LECTIO DIVINA – NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA – 8 DE SEPTIEMBRE

Lectura del profeta Miqueas 5, 1-5

Y tú, Belén de Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel. Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra. Él mismo será la paz, y cuando Asiria invada nuestro país, cuando ande por nuestros palacios, alzaremos contra él siete pastores, alzaremos ocho guerreros. Pastorearán Asiria con la espada, la tierra de Nimrod con el puñal; nos salvará de Asiria, que invadió nuestro país, que atravesó nuestras fronteras.

Salmo 12, 6ab. 6cd

R./ Desbordo de gozo con el Señor.

Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio. R./

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos: Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-23

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». 

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

5,1-5 Venida del rey mesiánico. El Señor va a suscitar un nuevo rey mesiánico, del que el profeta subraya los orígenes humildes (Belén, el más pequeño de los clanes de Judá), el entronque dinástico con David (orígenes antiguos, días de antaño), el pastoreo según el Señor (con la fuerza del Señor, en su nombre), su carácter pacificador (reunión de los dispersos, vida segura y tranquila, nombre del rey esperado: él mismo será la paz) y su actividad liberadora (el será quien nos libre de Asiria). Mt 2,5-6 ve cumplida plenamente esta profecía en el nacimiento de Jesús.

Carta del apóstol san Pablo. En cuanto a Romanos 8, 28-30, que nadie descubra en estos versículos una afirmación restrictiva del proyecto salvador de Dios. Dicho proyecto está abierto a todo el que quiera acogerlo. Lo que Pablo subraya es que se trata de don gratuito y no de acontecimiento casual. Y si hasta la misma glorificación futura es expresada por un verbo en pasado, ello se debe a que desde el punto de vista de Dios la salvación está totalmente asegurada.

Evangelio según san Mateo 1, 18-23. Nacimiento de Jesús. En este pasaje desarrolla Mateo lo que había insinuado en Mt 1,16 y trata de explicar cómo Jesús, nacido de manera misteriosa de María, forma parte del linaje de David y de Abrahán a través de José, que lo adopta como hijo.

La relación que existe entre María y José (Mt 1,18-19) implicaba un compromiso matrimonial estable, hasta el punto de que si la pareja tenía un hijo, éste era considerado hijo legítimo de ambos. Era una unión que sólo podía disolverse con el divorcio, y la ley de Moisés consideraba la infidelidad de la prometida una ofensa semejante a la infidelidad de la esposa (Dt 22,23-27). José, al conocer la noticia de que María está embarazada sin intervención suya, decide no delatarla, pues si lo hubiera hecho, ella habría sido juzgada como adúltera. Sin saberlo, José actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, y por eso se dice de él que era justo. Esta justicia de José está más cerca de la actitud de obediencia a la voluntad de Dios que aparece repetidamente en este evangelio, que de la idea legalista que los judíos tenían de ella.

El anuncio del ángel a José (Mt 1,20-24) sigue el esquema de los relatos del AT (véase Jue 13) en los que se anuncia el nacimiento de un personaje famoso: a) el anuncio está rodeado de signos divinos: ángel del Señor, sueño; b) que provocan miedo o estupor: no temas; c) el mensajero divino anuncia cuál será el nombre y la misión del niño que va a nacer: salvará a su pueblo; d) se da un signo que confirma el anuncio: cumplimiento de las Escrituras. Lucas se sirve de este mismo esquema para anunciar el nacimiento de Juan (Lc 1,5-25) y de Jesús (Lc 1,26-38). La función de estos anuncios es vincular a dicho personaje, ya desde su nacimiento, con el proyecto divino.

En la anunciación a José se hace una completa presentación de Jesús. En primer lugar se afirma su origen divino: viene del Espíritu Santo. Después se anuncia cuál será su misión a través del nombre que su padre adoptivo le impone por mandato de Dios: Jesús significa «Dios salva», y la misión de Jesús será, precisamente, salvar a su pueblo de los pecados (Mt 1,21). También la referencia a Is 7,14 (Mt 1,22-23), que ocupa un lugar muy importante en el relato, está orientada a esta presentación de Jesús. Esta es la primera de una serie de citas introducidas con una misma fórmula: todo esto sucedió… Todas estas citas son propias de Mateo y subrayan algunos aspectos importantes de su teología. En este caso sirve para expresar la convicción de que el Mesías salvador que va a nacer estará siempre presente en medio su Iglesia (véase Mt 18,20; 28,20).

La figura de José es también muy importante en este relato y en todo el evangelio de la infancia de Mateo. El ángel se dirige a él como hijo de David (Mt 1,20), para pedirle que reciba a María y al niño poniéndole un nombre. La imposición del nombre (Mt 1,21.25) es el rito a través del cual José recibe a Jesús como hijo. Mateo insiste en este detalle, porque en la antigüedad un niño no pasaba a formar parte de la descendencia paterna hasta que había sido reconocido por su padre o adoptado. Jesús entra en la descendencia de David y de Abrahán gracias a la actitud obediente de José, el cual, actuando de esta forma, aparece no sólo como modelo de judío fiel a la ley, sino también como modelo de cristiano obediente a la voluntad de Dios. No es difícil que los judíos que habían acogido el evangelio y formaban parte de la comunidad de Mateo se vieran representados en él.

ACTUALIZAMOS

  1. “Él mismo será la paz”

¿Buscas y acoges la paz que te da Dios en medio de las dificultades?

  1. “… a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo”

Estamos hechos a imagen de Dios. En las relaciones con los demás, cuando amas, quieres y eres misericordioso ¿sabes que puedes ser imagen de Dios y reproducir la imagen de su Hijo?

  1. “Él salvará a su pueblo de sus pecados” 

¿Me siento salvado por Dios, siento su misericordia en mi vida?

ORAMOS CON EL MAGNIFICAT

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.

Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

COMENTARIO AL MAGNIFICAT

El primer movimiento del cántico mariano (cf. Lc 1, 46-50) es una especie de voz solista que se eleva hacia el cielo para llegar hasta el Señor. Escuchamos precisamente la voz de la Virgen que habla así de su Salvador, que ha hecho obras grandes en su alma y en su cuerpo. En efecto, conviene notar que el cántico está compuesto en primera persona: «Mi alma… Mi espíritu… Mi Salvador… Me felicitarán… Ha hecho obras grandes por mí…». Así pues, el alma de la oración es la celebración de la gracia divina, que ha irrumpido en el corazón y en la existencia de María, convirtiéndola en la Madre del Señor.

La estructura íntima de su canto orante es, por consiguiente, la alabanza, la acción de gracias, la alegría, fruto de la gratitud. Pero este testimonio personal no es solitario e intimista, puramente individualista, porque la Virgen Madre es consciente de que tiene una misión que desempeñar en favor de la humanidad y de que su historia personal se inserta en la historia de la salvación. Así puede decir:  «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (v. 50). Con esta alabanza al Señor, la Virgen se hace portavoz de todas las criaturas redimidas, que, en su «fiat» y así en la figura de Jesús nacido de la Virgen, encuentran la misericordia de Dios.

En este punto se desarrolla el segundo movimiento poético y espiritual del Magníficat (cf. vv. 51-55). Tiene una índole más coral, como si a la voz de María se uniera la de la comunidad de los fieles que celebran las sorprendentes elecciones de Dios. En el original griego, el evangelio de san Lucas tiene siete verbos en aoristo, que indican otras tantas acciones que el Señor realiza de modo permanente en la historia: «Hace proezas…; dispersa a los soberbios…; derriba del trono a los poderosos…; enaltece a los humildes…; a los hambrientos los colma de bienes…; a los ricos los despide vacíos…; auxilia a Israel».

En estas siete acciones divinas es evidente el «estilo» en el que el Señor de la historia inspira su comportamiento: se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan «los soberbios, los poderosos y los ricos». Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final, para mostrar quiénes son los verdaderos predilectos de Dios:  «Los que le temen», fieles a su palabra, «los humildes, los que tienen hambre, Israel su siervo», es decir, la comunidad del pueblo de Dios que, como María, está formada por los que son «pobres», puros y sencillos de corazón. Se trata del «pequeño rebaño», invitado a no temer, porque al Padre le ha complacido darle su reino (cf. Lc 12, 32). Así, este cántico nos invita a unirnos a este pequeño rebaño, a ser realmente miembros del pueblo de Dios con pureza y sencillez de corazón, con amor a Dios. (Papa Francisco, 15-02-2006)