LECTIO DIVINA – TIEMPO ORDINARIO 1 DE NOVIEMBRE “TODOS LOS SANTOS”

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:

«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:

«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:

«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo:  

«Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Yo le respondí:

«Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió:

«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6

R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

COMENTARIO

Hoy las tres lecturas se refieren a la fiesta que celebramos: El misterio de esa multitud innumerable de personas que ya gozan de Dios y siguen en comunión con nosotros. Es una fiesta que nos transmite alegría y optimismo.

COMPRENDER EL TEXTO

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

En las visiones del Apocalipsis aparece hoy una muy dinámica: el panorama de una gran asamblea, “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”, y cantan con voz potente las alabanzas de Dios. El número 144.000 es simbólico. Es el resultado de multiplicar 12 por 12 por 1000, la plenitud de las doce tribus de Israel. Además de ese número, se habla de una multitud innumerable que ya participan de la salvación y tienen una historia: “son los que vienen de la gran tribulación”.

Salmo. Se fija en los que ya gozan de la victoria, pero señalando cuál ha sido su camino para llegar a esta alegría: “esta es la generación que busca tu rostro, Señor”; porque “¿quién puede subir al monte del Señor?… el hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos”.

1 Juan 3,1-3

La idea que más repiten las cartas de Juan, que somos hijos de Dios y objeto de su amor de Padre, se une hoy a la de nuestro destino en la salvación definitiva.

La realidad de ahora ya es gozosa pero todavía tiene que llegar lo mejor: “ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos”.

Cuando llegue el final, “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es”.

Mateo 5, 1-12a

Las bienaventuranzas se consideran el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva del cielo, el camino que han seguido los Santos de todos los tiempos.

Jesús nos sorprende llamando felices a los pobres, a los que sufren, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz, a los que son perseguidos por su fe.

En realidad, hay una novena bienaventuranza, esta vez en segunda persona: “bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan…” mientras que las anteriores están en tercera persona: “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Son hermanos nuestros

Hoy celebramos a todos, no sólo a los que constan en las listas oficiales, sino a los que están en la lista de Dios que son muchísimos más. Se afirma que son “nuestros hermanos”, “los mejores miembros de la Iglesia, en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad”.

Son personas como nosotros. Han tenido los mismos oficios y las mismas dificultades y tentaciones, pero han seguido a Cristo, viviendo su evangelio y ahora gozan de la plenitud de la vida en Dios.

El mejor éxito de Cristo

Son miles y millones de personas que han seguido fieles a Cristo a lo largo de los siglos y han dado testimonio de él con su vida.

La visión optimista del Apocalipsis, con las multitudes que describe, de toda raza y condición, nos llena de estímulo; ha habido muchísimas personas que han tomado en serio su fe y su vida cristiana. Ellas representan para Cristo su mejor victoria y, para nosotros, estímulo y garantía de que sí es posible cumplir el estilo de vida de Jesús.

Los Santos no han sido ángeles o héroes de otro planeta: son personas que han vivido en este mundo, en tiempos tan difíciles o más que los nuestros (“vienen de la gran tribulación”).

Pero han amado. Se han esforzado. Han realizado en sus vidas el proyecto de vida de Cristo, sus bienaventuranzas.

En un mundo donde no abundan las noticias positivas ni los modelos de vida coherente, vale la pena destacar lo que representan los Santos: un regalo de Dios a la humanidad, el mejor don del Espíritu a su Iglesia. Estas personas son las que nos devuelven la fe en el género humano.

Nos señalan el camino

Los santos nos están demostrando que es posible cumplir el evangelio y programar la vida según Dios. No son teorías, son modelos vivientes y cercanos.

No hace falta que todos hagan milagros, que dejen escritas obras admirables. Muchos se han santificado en la vida normal de cada día. Y ahora experimentan en plenitud la felicidad que Cristo prometió a los que le son fieles.

Sobre todo, nos enseñan que las bienaventuranzas de Cristo siguen teniendo todo su valor. Es el camino que ellos han intentado seguir: la humildad, la pobreza, la apertura a Dios, la búsqueda de la verdad y de la justicia, la pureza de corazón, la actitud de la misericordia, el trabajo por la paz, la entereza ante las tentaciones y las dificultades…

Sintiéndonos ayudados por esta multitud de Santos, podemos dar gracias a Dios, como en el prefacio de la Eucaristía: “hoy nos concedes celebrar a la ciudad santa, la Jerusalén celeste, que es nuestra madre, donde eternamente ya te alaba la corona de nuestros hermanos. Hacia ella, como peregrinos guiados por la fe, nos apresuramos jubilosos, compartiendo la alegría por la glorificación de los mejores miembros de la Iglesia, en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad”.

La comunión de los Santos

Una de las verdades más consoladoras de nuestra fe es la “comunión de los Santos”, o sea, la unión misteriosa que existe entre ellos y nosotros, entre la Iglesia de los bienaventurados del cielo y la Iglesia peregrina en la tierra.

En cada Eucaristía los recordamos, deseando seguir su mismo camino aquí abajo y compartir después la herencia definitiva con ellos. Cuando decimos el “yo confieso” les invocamos para que intercedan por nosotros: “por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles y a los santos…”. Cuando encomendamos a Dios a los difuntos pedimos a Dios que salgan a su encuentro los ángeles y los Santos.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXX

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9

Esto dice el Señor:

«Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid:

“¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!”.

Los traeré del país del norte, los reuniré de los confines de la tierra.

Entre ellos habrá ciegos y cojos, lo mismo preñadas que paridas: volverá una enorme multitud.

Vendrán todos llorando y yo los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por camino llano, sin tropiezos.

Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito».

Salmo 125, 1b-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

R./ El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R./

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R./

Recoge, Señor, a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R./

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Todo sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a debilidad.

A causa de ella, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.

Nadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios, como en el caso de Aarón.

Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»; o, como dice en otro pasaje: «Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:

«Hijo de David, ten compasión de mí».

Jesús se detuvo y dijo:

«Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:

«Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo:

«¿Qué quieres que te haga?».

El ciego le contestó:

«“Rabbuní”, que recobre la vista».

Jesús le dijo:

«Anda, tu fe te ha salvado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

COMENTARIO

Tanto el pueblo de Israel como Bartimeo viven una experiencia de salvación, simbolizada en la curación de la ceguera. Ambos tendrán que responder, ponerse en camino, acoger la promesa que les habla de restauración, de curación. La carta a los Hebreos muestra a Jesús como el modelo de acogida y repuesta a la iniciativa amorosa de Dios.

También nosotros estamos llamados hoy a acoger la voz de Jesús que nos invita a descubrir cuáles son nuestras cegueras, implorar la ayuda del Señor y luego, curados, seguirle por el camino.

COMPRENDER EL TEXTO

Cuando Jesús termina de proclamar el mensaje del Reino en Galilea, el relato de Marcos presenta la curación de un ciego en Betsaida (Mc 8,22). Ahora, a punto de llegar a Jerusalén, y cuando Jesús ha explicado a sus discípulos lo que implica seguirle, aparece de nuevo la figura de un ciego que reconoce en Jesús al Mesías y, una vez curado, le sigue por el camino.

El camino hacia Jerusalén está sirviendo de escuela para los discípulos. El Maestro les ha anunciado por tres veces su pasión y resurrección, les ha enseñado que el seguimiento implica dar la vida, ponerse en el último lugar, optar por el servicio… Pero ellos no han entendido la enseñanza de Jesús, parecen estar ciegos y persiguen lo contrario de lo que el Señor les propone. (domingo pasado: los hijos de Zebedeo estaban ciegos ¿Por qué?)

Para los primeros cristianos el verbo “ver” tenía un significado más hondo que la mera visión física; “ver” expresaba la experiencia del encuentro personal con Jesús resucitado (María Magdalena p. e. dice: “He visto al Señor”). Ver al Señor era convertirse en discípulo suyo y seguirle.

No es difícil ver las semejanzas entre el ciego y los discípulos. Bartimeo llama a Jesús “Hijo de David”, reconoce en él al Mesías. Esa misma confesión la hizo Pedro en nombre de los 12 (Mc 8,29). El mendigo “estaba sentado al borde del camino”: su falta de visión le imposibilita seguir al Maestro “por el camino”. Los discípulos siguen físicamente a Jesús, pero en realidad no entienden, no están “en el camino”, sino al borde. Como aquel mendigo, necesitan ayuda. Se da un contraste entre la situación inicial y la final del relato: la situación del mendigo respecto al camino, la ceguera inicial y el seguimiento final.

El centro del relato es el encuentro del ciego con Jesús. Bartimeo, al saberse llamado, deja lo poco que tiene, el manto, y se acerca. Jesús le hace la misma pregunta que a los Zebedeos: “¿Qué quieres que te haga?”. Pero el mendigo ciego, despojado de todo, simbolizado en su manto, sólo pide luz. Cuando Jesús le concede ver, se coloca detrás del maestro (actitud del auténtico discípulo) y le sigue hacia Jerusalén. Mientras los demás, entre ellos los discípulos, suben a la ciudad santa sin conocer a Jesús. Bartimeo se ha convertido en modelo de discípulo. Esto tiene un profundo significado: un personaje secundario encarna actitudes y respuestas propias de los 12, pero que estos no son capaces de ofrecer.

Mateo cierra una sección de su evangelio con este pasaje porque vio en él una especie de parábola con la que enseñar a su comunidad una cosa muy importante: ponerse en el último lugar, hacerse servidor y esclavo de todos, perder la vida… es sin duda tarea imposible para el ser humano. Pero no para Dios. Por eso es imprescindible la súplica y la oración (“Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí”). Ser discípulo no es fruto de una conquista, sino de un don.

El camino y la ceguera tienen un valor simbólico en este relato.

ACTUALIZAMOS

Todos podemos vernos reflejados en el relato de Marcos que leemos esta semana. La historia de Bartimeo es también nuestra propia historia. Sabemos, como este mendigo ciego, que sólo Jesús puede devolvernos la vista y hacer que le sigamos por el camino.

  1. Bartimeo proclama su fe, la traduce en oración perseverante y confiada y vence todos los obstáculos que le impiden encontrarse con Jesús.

¿En qué se parece mi fe a la de Bartimeo?

¿Cuáles son las cegueras que me impiden seguir a Jesús por el camino del discipulado?

  1. Sólo quien “ha visto”, “quien se ha dejado encontrar” por el Señor puede seguirle y dar testimonio de él.

Mi ser creyente ¿tiene su fundamento en esta experiencia, en este encuentro personal con el Señor?

  1. Jesús escucha la súplica de Bartimeo y éste, una vez curado, le sigue por el camino que conduce a Jerusalén, a la entrega de la vida por amor.

¿Por qué camino me está invitando Jesús a seguirle?

  1. El mendigo ciego, sentado junto al camino, espera que Jesús abra sus ojos y alumbre su mirada.

¿Qué motivos para la esperanza me sugiere este pasaje?

La Palabra de Dios ha dejado al descubierto que no son pocas nuestras cegueras. Como aquel mendigo ciego ponemos toda nuestra confianza en Jesús y le gritamos que nos devuelva la

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIX

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R./ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R./

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R./

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos:

Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:

«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

Les preguntó:

«¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Contestaron:

«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

Jesús replicó:

«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

Contestaron:

«Podemos».

Jesús les dijo:

«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, llamándolos, les dijo:

«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo hablan de entrega y de servicio. Isaías nos acerca a la figura del Siervo sufriente que los primeros cristianos aplicaron a Jesús. Él es el que sirve, el que da la vida por todos. Por eso como dice Hebreos podemos acercarnos hasta él para alcanzar misericordia.

Seguir a Jesús en su camino hacia la cruz no es fácil, pero el Maestro sigue acompañándonos e instruyéndonos, también hoy, para que podamos hacer nuestras las actitudes del discípulo.

COMPRENDER EL TEXTO

Camino de Jerusalén, Jesús explica las exigencias del seguimiento, en la instrucción habla con claridad sobre el camino doloroso que debe recorrer el Mesías. Con todo, sus discípulos entienden de modo erróneo la misión del Maestro y continúan con sus ambiciones personales.

Los tres anuncios de la pasión muestran claramente que el camino de Jesús hacia Jerusalén tiene como destino la muerte. En todos ellos se habla de que Jesús será rechazado, de su muerte y resurrección. A pesar de todo, los discípulos no entienden.

En el 3º anuncio de la pasión (que precede a este texto) Jesús se presenta como alguien que ha renunciado a usar el poder (Mc 10,33-34). Inmediatamente se encuentra el pasaje de los hijos de Zebedeo con su petición.

Contrastando con la indefensión del Maestro, los hijos de Zebedeo piden poder. Sus pretensiones demuestran una compresión errónea del Mesianismo de Jesús, porque lo relacionan con méritos, recompensas y dominio de los más fuertes. Jesús responde dirigiéndose a los Zebedeos y a los Doce. A Santiago y a Juan les habla de sufrimiento, de sangre y muerte con la imagen de beber el cáliz. El resto se indigna contra los hermanos por sus pretensiones.

El grupo de los 12 se resquebraja. A todos les mueve la misma ambición: desean figurar, ser reconocidos, alabados. Dinámica frecuente en todos los grupos humanos. Desde el principio todas las comunidades cristianas tuvieron que hacer frente a este problema que se aleja de las enseñanzas de Jesús. Frente al trono de poder que ellos ansían, les ofrece el lugar del discípulo. ¿Qué características tiene el puesto que Jesús ofrece a sus discípulos?

El Maestro contrapone el poder humano, que es dominación, al poder de la comunidad cristiana, que es servicio y se presenta a sí mismo como modelo de autoridad desde el servicio y la entrega sin límites. Esta instrucción no es nueva, ya trató de invertir la escala de valores de los 12 poniendo simbólicamente a un niño en el centro del grupo. Ahora, radicaliza sus palabras ofreciendo nuevas pistas sobre su identidad y los rasgos del auténtico discípulo.

Los primeros cristianos vieron en Jesucristo muerto y resucitado al Siervo sufriente del que habla Isaías; semejanzas entre la 1ª lectura y el último versículo del evangelio. En ambos casos se habla de una vida entregada en rescate por todos. La entrega de la vida detrás de Jesucristo y como él es el camino del discipulado que todos estamos llamados a seguir.

ACTUALIZAMOS

Las palabras de Jesús sobre la entrega de la vida son el resumen de su enseñanza en el camino. Constituyen la base de todo seguimiento, porque discípulo es aquel que prolonga en su vida y en sus circunstancias el ser de Jesús. ¿Qué nos sugiere la reflexión del texto en nuestra realidad?  

  1. El rostro que Jesús muestra en este pasaje,

¿Es el Jesús en quien yo creo y al que sigo?

  1. ¿Qué queréis que haga por vosotros?

¿Se ajusta mi respuesta a los valores de Jesús?

  1. El Hijo del hombre no ha venido a ser servido…”.

¿A qué me compromete concretamente este pasaje?

¿Mi misión como seguidor de Jesús se sitúa bajo el signo del servicio y de la cruz o bajo el signo del poder?

¿Y la misión de mi comunidad, de la Iglesia?

  1. Los hijos de Zebedeo no habían entendido el Reino que Jesús predicaba.

¿Y yo? ¿Espero un Reinado de Dios que me trae poder, privilegios, ventajas, honores?

ORAMOS

También hoy nos cuesta aceptar la gratuidad del Reino, rechazamos sentarnos en el trono del discipulado y buscamos el trono del poder… por eso hablamos con el Señor presentándole todo lo que nos ha sugerido este pasaje del evangelio.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.

La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza.

No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro.

La quise más que a la salud y la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables.

Salmo 89, 12-13. 14-15. 16-17

R./ Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R./

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R./

Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13

Hermanos:

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.

Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:

«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».

Jesús le contestó:

«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».

Él replicó:

«Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».

Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:

«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

«¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!»

Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:

«Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».

Ellos se espantaron y comentaban:

«Entonces, ¿quién puede salvarse?».

Jesús se les quedó mirando y les dijo:

«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Pedro se puso a decirle:

«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:

«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna».

COMENTARIO

Las lecturas que preceden al evangelio de este domingo nos preparan para captar mejor su sentido. En la primera lectura, por ejemplo, aparece el gran valor que tiene la sabiduría. Todos tenemos este deseo de tener cordura, de acertar en las decisiones de la vida, de encontrar aquella sabiduría capaz de orientar la vida por el camino correcto. «La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza». Al contrario, es precisamente esta sabiduría la que lleva con ella todos los bienes y riquezas incontables. En la misma línea, el salmista pide a Dios «un corazón sensato», que en definitiva es el amor y la amabilidad del Señor que ilumina y orienta el camino de la vida: «Haga prósperas las obras de nuestras manos».

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelista san Marcos presenta este pasaje sobre las riquezas en tres partes:

  1. 17-22, relato del encuentro de Jesús con un hombre «muy rico»;
  2. 23-27, adoctrinamiento particular a los discípulos;
  3. 28-30, enseñanza sobre la recompensa a los que lo han dejado todo por seguir a Jesús.

La pregunta «¿qué haré para heredar la vida eterna?» incluye de hecho unas afirmaciones implícitas: la primera es que algo tengo que hacer para heredar y poseer la vida eterna, la otra es que, en definitiva, la vida eterna será un don que espero heredar. La complementariedad del «hacer» y el «heredar» de alguna manera sintetiza la teología del éxodo con que el Pueblo de Dios llega a la libertad de la Tierra Prometida porque durante cuarenta años, con esfuerzo y unidos, han hecho camino por el desierto y porque Dios los ha guiado, alimentado, protegido.

«No hay nadie bueno más que Dios«: la reacción de Jesús quiere corregir el error de aquel hombre que parece esperar del «maestro bueno» una respuesta diferente a la que ya conocía por los mandamientos. La inserción de «no estafarás» dentro del Decálogo viene sugerida por la condición social del interlocutor.

La primera etapa la ha vivido fielmente: «Maestro, todo esto lo he cumplido desde mi juventud» (señal de que ya no es tan joven). Y precisamente porque «Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres»: no para quedar desposeído, sino para tener «un tesoro en el cielo«. Así con este empobrecimiento-enriquecimiento quedarás capacitado para «seguirme«. Jesús rompe radicalmente con el judaísmo, que consideraba la riqueza como un signo del amor de Dios para poder dar limosna a los pobres.

La segunda etapa rompe el ritmo de la primera: «A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico». El auténtico valor decisivo es el seguimiento fiel a Jesús, al cual está subordinado y condicionado el desprendimiento de las riquezas. La atónita pregunta de los discípulos («Entonces, ¿quién puede salvarse?») se comprende porque «es imposible para los hombres» sustraerse a la seducción del dinero. Sólo Dios puede llenar el corazón de una persona con valores que lleva a la salvación.

Sólo Jesús, Dios verdadero, puede colmarnos. Y esto es lo que Jesús ofrece al joven rico. El joven rico, en contraposición a la primera lectura, es el fracaso de una llamada que no ha descubierto en Jesús lo mejor. Porque no ha mirado a Jesús como a Dios.

El joven rico, como muchos de nosotros, ya ha dado un sí a Dios, más un sí parcial, y él mismo pide ir más allá, y Jesús le dice: «Yo soy todo lo que necesitas«. Y aquí es donde falla la cosa. El joven rico, aunque se arrodille a los pies de Jesús, le dice «Maestro bueno«, no le dice «Señor«. Y Jesús le contesta: «No hay nadie bueno más que Dios«. Porque para este joven, como tantos hoy en día, Jesús solo es un rabino. Admirable, sí, coherente, cautivador… todo lo que queramos, pero un rabino; en el fondo, sólo un hombre.

ACTUALIZAMOS

Cuantos cristianos, también hoy, ven en Jesús sólo un maestro, unos valores, una forma de vida. Pero no a su Señor. Por un hombre, por unos valores, no se da la vida, no se deja todo lo que uno tiene.

Si aquel joven se hubiese dado cuenta de que siguiendo a Jesús habría tenido las manos llenas de riquezas incontables, como el sabio de la primera lectura, hubiese vendido todo lo que tenía y hubiese seguido a Jesús. Y hubiese sido plenamente feliz. Ojalá nosotros fuésemos capaces de ir vendiendo todo lo que tenemos para seguir cada vez más de cerca al Señor.

  1. Los discípulos dejan casa, familia, trabajo, bienes para seguirle.

¿Jesús tiene tanto atractivo en mi vida como para dejarlo todo en sus manos y seguir tras él?

¿Hasta qué punto me fío de Jesús?

  1. En el seguimiento de Jesús,

¿Qué nos impide seguir a Jesús?

¿Puedo seguirle desde la abundancia mientras la mayoría de los seres humanos pasan hambre?

¿Qué hago para liberarme del consumismo al que me arrastra la sociedad?

  1. Desde la fe en un Dios para el que todo es posible,

¿Aceptas la voluntad de Dios para formar parte de ese Reino?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIII

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor:

«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.

Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.

Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9

R./ Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R./

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R./

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos:

A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

COMENTARIO

El pasaje de hoy habla de la corrección fraterna, y nos invita a reflexionar sobre la doble dimensión de la existencia cristiana: la comunitaria, que exige la protección de la comunión, es decir de la Iglesia, y la personal, que requiere la atención y el respeto de cada conciencia individual. Para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación. Y siempre la pedagogía de Jesús es pedagogía de la recuperación; Él siempre busca recuperar, salvar. (Papa Francisco 06-09-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la lectura de la profecía de Ezequiel el profeta se presenta como centinela para describir su función entre los exiliados. […] Ser centinela es una de las características de los verdaderos profetas, porque los falsos no acuden a las brechas para ver lo que pasa y avisar inmediatamente al pueblo (véase Ez 13,5). Los falsos profetas son adivinos, magos y embusteros; el profeta verdadero es el centinela que vigila y está atento a la palabra de Dios; no adivina, sino que lee los acontecimientos de la historia para iluminarlos a través de la palabra de Dios que anuncia. Pero la imagen del centinela evoca también la urgencia y el peligro, porque el profeta aparece en los momentos más difíciles y más dramáticos, en los períodos de crisis del pueblo. Por eso escruta todo aquello que haga referencia a la vida y a la muerte. […] Sin embargo para Ezequiel, con la señal de alarma, todavía hay tiempo para evitar lo peor. Todavía es posible cambiar el curso de los acontecimientos. El centinela está ahí para que los malvados a quienes se les dirige la advertencia puedan desandar sus malos caminos. El Señor quiere la vida del hombre no su muerte (Ez 33,11). Pero es necesaria la conversión a la que invita frecuentemente el profeta.

En la lectura a los Romanos, Pablo concluye la primera parte de la sección exhortativa de la carta (Rom 12-13) pidiendo dos cosas a los creyentes de Roma y a los de todas las épocas: que construyan su vida sobre el amor y que sean conscientes de la hora histórica que les ha tocado vivir.

En el mandamiento del amor se compendian todos los demás preceptos. Es ésta una constante de la tradición bíblica, incluida la evangélica (ver Mc 12,28-34 y par.), que Pablo recoge y reafirma (Gal 5,14). Por otra parte esta concreta relación entre la ley y el amor confirma el valor positivo que Pablo confiere a la ley, no ciertamente como fuerza salvadora, sino como manifestación práctica de esa fuerza salvadora.

Lectura del Evangelio según san Mateo 18,15-20. Corrección fraterna. Después de la enseñanza sobre la importancia de los pequeños en la comunidad (Mt 18,6-14), la atención se dirige hacia otro problema comunitario. Cambia el vocabulario; no se trata ya de los pequeños que se hacen como niños, sino de los hermanos, y de cómo actuar cuando hay conflictos en el seno de la comunidad.

La exhortación comienza con el enunciado de un caso: si tu hermano peca. No se trata de un pecado en sentido moral ni tampoco de una ofensa personal (probablemente las palabras contra ti han sido añadidas posteriormente), sino de una falta contra la comunidad. Esta situación se daba en la comunidad de Mateo, y el evangelista trata de iluminarla desde el amor y el perdón predicados por Jesús.

El procedimiento que se describe aquí no es un proceso disciplinar, sino una aplicación de la parábola de la oveja perdida (Mt 18,10-14). Se trata de un hermano que se ha separado de la comunidad, y hay que emplear todos los recursos para hacer que vuelva. Esta búsqueda debe hacerse con respeto y amor: primero en privado, para no ponerle en evidencia ante la comunidad. Si no hace caso, hay que mostrarle su falta en presencia de algunos testigos, como mandaba la ley de Moisés, que para muchos miembros de aquella comunidad tenía gran autoridad (véase Lv 19,17-18; Dt 19,15;  y 1 Cor 5,1-8, donde puede encontrarse un procedimiento similar). Finalmente, y como último recurso, habrá que reunir a la comunidad, la cual, en caso de obstinación, tendrá que reconocer dolorosamente la situación en que este hermano se ha colocado a sí mismo. Entonces, el hermano que no ha querido reconciliarse será como un extraño para la comunidad.

Después de esta instrucción acerca de la corrección fraterna el evangelista añade tres palabras de Jesús (Mt 18,18-20) que tuvieron probablemente un origen independiente, pero que ahora sirven para fundamentar la instrucción precedente. La primera (Mt 18,18) confiere a la comunidad local la capacidad de decidir en cuestiones disciplinares. La expresión atar y desatar designaba entre los maestros de la ley la capacidad de interpretar de forma vinculante la ley de Moisés. Mateo la utiliza otra vez en su evangelio, aunque en un contexto diferente y directamente referida a la autoridad de Pedro. La segunda (Mt 18,19) especifica el clima de oración en que deben tomarse estas decisiones y asegura a los discípulos, reunidos en el nombre de Jesús, que el Padre escuchará su oración. La tercera (Mt 19,20), por su parte, aborda un tema muy querido para Mateo: la presencia de Jesús en medio de su Iglesia (véase Mt 1,23; 28,20). La expresión es muy semejante a una frase que solían repetir los maestros rabínicos: «si dos hombres están hablando sobre la ley, la morada de Dios está en medio de ellos». En la formulación de Mateo, la comunidad cristiana (los dos reunidos) no se congrega ya en torno a la ley de Moisés, sino que lo hace en el nombre de Jesús, y el resultado es la presencia viva del Señor resucitado: yo estoy allí en medio de ellos.

ACTUALIZAMOS

  1. «El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor».

¿Agradeces el amor que recibes de los demás? ¿El amor es el fundamento de tus relaciones?

  1. «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, […]. Si no les hace caso, díselo a la comunidad».

La corrección fraterna requiere caridad, humildad, comprensión y coraje. ¿Existe en tu comunidad la corrección fraterna? ¿Cómo te sitúas tú en este tema?

  1. «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

¿Reconoces a Dios en medio de la comunidad, en medio de aquellos que se reúnen en su nombre?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVII

Lectura del libro del Génesis 2, 18-24

El Señor Dios se dijo:

«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».

Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.

Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.

Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.

Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.

Adán dijo:

«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer”, porque ha salido del varón».

Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5. 6

R./ Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel! R./

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11

Hermanos:

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.

Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.

El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:

«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?»

Él les replicó:

«¿Qué os ha mandado Moisés?».

Contestaron:

«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Jesús les dijo:

«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.

Él les dijo:

«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.

Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:

«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

COMENTARIO

En la primera lectura se nos acerca al relato de la creación que expresa el proyecto de Dios para la pareja humana: viviendo en su amor como un único ser, continuar la tarea del Creador. A este pasaje hace referencia Jesús en el evangelio cuando, respondiendo a los fariseos por el tema del divorcio, indica que hay que volver la mirada a la voluntad primera de Dios en la creación. Los fariseos son incapaces de entender el plan de Dios: para entrar en la dinámica del Reino hay que tener un corazón de niño.

En la carta a los Hebreos se nos presenta a un Jesús obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte, para que todos podamos alcanzar la salvación. También nosotros, siguiendo a Jesús, debemos vivir cumpliendo su voluntad.

COMPRENDER EL TEXTO

En esta sección del evangelio se nos muestra a Jesús camino de Jerusalén, anunciando la pasión e instruyendo a los discípulos. Jesús les intenta preparar para que, cuando ya no esté el físicamente entre ellos, sean capaces de continuar con su misión. Es una enseñanza que se dirige al centro del ser humano, a su corazón, de modo que, abandonando las actitudes de los fariseos, incapaces de comprender, vuelvan a ser como niños, abiertos a la novedad del Reino de Dios.

En esta tarea de instruir a los discípulos y a nosotros mismos, Jesús aprovecha la ocasión que le brindan un grupo de fariseos, que le interrogan sobre el divorcio, y unos niños que se acercan para recibir su bendición.

Era normal que los judíos acudieran a las Escrituras para dilucidar cuestiones que les preocupaban en su vida diaria. Así surgen diversas escuelas de interpretación. El pasaje de hoy debemos situarlo en este contexto: unos fariseos se acercan a Jesús con intención de ponerlo a prueba, para polemizar con él.

Los fariseos aluden a una norma de Moisés (Dt 24,1) que justifica el divorcio. En ese contexto polémico, Jesús responde utilizando tres argumentos sucesivos. Primero interpreta que el texto en el que se apoyan los fariseos es una concesión de Moisés a su incapacidad para entender, literalmente, a su dureza de corazón. A continuación plantea el origen de la relación entre hombre y mujer desde el proyecto de Dios sobre la creación. Y concluye con una sentencia con la que expresa que no se debe ir contra la voluntad de Dios.

El tema no se da por cerrado. Cuando llegan a casa continúa instruyendo a los discípulos. Esta vez fundamenta su enseñanza en el decálogo básico de Israel, expresión de la Alianza entre Dios y su pueblo. De nuevo insiste en el mensaje de que la felicidad del ser humano está en cumplir la voluntad de Dios.

Los niños son el contrapunto que pone Marcos a la mala intención de los fariseos. Para comprender mejor lo que se quiere destacar en los niños podemos compararlos con los personajes que aparecen en el contexto próximo: los fariseos, con su dureza de corazón, y la actitud de los discípulos en el pasaje del domingo pasado.

Los discípulos quieren controlar la misión de Jesús: los niños que ocupan el lugar menos importante en la sociedad iban a molestar al Maestro. La intervención de Jesús con palabras y gestos es una llamada de atención a los discípulos y una enseñanza preciosa sobre el Reino.

Solo el más pequeño, aquel que no tiene nada que ofrecer a cambio, puede acoger el don del Reinado de Dios. Quienes, como los fariseos, viven con un corazón endurecido tienen mucho que aprender de estos pequeños.

ACTUALIZAMOS

Acoger la soberanía de Dios sobre todo lo creado es entender nuestra vida no desde las normas humanas ni desde las convenciones sociales, sino desde la ley de Dios. Esta ley no es arbitraria ni caprichosa: está fundada en su amor creador. Sólo desde este amor se puede vivir la exigencia del Reino.

  1. Jesús responde a la dureza de corazón de los fariseos con el proyecto de amor del Padre; a la regañina de los discípulos, con la ternura de Dios.

¿Cómo expresamos en nuestra vida, de palabra y de obra, nuestra fe en Dios?

  1. Jesús fundamenta la unión matrimonial en el proyecto creador de Dios y en la fidelidad plasmada en la Alianza.

¿Qué nos enseña el pasaje sobre el matrimonio?

¿Qué actitudes deben promover los esposos?

  1. De los que son como ellos es el Reino de Dios”. Un reino para los niños, los sencillos, para los que no cuentan en la sociedad, opuesto a los gobiernos de la tierra.

¿Quiénes son hoy los que pueden recibir el Reino de Dios?

Con el texto de hoy llegamos a comprender lo mucho que nos falta para ser como niños, para vivir completamente entregados en su amor. Su fidelidad y su ternura son bendición para nuestra vida y modelo de nuestras relaciones. Hacemos presentes a los esposos, para que su amor sea reflejo del amor de Dios a su pueblo.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVI

Lectura del libro de los Números 11,25-29

En aquellos días, el Señor bajó en la Nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.

Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento.

Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:

«Eldad y Medad están profetizando en el campamento».

Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:

«Señor mío, Moisés, prohíbeselo».

Moisés le respondió:

«¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!».

Salmo 18, 8. 10. 12-13. 14

R./ Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R./

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R./

También tu siervo es instruido por ellos
y guardarlos comporta una gran recompensa.
¿Quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta. R./

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré limpio e inocente
del gran pecado. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,1-6

Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.

Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego.

¡Habéis acumulado riquezas… en los últimos días!

Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.

Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9,38-43. 45. 47-48

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:

«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».

Jesús respondió:

«No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna.”

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

COMENTARIO

Juan y los demás discípulos manifiestan una actitud de cerrazón frente a un suceso que no entra en sus esquemas, en este caso la acción, aunque sea buena, de una persona «externa» al círculo de seguidores. Sin embargo Jesús aparece muy libre, plenamente abierto a la libertad del Espíritu de Dios, que en su acción no está limitado por ningún confín o algún recinto. Jesús quiere educar a sus discípulos, también a nosotros hoy, en esta libertad interior. Nos hace bien reflexionar sobre este episodio, y hacer un poco de examen de conciencia. La actitud de los discípulos de Jesús es muy humana, muy común, y la podemos encontrar en las comunidades cristianas de todos los tiempos, probablemente también en nosotros mismos. De buena fe, de hecho, con celo, se quisiera proteger la autenticidad de una cierta experiencia, tutelando al fundador o al líder respecto de los falsos imitadores. Pero al mismo tiempo está como el temor de la «competencia» —esto es feo: el temor de la competencia—, que alguno pueda robar nuevos seguidores, y entonces no se logra apreciar el bien que los otros hacen: no va bien porque «no es de los nuestros», se dice. Es una forma de auto-referencialidad. Es más, aquí está la raíz del proselitismo. Y la Iglesia —decía el Papa Benedicto— no crece por proselitismo, crece por atracción, es decir crece por el testimonio dado a los demás con la fuerza del Espíritu Santo.

La gran libertad de Dios al donarse a nosotros constituye un desafío y una exhortación a modificar nuestras actitudes y nuestras relaciones. Es la invitación que nos dirige Jesús hoy. Él nos llama a no pensar según las categorías de «amigo/enemigo», «nosotros/ellos», «quien está dentro/quien está fuera», «mío/tuyo», sino para ir más allá, a abrir el corazón para poder reconocer su presencia y la acción de Dios también en ambientes insólitos e imprevisibles y en personas que no forman parte de nuestro círculo. Se trata de estar atentos más a la autenticidad del bien, de lo bonito y de lo verdadero que es realizado, que no al nombre y a la procedencia de quien lo cumple. Y —como nos sugiere la parte restante del Evangelio de hoy —en vez de juzgar a los demás, debemos examinarnos a nosotros mismos, y «cortar» sin compromisos todo lo que puede escandalizar a las personas más débiles en la fe. Que la Virgen María, modelo de dócil acogida de las sorpresas de Dios, nos ayude a reconocer los signos de la presencia del Señor en medio de nosotros, descubriéndolo allá donde Él se manifieste, también en las situaciones más impensables y raras. Que nos enseñe a amar nuestra comunidad sin envidias y clausuras, siempre abiertos al amplio horizonte de la acción del Espíritu Santo. (Papa Francisco, 30-09-2018)

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de hoy nos muestra cómo la misericordia de Dios se hace presente fuera de los límites del grupo de los discípulos. Parecido es el planteamiento que hace la primera lectura de Números: “Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara”. Dios no conoce fronteras ni se puede poner límites a su actuación. También en los textos de este domingo hay un mensaje de exigencia personal: necesitamos arrancar del corazón toda sombra de pecado, dice Jesús en el evangelio; y, en la carta de Santiago se nos invita a vivir siendo conscientes de la proximidad del Reino de Dios.

En el texto, también se recogen dos problemas que se estaban dando en el seno de la comunidad cristiana. En primer lugar, ¿quién puede usar el nombre de Jesús?. Jesús aprueba que el Espíritu es libre y que se manifiesta en quien quiere. La primera lectura es bien ilustrativa. En tiempos de Moisés hubo también críticas porque Eldad y Medad no acudieron a la tienda en la que Moisés repartió el Espíritu que él tenía, y el espíritu se posó sobre ellos a pesar de no haber asistido a la reunión convocada por Moisés. Este mismo litigio se da entre los discípulos: ¿Quién puede utilizar el nombre de Jesús?: encasillar a Dios, presumir de monopolio de Dios. Tener la exclusiva de Dios. Y Dios siempre responde de la misma manera: “Quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí”.

No les falta razón a los discípulos para plantear la pregunta: ¿De qué sirve ser discípulos si otros pueden hacer lo mismo y se evitan las molestias del seguimiento?. Quien plantea la pregunta es nada menos que Juan. La respuesta de Jesús señala que hay celos por causa de Dios, que se convierten en intransigencia, intolerancia y producen exclusión. Jesús prefiere sumar a restar. Sumar las fuerzas de todos los que combaten el mal en vez de restar y apartar del combate por vencer al mal a quienes no le siguen. Quien de verdad combate el mal ya está en algo cercano a Jesús, y para esto basta tan solo algo tan pequeño como ofrecer un vaso de agua a quien lo necesite.

Es una orientación que hoy sirve para trabajar en colaboración con otros hombres y mujeres que buscan la verdad y el bien desde credos diferentes o desde organizaciones que no llevan el sello religioso.

El segundo tema del relato evangélico es el escándalo en la comunidad. Si ante la pregunta de Juan, Jesús muestra una apertura grande, ante el escándalo hay una actitud mucho más crítica. Para Jesús, lo primero dentro del grupo de sus seguidores es olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir (domingos anteriores: ser los últimos y servidores de todos, perder la vida, coger la cruz…) colaborando juntos en su proyecto de hacer un mundo más humano. No es fácil. A veces, en vez de ayudar a otros creyentes, les podemos hacer daño. Es lo que preocupa a Jesús, que entre los suyos haya quien “escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen”. Que entre los cristianos, haya personas que, con su manera de actuar, hagan daño a creyentes más débiles, y los desvíen del mensaje y el proyecto de Jesús.

Jesús emplea imágenes extremadamente duras para que cada uno extirpe de su vida aquello que se opone al estilo de entender y vivir la vida evangélica. Está en juego “entrar en el reino de Dios” o quedar excluido.

El lenguaje de Jesús es metafórico, nos habla de la totalidad del ser humano, el “cuerpo” era visto como símbolo de la dimensión comunitaria (1Cor 12). Así la metáfora serviría para justificar la exclusión de un miembro de la comunidad cuando podía hacer caer en pecado a toda ella (1Cor 5):

  1. La “mano” es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar, acariciar, tocar a los excluidos. Es malo usarlas para herir, golpear, someter o humillar. Si es así, renuncia a tus manos, porque va en contra del estilo de Jesús.
  2. Los “pies”. Jesús siempre estaba en camino, recorría pueblos y ciudades para anunciar a Dios, su camino era de entrega y servicio. Caminaba para estar cerca de los más necesitados, para buscar a los que vivían perdidos. Abandona los caminos errados que no ayudan a nadie a seguir a Jesús.
  3. Los “ojos” representan los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miramos a las personas con el amor y la ternura con las que miraba Jesús, incluso a aquellos que no le siguen (joven rico), terminaremos pensando solo en nuestro propio interés. “Si tu ojo te induce a pecar, sácatelo” y aprende a mirar la vida de manera más evangélica.

Dios es más grande que nosotros y actúa más allá de los límites que le queremos marcar. Debemos abrir nuestro corazón al poder de su misericordia que supera toda frontera humana y que nos exige vivir en coherencia con su amor infinito.

Los cristianos debemos hacer opciones que aseguren la fidelidad a Jesús, para que su proyecto se abra camino en el mundo. Por eso, Jesús es tan poco exigente con los de fuera, pero tan radical con los que le siguen. Porque un discípulo debe aspirar a identificarse en todo con su maestro.

ACTUALIZAMOS

  1. “Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor…”

¿Cuáles son tus actitudes para favorecer que toda tu comunidad se abra al Espíritu y lo irradie?

  1. “Quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí”.

¿Reconoces a Dios en las personas que hacen el bien?

¿Puedes identificar cuáles son las barreras, condiciones o exclusiones que pones para la fraternidad y la misión?

  1. “El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen…”

¿Reconoces y respetas la fe de los sencillos?

¿Eres consciente de las repercusiones de tus actos sobre los demás?

  1. “Si tu mano te induce a pecar, córtatela”.

¿Tienes libertad interior para desprenderte de todo aquello que te impide seguir a Jesús?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXV

Lectura del libro de la Sabiduría 2,12. 17-20

Se decían los impíos:

«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida.

Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte.

Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos.

Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia.

Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará».

Salmo 53, 3-4. 5. 6 y 8

R./ El Señor sostiene mi vida.

Oh, Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh, Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R./

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R./

Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3,16 – 4,3

Queridos hermanos:

Donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.

En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.

El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.

¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis; asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.

Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9,30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía:

«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:

«¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

 COMENTARIO

El Evangelio de la liturgia de hoy (Mc 9,30-37) nos cuenta que, de camino a Jerusalén, los discípulos de Jesús discutían sobre quién «era el más grande entre ellos» (v. 34). Entonces Jesús les habló de forma contundente, que también se aplica a nosotros hoy: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (v. 35). Si quieres ser el primero, tienes que ir al final de la fila, ser el último y servir a todos. Con esta frase lapidaria, el Señor inaugura una inversión: da un vuelco a los criterios que marcan lo que realmente cuenta. El valor de una persona ya no depende del papel que desempeña, del éxito que tiene, del trabajo que hace, del dinero que tiene en el banco; no, no depende de eso; la grandeza y el éxito, a los ojos de Dios, tienen otro rasero: se miden por el servicio. No por lo que se tiene, sino por lo que se da. ¿Quieres sobresalir? Sirve. Este es el camino.

Hoy en día la palabra “servicio” parece un poco descolorida, desgastada por el uso. Pero en el Evangelio tiene un significado preciso y concreto. Servir no es una expresión de cortesía: es hacer como Jesús, que, resumiendo su vida en pocas palabras, dijo que había venido «no a ser servido, sino a servir» (Mc 10,45). Así dijo el Señor. Por eso, si queremos seguir a Jesús, debemos recorrer el camino que Él mismo ha trazado, el camino del servicio. Nuestra fidelidad al Señor depende de nuestra disponibilidad a servir. Y esto cuesta, lo sabemos, porque “sabe a cruz”. Pero a medida que crecemos en el cuidado y la disponibilidad hacia los demás, nos volvemos más libres por dentro, más parecidos a Jesús. Cuanto más servimos, más sentimos la presencia de Dios. Sobre todo cuando servimos a los que no tienen nada que devolvernos, los pobres, abrazando sus dificultades y necesidades con la tierna compasión: y ahí descubrimos que a su vez somos amados y abrazados por Dios. (Papa Francisco, 19-09-2021)

COMPRENDER EL TEXTO

El domingo pasado el evangelio de Marcos comenzó a anunciar la pasión y a instruir a los discípulos, a la par se iniciaba un desvelamiento del auténtico rostro de Jesús como Mesías. Hoy nos encontramos con el segundo anuncio de la pasión y una nueva instrucción.

Jesús comienza a hablar con mayor claridad. Ahora ya no es Pedro solo, sino todos los discípulos quienes no comprenden. Pedro ansiaba un Mesías político, los doce querían ocupar un puesto importante en este Reino que Jesús quería instaurar.

De nuevo, ante un malentendido de los discípulos, una instrucción de Jesús sobre quién es el mayor en este Reino inaugurado por él. Es una instrucción con un gesto en el centro. Se trata de una revelación de la dignidad eminente del pequeño y de la grandeza del servidor. Jesús que se manifiesta Mesías por los caminos del sufrimiento, la muerte y la resurrección, trae consigo una inversión de los valores.

Los discípulos “no entendían lo que decía” Jesús. Es curioso, que la incomprensión, lejos de ir desapareciendo, aumenta conforme se va desvelando el verdadero rostro del Mesías-Jesús. Culminará con el abandono en los días de la pasión. Cuanto más escuchan menos entienden, cuando más avanzan con Jesús menos le siguen.

Los últimos domingos hemos contemplado a los discípulos sumergidos en una crisis de fe. Jesús, dice el evangelio del domingo pasado, “se lo explicaba con toda claridad” (Mc 8,32). Pero a pesar de eso, no terminaban de comprender (Mc 9,32). A nosotros nos puede suceder lo mismo: el Señor nos indica un camino y nosotros nos dedicamos a discutir de otros asuntos contrarios a lo que Jesús nos dice.

ACTUALIZAMOS

Todos nosotros nos podemos ver reflejados en la experiencia de los discípulos. Nuestras vidas de cristianos, nuestro seguimiento, está lleno de claroscuros, luces y sombras, incomprensiones… Nos cuesta entender que la presencia y bendición de Dios pasa por la entrega y el sufrimiento.

  1. En mi vida de fe:

¿Por qué caminos busco el rostro de Jesús?

¿Qué rostro de Dios y de Jesús se revelan en este evangelio?

  1. “Que sea el último de todos y el servidor de todos”. Estas palabras,

¿A qué me comprometen concretamente en las actuales circunstancias de mi vida?

  1. “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.

¿Realmente espero encontrar el rostro de Dios y construir su Reino a través del camino por el que transcurre actualmente mi vida?

ORAR CON EL TEXTO

La humildad y el servicio no son dos valores que gocen de gran aprecio en nuestra sociedad. Solo se pueden comprender desde una vida en la que la oración y la contemplación sean frecuentes.

Que ningún aire de orgullo se manifieste entre vosotros, sino que la simplicidad, la armonía y la actitud sencilla forjen la comunidad. Y que cada uno se persuada no solo de que no es superior al hermano que vive con él, sino que no es superior a ningún hombre.

Cuando hayas entendido todo esto serás en verdad discípulo de Cristo.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIV

Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?

Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará?

Que se acerque.

Mirad, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará?

Salmo 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9

R./ Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R./

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida». R./

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R./

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de los vivos. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?

Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?

Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.

Pero alguno dirá:

«Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le contestaron:

«Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»

Tomando la palabra Pedro le dijo:

«Tú eres el Mesías».

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.

Y empezó a instruirlos:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:

«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?».

COMENTARIO

El evangelio de hoy inicia una intensa instrucción a los discípulos. Jesús ha desvelado poco a poco su verdadero rostro. Es el Mesías, pero su mesianismo pasa por el sufrimiento, la condena y la muerte. Y este camino de cruz hay que recorrerlo. El profeta Isaías así lo canta, hablando del siervo de Yahvé, que personifica el aparente fracaso que ahora anuncia Jesús a sus discípulos.

Al mismo tiempo que Jesús muestra su verdadero rostro, los discípulos descubren las exigencias de su seguimiento: creer, como también apunta Santiago, es aceptar un compromiso vital que lleva a dar incluso la vida por seguir al Señor.

COMPRENDER EL TEXTO

Este texto se sitúa en el centro del evangelio de Marcos, colocado entre las dos grandes etapas de la actividad de Jesús y en él aparece la pregunta que el evangelista quiere hacer a sus lectores, la misma que él intenta responder relatando lo que Jesús hizo y dijo.

  • Marcos nos plantea las dos cuestiones que subyacen en su evangelio: Quién es Jesús y en qué consiste ser su discípulo. Las preguntas se plantean abiertamente y es Pedro quien responde como portavoz del grupo.
  • La respuesta de Pedro parece irreprochable porque confiesa a Jesús como Mesías, como aquél que lleva a su cumplimiento todas las esperanzas de Israel. Por eso sorprende la respuesta de Jesús que prohíbe que hablen acerca de él. Esta reacción de Jesús indica que sus discípulos aún no pueden responder a la pregunta planteada. Por eso es necesaria una nueva instrucción, una nueva enseñanza.
  • Jesús no habla de un reino que irrumpe con poder en el mundo, sino de su muerte en la cruz; tampoco les habla en parábolas, sino que les habla abiertamente. Por eso podríamos hablar de novedad, tanto en el tono, como en el contenido de sus palabras.
  • En esta instrucción, la primera de las 3 que tendrá lugar camino de Jerusalén, presenta su muerte como algo que responde al designio de Dios y que se opone a las expectativas triunfalistas de Pedro.
  • Pedro no puede aceptar un Mesías que tenga que padecer en la cruz, por eso increpa a Jesús, por eso Jesús, usando el mismo tono, le dice: “Ponte detrás de mí, Satanás”. Al increpar a Jesús para que abandone el camino de la cruz, Pedro ha olvidado el puesto de discípulo (detrás de Jesús) y se ha convertido en tentador (Satanás).
  • Pero las palabras de Jesús a Pedro, no se quedan en el reproche. El maestro reúne a la gente y a sus discípulos haciendo una nueva llamada al seguimiento. Hasta ahora les había pedido que lo acompañaran compartiendo su estilo de vida y su misión; ahora les pide dar un paso más, identificarse con él hasta compartir su destino. El objetivo ya no es un proyecto, sino el mismo Jesús, hacerse esclavos de los demás, “perder la vida”, cargar con la cruz, quedarse sólo con Jesús, abandonados como él a la voluntad del Padre.

ACTUALIZAMOS

Este relato de Marcos ilumina a un tiempo el rostro de Jesús y el camino del discipulado. Todos podemos analizar por donde van nuestros pasos a la luz del evangelio que hemos proclamado.

  1. Fe:

A pesar de la crisis vocacional que están atravesando Pedro y sus discípulos, Jesús les vuelve a llamar y les pide que se identifiquen con él. ¿Cómo nos ayuda este pasaje a profundizar en el conocimiento de Jesús y a impulsar nuestra relación con él?

Pedro quiere afrontar su seguimiento desde criterios humanos (Mesías vencedor) y no desde las categorías de Dios (muerte en la cruz). ¿Esto es algo que sólo pasa a Pedro?

  1. Caridad:

Pedro superó su crisis de fe y esto le llevó a un compromiso purificado, dio su vida y murió crucificado. ¿Qué aspectos de mi compromiso cristiano purifica este pasaje?

“Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Palabras muy duras a los oídos de nuestro tiempo. ¿Cómo vivo en esta dinámica tan provocativa y exigente hoy?

  1. Esperanza:

“El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. ¿Estas palabras son para mí motivo de esperanza e impulso en mi compromiso?

ORAR CON EL TEXTO

Jesús ha dado un sentido nuevo al camino del seguimiento. A partir de ahora, sabemos que seguirle no es sólo un proyecto, sino sobre todo identificarse con él, llegando, si es preciso, hasta la cruz. Como los primeros discípulos tenemos dificultades para entenderlo y necesitamos que Dios abra nuestros ojos. Suplicarle como Bartimeo: “¡Señor, que vea!”

LECTIO DIVINA – NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA – 8 DE SEPTIEMBRE

Lectura del profeta Miqueas 5, 1-5

Y tú, Belén de Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel. Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra. Él mismo será la paz, y cuando Asiria invada nuestro país, cuando ande por nuestros palacios, alzaremos contra él siete pastores, alzaremos ocho guerreros. Pastorearán Asiria con la espada, la tierra de Nimrod con el puñal; nos salvará de Asiria, que invadió nuestro país, que atravesó nuestras fronteras.

Salmo 12, 6ab. 6cd

R./ Desbordo de gozo con el Señor.

Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio. R./

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos: Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-23

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». 

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

5,1-5 Venida del rey mesiánico. El Señor va a suscitar un nuevo rey mesiánico, del que el profeta subraya los orígenes humildes (Belén, el más pequeño de los clanes de Judá), el entronque dinástico con David (orígenes antiguos, días de antaño), el pastoreo según el Señor (con la fuerza del Señor, en su nombre), su carácter pacificador (reunión de los dispersos, vida segura y tranquila, nombre del rey esperado: él mismo será la paz) y su actividad liberadora (el será quien nos libre de Asiria). Mt 2,5-6 ve cumplida plenamente esta profecía en el nacimiento de Jesús.

Carta del apóstol san Pablo. En cuanto a Romanos 8, 28-30, que nadie descubra en estos versículos una afirmación restrictiva del proyecto salvador de Dios. Dicho proyecto está abierto a todo el que quiera acogerlo. Lo que Pablo subraya es que se trata de don gratuito y no de acontecimiento casual. Y si hasta la misma glorificación futura es expresada por un verbo en pasado, ello se debe a que desde el punto de vista de Dios la salvación está totalmente asegurada.

Evangelio según san Mateo 1, 18-23. Nacimiento de Jesús. En este pasaje desarrolla Mateo lo que había insinuado en Mt 1,16 y trata de explicar cómo Jesús, nacido de manera misteriosa de María, forma parte del linaje de David y de Abrahán a través de José, que lo adopta como hijo.

La relación que existe entre María y José (Mt 1,18-19) implicaba un compromiso matrimonial estable, hasta el punto de que si la pareja tenía un hijo, éste era considerado hijo legítimo de ambos. Era una unión que sólo podía disolverse con el divorcio, y la ley de Moisés consideraba la infidelidad de la prometida una ofensa semejante a la infidelidad de la esposa (Dt 22,23-27). José, al conocer la noticia de que María está embarazada sin intervención suya, decide no delatarla, pues si lo hubiera hecho, ella habría sido juzgada como adúltera. Sin saberlo, José actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, y por eso se dice de él que era justo. Esta justicia de José está más cerca de la actitud de obediencia a la voluntad de Dios que aparece repetidamente en este evangelio, que de la idea legalista que los judíos tenían de ella.

El anuncio del ángel a José (Mt 1,20-24) sigue el esquema de los relatos del AT (véase Jue 13) en los que se anuncia el nacimiento de un personaje famoso: a) el anuncio está rodeado de signos divinos: ángel del Señor, sueño; b) que provocan miedo o estupor: no temas; c) el mensajero divino anuncia cuál será el nombre y la misión del niño que va a nacer: salvará a su pueblo; d) se da un signo que confirma el anuncio: cumplimiento de las Escrituras. Lucas se sirve de este mismo esquema para anunciar el nacimiento de Juan (Lc 1,5-25) y de Jesús (Lc 1,26-38). La función de estos anuncios es vincular a dicho personaje, ya desde su nacimiento, con el proyecto divino.

En la anunciación a José se hace una completa presentación de Jesús. En primer lugar se afirma su origen divino: viene del Espíritu Santo. Después se anuncia cuál será su misión a través del nombre que su padre adoptivo le impone por mandato de Dios: Jesús significa «Dios salva», y la misión de Jesús será, precisamente, salvar a su pueblo de los pecados (Mt 1,21). También la referencia a Is 7,14 (Mt 1,22-23), que ocupa un lugar muy importante en el relato, está orientada a esta presentación de Jesús. Esta es la primera de una serie de citas introducidas con una misma fórmula: todo esto sucedió… Todas estas citas son propias de Mateo y subrayan algunos aspectos importantes de su teología. En este caso sirve para expresar la convicción de que el Mesías salvador que va a nacer estará siempre presente en medio su Iglesia (véase Mt 18,20; 28,20).

La figura de José es también muy importante en este relato y en todo el evangelio de la infancia de Mateo. El ángel se dirige a él como hijo de David (Mt 1,20), para pedirle que reciba a María y al niño poniéndole un nombre. La imposición del nombre (Mt 1,21.25) es el rito a través del cual José recibe a Jesús como hijo. Mateo insiste en este detalle, porque en la antigüedad un niño no pasaba a formar parte de la descendencia paterna hasta que había sido reconocido por su padre o adoptado. Jesús entra en la descendencia de David y de Abrahán gracias a la actitud obediente de José, el cual, actuando de esta forma, aparece no sólo como modelo de judío fiel a la ley, sino también como modelo de cristiano obediente a la voluntad de Dios. No es difícil que los judíos que habían acogido el evangelio y formaban parte de la comunidad de Mateo se vieran representados en él.

ACTUALIZAMOS

  1. “Él mismo será la paz”

¿Buscas y acoges la paz que te da Dios en medio de las dificultades?

  1. “… a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo”

Estamos hechos a imagen de Dios. En las relaciones con los demás, cuando amas, quieres y eres misericordioso ¿sabes que puedes ser imagen de Dios y reproducir la imagen de su Hijo?

  1. “Él salvará a su pueblo de sus pecados” 

¿Me siento salvado por Dios, siento su misericordia en mi vida?

ORAMOS CON EL MAGNIFICAT

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.

Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

COMENTARIO AL MAGNIFICAT

El primer movimiento del cántico mariano (cf. Lc 1, 46-50) es una especie de voz solista que se eleva hacia el cielo para llegar hasta el Señor. Escuchamos precisamente la voz de la Virgen que habla así de su Salvador, que ha hecho obras grandes en su alma y en su cuerpo. En efecto, conviene notar que el cántico está compuesto en primera persona: «Mi alma… Mi espíritu… Mi Salvador… Me felicitarán… Ha hecho obras grandes por mí…». Así pues, el alma de la oración es la celebración de la gracia divina, que ha irrumpido en el corazón y en la existencia de María, convirtiéndola en la Madre del Señor.

La estructura íntima de su canto orante es, por consiguiente, la alabanza, la acción de gracias, la alegría, fruto de la gratitud. Pero este testimonio personal no es solitario e intimista, puramente individualista, porque la Virgen Madre es consciente de que tiene una misión que desempeñar en favor de la humanidad y de que su historia personal se inserta en la historia de la salvación. Así puede decir:  «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (v. 50). Con esta alabanza al Señor, la Virgen se hace portavoz de todas las criaturas redimidas, que, en su «fiat» y así en la figura de Jesús nacido de la Virgen, encuentran la misericordia de Dios.

En este punto se desarrolla el segundo movimiento poético y espiritual del Magníficat (cf. vv. 51-55). Tiene una índole más coral, como si a la voz de María se uniera la de la comunidad de los fieles que celebran las sorprendentes elecciones de Dios. En el original griego, el evangelio de san Lucas tiene siete verbos en aoristo, que indican otras tantas acciones que el Señor realiza de modo permanente en la historia: «Hace proezas…; dispersa a los soberbios…; derriba del trono a los poderosos…; enaltece a los humildes…; a los hambrientos los colma de bienes…; a los ricos los despide vacíos…; auxilia a Israel».

En estas siete acciones divinas es evidente el «estilo» en el que el Señor de la historia inspira su comportamiento: se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan «los soberbios, los poderosos y los ricos». Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final, para mostrar quiénes son los verdaderos predilectos de Dios:  «Los que le temen», fieles a su palabra, «los humildes, los que tienen hambre, Israel su siervo», es decir, la comunidad del pueblo de Dios que, como María, está formada por los que son «pobres», puros y sencillos de corazón. Se trata del «pequeño rebaño», invitado a no temer, porque al Padre le ha complacido darle su reino (cf. Lc 12, 32). Así, este cántico nos invita a unirnos a este pequeño rebaño, a ser realmente miembros del pueblo de Dios con pureza y sencillez de corazón, con amor a Dios. (Papa Francisco, 15-02-2006)