LECTIO DIVINA – CICLO C – ADVIENTO DOMINGO IV

Lectura de la profecía de Miqueas 5, 1-4a

Esto dice el Señor:

«Y tú, Belén Efratá,
pequeña entre los clanes de Judá,
de ti voy a sacar
al que ha de gobernar Israel;
sus orígenes son de antaño,
de tiempos inmemoriales.

Por eso, los entregará
hasta que dé a luz la que debe dar a luz,
el resto de sus hermanos volverá
junto con los hijos de Israel.

Se mantendrá firme, pastoreará
con la fuerza del Señor,
con el dominio del nombre del Señor, su Dios;
se instalarán, ya que el Señor
se hará grande hasta el confín de la tierra.

Él mismo será la paz».

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

R./ Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R./

Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R./

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 5-10

Hermanos:

Al entrar Cristo en el mundo dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.

Entonces yo dije: He aquí que vengo – pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí – para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad».

Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley. Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».

Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamo:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

 COMENTARIO

El cuarto domingo de Adviento tiene ya el sabor de la Navidad. Por eso las lecturas de hoy van situándonos en el escenario de los hechos, nos presentan a los personajes que protagonizarán y nos ayudan a descubrir el sentido profundo de lo que vamos a celebrar muy pronto. Todos parecen estar preparados: Belén de Judá, María la creyente… y sobre todo Jesús, que entra en este mundo dispuesto a hacer la voluntad del Padre para que su salvación nos visite y se quede para siempre con nosotros.

COMPRENDER EL TEXTO

Retrocediendo en el tiempo, volvemos a encontrarnos hoy con los mismos personajes del domingo pasado. Pero esta vez su presencia en escena no aparece en primer plano. Juan Bautista y Jesús son dos niños no nacidos que aún no pueden hablar, pero el encuentro entre sus madres nos proporcionará una nueva ocasión para comprender mejor el papel de cada uno en la historia de la salvación.

Este pasaje forma parte de los “evangelios de la infancia”, donde se relatan los primeros episodios de la vida de Jesús (Lc 1,5 – 2,52). El género literario de estos capítulos es más catequético que biográfico e incluye narraciones en las que la luz de la fe pascual se proyecta sobre la figura de Jesús niño. De este modo, el misterio que encierra su persona es presentado, ya desde su concepción, a tenor de lo que la comunidad cristiana creía de él gracias a la resurrección. El relato de la “visitación”, que leemos hoy, nos dará ocasión de comprobarlo.

Poco después de recibir la noticia de su maternidad, María decide visitar a su pariente Isabel, cuyo embarazo ha conocido por medio del ángel Gabriel. Se trata de un embarazo extraordinario, puesto que Isabel es anciana y estéril. No en vano este embarazo ha sido presentado a María como “señal” del poder divino, garantía de que también ella, María, será madre a pesar de su virginidad (Lc 1,36-37). La escena sucede en un lugar indeterminado de la montaña de Judea, que la tradición cristiana ha identificado después con Ain Karim, una aldea situada a 6 kilómetros al oeste de Jerusalén.

Lucas no explica los motivos de este viaje. En principio se puede entender como un acto de solidaridad familiar. Pero hay un gran valor simbólico en este acontecimiento que se descubre al fijarnos en ciertos detalles. Por ejemplo, el hecho de que María vaya “de prisa” a la montaña de Judá. Esta prontitud se parece a la de los pastores de Belén, que reaccionan de un modo parecido al enterarse del nacimiento de Jesús. Como ellos, también María ha recibido una “señal” que revela una intervención de Dios. La rapidez de su respuesta demuestra que está totalmente dispuesta a colaborar con sus planes. La que ha sido “visitada” por el Señor se apresura a trasmitir la buena noticia que ha recibido.

En un primer plano asistimos al encuentro entre las dos futuras madres. Sabiendo que para Lucas la alegría es el sentimiento que embarga a los que experimentan la salvación, la reacción que provoca el saludo de María nos indica que no es esta una visita de cortesía, sino la visita del mismo Dios encarnado en Jesús. Así lo confirman las palabras proféticas de Isabel, que, inspirada por el Espíritu, ve más allá de las apariencias y reconoce que la criatura que María lleva en su vientre es “el Señor”. Si la bendice y la felicita no es por servirle a ella, sino por ponerse al servicio de Dios, por una maternidad que es fruto de su fe, por una fe que permite que los planes del Todopoderoso puedan cumplirse.

Un segundo plano, más oculto, esconde el encuentro misterioso entre dos niños nonatos que son los verdaderos protagonistas de esta escena. De hecho, uno de los recursos literarios que Lucas utiliza para presentar la singularidad de Jesús en los “evangelios de la infancia” es el de compararlo con Juan Bautista, narrando en paralelo diversas escenas de la niñez de ambos. Recordemos que el episodio de la visitación está situado tras las dos anunciaciones de sus nacimientos y viene a confirmar lo que allí se dice sobre la identidad y la misión de cada uno. Los saltos de alegría del pequeño Juan suponen un reconocimiento prenatal de la condición mesiánica de Jesús y de su papel subordinado frente a él.

Otro detalle importante es ver cómo las madres anticipan la misión de sus respectivos hijos y la relación que ambos mantendrán durante su vida pública: María como portadora de la Buena Noticia de la salvación; Isabel proclamando la alegría por la llegada del Mesías y reconociéndose indigna de que «la madre de mi Señor» venga a visitarla.

ACTUALIZAMOS

María es figura imprescindible del Adviento. El evangelio de hoy nos la ha presentado como modelo de creyente, como portadora de buenas noticias, como mensajera de alegría. Gracias a ella Jesús realizó su primer viaje misionero. Gracias a ella nos ha visitado la salvación; que sepamos acogerla en nuestra vida y comunicarla a los demás.

  1. Isabel felicita a María porque “ha creído”:

Y tú, ¿te sientes feliz por ser creyente?

¿En qué aspectos la fe de María puede ser modelo para tu fe?

  1. “La criatura saltó de alegría en mi vientre”:

¿En qué momentos de tu vida has experimentado la alegría de sentirte visitado por el Señor?

  1. María fue una verdadera evangelizadora que supo transmitir la Buena Noticia:

¿Qué podemos hacer nosotros para que la salvación de Dios siga visitando y alegrando a quienes más lo necesitan?

  1. “Lo que le ha dicho el Señor se cumplirá”:

¿Vivo con la seguridad de que Dios cumple sus promesas?

¿Cuándo me ha costado más fiarme de él y mantener la esperanza?

LECTIO DIVINA – CICLO C – ADVIENTO DOMINGO III “GAUDETE”

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a

Alégrate hija de Sion, grita de gozo Israel, regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.
El Señor ha revocado tu sentencia, ha expulsado a tu enemigo.

El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno.

Aquel día se dirá a Jerusalén:

«¡No temas! ¡Sion, no desfallezcas!»

El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta.

Salmo Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6

R./ Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.

«Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R./

«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso». R./

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sion,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7

Hermanos:

Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.

Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:

«Entonces, ¿qué debemos hacer?».

Él contestaba:

«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

«Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?».

Él les contestó:

«No exijáis más de lo establecido».

Unos soldados igualmente le preguntaban:

«Y nosotros, ¿qué debemos hacer?».

Él les contestó:

«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».

Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:

«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».

Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

COMENTARIO

La liturgia de este tercer domingo de Adviento rebosa de alegría, porque esa es la reacción típica de los que saben que la salvación de Dios está en marcha. En ello insiste el profeta Sofonías, el salmo tomado de Isaías, y las palabras de Pablo recogidas en la carta a los Filipenses. Anunciando la proximidad del Mesías, también Juan Bautista se hace portador de esa Buena Noticia, pero además las implicaciones éticas que supone acogerla en la propia vida.

COMPRENDER EL TEXTO

Recordando el hilo de la semana pasada, volvemos a encontrarnos con la figura de Juan el Bautista. El evangelio que leeremos en este tercer domingo de Adviento concreta aún más su llamada a la conversión y da pistas prácticas para poner manos a la obra en la tarea de preparar el camino al Señor, que se acerca.

Este evangelio es la continuación casi inmediata del que leímos la semana anterior. La figura del Bautista sigue ocupando el centro de la escena. Dos partes bien diferenciadas se distinguen. En la primera, Juan responde a una serie de preguntas que le hacen quienes han venido a ser bautizados por él. En la segunda, deja bien clara su identidad respecto a Jesús.

La primera parte (Lc 3,10-14) debe entenderse en relación al evangelio del pasado domingo. Juan ha sido presentado por Lucas como el ultimo profeta de Israel, el nuevo Elías cuya misión consiste en “preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17) mediante un bautismo de arrepentimiento. No es extraño que aquellos que han escuchado su urgente llamada a convertirse deseen concretar las implicaciones que ese mensaje tiene para ellos. Por eso le preguntan: “¿Qué debemos hacer?”

El arrepentimiento implica un cambio de vida. Juan Bautista lo deja bien claro en esos pocos versículos eliminados en la versión litúrgica que hoy proclamamos (Lc 3,7-9), donde exhorta a quienes le escucha a “dad el fruto que pide la conversión” (Lc 3,8). Pero no se trata de frutos específicamente religiosos, puesto que no se menciona la observancia de la ley ni las oraciones, sacrificios, votos o actos de piedad propios del judaísmo. La conversión se concreta en la realización fraterna con el prójimo, en la práctica de la justicia, en la renuncia a la violencia y en la ética profesional, que son dimensiones que implican a cualquier ser humano. De este modo se subraya que el camino de la salvación está abierto a todos (recordamos lo que se dice en Lc 3,6: “Y toda carne verá la salvación de Dios”), sin que nadie esté excluido de ella por su origen, condición o profesión. Ni siquiera los publicanos, que eran tenidos por pecadores sin posibilidad de perdón.

Lo que está en juego en la segunda parte del pasaje (Lc 3,15-17) es la misma identidad del Bautista. Su predicación había despertado en el pueblo grandes expectativas y muchos se preguntaban si no sería el Mesías esperado. La contestación que Juan les da es claramente negativa, aunque no tan explícita como la que aparece en otros evangelios (Jn 1,20). Sus palabras nos ayudan a conocer mejor lo que él pensaba de Aquel cuya venida anunciaba.

Muchos especialistas opinan que los discípulos del Bautista pudieron considerarle como el Mesías y por eso los evangelistas quieren evitar malos entendidos desde el principio. Antes de que Jesús comience su ministerio, Juan declara humildemente su inferioridad respecto a él. Frente al que es “más fuerte”, se reconoce como indigno de ser su esclavo (que eran los que desataban las sandalias de sus señores). Frente al que podrá bautizar con “Espíritu Santo y fuego”, su bautismo “con agua” es totalmente provisional.

Juan imagina al Mesías como juez definitivo que vendrá a separar a los buenos de los malos –el trigo de la paja- para dar a cada uno su merecido. En cambio, el ministerio histórico de Jesús se caracterizó por la práctica liberadora de la misericordia y no por la amenaza de un juicio inminente. Parece incluso que el mismo Juan se sintió desorientado cuando vio defraudadas sus expectativas y hasta llegó a dudar sobre si Jesús sería el Mesías esperado (Lc 7,18-30). En todo caso, Lucas se esfuerza en presentar la cara más amable y positiva del Bautista. Por eso, y a pesar del carácter apocalíptico de algunas de sus palabras (Lc 3,7.9.17), concluye su presentación declarándolo pregonero de la Buena Noticia (Lc 3,18).

ACTUALIZAMOS

Si de verdad nos creemos que el Señor viene, no basta alegrarse. Es necesario prepararle el camino. Pero el deseo de conversión no puede quedarse en bonitas palabras o en sentimientos más o menos pasajeros. Tiene que aterrizar en la vida cotidiana. Por eso, la pregunta que debemos plantearnos, también nosotros, suena así de concreta: ¿Qué debemos hacer?

  1. La respuesta de Juan Bautista a quienes le preguntan es que la conversión debe concretarse en la solidaridad con el necesitado, en la práctica de la justicia y en la honestidad profesional:

¿Cuál de sus respuestas te interpela más en este momento de tu vida?

  1. “¿Qué debemos hacer?”:

¿Sobre qué aspectos de tu vida personal, familiar, religiosa, social o profesional te atreverías a plantearle al Bautista una pregunta así?

¿Cuál sería su respuesta?

  1. “El pueblo estaba expectante”:

¿Qué expectativas tienes en este momento de tu vida?

¿Te ayudan a vivir con esperanza cristiana o simplemente a seguir tirando?

Ciclo C

ADVIENTO

NAVIDAD

TIEMPO ORDINARIO

CUARESMA

SEMANA SANTA

PASCUA

TIEMPO ORDINARIO

LECTIO DIVINA – CICLO C – ADVIENTO DOMINGO I

Lectura del libro de Jeremías 33, 14-16

Ya llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

Salmo 24, 4-5a. 8-9. 10 y 14

R./ A ti, Señor, levanto mi alma.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R./

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R./

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen,
y les da a conocer su alianza.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3,12 – 4,2

Hermanos:

Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.

Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguid adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

COMENTARIO

Adviento es tiempo de esperanza.

Y la Palabra nos ayuda a ponernos en esa longitud de onda al asegurarnos que la salvación de Dios se abre paso en medio de los vaivenes de la vida. El Señor tiene un plan de liberación para su pueblo y lo lleva a cabo con fidelidad. Tanto la promesa de un rey justo (lectura de Jeremías) como el anuncio de la venida del Hijo del hombre (Evangelio de Lucas) reflejan esa certeza de modo diverso. Una certeza que compromete a los creyentes para que acojan adecuadamente la redención que se acerca.

COMPRENDER EL TEXTO

Al iniciar este nuevo ciclo litúrgico, abrimos el evangelio de Lucas. Pero no comenzamos a leerlo por el principio, sino por un pasaje acorde con el tiempo de Adviento que hoy estrenamos. Su lenguaje puede resultarnos extraño pero su mensaje sigue interpelándonos.

Se nos invita a renovar nuestra experiencia de fe, de encuentro con el Señor que vino, que viene y que vendrá. Él nos vuelve a decir: “Mirad que hago nuevas todas las cosas”.

El pasaje de hoy tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera se anuncia la venida del Hijo del hombre (vv.25-28) y en la segunda hay una llamada a los discípulos a estar preparados para ella (vv.34-36). Hay que recordar que Jesús pronuncia estas palabras mientras se encuentra en Jerusalén, ya al final de su ministerio público. Enseñando en el templo, acaba de anunciar su destrucción y la de la Ciudad Santa. Todo ello forma parte del “discurso escatológico” (Lc 21,5-38), llamado así porque se refiere a los acontecimientos últimos que tendrán lugar al fin de los tiempos (en griego, “último” se dice ésjatos).

Tras describir de modo realista la destrucción de Jerusalén, Jesús cambia de registro y comienza a expresarse con un lenguaje diferente, lleno de imágenes inquietantes. Se trata del “lenguaje apocalíptico”, un género literario muy popular en aquella época, caracterizado, entre otras cosas, por utilizar un simbolismo con enigmas, cuyo significado no aparece a primera vista y debe ser interpretado.

Los “signos” de los que habla Jesús en el texto afectan a la totalidad de la creación (cielo, sol, luna, estrellas, tierra y mar). Este simbolismo cósmico es típico de la apocalíptica. Es el universo entero el que se convulsiona. Lo que sucede en el cielo tiene su reflejo en la tierra. La violenta sacudida de las potencias celestes hace presente el final de un orden social injusto, de un mundo “viejo” que se encamina a su destrucción. La reacción más lógica ante ello es el miedo. Sin embargo, el objetivo de la apocalíptica, aunque parezca lo contrario, no es provocar el terror, sino animar la esperanza en medio de la tribulación.

La venida del Hijo del hombre (en griego = parusía) es una imagen bien conocida en la apocalíptica judía. Este movimiento floreció entre los siglos II a.C. y II d.C. y arraigó con fuerza en muchos ambientes cristianos. Fue precisamente en ellos donde Jesús fue identificado con ese personaje misterioso que vendrá como juez al final de los tiempos. Inspirándose en la descripción de Dn 7,13-14, Lucas destaca su condición celeste, ya que lo muestra bajando “en una nube, con gran poder y gloria”.

Lucas presenta este acontecimiento como una buena noticia. El evangelista, que ve a Jesús como Salvador más que como Juez universal, insiste en que la parusía supondrá la liberación definitiva. Con ella se hará presente la plenitud del Reino de Dios (Lc 21,31). Por eso los “signos” que preceden a este acontecimiento no deben angustiar a los creyentes, sino infundir ánimo. Y ya que es imposible saber “cuándo”, lo importante es saber “cómo” hay que prepararse. Se impone, por tanto, vivir el momento presente en actitud de vigilancia activa. De lo contrario, caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra”, sobre aquellos que se han dejado adormecer por los vicios y las preocupaciones de una vida irresponsable y superficial.

Lucas, aunque conserva este lenguaje escatológico como Marcos y Mateo, lo adapta a su propia visión de la historia de la salvación. Así, corrige el entusiasmo “apocalíptico” de quienes pensaban que los días de este mundo estaban contados. La destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén (año 70 d.C.) hizo que muchos cristianos creyeran que el retorno de Cristo era inminente. En cambio, Lucas que escribe entre los años 80-90 d.C., sabe que esto no es así, que “el fin no vendrá inmediatamente” (Lc 21,9). La historia sigue su curso, según los designios de Dios. Antes de que llegue el “final de los tiempos”, los cristianos, impulsados por el Espíritu, debemos dar testimonio de Jesús en medio de este mundo. Es el tiempo de la Iglesia.

ACTUALIZAMOS

Esperar al Señor no es hacer calendarios sobre el fin del mundo, sino vivir el presente con la lucidez y la responsabilidad propias de los creyentes. Aunque nuestro mundo siga sacudido por acontecimientos que lo convulsionan, no hay que ser alarmistas. Tampoco conformistas. Lo nuestro es creer en un futuro de salvación y mantener viva la esperanza. Si alimentamos el miedo o nos sentimos satisfechos con lo que hay, sin esperar nada nuevo, no estamos preparando la venida liberadora del Hijo del hombre.

  1. Esperar la venida de Cristo nos compromete a vivir el presente liberándonos y liberando:

¿Cómo concretar ese compromiso en nuestra vida cotidiana?

  1. Si queremos estar preparados, no podemos vivir “adormilados” por el mundo que nos rodea:

¿Qué realidades nos embotan el corazón y nos impiden vivir el presente con esa actitud activa y atenta que Jesús nos pide?

  1. Estamos en Adviento. Por eso, y aunque el panorama es muchas veces sombrío…

¿Cómo te ayudan estas palabras del evangelio a mantenerte firme y vigilante?

  1. «Habrá signos …»

¿Qué signos de esperanza descubres en nuestro mundo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIV «NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO»

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Esto dice el Señor Dios:

«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré.

Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones.

Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar -oráculo del Señor Dios-.

Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia».

En cuanto a vosotros, mi rebaño, esto dice el Señor Dios:

«Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío».

Salmo 22, 1b-2a. 2b-3. 5. 6

R./ El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R./

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R./

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R./

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:

Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte.

Y, cuando le haya sometido todo, entonces también el mismo Hijo se someterá al que se lo había sometido todo.

Así Dios será todo en todos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

Y el rey les dirá:

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

Entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.

Él les replicará:

“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.

Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

COMENTARIO

Con la fiesta de Cristo, Rey del Universo, llegamos al fin del ciclo litúrgico. Se nos presenta la figura de un rey-pastor que se desvive y muere por su rebaño para que tengan vida y que conoce a cada una de sus ovejas. Ezequiel pone de manifiesto que Dios es el pastor de su pueblo, al que cuida, alimenta y protege. En el evangelio, Jesús es rey y juez que, como el pastor que separa las ovejas de los cabritos, en su venida al final de los tiempos juzgará a todos según el amor que cada uno ha mostrado con los más pequeños. El destino de los benditos del Padre es la vida eterna, inaugurada por Cristo con su resurrección.

COMPRENDER EL TEXTO

La realeza de Cristo resucitado, presentado como el Hijo del hombre del libro de Daniel, sentado en el trono (Dn 7,14), lo hace juez, no sólo de los creyentes, sino de todos los pueblos (v. 32); esta universalidad hace que no se juzgue sobre las creencias, sino sobre el amor concreto al prójimo. Todos serán juzgados bajo los mismos criterios que Jesús mismo. La ayuda o el rechazo de la ayuda al necesitado es lo que decide el valor de la persona.

Jesús llama “hermanos” a los necesitados. No es que estos se puedan identificar con él, sino que es Jesús quien se identifica con ellos por su compasión. Desde esta perspectiva, cualquier persona cobra una dignidad divina, como hijo de Dios y hermano de Jesús.

Jesús no pide nada imposible, sólo la ayuda a los más necesitados, según nuestras fuerzas. Para compartir no hace falta mucha riqueza, sino sólo un corazón abierto y compasivo. Así lo tienen los hombres y mujeres que Jesús pone a su derecha: no ayudaron a los otros pensando en la recompensa, pensando en que lo hacían al mismo Jesús, sino sencillamente porque necesitaban su ayuda y la podían prestar. Los que han dado a los otros recibirán, en plenitud, de Dios: amor, comunión, vida y alegría.

Durante todo el año nos hemos adentrado en los misterios de la vida del Señor de la mano del evangelista Mateo y hoy como culmen de ese ciclo se nos presenta a Cristo, Señor del tiempo y de la historia, meta hacia la que camina la humanidad y la creación entera. Su reinado, comenzó ya con su nacimiento, tuvo su momento clave en la Pascua, cuando tras su resurrección fue exaltado a la derecha del Padre desde donde reina glorioso, y será al final de los tiempos cuando llegue a plenitud, cuando toda la creación se le someta y la muerte sea aniquilada (segunda lectura). Es importante tener en cuenta este carácter dinámico del reino: ser una realidad ya verificable pero que avanza progresivamente madurando hasta el final de los tiempos.

La primera lectura junto con el salmo asemeja a nuestro rey a un buen pastor. El rey, como el pastor, está al servicio de su pueblo, de su rebaño: se preocupa por sus súbditos, como el pastor por sus ovejas «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré», los defiende y salva del peligro «lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones», les alimenta «Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar», atiende a quien está enfermo «vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma».

El reino que Cristo nos ofrece no se rige por las categorías humanas. Los reyes y reinos que conocemos suelen buscar el poder, la riqueza, la ambición, el dominio, la fuerza… En cambio, el reino de Cristo es muy diferente: es un reino que siembra paz y unidad entre sus miembros; es el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

El eje vertebrador del reino de Dios es el amor, el ejercicio de la caridad. Así lo afirma el mismo Jesús a través de la parábola que se nos proclama en el evangelio. Al final de nuestra existencia terrena seremos examinados del amor ejercido con el prójimo. Entraremos a formar parte del reino definitivo si hemos dado de comer al hambriento, si hemos dado de beber al sediento, si hemos hospedado al forastero, si hemos vestido a quien está desnudo, si hemos visitado a los enfermos y encarcelados…

Cualquier alumno soñaría con conocer las preguntas del examen final. Nosotros tenemos esa suerte: Cristo nos las ha revelado. Ahora bien, conocerlas no es suficiente. Hay que llevarlas a la práctica, hay que obedecer los mandatos de Cristo para poder vivir eternamente con él en el reino de los cielos.

ACTUALIZAMOS

Jesucristo se manifiesta como el rey universal que, rodeado de gloria, enfrenta a cada uno con las actitudes que conforman su vida. Jesucristo se manifiesta también encarnado en cada ser humano que sufre necesidad. Como a los cristianos a quienes el evangelista se dirige, la Palabra de Dios nos invita a salir de nuestros letargos mirando al futuro, en el horizonte del juicio, y viviendo el presente, comprometidos con los hermanos más pequeños de Jesús.

  1. “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre”:

¿Qué rostro de Jesús nos ofrece el pasaje del evangelio de hoy?

  1. “… cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”:

¿Desde donde reina Jesús?

¿Desde donde reinamos con él?

  1. En el mundo en que vivimos:

¿Quiénes serían hoy los hambrientos, forasteros, encarcelados…?

¿Cómo nos compromete con ellos el evangelio de hoy?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIII

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Una mujer fuerte, ¿quién la hallará?

Supera en valor a las perlas.

Su marido se fía de ella, pues no le faltan riquezas.

Le trae ganancias, no pérdidas, todos los días de su vida.

Busca la lana y el lino y los trabaja con la destreza de sus manos.

Aplica sus manos al huso, con sus dedos sostiene la rueca.

Abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre.

Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura; la que teme al Señor merece alabanza.

Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en público.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6

En lo referente al tiempo y a las circunstancias, hermanos, no necesitáis que os escriba, pues vosotros sabéis perfectamente que el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche.

Cuando estén diciendo: «paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar.

Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, de forma que ese día os sorprenda como un ladrón; porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Así, pues, no nos entreguemos al sueño como los demás, sino estemos en vela y vivamos sobriamente.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.

En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:

“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.

Su señor le dijo:

“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:

“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.

Su señor le dijo:

“¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.

Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:

“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

El señor le respondió:

“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».

COMENTARIO

Pablo hace una llamada a los tesalonicenses para que el día del Señor, que llega “como un ladrón en la noche”, no les pille de sorpresa, sino en actitud vigilante. Y la “parábola de los talentos” del evangelio de Mateo nos recuerda que esa vigilancia consiste en dar fruto según los dones que cada uno ha recibido mientras espera el retorno de Cristo. Así también la mujer alabada en los Proverbios traduce en obras concretas su valía: “cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en público”. El temor del Señor no bloquea su iniciativa, como le sucede al siervo inútil, sino que la estimula a mantenerse activa y productiva. Por eso merece ser ensalzada por el éxito de sus tareas, al igual que lo fueron los criados fieles que no defraudaron las expectativas de su amor.

COMPRENDER EL TEXTO

El capítulo 25 de Mateo recoge varios textos que insisten en la necesidad de vigilar para estar a punto cuando el Señor venga definitivamente (escatología). La parábola de los talentos se sitúa en esta línea, y remarca concretamente que la vigilancia cristiana debe ser activa y comprometida.

En el relato son especialmente importantes las referencias temporales, y concretamente la etapa que transcurre entre la partida del señor de los empleados y su regreso. En ese intervalo es cuando los empleados deben trabajar para que fructifiquen las cantidades que el señor les ha confiado. De los tres administradores, dos lo hacen así, y reciben la aprobación y el premio cuando el señor regresa. El tercer empleado es excluido y rechazado, porque bajo la excusa de que ha recibido poco, el falso creyente se considera libre de hacer realidad el Reino. Esta parábola completa la del domingo anterior, doncellas necias y sensatas, porque una espera cristiana debe ser atenta, vigilante, y a la vez con actitud productiva, creadora del Reino. En la distribución de los dones: 5, 2, 1 todos nos debemos sentir reflejados.

Los dones que hemos recibido (para los cristianos la fe en Cristo) son dones para compartir. En la medida que se conviertan en una barrera que paraliza y aísla de los demás, se vuelven inútiles y no aportan la salvación.

La acción pastoral de la iglesia corre el riesgo de conformarse con lo que tiene, olvidando que su misión no es de cara a sí misma, sino al mundo, no descuidar lo que ya hay, pero no contentarnos con mantener el culto, mientras el mundo está lleno de pobres, hambrientos de escuchar una buena noticia para ellos. No basta con conservar: hay que fructificar. No hemos recibido un legado para esconderlo bajo tierra, sino con la misión de ser productivo. El miedo a perder es ya la primera derrota.

Esta parábola que recrimina la prudencia del hombre temeroso se encuentra después de otra donde se ha aprobado la prudencia de las doncellas. Se trata de dos tipos de prudencia. En las doncellas se refería a la sabiduría para usar los dones de Dios, la del empleado conservador es la del temeroso paralizado por el miedo a perder lo que ni siquiera es suyo. Esta parálisis es una traición a quien le había confiado sus bienes con la finalidad de hacerlos crecer y fructificar. Esta prudencia es la mayor necedad, pues no comprende qué se trae entre manos: el encargo divino de ser creativos.

No valen disculpas por haber recibido poco, el que entierra su talento, entierra su capacidad para amar, esperar y hacer.

El empleado negligente y holgazán, el del único talento, puede recordarnos a todos el peligro del miedo-temor que transforma la religión en un cumplimiento. Esta actitud dificulta la entrada en el banquete del Señor.

Nuestro examen de conciencia debería centrarse en el cada día. En lugar de examinar deberes e ideales, hemos de examinar la vida ordinaria: ¿qué calidad de amor damos a lo que vivimos?. Vivir cada día nos libera de deseos y proyectos, que enmascaran la ansiedad de perfección. El tema central de estas páginas es el seguir a Jesús en la vida ordinaria.

ACTUALIZAMOS

Sólo si aceptamos que el amo de esta historia es Cristo entenderemos a qué tipo de juicio nos veremos sometidos. Sólo así caeremos en la cuenta de que él no exige sin antes dar con abundancia. Sólo así alejaremos el miedo y viviremos el presente con el deseo de responder a la confianza que el Señor ha depositado en nosotros.

Esta parábola quiere decir que al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Son otras matemáticas las que utiliza Dios. Si tengo alegría y te la doy, tú tienes alegría, y la mía también se multiplica. Y lo mismo si te doy amor, tú ganas, y el mío no disminuye, sino que crece. Pasa con la esperanza, y con la fe, y con las demás virtudes. Cuanto más se da, más se tiene. El que entierra los dones, aunque sea para preservarlos, se queda sin ellos… El Señor nos habla de estas matemáticas; en ellas se juega lo que a Dios le importa más: la humanidad de lo humano.

  1. … y los dejó al cargo de sus bienes”:

¿Qué aspecto de la parábola de los talentos te interpela más?

  1. …fue enseguida a negociar con ellos”:

¿En qué deberíamos ser más “productivos” los cristianos? ¿Qué miedos nos impiden multiplicar los talentos que hemos recibido?

  1. …entra en el gozo de tu señor”:

¿Con qué actitud te invita esta parábola a esperar la llegada del Reino?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXII

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Radiante e inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.

Se adelanta en manifestarse a los que la desean.

Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta.

Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.

Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8

R./ Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua, R./

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R./

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R./

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.

Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.

Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.

Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”

Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las prudentes:

“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.

Pero las prudentes contestaron:

“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:

“Señor, señor, ábrenos”.

Pero él respondió:

“En verdad os digo que no os conozco”.

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

COMENTARIO

Estamos cerca del fin del ciclo litúrgico y se nos invita a reflexionar sobre los acontecimientos finales de la vida humana y de la historia: la muerte, la segunda venida de Cristo, el juicio. Tras el lenguaje de las parábolas se esconde una invitación esperanzada a vivir el día a día con la mirada puesta en ese rencuentro definitivo con el Señor, que nos ha de encontrar siempre preparados.

En la primera lectura se personifica a la Sabiduría como una figura femenina que sale al paso de quienes la buscan y anhelan su cercanía. Son sabías también las cinco doncellas prudentes y previsoras del evangelio que van al encuentro del novio con sus lámparas encendidas. Su actitud sensata, hecha de fe activa, es la que deben encarnar también los miembros de la comunidad cristiana de Mateo mientras esperan el regreso del Esposo. Una espera que se alargaba y causaba inquietud en los primeros cristianos, preocupados por los que iban muriendo antes de la última venida de Cristo. A ellos responde Pablo en la Carta a los Tesalonicenses con un convencimiento lleno de esperanza. Cuando el Señor vuelva, todos –vivos y difuntos- saldremos a su encuentro para estar siempre con él.

COMPRENDER EL TEXTO

Después de amonestar duramente a los dirigentes del pueblo, Jesús abandona el templo de Jerusalén y pronuncia el último de los cinco discursos que contiene el evangelio de Mateo (Mt 24,1-25,46) que trata sobre los acontecimientos finales de los tiempos. Destacan una serie de comparaciones y parábolas cuyo tema de fondo es la preparación para la “parusía”, la segunda venida del Hijo del hombre como juez universal.

No es fácil interpretar correctamente esta parábola, es preciso, distinguir dos niveles temporales. Jesús se preocupaba para que sus discípulos acogieran el Reino de los Cielos que llegaba con su persona con la misma alegría con la que se celebran unos esponsales. Por eso les invita a no perderse ese tiempo de gracia. El evangelista, en cambio, se dirige a una comunidad que aguardaba el retorno de Cristo, pero cuyo retraso provocaba en ella síntomas de cansancio, apatía y rutina. Para ello echó mano de la parábola original y la adaptó según sus intereses, convirtiéndola en una alegoría donde cada detalle parece tener un significado simbólico. Por otro lado, no es ésta la única vez que Mateo utiliza la imagen del banquete de bodas (Mt 22,2-14), un símil que en la Biblia suele evocar el tiempo de salvación mesiánica.

En la parábola destaca el dato de que la puerta se cierra e impide entrar al convite a una parte de los invitados, algo totalmente impensable en una cultura donde un festejo de este tipo suponía la participación de toda la comunidad. Es en este detalle donde se advierte que esta historia habla de “otra cosa” e invita a reflexionar sobre la realidad significada en esa “boda” cuya entrada se veta a quien no está preparado.

Los protagonistas de una boda son siempre quienes se comprometen en matrimonio. En cambio, aquí se pone atención en los personajes secundarios, en las amigas de la novia que aguardan al novio. Son diez muchachas divididas en dos grupos y calificadas como “necias” y “sensatas”, con lo que el lector es invitado ya desde el principio a identificarse con las primeras. La insensatez de las segundas se concreta en no haberse provisto de aceite para alimentar sus antorchas. El diálogo final entre las muchachas descuidadas y el novio tiene una gran importancia. En Mt 7,21-27 descubrimos a quiénes simbolizan estas jóvenes y las verdaderas razones por las que no pueden participar en el convite.

El final de la parábola presenta una semejanza con la conclusión del sermón del monte. Allí son llamados “sensatos” quienes escuchan la Palabra de Jesús y la ponen en práctica, mientras que los “necios” demuestran la actitud contraria, por eso no basta decir “Señor, señor”, como gritaban las muchachas descuidadas a la puerta de la sala nupcial. Para poder entrar en las bodas del Reino es preciso hacer lo que Dios quiere: la práctica del amor es ese “aceite” que no puede faltar a quienes desean estar “con él” (v.10); los otros deberán escuchar ese tremendo “no os conozco”.

Ante una comunidad desconcertada por el retraso de la venida de Cristo, el Esposo, es necesario volver a insistir en que nadie conoce el “cuando” de su regreso (Mt 24,36). Por tanto, la única actitud acertada ante la demora de la “parusía” es disponerse a ella mediante la vigilancia activa. No basta esperar al Señor que viene, es necesario estar preparado, y eso no se improvisa a última hora ni se puede “prestar”. La negativa de las jóvenes previsoras a compartir su aceite podría parecer un gesto de egoísmo, pero es un detalle narrativo que nos recuerda que actuar “sensatamente” mientras el Señor vuelve es una actitud personal e intransferible. No se puede cumplir la voluntad de Dios en lugar de otro. Nadie puede amar, comprometerse, perdonar … por ti.

ACTUALIZAMOS

La última venida de Cristo no nos debe angustiar, pero nos invita a estar preparados para un encuentro que, en todo caso, tendrá lugar a la hora de la muerte. Vivir el presente con responsabilidad, traduciendo en obras de amor la fe y la esperanza que nos anima, es la actitud verdaderamente sensata del que mantiene su lámpara siempre encendida.

  1. “…se nos apagan las lámparas”:

¿Qué aceite necesitarías en este momento de tu vida para que no se apague la lámpara de tu fe?

¿En qué actitudes lo concretarías?

  1. “…salid a su encuentro”:

¿Qué aspecto de esta historia te resulta más aplicable a tu compromiso cristiano?

  1. “…y se pusieron a preparar sus lámparas”:

¿Cómo entiendes la necesidad de estar siempre preparado de la que habla la parábola?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXI

Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14b-2, 2b. 8-10

Yo soy un gran rey, dice el Señor del universo, y todas las naciones temen mi nombre.

Esto es lo que os mando, sacerdotes:

Si no escucháis y no ponéis todo vuestro corazón en glorificar mi nombre, dice el Señor del universo, os enviaré la maldición.

Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley, invalidando la alianza de Leví, dice el Señor del universo.

Pues yo también os voy a hacer despreciables y viles para todo el pueblo, ya que vuestra boca no ha guardado el camino recto y habéis sido parciales en la aplicación de la ley.

¿No tenemos todos un mismo padre?

¿No nos creó el mismo Dios?

¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?

Salmo 130, 1bcde. 2. 3

R./ Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R./

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre;
como un niño saciado
así está mi alma dentro de mí. R./

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b-9. 13

Hermanos:

Nos portamos con delicadeza entre vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos.

Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.

Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios.

Por tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, porque, al recibir la palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

COMENTARIO

En las lecturas de hoy resuenan serias advertencias contra los líderes religiosos del pueblo. El profeta Malaquías denuncia a los sacerdotes que con enseñanza y comportamiento desviados escandalizan a la gente e invalidan la alianza. Jesús advierte en el evangelio sobre el mal ejemplo que dan los maestros de la ley y los fariseos con su conducta incoherente. Los cristianos debemos cultivar la fraternidad y la capacidad de servicio; como el autor del salmo, tampoco debemos perseguir grandezas, sino vivir en humildad; tal y como hizo Pablo, que no utilizó sus derechos ni su autoridad como apóstol, sino que se entregó totalmente por amor y trabajó como uno más.

COMPRENDER EL TEXTO

Termina el duro enfrentamiento entre Jesús y los diferentes grupos influyentes del judaísmo que hemos podido ver en los últimos domingos, hoy nos encontramos con un reproche a la conducta de escribas y fariseos. Se trata de una crítica que nos tiene que ayudar en la revisión de nuestra comunidad cristiana.

El texto de hoy es un duro juicio contra los “maestros de la ley y los fariseos”. Ellos eran quienes, en tiempos del evangelista, controlaban el judaísmo, y sobre ellos recae la condena a Israel por haber rechazado al Mesías de Dios. Aunque la lectura litúrgica omite las expresiones más duras (Mt 23,13-39), nos encontramos sin duda ante una de las páginas más “incomodas” del evangelio de Mateo.

Si bien Jesús critica a los “maestros de la ley y los fariseos” no es a ellos a quienes habla directamente, sino “a la gente y a sus discípulos”. Pero a través de estos destinatarios originales, Mateo se dirige a un “vosotros” (v.8) tras el cual se oculta la comunidad cristiana, que debe revisarse en profundidad para no caer en los mismos vicios y defectos de quienes son vistos como adversarios. Podemos distinguir dos partes en este pasaje. La primera está formada por los vv. 2-7, y en ella se censura el comportamiento de los líderes espirituales del pueblo.

Jesús no niega la legitimidad de la enseñanza de los letrados y fariseos. No es su doctrina la que es rechazable, sino sus obras porque “ellos dicen, pero no hacen”. Su hipocresía se manifiesta en su inflexibilidad a la hora de exigir a los otros el cumplimiento de normas y preceptos legales de los que ellos se eximen con facilidad. Ésas son las “cargas pesadas e insoportables” que colocan sobre la gente y contrastan con el “yugo ligero” que Jesús impone a quienes le siguen y aprenden de él (Mt 11,28-30). Más aún, su incoherencia de vida radica en que sus actos no están motivados por el deseo de hacer lo que Dios quiere, sino por el afán de aparentar y obtener el reconocimiento público de los demás.

Había un código de honor para ser bien considerados, la forma de vestir, la ocupación de lugares distinguidos en eventos sociales y religiosos y la utilización de ciertos títulos honoríficos. Las filacterias eran tiras de pergaminos que se ataban sobre la cabeza y el brazo izquierdo. A ellas se sujetaban unas cajitas en las que se introducían fragmentos destacados de la Torá (Dt 6,8; 11,18). Al ensancharlas, los judíos piadosos las agrandaban para hacerlas más llamativas y ostentar así su devoción por la ley. La presidencia de banquetes y reuniones litúrgicas era otro modo de obtener buena fama y reputación social.

La segunda parte del pasaje contiene una clara advertencia a la comunidad cristiana para que no caiga en la misma tentación que los escribas y fariseos. En ella no existe competición por títulos y puestos de honor. El ejercicio de diferentes funciones no debe ser ocasión para introducir clases y escalafones. Al contrario, el que quiera parecer como “mayor” debe actuar como “servidor”. La Iglesia es presentada así como una fraternidad radical en la que todos son hermanos y discípulos sin distinciones, reunida como una familia en torno a un  solo Padre Dios y a un único Maestro -El Mesías-, y lo que hace honorables a sus miembros no son los títulos, los signos externos de prestigio, sino el ejercicio de la solidaridad fraterna a ejemplo de Jesús (Mt 20,25-28).

Jesús entró en conflicto con las autoridades de su pueblo, las que surgen en este pasaje reflejan aquella con la que se enfrentaron las comunidades cristianas después del año 70 d.C. A partir de ese momento el grupo de fariseos se hizo con el control del judaísmo y acabó expulsando de su seno a quienes confesaban como Mesías al rabino de Nazaret. El evangelio de Mateo refleja cómo vivió esa ruptura traumática una comunidad mayoritariamente de origen judío. En este contexto polémico se presenta una peculiar imagen de los dirigentes religiosos israelitas, de quienes se exagera lo negativo y se ignora lo positivo. Tras ella se adivina, en realidad, la situación de una Iglesia en la que se iba infiltrando esa tendencia a reproducir las mismas estructuras de poder que imperaban en la sociedad.

ACTUALIZAMOS

El pasaje evangélico de hoy es tremendamente actual. Por medio de él Jesús sigue criticando nuestra facilidad para asimilarnos a los valores de la sociedad y nos invita a preguntarnos hasta qué punto vivimos en la Iglesia ese ideal de servicio y fraternidad que él nos plantea.

  1. “Uno solo es vuestro Padre…”

¿Qué imagen de Dios se refleja en este pasaje?

¿De qué manera determina esa imagen nuestra relación con Él y con los demás?

  1. “Ellos dicen, pero no hacen”:

¿Cómo interpela a tu conciencia la crítica que Jesús hace a escribas y fariseos?

  1. “Todos vosotros sois hermanos”:

¿Qué nos falta y qué nos sobra como Iglesia para acercarnos más a ese ideal de servicio y fraternidad que Jesús nos propone en el evangelio de hoy?

  1. “El primero entre vosotros será vuestro servidor”:

¿Es así como vivo mi pertenencia a la Iglesia?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXX

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Esto dice el Señor:

«No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

R./ Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R./

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R./

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:

Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.

No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».

Él le dijo:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

COMENTARIO

Los textos de la palabra de Dios de este domingo nos presentan, escuetamente, la clave fundamental de la vida cristiana: el amor, que se despliega en dos direcciones, hacia Dios y hacia el prójimo. Jesús, en el evangelio, mencionará ambos aspectos, el vertical (Dios) y el horizontal (hombres). Pero no desarrollará ni uno ni otro. Será en la primera lectura donde se nos hable más pormenorizadamente de cómo se debe expresar nuestro amor a los demás. Y el salmo responsorial nos aleccionará sobre el amor a Dios. El modelo para llevar a cabo esto es Jesús, el ejemplo a imitar.

La segunda lectura, lleva su propio ritmo. Y pone ante nuestros ojos una comunidad, la de Tesalónica, que da un testimonio de fe a las demás: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios para servir al Dios vivo y verdadero.

COMPRENDER EL TEXTO

Conviene saber qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas y qué debe ocupar un segundo o tercer lugar. Para que a la hora de priorizar nos detengamos en lo esencial y dejemos lo secundario para otro momento.

El pueblo judío tenía un total de 613 preceptos (248 positivos y 365 negativos). No era fácil estar pendiente de todos. De ahí la pregunta realizada a Jesús por el fariseo: ¿cuál es el mandamiento principal de la ley? Jesús es claro y directo: el amor. Una respuesta clara y sencilla que cualquiera puede entender sin ser docto de la ley.

Y este amor no es algo abstracto, etéreo, sino que se concreta mirando hacia arriba, a Dios, y mirando al frente, al prójimo.

Convendría que recordáramos que ya en el bautismo se les indica a los padres (y padrinos) que el crecimiento como cristiano se da en esa doble dirección: Al pedir el bautismo para vuestro hijo, ¿sabéis que os obligáis a educarlo en la fe para que este niño, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo como Cristo nos enseña en el evangelio?

El amor a Dios se manifiesta en la escucha de su palabra, en el trato con él en la oración, en el cumplimiento de su voluntad siguiendo el camino que nos propone para nuestra vida. Cada uno podría revisar cómo hace realidad este aspecto esencial del cristiano. Y evaluar también cuál es el lugar que ocupa Dios en su vida. En este mundo tan materialista, tan preocupado por lo inmediato, por el bienestar, hay que tener presente que lo esencial es servir a Dios, tal y como hizo la comunidad de Tesalónica. Abandonando los ídolos mundanos que nos hacemos y que ocupan en nuestras vidas el lugar del Dios vivo y verdadero.

Del primer y principal mandamiento se desprende el segundo: el amor al prójimo. Éste está intrínsecamente unido al primero, porque no es posible amar a Dios, a quien no vemos, si no amas a tu hermano, a quien sí vemos (cf. 1Jn 4, 20).

Y el amor al prójimo tiene como medida el amor a uno mismo, dice el propio Jesús. De tal manera que hay que tratar a los demás como querríamos que nos trataran a nosotros mismos o, dicho de forma negativa, no habría que hacer a los demás lo que a nosotros no nos gustaría que nos hicieran.

Pero más allá de este planteamiento genérico, sería necesario pasar a los detalles. Y la primera lectura nos da una serie de aspectos concretos de justicia social que, a pesar de que fueron escritos hace más de 2500 años, no han perdido actualidad:

  • No oprimirás ni vejarás al forastero, esto es, acoger a los inmigrantes, ser hospitalario con ellos.
  • No explotarás a viudas ni a huérfanos, esto es, no aprovecharse de los débiles.
  • Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses, esto es, no beneficiarse a costa de los pobres.
  • Si tomas en prenda el manto de tu prójimo se lo devolverás antes de ponerse el sol, esto es, apropiarse de los bienes ajenos.
  • El amor es la pregunta del examen final de nuestra vida y para poder superarlo necesitamos hacerlo realidad en nuestra vida cada día.

ACTUALIZAMOS

El amor es propuesto como la clave de nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Ambas expresiones del amor son diferentes, pero están indisolublemente unidas. Reflexionemos sobre la novedad que significa este mandamiento en nuestra sociedad y en nuestra vida, comprometiéndonos en la construcción del Reino desde estos valores que le son propios.

Para la reflexión:

  1. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”:

¿Qué significa en tu día a día amar a Dios con todo el corazón?

  1. “Este mandamiento es el principal y primero”:

¿En verdad todo en tu vida está ordenado desde el cumplimiento de este primer mandamiento?

  1. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”:

¿Te relacionas así con las personas o lo haces desde otras claves?

  1. Las palabras de Jesús contienen también una valoración positiva del amor a uno mismo en relación con el amor a Dios y al prójimo:

¿Cómo cuidas tus proyectos personales, tu salud, tu propia felicidad?

Jesús es el mejor modelo de amor a Dios y a la humanidad. Obediente al Padre y comprometido con la salvación de todos los seres humanos, lleva su amor hasta las últimas consecuencias: su muerte en la cruz. Como discípulos suyos, le pedimos que nos enseñe a amar, que nos muestre el camino que conduce al amor perfecto a Dios y a los hermanos.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIX

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:

«Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren.

Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías.

Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios.

Te pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.

Yo soy el Señor y no hay otro».

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10ac

R./ Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R./

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R./

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R./

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente». R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.

En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.

Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».

Le respondieron:

«Del César».

Entonces les replicó:

«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo ponen ante nuestra mirada, desde distintos ángulos, que Dios es el único Señor de la historia. Así lo expresa Isaías haciendo una lectura religiosa de los acontecimientos que vivía Israel: el rey Ciro de Persia era un “ungido del Señor” para liberar al pueblo del exilio en Babilonia. En el Evangelio, Jesús insiste en el señorío de Dios y, por lo tanto, en que ningún poder en la tierra es digno del culto que a él sólo hay que ofrecer. Los cristianos de Tesalónica, nos hace saber Pablo, son ejemplo de amor y esperanza en el Señor Jesús.

COMPRENDER EL TEXTO

En los últimos domingos hemos leído tres parábolas con las que Jesús respondía a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo, quienes habían cuestionado la autoridad de sus palabras y de su actuación. A esas tres parábolas les suceden tres preguntas cargadas de mala intención. Hoy leeremos la controversia que se origina a raíz de la primera de ellas.

Los fariseos han escuchado las parábolas de Jesús y saben que se refieren a ellos. Se sienten identificados con el hijo que no fue a trabajar a la viña, con los labradores homicidas y con los invitados al banquete que se negaron a asistir. Necesitan tener alguna acusación firme contra Jesús para quitarlo de en medio y por eso intentan acorralarle mediante preguntas comprometidas. Al formularle esas preguntas, se dirigen a Jesús llamándole “Maestro”; es un apelativo que en el evangelio de Mateo sólo aparece en boca de quienes no saben quién es en realidad. Los que le conocen, como los discípulos, le llaman “Señor”.

Los enviados de los fariseos preguntan a Jesús sobre la obligación del pago del tributo al César. El tema era muy discutido, pues representaba la forma más clara de la dominación romana. Muchos grupos, de carácter revolucionario, se oponían al pago de esos impuestos porque lo consideraban una ofensa a Dios, el único soberano de Israel. Pero también había quienes, desde una tendencia más pro-romana, defendían el pago del impuesto. Dar una respuesta era muy comprometido: si se manifestaba a favor del pago, le podían acusar de colaboracionista con el imperio ocupante y, si decía que era contrario, sería tildado de enemigo del emperador y revolucionario.

Jesús en primer lugar pone en evidencia las malas intenciones de quienes le preguntan, desvelando la hipocresía que se esconde tras la actitud de los fariseos. Primero, porque el interés de éstos no está en la respuesta, sino en poder acusar a Jesús. Y después, porque esos discípulos de los fariseos tenían la moneda del tributo en la que aparecía la imagen del emperador, algo abominable por cuanto que la religión judía prohibía la representación de imágenes humanas. Las palabras finales de Jesús, su respuesta definitiva, se entiende mejor si recordamos que, según el relato del Génesis, Dios deja impresa su imagen en el ser humano.

Jesús no responde como sus enemigos esperaban, sino que sitúa la cuestión en un nivel más profundo. Con frecuencia, las palabras “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” se han entendido mal, como si el evangelio invitara a un reparto de poderes: el César gobernaría el ámbito de lo material, y Dios lo que se refiere al espíritu. Según eso, el ser humano estaría sometido a dos señores: al César, representante del poder político, y a Dios, a quien corresponde el poder religioso. Sin embargo, el sentido de las palabras de Jesús es otro: el hombre, imagen del Creador, ha de reconocer a Dios como su único Señor. El emperador imprime su imagen en las cosas que le pertenecen, pero el ser humano, desde la creación del mundo, tiene impresa la imagen de Dios. Él es el único Señor, y los demás poderes han de ser relativizados.

ACTUALIZAMOS

Jesús sale airoso de este primer intento de acorralarle. Y él es quien acorrala a los fariseos llamándoles la atención acerca de su manera de comprender su relación con Dios. También para nosotros las palabras de Jesús son un toque de atención. Hoy nos obligan a reflexionar acerca del Reinado de Dios y su señorío sobre la historia y sobre nuestras vidas.

  1. Dad a Dios lo que es de Dios”.

¿Cómo es el Dios del que nos habla el evangelio de hoy?

¿Cuál sería su principal exigencia?

  1. En lo que respecta a nuestra relación con Dios:

¿En qué cosas concretas se puede ver que le reconocemos como nuestro único Señor?

  1. ¿De quién es esta imagen?”. En nuestro día a día, muchas imágenes van marcándonos:

¿Qué imágenes están impresas en nuestra vida? ¿Quiénes son nuestros otros señores?

  1. Con frecuencia usamos la expresión “es la viva imagen de sus padres”:

¿Qué hemos de trabajar en nuestra vida para que los que nos rodean puedan ver en nosotros la “viva imagen de nuestro Padre Dios?

Somos imagen de Dios. Nos ha marcado con su sello y somos suyos. Por eso no tenemos ningún ídolo y afirmamos el señorío de Dios sobre nuestras vidas. Le damos gracias a Dios porque se ha fijado en nosotros, y le pedimos perdón por las ocasiones en que ofrecemos incienso en otros altares.