el mensaje central del pasaje: la palabra de Jesús está por encima de cualquier otro interés. Es una idea similar a la que poco antes Lucas ha descrito con respecto al seguimiento de Jesús (Lc 9,57-62). La descripción de María, sentada a los pies del Señor, se corresponde con la postura de un discípulo ante su maestro (Lc 8,35; Hch 22,3). Lo que no deja de sorprender teniendo en cuenta el contexto sociológico del siglo I, donde una mujer no podía ser discípulo de un rabino. No se trata, por tanto, de la oposición entre acción y contemplación, como a veces de ha dicho, sino de dejar bien claro que la escucha de la palabra de Jesús es el comienzo absoluto de la vida de todo creyente. Quizá Lucas quiere responder con este texto a cierta tensión que existía en su comunidad entre poner en práctica el mandamiento del amor, del que habla en la parábola del buen samaritano, y la escucha de la palabra (Hch 6,2-4).

ACTUALIZAMOS

  1. En la primera lectura, Abrahán tiene gestos de hospitalidad hacia los caminantes:

¿Cuáles son los gestos de hospitalidad que necesita nuestro mundo? ¿Cuáles son los tuyos?

  1. “Nosotros anunciamos a ese Cristo”:

¿Cómo anuncias tú a Cristo, con tu palabra, con tus obras?

  1. “María, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra”:

El que se sienta a los pies del Señor es el discípulo, ¿paras un momento para sentarte y escuchar la palabra, lo que te dice a ti en tu interior?

  1. “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas”:

¿Te agobian las cosas que tienes que hacer, las pones en sus manos para descansar en Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XV

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Escucha la voz del Señor, tu Dios, observando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el libro de esta ley, y vuelve al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.

Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable. No está en el cielo, para poder decir: “¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”. Ni está más allá del mar, para poder decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”

El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas».

Salmo 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37

R./ Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R./

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R./

Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R./

Dios salvará a Sion,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 15-20

Cristo Jesús es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles.

Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».

Él le dijo:

«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».

Él respondió:

«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».

Él le dijo:

«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».

Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:

«¿Y quién es mi prójimo?».

Respondió Jesús diciendo:

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él dijo:

«El que practicó la misericordia con él».

Jesús le dijo:

«Anda y haz tú lo mismo».

COMENTARIO

El Evangelio nos educa a ver: guía a cada uno de nosotros a comprender rectamente la realidad, superando día tras día ideas preconcebidas y dogmatismos. Muchos creyentes se refugian en dogmatismos para defenderse de la realidad. Y, además, seguir a Jesús nos enseña a tener compasión: a fijarnos en los demás, sobre todo en quien sufre, en el más necesitado, y a intervenir como el samaritano: no pasar de largo sin detenerse. (Papa Francisco, 10-07-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro del Deuteronomio 30, 10-14. En la perspectiva de este texto, se trata de dos temas complementarios. En efecto, el arrepentimiento lleva consigo una renovación interior, que se ha de traducir en obediencia a la ley. Un cambio de este tipo abre las puertas a la esperanza de una nueva vida en la tierra.

Carta de san Pablo a los Colosenses 1, 15-20. Cristo, creador y salvador. Nos encontramos ante un himno, de dos estrofas, que probablemente el autor ha tomado de la liturgia, pero que está perfectamente integrado en la carta, puesto que sus temas aparecen muchas veces en ella.

La primera estrofa (Col 1,15-17) comienza afirmando que Cristo es la imagen de Dios invisible. Lo afirmó ya en 2 Cor 4,4. El punto de partida para la explicación del término “imagen” no hay que buscarlo en la esencia de una verdadera imagen, sino en las fuentes bíblicas: Gn 1,26 y sobre todo en Sab 7,26 donde se llama a la sabiduría “imagen de la bondad de Dios”. También el hombre es imagen de Dios en el orden natural por su naturaleza racional (Gn 1,26; 1 Cor 11,7) y en el sobrenatural por la gracia santificante (1 Pe 1,4). Pero Cristo es una imagen en todo igual al Padre, en el ser y en el obrar (Jn 5,19-26), porque en él reside la plenitud de la divinidad (Col 1,19). Dios, que por su naturaleza es espiritual y trascendente, se nos hace visible en Cristo que a través de su humanidad nos refleja las perfecciones divinas del Padre. Las misteriosas declaraciones del mismo Cristo nos dejan vislumbrar el profundo significado de la afirmación paulina. En Jn 14,9 dice: El que me ve a mí ve al Padre. Y en Mt 11,27: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre no lo conoce más que el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Así Cristo viene a ser para nosotros una epifanía del Padre.

Cristo es también el primogénito de la creación. Esta frase hay que interpretarla a la luz del significado del término primogénito entre los judíos. Como consecuencia de su primacía en el tiempo, el primogénito lo era también en la dignidad y el señorío sobre sus hermanos. Aplicado a Cristo, más bien que la preexistencia que le compete como Hijo de Dios y por tanto engendrado desde la eternidad, significa la supremacía y el poder de Cristo sobre toda la creación. En la expresión anterior se trataba de “ser”; en ésta de la “dignidad” y del “dominio”, completando así la anterior. Las frases siguientes excluyen toda posibilidad de interpretación de esta frase en el sentido de la inclusión de Cristo entre las criaturas. Y tiene la supremacía y señorío sobre todas las cosas porque han sido creadas en él, por él y para él (Col 1,16). La primera expresión (en él) no indica causa ejemplar en el sentido de que todas las cosas tuvieron su existencia en el Verbo, a la manera como un edificio antes de ser construido existe ya en la mente del arquitecto, sino que todas las cosas han sido creadas en él como en su principio y tienen en él su centro supremo de unidad, cohesión y armonía. La segunda (por él) afirma que todas tienen en él su causa eficiente, como la tienen en el Padre, y por lo mismo da la vida a los que quiere (Jn 5,21.26). La expresión podría expresar también la mediación de Cristo en cuanto que todo lo que él comunica lo ha recibido del Padre, principio fontal de todas las cosas. La tercera (para él), que en otros pasajes se aplica al Padre (1 Cor 8,6; 15,28), se refiere aquí al Verbo Encarnado, a Cristo, con miras al cual, como término y finalidad, fueron creadas todas las cosas (Ap 1,17; 21,6). Al mencionar expresamente entre las realidades creadas los tronos, dominaciones, principados y potestades (Col 3,16), quiere expresar la totalidad de los seres, no solo los que podemos contemplar con nuestros ojos, sino también las jerarquías angélicas que se suponen dominadoras del mundo. Por lo demás, se las menciona bajo el común denominador de “dominio” para poner de relieve la supremacía de Cristo sobre todas ellas, como criaturas suyas que son, lo mismo que las criaturas de la tierra.

[…]

Mientras que la primera estrofa (Col 1, 15-17) ponía de manifiesto la supremacía de Cristo sobre la creación, la segunda (Col 1,18-20) la va a poner ahora de manifiesto en el orden de la redención: él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. En las cartas de la primera época paulina se utiliza la imagen con sentido de primacía (1 Cor 11,3). En Colosenses y Efesios adquiere un ulterior significado: Cristo es la cabeza que comunica la vida a los miembros del cuerpo y que los une en un conjunto vital y armónico. A la afirmación de que Cristo es el principio de todo por su condición divina, se añade que Cristo se nos ha manifestado en la pascua como el primogénito de los que triunfan sobre la muerte; no se trata de dos afirmaciones independientes, sino que las dos se refieren a la resurrección. Afirman lo que Cristo es no sólo por su “ser”, sino por el acontecimiento “pascual”: la fuente perenne de la gracia y de la gloria. Cristo es principio y primogénito de entre los muertos no sólo en cuanto que fue el primero que resucitó, sino en cuanto que en la resurrección de Cristo está ya incluida la nuestra (1 Cor 15,20), que tendrá lugar al final de los tiempos. […]

En Cristo habita, y sólo en él, efectiva y esencialmente la divinidad. Y no la comparte en modo alguno con las potencias cósmicas (Col 2,8). Estas son, como todos los demás seres de la creación, criaturas suyas. Algunos entienden que el autor se refiere aquí a la plenitud del “cosmos” y explican la expresión, diciendo que Cristo ha sido colocado a la cabeza de ese cosmos o “pleroma” de Dios, recapitulando en sí todas las cosas.

Por eso puede reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra. Se explica fácilmente la reconciliación de los hombres.

Evangelio según san Lucas 10, 25-37. El buen samaritano. El diálogo inicial entre el maestro de la ley y Jesús sigue muy de cerca el texto de Mt 12,28-34. Marcos, sin embargo, nos habla de un maestro de la ley y la pregunta que hace es sobre el gran mandamiento de la ley. Lucas, adaptándose quizá a sus destinatarios cristianos de cultura griega, pregunta sobre la vida eterna. La respuesta del maestro de la ley combina dos textos del Antiguo Testamento: Dt 6,4 y Lv 19,18. Pero queriendo pasar por hombre justo plantea una nueva pregunta sobre quién es su prójimo. Para un judío la cuestión tenía una respuesta clara en la ley: es todo miembro del pueblo de Dios (Ex 20,16-17; 21,14.18.35; Lv 19,11-18). Para esta parábola, sin embargo, todo hombre que se aproxima a los demás con amor es el verdadero prójimo, aunque sea un extranjero. De este modo la pregunta primera se invierte y se transforma en: ¿cómo puedo ser yo el prójimo del necesitado? No debemos olvidar aquí que los sacerdotes y levitas, los expertos de la ley, son los que pasan de largo. Sus conocimientos nos les sirvieron para responder a la necesidad concreta que se les presentaba. Su corazón no estaba convertido al Dios de la misericordia. Por el contrario la parábola nos descubre que el que tiene el secreto de la vida eterna es, paradójicamente, un samaritano, un extranjero odiado por los judíos (el maestro de la ley ni siquiera se atreve a pronunciar el nombre de «samaritano», Lc 10,37). Es verdad que él no tiene los conocimientos de la ley que tienen los sacerdotes y levitas, pero sin embargo sintió lástima. Tiene un corazón compasivo que sabe expresarse a través de un amor eficaz. La compasión (Lc 10,37) es, según Lucas, una de las características de Dios (Lc 1,54; 6,36) y la explicación de la actitud que Jesús adopta ante los pobres y pecadores (Lc 17,13; 18,38). Esta misericordia debe pasar por encima de cualquier otra consideración en la vida concreta de los discípulos de Jesús. En este gesto del samaritano la Iglesia de todos los tiempos reconoce un aspecto fundamental de su misión: la de levantar a todos los hombres y mujeres caídos en los caminos de la historia.

ACTUALIZAMOS

  1. “Escucha la voz del Señor, tu Dios”

¿Lees la Palabra, escuchas lo que te dice, cuidas la relación con Dios en tu interior?

  1. “¿Cuál … te parece que ha sido prójimo?… el que practicó la misericordia con él”

¿Ves a los demás como prójimo?  

Ante sus necesidades, ¿eres indiferente o misericordioso, compasivo?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIV

Lectura del libro de Isaías 66, 10-14c

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis;
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella,
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado,
se manifestará a sus siervos la mano del Señor».

Salmo 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

R./ Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R./

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R./

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna eternamente. R./

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 6, 14-18

Hermanos:

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.

La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.

En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”.

Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:

«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Él les dijo:

«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

COMENTARIO

El profeta Isaías nos presenta en la primera lectura una descripción idílica de Jerusalén, que, como una gran matrona, espera a que sus hijos regresen del exilio y se concentren en su regazo para consolarlos. La paz y la riqueza de las naciones afluirán hacia ella como un torrente en el que se saciarán los repatriados como lo haría un niño en los pechos de su madre. La alabanza que resuena en el salmo bien podría estar motivada por la alegría de ese reencuentro. El evangelio de Lucas, en cambio, nos dice que la Iglesia –Nueva Jerusalén- ha de seguir otra estrategia. Ella no esperará a que sus hijos, hombres y mujeres de todas las naciones, vengan a ella, sino que saldrá a los caminos para anunciarles la paz que llega con el reinado de Dios.

COMPRENDER EL TEXTO

De camino hacia Jerusalén, el Señor decide enviar a un numeroso grupo de discípulos delante de él, dándoles instrucciones para la misión que han de llevar a cabo. Más tarde, cuando regresen contentos, Jesús les ayudará a interpretar el verdadero sentido del éxito obtenido.

Al igual que Marcos y Mateo, Lucas ya había aludido al envío de los Doce mientras Jesús desarrollaba su ministerio en Galilea (Lc 9,1-6). Pero él es el único evangelista que, en el transcurso del viaje a Jerusalén, menciona un nuevo mandato misionero dirigido a otro grupo de discípulos. La comparación entre ambos episodios ayuda a ver las llamativas semejanzas y también algunas diferencias.

El número de setenta discípulos (o setenta y dos, según algunos manuscritos antiguos) no es casual, sino que tiene un valor simbólico. Lo más probable es que haga referencia a la universalidad de la misión, ya que tal es el número de los pueblos de la tierra según el libro del Génesis (Gn 10). Por otro lado, la razón que da Jesús para justificar este nuevo envío es que la mies es abundante y los obreros pocos. Frente a la inmensidad de la tarea, nadie está de más. Por tanto, el anuncio de la Buena Noticia no puede limitarse a Israel ni afectar sólo a los apóstoles, sino que ha de implicar a todos los discípulos y abrirse al mundo entero. De este modo, Lucas presenta a Jesús preparando y adelantando ya la misión universal de la Iglesia que él mismo narrará después en el libro de los Hechos.

Dos veces dice Jesús que los misioneros han de proclamar la llegada inminente del Reino de Dios (versículos 9 y 11). Esta repetición es muy significativa y señala el núcleo esencial del anuncio que deben transmitir. Las demás acciones que han de realizar están íntimamente relacionadas con ese mensaje. Desear la paz, curar enfermos, compartir vida y mesa más allá de prejuicios y escrúpulos reales…, son modos concretos de hacer visible la cercanía del Reino que trae la salvación, rompe las fronteras que dividen a las personas y libera de todo aquello que las oprime o deshumaniza.

Las instrucciones que Jesús da a quienes envía marcan un “estilo misionero” que ya es en sí mismo un testimonio coherente con el mensaje que deben transmitir. Por ejemplo, pedir al dueño de la mies que mande más trabajadores supone confiar en que Dios llevará a cabo su obra, pero implica al mismo tiempo disponibilidad para la tarea. Viajar sin “bolsa, ni alforja, ni sandalias” significa relativizar la seguridad y la eficacia que ofrecen los bienes materiales frente al apoyo ofrecido por el Señor que envía. Ahorrarse los saludos protocolarios no es muestra de mala educación, sino una estrategia requerida por la inminente llegada del Reino, que exige actuar con urgencia y sin rezagarse. Cada una de esas actitudes misioneras testimonia algo sobre el Reino de Dios que se acerca, pero no todos sabrán entender este mensaje.

La posibilidad de una reacción hostil ante el anuncio del Reino está insinuada desde el principio, cuando los discípulos son enviados como corderos en medio de lobos. El mensaje puede ser mal recibido, pero no por ello los misioneros renunciarán a actuar con mansedumbre, en coherencia con la paz que quieren comunicar. El gesto prescrito en el v. 11 se asemeja a las acciones simbólicas de los profetas; supone una constatación de la falta de acogida, pero no implica violencia, revancha o imposición. Con todo, y a pesar de estas advertencias, el balance final de la misión parece muy positivo.

La segunda parte de este pasaje narra el jubiloso regreso de los setenta (y dos) y el diálogo mantenido con Jesús a propósito de la tarea realizada (Lc 10,17-20). El éxito obtenido en la misión anticipa la inmejorable acogida que el Evangelio tendrá más tarde entre los paganos. Jesús interpreta este hecho como una victoria sobre el mal -personificado en Satanás y simbolizado en “serpientes y escorpiones”- pero los discípulos no deberían considerar su alegría como el fruto de un triunfo personal. Lo importante es que han sido instrumentos del poder de Jesús y han colaborado con la causa de Dios. Por eso sus nombres están escritos en el cielo.

ACTUALIZAMOS

En la simbología bíblica, decir setenta es tanto como decir “todos”. La responsabilidad misionera de la Iglesia no puede recaer en unos pocos. Cada cristiano y cada cristiana han de ser testigos de la Buena Noticia. Por eso nos sentimos incluidos en ese grupo de enviados y tratamos de traducir para nosotros las instrucciones que Jesús les dio.

  1. “… los mandó delante de él… os envío…”:

¿Me siento enviado?

¿De qué manera integro la dimensión misionera en mi modo de vivir y de entender mi compromiso cristiano?

  1. Y les dio instrucciones:

¿Cuál de las instrucciones dadas por Jesús a los setenta (y dos) considero más actuales y aplicables para mi vida, comunidad, Iglesia…? ¿Por qué?

  1. El reino de Dios ha llegado a vosotros”:

¿Qué tipo de esperanza transmitiríamos a nuestro mundo si anunciásemos y viviésemos este mensaje según lo hemos visto reflejado en el evangelio de hoy?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIII – SOLEMNIDAD, SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.

De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo:

«Date prisa, levántate».

Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:

«Ponte el cinturón y las sandalias».

Así lo hizo, y el ángel le dijo:

«Envuélvete en el manto y sígueme».

Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel.

Pedro volvió en sí y dijo:

«Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R./ El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R./

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R./

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R./

El ángel del Señor acampa en
torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.

A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

Esta persecución es obra de Herodes Agripa I, nieto del famoso Herodes el Grande. Agripa I reinó entre los años 41-44 d. C. Por congraciarse con los judíos (Hch 12,3) persigue a los discípulos y probablemente hacia la pascua del 42 hace matar a Santiago, probablemente porque había sido un predicador especialmente activo y señalado, y un miembro representativo de la comunidad de Jerusalén.

En todo caso esa nueva persecución va alcanzando a otros miembros destacados de la comunidad y llega hasta Pedro.

Este episodio debe de tener como base histórica una prisión y posterior liberación del jefe de los Doce, fruto de esa persecución. En cambio no parece que hayan de tomarse necesariamente a la letra todos los detalles portentosos de la liberación de Pedro. A través de ellos, el autor quiere subrayar la semejanza entre el apóstol y su Señor perseguido, pero manifestando también cómo las circunstancias desfavorables ponen de relieve la acción salvadora de Dios. En efecto, a él atribuye Pedro su puesta en libertad (Hch 12,17). Así como también es significativo que la comunidad esté reunida orando por él mientras acontece su liberación (Hch 12,12).

Segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Pablo ha realizado fielmente su misión. El apóstol desde el día en que respondió con toda generosidad a la llamada de Cristo, había gastado y desgastado su vida por Cristo y la salvación de los hombres. Al final de su vida alguien escribió en su nombre estas líneas que constituyen el mejor epitafio para su sepulcro: He combatido el buen combate. He concluido mi carrera. He guardado la fe. Sólo me queda recibir la corona de la salvación (2 Tim 4,7-8). Cumplida su misión, que ha sido un sacrificio de culto a Dios mismo, no le queda sino derramar sobre ella la libación de su sangre (Flp 2,17). En los sacrificios se vertía el vino inmediatamente antes de ser inmolada la víctima.

Hay dos maneras de dar la vida por Cristo: una consumirla día a día en la tarea de dar a conocer a Cristo a las gentes (2 Cor 12,15). Otra, derramar la sangre por su causa. Imitar a Pablo, que supo darla de las dos maneras, es un reto para sus discípulos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

El pasaje de la confesión de Pedro nos sitúa en un momento muy importante de la vida de Jesús, que también ha quedado reflejado en algunas de sus parábolas. Parece que su ministerio tuvo unos comienzos brillantes y que fueron muchos los que le siguieron. Pero después de este triunfo inicial tuvo que afrontar el rechazo de su pueblo y el fracaso aparente de su misión. Es entonces cuando el Señor se dirige a sus discípulos con una serie de preguntas sobre su propia identidad: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? … ¿Quién decís vosotros que soy yo? El sentido de esta doble pregunta puede captarse mejor si tenemos en cuenta que en la cultura en que vivió Jesús la opinión que los demás tenían sobre una persona era muy importante. Los evangelios están llenos de referencias a la fama de Jesús, que crecía y se difundía por todas partes (p. e. Mt 9,26.31). En este contexto, la pregunta tiene una doble función: reafirmar a Jesús en su misión y confirmar a los discípulos en el seguimiento.

[…]

La doble pregunta de Jesús hace que aparezca con claridad la diferencia entre la opinión de la gente y la de los discípulos. Pedro, en nombre de estos últimos, reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Estos dos títulos resumen la fe de la iglesia de Mateo. No basta con afirmar que Jesús es el Mesías esperado por Israel; hay que añadir que es el Hijo de Dios. Así es como Mateo presenta a Jesús en la primera parte de su evangelio (Mt 1,1-4,16), y como le reconocen sus discípulos (Mt 14,33), y los paganos (Mt 27,54).

A esta confesión de Pedro, Jesús responde con una palabra de felicitación y un encargo muy especial de cara a la Iglesia (Mt 16,17-19). Jesús declara dichoso a Pedro, no por sus méritos, sino porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías y como Hijo de Dios (véase Mt 11,25-26); y le confía la misión de ser la roca sobre la que se asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos. El cambio de nombre produce un juego de palabras (Cefas=roca), que describe plásticamente la tarea que Jesús le encomienda: ser roca firme, para que la Iglesia no sucumba ante las dificultades (véase Mt 7,24-27). Para ello le entrega las llaves del reino y le confiere el poder de “atar y desatar”. La entrega de las llaves equivale al nombramiento de mayordomo supremo, como aparece en algunos textos del Antiguo Testamento (véase especialmente Is 22,19-22). Por su parte, la expresión atar y desatar designaba entre los judíos de la época la potestad para interpretar la ley de Moisés con autoridad. Así pues, Jesús nombra a Pedro mayordomo y supervisor de su Iglesia, con autoridad para interpretar la ley según las palabras de Jesús, y adaptarla a nuevas necesidades y situaciones.

La especial tarea que se le confiere a Pedro en este pasaje concuerda con la que aparece en otros pasajes de Mateo: es el portavoz del grupo de los discípulos y tiene una especial relación con Jesús. Al presentar así a Pedro, el evangelista se hace eco del importante papel que desempeñó en la vida de la Iglesia naciente, sobre todo en las comunidades de Siria, a las que se dirige este evangelio. De Pedro han recibido el evangelio y la tradición sobre Jesús; él ha sido la roca sobre la que se ha edificado su comunidad.

ACTUALIZAMOS

  1. “El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial”:

En tu vida, ¿ves cómo Dios te sostiene, te protege, incluso en las situaciones y acontecimientos difíciles?

  1. “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”:

Jesús puede ser para nosotros un profeta, una persona a la que admirar, el Mesías, el Hijo de Dios… Para ti, ¿quién es Jesús?

HORARIOS DE VERANO 2025

También a partir del 30 de junio hay Horario de Verano de Cáritas parroquial

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XII «CORPUS CHRISTI – SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO»

Lectura del libro del Génesis 14, 18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo:

«Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos».

Y Abran le dio el diezmo de todo.

Salmo 109, 1bcde. 2. 3. 4

R./ Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». R./

Desde Sion extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R./

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, desde el seno,
antes de la aurora». R./

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec». R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:

«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 11b-17

En aquel tiempo, Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación.

El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron:

«Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».

Él les contestó:

«Dadles vosotros de comer».

Ellos replicaron:

«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente».

Porque eran unos cinco mil hombres.

Entonces dijo a sus discípulos:

«Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno».

Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos.

Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.

 COMENTARIO

La segunda lectura y el evangelio son los textos que más inciden en la fiesta de hoy. Pablo recuerda una tradición fielmente guardada y enseñada, que debe mantener la comunidad cristiana de Corinto. Se refiere al memorial de la última cena, el banquete de los tiempos definitivos que presidió el mismo Jesús antes de morir y que sigue celebrándose en cada reunión eucarística. Lucas con el pasaje de los panes y peces compartidos a la multitud, subraya el compromiso que adquirimos cada vez que comemos de ese pan.

COMPRENDER EL TEXTO

Este relato, envuelto en un rico simbolismo, ha sido interpretado desde siempre por la iglesia cristiana como una prefiguración de la eucaristía.

Dentro del evangelio de Lucas, este pasaje se sitúa entre los últimos episodios de la actividad de Jesús en Galilea. En este pasaje Jesús manifiesta su identidad más profunda.

Jesús enseña, cura y da de comer, es la manifestación visible de la Palabra, el poder y la presencia de Dios. El relato se centra sobre todo en el don del pan, y en este sentido se hace eco de numerosas referencias al Antiguo Testamento. Una de ellas es la tradición del maná: si Moisés sirvió de intermediario para alimentar al pueblo en el desierto (Ex. 16), ahora Jesús lo alimenta por sí mismo con un nuevo maná. Otra referencia es a los relatos de Elías y Eliseo (1 Re 17; 2 Re 4,42); si estos profetas dieron de comer, Jesús es mayor aún que ellos. En él se cumplen con creces todas las promesas que Dios hizo a su pueblo.

El centro del relato es Jesús. Ante la situación en que se encuentra la gente, toma la iniciativa y acepta los pocos panes y peces que tienen los discípulos. Llegados a este punto, es importante que nos fijemos en los gestos que hace Jesús sobre los alimentos: tras orar; los bendice, parte y reparte. El pasaje no habla de “MULTIPLICACIÓN” ni de juegos de magia. Partir y distribuir el pan y los peces es suficiente para que la multitud se sacie.

En este pasaje, además de presentarse la identidad de Jesús, ocupan un lugar muy importante los discípulos. Si antes fueron enviados a predicar y curar (Lc 9,1-6.10), ahora son invitados a colaborar en la tarea de distribuir el pan. Quienes antes ejercieron como servidores de la Palabra, ahora aceptan el servicio de la mesa. Son dos aspectos de la misma misión: ofrecerse para entregar los dones de Dios a todo el mundo. Eso sí, la fuente no está en ellos, sino en Dios. Ellos son intermediarios, colaboradores para que todo el pueblo pueda comer hasta saciarse.

El alimento que da Jesús sacia el hambre de la gente y sobra para alimentar otra multitud, a todo un pueblo. Así se desprende del simbolismo del número 12, las doce tribus de Israel y a los doce apóstoles, el nuevo Israel. Con Jesús se ha hecho realidad la promesa del banquete abundante, gratuito y salvador que Dios prometió en el Antiguo Testamento (Is 25,6). Jesús, el Pan, que ha dado de comer a la multitud, se entregará también en el marco de la última cena para que su gesto sea recordado, repetido y celebrado a favor de toda la humanidad.

ACTUALIZAMOS

Este relato no puede ser cosa del pasado. La gente continúa teniendo hambre. Jesús sigue presentándose como el Pan que sacia y pide a sus discípulos que actuemos como intermediarios y servidores. Las tradiciones populares del Corpus no deben hacer que nos desentendamos del profundo compromiso cristiano que implica celebrar esta fiesta.

  1. A la luz del pasaje de hoy,

¿Qué significa para ti celebrar la eucaristía y “comulgar” con Jesús?

  1. Dadles vosotros de comer”:

¿Qué gestos y palabras del pasaje te han interpelado?

¿Qué podríamos hacer para que nuestras eucaristías nos impliquen y comprometan más?

  1. Comieron todos y se saciaron”:

La celebración coherente de la Eucaristía, ¿puede hacernos vislumbrar un mundo en el que queden saciadas todas las hambres? ¿Por qué?

ORAMOS Y CELEBRAMOS

Presentarnos personalmente ante Jesús y abrir, en su presencia, nuestras manos. Queremos responder a su invitación de ofrecer comida gratuita y sobreabundante a todo el mundo, pero necesitamos su ayuda.