LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIII

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora.

Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro.

Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua.

Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11

R./ Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R./

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R./

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 11-14. 18

Todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.

Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.

Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados.

Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

COMENTARIO

El año litúrgico está próximo a su fin y las lecturas nos recuerdan que, desde la muerte y resurrección de Cristo, los últimos tiempos ya han comenzado. Daniel expresa, en lenguaje apocalíptico o escatológico (tratado de los últimos tiempos) una esperanza: el mal no tiene la última palabra y quienes están inscritos en el libro de Dios alcanzarán la vida. Esta es la misma certeza que ofrece el evangelio de Marcos, pero centrada en el misterio pascual de Cristo. Porque como dice Hebreos, él ya ha vencido, está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo en que su victoria se vuelva evidente y definitiva para el mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje del evangelio resulta extraño a nuestra mentalidad. El lenguaje que utiliza puede provocar desconcierto y temor, aunque no es esa la intención del evangelista, que adopta una forma de escritura propia de la época: el lenguaje apocalíptico (que oculta y revela) para decir a su comunidad que no se deje vencer por el desánimo porque, a pesar de la demora, habrá una segunda venida, esta vez gloriosa, de Jesucristo.

Este pasaje se sitúa después de las acciones simbólicas de Jesús en el templo (Mc 11,1) y tras las discusiones que mantiene con los principales grupos judíos (Mc 11,26).

Después de esto, Jesús inicia una instrucción particular a sus seguidores. En el mismo escenario, frente al templo, toma la postura del maestro (Mc 13,3 sentado) e inicia la enseñanza, respondiendo a las preguntas de Pedro, Santiago, Juan y Andrés sobre el fin de los tiempos. Usa el lenguaje apocalíptico que pretendía desvelar un mensaje de Dios, que ofrecía un mensaje de ánimo y consuelo a grupos judíos y cristianos en crisis.

Los cristianos para los que Marcos escribe su evangelio pasaban por dificultades. Constataban que la segunda venida de Jesús, que creían inmediatamente, se retrasaba; en sus filas había signos de dejadez, rutina y abandono del mensaje radical de Jesús. Marcos recuerda que en la tradición cristiana hay palabras de exhortación y aliento: Cristo volverá con gloria, aunque no se sabe cuándo. Por eso es necesaria la vigilancia.

El pasaje de hoy habla de la venida de Cristo. Pero no le llama Mesías, ni Jesús, sino que le denomina con un título del Antiguo Testamento: HIJO DEL HOMBRE, para juzgar a la humanidad (Dn 7,13). Este personaje anunciado en el Antiguo Testamento es Jesús, él aparecerá al final de los tiempos revestido con el poder y la gloria de Dios. Como triunfador definitivo, convocará y reunirá a quienes hayan permanecido fieles. Lo que no sabemos es cuando ocurrirá, sólo lo sabe el Padre. Lo importante es fiarse de la Palabra de Jesús y vivir con la certeza de que a partir de su muerte y resurrección ese día ya está presente, palpitando en nuestro tiempo.

Este pasaje es muy rico en imágenes (característica del lenguaje apocalíptico), pero no se puede entender de forma literal. La revolución cósmica, las calamidades y tribulaciones que utiliza este género literario son una forma de expresar la intervención de Dios en la historia y el mundo. Las imágenes, comparaciones y otras sentencias están también al servicio del mensaje que se quiere revelar, en el caso del evangelio de hoy es claro: VENDRÁ CRISTO, en un tiempo cercano, pero incierto. Hay que estar preparados.

ACTUALIZAMOS

Jesús nos invita a vivir en profundidad, a prestar atención a los signos de los tiempos, porque el futuro palpita en nuestro presente como la vida en la higuera aparentemente sin vida durante el invierno. Si no abrimos nuestros ojos, si no estamos alertas, podemos olvidar que éste es un tiempo en el que Dios actúa y en el que el ser humano va forjando su opción a favor o en contra de la vida.

  1. “Verán venir al Hijo del hombre”

¿Cómo entiendo hoy que el Señor viene?

¿Dónde descubro su llegada a mi vida y al mundo?

  1. La certeza de la fe de que el Señor está cerca,

¿Te invita a tomar compromisos concretos: personales y como Iglesia?

  1. En este mundo,

¿Es para ti motivo de esperanza la venida del Señor o te provoca miedo y angustia? ó quizá, ni siquiera le esperas.

ORAMOS

Vivimos aguardando la manifestación definitiva de Jesucristo. Es tiempo de sostener la fe, de arriesgar la vida, y sólo con nuestras fuerzas no podemos caminar. Vamos a hablar con el Señor y a pedirle que reconozcamos día a día los signos de su presencia en el mundo.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXII

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 10-16

En aquellos días, se alzó el profeta Elías y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña.

Elías la llamó y le dijo:

«Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».

Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle:

«Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».

Ella respondió:

«Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».

Pero Elías le dijo:

«No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo lo harás después.

Porque así dice el Señor, Dios de Israel:

“La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”».

Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.

Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 24-28

Cristo entró no en un santuario construido por hombres, imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.

Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena. Si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde la fundación del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de los tiempos, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio.

De la misma manera, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos.

La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar a los que lo esperan.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:

«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».

Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.

Llamando a sus discípulos, les dijo:

«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

COMENTARIO

El episodio evangélico de hoy (ver Mc 12, 38-44) concluye la serie de enseñanzas impartidas por Jesús en el templo de Jerusalén y resalta dos figuras opuestas: el escriba y la viuda. Pero ¿por qué están contrapuestas? El escriba representa a las personas importantes, ricas, influyentes; la otra —la viuda— representa a los últimos, a los pobres, a los débiles. En realidad, el juicio resuelto de Jesús contra los escribas no concierne a toda la categoría de escribas, sino que se refiere a aquellos que alardean de su posición social, que se enorgullecen del título de “rabí”, es decir, maestro, a quienes les gusta que les reverencien y ocupar los primeros puestos (ver versículos 38-39). Lo peor es que su ostentación es sobre todo de naturaleza religiosa, porque rezan, dice Jesús —“so capa de largas oraciones”—(v.40) y se sirven de Dios para proclamarse como los defensores de su ley. Y esta actitud de superioridad y de vanidad les lleva a despreciar a los que cuentan poco o se encuentran en una posición económica desaventajada, como es el caso de las viudas.

Jesús desenmascara este mecanismo perverso: denuncia la opresión instrumentalizada de los débiles por motivos religiosos, diciendo claramente que Dios está del lado de los últimos. Y para grabar esta lección en la mente de los discípulos, les pone un ejemplo viviente: una pobre viuda, cuya posición social era insignificante porque no tenía un marido que pudiera defender sus derechos, y por eso era presa fácil para algún acreedor sin escrúpulos. Esta mujer, que echará en el tesoro del templo solamente dos moneditas, todo lo que le quedaba, y hace su ofrenda intentando pasar desapercibida, casi avergonzándose. Pero, precisamente con esta humildad, ella cumple una acción de gran importancia religiosa y espiritual. Ese gesto lleno de sacrificio no escapa a la mirada de Jesús, que, al contrario, ve brillar en él el don total de sí mismo en el que quiere educar a sus discípulos.

La enseñanza que Jesús nos da hoy nos ayuda a recobrar lo que es esencial en nuestras vidas y favorece una relación concreta y cotidiana con Dios. Hermanos y hermanas, las balanzas del Señor son diferentes a las nuestras. Pesa de manera diferente a las personas y sus gestos: Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones. Esto significa que nuestro “dar” a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención. Nos salvó gratuitamente. Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Por eso, Jesús indica a esa viuda pobre y generosa como modelo a imitar de vida cristiana. No sabemos su nombre, pero conocemos su corazón —la encontraremos en el Cielo y seguramente iremos a saludarla—, y eso es lo que cuenta ante Dios. Cuando nos sentimos tentados por el deseo de aparentar y de contabilizar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados ​​en la mirada de los demás pensemos en esta mujer y, —permitidme las palabras— cuando nos pavoneemos, pensemos en esta mujer. Nos hará bien: nos ayudará a despojarnos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y a permanecer humildes.

¡Que la Virgen María, mujer pobre que se entregó totalmente a Dios, nos sostenga en el propósito de dar al Señor y a los hermanos, no algo nuestro, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa! (Papa Francisco, 11-11-2018)

COMPRENDER EL TEXTO

La primera lectura y evangelio de hoy nos muestran a dos viudas pobres. Una ayuda generosamente a un enviado de Dios, el profeta Elías. La otra se convierte en ejemplo de entrega total y, desinteresada para los discípulos. En ambas se realiza la Palabra de Dios que, como dice el salmo, “sustenta a la viuda”.

La segunda lectura nos dice que, conociendo nuestra debilidad, Cristo se ha ofrecido de una vez para siempre, para quitar los pecados de todos. Sin embargo, lejos de adormilar nuestra conciencia, la certeza de contar con la misericordia de Dios nos debe impulsar a mirarnos en el ejemplo de aquella viuda pobre a la que Jesús alaba.

Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En Marcos 12,28, un escriba se presenta con sinceridad ante Jesús porque desea saber su opinión acerca del mandamiento más importante de la ley. No todos los escribas son así, otros maestros de la ley tienen una actitud totalmente distinta. Jesús nos llama la atención sobre la incoherencia de estos maestros en el inicio del evangelio de hoy.

La actividad de Jesús en Jerusalén gira en torno al templo y al culto. Se inicia con unos gestos simbólicos que manifiestan quién es Jesús (Mc 11,15-18 expulsión de los vendedores), esto tiene su réplica por parte de los dirigentes judíos (Mc 11,27-33: controversia sobre su autoridad). Este es el ambiente polémico en el que se inserta el evangelio de hoy. Jesús ha respondido con autoridad a las cuestiones que le plantean distintos grupos judíos, se dirige a sus discípulos para mostrarles qué actitudes deben rechazar y cuáles favorecer en su relación con Dios.

El texto leído consta de una advertencia y una enseñanza final a los discípulos. La advertencia es que hay que guardarse de las actitudes personificadas en los maestros de la ley, escribas, actitudes que en el fondo amenazan a todo ser humano: la ambición, el orgullo y la búsqueda de prestigio.

Los escribas o maestros de la ley eran especialistas en el estudio y aplicación de la escritura. Pero saber interpretarlas se convirtió para ellos en una forma de ganar prestigio social y en un medio para enriquecerse, olvidándose, entre otras cosas, que Dios había pedido la defensa de los más débiles (entre ellos las viudas Ex 22,21). Por tanto, la religión les otorgaba prestigio, reconocimiento público, seguridad material y, además, les permitía aprovecharse de los más desfavorecidos.

Pero Jesús no se queda solo en el reproche a los escribas, sino que nos presenta un ejemplo positivo. Jesús quiere transmitir algo muy importante a los discípulos, pero más que un discurso, les pide que se fijen en una viuda pobre que deposita en la caja del templo una ofrenda voluntaria. Jesús establece el contraste entre dos formas de vivir la religión:

  1. ESCRIBAS: la ejercen en su propio provecho, expertos en la escritura, disfrutan de prestigio social, buscan poder.
  2. VIUDA: vive la escritura desde la hondura de su desamparo; es mujer, viuda y pobre (3 elementos que en aquella época significaban marginación); carece de todo reconocimiento público, es toda pequeñez. Jesús que ya se ha presentado como juez en el gesto simbólico de la higuera (Mc 11,12-14) establece una valoración muy diferente para ambos.

Dios no se fija en los ritos externos suntuosos, ni siquiera en lo que entregamos; más bien observa cuánto nos reservamos para nosotros. Por eso las dos monedas, de escaso valor aparente, de esa mujer y la entrega total que implica es lo que requiere el verdadero culto. Ese abandono en manos de Dios (primera bienaventuranza) es lo que separa a la viuda pobre de los ricos y de los escribas, lo que la hace obrar “con todo su corazón.., con todas sus fuerzas”, cumpliendo así el mandamiento más importante de la ley (Mc 12,29-31).

Su actitud ante Dios y el culto refleja una fe sin reservas, una humildad sincera y una confianza absoluta. Por eso esta viuda anónima fue un ejemplo para los discípulos y lo será para los cristianos de todos los tiempos.

ACTUALIZAMOS

El evangelio de hoy ha puesto ante nuestros ojos un ejemplo de piedad ejemplar, una muestra de apertura total a Dios, un culto de corazón que se hace vida. Podemos quedarnos en las ideas o podemos dejarnos interpelar por ellas y ponernos en camino de superación, de cambio y de mirada agradecida.

  1. Las monedas significan todo aquello que somos y tenemos.

¿Qué nos reservamos para nosotros, qué ofrecemos a Dios y a los demás?

  1. Aquella mujer viuda y pobre depositó toda su confianza en Dios.

¿Mi confianza en Dios es absoluta, como la de aquella mujer?

  1. Este pasaje,

¿Me invita a abandonar actitudes de escriba en mi forma de vivir el cristianismo?

¿Cuáles?

  1. Aquella viuda depositó las dos únicas monedas que tenía en el cesto de las ofrendas.

¿Cuáles son mis dos mejores monedas que quiero entregar hoy para construir el Reino de Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXI

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 2-6

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Teme al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y nietos, y observa todos sus mandatos y preceptos, que yo te mando, todos los días de tu vida, a fin de que se prolonguen tus días. Escucha, pues, Israel, y esmérate en practicarlos, a fin de que te vaya bien y te multipliques, como te prometió el Señor, Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel.

Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón».

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

R./ Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R./

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R./

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 7, 23-28

Hermanos:

Ha habido multitud de sacerdotes de la anterior Alianza, porque la muerte les impedía permanecer; en cambio, Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.

Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.

Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

En efecto, la ley hace sumos sacerdotes a hombres llenos de debilidades. En cambio, la palabra del juramento, posterior a la ley, consagra al Hijo, perfecto para siempre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:

«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El letrado replicó:

«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

«No estás lejos del Reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

COMENTARIO

Los textos del evangelio que vamos leyendo estos domingos van cerrando el círculo alrededor de Jesús: los adversarios intentan tenderle trampas para poder inculparle. Y Jesús responde, a veces, con una cierta dureza. Hoy un escriba le pregunta cuál es el primer mandamiento. La respuesta hace referencia directa al texto de la primera lectura. Y el próximo domingo, otro momento tenso: la crítica de Jesús ante el afán por hacerse notar de los escribas. Como segunda lectura, la carta a los cristianos hebreos continúa presentando a Cristo como al gran sacerdote sin mancha, irreprochable, que ejerce un “sacerdocio que no pasa”.

COMPRENDER EL TEXTO

A menudo se dice que ser cristiano es amar a los demás. No es falso, aunque es insuficiente. Amar a los otros es una llamada que todo hombre puede descubrir. Pero el cristiano está tocado por la revelación conmovedora del amor de Dios para con los hombres. Su primer impulso es responder a este amor. Pero se dará cuenta de que si no llega a amar a sus hermanos, su amor a Dios es solo de palabra, es una mentira, como dice claramente Juan en sus cartas. La mejor formulación, si se quiere unir a Dios y a los hermanos en un mismo amor, será tomar el nuevo mandamiento: «que os améis unos a otros; como yo os he amado». Sin olvidar que es por ser fiel al amor de su Padre que Jesús no ha dudado en dar su vida por nosotros.

La página evangélica de hoy forma parte de una amplia “controversia” entre Jesús y algunos dirigentes del judaísmo oficial (Mc 11,27–12,34). La escena se desarrolla en un atrio del templo de Jerusalén, pocos días antes de la pasión. Saduceos, herodianos y fariseos ya habían hecho a Jesús varias preguntas capciosas para ponerle en aprieto (sobre su autoridad, el tributo al César y la resurrección de los muertos). Ahora, se adelanta el único interlocutor sincero, un escriba o maestro de la ley empeñado en la búsqueda de la verdad y le propone una cuestión realmente importante.

Los escribas eran los maestros o guías religiosos del pueblo. Conocían muy bien la ley y se encargaban de explicarla al pueblo y de aplicarla a situaciones concretas de la vida. En su afán de codificar moralmente la existencia humana hasta los mínimos detalles, habían catalogado hasta 613 normas o preceptos (248 que mandan y 365 que prohíben), a los que habían añadido otras muchas prescripciones. Abrumado por el peso de estas leyes, el escriba que se acerca a Jesús parece que siente la necesidad de aligerar la carga, de concentrarse en un principio supremo que, en lugar de asfixiar y angustiar a las personas, sea capaz de simplificarles la vida y permitirles vivir más unificados y en paz.

Preguntado solo por el primer mandamiento, Jesús responde también sobre el segundo. De ahí que su respuesta conste de dos partes, inspiradas en textos bíblicos: “Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,5) y “No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor” (Lev 19,18). La primera parte de la respuesta conjuga una afirmación sobre Dios (existe Dios, el único, nuestro Dios) y el imperativo de amarle con todas nuestras fuerzas (con la mente, el corazón y la voluntad). La segunda parte hace hincapié en el segundo mandamiento: el del amor al prójimo. Ambos mandamientos se sitúan en la misma perspectiva; el primero se realiza en el segundo.

El escriba aprueba con entusiasmo la doctrina de Jesús y éste termina elogiando la sinceridad y sensatez del escriba.

ACTUALIZAMOS

En la vida nos interesa saber qué es importante y qué no lo es, para dedicarnos a lo que merece la pena. Pero ¿qué es lo que merece la pena, cuando hoy en día tenemos tantas posibilidades a las que consagrarnos? En el evangelio de hoy la respuesta de Jesús al escriba nos ilumina y nos da la clave para que acertemos: lo más importante en un hombre religioso es amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Así, pues, será necesario renunciar a lo que pone en riesgo nuestro amor a Dios o al prójimo, que es lo que se nos ha encomendado. Verdaderamente no hay mandamiento mayor que estos. El único Señor al que le debemos la vida y el regalo de la creación entera que nos ofrece cada día.

Es este Dios el único Señor, el que debe recuperar su puesto central en nuestra vida. Con el que hemos de relacionarnos cada día, bendecir su nombre, escuchar sus palabras, aceptar su voluntad, reconocer su grandeza y su bondad y dejarnos conducir por sus caminos. Jesús nos recuerda también la centralidad del amor al prójimo. Al amar a nuestro prójimo estamos siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino al mundo para que tuviéramos vida y vida en abundancia. Vino a entregar su vida en rescate por muchos. Lo característico del discípulo de Jesús no es otra cosa sino amar intensamente a los demás y estar siempre a su servicio. 

  1. En este mundo,

¿Qué consecuencias personales y sociales tiene para tu vida este diálogo entre Jesús y el escriba?

¿Qué leyes, normas, costumbres… has colocado en tu vida por encima del amor?

  1. Jesús dice al maestro de la ley: “No estás lejos del Reino de Dios”.

¿Qué te diría a ti Jesús? ¿Por qué?

  1. Según este pasaje,

¿Cuáles son los rasgos que caracterizan la presencia del Reinado de Dios entre nosotros?

¿Percibes la presencia de esos rasgos en la Iglesia, en tu comunidad, en tu vida?

LECTIO DIVINA – TIEMPO ORDINARIO 2 DE NOVIEMBRE «TODOS LOS FIELES DIFUNTOS»

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

COMENTARIO

Esta conversación entre Jesús y los discípulos tiene lugar de nuevo alrededor de la mesa, durante la Cena (cf. Jn 14,1-6). Jesús está triste y todos están tristes: Jesús había dicho que uno de ellos lo traicionaría (cf. Jn 13,21) y todos perciben que algo malo va a suceder. Jesús comienza a consolar a los suyos: porque una de las tareas, “de los trabajos” del Señor es consolar. El Señor consuela a sus discípulos y aquí vemos cuál es la forma de consolar de Jesús. Nosotros tenemos muchas formas de consolar, desde las más auténticas, las más cercanas a las más formales, como esos telegramas de pésame: “Profundamente afligido por…”. No consuela a nadie, es una simulación, es el consuelo formal. Pero, ¿cómo consuela el Señor? Es importante saber esto, para que también nosotros, cuando en nuestra vida tengamos que pasar momentos de tristeza, aprendamos a percibir cuál es el verdadero consuelo del Señor.

Y en este pasaje del Evangelio vemos que el Señor siempre consuela en la cercanía, con la verdad y en la esperanza. Estas son las tres huellas del consuelo del Señor.

En la cercanía, nunca lejos: “estoy aquí”. Esa hermosa palabra: “estoy aquí”. “Estoy aquí contigo”. Y muchas veces en silencio. Pero sabemos que él está aquí. Él siempre está aquí. Esa cercanía que es el estilo de Dios, también en la Encarnación, para acercarse a nosotros. El Señor consuela en la cercanía. Y no usa palabras vacías, por el contrario, prefiere el silencio. La fuerza de la cercanía, de la presencia. Habla poco. Pero está cerca.

La segunda huella de la cercanía de Jesús, del modo de consolar a Jesús, es la verdad: Jesús es veraz. No dice cosas formales que son mentiras: “No, no te preocupes, todo pasará, no sucederá nada, pasará, lo malo pasa…”. No. Dice la verdad. No esconde la verdad. Porque en este pasaje él mismo dice: “Yo soy la verdad” (cf. Jn 14,6). Y la verdad es: “Me voy”, es decir: “Moriré” (cf. vv. 2-3). Estamos ante la muerte. Es la verdad. Y él lo dice simplemente y también suavemente, sin lastimar. Pero estamos ante la muerte. No esconde la verdad.

Y esta es la tercera huella: Jesús consuela en la esperanza. Sí, es un mal momento, pero «no se turbe vuestro corazón. […] Creed también en mí» (v. 1). Os digo una cosa —así dice Jesús—, «en la casa de mi Padre hay muchas moradas. […] Voy a prepararos un lugar» (v. 2). Él va primero a abrir las puertas, las puertas de ese lugar por el que pasaremos todos, así lo espero. «Volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros» (v. 3). El Señor regresa cada vez que alguno de nosotros está en camino de abandonar este mundo. “Volveré y os tomaré conmigo”: la esperanza. Él vendrá y nos tomará de la mano y nos llevará. No dice: “No, no sufriréis, no es nada…”. No. Dice la verdad: “Estoy cerca de vosotros. Esta es la verdad: es un mal momento, de peligro, de muerte. Pero no dejéis que vuestro corazón se turbe, permaneced en esa paz, esa paz que es la base de todo consuelo, porque volveré y os llevaré de la mano a donde esté”.

No es fácil dejarse consolar por el Señor. Muchas veces, en los malos tiempos, nos enojamos con el Señor y no dejamos que venga y nos hable así, con esta dulzura, con esta cercanía, con esta mansedumbre, con esta verdad y con esta esperanza.

Pidamos la gracia de aprender a dejarnos consolar por el Señor. El consuelo del Señor es verdadero, no engaña. No es anestesia, no. Está cerca, es veraz y nos abre las puertas de la esperanza. (Papa Francisco, 08-05-2020)

COMPRENDER EL TEXTO

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-6

Jesús tranquiliza a sus discípulos en el discurso de despedida, después de la Última Cena, ante la inminencia de su vuelta al Padre: es necesario tener confianza en la bondad y en el poder de Dios, más fuertes que la muerte, y en él como a su revelador más completo. Jesús ve la muerte no como una destrucción, sino como un retorno al hogar paterno, que es también su casa. La entrada en esta comunión con Dios-Padre no está reservada sólo para él, sino también para los discípulos. “Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo”. La vida, pues, no es una autopista que acaba en el vacío, sino que tiene un camino que conduce a la plenitud: después de haber vivido tanto con Jesús los discípulos deberían saber que él es el camino que conduce al Padre.

Tomás, sin embargo, no comprende las palabras de Jesús: en el evangelio de Juan este discípulo reconoce a Jesús como Mesías, hasta el punto de estar dispuesto a dar la vida por él (Jn 11,16), pero le cuesta comprender la dimensión divina, duda de verlo resucitado (Jn 20,25). En este momento Jesús manifiesta claramente “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Que es “camino” supone que hay una meta en la vida; y la “verdad”, un contenido, que no es una teoría, sino “la vida” (Jn 1,4). Jesús es “la vida” porque es el único que posee el secreto del sentido de la existencia, sin él no habría esperanza posible, sólo él tiene “palabras de vida eterna” (Jn 6,68); todo aquel que ama desinteresadamente, lo sepa o no, sigue el camino de Jesús que lleva a la vida plena y a la casa del Padre.

EL MISTERIO DE LA MUERTE

La muerte es un gran misterio. Todas las culturas de todos los tiempos se han preguntado por su sentido. También el pueblo de Israel tenía sus interrogantes sobre la muerte. Con la muerte no acaba nuestra existencia, sólo nuestra vida terrenal.

CRISTO HA VENCIDO A LA MUERTE

Los cristianos damos un paso adelante sobre la fe del Antiguo Testamento porque la vida de los hombres ha sido transformada por la resurrección de Cristo. Que Jesús ha muerto y ha resucitado está en el centro de nuestra fe. Y que nos haya hecho partícipes de su victoria sobre la muerte es una pieza clave. Las lecturas de difuntos, de un modo u otro, recogen esta idea: «Escucha con bondad, Señor, nuestras súplicas para que, al confesar nuestra fe en tu Hijo resucitado de entre los muertos, se afiance también nuestra esperanza en la futura resurrección de tus siervos» (oración colecta).

EL CAMINO PARA LA RESURRECCIÓN: CREER EN JESÚS

Para recibir el premio prometido sólo se nos pide la fe: «creed en Dios y creed también en mí» (evangelio). Creer en Jesús es fundamental ya que se nos presenta como el único medio para alcanzar la vida eterna: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí». Jesús mismo nos ha prometido que ha ido por delante para prepararnos sitio, así nos lo dice en el evangelio: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar». 

Esta fe no es algo etéreo, que se queda en el aire y no se pueda demostrar. La fe se manifiesta en un modo concreto de vivir: el estilo de vida que nos marcó Jesús en el evangelio. La vida terrenal y la vida celestial están estrechamente unidas. En palabras del apóstol san Pablo: «Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos» (Romanos 14, 8-9). Participar o no de la resurrección de Jesucristo está sujeto a nuestra existencia terrenal. Las oraciones de la misa piden insistentemente a Dios que borre los pecados que los difuntos cometieron por fragilidad humana y los admita en la asamblea de los santos y elegidos.

ACTUALIZAMOS

  1. “Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo”.

¿Asumo la limitación y caducidad de la vida terrena?

¿Creo de verdad en la vida junto a Dios?

  1. En tu vida,

¿Cómo te implica esta celebración a vivir la vida de una forma concreta?

LECTIO DIVINA – TIEMPO ORDINARIO 1 DE NOVIEMBRE “TODOS LOS SANTOS”

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:

«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:

«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:

«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo:  

«Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Yo le respondí:

«Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió:

«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6

R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

COMENTARIO

Hoy las tres lecturas se refieren a la fiesta que celebramos: El misterio de esa multitud innumerable de personas que ya gozan de Dios y siguen en comunión con nosotros. Es una fiesta que nos transmite alegría y optimismo.

COMPRENDER EL TEXTO

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

En las visiones del Apocalipsis aparece hoy una muy dinámica: el panorama de una gran asamblea, “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”, y cantan con voz potente las alabanzas de Dios. El número 144.000 es simbólico. Es el resultado de multiplicar 12 por 12 por 1000, la plenitud de las doce tribus de Israel. Además de ese número, se habla de una multitud innumerable que ya participan de la salvación y tienen una historia: “son los que vienen de la gran tribulación”.

Salmo. Se fija en los que ya gozan de la victoria, pero señalando cuál ha sido su camino para llegar a esta alegría: “esta es la generación que busca tu rostro, Señor”; porque “¿quién puede subir al monte del Señor?… el hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos”.

1 Juan 3,1-3

La idea que más repiten las cartas de Juan, que somos hijos de Dios y objeto de su amor de Padre, se une hoy a la de nuestro destino en la salvación definitiva.

La realidad de ahora ya es gozosa pero todavía tiene que llegar lo mejor: “ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos”.

Cuando llegue el final, “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es”.

Mateo 5, 1-12a

Las bienaventuranzas se consideran el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva del cielo, el camino que han seguido los Santos de todos los tiempos.

Jesús nos sorprende llamando felices a los pobres, a los que sufren, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz, a los que son perseguidos por su fe.

En realidad, hay una novena bienaventuranza, esta vez en segunda persona: “bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan…” mientras que las anteriores están en tercera persona: “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Son hermanos nuestros

Hoy celebramos a todos, no sólo a los que constan en las listas oficiales, sino a los que están en la lista de Dios que son muchísimos más. Se afirma que son “nuestros hermanos”, “los mejores miembros de la Iglesia, en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad”.

Son personas como nosotros. Han tenido los mismos oficios y las mismas dificultades y tentaciones, pero han seguido a Cristo, viviendo su evangelio y ahora gozan de la plenitud de la vida en Dios.

El mejor éxito de Cristo

Son miles y millones de personas que han seguido fieles a Cristo a lo largo de los siglos y han dado testimonio de él con su vida.

La visión optimista del Apocalipsis, con las multitudes que describe, de toda raza y condición, nos llena de estímulo; ha habido muchísimas personas que han tomado en serio su fe y su vida cristiana. Ellas representan para Cristo su mejor victoria y, para nosotros, estímulo y garantía de que sí es posible cumplir el estilo de vida de Jesús.

Los Santos no han sido ángeles o héroes de otro planeta: son personas que han vivido en este mundo, en tiempos tan difíciles o más que los nuestros (“vienen de la gran tribulación”).

Pero han amado. Se han esforzado. Han realizado en sus vidas el proyecto de vida de Cristo, sus bienaventuranzas.

En un mundo donde no abundan las noticias positivas ni los modelos de vida coherente, vale la pena destacar lo que representan los Santos: un regalo de Dios a la humanidad, el mejor don del Espíritu a su Iglesia. Estas personas son las que nos devuelven la fe en el género humano.

Nos señalan el camino

Los santos nos están demostrando que es posible cumplir el evangelio y programar la vida según Dios. No son teorías, son modelos vivientes y cercanos.

No hace falta que todos hagan milagros, que dejen escritas obras admirables. Muchos se han santificado en la vida normal de cada día. Y ahora experimentan en plenitud la felicidad que Cristo prometió a los que le son fieles.

Sobre todo, nos enseñan que las bienaventuranzas de Cristo siguen teniendo todo su valor. Es el camino que ellos han intentado seguir: la humildad, la pobreza, la apertura a Dios, la búsqueda de la verdad y de la justicia, la pureza de corazón, la actitud de la misericordia, el trabajo por la paz, la entereza ante las tentaciones y las dificultades…

Sintiéndonos ayudados por esta multitud de Santos, podemos dar gracias a Dios, como en el prefacio de la Eucaristía: “hoy nos concedes celebrar a la ciudad santa, la Jerusalén celeste, que es nuestra madre, donde eternamente ya te alaba la corona de nuestros hermanos. Hacia ella, como peregrinos guiados por la fe, nos apresuramos jubilosos, compartiendo la alegría por la glorificación de los mejores miembros de la Iglesia, en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad”.

La comunión de los Santos

Una de las verdades más consoladoras de nuestra fe es la “comunión de los Santos”, o sea, la unión misteriosa que existe entre ellos y nosotros, entre la Iglesia de los bienaventurados del cielo y la Iglesia peregrina en la tierra.

En cada Eucaristía los recordamos, deseando seguir su mismo camino aquí abajo y compartir después la herencia definitiva con ellos. Cuando decimos el “yo confieso” les invocamos para que intercedan por nosotros: “por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles y a los santos…”. Cuando encomendamos a Dios a los difuntos pedimos a Dios que salgan a su encuentro los ángeles y los Santos.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXX

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9

Esto dice el Señor:

«Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid:

“¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!”.

Los traeré del país del norte, los reuniré de los confines de la tierra.

Entre ellos habrá ciegos y cojos, lo mismo preñadas que paridas: volverá una enorme multitud.

Vendrán todos llorando y yo los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por camino llano, sin tropiezos.

Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito».

Salmo 125, 1b-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

R./ El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R./

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R./

Recoge, Señor, a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R./

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Todo sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a debilidad.

A causa de ella, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.

Nadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios, como en el caso de Aarón.

Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»; o, como dice en otro pasaje: «Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:

«Hijo de David, ten compasión de mí».

Jesús se detuvo y dijo:

«Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:

«Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo:

«¿Qué quieres que te haga?».

El ciego le contestó:

«“Rabbuní”, que recobre la vista».

Jesús le dijo:

«Anda, tu fe te ha salvado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

COMENTARIO

Tanto el pueblo de Israel como Bartimeo viven una experiencia de salvación, simbolizada en la curación de la ceguera. Ambos tendrán que responder, ponerse en camino, acoger la promesa que les habla de restauración, de curación. La carta a los Hebreos muestra a Jesús como el modelo de acogida y repuesta a la iniciativa amorosa de Dios.

También nosotros estamos llamados hoy a acoger la voz de Jesús que nos invita a descubrir cuáles son nuestras cegueras, implorar la ayuda del Señor y luego, curados, seguirle por el camino.

COMPRENDER EL TEXTO

Cuando Jesús termina de proclamar el mensaje del Reino en Galilea, el relato de Marcos presenta la curación de un ciego en Betsaida (Mc 8,22). Ahora, a punto de llegar a Jerusalén, y cuando Jesús ha explicado a sus discípulos lo que implica seguirle, aparece de nuevo la figura de un ciego que reconoce en Jesús al Mesías y, una vez curado, le sigue por el camino.

El camino hacia Jerusalén está sirviendo de escuela para los discípulos. El Maestro les ha anunciado por tres veces su pasión y resurrección, les ha enseñado que el seguimiento implica dar la vida, ponerse en el último lugar, optar por el servicio… Pero ellos no han entendido la enseñanza de Jesús, parecen estar ciegos y persiguen lo contrario de lo que el Señor les propone. (domingo pasado: los hijos de Zebedeo estaban ciegos ¿Por qué?)

Para los primeros cristianos el verbo “ver” tenía un significado más hondo que la mera visión física; “ver” expresaba la experiencia del encuentro personal con Jesús resucitado (María Magdalena p. e. dice: “He visto al Señor”). Ver al Señor era convertirse en discípulo suyo y seguirle.

No es difícil ver las semejanzas entre el ciego y los discípulos. Bartimeo llama a Jesús “Hijo de David”, reconoce en él al Mesías. Esa misma confesión la hizo Pedro en nombre de los 12 (Mc 8,29). El mendigo “estaba sentado al borde del camino”: su falta de visión le imposibilita seguir al Maestro “por el camino”. Los discípulos siguen físicamente a Jesús, pero en realidad no entienden, no están “en el camino”, sino al borde. Como aquel mendigo, necesitan ayuda. Se da un contraste entre la situación inicial y la final del relato: la situación del mendigo respecto al camino, la ceguera inicial y el seguimiento final.

El centro del relato es el encuentro del ciego con Jesús. Bartimeo, al saberse llamado, deja lo poco que tiene, el manto, y se acerca. Jesús le hace la misma pregunta que a los Zebedeos: “¿Qué quieres que te haga?”. Pero el mendigo ciego, despojado de todo, simbolizado en su manto, sólo pide luz. Cuando Jesús le concede ver, se coloca detrás del maestro (actitud del auténtico discípulo) y le sigue hacia Jerusalén. Mientras los demás, entre ellos los discípulos, suben a la ciudad santa sin conocer a Jesús. Bartimeo se ha convertido en modelo de discípulo. Esto tiene un profundo significado: un personaje secundario encarna actitudes y respuestas propias de los 12, pero que estos no son capaces de ofrecer.

Mateo cierra una sección de su evangelio con este pasaje porque vio en él una especie de parábola con la que enseñar a su comunidad una cosa muy importante: ponerse en el último lugar, hacerse servidor y esclavo de todos, perder la vida… es sin duda tarea imposible para el ser humano. Pero no para Dios. Por eso es imprescindible la súplica y la oración (“Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí”). Ser discípulo no es fruto de una conquista, sino de un don.

El camino y la ceguera tienen un valor simbólico en este relato.

ACTUALIZAMOS

Todos podemos vernos reflejados en el relato de Marcos que leemos esta semana. La historia de Bartimeo es también nuestra propia historia. Sabemos, como este mendigo ciego, que sólo Jesús puede devolvernos la vista y hacer que le sigamos por el camino.

  1. Bartimeo proclama su fe, la traduce en oración perseverante y confiada y vence todos los obstáculos que le impiden encontrarse con Jesús.

¿En qué se parece mi fe a la de Bartimeo?

¿Cuáles son las cegueras que me impiden seguir a Jesús por el camino del discipulado?

  1. Sólo quien “ha visto”, “quien se ha dejado encontrar” por el Señor puede seguirle y dar testimonio de él.

Mi ser creyente ¿tiene su fundamento en esta experiencia, en este encuentro personal con el Señor?

  1. Jesús escucha la súplica de Bartimeo y éste, una vez curado, le sigue por el camino que conduce a Jerusalén, a la entrega de la vida por amor.

¿Por qué camino me está invitando Jesús a seguirle?

  1. El mendigo ciego, sentado junto al camino, espera que Jesús abra sus ojos y alumbre su mirada.

¿Qué motivos para la esperanza me sugiere este pasaje?

La Palabra de Dios ha dejado al descubierto que no son pocas nuestras cegueras. Como aquel mendigo ciego ponemos toda nuestra confianza en Jesús y le gritamos que nos devuelva la

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIX

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R./ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R./

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R./

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos:

Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:

«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

Les preguntó:

«¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Contestaron:

«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

Jesús replicó:

«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

Contestaron:

«Podemos».

Jesús les dijo:

«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, llamándolos, les dijo:

«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo hablan de entrega y de servicio. Isaías nos acerca a la figura del Siervo sufriente que los primeros cristianos aplicaron a Jesús. Él es el que sirve, el que da la vida por todos. Por eso como dice Hebreos podemos acercarnos hasta él para alcanzar misericordia.

Seguir a Jesús en su camino hacia la cruz no es fácil, pero el Maestro sigue acompañándonos e instruyéndonos, también hoy, para que podamos hacer nuestras las actitudes del discípulo.

COMPRENDER EL TEXTO

Camino de Jerusalén, Jesús explica las exigencias del seguimiento, en la instrucción habla con claridad sobre el camino doloroso que debe recorrer el Mesías. Con todo, sus discípulos entienden de modo erróneo la misión del Maestro y continúan con sus ambiciones personales.

Los tres anuncios de la pasión muestran claramente que el camino de Jesús hacia Jerusalén tiene como destino la muerte. En todos ellos se habla de que Jesús será rechazado, de su muerte y resurrección. A pesar de todo, los discípulos no entienden.

En el 3º anuncio de la pasión (que precede a este texto) Jesús se presenta como alguien que ha renunciado a usar el poder (Mc 10,33-34). Inmediatamente se encuentra el pasaje de los hijos de Zebedeo con su petición.

Contrastando con la indefensión del Maestro, los hijos de Zebedeo piden poder. Sus pretensiones demuestran una compresión errónea del Mesianismo de Jesús, porque lo relacionan con méritos, recompensas y dominio de los más fuertes. Jesús responde dirigiéndose a los Zebedeos y a los Doce. A Santiago y a Juan les habla de sufrimiento, de sangre y muerte con la imagen de beber el cáliz. El resto se indigna contra los hermanos por sus pretensiones.

El grupo de los 12 se resquebraja. A todos les mueve la misma ambición: desean figurar, ser reconocidos, alabados. Dinámica frecuente en todos los grupos humanos. Desde el principio todas las comunidades cristianas tuvieron que hacer frente a este problema que se aleja de las enseñanzas de Jesús. Frente al trono de poder que ellos ansían, les ofrece el lugar del discípulo. ¿Qué características tiene el puesto que Jesús ofrece a sus discípulos?

El Maestro contrapone el poder humano, que es dominación, al poder de la comunidad cristiana, que es servicio y se presenta a sí mismo como modelo de autoridad desde el servicio y la entrega sin límites. Esta instrucción no es nueva, ya trató de invertir la escala de valores de los 12 poniendo simbólicamente a un niño en el centro del grupo. Ahora, radicaliza sus palabras ofreciendo nuevas pistas sobre su identidad y los rasgos del auténtico discípulo.

Los primeros cristianos vieron en Jesucristo muerto y resucitado al Siervo sufriente del que habla Isaías; semejanzas entre la 1ª lectura y el último versículo del evangelio. En ambos casos se habla de una vida entregada en rescate por todos. La entrega de la vida detrás de Jesucristo y como él es el camino del discipulado que todos estamos llamados a seguir.

ACTUALIZAMOS

Las palabras de Jesús sobre la entrega de la vida son el resumen de su enseñanza en el camino. Constituyen la base de todo seguimiento, porque discípulo es aquel que prolonga en su vida y en sus circunstancias el ser de Jesús. ¿Qué nos sugiere la reflexión del texto en nuestra realidad?  

  1. El rostro que Jesús muestra en este pasaje,

¿Es el Jesús en quien yo creo y al que sigo?

  1. ¿Qué queréis que haga por vosotros?

¿Se ajusta mi respuesta a los valores de Jesús?

  1. El Hijo del hombre no ha venido a ser servido…”.

¿A qué me compromete concretamente este pasaje?

¿Mi misión como seguidor de Jesús se sitúa bajo el signo del servicio y de la cruz o bajo el signo del poder?

¿Y la misión de mi comunidad, de la Iglesia?

  1. Los hijos de Zebedeo no habían entendido el Reino que Jesús predicaba.

¿Y yo? ¿Espero un Reinado de Dios que me trae poder, privilegios, ventajas, honores?

ORAMOS

También hoy nos cuesta aceptar la gratuidad del Reino, rechazamos sentarnos en el trono del discipulado y buscamos el trono del poder… por eso hablamos con el Señor presentándole todo lo que nos ha sugerido este pasaje del evangelio.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.

La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza.

No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro.

La quise más que a la salud y la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables.

Salmo 89, 12-13. 14-15. 16-17

R./ Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R./

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R./

Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13

Hermanos:

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.

Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:

«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».

Jesús le contestó:

«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».

Él replicó:

«Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».

Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:

«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

«¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!»

Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:

«Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».

Ellos se espantaron y comentaban:

«Entonces, ¿quién puede salvarse?».

Jesús se les quedó mirando y les dijo:

«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Pedro se puso a decirle:

«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:

«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna».

COMENTARIO

Las lecturas que preceden al evangelio de este domingo nos preparan para captar mejor su sentido. En la primera lectura, por ejemplo, aparece el gran valor que tiene la sabiduría. Todos tenemos este deseo de tener cordura, de acertar en las decisiones de la vida, de encontrar aquella sabiduría capaz de orientar la vida por el camino correcto. «La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza». Al contrario, es precisamente esta sabiduría la que lleva con ella todos los bienes y riquezas incontables. En la misma línea, el salmista pide a Dios «un corazón sensato», que en definitiva es el amor y la amabilidad del Señor que ilumina y orienta el camino de la vida: «Haga prósperas las obras de nuestras manos».

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelista san Marcos presenta este pasaje sobre las riquezas en tres partes:

  1. 17-22, relato del encuentro de Jesús con un hombre «muy rico»;
  2. 23-27, adoctrinamiento particular a los discípulos;
  3. 28-30, enseñanza sobre la recompensa a los que lo han dejado todo por seguir a Jesús.

La pregunta «¿qué haré para heredar la vida eterna?» incluye de hecho unas afirmaciones implícitas: la primera es que algo tengo que hacer para heredar y poseer la vida eterna, la otra es que, en definitiva, la vida eterna será un don que espero heredar. La complementariedad del «hacer» y el «heredar» de alguna manera sintetiza la teología del éxodo con que el Pueblo de Dios llega a la libertad de la Tierra Prometida porque durante cuarenta años, con esfuerzo y unidos, han hecho camino por el desierto y porque Dios los ha guiado, alimentado, protegido.

«No hay nadie bueno más que Dios«: la reacción de Jesús quiere corregir el error de aquel hombre que parece esperar del «maestro bueno» una respuesta diferente a la que ya conocía por los mandamientos. La inserción de «no estafarás» dentro del Decálogo viene sugerida por la condición social del interlocutor.

La primera etapa la ha vivido fielmente: «Maestro, todo esto lo he cumplido desde mi juventud» (señal de que ya no es tan joven). Y precisamente porque «Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres»: no para quedar desposeído, sino para tener «un tesoro en el cielo«. Así con este empobrecimiento-enriquecimiento quedarás capacitado para «seguirme«. Jesús rompe radicalmente con el judaísmo, que consideraba la riqueza como un signo del amor de Dios para poder dar limosna a los pobres.

La segunda etapa rompe el ritmo de la primera: «A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico». El auténtico valor decisivo es el seguimiento fiel a Jesús, al cual está subordinado y condicionado el desprendimiento de las riquezas. La atónita pregunta de los discípulos («Entonces, ¿quién puede salvarse?») se comprende porque «es imposible para los hombres» sustraerse a la seducción del dinero. Sólo Dios puede llenar el corazón de una persona con valores que lleva a la salvación.

Sólo Jesús, Dios verdadero, puede colmarnos. Y esto es lo que Jesús ofrece al joven rico. El joven rico, en contraposición a la primera lectura, es el fracaso de una llamada que no ha descubierto en Jesús lo mejor. Porque no ha mirado a Jesús como a Dios.

El joven rico, como muchos de nosotros, ya ha dado un sí a Dios, más un sí parcial, y él mismo pide ir más allá, y Jesús le dice: «Yo soy todo lo que necesitas«. Y aquí es donde falla la cosa. El joven rico, aunque se arrodille a los pies de Jesús, le dice «Maestro bueno«, no le dice «Señor«. Y Jesús le contesta: «No hay nadie bueno más que Dios«. Porque para este joven, como tantos hoy en día, Jesús solo es un rabino. Admirable, sí, coherente, cautivador… todo lo que queramos, pero un rabino; en el fondo, sólo un hombre.

ACTUALIZAMOS

Cuantos cristianos, también hoy, ven en Jesús sólo un maestro, unos valores, una forma de vida. Pero no a su Señor. Por un hombre, por unos valores, no se da la vida, no se deja todo lo que uno tiene.

Si aquel joven se hubiese dado cuenta de que siguiendo a Jesús habría tenido las manos llenas de riquezas incontables, como el sabio de la primera lectura, hubiese vendido todo lo que tenía y hubiese seguido a Jesús. Y hubiese sido plenamente feliz. Ojalá nosotros fuésemos capaces de ir vendiendo todo lo que tenemos para seguir cada vez más de cerca al Señor.

  1. Los discípulos dejan casa, familia, trabajo, bienes para seguirle.

¿Jesús tiene tanto atractivo en mi vida como para dejarlo todo en sus manos y seguir tras él?

¿Hasta qué punto me fío de Jesús?

  1. En el seguimiento de Jesús,

¿Qué nos impide seguir a Jesús?

¿Puedo seguirle desde la abundancia mientras la mayoría de los seres humanos pasan hambre?

¿Qué hago para liberarme del consumismo al que me arrastra la sociedad?

  1. Desde la fe en un Dios para el que todo es posible,

¿Aceptas la voluntad de Dios para formar parte de ese Reino?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIII

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Esto dice el Señor:

«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.

Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.

Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9

R./ Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R./

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R./

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos:

A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

COMENTARIO

El pasaje de hoy habla de la corrección fraterna, y nos invita a reflexionar sobre la doble dimensión de la existencia cristiana: la comunitaria, que exige la protección de la comunión, es decir de la Iglesia, y la personal, que requiere la atención y el respeto de cada conciencia individual. Para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación. Y siempre la pedagogía de Jesús es pedagogía de la recuperación; Él siempre busca recuperar, salvar. (Papa Francisco 06-09-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la lectura de la profecía de Ezequiel el profeta se presenta como centinela para describir su función entre los exiliados. […] Ser centinela es una de las características de los verdaderos profetas, porque los falsos no acuden a las brechas para ver lo que pasa y avisar inmediatamente al pueblo (véase Ez 13,5). Los falsos profetas son adivinos, magos y embusteros; el profeta verdadero es el centinela que vigila y está atento a la palabra de Dios; no adivina, sino que lee los acontecimientos de la historia para iluminarlos a través de la palabra de Dios que anuncia. Pero la imagen del centinela evoca también la urgencia y el peligro, porque el profeta aparece en los momentos más difíciles y más dramáticos, en los períodos de crisis del pueblo. Por eso escruta todo aquello que haga referencia a la vida y a la muerte. […] Sin embargo para Ezequiel, con la señal de alarma, todavía hay tiempo para evitar lo peor. Todavía es posible cambiar el curso de los acontecimientos. El centinela está ahí para que los malvados a quienes se les dirige la advertencia puedan desandar sus malos caminos. El Señor quiere la vida del hombre no su muerte (Ez 33,11). Pero es necesaria la conversión a la que invita frecuentemente el profeta.

En la lectura a los Romanos, Pablo concluye la primera parte de la sección exhortativa de la carta (Rom 12-13) pidiendo dos cosas a los creyentes de Roma y a los de todas las épocas: que construyan su vida sobre el amor y que sean conscientes de la hora histórica que les ha tocado vivir.

En el mandamiento del amor se compendian todos los demás preceptos. Es ésta una constante de la tradición bíblica, incluida la evangélica (ver Mc 12,28-34 y par.), que Pablo recoge y reafirma (Gal 5,14). Por otra parte esta concreta relación entre la ley y el amor confirma el valor positivo que Pablo confiere a la ley, no ciertamente como fuerza salvadora, sino como manifestación práctica de esa fuerza salvadora.

Lectura del Evangelio según san Mateo 18,15-20. Corrección fraterna. Después de la enseñanza sobre la importancia de los pequeños en la comunidad (Mt 18,6-14), la atención se dirige hacia otro problema comunitario. Cambia el vocabulario; no se trata ya de los pequeños que se hacen como niños, sino de los hermanos, y de cómo actuar cuando hay conflictos en el seno de la comunidad.

La exhortación comienza con el enunciado de un caso: si tu hermano peca. No se trata de un pecado en sentido moral ni tampoco de una ofensa personal (probablemente las palabras contra ti han sido añadidas posteriormente), sino de una falta contra la comunidad. Esta situación se daba en la comunidad de Mateo, y el evangelista trata de iluminarla desde el amor y el perdón predicados por Jesús.

El procedimiento que se describe aquí no es un proceso disciplinar, sino una aplicación de la parábola de la oveja perdida (Mt 18,10-14). Se trata de un hermano que se ha separado de la comunidad, y hay que emplear todos los recursos para hacer que vuelva. Esta búsqueda debe hacerse con respeto y amor: primero en privado, para no ponerle en evidencia ante la comunidad. Si no hace caso, hay que mostrarle su falta en presencia de algunos testigos, como mandaba la ley de Moisés, que para muchos miembros de aquella comunidad tenía gran autoridad (véase Lv 19,17-18; Dt 19,15;  y 1 Cor 5,1-8, donde puede encontrarse un procedimiento similar). Finalmente, y como último recurso, habrá que reunir a la comunidad, la cual, en caso de obstinación, tendrá que reconocer dolorosamente la situación en que este hermano se ha colocado a sí mismo. Entonces, el hermano que no ha querido reconciliarse será como un extraño para la comunidad.

Después de esta instrucción acerca de la corrección fraterna el evangelista añade tres palabras de Jesús (Mt 18,18-20) que tuvieron probablemente un origen independiente, pero que ahora sirven para fundamentar la instrucción precedente. La primera (Mt 18,18) confiere a la comunidad local la capacidad de decidir en cuestiones disciplinares. La expresión atar y desatar designaba entre los maestros de la ley la capacidad de interpretar de forma vinculante la ley de Moisés. Mateo la utiliza otra vez en su evangelio, aunque en un contexto diferente y directamente referida a la autoridad de Pedro. La segunda (Mt 18,19) especifica el clima de oración en que deben tomarse estas decisiones y asegura a los discípulos, reunidos en el nombre de Jesús, que el Padre escuchará su oración. La tercera (Mt 19,20), por su parte, aborda un tema muy querido para Mateo: la presencia de Jesús en medio de su Iglesia (véase Mt 1,23; 28,20). La expresión es muy semejante a una frase que solían repetir los maestros rabínicos: «si dos hombres están hablando sobre la ley, la morada de Dios está en medio de ellos». En la formulación de Mateo, la comunidad cristiana (los dos reunidos) no se congrega ya en torno a la ley de Moisés, sino que lo hace en el nombre de Jesús, y el resultado es la presencia viva del Señor resucitado: yo estoy allí en medio de ellos.

ACTUALIZAMOS

  1. «El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor».

¿Agradeces el amor que recibes de los demás? ¿El amor es el fundamento de tus relaciones?

  1. «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, […]. Si no les hace caso, díselo a la comunidad».

La corrección fraterna requiere caridad, humildad, comprensión y coraje. ¿Existe en tu comunidad la corrección fraterna? ¿Cómo te sitúas tú en este tema?

  1. «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

¿Reconoces a Dios en medio de la comunidad, en medio de aquellos que se reúnen en su nombre?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVII

Lectura del libro del Génesis 2, 18-24

El Señor Dios se dijo:

«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».

Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.

Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.

Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.

Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.

Adán dijo:

«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer”, porque ha salido del varón».

Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5. 6

R./ Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel! R./

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11

Hermanos:

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.

Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.

El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:

«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?»

Él les replicó:

«¿Qué os ha mandado Moisés?».

Contestaron:

«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Jesús les dijo:

«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.

Él les dijo:

«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.

Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:

«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

COMENTARIO

En la primera lectura se nos acerca al relato de la creación que expresa el proyecto de Dios para la pareja humana: viviendo en su amor como un único ser, continuar la tarea del Creador. A este pasaje hace referencia Jesús en el evangelio cuando, respondiendo a los fariseos por el tema del divorcio, indica que hay que volver la mirada a la voluntad primera de Dios en la creación. Los fariseos son incapaces de entender el plan de Dios: para entrar en la dinámica del Reino hay que tener un corazón de niño.

En la carta a los Hebreos se nos presenta a un Jesús obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte, para que todos podamos alcanzar la salvación. También nosotros, siguiendo a Jesús, debemos vivir cumpliendo su voluntad.

COMPRENDER EL TEXTO

En esta sección del evangelio se nos muestra a Jesús camino de Jerusalén, anunciando la pasión e instruyendo a los discípulos. Jesús les intenta preparar para que, cuando ya no esté el físicamente entre ellos, sean capaces de continuar con su misión. Es una enseñanza que se dirige al centro del ser humano, a su corazón, de modo que, abandonando las actitudes de los fariseos, incapaces de comprender, vuelvan a ser como niños, abiertos a la novedad del Reino de Dios.

En esta tarea de instruir a los discípulos y a nosotros mismos, Jesús aprovecha la ocasión que le brindan un grupo de fariseos, que le interrogan sobre el divorcio, y unos niños que se acercan para recibir su bendición.

Era normal que los judíos acudieran a las Escrituras para dilucidar cuestiones que les preocupaban en su vida diaria. Así surgen diversas escuelas de interpretación. El pasaje de hoy debemos situarlo en este contexto: unos fariseos se acercan a Jesús con intención de ponerlo a prueba, para polemizar con él.

Los fariseos aluden a una norma de Moisés (Dt 24,1) que justifica el divorcio. En ese contexto polémico, Jesús responde utilizando tres argumentos sucesivos. Primero interpreta que el texto en el que se apoyan los fariseos es una concesión de Moisés a su incapacidad para entender, literalmente, a su dureza de corazón. A continuación plantea el origen de la relación entre hombre y mujer desde el proyecto de Dios sobre la creación. Y concluye con una sentencia con la que expresa que no se debe ir contra la voluntad de Dios.

El tema no se da por cerrado. Cuando llegan a casa continúa instruyendo a los discípulos. Esta vez fundamenta su enseñanza en el decálogo básico de Israel, expresión de la Alianza entre Dios y su pueblo. De nuevo insiste en el mensaje de que la felicidad del ser humano está en cumplir la voluntad de Dios.

Los niños son el contrapunto que pone Marcos a la mala intención de los fariseos. Para comprender mejor lo que se quiere destacar en los niños podemos compararlos con los personajes que aparecen en el contexto próximo: los fariseos, con su dureza de corazón, y la actitud de los discípulos en el pasaje del domingo pasado.

Los discípulos quieren controlar la misión de Jesús: los niños que ocupan el lugar menos importante en la sociedad iban a molestar al Maestro. La intervención de Jesús con palabras y gestos es una llamada de atención a los discípulos y una enseñanza preciosa sobre el Reino.

Solo el más pequeño, aquel que no tiene nada que ofrecer a cambio, puede acoger el don del Reinado de Dios. Quienes, como los fariseos, viven con un corazón endurecido tienen mucho que aprender de estos pequeños.

ACTUALIZAMOS

Acoger la soberanía de Dios sobre todo lo creado es entender nuestra vida no desde las normas humanas ni desde las convenciones sociales, sino desde la ley de Dios. Esta ley no es arbitraria ni caprichosa: está fundada en su amor creador. Sólo desde este amor se puede vivir la exigencia del Reino.

  1. Jesús responde a la dureza de corazón de los fariseos con el proyecto de amor del Padre; a la regañina de los discípulos, con la ternura de Dios.

¿Cómo expresamos en nuestra vida, de palabra y de obra, nuestra fe en Dios?

  1. Jesús fundamenta la unión matrimonial en el proyecto creador de Dios y en la fidelidad plasmada en la Alianza.

¿Qué nos enseña el pasaje sobre el matrimonio?

¿Qué actitudes deben promover los esposos?

  1. De los que son como ellos es el Reino de Dios”. Un reino para los niños, los sencillos, para los que no cuentan en la sociedad, opuesto a los gobiernos de la tierra.

¿Quiénes son hoy los que pueden recibir el Reino de Dios?

Con el texto de hoy llegamos a comprender lo mucho que nos falta para ser como niños, para vivir completamente entregados en su amor. Su fidelidad y su ternura son bendición para nuestra vida y modelo de nuestras relaciones. Hacemos presentes a los esposos, para que su amor sea reflejo del amor de Dios a su pueblo.