LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVI

Lectura del libro de los Números 11,25-29

En aquellos días, el Señor bajó en la Nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.

Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento.

Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:

«Eldad y Medad están profetizando en el campamento».

Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:

«Señor mío, Moisés, prohíbeselo».

Moisés le respondió:

«¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!».

Salmo 18, 8. 10. 12-13. 14

R./ Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R./

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R./

También tu siervo es instruido por ellos
y guardarlos comporta una gran recompensa.
¿Quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta. R./

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré limpio e inocente
del gran pecado. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,1-6

Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.

Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego.

¡Habéis acumulado riquezas… en los últimos días!

Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.

Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9,38-43. 45. 47-48

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:

«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».

Jesús respondió:

«No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna.”

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

COMENTARIO

Juan y los demás discípulos manifiestan una actitud de cerrazón frente a un suceso que no entra en sus esquemas, en este caso la acción, aunque sea buena, de una persona «externa» al círculo de seguidores. Sin embargo Jesús aparece muy libre, plenamente abierto a la libertad del Espíritu de Dios, que en su acción no está limitado por ningún confín o algún recinto. Jesús quiere educar a sus discípulos, también a nosotros hoy, en esta libertad interior. Nos hace bien reflexionar sobre este episodio, y hacer un poco de examen de conciencia. La actitud de los discípulos de Jesús es muy humana, muy común, y la podemos encontrar en las comunidades cristianas de todos los tiempos, probablemente también en nosotros mismos. De buena fe, de hecho, con celo, se quisiera proteger la autenticidad de una cierta experiencia, tutelando al fundador o al líder respecto de los falsos imitadores. Pero al mismo tiempo está como el temor de la «competencia» —esto es feo: el temor de la competencia—, que alguno pueda robar nuevos seguidores, y entonces no se logra apreciar el bien que los otros hacen: no va bien porque «no es de los nuestros», se dice. Es una forma de auto-referencialidad. Es más, aquí está la raíz del proselitismo. Y la Iglesia —decía el Papa Benedicto— no crece por proselitismo, crece por atracción, es decir crece por el testimonio dado a los demás con la fuerza del Espíritu Santo.

La gran libertad de Dios al donarse a nosotros constituye un desafío y una exhortación a modificar nuestras actitudes y nuestras relaciones. Es la invitación que nos dirige Jesús hoy. Él nos llama a no pensar según las categorías de «amigo/enemigo», «nosotros/ellos», «quien está dentro/quien está fuera», «mío/tuyo», sino para ir más allá, a abrir el corazón para poder reconocer su presencia y la acción de Dios también en ambientes insólitos e imprevisibles y en personas que no forman parte de nuestro círculo. Se trata de estar atentos más a la autenticidad del bien, de lo bonito y de lo verdadero que es realizado, que no al nombre y a la procedencia de quien lo cumple. Y —como nos sugiere la parte restante del Evangelio de hoy —en vez de juzgar a los demás, debemos examinarnos a nosotros mismos, y «cortar» sin compromisos todo lo que puede escandalizar a las personas más débiles en la fe. Que la Virgen María, modelo de dócil acogida de las sorpresas de Dios, nos ayude a reconocer los signos de la presencia del Señor en medio de nosotros, descubriéndolo allá donde Él se manifieste, también en las situaciones más impensables y raras. Que nos enseñe a amar nuestra comunidad sin envidias y clausuras, siempre abiertos al amplio horizonte de la acción del Espíritu Santo. (Papa Francisco, 30-09-2018)

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de hoy nos muestra cómo la misericordia de Dios se hace presente fuera de los límites del grupo de los discípulos. Parecido es el planteamiento que hace la primera lectura de Números: “Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara”. Dios no conoce fronteras ni se puede poner límites a su actuación. También en los textos de este domingo hay un mensaje de exigencia personal: necesitamos arrancar del corazón toda sombra de pecado, dice Jesús en el evangelio; y, en la carta de Santiago se nos invita a vivir siendo conscientes de la proximidad del Reino de Dios.

En el texto, también se recogen dos problemas que se estaban dando en el seno de la comunidad cristiana. En primer lugar, ¿quién puede usar el nombre de Jesús?. Jesús aprueba que el Espíritu es libre y que se manifiesta en quien quiere. La primera lectura es bien ilustrativa. En tiempos de Moisés hubo también críticas porque Eldad y Medad no acudieron a la tienda en la que Moisés repartió el Espíritu que él tenía, y el espíritu se posó sobre ellos a pesar de no haber asistido a la reunión convocada por Moisés. Este mismo litigio se da entre los discípulos: ¿Quién puede utilizar el nombre de Jesús?: encasillar a Dios, presumir de monopolio de Dios. Tener la exclusiva de Dios. Y Dios siempre responde de la misma manera: “Quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí”.

No les falta razón a los discípulos para plantear la pregunta: ¿De qué sirve ser discípulos si otros pueden hacer lo mismo y se evitan las molestias del seguimiento?. Quien plantea la pregunta es nada menos que Juan. La respuesta de Jesús señala que hay celos por causa de Dios, que se convierten en intransigencia, intolerancia y producen exclusión. Jesús prefiere sumar a restar. Sumar las fuerzas de todos los que combaten el mal en vez de restar y apartar del combate por vencer al mal a quienes no le siguen. Quien de verdad combate el mal ya está en algo cercano a Jesús, y para esto basta tan solo algo tan pequeño como ofrecer un vaso de agua a quien lo necesite.

Es una orientación que hoy sirve para trabajar en colaboración con otros hombres y mujeres que buscan la verdad y el bien desde credos diferentes o desde organizaciones que no llevan el sello religioso.

El segundo tema del relato evangélico es el escándalo en la comunidad. Si ante la pregunta de Juan, Jesús muestra una apertura grande, ante el escándalo hay una actitud mucho más crítica. Para Jesús, lo primero dentro del grupo de sus seguidores es olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir (domingos anteriores: ser los últimos y servidores de todos, perder la vida, coger la cruz…) colaborando juntos en su proyecto de hacer un mundo más humano. No es fácil. A veces, en vez de ayudar a otros creyentes, les podemos hacer daño. Es lo que preocupa a Jesús, que entre los suyos haya quien “escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen”. Que entre los cristianos, haya personas que, con su manera de actuar, hagan daño a creyentes más débiles, y los desvíen del mensaje y el proyecto de Jesús.

Jesús emplea imágenes extremadamente duras para que cada uno extirpe de su vida aquello que se opone al estilo de entender y vivir la vida evangélica. Está en juego “entrar en el reino de Dios” o quedar excluido.

El lenguaje de Jesús es metafórico, nos habla de la totalidad del ser humano, el “cuerpo” era visto como símbolo de la dimensión comunitaria (1Cor 12). Así la metáfora serviría para justificar la exclusión de un miembro de la comunidad cuando podía hacer caer en pecado a toda ella (1Cor 5):

  1. La “mano” es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar, acariciar, tocar a los excluidos. Es malo usarlas para herir, golpear, someter o humillar. Si es así, renuncia a tus manos, porque va en contra del estilo de Jesús.
  2. Los “pies”. Jesús siempre estaba en camino, recorría pueblos y ciudades para anunciar a Dios, su camino era de entrega y servicio. Caminaba para estar cerca de los más necesitados, para buscar a los que vivían perdidos. Abandona los caminos errados que no ayudan a nadie a seguir a Jesús.
  3. Los “ojos” representan los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miramos a las personas con el amor y la ternura con las que miraba Jesús, incluso a aquellos que no le siguen (joven rico), terminaremos pensando solo en nuestro propio interés. “Si tu ojo te induce a pecar, sácatelo” y aprende a mirar la vida de manera más evangélica.

Dios es más grande que nosotros y actúa más allá de los límites que le queremos marcar. Debemos abrir nuestro corazón al poder de su misericordia que supera toda frontera humana y que nos exige vivir en coherencia con su amor infinito.

Los cristianos debemos hacer opciones que aseguren la fidelidad a Jesús, para que su proyecto se abra camino en el mundo. Por eso, Jesús es tan poco exigente con los de fuera, pero tan radical con los que le siguen. Porque un discípulo debe aspirar a identificarse en todo con su maestro.

ACTUALIZAMOS

  1. “Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor…”

¿Cuáles son tus actitudes para favorecer que toda tu comunidad se abra al Espíritu y lo irradie?

  1. “Quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí”.

¿Reconoces a Dios en las personas que hacen el bien?

¿Puedes identificar cuáles son las barreras, condiciones o exclusiones que pones para la fraternidad y la misión?

  1. “El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen…”

¿Reconoces y respetas la fe de los sencillos?

¿Eres consciente de las repercusiones de tus actos sobre los demás?

  1. “Si tu mano te induce a pecar, córtatela”.

¿Tienes libertad interior para desprenderte de todo aquello que te impide seguir a Jesús?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXV

Lectura del libro de la Sabiduría 2,12. 17-20

Se decían los impíos:

«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida.

Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte.

Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos.

Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia.

Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará».

Salmo 53, 3-4. 5. 6 y 8

R./ El Señor sostiene mi vida.

Oh, Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh, Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R./

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R./

Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3,16 – 4,3

Queridos hermanos:

Donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.

En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.

El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.

¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis; asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.

Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9,30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía:

«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:

«¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

 COMENTARIO

El Evangelio de la liturgia de hoy (Mc 9,30-37) nos cuenta que, de camino a Jerusalén, los discípulos de Jesús discutían sobre quién «era el más grande entre ellos» (v. 34). Entonces Jesús les habló de forma contundente, que también se aplica a nosotros hoy: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (v. 35). Si quieres ser el primero, tienes que ir al final de la fila, ser el último y servir a todos. Con esta frase lapidaria, el Señor inaugura una inversión: da un vuelco a los criterios que marcan lo que realmente cuenta. El valor de una persona ya no depende del papel que desempeña, del éxito que tiene, del trabajo que hace, del dinero que tiene en el banco; no, no depende de eso; la grandeza y el éxito, a los ojos de Dios, tienen otro rasero: se miden por el servicio. No por lo que se tiene, sino por lo que se da. ¿Quieres sobresalir? Sirve. Este es el camino.

Hoy en día la palabra “servicio” parece un poco descolorida, desgastada por el uso. Pero en el Evangelio tiene un significado preciso y concreto. Servir no es una expresión de cortesía: es hacer como Jesús, que, resumiendo su vida en pocas palabras, dijo que había venido «no a ser servido, sino a servir» (Mc 10,45). Así dijo el Señor. Por eso, si queremos seguir a Jesús, debemos recorrer el camino que Él mismo ha trazado, el camino del servicio. Nuestra fidelidad al Señor depende de nuestra disponibilidad a servir. Y esto cuesta, lo sabemos, porque “sabe a cruz”. Pero a medida que crecemos en el cuidado y la disponibilidad hacia los demás, nos volvemos más libres por dentro, más parecidos a Jesús. Cuanto más servimos, más sentimos la presencia de Dios. Sobre todo cuando servimos a los que no tienen nada que devolvernos, los pobres, abrazando sus dificultades y necesidades con la tierna compasión: y ahí descubrimos que a su vez somos amados y abrazados por Dios. (Papa Francisco, 19-09-2021)

COMPRENDER EL TEXTO

El domingo pasado el evangelio de Marcos comenzó a anunciar la pasión y a instruir a los discípulos, a la par se iniciaba un desvelamiento del auténtico rostro de Jesús como Mesías. Hoy nos encontramos con el segundo anuncio de la pasión y una nueva instrucción.

Jesús comienza a hablar con mayor claridad. Ahora ya no es Pedro solo, sino todos los discípulos quienes no comprenden. Pedro ansiaba un Mesías político, los doce querían ocupar un puesto importante en este Reino que Jesús quería instaurar.

De nuevo, ante un malentendido de los discípulos, una instrucción de Jesús sobre quién es el mayor en este Reino inaugurado por él. Es una instrucción con un gesto en el centro. Se trata de una revelación de la dignidad eminente del pequeño y de la grandeza del servidor. Jesús que se manifiesta Mesías por los caminos del sufrimiento, la muerte y la resurrección, trae consigo una inversión de los valores.

Los discípulos “no entendían lo que decía” Jesús. Es curioso, que la incomprensión, lejos de ir desapareciendo, aumenta conforme se va desvelando el verdadero rostro del Mesías-Jesús. Culminará con el abandono en los días de la pasión. Cuanto más escuchan menos entienden, cuando más avanzan con Jesús menos le siguen.

Los últimos domingos hemos contemplado a los discípulos sumergidos en una crisis de fe. Jesús, dice el evangelio del domingo pasado, “se lo explicaba con toda claridad” (Mc 8,32). Pero a pesar de eso, no terminaban de comprender (Mc 9,32). A nosotros nos puede suceder lo mismo: el Señor nos indica un camino y nosotros nos dedicamos a discutir de otros asuntos contrarios a lo que Jesús nos dice.

ACTUALIZAMOS

Todos nosotros nos podemos ver reflejados en la experiencia de los discípulos. Nuestras vidas de cristianos, nuestro seguimiento, está lleno de claroscuros, luces y sombras, incomprensiones… Nos cuesta entender que la presencia y bendición de Dios pasa por la entrega y el sufrimiento.

  1. En mi vida de fe:

¿Por qué caminos busco el rostro de Jesús?

¿Qué rostro de Dios y de Jesús se revelan en este evangelio?

  1. “Que sea el último de todos y el servidor de todos”. Estas palabras,

¿A qué me comprometen concretamente en las actuales circunstancias de mi vida?

  1. “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.

¿Realmente espero encontrar el rostro de Dios y construir su Reino a través del camino por el que transcurre actualmente mi vida?

ORAR CON EL TEXTO

La humildad y el servicio no son dos valores que gocen de gran aprecio en nuestra sociedad. Solo se pueden comprender desde una vida en la que la oración y la contemplación sean frecuentes.

Que ningún aire de orgullo se manifieste entre vosotros, sino que la simplicidad, la armonía y la actitud sencilla forjen la comunidad. Y que cada uno se persuada no solo de que no es superior al hermano que vive con él, sino que no es superior a ningún hombre.

Cuando hayas entendido todo esto serás en verdad discípulo de Cristo.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIV

Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?

Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará?

Que se acerque.

Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?

Salmo 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9

R./ Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R./

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida». R./

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R./

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de los vivos. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?

Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?

Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.

Pero alguno dirá:

«Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le contestaron:

«Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»

Tomando la palabra Pedro le dijo:

«Tú eres el Mesías».

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.

Y empezó a instruirlos:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:

«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?».

COMENTARIO

El evangelio de hoy inicia una intensa instrucción a los discípulos. Jesús ha desvelado poco a poco su verdadero rostro. Es el Mesías, pero su mesianismo pasa por el sufrimiento, la condena y la muerte. Y este camino de cruz hay que recorrerlo. El profeta Isaías así lo canta, hablando del siervo de Yahvé, que personifica el aparente fracaso que ahora anuncia Jesús a sus discípulos.

Al mismo tiempo que Jesús muestra su verdadero rostro, los discípulos descubren las exigencias de su seguimiento: creer, como también apunta Santiago, es aceptar un compromiso vital que lleva a dar incluso la vida por seguir al Señor.

COMPRENDER EL TEXTO

Este texto se sitúa en el centro del evangelio de Marcos, colocado entre las dos grandes etapas de la actividad de Jesús y en él aparece la pregunta que el evangelista quiere hacer a sus lectores, la misma que él intenta responder relatando lo que Jesús hizo y dijo.

  • Marcos nos plantea las dos cuestiones que subyacen en su evangelio: Quién es Jesús y en qué consiste ser su discípulo. Las preguntas se plantean abiertamente y es Pedro quien responde como portavoz del grupo.
  • La respuesta de Pedro parece irreprochable porque confiesa a Jesús como Mesías, como aquél que lleva a su cumplimiento todas las esperanzas de Israel. Por eso sorprende la respuesta de Jesús que prohíbe que hablen acerca de él. Esta reacción de Jesús indica que sus discípulos aún no pueden responder a la pregunta planteada. Por eso es necesaria una nueva instrucción, una nueva enseñanza.
  • Jesús no habla de un reino que irrumpe con poder en el mundo, sino de su muerte en la cruz; tampoco les habla en parábolas, sino que les habla abiertamente. Por eso podríamos hablar de novedad, tanto en el tono, como en el contenido de sus palabras.
  • En esta instrucción, la primera de las 3 que tendrá lugar camino de Jerusalén, presenta su muerte como algo que responde al designio de Dios y que se opone a las expectativas triunfalistas de Pedro.
  • Pedro no puede aceptar un Mesías que tenga que padecer en la cruz, por eso increpa a Jesús, por eso Jesús, usando el mismo tono, le dice: “Ponte detrás de mí, Satanás”. Al increpar a Jesús para que abandone el camino de la cruz, Pedro ha olvidado el puesto de discípulo (detrás de Jesús) y se ha convertido en tentador (Satanás).
  • Pero las palabras de Jesús a Pedro, no se quedan en el reproche. El maestro reúne a la gente y a sus discípulos haciendo una nueva llamada al seguimiento. Hasta ahora les había pedido que lo acompañaran compartiendo su estilo de vida y su misión; ahora les pide dar un paso más, identificarse con él hasta compartir su destino. El objetivo ya no es un proyecto, sino el mismo Jesús, hacerse esclavos de los demás, “perder la vida”, cargar con la cruz, quedarse sólo con Jesús, abandonados como él a la voluntad del Padre.

ACTUALIZAMOS

Este relato de Marcos ilumina a un tiempo el rostro de Jesús y el camino del discipulado. Todos podemos analizar por donde van nuestros pasos a la luz del evangelio que hemos proclamado.

  1. Fe:

A pesar de la crisis vocacional que están atravesando Pedro y sus discípulos, Jesús les vuelve a llamar y les pide que se identifiquen con él. ¿Cómo nos ayuda este pasaje a profundizar en el conocimiento de Jesús y a impulsar nuestra relación con él?

Pedro quiere afrontar su seguimiento desde criterios humanos (Mesías vencedor) y no desde las categorías de Dios (muerte en la cruz). ¿Esto es algo que sólo pasa a Pedro?

  1. Caridad:

Pedro superó su crisis de fe y esto le llevó a un compromiso purificado, dio su vida y murió crucificado. ¿Qué aspectos de mi compromiso cristiano purifica este pasaje?

“Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Palabras muy duras a los oídos de nuestro tiempo. ¿Cómo vivo en esta dinámica tan provocativa y exigente hoy?

  1. Esperanza:

“El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. ¿Estas palabras son para mí motivo de esperanza e impulso en mi compromiso?

ORAR CON EL TEXTO

Jesús ha dado un sentido nuevo al camino del seguimiento. A partir de ahora, sabemos que seguirle no es sólo un proyecto, sino sobre todo identificarse con él, llegando, si es preciso, hasta la cruz. Como los primeros discípulos tenemos dificultades para entenderlo y necesitamos que Dios abra nuestros ojos. Suplicarle como Bartimeo: “¡Señor, que vea!”

LECTIO DIVINA – NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA – 8 DE SEPTIEMBRE

Lectura del profeta Miqueas 5, 1-5

Y tú, Belén de Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel. Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra. Él mismo será la paz, y cuando Asiria invada nuestro país, cuando ande por nuestros palacios, alzaremos contra él siete pastores, alzaremos ocho guerreros. Pastorearán Asiria con la espada, la tierra de Nimrod con el puñal; nos salvará de Asiria, que invadió nuestro país, que atravesó nuestras fronteras.

Salmo 12, 6ab. 6cd

R./ Desbordo de gozo con el Señor.

Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio. R./

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos: Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-23

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». 

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

5,1-5 Venida del rey mesiánico. El Señor va a suscitar un nuevo rey mesiánico, del que el profeta subraya los orígenes humildes (Belén, el más pequeño de los clanes de Judá), el entronque dinástico con David (orígenes antiguos, días de antaño), el pastoreo según el Señor (con la fuerza del Señor, en su nombre), su carácter pacificador (reunión de los dispersos, vida segura y tranquila, nombre del rey esperado: él mismo será la paz) y su actividad liberadora (el será quien nos libre de Asiria). Mt 2,5-6 ve cumplida plenamente esta profecía en el nacimiento de Jesús.

Carta del apóstol san Pablo. En cuanto a Romanos 8, 28-30, que nadie descubra en estos versículos una afirmación restrictiva del proyecto salvador de Dios. Dicho proyecto está abierto a todo el que quiera acogerlo. Lo que Pablo subraya es que se trata de don gratuito y no de acontecimiento casual. Y si hasta la misma glorificación futura es expresada por un verbo en pasado, ello se debe a que desde el punto de vista de Dios la salvación está totalmente asegurada.

Evangelio según san Mateo 1, 18-23. Nacimiento de Jesús. En este pasaje desarrolla Mateo lo que había insinuado en Mt 1,16 y trata de explicar cómo Jesús, nacido de manera misteriosa de María, forma parte del linaje de David y de Abrahán a través de José, que lo adopta como hijo.

La relación que existe entre María y José (Mt 1,18-19) implicaba un compromiso matrimonial estable, hasta el punto de que si la pareja tenía un hijo, éste era considerado hijo legítimo de ambos. Era una unión que sólo podía disolverse con el divorcio, y la ley de Moisés consideraba la infidelidad de la prometida una ofensa semejante a la infidelidad de la esposa (Dt 22,23-27). José, al conocer la noticia de que María está embarazada sin intervención suya, decide no delatarla, pues si lo hubiera hecho, ella habría sido juzgada como adúltera. Sin saberlo, José actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, y por eso se dice de él que era justo. Esta justicia de José está más cerca de la actitud de obediencia a la voluntad de Dios que aparece repetidamente en este evangelio, que de la idea legalista que los judíos tenían de ella.

El anuncio del ángel a José (Mt 1,20-24) sigue el esquema de los relatos del AT (véase Jue 13) en los que se anuncia el nacimiento de un personaje famoso: a) el anuncio está rodeado de signos divinos: ángel del Señor, sueño; b) que provocan miedo o estupor: no temas; c) el mensajero divino anuncia cuál será el nombre y la misión del niño que va a nacer: salvará a su pueblo; d) se da un signo que confirma el anuncio: cumplimiento de las Escrituras. Lucas se sirve de este mismo esquema para anunciar el nacimiento de Juan (Lc 1,5-25) y de Jesús (Lc 1,26-38). La función de estos anuncios es vincular a dicho personaje, ya desde su nacimiento, con el proyecto divino.

En la anunciación a José se hace una completa presentación de Jesús. En primer lugar se afirma su origen divino: viene del Espíritu Santo. Después se anuncia cuál será su misión a través del nombre que su padre adoptivo le impone por mandato de Dios: Jesús significa «Dios salva», y la misión de Jesús será, precisamente, salvar a su pueblo de los pecados (Mt 1,21). También la referencia a Is 7,14 (Mt 1,22-23), que ocupa un lugar muy importante en el relato, está orientada a esta presentación de Jesús. Esta es la primera de una serie de citas introducidas con una misma fórmula: todo esto sucedió… Todas estas citas son propias de Mateo y subrayan algunos aspectos importantes de su teología. En este caso sirve para expresar la convicción de que el Mesías salvador que va a nacer estará siempre presente en medio su Iglesia (véase Mt 18,20; 28,20).

La figura de José es también muy importante en este relato y en todo el evangelio de la infancia de Mateo. El ángel se dirige a él como hijo de David (Mt 1,20), para pedirle que reciba a María y al niño poniéndole un nombre. La imposición del nombre (Mt 1,21.25) es el rito a través del cual José recibe a Jesús como hijo. Mateo insiste en este detalle, porque en la antigüedad un niño no pasaba a formar parte de la descendencia paterna hasta que había sido reconocido por su padre o adoptado. Jesús entra en la descendencia de David y de Abrahán gracias a la actitud obediente de José, el cual, actuando de esta forma, aparece no sólo como modelo de judío fiel a la ley, sino también como modelo de cristiano obediente a la voluntad de Dios. No es difícil que los judíos que habían acogido el evangelio y formaban parte de la comunidad de Mateo se vieran representados en él.

ACTUALIZAMOS

  1. “Él mismo será la paz”

¿Buscas y acoges la paz que te da Dios en medio de las dificultades?

  1. “… a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo”

Estamos hechos a imagen de Dios. En las relaciones con los demás, cuando amas, quieres y eres misericordioso ¿sabes que puedes ser imagen de Dios y reproducir la imagen de su Hijo?

  1. “Él salvará a su pueblo de sus pecados” 

¿Me siento salvado por Dios, siento su misericordia en mi vida?

ORAMOS CON EL MAGNIFICAT

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.

Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

COMENTARIO AL MAGNIFICAT

El primer movimiento del cántico mariano (cf. Lc 1, 46-50) es una especie de voz solista que se eleva hacia el cielo para llegar hasta el Señor. Escuchamos precisamente la voz de la Virgen que habla así de su Salvador, que ha hecho obras grandes en su alma y en su cuerpo. En efecto, conviene notar que el cántico está compuesto en primera persona: «Mi alma… Mi espíritu… Mi Salvador… Me felicitarán… Ha hecho obras grandes por mí…». Así pues, el alma de la oración es la celebración de la gracia divina, que ha irrumpido en el corazón y en la existencia de María, convirtiéndola en la Madre del Señor.

La estructura íntima de su canto orante es, por consiguiente, la alabanza, la acción de gracias, la alegría, fruto de la gratitud. Pero este testimonio personal no es solitario e intimista, puramente individualista, porque la Virgen Madre es consciente de que tiene una misión que desempeñar en favor de la humanidad y de que su historia personal se inserta en la historia de la salvación. Así puede decir:  «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (v. 50). Con esta alabanza al Señor, la Virgen se hace portavoz de todas las criaturas redimidas, que, en su «fiat» y así en la figura de Jesús nacido de la Virgen, encuentran la misericordia de Dios.

En este punto se desarrolla el segundo movimiento poético y espiritual del Magníficat (cf. vv. 51-55). Tiene una índole más coral, como si a la voz de María se uniera la de la comunidad de los fieles que celebran las sorprendentes elecciones de Dios. En el original griego, el evangelio de san Lucas tiene siete verbos en aoristo, que indican otras tantas acciones que el Señor realiza de modo permanente en la historia: «Hace proezas…; dispersa a los soberbios…; derriba del trono a los poderosos…; enaltece a los humildes…; a los hambrientos los colma de bienes…; a los ricos los despide vacíos…; auxilia a Israel».

En estas siete acciones divinas es evidente el «estilo» en el que el Señor de la historia inspira su comportamiento: se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan «los soberbios, los poderosos y los ricos». Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final, para mostrar quiénes son los verdaderos predilectos de Dios:  «Los que le temen», fieles a su palabra, «los humildes, los que tienen hambre, Israel su siervo», es decir, la comunidad del pueblo de Dios que, como María, está formada por los que son «pobres», puros y sencillos de corazón. Se trata del «pequeño rebaño», invitado a no temer, porque al Padre le ha complacido darle su reino (cf. Lc 12, 32). Así, este cántico nos invita a unirnos a este pequeño rebaño, a ser realmente miembros del pueblo de Dios con pureza y sencillez de corazón, con amor a Dios. (Papa Francisco, 15-02-2006)

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXII

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

No añadáis nada a lo que yo os mando ni suprimáis nada; observaréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy.

Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:

“Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.

Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?

Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?».

Salmo 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5

R./ Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R./

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R./

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 1, 16b-18. 21b-22. 27

Mis queridos hermanos:

Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.

Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.

Acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.

Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos.

La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Y los fariseos y los escribas le preguntaron:

«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».

Él les contestó:

«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:

«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

COMENTARIO

Este domingo reanudamos la lectura del Evangelio de Marcos. En el pasaje de hoy (Mc 7,1-8.14-15.21-23), Jesús aborda un tema importante para todos nosotros, los creyentes, la autenticidad de nuestra obediencia a la Palabra de Dios, contra toda contaminación mundana o formalismo legalista. La historia comienza con la objeción que los escribas y los fariseos plantean a Jesús, acusando a sus discípulos de no seguir los preceptos rituales según las tradiciones. De esta manera, los interlocutores intentan socavar la confiabilidad y la autoridad de Jesús como Maestro porque decían: «Pero este maestro deja que los discípulos no cumplan los preceptos de la tradición». Pero Jesús replica con fuerza y replica diciendo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de los hombres”» (versículos 6-7). Así dice Jesús. ¡Palabras claras y fuertes! Hipócrita es, por así decirlo, uno de los adjetivos más fuertes que usa Jesús en el Evangelio y lo pronuncia dirigiéndose a los maestros de la religión: doctores de la ley, escribas… «Hipócrita», dice Jesús.

De hecho, Jesús quiere sacudir a los escribas y los fariseos del error en el que han caído, y ¿cuál es este error? El de alterar la voluntad de Dios, descuidando sus mandamientos para observar las tradiciones humanas. La reacción de Jesús es severa porque está en juego algo muy grande: se trata de la verdad de la relación entre el hombre y Dios, de la autenticidad de la vida religiosa. El hipócrita es un mentiroso, no es auténtico.

También hoy el Señor nos invita a huir del peligro de dar más importancia a la forma que a la sustancia. Se nos llama a reconocer, una y otra vez, lo que es el verdadero centro de la experiencia de la fe, es decir, el amor de Dios y el amor al prójimo, purificándola de la hipocresía del legalismo y el ritualismo.

El mensaje del Evangelio de hoy está reforzado por la voz del apóstol Santiago que nos dice, en síntesis, cómo debe ser la verdadera religión, y dice así: La verdadera religión es «visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo» (v. 27).

«Visitar a los huérfanos y a las viudas» significa practicar la caridad hacia los demás, comenzando por los más necesitados, los más frágiles, los más marginales. Son las personas de las que Dios cuida de una forma especial y nos pide que hagamos lo mismo.

«No dejarse contaminar por este mundo» no significa aislarse y cerrarse a la realidad. No. Tampoco aquí se trata de una actitud exterior, sino interior, de sustancia: significa vigilar para que nuestra forma de pensar y actuar no esté contaminada por la mentalidad mundana, es decir, por la vanidad, la avaricia, la soberbia. En realidad, un hombre o una mujer que vive en la vanidad, en la avaricia, en la soberbia y al mismo tiempo cree y se muestra como religioso y llega incluso a condenar a los demás, es un hipócrita. (Papa Francisco, 02-09-2018)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8. Exhortación de Moisés. La expresión: y ahora, Israel… con que se abre Dt 4 tiene la función de enlazar esta sección con la precedente, de mostrar que el compromiso que ahora se le pide a Israel se apoya en los acontecimientos históricos anteriormente expuestos. […]

Las fórmulas de Dt 4,1, referentes a la observancia de la ley y a la posesión y disfrute de la tierra, se corresponden con las del último versículo de esta sección (véase Dt 4,40). Ambos temas, el de la ley y el de la tierra, son centrales en la teología del Deuteronomio, si bien se matizan de distinta forma en unos textos y en otros. En las secciones más tardías, entre las que se cuenta justamente este capítulo, la conquista de la tierra aparece condicionada a la observancia de la ley.

Carta del apóstol Santiago 1, 16b-18. 21b-22. 27

Dios es dador sólo de bienes, no de males, es generador de vida, no de muerte […].

A partir de Sant 1,18 la palabra es protagonista. La palabra creadora y salvadora de Dios transforma al hombre convirtiéndolo en primicia de las criaturas. La escucha activa de esta palabra de Dios revela al hombre su identidad más profunda y constituye el camino de la auténtica felicidad. La exhortación de Santiago exige dos actitudes básicas también en nuestro tiempo: la disponibilidad para escuchar y acoger la palabra; sobre todo, la palabra de la salvación injertada en nosotros; y la audacia para ponerla en práctica. Esta palabra se identifica con la ley perfecta, la libertad (Sant 1,25), es el mensaje del evangelio por el que los bautizados han nacido a una vida nueva.

En medio de la sobreabundancia de palabras de nuestra sociedad esta carta actualiza un nuevo valor: la escucha; y frente a la superficialidad pasajera de tanta palabrería la propuesta de tomarnos muy en serio la palabra salvífica. Poner en práctica esta palabra implica, por tanto, la ruptura con todo tipo de ambición, de ira o de maldad y requiere la integridad de una conducta que corresponda a la identidad de hijos de Dios (Sant 1,18).

[…]

Frente a una religiosidad inoperante y muerta, Santiago describe la religión auténtica según Dios Padre: atender a los marginados e indefensos, de los cuales eran prototipo desde el Antiguo Testamento los huérfanos y las viudas (véase Eclo 4,10). El culto realmente agradable a Dios es el amor al prójimo. La distancia respecto al mundo no debe entenderse como una huida del mundo porque éste sea malo en sí mismo, sino en cuanto éste se encuentra regido por la ambición, la riqueza, las apariencias, valores opuestos a la palabra de la verdad, en la que los cristianos han sido engendrados para una vida nueva.

Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23. Reuniéndose de nuevo la gente en torno a él, se abre el segundo ciclo de la “sección de los panes” (Mc 7,1-37). El milagro de la multiplicación ha inundado el aire con la fragancia del pan. La llegada de los maestros de la ley y los fariseos trae, sin embargo, el hedor del legalismo más mezquino. Parece como si las manos de Jesús, de los discípulos y de las cinco mil personas saciadas olieran todavía a pan, mientras que las de los maestros de la ley y los fariseos, debidamente lavadas y purificadas, despidieran un olor nauseabundo. Sin coraje para enfrentarse directamente con Jesús o con la gente, escogen a los discípulos como blanco de sus críticas. ¿Por qué no siguen la tradición de los antepasados? Jesús pasa decididamente al contraataque.

Argumentando desde la Escritura (Mc 7,6-8) y desde la praxis (Mc 7,9-13), Jesús pone de manifiesto la hipocresía de la observancia legalista judía y concluye con una instrucción a la muchedumbre mediante unas palabras que constituyen una de las sentencias morales más importantes de toda la historia de la humanidad (Mc 7,15). Ella establece el principio decisivo de la auténtica moralidad, una moralidad anclada no en una piedad meramente externa y ritualista, sino en el corazón y en la decisión consciente del hombre.

ACTUALIZAMOS

  1. “Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos”

¿Escuchas la Palabra de Dios, meditas y haces oración?

¿La pones en práctica para hacer su voluntad?

  1. “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.”

¿Eres coherente con las palabras que dices y con las obras y actos que realizas?

¿Procuras vivir en autenticidad, siendo sincero ante Dios y contigo mismo, y verdadero en la relación con los demás?

¿Te quedas en la exterioridad de lo religioso o buscas llegar a lo esencial en la relación con Dios y en lo que te pide?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXII

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido.

He sido a diario el hazmerreír, todo el mundo se burlaba de mí.

Cuando hablo, tengo que gritar, proclamar violencia y destrucción.

La palabra del Señor me ha servido de oprobio y desprecio a diario.

Pensé en olvidarme del asunto y dije:

«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos.

Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

R./ Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R./

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R./

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R./

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo.
Mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.

Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a sus discípulos:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

COMENTARIO

El compromiso de «tomar la cruz» se convierte en participación con Cristo en la salvación del mundo. Pensando en esto, hagamos que la cruz colgada en la pared de casa, o esa pequeña que llevamos al cuello, sea signo de nuestro deseo de unirnos a Cristo en el servir con amor a los hermanos, especialmente a los más pequeños y frágiles. La cruz es signo santo del Amor de Dios, es signo del Sacrificio de Jesús, y no debe ser reducida a objeto supersticioso o joya ornamental. (Papa Francisco 30-08-2020).

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el libro de Jeremías, Jer 20,7-9 es una queja dirigida a Dios. La secuencia «seducir-violentar-poder» expresa una acción de fuerza, a base de engaño, similar a la que se cuenta de los enemigos de Jeremías (Jr 20,10). [….] El profeta se queja de tener que predicar lo que no le gusta, de ser por ello objeto de burla y de no poder dejar de hablar. La misión profética es connatural a su personalidad.

En la lectura de san Pablo a los Romanos los dos primeros versículos de este pasaje se presentan como puente entre lo que precede y lo que sigue. Por una parte se subraya la relación con la enseñanza de los capítulos anteriores, por otra se resume el contenido de los siguientes. Los imperativos comienzan a sustituir a los indicativos. Pablo se dirige a los romanos con autoridad: no sólo como hermano, sino también como apóstol. Exhorta, ruega, anima. En primer lugar invita a mantener una distancia crítica con respecto al mundo. El adjetivo utilizado por el texto griego en Rom 12,1 para referirse al culto, ha sido diversamente traducido: culto espiritual, culto razonable. En realidad es un adjetivo que ha sido empleado con frecuencia por autores tanto judíos como griegos para designar el verdadero culto, el culto que compromete al hombre entero en oposición a un culto meramente exterior y formalista. Esto no significa la eliminación del culto corporal. Al contrario, lo supone; pero sólo será legítimo si está penetrado por el Espíritu. Por lo demás, Pablo pide un cambio de corazones, una profunda renovación interior para poder distinguir cuál es la voluntad de Dios. Eso significa que la voluntad de Dios no siempre es algo obvio; con frecuencia estará escondida en los complicados pliegues de la existencia cotidiana y tendremos que descubrirla a base de un esfuerzo inteligente, desinteresado y fiel.

Lectura del Evangelio según san Mateo. 16,21-23. Primer anuncio de la pasión. El reconocimiento de Jesús como Mesías e Hijo de Dios y la convocación de la Iglesia en torno a Pedro (Mt 16,13-20) crean el ámbito para que Jesús comience a manifestar a sus discípulos con claridad que su camino hacia la resurrección pasa por el sufrimiento y la muerte. La actitud de oposición a Jesús no es nueva en el evangelio, pero ahora el planteamiento es más sistemático, de modo que este primer anuncio de su pasión y los dos que le siguen más adelante apuntan ya hacia el final del evangelio, donde la pasión y muerte de Jesús se narran con detalle.

La reacción de Pedro (Mt 16,22-23) muestra que su comprensión del misterio de Jesús es aún imperfecta, a pesar de su confesión de fe en Jesús como Hijo de Dios (Mt 16,16). Es cierto que Dios le ha concedido una revelación especial (Mt 16,17), pero todavía ve en Jesús a un Mesías glorioso, según las expectativas de su tiempo. Jesús rechaza su actitud, porque, al pedirle que abandone el camino de la cruz, Pedro se ha convertido en un obstáculo que le impide avanzar. Las palabras de Pedro, como las de Satanás, pretenden impedir que Jesús realice su vocación de Hijo obediente a la voluntad del Padre (Mt 4,1-11). Pedro es todavía un discípulo imperfecto.

La respuesta de Jesús a Pedro no es el rechazo, como interpretan muchos al traducir: apártate de mí, sino una invitación. Jesús le repite las palabras que le dirigió cuando le llamó para ser discípulo suyo (Mt 4,18-22): Ponte detrás de mí, es decir, vuelve a ocupar el puesto de discípulo, sígueme y camina por la senda que mis pasos van marcando. Pedro ha tenido la osadía de ponerse frente a Jesús para obstaculizar su camino, porque la cruz le resulta escandalosa (véase 1 Cor 1,22-23), y Jesús quiere hacerle ver que el lugar del discípulo no está frente a él, sino detrás de él, camino de la cruz.

16,24-27 Instrucciones sobre el discipulado. Esta instrucción sobre las actitudes propias del discípulo comienza con las mismas palabras que Jesús ha utilizado para provocar en Pedro un cambio de actitud: Si alguno quiere venir detrás de mí, pero esta vez se dirigen a todos los discípulos, para explicarles las exigencias del seguimiento.

La invitación a tomar la cruz y a negarse a sí mismo se encuentra en otro lugar del evangelio, referida a la oposición y la persecución que trae consigo el anuncio del evangelio. Aquí, sin embargo, esta misma exhortación aparece como una condición del seguimiento. Seguir a Jesús significa, ante todo, negarse a sí mismo y tomar la cruz, o lo que es lo mismo, perder la propia vida para encontrarla en plenitud. Tomar la cruz es una expresión que utilizaron mucho los primeros cristianos para expresar su unión con Jesús en su muerte y resurrección. Esto ha hecho pensar a algunos que dicha expresión ha sido inventada por las primeras comunidades cristianas. Sin embargo, parece bastante probable que el mismo Jesús se refiriera a la cruz como símbolo del sufrimiento que tienen que afrontar sus discípulos. Tal vez lo que hicieron los primeros cristianos fue dar a esta expresión un sentido más pleno, relacionándola con el misterio de la pascua de Jesús.

ACTUALIZAMOS

  1. «…que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.»

¿Intentas discernir cuál es la voluntad de Dios para ti?

  1. «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.»

¿Te pones detrás de Jesús para seguirle?

¿Aceptas la cruz que hay en tu vida?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXI

Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b

En aquellos días, Josué reunió todas las tribus de Israel en Siquén y llamó a los ancianos de Israel, a los jefes, a los jueces y a los magistrados.

Y se presentaron ante Dios.

Josué dijo a todo el pueblo:

«Si os resulta duro servir al Señor, elegid hoy a quién queréis servir: si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis; que yo y mi casa serviremos al Señor».

El pueblo respondió:

«¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! Porque el Señor nuestro Dios es quien nos sacó, a nosotros y a nuestros padres, de Egipto, de la casa de la esclavitud; y quien hizo ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios y nos guardó en todo nuestro peregrinar y entre todos los pueblos por los que atravesamos.

También nosotros serviremos al Señor, ¡porque él es nuestro Dios!».

Salmo 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23

R./ Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R./

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R./

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R./

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará. R./

La maldad da muerte al malvado,
los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 21-32

Hermanos:

Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.

Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.

Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».

Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron:

«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».

Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen».

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.

Y dijo:

«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

«¿También vosotros queréis marcharos?».

Simón Pedro le contestó:

«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

COMENTARIO

El Evangelio de la liturgia de hoy (Jn 6, 60-69) nos muestra la reacción de la multitud y de los discípulos al discurso de Jesús después del milagro de los panes. Jesús nos ha invitado a interpretar ese signo y a creer en Él, que es el verdadero pan bajado del cielo, el pan de vida; y ha revelado que el pan que Él dará es su carne y su sangre. Estas palabras suenan duras e incomprensibles a los oídos de la gente, tanto que, a partir de ese momento –dice el Evangelio–, muchos discípulos se vuelven atrás, es decir, dejan de seguir al Maestro (vv. 60.66).  Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». (v. 67), y Pedro, en nombre de todo el grupo, confirma la decisión de estar con Él: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,68-69). Y es una hermosa confesión de fe.

Detengámonos brevemente en la actitud de quienes se retiran y deciden no seguir más a Jesús ¿De dónde surge esta incredulidad? ¿Cuál es el motivo de este rechazo?

Las palabras de Jesús suscitan un gran escándalo. Nos está diciendo que Dios ha elegido manifestarse y realizar la salvación en la debilidad de la carne humana. Es el misterio de la encarnación. La encarnación de Dios es lo que causa escándalo y lo que para esas personas, pero a menudo también para nosotros, representa un obstáculo. De hecho, Jesús afirma que el verdadero pan de salvación, el que transmite la vida eterna, es su propia carne; que para entrar en comunión con Dios, antes que observar las leyes o cumplir los preceptos religiosos, es necesario vivir una relación real y concreta con Él. Porque la salvación ha venido por Él, en su encarnación. Esto significa que no debemos buscar a Dios en sueños e imágenes de grandeza y poder, sino que debemos reconocerlo en la humanidad de Jesús y, por consiguiente, en la de los hermanos y hermanas que encontramos en el camino de la vida. Y cuando decimos esto, en el Credo, el día de Navidad, el día de la anunciación, nos arrodillamos para adorar este misterio de la encarnación. Dios se hizo carne y sangre: se rebajó a ser hombre como nosotros, se humilló hasta asumir nuestros sufrimientos y nuestro pecado, y, por tanto, nos pide que no lo busquemos fuera de la vida y de la historia, sino en la relación con Cristo y con los hermanos. Buscarlo en la vida, en la historia, en nuestra vida cotidiana. Y este, hermanos y hermanas, es el camino para el encuentro con Dios: la relación con Cristo y los hermanos. (Papa Francisco, 22-08-2021)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b. Josué reúne a todas las tribus en Siquén, ante Dios, es decir, en el santuario. […]

Recordada la historia, saca la consecuencia para el presente y el futuro: Temed al Señor y servidle con fidelidad, lo que supone la retirada de los dioses a los que sirvieron los padres en Mesopotamia y en Egipto. Esto es más sorprendente todavía. Los padres habían servido a otros dioses no sólo en Mesopotamia; ¡también en Egipto!  Mas aún, puesto que habla de retirar esos dioses, es que hasta ese momento les seguían dando culto. […]

Josué busca un compromiso bien definido, que no admitía interpretaciones ni rebajas. Busca también un compromiso solemne, que se recuerde para siempre: hay que elegir entre servir al Señor, con todas las consecuencias, o servir a los dioses de Mesopotamia o a los dioses de los amorreos, también con todas las consecuencias. Y sin poder volverse atrás. Josué y su familia ya han optado por el Señor. La respuesta es la esperada: el compromiso de servir, no a ningún otro Dios, sino al Señor, porque él es nuestro Dios. No pueden ser infieles a quien ha hecho tanto por ellos.

Carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 21-32 Los esposos. La sección Ef 5,21-6.9 contiene una serie de consejos para cada uno de los componentes de la familia cristiana. Se extiende sobre todo en los deberes de los esposos, seguramente porque ve en su unión una figura de la unión de Cristo con la Iglesia, tema éste fundamental en la teología de la carta.

Ef 5,21 establece el principio que debe regular las relaciones entre los diversos miembros de la familia cristiana y que traducido literalmente sería “el temor de Cristo”. En el lenguaje bíblico la expresión “temor de Dios” tiene el sentido de respeto, veneración, honor, y en último término se aproxima no poco al concepto de amor. En nuestro caso concreto, el “temor de Cristo” evoca sin duda el amor que nos merece quien vivió entre los hombres como modelo de sumisión, de espíritu de sacrificio y de amor.

Ef 5,22-24 se refiere a los deberes de la mujer. Esta debe obedecer y respetar al marido (literalmente “estarle sumisa”) como hace la Iglesia con Cristo. […]

Algunas afirmaciones en relación con la mujer, y que a primera vista pueden parecer discriminatorias, han de entenderse en el contexto socio-cultural en que se escribe la carta. Su autor parte de la situación de su tiempo, en la que el hombre tenía el papel directivo y moderador y la mujer le estaba subordinada. “Lo nuevo que hay aquí es la perspectiva religiosa. A ambas partes se exhorta a vivir esa ordenación a partir de la fe. El marido debe entender su papel directivo como un camino para la salvación, según el modelo de Cristo; y la mujer debe prestar su obediencia como si fuera un servicio de sumisión hecho directamente a Cristo”. Es claro que hoy Pablo no se habría expresado en esos términos. El apóstol tenía muy clara la idea de la igualdad del hombre y de la mujer, de sus derechos y obligaciones (Gal 3,28). Pero su aplicación práctica en todas sus consecuencias y detalles no era fácil en aquella sociedad en la que se infravaloraba tanto a la mujer. Como ocurría también con la esclavitud, tuvo que pasar largo tiempo para que los principios llegasen a su plena efectividad práctica.

Ef 5,25-31 recoge los deberes de los maridos. Les propone como modelo del amor a sus mujeres el amor de Cristo a la Iglesia, que se entregó a sí mismo por ella a la muerte (Jn 15,13). Efecto de ese amor ha sido santificarla mediante el baño del agua. La expresión evoca la costumbre de los griegos de conducir al baño a la novia la víspera de la boda, pero el autor la relaciona con el bautismo, que lava los pecados. Como Cristo forma un cuerpo con la Iglesia; así el marido viene a formar una persona con su esposa. Por ello al amar a su mujer se ama a sí mismo. Y como Cristo cuida y alimenta a la Iglesia, como se muestra solícito por ella, así debe el marido conducirse con su mujer. Esa unión íntima que Dios ha puesto entre los cónyuges ha de ser la razón de su mutuo amor: una unión tan perfecta que vienen a ser los dos “una sola carne”; un amor tan grande que cada uno dejará a sus padres para formar juntos un nuevo hogar.

En Ef 5,31-33 Pablo descubre un sentido más profundo que en Gn 2,24: el matrimonio, la unión de los esposos, tal como Dios lo estableció al principio, constituye una prefiguración de la unión de Cristo con la Iglesia. Ahí radica el gran misterio. Y de esa perspectiva deriva el apóstol los deberes radicales del amor y la fidelidad que han de profesarse los esposos, en un perfecto cumplimiento del precepto del amor (Mc 12,31; Jn 13,34). “El hecho de que el matrimonio cristiano deba modelarse conforme al ideal de los desposorios de Cristo con la Iglesia, le da una dignidad y un significado que lo eleva al plano de lo sobrenatural, y está como pidiendo ser vehículo de gracia, como lo es la unión de Cristo con la Iglesia”. Hogar donde se viva auténticamente ese amor mutuo; donde en consecuencia, cada uno busca el bien y la felicidad del otro con el mismo interés con que busca la suya propia (Mc 12,31), incluso con más ilusión todavía que la propia (Jn 13,34); hogar donde se encuentra el secreto de la felicidad inmensa que Dios ha querido para el hombre y mujer unidos en matrimonio.

Evangelio según san Juan 6, 60-69.

La “dureza de las palabras” o la inadmisibilidad de la doctrina, sobre la que se pronuncian muchos de sus discípulos (Jn, 6,60), no se refiere a lo inmediatamente anterior, a lo afirmado sobre la eucaristía. Después de lo dicho sobre ella no podría afirmarse que la carne no sirve para nada (Jn 6,63). ¿No es precisamente la “comida de su carne” lo que concede al hombre la vida eterna? En toda esta pequeña sección no se hace referencia a la eucaristía, sino al misterio mismo de Jesús. La murmuración y deserción de judíos-discípulos se halla suscitada por la pretensión manifestada por Jesús de ser el Revelador (Jn 6, 41s). El autotestimonio de los que murmuran no deja lugar a duda. Decían: Este es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo? (Jn 6,42). Quien acepta a Jesús como el Revelador, como el enviado del Padre, como el que ha venido de arriba, no tiene por qué escandalizarse por las palabras sobre la eucaristía. Quién no lo acepta así “también” las afirmaciones eucarísticas son duras, es decir, sencillamente inadmisibles.

Este mismo punto de vista se halla confirmado por las palabras de Jesús a propósito del escándalo mencionado o de la inadmisibilidad de la doctrina. ¿Os resulta difícil aceptar esto? ¿Qué ocurriría si vieseis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? (Jn 6,61-62). ¿Aumentaría el escándalo o disminuiría? La deducción inmediata parecería orientarnos en el sentido del aumento del escándalo. Creemos más probable que el escándalo desaparecería, porque supondría haber admitido el misterio de Jesús, que es el que vino de arriba, el enviado de Dios, no sólo el hijo de José, como ellos pensaban. El misterio de Jesús se expresa mediante la fórmula subir adonde estaba antes. Y esto es lo duro e inadmisible. Esto demuestra que la presente unidad literaria no era continuación del discurso sobre la eucaristía, sino que seguía al discurso sobre el pan de la vida, que terminaba en Jn 6,51, antes de comenzar el discurso eucarístico.

La manifestación de Pedro, en cuanto representante de los Doce, es la versión “joánica” de lo que conocemos como “la confesión de Cesarea de Filipo” (Mc 8,27-30 y paralelos). Pedro no confiesa a Jesús como el Mesías, ni como el Hijo del hombre o el Hijo de Dios; en este pasaje de Juan presenta a Jesús como el Santo de Dios. Es una designación singular y antiquísima que expresa la suprema dignidad de aquella persona a la que es atribuida. Literalmente se remonta al Antiguo Testamento: historias de Sansón (Jue 13); también se aplica a los sacerdotes y, en particular, a Aarón (Lv 21,6-7; Eclo 45,7). Son “santos de Dios o para Dios”. La expresión la pone el evangelista Marcos en boca de los posesos (Mc 1,24). En cualquier caso, no es un título corriente dado al Mesías. Juan lo considera como un importantísimo título profético-carismático. ¿Pretende poner de relieve la presencia del tres veces santo, del Dios santísimo, en Jesús? En tal sentido Jesús sería la encarnación y personificación de la santidad divina.

¿Es Jn 6 un capítulo eucarístico? Desde lo dicho hasta aquí la respuesta resulta fácil: lo estrictamente eucarístico es Jn 6,51b-58. Su colocación a continuación del discurso sobre el pan de la vida tiñe a éste de un aspecto eucarístico que, en realidad, no tiene. La insistencia en la fe ilumina algo que es fundamental: la eucaristía sin la fe no es nada; del mismo tinte eucarístico se halla teñido el relato de la multiplicación de los panes. En la mente del redactor final, esta ordenación de secuencias tenía la finalidad de presentar la eucaristía en un contexto eucarístico que originariamente no tuvo.

ACTUALIZAMOS

  1. «También nosotros serviremos al Señor, ¡porque él es nuestro Dios!».

Para ti, ¿Dios es tu Señor, lo sirves amando a los demás?

  1. «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.»

¿Identificas el espíritu y la vida en la Palabra de Dios? ¿Eres fiel a su escucha?

  1. «¿También vosotros queréis marcharos?»

Cuando no comprendes, cuando algo te resulta dificultoso, ¿tienes la tentación de abandonar a Jesús y su servicio?

  1. «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.»

¿Te sientes identificado con estas palabras de Pedro?

¿El Señor es tu refugio, tu esperanza, tu vida?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XX

Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6

La sabiduría se ha hecho una casa, ha labrado siete columnas; ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa.

Ha enviado a sus criados a anunciar en los puntos que dominan la ciudad:

«Vengan aquí los inexpertos»; y a los faltos de juicio les dice:

«Venid a comer de mi pan, a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia».

Salmo 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15

R./ Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R./

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R./

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R./

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 15-20

Hermanos:

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos.

Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.

No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu.

Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor.

Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí:

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

COMENTARIO

El pasaje evangélico de este domingo (cf. Juan 6, 51-58) nos introduce en la segunda parte del discurso que hizo Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, después de haber dado de comer a una gran multitud con cinco panes y dos peces: la multiplicación de los panes. Él se presenta como «el pan vivo que ha bajado del cielo», el pan que da la vida eterna, y añade: «el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (v. 51). Este pasaje es decisivo, y de hecho provoca la reacción de los que están escuchando, que se ponen a discutir entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» (v. 52). Cuando el signo del pan compartido lleva a su verdadero significado, es decir, el don de sí hasta el sacrificio, emerge la incomprensión, emerge incluso el rechazo de Aquel que poco antes se quería llevar al triunfo. Recordemos que Jesús ha tenido que esconderse porque queríamos hacerlo rey.

Jesús prosigue: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (v. 53). Aquí junto a la carne aparece también la sangre. Carne y sangre en el lenguaje bíblico expresan la humanidad concreta. La gente y los mismos discípulos intuyen que Jesús les invita a entrar en comunión con Él, a «comer» a Él, su humanidad para compartir con Él el don de la vida para el mundo. ¡Mucho más que triunfos y espejismos exitosos! Es precisamente el sacrificio de Jesús lo que se dona a sí mismo por nosotros.

Este pan de vida, sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, viene a nosotros donado gratuitamente en la mesa de la eucaristía. En torno al altar encontramos lo que nos alimenta y nos sacia la sed espiritualmente hoy y para la eternidad. Cada vez que participamos en la santa misa, en un cierto sentido, anticipamos el cielo en la tierra, porque del alimento eucarístico, el Cuerpo y la Sangre de Jesús, aprendemos qué es la vida eterna. Esta es vivir por el Señor: «el que me coma vivirá por mí» (v. 57), dice el Señor. La eucaristía nos moldea para que no vivamos solo por nosotros mismos, sino por el Señor y por los hermanos. La felicidad y la eternidad de la vida dependen de nuestra capacidad de hacer fecundo el amor evangélico que recibimos en la eucaristía. (Papa Francisco, 19-08-2018)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Libro de los Proverbios 9, 1-6 Nueva invitación de la sabiduría. Hasta ahora sólo teníamos noticias de la casa de la «extraña»; Doña Sabiduría había adelantado sin más que habitaba con la prudencia (Prov 8,12). Ahora presenta oficialmente su casa e invita a los inexpertos a entrar en ella. […] Las siete columnas (Prov 9,1) reflejan más la estructura de un «temenos» (recinto sagrado) griego que la de una casa (algunos autores piensan en el «mundo habitable»). En tal caso, se trataría de un banquete sagrado, no de una invitación doméstica. […] Tomando como base Eclo 51,23, me inclino a pensar que la casa de Doña Sabiduría no pretende ser sino la escuela regentada por los sabios israelitas, y que, en el poema, éstos son sus devotos siervos. […] Por otra parte, el pan y el vino mezclado pueden estar descontextualizados y referirse a una «nutrición sapiencial». El libro de los Proverbios, nacido como tal libro en el ámbito de los sabios, pretende ser un manual de disciplina, un vehículo de sabiduría.

Carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 15-20 Normas concretas de conducta. El que ha sido iluminado por Cristo posee la verdadera sabiduría (1 Cor 1,18-31). Con ella ha de tratar de descubrir en cada momento cuál es la voluntad de Dios y estar dispuesto a seguirla. Frente al vino, que conducía al libertinaje y orgías sagradas (y de los que no se veían del todo libres los mismos cristianos: 1 Cor 11,20-22), Pablo recomienda a los creyentes que en las asambleas litúrgicas practiquen un culto digno de Dios. Para ello les exhorta a que entonen cánticos de alabanza al Señor. Y sobre todo a que den gracias a Dios, íntimamente unidos a Cristo, por tantos beneficios recibidos.

Evangelio según san Juan 6, 51-58 Discurso eucarístico. El presente discurso no procede de la sinagoga de Cafarnaún -no se podía hablar de este modo de la eucaristía antes de su institución, pues nadie entendería nada- sino de la última cena. Fue traspasado aquí por la pluma del evangelista, como continuación del discurso sobre el pan de la vida. El discurso del pan de la vida se convierte en la preparación adecuada del discurso eucarístico. El lugar que debía ocupar, que era la última cena (Jn 13), lo eligió el evangelista para narrar el lavatorio de los pies. Sin embargo no se atrevió a omitir un relato tan importante. Entonces recurrió al sistema de trasladarlo a otro lugar. Y sin duda alguna que éste era el más indicado, por razón de la semejanza en la materia: pan material, pan bajado del cielo, pan eucarístico. El traslado está bien justificado. Cuando se hizo dicho traspaso Jn 6,59, que seguía inmediatamente a Jn 6,51a, fue desplazado adonde ahora está. Así nos da la impresión que todo, incluso el discurso eucarístico, fue pronunciado en la sinagoga de Cafarnaún.

Frente al carácter metafórico del discurso sobre el pan de la vida -Jesús como el pan dado por el Padre, bajado del cielo, del que hay que comer mediante la fe- destaca el realismo sacramental de esta unidad literaria estrictamente eucarística: es necesario comer y beber la carne y la sangre del Hijo del hombre. Al expresarse de este modo, el evangelista trata de dar respuesta al interrogante sobre cómo puede éste darnos a comer su carne. Un interrogante que supone una comprensión inadecuada de la cena del Señor. Incluso hay que contar con una polémica en contra de su celebración. ¿Procedía de las discusiones con los judíos, con los judeo-cristianos o con otras tendencias o grupos dentro de la Iglesia? Ignacio de Antioquía afirma: “no confiesan que la eucaristía es la carne del Señor”. Frente a ellos se pone de relieve la necesidad de tomar parte en la eucaristía para participar en la vida.

El evangelista insiste en presentar la carne y la sangre como verdadera comida y bebida. De este modo salía al paso de otra concepción errónea dentro del cristianismo primitivo: la corriente o tendencia gnóstico-doceta. Frente a una concepción que consideraría la eucaristía, a lo sumo, como mero símbolo, el texto subraya que se trata de una verdadera comida, de una comida real, en la que se participa de la carne y de la sangre de Cristo.

Los efectos de la eucaristía se expresan mediante la fórmula de la permanencia mutua: el que come… permanece en mí y yo en él. Esta permanencia designa la vida cristiana como tal: el discipulado cristiano se define por la permanencia en la unión con Cristo (Jn 15,4-7).

La concepción joánica de la eucaristía pone de relieve los aspectos siguientes:

Su consideración y valoración dentro del acontecimiento salvífico en su conjunto, es decir, en estrecha relación con la misión del Hijo de Dios desde la encarnación a la cruz-exaltación. Los dones sacramentales (el pan y el vino) son medio para lograr la unión con Cristo. Esta unión es eficaz y se realiza cuando se cumple la exigencia única y decisiva impuesta al hombre, que es la fe en el Revelador, enviado por Dios y portador de la salvación.

Su enfoque cristológico-soteriológico: aparece Jesús mismo como sujeto de la acción que se desarrolla en la cena; su mismo ser, toda la realidad implicada en la figura del Hijo del hombre, muerto y resucitado, se hacen presentes en la celebración de la eucaristía.

El efecto principal de la eucaristía, la unión personal con Cristo, se expresa mediante la mutua permanencia: El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él (Jn 6,56).

La palabra “carne”, sarks, es la misma que utiliza el cuarto evangelio para designar la encarnación: el logos-palabra se hizo carne (Jn 1,14); es necesario comer la carne. La eucaristía es la prolongación de la encarnación y de sus efectos.

ACTUALIZAMOS

  1. “Dejaos llenar del Espíritu.”

¿Invocas al Espíritu Santo para que te ilumine y te ayude?

  1. “Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.”

¿Eres agradecido con Dios y con los demás?

  1. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

¿Cómo vives la Eucaristía, te une a Jesús?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIX

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 4-8

En aquellos días, Elías anduvo por el desierto una jornada de camino, hasta que, sentándose bajo una retama, imploró la muerte diciendo:

«¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!».

Se recostó y quedó dormido bajo la retama, pero un ángel lo tocó y le dijo:

«Levántate, come».

Miró alrededor y a su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y volvió a recostarse. El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo toco y de nuevo dijo:

«Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo».

Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R./ Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R./

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R./

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R./

El ángel del Señor acampa
en torno a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 30-5, 2

Hermanos:

No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con que él os ha sellado para el día de la liberación final.

Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.

Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 41-51

En aquel tiempo, los judíos murmuraban de Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:

«¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»

Jesús tomó la palabra y les dijo:

«No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».

Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

COMENTARIO

Nos sorprende, y nos hace reflexionar esta palabra del Señor: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre”, “el que cree en mí, tiene la vida eterna”. Nos hace reflexionar. Esta palabra introduce en la dinámica de la fe, que es una relación: la relación entre la persona humana, todos nosotros, y la persona de Jesús, donde el Padre juega un papel decisivo, y naturalmente, también el Espíritu Santo, que está implícito aquí. No basta encontrar a Jesús para creer en Él, no basta leer la Biblia, el Evangelio, eso es importante ¿eh?, pero no basta. No basta ni siquiera asistir a un milagro, como el de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron, es más, también lo despreciaron y condenaron. Y yo me pregunto: ¿por qué, esto? ¿No fueron atraídos por el Padre? No, esto sucedió porque su corazón estaba cerrado a la acción del Espíritu de Dios. Y si tú tienes el corazón cerrado, la fe no entra. Dios Padre siempre nos atrae hacia Jesús. Somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos.

En cambio la fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y ahí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe.

Entonces, con esta actitud de fe, podemos comprender el sentido del “Pan de la vida” que Jesús nos dona, y que Él expresa así: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo” (Jn 6,51). En Jesús, en su “carne” –es decir, en su concreta humanidad– está presente todo el amor de Dios, que es el Espíritu Santo. Quien se deja atraer por este amor va hacia Jesús, y va con fe, y recibe de Él la vida, la vida eterna. (Papa Francisco, 09-08-2015)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 4-8. La imagen del profeta tocando los límites de la existencia resulta entrañable y conmovedora, sobre todo a nivel humano (un interesante paralelo en Jon 4,3).

No menos conmovedores son los cuidados de Dios hacia el profeta, brindándole comida y aliento por medio de un ángel en una doble escena que nos recuerda la del torrente Querit (1 Re 19,5-9). Ya en el desierto, la huida de Elías se convierte en peregrinación hacia el Horeb, la montaña de Dios. La mención de los cuarenta días y cuarenta noches alude a la estancia de Moisés en la montaña santa y a la larga peregrinación del pueblo durante cuarenta años por el desierto. Elías parece desandar el camino del pueblo en busca de los orígenes de la fe.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,30-5, 2. El cristiano ha de evitar con todo esmero entristecer al Espíritu Santo, que ha establecido en él su morada y le distingue como propiedad divina (1 Cor 3,16; Ef 3,14). En fin, el cristiano tiene que evitar  cualquier actitud que se oponga al amor, que ha de ser el distintivo del discípulo de Cristo. Y ha de practicar la compasión y el perdón, a imitación de Cristo que perdonó incluso a los que le crucificaban (Lc 23,34).

[…]

En medio de las exhortaciones una importante fundamentación teológica: sed imitadores de Dios (Ef 5,1), que evoca el sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48). Dios Padre es el modelo que han de imitar los cristianos pues son sus hijos muy queridos. Y tal imitación ha de tener como campo principal la caridad, en la que Cristo nos ha enseñado que consiste la perfección cristiana (Mc 12,28ss). Él nos dio el más impresionante ejemplo de amor ofreciéndose en sacrificio por nosotros en la cruz. Por ello también nosotros tenemos que estar dispuestos a poner la vida por nuestros hermanos (1 Jn 3,16).

Evangelio según san Juan 6, 41-51. Ante su incredulidad, justificada porque conocen el origen humano de Jesús, nueva exigencia de fe en él en cuanto el único pan de vida (Jn 6,40-51.59). La gente pide la demostración de que se halla presente aquello que se esperaba para cuando llegase el Mesías. Según las esperanzas judías, el Mesías debía renovar los milagros realizados por Moisés, el maná sería el alimento permanente. Pero esta demostración equivaldría a negar la verdadera fe, ya que ésta exige aceptar a Jesús como el verdadero maná: yo soy el pan de vida.

En esta autopresentación, Jesús se manifiesta como la respuesta a las necesidades y esperanzas del hombre. Para que sea así, la única condición que se impone al hombre es la fe. Lo manifiestan las mismas palabras de Jesús expuestas en claro paralelismo en Jn 6,35b: El creer o ir a él es gracia concedida por el Padre (Jn 6,37.39; 17,2.7.24) y al mismo tiempo quehacer humano (Jn 3,19-21; 7,17). Estamos ante un excelente resumen de la historia de la salvación. Destaca la iniciativa de Dios, que se realiza en su Hijo y que se hace eficaz gracias a la fe.

Por primera vez utiliza el evangelista el célebre yo soy, que es una fórmula de revelación y pone de relieve lo que es Jesús para el hombre. La aceptación del yo soy nos introduce en el terreno de la revelación, de la fe y de la vida.

La frase yo le resucitaré en el último día aparece en este evangelio a modo de estribillo. Se trata de una adición que pretende armonizar la concepción de Juan sobre la llegada de la salvación con la visión más futurista de los sinópticos. Los lugares en que es utilizada (Jn 6,39-40.44.54; 12,48) demuestran que se trata de algo añadido. Las frases en cuyo contexto aparecen tienen pleno sentido aunque se omita dicho estribillo.

ACTUALIZAMOS

  1. «Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo».

¿Cómo alimentas tu vida espiritual para recorrer el camino de la vida?

  1. «Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.»

¿Qué dicen estas palabras a tu vida?

  1. «No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado».

¿Criticas, juzgas a los demás?

¿Abres tu corazón a la acción de Dios?

  1. «El que coma de este pan vivirá para siempre».

¿Cómo te alimentas del pan que es Jesús: en su palabra, en los sacramentos, en la vida de la Iglesia, en los hermanos…?

¿Tienes fe en que él te da la vida eterna?

  1. «Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Jesús se nos ha dado para darnos vida. ¿Te entregas, te das para dar vida a los demás?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVIII

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15

En aquellos días, la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:

«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad».

El Señor dijo a Moisés:

«Mira, haré llover pan del cielo para vosotros: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi instrucción o no.

He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: «Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro»».

Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, como escamas, parecido a la escarcha sobre la tierra. Al verlo, los hijos de Israel se dijeron:

«¿Qué es esto?».

Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:

«Es el pan que el Señor os da de comer».

Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54

R./ El Señor les dio pan del cielo.

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder. R./

Pero dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio pan del cielo. R./

El hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24

Hermanos:

Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya, como es el caso de los gentiles, en la vaciedad de sus ideas.

Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que lo habéis oído a él y habéis sido adoctrinados en él, conforme a la verdad que hay en Jesús. Despojados del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:

«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado»

Le replicaron:

«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

Jesús les replicó:

«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron:

«Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó:

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

COMENTARIO

Él, verdadero «pan de la vida» (v. 35), quiere saciar no solamente los cuerpos sino también las almas, dando el alimento espiritual que puede satisfacer el hambre profunda. Por esto invita a la multitud a procurarse no la comida que no dura, sino esa que permanece para la vida eterna (cf. v. 27). Se trata de un alimento que Jesús nos dona cada día: su Palabra, su Cuerpo, su Sangre.

La multitud escucha la invitación del Señor, pero no comprende el sentido —como nos sucede muchas veces también a nosotros— y le preguntan: «¿qué hemos de hacer para llevar a cabo las obras de Dios?» (v. 28).

Los que escuchan a Jesús piensan que Él les pide cumplir los preceptos para obtener otros milagros como ese de la multiplicación de los panes. Es una tentación común, esta, de reducir la religión solo a la práctica de las leyes, proyectando sobre nuestra relación con Dios la imagen de la relación entre los siervos y su amo: los siervos deben cumplir las tareas que el amo les ha asignado, para tener su benevolencia. Esto lo sabemos todos.

Por eso la multitud quiere saber de Jesús qué acciones debe hacer para contentar a Dios. Pero Jesús da una respuesta inesperada: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado» (v. 29). Estas palabras están dirigidas, hoy, también a nosotros: la obra de Dios no consiste tanto en el «hacer» cosas, sino en el «creer» en Aquel que Él ha mandado. Esto significa que la fe en Jesús nos permite cumplir las obras de Dios. Si nos dejamos implicar en esta relación de amor y de confianza con Jesús, seremos capaces de realizar buenas obras que perfumen a Evangelio, por el bien y las necesidades de los hermanos.

El Señor nos invita a no olvidar que, si es necesario preocuparse por el pan, todavía más importante es cultivar la relación con Él, reforzar nuestra fe en Él que es el «pan de la vida», venido para saciar nuestra hambre de verdad, nuestra hambre de justicia, nuestra hambre de amor. (Papa Francisco, 05-08-2018)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el libro del Éxodo el pueblo añora unos manjares que utópicamente comieron en Egipto: dicen que allí nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos. […] El Señor promete pan y la promesa está relacionada con el descanso del sábado. […] Los líderes aseguran que el Señor los alimentará y además verán su gloria para que crean. Subraya el don el hecho de representar a Dios como mayordomo perfecto que da a cada uno lo que necesita y aporta lo que le falta a quien no ha sido previsor. Por otro lado, la presencia de la «gloria» presta trascendencia a todo el episodio: estos dones divinos, el pan y la carne son signos que, como las plagas, deben conducir a la fe, a contemplar la gloria del Señor.

La carta de Pablo a los Efesios es la diferencia entre el hombre viejo y el hombre nuevo. Aquél es el que vive en pecado, bajo la acción de la concupiscencia de la carne, de la codicia, de la ira, de la maldad, conforme a la imagen del primer hombre pecador (Col 3,5-9). El hombre nuevo es el hombre interior (Ef 3,16), creado a imagen de Dios, regenerado por Cristo, que bajo la acción del Espíritu Santo adopta una nueva manera de pensar y de actuar que se manifiesta en obras de bondad y misericordia, de humildad y mansedumbre, de pureza y sobre todo de amor (Col 3,10-14). Estas dos expresiones -hombre viejo, hombre nuevo- «están inspiradas en el simbolismo del bautismo, con su doble rito de inmersión y emersión, doble rito que está señalando nuestra muerte a la antigua vida de pecado y nuestra resurrección a la nueva vida de gracia comunicada por Cristo (Rom 6,3-11)».

Esto ya se ha realizado inicial y radicalmente con el bautismo. Pero despojarse cada vez más del hombre viejo y revestirse del nuevo es tarea que el cristiano tiene que ir realizando y perfeccionando cada día. Perdonado el pecado por el bautismo o la penitencia, permanece actuando en el hombre e inclinándole al pecado la triple concupiscencia de que habla 1 Jn 2,16. Frente a ella está la acción del Espíritu Santo que habita en el justo e impulsa su voluntad a una vida cristiana y virtuosa conforme a la voluntad de Dios. En medio permanece el hombre con su voluntad libre. Según que se deje conducir por el atractivo de las concupiscencias o por la acción del Espíritu Santo, viene a ser el hombre viejo o el hombre nuevo de que habla el apóstol. «Es alentador observar cómo Pablo es plenamente consciente de que en la vida cristiana no se trata sólo de un impulso inicial, de una conversión de una vez para siempre, sino que debemos perseverar en la decisión, en la constante vuelta hacia Dios, y que, sobre todo, nuestra mentalidad de creyentes (como fuente de nuestro obrar) necesita de una constante renovación».

Evangelio según san Juan 6, 24-35. Jesús no se siente halagado ni mucho menos entusiasmado porque le buscaba toda aquella multitud. Habría que hablar, más bien, de decepción por su parte y del consiguiente reproche que se manifiesta en sus «palabras de saludo». Jesús les dice con toda claridad que no le buscaban a él. Se interesaban únicamente por los beneficios que podían recibir de él. Una búsqueda interesada y egoísta, que nunca puede entusiasmar a la persona que es buscada. En el fondo se buscaban a sí mismos, no a él.

En el terreno de la revelación, los dones no pueden ser separados del dador de los mismos. Lo más importante es lo segundo. Jesús lo dijo con estas palabras: …me buscáis, no por los signos que habéis visto, sino porque comisteis pan hasta saciaros (Jn 6,26). Además del alimento transitorio que mantiene nuestra existencia terrena, es indispensable aspirar al alimento que nos proporciona el autor de la vida, que quiere plenificar la nuestra. Dimensión de eternidad, vida eterna, participación en la misma vida de aquel que puede concedernos el alimento permanente, el que da la vida eterna. 

Es Jesús, el Hijo del hombre, el acreditado por el Padre con el sello de su autoridad, el único que puede proporcionar al hombre el alimento mencionado. El mismo Jesús es dicho alimento. Él exige ser aceptado de forma personal; que se convierta en el centro de gravedad de la fe para que pueda producirse el encuentro adecuado entre el hombre y Dios; para que el hombre descubra en él al revelador-manifestador-dador del Padre.

ACTUALIZAMOS

  1. «Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro».

¿Reconoces a Dios como tu Señor, ves signos de que cuida de ti y de todos nosotros? ¿Confías en Él?

  1. «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

¿Crees en Jesús, enviado por Dios a nosotros?

  1. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

¿Acudes a Jesús como el alimento que da vida eterna y que calma la sed?