Encuentro diocesano de comunidades responsables con el cuidado de la creación

El sábado 4 de octubre hemos tenido la suerte de compartir y disfrutar en nuestra parroquia del Primer Encuentro Diocesano de Comunidades Responsables con el Cuidado de la Creación. Asistieron representantes de muchas parroquias, congregaciones y grupos de Madrid.

Pasamos una bonita tarde compartiendo -además de fruta, café y bizcochos- nuestras andanzas, nuestros caminos, con muchos avances y algún reto, en el cuidado de la casa común y de nuestros hermanos más vulnerables.

Tuvimos una mesa redonda, para compartir la experiencia de alguna de las comunidades allí presentes y luego hicimos tres talleres para enriquecernos, sobre «Espiritualidad a través de la Ecología Integral», «Huertos y espacios verdes» y «Estilos de vida personales y comunitarios».

Nuestro Obispo Auxiliar Vicente Martín nos acompañó toda la tarde y celebró con nosotros la Eucaristía Comunitaria de las 19:30 h. siguiendo la Liturgia de la Creación. También participaron miembros de otras parroquias, en una experiencia bonita de comunión.

Aquí os ofrecemos su homilía: el texto escrito que nos dejó, aunque al pronunciarla la enriqueció de manera espontánea.

HOMILIA

Con esta jornada y esta Eucaristía cerramos el tiempo de la Creación que desde el 1 de septiembre estamos celebrando. Un tiempo para agradecer a Dios su obra creadora y para tomar conciencia, personal y comunitariamente, de nuestra responsabilidad en el cuidado de la Creación, justamente en el día de San Francisco de Asís.

«Laudato si’, mi’ Signore», cantaba san Francisco de Asís hace VIII siglos. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos. Hoy, de una manera especial, hacemos nuestro su canto y decimos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos»

«Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella», nos decía el papa Francisco hace diez años.

Nada de este mundo nos resulta indiferente. No vivimos tiempos fáciles, quizá porque son más desconcertantes de lo que esperábamos. Y el desconcierto ante lo que vivimos hace que las respuestas que nos dábamos y que valían en determinadas circunstancias, hoy resulten confusas, sin apuntar a un claro horizonte de esperanza y humanización. En muchas cuestiones parece que retrocedemos en derechos, en dignidad, en humanidad. Parece que la injusticia, la destrucción y el descuido vencen. Son momentos de desencanto, de indiferencia, de cansancio, de escepticismo… de desvinculación de lo común.

Ante esa situación nuestra fe quizá se desvanece, o nos vemos envueltos en oscuridad, en duda, en inseguridad. Tenemos que aprender, una vez más, a creer inmersos en ese horizonte de crisis.

Y ese aprendizaje comienza con un grito, casi apagado: «Señor, auméntanos la fe». La fe va creciendo en nosotros lentamente, como todo lo importante, fruto de una búsqueda paciente y de una acogida generosa de la Gracia regalada que nos habita y transforma. Un grito que se hace oración, humilde, sencilla, pobre, necesitada. Si vivimos un sincero deseo de conversión que nos impulsa en esa búsqueda continua de Dios presente en nuestra vida, y en la vida de las personas empobrecidas, cada oscuridad y cada duda puede transformarse en un paso más hacia el Misterio que nos sostiene.

La fe es un don, una Gracia, gratuita, y nuestra capacidad de vivir la fe también es gracia. Un don que acogemos en la medida en que amamos, en que nos dejamos amar por Dios y acogemos su amor agradecidamente, para hacer de nuestra existencia una ofrenda de amor para nuestros hermanos: Amamos a Dios amando a quienes Él ama y cuidando su creación. Amamos lo que cuidamos y cuidamos lo que amamos.

El Papa León, haciendo un llamamiento urgente a la unidad en torno a la ecología integral, dijo en la Conferencia Internacional «Brindando Esperanza», con motivo del décimo aniversario de la encíclica Laudato Sí’, que la crisis climática no puede reducirse a un tema técnico o pasajero, por el contrario, requiere una verdadera «conversión ecológica» que transforme estilos de vida personales, comunitarios y políticos.

¿Qué debemos hacer para que el cuidado de nuestra casa común y la atención al clamor de la tierra y de los pobres no parezcan una moda pasajera?.

El Papa insiste en que la verdadera transformación pasa por el centro de la persona: «El corazón es el lugar donde la realidad externa tiene mayor impacto, donde se realiza la búsqueda más profunda y donde se toman las decisiones». En ese sentido, indicó que la ecología integral no es solo un tema ambiental:  «Debemos pasar de la recolección de datos a la atención al cuidado; del discurso ambientalista a una conversión ecológica que transforme los estilos de vida».

Cuatro direcciones de la ecología integral: con Dios, con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos. Estas no pueden separarse, ya que «la preocupación por la naturaleza, la justicia para los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior son inseparables».

El Papa también subrayó la necesidad de grandes decisiones políticas y la vigilancia ciudadana: «Las soluciones más efectivas surgirán no solo de los esfuerzos individuales, sino sobre todo de las grandes decisiones políticas nacionales e internacionales». Advirtió que, si la ciudadanía no ejerce presión y vigilancia sobre los gobiernos, «no será posible prevenir los daños ambientales».

Comunidades y parroquias de cuidado. Por ahí debemos caminar. En la sociedad del descuido y la desvinculación, el cuidado es Buena noticia, signo del amor del Dios Todo-cuidadoso, por ello, este enfoque de ecología integral ha de estar presente en la vida de nuestras comunidades y de los agentes de pastoral.

Queridos hermanos y hermanas, somos unos pobres servidores, que hacemos lo que debemos hacer, en nombre de Dios y comprometidos en la causa del Reino, amamos y cuidamos la casa común y a los que habitan en ella. Reavivemos el don de Dios y tomemos parte en los duros trabajos del Evangelio. QUEASÍ SEA.

Fallecimiento de José Antonio Álvarez Sánchez, obispo auxiliar de Madrid

La Archidiócesis de Madrid ha comunicado esta mañana del día 1 de octubre el fallecimiento de José Antonio Álvarez Sánchez, obispo auxiliar de Madrid:

Con honda tristeza comunicamos que esta madrugada ha fallecido el Excmo. y Rvdmo. Mons. D. José Antonio Álvarez Sánchez, obispo titular de Vergi y auxiliar de Madrid, a causa de un infarto.

El señor arzobispo y sus obispos auxiliares, los arzobispos eméritos, junto con toda comunidad diocesana, expresan su dolor por la pérdida de un pastor entregado al servicio del Evangelio; así como su fraterna cercanía, desde la esperanza que no defrauda, con su madre y demás familia y con todos los que le quieren y ahora lloran su muerte. 

El Youtube de la Archidiócesis de Madrid transmite en directo  las eucaristías por su fallecimiento. Aquí tenéis los enlaces a los videos.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII «BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL PILAR»

Lectura del primer libro de las Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel para subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas.

Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando los varales sobre sus hombros.

David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales -arpas, cítaras y platillos- para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.

Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión en presencia de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Salmo 26, 1. 3. 4. 5

R./ El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R./

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R./

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R./

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R./

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 12-14

Después de que Jesús fue levantado al cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.

Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:

«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

Pero él dijo:

«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el primer libro de las Crónicas se refiere con más detalle la organización de la comitiva que acompañará al arca en procesión hasta la ciudad de David. En realidad se trata de un primer intento de organización del culto por parte de David, tema desarrollado más ampliamente en 1 Cr 23-26. Una vez fijadas las funciones de sacerdotes y levitas, ahora se concede especial relieve a los levitas cantores.

En el libro de los Hechos de los apóstoles 1, 12-14 Lucas narra la vida de la comunidad primitiva con la intención de presentar un ideal y un ejemplo para la vida de la Iglesia posterior, sin distinción de tiempo o espacio.

Aparecen los Once como núcleo de esta comunidad, pero Lucas destaca, según su costumbre, la presencia de mujeres en ella, mencionando expresamente a María, la madre de Jesús. Es, pues, una comunidad mixta. Lo cual no era tan obvio en un ambiente judío. Resultaba chocante señalar inmediatamente después de los Once y aun antes de los hermanos de Jesús la realidad de lo femenino en la comunidad cristiana, pues las mujeres no formaban parte de la sinagoga judía. Lucas, sin embargo, aquí y en otros sitios, hace notar esa presencia no sólo porque fuera así, sino para enseñanza de sus lectores.

Evangelio según san Lucas 11, 27-28 Elogio de María. Escena muy similar a Lc 8,19-21. Los dos textos expresan cuál es la verdadera grandeza ante los ojos de Dios. Las palabras de esta mujer anónima parecen implicar que la relación física con su hijo haría de María una mujer feliz. Sin embargo, las palabras de Jesús afirman que los verdaderamente dichosos son aquellos que perseveran en la escucha y en la práctica de la palabra. Y aunque puede parecer que Jesús elude el elogio espontáneo de su madre, indirectamente lo acepta, pero lo pone en su auténtico lugar. María, en efecto, encarna bien esta definición del creyente, pues ella fue la primera en acoger la palabra de Dios y hacerla vida (Lc 1,39; 1,45; 2,19.51).

 ACTUALIZAMOS

Meditamos y oramos con María.

María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe
¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.

(Papa Francisco)

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17

En aquellos días, el sirio Naamán bajó y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra de Eliseo, el hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio de su lepra.

Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando:

«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel. Recibe, pues, un presente de tu siervo».

Pero Eliseo respondió:

«Vive el Señor ante quien sirvo, que no he de aceptar nada».

Y le insistió en que aceptase, pero él rehusó.

Naamán dijo entonces:

Que al menos le den a tu siervo tierra del país, la carga de un par de mulos, porque tu servidor no ofrecerá ya holocausto ni sacrificio a otros dioses más que al Señor».

Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4

R./ El Señor revela a las naciones su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R./

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R./

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8-13

Querido hermano:

Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.

Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.

Es palabra digna de crédito:

Pues si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará.

Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».

Al verlos, les dijo:

«Id a presentaros a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.

Este era un samaritano.

Jesús, tomó la palabra y dijo:

«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».

Y le dijo:

«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

COMENTARIO

La fe en el poder de la Palabra de Dios se plantea como tema de fondo en las lecturas de este domingo. Tanto el pasaje del segundo libro de los Reyes como el del Evangelio proponen la confianza en la Palabra como actitud que conduce a la curación de la lepra y a una fe agradecida que alaba al Señor. El autor de la segunda carta a Timoteo habla de las cadenas que padece por el anuncio de un Evangelio que nadie puede encadenar.

COMPRENDER EL TEXTO

Auméntanos la fe”, pedíamos con los discípulos el domingo pasado: danos una fe auténtica, sin fisuras. Hoy el evangelio nos invita a identificarnos con un modelo de fe que ve a Dios en la misericordia de su Hijo, que agradece la compasión que Jesús tiene con quien le suplica y que salva a quien compromete su vida entera en el seguimiento.

Con el pasaje que hemos leído, que solo se encuentra en el evangelio de Lucas, comienza la tercera etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén. Tras los dos versículos iniciales, en los que se presentan el lugar y los personajes que intervienen, el relato propone dos escenas sucesivas: la petición y curación de los diez leprosos (vv. 13-14) y la gratitud y salvación del samaritano (vv 15-19).

La lepra, que ya ha aparecido en el evangelio de Lucas en la curación de un enfermo (Lc 5,12-14) y en las palabras de Jesús a los discípulos del Bautista (Lc 7,22), comportaba una doble desgracia para quien la sufría: la enfermedad física, por una parte, y la marginación social y religiosa, por otra. Y aunque las normas del judaísmo contemplan el reingreso a la vida comunitaria tras la curación (Lv 13-14), para la mentalidad de la época ésta era tan improbable como la resurrección de un muerto. Desde esa situación desesperada, los diez leprosos del relato suplican a gritos a Jesús, llamándole “Maestro”.

Es un título que en el evangelio aparece sólo en boca de los discípulos; de esta forma, Lucas está sugiriendo la fe de aquellos diez hombres. Los leprosos claman piedad, piden la actuación misericordiosa de Jesús. Y el Maestro actúa enviándolos a presentarse a los sacerdotes, quienes tenían que confirmar la desaparición de la lepra y realizar el ritual de purificación (Lv 14,1-9). Pero la curación esperada no se realiza en ese instante, sino mientras iban de camino. La orden que han recibido supone una prueba para su fe en la Palabra de Jesús: se ponen en marcha no tras haber comprobado su curación, sino confiando en el poder de la palabra que han escuchado. Y el milagro se realiza cuando están cumpliendo el mandando de Jesús. La fe es el ámbito que hace posible la curación.

La segunda escena (vv 15-19) relata un nuevo encuentro: uno de los curados, en lugar de continuar su camino hasta los sacerdotes, decide regresar donde Jesús. El texto dice que uno de los diez hombres vio que estaba curado. Sin duda, todos se dieron cuenta de la desaparición de la lepra, pero sólo uno “vio”. La percepción de lo que Jesús ha hecho en su vida es el punto de partida de su regreso y de su alabanza a Dios. Es la misma actitud que nos cuenta Lucas en relación con los pastores que tras ver al niño “se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho” (Lc 2,20). Tras comprender lo que ha ocurrido en su vida, de la boca de ese hombre brota la alabanza a Dios y la gratitud hacia Jesús. Y ese agradecimiento no se expresa sólo en palabras: el postrarse rostro en tierra manifiesta sometimiento y entrega; es el origen de una nueva relación con Jesús.

Además, aquel hombre no era judío, sino samaritano; por tanto, doblemente marginado por su raza y su enfermedad. El nuevo tiempo que se inicia en el evangelio de Lucas con la venida de Jesús abre la salvación a todos, pero responden preferentemente los pequeños, los pobres, los enfermos y los marginados. El relato termina con unas palabras del Maestro a aquel hombre.

La escena continúa con tres preguntas retóricas de Jesús, que ponen de relieve la actitud del samaritano, y con unas palabras de envío: lo que dice Jesús no constituye una despedida, sino una invitación al seguimiento (se pueden ver casos similares en Lc 7,50-8,3 y Lc 18,42-43). Y, sobre todo, esas palabras manifiestan lo especial de la fe del samaritano: mientras que la incompleta fe en un milagro había puesto a los diez leprosos en el camino de la curación, la fe del samaritano, que ve y que agradece, abre su vida a la salvación integral.

ACTUALIZAMOS

Muchos seguían a Jesús admirados por sus palabras y los prodigios que realizaba; algunos, como esos diez leprosos, esperaban un milagro para rehacer sus vidas; sólo unos pocos, como el samaritano, reconocen en Jesús la misericordia de Dios y, desde una fe agradecida, inician una relación nueva con el Maestro en el camino de la salvación. Revisemos nuestro seguimiento de Jesús a la luz de su Palabra.

  1. “Se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias”:

¿Cómo está presente la gratitud en nuestra oración?

¿Vivimos, como el samaritano, nuestra relación con Jesús desde la obediencia y el agradecimiento?

  1. El pasaje del evangelio subraya la actitud de agradecimiento en el samaritano:

¿Somos personas agradecidas o pensamos más bien que nos lo deben todo?

  1. “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. La dolorosa situación del samaritano se ha convertido en invitación al seguimiento y en salvación:

¿Cuál es el mensaje de esperanza que encontramos en el evangelio de hoy?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVII

Lectura de la profecía de Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?

¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones?

¿Por qué pones ante mí destrucción y violencia, y surgen disputas y se alzan contiendas?

Me respondió el Señor:

Escribe la visión y grábala en tablillas, que se lea de corrido; pues la visión tiene un plazo, pero llegará a su término sin defraudar.

Si se atrasa, espera en ella, pues llegará y no tardará.

Mira, el altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá.

Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9

R./Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R./

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R./

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 6-8. 13-14

Querido hermano:

Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.

Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.

Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 5-10

En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor:

«Auméntanos la fe».

El Señor dijo:

«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

“Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.

¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?

¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?

¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:

“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

COMENTARIO

La fe en Dios puede servirnos como hilo conductor al leer los textos de este domingo. En Habacuc se habla de ella como fidelidad que da vida y que ayuda a comprender la misión del profeta. En 2ª Timoteo, la fe es, junto con el amor, la fuerza que hace posible el anuncio de la Buena Noticia. Y en el Evangelio, Jesús, tras animar a los discípulos a alcanzar una fe verdadera, la propone como fundamento del servicio cristiano. Que la lectura de la Palabra nos estimule a crecer hacia una vida de fe cada día más auténtica.

Lucas plantea las relaciones en el seno de las primeras comunidades como expresión de otra relación: la del creyente con Dios. Así presenta la fe en Dios y el servicio a los hermanos como las dos caras del discipulado. El amor y la atención generosa a los demás son posibles desde una fe profunda en el Dios que es amor.

COMPRENDER EL TEXTO

En los primeros versículos del capítulo 17, Lucas recoge cuatro enseñanzas de Jesús a sus discípulos. Las dos primeras se fijan en las relaciones entre los discípulos (escándalo y perdón, vv. 1-4) y las dos siguientes en la relación con Dios (fe y cumplimiento del servicio encomendado, vv. 5-10). Aunque aparentemente no tienen relación entre sí, las cuatro instrucciones tratan sobre la vida comunitaria, en concreto, sobre la responsabilidad que conlleva y la forma de ejercer los diversos servicios. Hoy leemos las dos últimas.

Los vv. 5 y 6 contienen una breve enseñanza sobre el poder de la fe que toma como punto de partida una petición de los apóstoles. En su instrucción Jesús no responde directamente a dicha petición y, además, los enfrenta a una situación incómoda. La fe de los discípulos puede ser insignificante, incluso más pequeña que un grano de mostaza. Pero lo que importa -dice Jesús- no es la cantidad, sino la calidad de la fe. Una fe auténtica es capaz de obrar milagros. Aquí entra en juego la segunda de las imágenes: una morera arrancada de la tierra y trasplantada en el mar. Arrancar una morera requiere mucho esfuerzo, pero que eche raíces en el mar es realmente un milagro. Con esta exageración se expresa de una forma plástica la fuerza de la confianza plena en Dios. Mediante esta enseñanza, Jesús quiere que los discípulos se comprometan con un cambio radical en sus vidas hacia una fe auténtica, con una acogida sin fisuras de la predicación del Señor, del proyecto del Padre.

A partir del versículo 7 Jesús habla del servicio cristiano mediante una breve parábola (vv. 7-9) y su aplicación a la vida de los discípulos (v. 10). En la parábola se suceden 3 preguntas de Jesús cuyas respuestas son evidentes para quienes le escuchan, porque responden a la concepción social de aquella época, la función de un criado en ese tiempo era clara: servir a su señor siempre y en todo (no como hoy: horario, derechos…) Y eso, sin esperar el agradecimiento del amo por haber trabajado bien, porque lo que hace no es sino cumplir con su obligación, no debiéndose considerar más que un mero criado. El servicio que realiza responde a su condición de discípulo y vanagloriarse por ello está fuera de lugar. También es una llamada de atención con respecto a la recompensa: la salvación es un don gratuito de Dios, no el pago por los méritos acumulados. Esto formaba parte de la mentalidad de los fariseos, que entendían que con el cumplimiento de la ley obligaban a Dios a premiarles por su comportamiento.

Para los cristianos a los que Lucas se dirige, hay una doble llamada: la necesidad de revitalizar la propia fe para hacerla cada día más auténtica y la importancia de entregarse por entero al servicio encomendado. Ambas enseñanzas se refieren a toda la comunidad, pero la 2ª resonaría de forma especial en los oídos de los que se les había encomendado algún ministerio en la Iglesia: estos se reconocerían en las imágenes del pastoreo o del servicio (diaconía) que aparecen en el texto. El evangelista confía en que los responsables de la comunidad desempeñen su tarea con una entrega total, sin esperar honor, felicitación o privilegio por ello.

ACTUALIZAMOS

El evangelio nos invita a comprender la conversión en clave de calidad, no de cantidad: es una fe auténtica, una confianza absoluta en Dios, la que nos mueve a realizar obras grandes y llena de sentido nuestra misión como discípulos de Cristo.

  1. Si tuvierais fe”:

¿Cómo podríamos definir nuestra fe? ¿auténtica, vacilante, débil…?

  1. Auméntanos la fe”:

¿Cómo ayudarnos unos a otros a que nuestra fe sea cada día más auténtica?

  1. Somos continuadores de la misión de Cristo:

¿Qué nos mueve en nuestro compromiso, ser discípulos de Jesús o el reconocimiento de Dios y de aquellos a quienes ayudamos?

¿Qué cambios se podrían producir en la Iglesia y en la sociedad si los cristianos viviéramos con más intensidad nuestra fe y el servicio a los demás?

Conscientes de que la fe es don de Dios, le pedimos que nos ayude a crecer hacia una fe verdadera que nos lleve a servir desinteresadamente a los hermanos.

Carta Pastoral al inicio del curso 2025-2026, del Cardenal José Cobo Cano

«Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas,
echan alas como las águilas,
corren y no se fatigan»
(Is 40,31)

Nunca olvidemos que todo lo que preparamos y hacemos tiene a Cristo como fuente y meta. El encuentro personal con Él, la renovación interior y la perseverancia en la fe son siempre la síntesis de nuestros esfuerzos.

Al iniciar cada curso surgen proyectos, tareas y sueños. Pero todos han de tener un centro claro: el encuentro personal con Jesucristo. De ese encuentro nace la transformación de la realidad que tenemos entre manos, para que el Reino de Dios siga creciendo también a través de nuestro humilde servicio.

Todo debe orientarse a que cada bautizado descubra su vocación y sea acompañado en el camino de conocer, seguir y amar a Cristo.

Con la alegría de un corazón que se sabe peregrino os invito a afrontar con ánimo renovado este último tramo del Jubileo de la esperanza que no defrauda. Solo Cristo nos pone en pie a pesar de nuestras flaquezas, pecados y cansancios; solo Él nos hace soñar un mundo nuevo, un mundo más justo y más humano. Él, y no nuestro voluntarismo, es el motor que nos impulsa a salir al encuentro de los demás. Su amor, y no la simple filantropía, es el que nos impulsa a acompañar a los heridos, a consolar a los que sufren, a curar las heridas de la soledad y del abandono, a practicar la hospitalidad y a seguir anhelando la paz en tantos lugares del mundo en los que tristemente es machacada sin piedad.

Nuestra Iglesia de Madrid está llamada a ser un oasis de esperanza en el corazón de nuestras ciudades y pueblos. No nos encerremos en nuestras parroquias o en nuestras pequeñas seguridades comunitarias. Salgamos juntos a la calle, a los barrios, a los lugares donde la vida duele, donde la esperanza se ha perdido. Salgamos para ser testigos de la alegría del Evangelio. Seamos una Iglesia con los brazos abiertos. Abramos nuestras puertas a los demás, sin juicios ni prejuicios. 

HORARIOS DE INVIERNO 2025-2026

A partir del 8 de septiembre:
EUCARISTÍAS:
De LUNES a SÁBADO: 9:30 h. y 19:30 h.
DOMINGOS Y FESTIVOS: 11 h, 12:30 h. y 19:30 h.
* Confesiones: media hora antes de la misa o cuando se solicite.
DESPACHO PARROQUIAL:
MIÉRCOLES de 18 h. a 19:30 h.
DESPACHO ACOGIDA DE CÁRITAS:
MIÉRCOLES de 18h a 20h solicitando cita previa en el siguiente correo: caritasnatividad@gmail.com
Si no dispone de correo electrónico, tramitaremos la cita previa en el siguiente teléfono: 91.439.02.15 atendiendo sólo los miércoles de 18h. a 20h.
* Importante: para solicitar cualquier tipo de ayuda se deben dirigir a su parroquia más cercana según la dirección del empadronamiento.
BAUTIZOS:
ACOGIDA: PRIMEROS DOMINGOS DE MES a las 12 h.
APERTURA DE LA CAPILLA:
LUNES A VIERNES (excepto festivos) de 9h a 13h y de 17h a 20h.
SÁBADOS de 9h a 13h.
ADORACIÓN EUCARÍSTICA – EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO:
Todos los JUEVES a las 18:30 h.
ADORACIÓN preparada por JÓVENES:
LUNES a las 20:30h.
GRUPO LECTIO DIVINA:
PRIMER Y TERCER VIERNES DE MES a las 19h.
CURSO DE BIBLIA, Libro del Apocalipsis:
PRIMER Y TERCER MARTES DE MES de 18h a 19h.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVI

Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4-7

Esto dice el Señor omnipotente:

«¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion, confiados en la montaña de Samaría!

Se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo; tartamudean como insensatos e inventan como David instrumentos musicales; beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José.

Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados, y se acabará la orgía de los disolutos».

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ ¡Alaba, alma mía, al Señor!

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.

Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.

Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.

A él honor y poder eterno. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:

«Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas».

Pero Abrahán le dijo:

«Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros».

Él dijo:

«Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento».

Abrahán le dice:

«Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen».

Pero él le dijo:

«No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán».

Abrahán le dijo:

«Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto»».

COMENTARIO

Las lecturas de hoy nos ponen en guardia frente a las riquezas, que endurecen el corazón del que las disfruta y le impiden compadecerse ante la necesidad de quienes le rodean. El lujo hace olvidar los desastres del pueblo, dice el profeta Amós. A la puerta del rico se apaga la vida del pobre Lázaro, leemos en el Evangelio. Contra esa riqueza despreocupada está la regla de vida que propone el autor de la carta a Timoteo (honradez, religiosidad, fe, amor, paciencia, dulzura) y la confianza en un Dios que, según el salmo, sustenta la vida del huérfano y de la viuda y, según el evangelio, acoge al pobre en su seno para siempre.

Que la Palabra abra los ojos de nuestro corazón a la vida de los que sufren de manera que todos nuestros días sean expresión de la ternura de Dios con ellos.

COMPRENDER EL TEXTO

Siguiendo el hilo del gran viaje de Jesús a Jerusalén, Jesús nos ha ido recordando los peligros de las riquezas y el uso inteligentemente evangélico de los bienes materiales. “No podéis servir a Dios y al dinero” se nos decía el domingo pasado. El evangelio de hoy, sobre la base de una historia tal vez real nos ilustra sobre el desenlace fatal de quien viviendo en el lujo se desentiende de la precariedad de la vida de los demás.

Este relato que solo nos ofrece Lucas, tiene la forma de una historia ejemplar. Jesús dirige sus palabras a los fariseos que se burlaban de él, a quienes el evangelista describe como “amigos del dinero” (Lc 16,14).

El pasaje nos presenta a dos personajes, uno muy rico y el otro muy pobre. Los banquetes y la ropa muestran la vida lujosa de un hombre que tiene riquezas de sobra. Con más detalle se cuenta la situación del pobre: lo que a éste le sobran son penurias y calamidades. Viven muy cerca el uno del otro: sólo una puerta los separa. Los detalles que se describen de la vida de ambos contienen una doble denuncia contra el rico: la riqueza se ha convertido en su dios, y su corazón se ha cerrado a las necesidades de los pobres. Aparte de las úlceras, el relato indica algo que tiene el pobre y que le falta al rico.

El rico es un personaje anónimo, mientras que el pobre tiene un nombre: Lázaro, del hebreo Eleazar, significa “Dios ha ayudado”. Lo apropiado del nombre se comprende al continuar leyendo la parábola. La muerte les llega a ambos y sus destinos se intercambian: el pobre va al seno de Abrahán, mientras que el rico es sepultado y es destinado al abismo o reino de la muerte. El que durante su vida no había recibido el auxilio del rico, tras la muerte encuentra la ayuda de Dios. El seno de Abrahán, las torturas, las llamas…, son imágenes que responden a la mentalidad de la época. Lejos de pretender describir con precisión lo que puede haber en el más allá, ayudan a transmitir un mensaje sobre la justicia de Dios.

Lucas insiste en todo su evangelio en presentarnos el rostro misericordioso de Dios. Él hace justicia a los pequeños, a los pobres, a los abandonados, dándoles lo que el mundo les niega. Así se afirma en el Magníficat (Lc 1,46-55) o en las bienaventuranzas y los “ayes” (Lc 6,20-26).

La primera de las tres peticiones del rico y la respuesta de Abrahán, con la que se abre el diálogo entre ambos, confirma este cambio de situación. Además, la indicación sobre el abismo que los separa no sólo aumenta la culpabilidad del rico, sino que plantea la nueva situación como irreversible: en vida tuvo ocasión de auxiliar al pobre Lázaro, que estaba tan próximo a él; ahora ya es demasiado tarde. El diálogo continúa con dos nuevas peticiones del rico.

Comprendiendo que ya es demasiado tarde para su propia conversión, el rico se acuerda de sus hermanos. Lázaro debe ir hasta ellos para promover un cambio en sus vidas y librarlos así de los tormentos que él padece. La respuesta de Abrahán es definitiva: que escuchen lo que el Señor ha dicho a través de Moisés y los profetas, que se conviertan según el mensaje de solidaridad con los pobres que Dios ha expresado en su Palabra. Ésa es la clave para llegar al “seno de Abrahán”.

Aunque el relato habla de muertos, sus destinatarios son los vivos: los hermanos del rico parecen representar a los fariseos a quienes se dirige Jesús. Estos fariseos, a quienes Jesús ha calificado como “amigos del dinero”, tienen la Escritura de la que se declaran maestros y observantes. También cuentan con la predicación de Jesús. Todavía están a tiempo de convertirse de su idolatría de la riqueza y su despreocupación hacia los pobres. Si no se convierten por la escucha de la Palabra, ninguna aparición milagrosa les moverá el corazón. Ni siquiera la resurrección del Señor será suficiente para ellos.

ACTUALIZAMOS

También en nuestros días, la preocupación por el propio bienestar camina unida a la despreocupación por la vida de los demás. Meditemos la Palabra de Dios en actitud de conversión: si ella no transforma nuestra vida, no cambiaremos ni aunque resucite un muerto.

  1. El Evangelio nos presenta una vez más a Dios del lado de los pobres:

¿Qué aporta a mi fe este rostro misericordioso de Dios?

  1. Si no escuchan a Moisés y a los profetas…”

¿Qué papel juega la Palabra de Dios en mi vida de creyente?

¿Cómo me ayuda a convertirme?

  1. La sociedad nos empuja a conseguir riquezas, a vivir como amigos del dinero prescindiendo de las necesidades de los demás. El evangelio de Jesús va una vez más a contracorriente:

¿A qué nos compromete el pasaje que hemos leído?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXV

Lectura de la profecía de Amós 8, 4-7

Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal -reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño- para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?».

El Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob:

«No olvidaré jamás ninguna de sus acciones».

Salmo 112, 1b-2. 4-6. 7-8

R./ Alabad al Señor, que alza al pobre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R./

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R./

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 1-8

Querido hermano:

Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.

Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos; este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:

“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí:

“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:

“¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió:

“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:

“Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro:

“Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó:

“Cien fanegas de trigo”.

Le dice:

“Toma tu recibo y escribe ochenta”.

Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

COMENTARIO

El mensaje del Evangelio es radical: nadie puede servir a dos amos, no se puede servir a Dios y al dinero. Sólo hay un Dios, leemos en la carta a Timoteo. Cuando se idolatran los bienes materiales de la vida del ser humano poco importan entonces los pobres, los explotados, los miserables. Pero ellos están en el corazón de Dios. Por boca del profeta Amós, el Señor denuncia esa idolatría que pone el dinero por encima de la persona.

Aprendamos a administrar correctamente los bienes que Dios nos concede, esforzándonos en levantar al pobre y al desvalido, como leemos en el salmo.

COMPRENDER EL TEXTO

Camino de Jerusalén, el Maestro continúa su enseñanza. El seguimiento de Jesús exige exclusividad: nadie puede servir a dos señores. Los bienes materiales son un instrumento más para la construcción del Reino, no un fin en sí mismo.

En Lucas 16, la atención se centra en el uso de los bienes materiales. Encontramos así una parábola (16, 1-8) que tuvo que resultar difícil de entender a sus destinatarios originales. Seguramente por esa razón, el evangelista reúne a continuación una serie de comentarios que intentan ayudar a comprender su sentido (Lc 16, 8b-13).

La estructura de la parábola es muy sencilla: se presenta a los personajes y se plantea la situación; el administrador reflexiona y actúa con prontitud; finalmente, el amo aprecia la sagacidad con la que obra el empleado.

El administrador, además de malversar los bienes de su amo, parece que pretende salir adelante falsificando unos recibos. Los comentaristas modernos intentan explicar su proceder indicando que lo que hace ese hombre es renunciar a una comisión que le pertenecería y congraciarse así con los deudores de su patrón. En cualquier caso, lo que se destaca en el texto es que el administrador, sintiéndose incapaz de ganarse la vida trabajando y abochornado ante la idea de pedir limosna, actúa con inteligencia para hacerse amigos que le saquen de la penosa situación que se le venía encima.

El amo del relato presenta como ejemplar la habilidad y audacia del administrador, no su falta de honestidad. Esto es muy importante: no se propone como modelo para el creyente la conducta del administrador, sino su capacidad para utilizar los medios de que dispone, con el fin de superar las dificultades por las que atraviesa.

Tras la parábola se proponen tres aplicaciones de la misma. En la primera de ellas (vv.8b-9), se contrapone la sagacidad con la que actúan los hijos de este mundo, representados en el administrador, con la candidez de los hijos de la luz, es decir, de los cristianos. Y se invita al discípulo de Cristo a actuar con esa misma sagacidad ante las exigencias del Reino.

La propuesta de la primera aplicación pone su mirada en la vida futura. El cristiano debe usar los bienes perecederos para ganarse amigos que, tras la muerte, le sirvan para que se le abran las puertas de los bienes eternos. El texto no dice quiénes son esos amigos: probablemente, los pobres o, en general, todos aquellos que en su momento se beneficiaron de esos bienes terrenos y que en el día del juicio intercederán ante Dios por sus benefactores.

En la segunda aplicación (vv. 10-12), el énfasis se pone en la administración diaria. Mediante sucesivos paralelismos se fija en algunos aspectos a tener en cuenta.

Lo “poco”, los bienes de este mundo y lo “ajeno” son contrapuestos a lo “mucho”, a la “riqueza verdadera” y a lo “vuestro”. Estableciendo esta doble correlación se invita a relativizar los bienes de este mundo, por insignificante, a actuar con inteligencia para conseguir los bienes verdaderos, unos bienes que, en esperanza, ya pertenecen al discípulo de Cristo.

La tercera aplicación (v.13) se centra en la actitud general que debe tener un discípulo frente al dinero. El planteamiento de Lucas es radical: el dinero puede llegar a ser un ídolo para el ser humano, un dios que se adueña de su vida y le impide seguir al Dios verdadero. Al cristiano le toca escoger a uno o a otro, sabiendo que ambos son incompatibles.

ACTUALIZAMOS

Para recorrer el camino de la vida, el Señor ha puesto en nuestras manos unos bienes: el uso que hagamos de ellos dependerá de la meta que queramos alcanzar. Es necesario ser astutos y sagaces para no tropezar ni equivocar el camino hacia el Reino.

  1. Ningún siervo puede servir a dos señores,”. Pensemos en nuestra relación con los bienes materiales:

¿Son una ayuda o una dificultad en nuestra vida como discípulos de Jesús?

¿Vivimos para Dios o para el dinero?

  1. Jesús nos invita a ser sagaces en las cosas del Reino. En la situación social que vivimos,

¿En qué puede consistir concretamente esa “astucia” en un cristiano?

  1. No podéis servir a Dios y al dinero”. La sociedad nos envía constantemente su mensaje de bienestar y consumismo. Pensando en nuestro compromiso cristiano,

¿Qué pistas nos da este pasaje respecto al uso del dinero?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIV «LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ»

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:

«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:

«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:

«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Salmo 77, 1b-2. 34-35. 36-37. 38

R./ No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R./

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor. R./

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R./

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».

COMENTARIO

Hermanos y hermanas, este es el camino, el camino de nuestra salvación, de nuestro renacimiento y resurrección: mirar a Jesús crucificado. Desde esa altura podemos ver nuestra vida y la historia de nuestros pueblos de un modo nuevo. Porque desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio; aprendemos la compasión, no la indiferencia; aprendemos el perdón, no la venganza. Los brazos extendidos de Jesús son el tierno abrazo con el que Dios quiere acogernos. Y nos muestran la fraternidad que estamos llamados a vivir entre nosotros y con todos. Nos indican el camino, el camino cristiano; no el de la imposición y la coacción, del poder o de la relevancia, nunca el camino que empuña la cruz de Cristo contra los demás hermanos y hermanas por quienes Él ha dado la vida. El camino de Jesús, el camino de la salvación, es otro: es el camino del amor humilde, gratuito y universal, sin condiciones y sin “peros”. (Papa Francisco, 14-09-2022)

COMPRENDER EL TEXTO

Anselm Grün, Jesús, puerta hacia la vida. El Evangelio de Juan. Ed. Verbo Divino, 2011.

En el versículo 14 y siguientes el evangelista Juan tiene presente la muerte de Jesús. Él ilustra la elevación de Jesús a la cruz por medio de una referencia a la historia veterotestamentaria de la serpiente de bronce que se nos narra en el libro de los Números (Nm 21,1-9). Cuando el pueblo murmuró de nuevo contra Dios, éste les envió serpientes venenosas, de cuyas mordeduras murieron muchos israelitas. Cuando Moisés suplicó a Dios, Yahvé le respondió: “¡Hazte una serpiente y cuélgala en un estandarte! Los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla” (Nm 21,8). La serpiente es un símbolo muy importante para la mayoría de los pueblos. Simboliza, por un lado, una amenaza para los hombres, como consecuencia de su mordedura venenosa. Se relaciona con todos los sentimientos amargos y venenosos que dañan el alma. La serpiente es frecuentemente un símbolo sexual. Y por su cambio de piel es una imagen de la renovación del ser humano. En el judaísmo se vio como un símbolo del pecado, pues fue la serpiente la que tentó a Eva. Pero, al mismo tiempo, era también una imagen de la sagacidad. Para muchos pueblos, es un símbolo del poder salvador de Dios. En la cruz, Jesús es elevado como la serpiente y permanece a modo de estandarte. Quien mira a ese Jesús en la cruz es sanado de sus heridas. Jesús es para Juan el médico divino que cuelga herido en la cruz. Para los griegos, existe un principio fundamental: sólo el médico herido está capacitado para curar. Asclepio, el dios griego de la medicina, es representado con un bastón en el que hay enroscada una serpiente. Jesús lleva a plenitud las expectativas de los griegos sobre la curación.

En la cruz, se hace visible la herida más profunda que nos oprime, la herida de muerte. Cuando miramos a Jesús, somos salvados de ella y también de todas las demás heridas que nos infringe la vida, de las amarguras y los sentimientos venenosos que surgen en nuestro interior cuando somos rechazados o dañados. Con su cambio de piel, la serpiente nos trae a la mente la renovación del ser humano. Jesús crucificado es para Juan la verdadera renovación de la existencia humana. Ahí es donde muere el antiguo ego. Y donde se manifiesta el nuevo hombre, nacido de Dios, que tiene su fundamento en el amor de Dios.

Para Juan, la redención consiste, ante todo, en la sanación de nuestras heridas y en la transformación de la muerte. Quien mira a Jesús elevado en la cruz y cree en Él tiene vida eterna (3,15). La clave de la verdadera vida consiste en ver la verdad ante nosotros. […]

Recibir la vida eterna es también la finalidad de la encarnación de Jesús. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (3,16). En estas palabras se pone de manifiesto la razón de la encarnación y de la Pasión de Jesús. La causa es el amor de Dios al mundo. Dios no quiso que los hombres, que estaban enfrentados a sí mismos y se habían perdido, se fueran al abismo. Los hombres se habían perdido, habían perdido su centro, su imagen primigenia, su pureza, su capacidad de vivir. En mitad de la vida, estaban muertos.  Como Dios amaba a los hombres, a pesar o precisamente por su estado de perdición, envió a su Hijo, dio a los hombres a su único Hijo como regalo. […] ¿En qué consiste la vida eterna de la que tan a menudo habla Juan? En primer lugar, es vida que tras la muerte no puede ser destruida, que permanece más allá de la muerte y se completa a lo largo de la eternidad. Vida eterna no es la vida después de la muerte, sino que consiste en un nuevo tipo de vida. Es vida que en este mismo instante vive del fundamento divino en el que, aquí y ahora, el tiempo y la eternidad coinciden. […] Entonces intuyo que estoy en Dios y que Dios está en mí.

[…]

En los versículos siguientes, Juan desarrolla más explícitamente el misterio de la venida de Jesús. Jesús no viene a juzgar al mundo, sino a salvarlo. En Jesús, Dios ha notificado su designio de salvar a los hombres sacándoles de la perdición, redimiéndolos, liberándolos de sus apegos, justificándolos y reconduciéndolos a la forma originaria que Dios dispuso para cada hombre al comienzo de la creación. Quien cree en Jesús está salvado, ha alcanzado la vida; sus heridas han perdido su veneno y su poder mortífero.

Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia.

Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11. Es más que probable que el poeta cristiano autor del himno primitivo, haya querido describir el camino recorrido por Cristo -en oposición al recorrido por la primera humanidad pecadora (véase Gn 3,5.17-24)- por medio de dos grandes y fundamentales afirmaciones: Cristo que no duda en despojarse de su grandeza y vivir la realidad humana hasta sus últimas consecuencias para así salvar a los hombres (Flp 2,6-8); y Dios Padre que por ello le glorifica de forma incomparable constituyéndole Señor del mundo (Flp 2,9-11). Esta dinámica de humillación-exaltación, que ya era conocida en la tradición bíblica del Antiguo Testamento (véase Is 53,12. Sab 3,7-8.13), alcanza en Cristo su punto culminante. En el futuro, por tanto, todo cristiano deberá tener definitivamente claro cuál es el camino a recorrer si de veras aspira a ser coronado de gloria.

ACTUALIZAMOS CON UNA ORACIÓN

Ante la cruz de Jesús, la miramos, rezamos y meditamos con esta oración.

Ante la cruz

 Cuando huyas de la cruz, recuerda
que la entrega, llevó a la cruz,
que el amor, se expresó en la cruz,
que la fidelidad, se demostró en la cruz,
que la amistad, se probó en la cruz,
que la verdad, se reveló en la cruz,
que la incredulidad, cayó ante la cruz,
que la fe, se fortaleció en la cruz,
que las heridas, las abrazó la cruz,
y que el pecado, se redimió en la cruz.

Por eso la vida, mi vida, tu vida,
que entiende de entrega y de amor,
que se apoya en amigos fieles,
que aspira a la verdad, la confianza y la fe,
que sufre por las heridas y llora el pecado,
no puede huir de la cruz,
sino al contrario: mirarla y amarla,
porque en ella la Vida,
mira, ama y sana.
La vida. Mi vida y tu vida.

(Óscar Cala, SJ)