HORARIOS DE INVIERNO 2025-2026

A partir del 8 de septiembre:
EUCARISTÍAS:
De LUNES a SÁBADO: 9:30 h. y 19:30 h.
DOMINGOS Y FESTIVOS: 11 h, 12:30 h. y 19:30 h.
* Confesiones: media hora antes de la misa o cuando se solicite.
DESPACHO PARROQUIAL:
MIÉRCOLES de 18 h. a 19:30 h.
DESPACHO ACOGIDA DE CÁRITAS:
MIÉRCOLES de 18h a 20h solicitando cita previa en el siguiente correo: caritasnatividad@gmail.com
Si no dispone de correo electrónico, tramitaremos la cita previa en el siguiente teléfono: 91.439.02.15 atendiendo sólo los miércoles de 18h. a 20h.
* Importante: para solicitar cualquier tipo de ayuda se deben dirigir a su parroquia más cercana según la dirección del empadronamiento.
BAUTIZOS:
ACOGIDA: PRIMEROS DOMINGOS DE MES a las 12 h.
APERTURA DE LA CAPILLA:
LUNES A VIERNES (excepto festivos) de 9h a 13h y de 17h a 20h.
SÁBADOS de 9h a 13h.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA – EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO:
Todos los JUEVES a las 18:30 h.
ADORACIÓN preparada por JÓVENES:
LUNES a las 20:30h.
GRUPO LECTIO DIVINA:
PRIMER Y TERCER VIERNES DE MES a las 19h.
CURSO DE BIBLIA, Libro del Apocalipsis:
PRIMER Y TERCER MARTES DE MES de 18h a 19h.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVI

Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4-7

Esto dice el Señor omnipotente:

«¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion, confiados en la montaña de Samaría!

Se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo; tartamudean como insensatos e inventan como David instrumentos musicales; beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José.

Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados, y se acabará la orgía de los disolutos».

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ ¡Alaba, alma mía, al Señor!

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.

Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.

Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.

A él honor y poder eterno. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:

«Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas».

Pero Abrahán le dijo:

«Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros».

Él dijo:

«Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento».

Abrahán le dice:

«Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen».

Pero él le dijo:

«No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán».

Abrahán le dijo:

«Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto»».

COMENTARIO

Las lecturas de hoy nos ponen en guardia frente a las riquezas, que endurecen el corazón del que las disfruta y le impiden compadecerse ante la necesidad de quienes le rodean. El lujo hace olvidar los desastres del pueblo, dice el profeta Amós. A la puerta del rico se apaga la vida del pobre Lázaro, leemos en el Evangelio. Contra esa riqueza despreocupada está la regla de vida que propone el autor de la carta a Timoteo (honradez, religiosidad, fe, amor, paciencia, dulzura) y la confianza en un Dios que, según el salmo, sustenta la vida del huérfano y de la viuda y, según el evangelio, acoge al pobre en su seno para siempre.

Que la Palabra abra los ojos de nuestro corazón a la vida de los que sufren de manera que todos nuestros días sean expresión de la ternura de Dios con ellos.

COMPRENDER EL TEXTO

Siguiendo el hilo del gran viaje de Jesús a Jerusalén, Jesús nos ha ido recordando los peligros de las riquezas y el uso inteligentemente evangélico de los bienes materiales. “No podéis servir a Dios y al dinero” se nos decía el domingo pasado. El evangelio de hoy, sobre la base de una historia tal vez real nos ilustra sobre el desenlace fatal de quien viviendo en el lujo se desentiende de la precariedad de la vida de los demás.

Este relato que solo nos ofrece Lucas, tiene la forma de una historia ejemplar. Jesús dirige sus palabras a los fariseos que se burlaban de él, a quienes el evangelista describe como “amigos del dinero” (Lc 16,14).

El pasaje nos presenta a dos personajes, uno muy rico y el otro muy pobre. Los banquetes y la ropa muestran la vida lujosa de un hombre que tiene riquezas de sobra. Con más detalle se cuenta la situación del pobre: lo que a éste le sobran son penurias y calamidades. Viven muy cerca el uno del otro: sólo una puerta los separa. Los detalles que se describen de la vida de ambos contienen una doble denuncia contra el rico: la riqueza se ha convertido en su dios, y su corazón se ha cerrado a las necesidades de los pobres. Aparte de las úlceras, el relato indica algo que tiene el pobre y que le falta al rico.

El rico es un personaje anónimo, mientras que el pobre tiene un nombre: Lázaro, del hebreo Eleazar, significa “Dios ha ayudado”. Lo apropiado del nombre se comprende al continuar leyendo la parábola. La muerte les llega a ambos y sus destinos se intercambian: el pobre va al seno de Abrahán, mientras que el rico es sepultado y es destinado al abismo o reino de la muerte. El que durante su vida no había recibido el auxilio del rico, tras la muerte encuentra la ayuda de Dios. El seno de Abrahán, las torturas, las llamas…, son imágenes que responden a la mentalidad de la época. Lejos de pretender describir con precisión lo que puede haber en el más allá, ayudan a transmitir un mensaje sobre la justicia de Dios.

Lucas insiste en todo su evangelio en presentarnos el rostro misericordioso de Dios. Él hace justicia a los pequeños, a los pobres, a los abandonados, dándoles lo que el mundo les niega. Así se afirma en el Magníficat (Lc 1,46-55) o en las bienaventuranzas y los “ayes” (Lc 6,20-26).

La primera de las tres peticiones del rico y la respuesta de Abrahán, con la que se abre el diálogo entre ambos, confirma este cambio de situación. Además, la indicación sobre el abismo que los separa no sólo aumenta la culpabilidad del rico, sino que plantea la nueva situación como irreversible: en vida tuvo ocasión de auxiliar al pobre Lázaro, que estaba tan próximo a él; ahora ya es demasiado tarde. El diálogo continúa con dos nuevas peticiones del rico.

Comprendiendo que ya es demasiado tarde para su propia conversión, el rico se acuerda de sus hermanos. Lázaro debe ir hasta ellos para promover un cambio en sus vidas y librarlos así de los tormentos que él padece. La respuesta de Abrahán es definitiva: que escuchen lo que el Señor ha dicho a través de Moisés y los profetas, que se conviertan según el mensaje de solidaridad con los pobres que Dios ha expresado en su Palabra. Ésa es la clave para llegar al “seno de Abrahán”.

Aunque el relato habla de muertos, sus destinatarios son los vivos: los hermanos del rico parecen representar a los fariseos a quienes se dirige Jesús. Estos fariseos, a quienes Jesús ha calificado como “amigos del dinero”, tienen la Escritura de la que se declaran maestros y observantes. También cuentan con la predicación de Jesús. Todavía están a tiempo de convertirse de su idolatría de la riqueza y su despreocupación hacia los pobres. Si no se convierten por la escucha de la Palabra, ninguna aparición milagrosa les moverá el corazón. Ni siquiera la resurrección del Señor será suficiente para ellos.

ACTUALIZAMOS

También en nuestros días, la preocupación por el propio bienestar camina unida a la despreocupación por la vida de los demás. Meditemos la Palabra de Dios en actitud de conversión: si ella no transforma nuestra vida, no cambiaremos ni aunque resucite un muerto.

  1. El Evangelio nos presenta una vez más a Dios del lado de los pobres:

¿Qué aporta a mi fe este rostro misericordioso de Dios?

  1. Si no escuchan a Moisés y a los profetas…”

¿Qué papel juega la Palabra de Dios en mi vida de creyente?

¿Cómo me ayuda a convertirme?

  1. La sociedad nos empuja a conseguir riquezas, a vivir como amigos del dinero prescindiendo de las necesidades de los demás. El evangelio de Jesús va una vez más a contracorriente:

¿A qué nos compromete el pasaje que hemos leído?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXV

Lectura de la profecía de Amós 8, 4-7

Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal -reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño- para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?».

El Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob:

«No olvidaré jamás ninguna de sus acciones».

Salmo 112, 1b-2. 4-6. 7-8

R./ Alabad al Señor, que alza al pobre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R./

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R./

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 1-8

Querido hermano:

Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.

Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos; este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:

“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:

“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:

“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:

“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:

“Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:

“Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó:

“Cien fanegas de trigo”.

Le dice:

“Toma tu recibo y escribe ochenta”.

Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

COMENTARIO

El mensaje del Evangelio es radical: nadie puede servir a dos amos, no se puede servir a Dios y al dinero. Sólo hay un Dios, leemos en la carta a Timoteo. Cuando se idolatran los bienes materiales de la vida del ser humano poco importan entonces los pobres, los explotados, los miserables. Pero ellos están en el corazón de Dios. Por boca del profeta Amós, el Señor denuncia esa idolatría que pone el dinero por encima de la persona.

Aprendamos a administrar correctamente los bienes que Dios nos concede, esforzándonos en levantar al pobre y al desvalido, como leemos en el salmo.

COMPRENDER EL TEXTO

Camino de Jerusalén, el Maestro continúa su enseñanza. El seguimiento de Jesús exige exclusividad: nadie puede servir a dos señores. Los bienes materiales son un instrumento más para la construcción del Reino, no un fin en sí mismo.

En Lucas 16, la atención se centra en el uso de los bienes materiales. Encontramos así una parábola (16, 1-8) que tuvo que resultar difícil de entender a sus destinatarios originales. Seguramente por esa razón, el evangelista reúne a continuación una serie de comentarios que intentan ayudar a comprender su sentido (Lc 16, 8b-13).

La estructura de la parábola es muy sencilla: se presenta a los personajes y se plantea la situación; el administrador reflexiona y actúa con prontitud; finalmente, el amo aprecia la sagacidad con la que obra el empleado.

El administrador, además de malversar los bienes de su amo, parece que pretende salir adelante falsificando unos recibos. Los comentaristas modernos intentan explicar su proceder indicando que lo que hace ese hombre es renunciar a una comisión que le pertenecería y congraciarse así con los deudores de su patrón. En cualquier caso, lo que se destaca en el texto es que el administrador, sintiéndose incapaz de ganarse la vida trabajando y abochornado ante la idea de pedir limosna, actúa con inteligencia para hacerse amigos que le saquen de la penosa situación que se le venía encima.

El amo del relato presenta como ejemplar la habilidad y audacia del administrador, no su falta de honestidad. Esto es muy importante: no se propone como modelo para el creyente la conducta del administrador, sino su capacidad para utilizar los medios de que dispone, con el fin de superar las dificultades por las que atraviesa.

Tras la parábola se proponen tres aplicaciones de la misma. En la primera de ellas (vv.8b-9), se contrapone la sagacidad con la que actúan los hijos de este mundo, representados en el administrador, con la candidez de los hijos de la luz, es decir, de los cristianos. Y se invita al discípulo de Cristo a actuar con esa misma sagacidad ante las exigencias del Reino.

La propuesta de la primera aplicación pone su mirada en la vida futura. El cristiano debe usar los bienes perecederos para ganarse amigos que, tras la muerte, le sirvan para que se le abran las puertas de los bienes eternos. El texto no dice quiénes son esos amigos: probablemente, los pobres o, en general, todos aquellos que en su momento se beneficiaron de esos bienes terrenos y que en el día del juicio intercederán ante Dios por sus benefactores.

En la segunda aplicación (vv. 10-12), el énfasis se pone en la administración diaria. Mediante sucesivos paralelismos se fija en algunos aspectos a tener en cuenta.

Lo “poco”, los bienes de este mundo y lo “ajeno” son contrapuestos a lo “mucho”, a la “riqueza verdadera” y a lo “vuestro”. Estableciendo esta doble correlación se invita a relativizar los bienes de este mundo, por insignificante, a actuar con inteligencia para conseguir los bienes verdaderos, unos bienes que, en esperanza, ya pertenecen al discípulo de Cristo.

La tercera aplicación (v.13) se centra en la actitud general que debe tener un discípulo frente al dinero. El planteamiento de Lucas es radical: el dinero puede llegar a ser un ídolo para el ser humano, un dios que se adueña de su vida y le impide seguir al Dios verdadero. Al cristiano le toca escoger a uno o a otro, sabiendo que ambos son incompatibles.

ACTUALIZAMOS

Para recorrer el camino de la vida, el Señor ha puesto en nuestras manos unos bienes: el uso que hagamos de ellos dependerá de la meta que queramos alcanzar. Es necesario ser astutos y sagaces para no tropezar ni equivocar el camino hacia el Reino.

  1. Ningún siervo puede servir a dos señores,”. Pensemos en nuestra relación con los bienes materiales:

¿Son una ayuda o una dificultad en nuestra vida como discípulos de Jesús?

¿Vivimos para Dios o para el dinero?

  1. Jesús nos invita a ser sagaces en las cosas del Reino. En la situación social que vivimos,

¿En qué puede consistir concretamente esa “astucia” en un cristiano?

  1. No podéis servir a Dios y al dinero”. La sociedad nos envía constantemente su mensaje de bienestar y consumismo. Pensando en nuestro compromiso cristiano,

¿Qué pistas nos da este pasaje respecto al uso del dinero?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIV «LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ»

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:

«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:

«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:

«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Salmo 77, 1b-2. 34-35. 36-37. 38

R./ No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R./

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor. R./

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R./

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».

COMENTARIO

Hermanos y hermanas, este es el camino, el camino de nuestra salvación, de nuestro renacimiento y resurrección: mirar a Jesús crucificado. Desde esa altura podemos ver nuestra vida y la historia de nuestros pueblos de un modo nuevo. Porque desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio; aprendemos la compasión, no la indiferencia; aprendemos el perdón, no la venganza. Los brazos extendidos de Jesús son el tierno abrazo con el que Dios quiere acogernos. Y nos muestran la fraternidad que estamos llamados a vivir entre nosotros y con todos. Nos indican el camino, el camino cristiano; no el de la imposición y la coacción, del poder o de la relevancia, nunca el camino que empuña la cruz de Cristo contra los demás hermanos y hermanas por quienes Él ha dado la vida. El camino de Jesús, el camino de la salvación, es otro: es el camino del amor humilde, gratuito y universal, sin condiciones y sin “peros”. (Papa Francisco, 14-09-2022)

COMPRENDER EL TEXTO

Anselm Grün, Jesús, puerta hacia la vida. El Evangelio de Juan. Ed. Verbo Divino, 2011.

En el versículo 14 y siguientes el evangelista Juan tiene presente la muerte de Jesús. Él ilustra la elevación de Jesús a la cruz por medio de una referencia a la historia veterotestamentaria de la serpiente de bronce que se nos narra en el libro de los Números (Nm 21,1-9). Cuando el pueblo murmuró de nuevo contra Dios, éste les envió serpientes venenosas, de cuyas mordeduras murieron muchos israelitas. Cuando Moisés suplicó a Dios, Yahvé le respondió: “¡Hazte una serpiente y cuélgala en un estandarte! Los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla” (Nm 21,8). La serpiente es un símbolo muy importante para la mayoría de los pueblos. Simboliza, por un lado, una amenaza para los hombres, como consecuencia de su mordedura venenosa. Se relaciona con todos los sentimientos amargos y venenosos que dañan el alma. La serpiente es frecuentemente un símbolo sexual. Y por su cambio de piel es una imagen de la renovación del ser humano. En el judaísmo se vio como un símbolo del pecado, pues fue la serpiente la que tentó a Eva. Pero, al mismo tiempo, era también una imagen de la sagacidad. Para muchos pueblos, es un símbolo del poder salvador de Dios. En la cruz, Jesús es elevado como la serpiente y permanece a modo de estandarte. Quien mira a ese Jesús en la cruz es sanado de sus heridas. Jesús es para Juan el médico divino que cuelga herido en la cruz. Para los griegos, existe un principio fundamental: sólo el médico herido está capacitado para curar. Asclepio, el dios griego de la medicina, es representado con un bastón en el que hay enroscada una serpiente. Jesús lleva a plenitud las expectativas de los griegos sobre la curación.

En la cruz, se hace visible la herida más profunda que nos oprime, la herida de muerte. Cuando miramos a Jesús, somos salvados de ella y también de todas las demás heridas que nos infringe la vida, de las amarguras y los sentimientos venenosos que surgen en nuestro interior cuando somos rechazados o dañados. Con su cambio de piel, la serpiente nos trae a la mente la renovación del ser humano. Jesús crucificado es para Juan la verdadera renovación de la existencia humana. Ahí es donde muere el antiguo ego. Y donde se manifiesta el nuevo hombre, nacido de Dios, que tiene su fundamento en el amor de Dios.

Para Juan, la redención consiste, ante todo, en la sanación de nuestras heridas y en la transformación de la muerte. Quien mira a Jesús elevado en la cruz y cree en Él tiene vida eterna (3,15). La clave de la verdadera vida consiste en ver la verdad ante nosotros. […]

Recibir la vida eterna es también la finalidad de la encarnación de Jesús. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (3,16). En estas palabras se pone de manifiesto la razón de la encarnación y de la Pasión de Jesús. La causa es el amor de Dios al mundo. Dios no quiso que los hombres, que estaban enfrentados a sí mismos y se habían perdido, se fueran al abismo. Los hombres se habían perdido, habían perdido su centro, su imagen primigenia, su pureza, su capacidad de vivir. En mitad de la vida, estaban muertos.  Como Dios amaba a los hombres, a pesar o precisamente por su estado de perdición, envió a su Hijo, dio a los hombres a su único Hijo como regalo. […] ¿En qué consiste la vida eterna de la que tan a menudo habla Juan? En primer lugar, es vida que tras la muerte no puede ser destruida, que permanece más allá de la muerte y se completa a lo largo de la eternidad. Vida eterna no es la vida después de la muerte, sino que consiste en un nuevo tipo de vida. Es vida que en este mismo instante vive del fundamento divino en el que, aquí y ahora, el tiempo y la eternidad coinciden. […] Entonces intuyo que estoy en Dios y que Dios está en mí.

[…]

En los versículos siguientes, Juan desarrolla más explícitamente el misterio de la venida de Jesús. Jesús no viene a juzgar al mundo, sino a salvarlo. En Jesús, Dios ha notificado su designio de salvar a los hombres sacándoles de la perdición, redimiéndolos, liberándolos de sus apegos, justificándolos y reconduciéndolos a la forma originaria que Dios dispuso para cada hombre al comienzo de la creación. Quien cree en Jesús está salvado, ha alcanzado la vida; sus heridas han perdido su veneno y su poder mortífero.

Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia.

Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11. Es más que probable que el poeta cristiano autor del himno primitivo, haya querido describir el camino recorrido por Cristo -en oposición al recorrido por la primera humanidad pecadora (véase Gn 3,5.17-24)- por medio de dos grandes y fundamentales afirmaciones: Cristo que no duda en despojarse de su grandeza y vivir la realidad humana hasta sus últimas consecuencias para así salvar a los hombres (Flp 2,6-8); y Dios Padre que por ello le glorifica de forma incomparable constituyéndole Señor del mundo (Flp 2,9-11). Esta dinámica de humillación-exaltación, que ya era conocida en la tradición bíblica del Antiguo Testamento (véase Is 53,12. Sab 3,7-8.13), alcanza en Cristo su punto culminante. En el futuro, por tanto, todo cristiano deberá tener definitivamente claro cuál es el camino a recorrer si de veras aspira a ser coronado de gloria.

ACTUALIZAMOS CON UNA ORACIÓN

Ante la cruz de Jesús, la miramos, rezamos y meditamos con esta oración.

Ante la cruz

 Cuando huyas de la cruz, recuerda
que la entrega, llevó a la cruz,
que el amor, se expresó en la cruz,
que la fidelidad, se demostró en la cruz,
que la amistad, se probó en la cruz,
que la verdad, se reveló en la cruz,
que la incredulidad, cayó ante la cruz,
que la fe, se fortaleció en la cruz,
que las heridas, las abrazó la cruz,
y que el pecado, se redimió en la cruz.

Por eso la vida, mi vida, tu vida,
que entiende de entrega y de amor,
que se apoya en amigos fieles,
que aspira a la verdad, la confianza y la fe,
que sufre por las heridas y llora el pecado,
no puede huir de la cruz,
sino al contrario: mirarla y amarla,
porque en ella la Vida,
mira, ama y sana.
La vida. Mi vida y tu vida.

(Óscar Cala, SJ)

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIII

Lectura del libro de la Sabiduría 9, 13-18

¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?, o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere?

Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos, porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa.

Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, ¿quién rastreará lo que está en el cielo?, ¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría y le envías tu santo espíritu desde lo alto?

Así se enderezaron las sendas de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y se salvaron por la sabiduría.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R./ Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R./

Si tú los retiras son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R./

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos». R./

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prosperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano:

Yo, Pablo, anciano, y ahora prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión. Te lo envío como a hijo.

Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor, no a la fuerza, sino con toda libertad.

Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor.

Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

COMENTARIO

Él no quiere seducirnos con el engaño, no quiere distribuir alegrías baratas ni le interesan las mareas humanas. No profesa el culto a los números, no busca la aceptación, no es un idólatra del éxito personal. Al contrario, parece que le preocupa que la gente lo siga con euforia y entusiasmos fáciles. De esta manera, en vez de dejarse atraer por el encanto de la popularidad —porque la popularidad encanta—, pide que cada uno discierna con atención las motivaciones que le llevan a seguirlo y las consecuencias que eso implica. Quizá muchos de esa multitud, en efecto, seguían a Jesús porque esperaban que fuera un jefe que los liberara de sus enemigos, alguien que conquistara el poder y lo repartiera con ellos; o bien, uno que, haciendo milagros, resolviera los problemas del hambre y las enfermedades. De hecho, se puede ir en pos del Señor por varias razones, y algunas, debemos reconocerlo, son mundanas. Detrás de una perfecta apariencia religiosa se puede esconder la mera satisfacción de las propias necesidades, la búsqueda del prestigio personal, el deseo de tener una posición, de tener las cosas bajo control, el ansia de ocupar espacios y obtener privilegios, y la aspiración de recibir reconocimientos, entre otras cosas. Esto sucede hoy entre los cristianos. Pero este no es el estilo de Jesús. Y no puede ser el estilo del discípulo y de la Iglesia. Si alguien sigue a Jesús con dichos intereses personales, se ha equivocado de camino. (Papa Francisco, 04-09-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de la Sabiduría 9, 13-18. En la tercera parte (Sab 9,13-18) pretende legitimar, una vez más, su plegaria con una reflexión filosófica y teológica. Repitiendo la idea de Is 40,13, que recordará san Pablo (Rom 10,13; 1 Cr 2,16), se pregunta: ¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios, hacerse idea de lo que quiere el Señor? No resulta fácil a nuestra pobre inteligencia conocer los designios de Dios sobre el hombre. Los grandes caudillos de Israel acudían en sus dudas a la tienda, donde Dios se hacía presente, para recibir iluminación de lo alto. Con el vocabulario de las escuelas filosóficas neoplatónicas (Sab 9,15), pone de relieve lo que es patrimonio de todas las escuelas morales: la influencia del cuerpo mortal en el espíritu. Efectivamente, el cuerpo y el contacto con las realidades terrenas dificultan al espíritu su elevación a las cosas suprasensibles, pero no hay referencia alguna a la doctrina platónica que hace del cuerpo la cárcel del alma. Lo que aquí se afirma es una consecuencia del pecado original que dio lugar a la lucha entre el espíritu y el cuerpo con sus inclinaciones sensibles y terrenas. Si después de mucho esfuerzo sólo llegamos a una ciencia limitada y conjetural de las cosas terrenas, ¿cómo podremos remontarnos a las cosas sobrenaturales y divinas? Sólo si Dios nos envía su santo espíritu. Este equivale a la sabiduría, como implica el paralelismo. Evidentemente no se trata del Espíritu Santo, pero se utiliza un lenguaje que va preparando su revelación. Lo que los profetas habían dicho del espíritu del Señor (Jr 31,33s; Ez 32,26s; Sal 51,12s; Jl 3,1) se atribuye aquí a la sabiduría. Guiados por él es como los hombres pueden descubrir lo que agrada a Dios y conducirse conforme a su voluntad. La actitud del rey sabio contiene una lección para todos, particularmente para los que han recibido la misión de guiar a los demás.

Carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10. 12-17. Entramos ya en el núcleo de la carta. Pablo intercede por Onésimo ante Filemón. Podría hacer valer sus derechos de apóstol y ordenar simplemente a Filemón que acoja a su antiguo esclavo sin ningún tipo de represalias. Puede hacerlo, pero una vez más prefiere renunciar a sus derechos para que sea el amor y no la imposición lo que motive el comportamiento de Filemón. Hay entrañables acentos humanos en el ruego de Pablo: su edad ya avanzada, su situación de encarcelado, su profundo afecto por Onésimo. Todo ello bien poca cosa frente a la única motivación definitiva: el amor cristiano. Con qué tacto, con qué delicadeza, pero con qué fuerza. Pablo nos recuerda que entre creyentes el amor deberá ser siempre la suprema e insustituible razón de todo: de todas las palabras, de todos los comportamientos, de todas las decisiones.

Contempladas las cosas desde esta perspectiva no debe extrañar que Pablo oriente su inmediata petición a solicitar que Filemón reciba a Onésimo no como lo que era antes, un esclavo, sino como lo que es ahora, un hermano en Cristo.

Evangelio según san Lucas 14,25-33. Condiciones del discipulado. El seguimiento de Jesús pide muchas veces la renuncia y el despojamiento. Esta colección de dichos, la mayoría de los cuales se encuentran sólo en Lucas, están centrados en la dedicación total que es necesaria para ser discípulo de Jesús. Ni las relaciones familiares (Lc 14,26), ni las posesiones (Lc 14,33), pueden ser un obstáculo en el compromiso total del seguimiento. También la respuesta positiva a la llamada nos pide el estar preparados para las persecuciones y el sufrimiento (Lc 14,27). Por eso, se deben sopesar las dificultades y los costos del compromiso por el reino (Lc 14,28-32). […] El cargar con su cruz no supone un peso adicional a las dificultades de la vida sino un estilo de vivir lo cotidiano a la luz de las exigencias del reino, siguiendo las huellas de Jesús. Por eso las dos parábolas citadas invitan a sopesar prudentemente nuestras posibilidades de responder a las demandas del evangelio, pero teniendo siempre como horizonte la renuncia total de la que nos habla Lc 14,33. Mientras que la radicalidad del seguimiento no tenga consecuencias, incluso en lo que se refiere a los bienes materiales, siempre podemos pensar que nuestras confesiones de fe son palabras vacías.

ACTUALIZAMOS CON UNA ORACIÓN

Oremos para que aprendamos cada vez más a discernir, saber elegir caminos de vida y rechazar todo lo que nos aleje de Cristo y del Evangelio (Papa León XIV)

 Espíritu Santo, luz de nuestro entendimiento,
dulce aliento en nuestras decisiones,
dame la gracia de escuchar atentamente tu voz
para discernir los secretos caminos de mi corazón,
a fin de captar lo que realmente es importante para ti
y liberar mi corazón de sus aflicciones.

Te pido la gracia de aprender a detenerme
para tomar conciencia de mi manera de actuar,
de los sentimientos que habitan en mí,
de los pensamientos que me invaden,
y que, muchas veces, no logro reconocer.

Deseo que mis elecciones
me conduzcan a la alegría del Evangelio.
Aunque deba atravesar momentos de duda y cansancio,
aunque tenga que luchar, reflexionar, buscar y comenzar de nuevo…
Porque, al final de cuentas,
tu consuelo es el fruto de la decisión correcta.

Concédeme conocer mejor qué es lo que me mueve,
para rechazar aquello que me aleja de Cristo,
y así más amarlo y servirlo.

Amén.

(Red Mundial de Oración del Papa – Julio 2025)

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXII

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 17. 20. 28-29

Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres, y te querrán más que al hombre generoso.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor.

«Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos».

Porque grande es el poder del Señor y es glorificado por los humildes.

La desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues la planta del mal ha echado en él sus raíces.

Un corazón prudente medita los proverbios, un oído atento es el deseo del sabio.

Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11

R./ Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres.

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R./

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R./

Derramaste en tu heredad, oh, Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh, Dios,
preparó para los pobres. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24a

Hermanos:

No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando.

Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:

“Cédele el puesto a éste”.

Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:

“Amigo, sube más arriba”.

Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Y dijo al que lo había invitado:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo ponen de manifiesto la importancia de la humildad. El Señor prepara casa y mesa a quienes el mundo se las niega. Y el evangelista insiste: además de sentar a su mesa a los humildes, el discípulo debe vivir como uno de ellos. Hebreos nos sugiere la razón: vosotros os habéis acercado a Jesús, habéis intimado con él; su vida y su muerte no os pueden dejar indiferentes.

Como discípulos en camino, nos preparamos para escuchar la palabra del Maestro dejando que transforme nuestra vida, nuestra historia y nuestro mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

Las enseñanzas y vida de Jesús son para los primeros cristianos el anuncio de un cielo nuevo y una tierra nueva. Esta novedad empieza con una profunda inversión de valores que, vividos en la tierra por el discípulo, son anticipo del Reino que un día se manifestará en plenitud. La incomprensión que este recibe por su estilo de vida va acompañada de los primeros frutos de la felicidad eterna.

La invitación a un banquete por parte de uno de los jefes de los fariseos da pie a Jesús para hablar de otro banquete, el del Reino. Este pasaje recoge dos enseñanzas:

  1. Sobre el momento de escoger los puestos a la mesa.
  2. La selección de los invitados a un banquete.

Estas enseñanzas no tienen por objeto proponer normas de urbanidad, sino proclamar el banquete del Reino, y como consecuencia de ello, el estilo de vida que debe imperar en la comunidad cristiana, anticipo de la futura mesa compartida. En ambas instrucciones se repite un mismo esquema: se comienza sobre una enseñanza sobre cuestiones de la vida diaria y al final se pasa a proponer una cuestión que transciende lo cotidiano.

Es importante recordar la importancia del honor en la sociedad de aquel tiempo. Las comidas tenían su ritual, los de mayor prestigio social se sentaban cerca del anfitrión, al igual que estos recibían honor de sus invitados.

Primera enseñanza: Jesús se dirige a los invitados que estaban escogiendo los mejores puestos. Lo conveniente es ocupar los últimos lugares. A primera vista la enseñanza puede parecer frívola y utilitarista, pero a la luz del v. 11 el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”, se ve que va más allá de las convenciones sociales y se llega a un sentido nuevo, a una inversión de los valores. El honor y el prestigio son desplazados por el valor de la humildad. Los valores del mundo dejan paso a los valores del Reino.

Segunda enseñanza: es igualmente subversiva. Los excluidos de la sociedad y la religión pasan a ser los invitados de honor. La dinámica del Reino da la vuelta a la tortilla. Los excluidos y despreciados son incluidos y sentados a la mesa, los pobres y los enfermos prevalecen sobre los familiares y los ricos. La búsqueda del prestigio deja lugar a la gratuidad: serás bienaventurado, porque no pueden pagarte”. Y lo que aparentemente parece un camino arduo y socialmente inconveniente se convierte, paradójicamente, en la senda de la felicidad.

Los cristianos a los que se dirige Lucas tuvieron que comprender que el seguimiento de Jesús genera una nueva forma de relacionarse, distinta del parentesco o la búsqueda de prestigio; una forma que está en la base de la nueva familia cristiana y que es anticipo de la comunidad del Reino. Jesús iluminó con su vida esta enseñanza, pues ocupó el “último lugar” en la encarnación o en la humillación de la cruz, y Dios lo resucitó y lo llenó de gloria. Su vida fue cercana a todos los marginados de la sociedad (enfermos, pobres, pecadores… y compartió mesa con ellos).

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

El pasaje de hoy tiene plena actualidad. Seguir a Jesús hoy nos impulsa, como a los primeros cristianos, a vivir los valores del Evangelio, contrarios tantas veces a los de este mundo. La comida diaria, la mesa de la eucaristía y el banquete del Reino no son realidades que puedan comprenderse por separado.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXI

Lectura del libro de Isaías 66, 18-21

Esto dice el Señor:

«Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir las naciones de toda lengua; vendrán para ver mi gloria.

Les daré una señal, y de entre ellos enviaré supervivientes a las naciones: a Tarsis, Libia y Lidia (tiradores de arco), Túbal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria.

Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.

Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos, a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi santa montaña de Jerusalén -dice el Señor-, así como los hijos de Israel traen ofrendas, en vasos purificados, al templo del Señor.

También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas -dice el Señor-».

Salmo 116, 1. 2

R./ Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R./

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 5-7. 11-13

Hermanos:

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:

«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».

Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?

Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.

Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.

Uno le preguntó:

«Señor, ¿son pocos los que se salvan?».

Él les dijo:

«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:

“Señor, ábrenos”; pero él os dirá:

“No sé quiénes sois”.

Entonces comenzaréis a decir:

“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.

Pero él os dirá:

“No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

COMENTARIO

Pertenecer a Jesús significa seguirle, comprometer la vida en el amor, en el servicio y en la entrega de uno mismo como hizo Él, que pasó por la puerta estrecha de la cruz. Entrar en el proyecto de vida que Dios nos propone implica limitar el espacio del egoísmo, reducir la arrogancia de la autosuficiencia, bajar las alturas de la soberbia y del orgullo, vencer la pereza para correr el riesgo del amor, incluso cuando supone la cruz. (Papa Francisco 21-08-2022).

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de Isaías 66, 18-21. Mensajeros enviados por Israel llegarán a los más lejanos rincones de la tierra, para invitar a todas las naciones a subir a la montaña del Señor en compañía de los israelitas. También de entre los extranjeros se elegirán sacerdotes y levitas.

Hebreos 12, 5-7. 11-13. Las pruebas y sufrimientos nos son ventajosos, porque nos corrigen, y en este sentido son prueba de la solicitud paternal de Dios para con nosotros. Por lo mismo, son una señal y prueba de la condición filial en que hemos sido colocados.

Las pruebas nos perfeccionan, nos transforman, al adherirnos personalmente a esa “corrección paterna”. Por esa transformación interior nos vamos haciendo interiormente capaces de la santidad de Dios, aptos para recibirla. Por eso, cuando llegan, han de ser consideras como parte del proyecto salvador de Dios sobre nosotros, portadores de paz y salvación. Y han de llevarnos al agradecimiento.

Evangelio según san Lucas 13, 22-30. La puerta estrecha. Un conjunto de palabras de Jesús sobre la entrada en el reino que explican la dificultad y la exigencia del seguimiento (Lc 13,24) y a la vez son una amenaza para la mayoría de los judíos que serán arrojados fuera mientras vendrán de todos los puntos cardinales hombres y mujeres a formar parte de este reino. No basta con haber oído la predicación de Jesús si en realidad la conversión a su evangelio y, sobre todo su aplicación práctica, no se llevan a cabo (Lc 13,25-27). Pertenecer al pueblo de Israel, quien fue el primer beneficiario de la predicación de la Buena Noticia en sus calles y plazas, no da automáticamente la entrada en el reino; se requiere la aceptación de esa «noticia» y la consiguiente conversión.

Las palabras de Jesús sobre la puerta estrecha no describen el resultado del juicio (Mt 7,14). Ni son una respuesta a la pregunta sobre el número de los que se salvan (Lc 13,23). En el judaísmo del tiempo de Jesús, esta pregunta hubiera recibido una doble respuesta. Para los fariseos todos los israelitas, y sólo ellos, conseguirían la salvación. Pero en los círculos apocalípticos se sostenía, con una visión más pesimista, que sólo unos pocos estaban destinados a la felicidad eterna. Jesús, sin embargo, no se interesa por el número, sino que quiere estimular a una decisión por el reino e impulsar al empleo de todas nuestras fuerzas en su servicio. Por eso sus palabras son más bien una demanda del esfuerzo que tenemos que hacer para entrar en el reino (Lc 16,16). Este es descrito, según la tradición judía, como un banquete en el que los elegidos estarán junto a los patriarcas y los profetas. Los que han rechazado la llamada de Jesús serán excluidos. Pero mientras que Mateo dirige esta amenaza al conjunto de los judíos Mt 8,12). Lucas sólo tiene en cuenta a los oyentes de Jesús que sean incrédulos.

ACTUALIZAMOS

  1. Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor”:

Cuanto te equivocas, ¿aceptas las correcciones que te hacen y que te pueden ayudar a crecer en tu interior?

  1. “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha…”:

¿Vives una fe acomodada y tibia o vives la entrega y el sacrificio que supone amar y servir?

  1. “Vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”:

¿Trabajas por una comunidad abierta, acogedora e inclusiva o tienes prejuicios que dificultan la integración de las personas?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XX

Lectura del libro de Jeremías 38, 4-6. 8-10

En aquellos días, los dignatarios dijeron al rey:

«Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y al resto de la gente. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia».

Respondió el rey Sedecías:

«Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros».

Ellos se apoderaron de Jeremías y lo metieron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua.

Ebedmélec abandonó el palacio, fue al rey y le dijo:

«Mi rey y señor, esos hombres han tratado injustamente al profeta Jeremías al arrojarlo al aljibe, donde sin duda morirá de hambre, pues no queda pan en la ciudad».

Entonces el rey ordenó a Ebedmélec el cusita:

«Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera»

Salmo 39, 2-4. 18

R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R./

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos. R./

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R./

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 12,1-4

Hermanos:

Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.

Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego a la tierra: ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.

Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

COMENTARIO

Jesús vino a traer el Evangelio al mundo, es decir, la buena noticia del amor de Dios por cada uno de nosotros. Por eso, nos está diciendo que el Evangelio es como un fuego, porque es un mensaje que cuando irrumpe en la historia, quema los viejos equilibrios de la vida, nos desafía a salir del individualismo, nos desafía a superar el egoísmo, nos desafía a pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la vida nueva del Resucitado, de Jesús Resucitado. En otras palabras, el Evangelio no deja las cosas como están; cuando pasa el Evangelio, y es escuchado y acogido, las cosas no se quedan como están. El Evangelio incita al cambio e invita a la conversión. No concede una falsa paz intimista, sino que enciende una inquietud que nos pone en camino, nos impulsa a abrirnos a Dios y a los hermanos. (Papa Francisco, 14-08-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Jeremías 38,4-6. 8-10. La base de la acusación es una interpretación falsa de los jefes del pueblo, no compartida por un funcionario extranjero, que pide y obtiene la salvación de Jeremías. Judíos y extranjeros se contraponen ante la “palabra” y se comportan de distinto modo ante el profeta. Esta escena es central en toda la secuencia narrativa. En ella se subraya la carencia: el pueblo no tiene ánimo (Jr 38,4), el rey no tiene poder (Jr 38,5), en la cisterna no hay agua (Jr 38,6), en la ciudad falta el pan (Jr 38,9). Un funcionario salva al profeta: la aceptación de la propia carencia de libertad podría  salvar la vida del rey y del pueblo.

Carta a los Hebreos 12,1-4. Exhortación a la constancia. La exhortación comienza con la imagen clásica, también en la literatura cristiana (véase 1 Cor 9,24-26; Gal 2,2; Flp 2,17; 3,13-14) de la carrera, en la que son espectadores, observan y animan a la vez, ese gran número de testigos de la fe nombrados anteriormente y, sobre todo, el modelo de todos. Jesús mismo, que consumó su carrera de la pasión luchando con paciencia y aguante, obteniendo al final el premio, la resurrección. Él es el promotor y consumador de nuestra fe, el que abre el camino, el que guía y lleva a la meta a la fila de mártires-testigos de la fe, el testigo-mártir primero y perfecto.

Como en cualquier carrera hay que despojarse de todo aquello que dificulta la máxima agilidad, del pecado, que es el obstáculo fundamental.

No hay que sorprenderse de sufrir acoso y contradicción por parte de los oponentes, los pecadores. Hay que estimularse mirando a Jesús en su carrera y en su premio y corona.

Evangelio según san Lucas 12,49-53. La prioridad del reino. El fuego (Lc 12,49) es generalmente una figura del juicio (Lc 3,16-17) y puede sugerir castigo o purificación. También sugiere en otros casos la futura presencia del Espíritu (Hch 2,1-13), y así debió de ser entendida esta frase por Lucas. En cualquier caso, este texto se refiere a los momentos decisivos (=escatológicos) de la humanidad, tal y como los describen los grandes textos escatológicos del Antiguo Testamento (Is 66,15-16; Ez 38,22; 39,6; Mal 3,19). El bautismo se refiere sin duda a la muerte de Jesús (Mc 10,38) ante la cual siente una angustia que no puede reprimir. Encontramos en estas palabras de Jesús un eco de la situación descrita en el salmo 124. Aunque en éste se trata de una alabanza, que Israel entona después del «bautismo» (=prueba). Por último, la venida de Jesús y la predicación eclesial provocan la división, incluso dentro de la misma casa (Lc 12,51-53). En la tradición profética era un rasgo de las tribulaciones que precederían al fin (Miq 7,6; Ag 2,22; Mal 3,24). Es quizá la perspectiva que estaría presente en la predicación de Jesús. Todo encuentro con el Señor suscita la respuesta de la fe que crea la división entre los hombres y mujeres. Pero es probable que en el contexto de Lucas este texto refleje una realidad posterior a la predicación de Jesús. Es en el seno de la comunidad cristiana donde el seguimiento de Jesús es causa de división dentro de la familia. La afirmación de Jesús sobre la paz (Lc 12,51) puede resultar chocante ya que ésta era uno de los dones mesiánicos (Is 9,6; Lc 1,79). Pero Jesús, con su negación, quiere distanciarse de una falsa paz que era el tema de la predicación de los falsos profetas en el Antiguo Testamento (Jr 6,14; 8,11). Una paz que era sólo tranquilidad no exigente.

ACTUALIZAMOS

  1. “Esos hombres han tratado injustamente….”:

En tus relaciones con los demás, ¿tratas de ser honesto, respetuoso, justo con los demás”.

  1. “…fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe”:

¿Estás vigilante para mantener tus ojos fijos en Jesús? ¿Te apoyas en él?

  1. “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”:

El seguimiento de Jesús no nos deja indiferentes, cambia nuestras vidas, ¿eres signo de Dios para los que te rodean, en tu familia, tu trabajo, tu parroquia?

¿Afrontas las consecuencias del seguimiento evangélico? ¿Te comprometes con las causas justas?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIX

Lectura del libro de la Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.

Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la perdición de los enemigos, pues con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.

Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22

R./ Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R./

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R./

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como los esperamos de ti. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19

Hermanos:

La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.

Por ella son recordados los antiguos.

Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

Por la fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.

Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesaron que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».

Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo:

«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

Y el Señor dijo:

«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y los castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

COMENTARIO

En el Evangelio de la Liturgia de hoy, Jesús habla a los discípulos para tranquilizarles de todo temor e invitarlos a estar alerta. Son dos las exhortaciones fundamentales que les dirige: la primera es «no temas, pequeño rebaño» (Lc 12,32); la segunda «estén preparados» (v. 35). “No temas” y “estén preparados”. Se trata de dos palabras-clave para derrotar los miedos que a veces nos paralizan y para superar la tentación de una vida pasiva, adormecida. “No temas” y “estén preparados”: detengámonos en estas dos invitaciones. (Papa Francisco, 07-08-2022)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de la Sabiduría 18,6-9. El desarrollo de la narración […] se desdobla en dos fases: noche de salvación para Israel (Sab 18,6-9) y de exterminio para los egipcios (Sab 18,10-19). Los hebreos esperaban la liberación que se realizó en aquella noche. Los patriarcas habían transmitido la promesa de la liberación de la tierra extranjera en que serían oprimidos (Gn 15,13s; 26,3).

Carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19. Abrahán y los patriarcas. La fe explica la salida de Abrahán de su tierra y parentela y toda su peregrinación, y la de sus descendientes. Sólo la esperanza-seguridad, adquirida en la fe, de una ciudad firme pudo moverlos a ello. De la fe, de haber dado crédito al que formula las promesas de una descendencia numerosa, a pesar de que todo lo visible (edad, esterilidad…) estaba en contra, procede la fecundidad de Sara.

La fe fue ya para todos ellos una visión anticipada de las promesas con lo que se obtiene una cierta posesión. En virtud de ella asumieron su condición de peregrinos y extranjeros, anhelando constantemente la ciudad del cielo, firme y consistente, diseñada y ornamentada por Dios mismo como morada para ellos.

El resto de la historia patriarcal acentúa este caminar en la fe, especialmente el sacrificio de Isaac, prueba suprema para Abrahán por tratarse del heredero de la promesa, prueba de la que triunfa por la seguridad firme de que Dios tiene poder incluso para devolver la vida a los muertos.

Evangelio según san Lucas 12,32-48. Invitación a la vigilancia y a la fidelidad. Se reúnen en este texto varias parábolas que exhortan a los creyentes a permanecer vigilantes en la espera de la venida del Señor. Más que poner el interés en las posesiones, el discípulo de Jesús debe estar esperando su venida. Este es el tema que desarrolla la primera parábola (Lc 12,35-38). Probablemente en la predicación de Jesús se relacionaba con la venida del reino, pero Lucas la lee a la luz de la venida del Hijo del hombre e incluso introduce, con respecto al texto similar de Mt 25,1-13, algún rasgo que personaliza más la espera (Lc 12,37b). La segunda parábola (Lc 12,39-40) apunta a la incertidumbre de la hora de la venida del Señor (Lc 17,24; 21,34-35; 1 Tes 5,2). Lo que se quiere inculcar no es tanto la vigilancia como el estar preparados, pues el que viene es el Hijo del hombre que se manifiesta como juez.

La tercera parábola (Lc 12,4) parece dirigirse, así se deduciría de la pregunta de Pedro, a los responsables de la Iglesia, aunque en la predicación de Jesús debía ser una crítica de los jefes del pueblo de Israel. El ministro prudente debe permanecer fiel a su tarea hasta que el Señor venga. Si descuida su servicio para con los demás, será castigado en el momento del juicio. La comunidad cristiana tiene en realidad una sola cabeza y un solo Señor, Jesús resucitado (Mt 23,8-10). Todos los demás, aunque ocupen puestos de responsabilidad, son servidores y hermanos. El presidir la comunidad de los discípulos de Jesús no se puede nunca transformar en poder o autoridad. El texto de la parábola ha sufrido una segunda actualización para adaptarse a la escatología humana, que ya no presenta la venida del Señor como inminente (Lc 12,45). El retraso de esta venida le sirve a Lucas para advertir a los responsables de la comunidad que no se aprovechen de esta tardanza para actuar irresponsablemente.

La conclusión nos viene dada en los dos últimos versículos en los que se diversifica el castigo según que la desobediencia haya sido intencionada o no. Los primeros serán castigados más severamente. En cualquier caso, estas líneas subrayan la mayor responsabilidad que en la Iglesia tienen aquellos que podemos llamar sus líderes. Es algo que el pueblo de Israel había experimentado previamente: la elección no es un privilegio sino una responsabilidad acrecentada (Jr 2,19; Am 3,2; Os 4,4-11). Y así debemos vivirla todos los creyentes que formamos parte del nuevo pueblo de Dios. La última afirmación (Lc 12,48b) tiene una clara aplicación a los responsables comunitarios, pero puede también aplicarse a todos los que han recibido dones materiales o espirituales.

ACTUALIZAMOS

  1. “La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve”:

La fe alimenta nuestra esperanza y la esperanza abre nuestro futuro. ¿Lo vives así?

  1. “No temas”:

Nuestros miedos nos hacen dudar, a veces nos paralizan, ¿te dejas guiar por Dios para superar tus miedos, asumiendo tu pequeñez?

  1. “Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”:

¿Vives del modo en que te gustaría que Dios te encontrara?

¿Qué tendrías que cambiar para estar preparado al encuentro con Él?

 

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVIII

Lectura del libro del Eclesiastés 1,2; 2,21-23

¡Vanidad de vanidades!, -dice Qohélet-. ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R./ Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R./

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R./

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R./

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,1-5. 9-11

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.

¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:

«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

Él le dijo:

«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

Y les dijo:

«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola:

«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:

“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.

Y se dijo:

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

Pero Dios le dijo:

“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.

Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

COMENTARIO

La conclusión de la parábola, formulada por el evangelista, es de una eficacia singular: «Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios» (v. 21). Es una advertencia que revela el horizonte hacia el que todos estamos llamados a mirar. Los bienes materiales son necesarios —¡son bienes!—, pero son un medio para vivir honestamente y compartir con los más necesitados. Hoy Jesús nos invita a considerar que las riquezas pueden encadenar el corazón y distraerlo del verdadero tesoro que está en el cielo. San Pablo nos lo recuerda también en la segunda lectura de hoy que dice: «Buscad las cosas de arriba… Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra» (Colosenses 3, 1-2). Esto ―se entiende― no significa alejarse de la realidad, sino buscar las cosas que tienen un verdadero valor: la justicia, la solidaridad, la acogida, la fraternidad, la paz, todo lo que constituye la verdadera dignidad del hombre. Se trata de tender hacia una vida vivida no en el estilo mundano, sino en el estilo evangélico: amar a Dios con todo nuestro ser, y amar al prójimo como Jesús lo amó, es decir, en el servicio y en el don de sí mismo. La codicia de bienes, el deseo de tener bienes, no satisface al corazón, al contrario, causa más hambre. La codicia es como esos caramelos buenos: tomas uno y dices: «¡Ah, qué bien!», y luego tomas el otro; y uno tira del otro. Así es la avaricia: nunca estás satisfecho. ¡Tened cuidado! El amor así comprendido y vivido es la fuente de la verdadera felicidad, mientras que la búsqueda ilimitada de bienes materiales y riquezas es a menudo fuente de inquietud, de adversidad, de prevaricaciones, de guerra. Tantas guerras comienzan con la codicia. (Papa Francisco, 04-08-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Carta de san Pablo a los Colosenses 3,1-5. 9-11. Resucitados con Cristo. En esta breve perícopa, transición de la primera a la segunda parte, Pablo consigna como punto de partida y base sólida de la vida cristiana la unión con Cristo resucitado, en la que nos introduce el bautismo. Este nos hace morir al pecado y renacer a una vida nueva, que tendrá su manifestación gloriosa cuando traspasemos los umbrales de esta vida mortal (1 Jn 3,1-2). Destinados a vivir resucitados con Cristo en la gloria, nuestra vida tiene que tender hacia él. Ello implica despojarnos del hombre viejo por una conversión cada día más radical y revestirnos cada día más profundamente de la imagen de Cristo por la fe y el amor. Tenemos que vivir con los pies en la tierra, pero con la mente y el corazón en el cielo donde están los bienes definitivos y eternos. Estas son las exigencias fundamentales de la unión con Cristo que va a enumerar a continuación

Evangelio según san Lucas 12,13-21. El rico insensato. El punto de partida de la parábola de Jesús es un problema de herencia. Era frecuente en tiempos de Jesús que los doctores de la ley asumieran el papel de jueces en casos similares. Pero Jesús se niega. Su vida estaba plenamente dedicada al anuncio del reino de Dios. Según las tradiciones jurídicas judías, el hijo mayor de una familia de dos hermanos recibía los dos tercios de las posesiones paternas. El hombre que interpela a Jesús, dándole el título de maestro propio de los expertos de la ley, es probablemente el hermano más joven que no ha debido recibir nada de la herencia. El choque entre los dos hermanos por el reparto de la herencia dependía en última instancia de la avaricia insaciable del hombre. La vida, afirma Jesús, no depende de la abundancia de los bienes materiales. El término avaricia se refiere a la aspiración a querer tener más. Un deseo incontenible de dinero que no encuentra dónde satisfacerse. Para el evangelio de Lucas este deseo es otra cara de la idolatría, que no hace la vida más segura ni colma las aspiraciones profundas, ni lleva a la auténtica madurez existencial de la persona. Para ilustrar este punto narra el evangelio la parábola. Para Jesús el dinero y las posesiones no son la verdadera vida del hombre. Pero muchas veces somos como el rico de la parábola que no se enriquece ante Dios y pone su confianza en los bienes y cosechas. Este hombre es llamado insensato, como aquel que según el Antiguo Testamento niega en la práctica a Dios y al prójimo (Sal 14,1). La conclusión de Lc 12,21 nos advierte contra el enriquecimiento egoísta y obsesivo; lo que debemos hacer es enriquecernos ante Dios. Es una expresión un tanto enigmática que quedará aclarada en Lc 12,33-34: las obras de caridad con el prójimo son el auténtico tesoro.

 ACTUALIZAMOS

  1. “… Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios”:

¿Cuál es la riqueza que Dios valora en sus hijos? ¿Tienes en cuenta la mirada de Dios cuando ambicionas algo?

  1. “… su vida no depende de sus bienes”:

Los bienes que poseemos facilitan la vida, pero tu vida depende de Dios, ¿pones tu vida en sus manos? ¿Dónde pones tus seguridades?