LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO VII

Lectura del primer libro de Samuel 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada al desierto de Zif, llevando tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David allí.

David y Abisay llegaron de noche junto a la tropa. Saúl dormía, acostado en el cercado, con la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa dormían en torno a él.

Abisay dijo a David:

«Dios pone hoy al enemigo en tu mano. Déjame que lo clave de un golpe con la lanza en la tierra. No tendré que repetir».

David respondió:

«No acabes con él, pues ¿quién ha extendido su mano contra el ungido del Señor y ha quedado impune?».

David cogió la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se dio cuenta, ni se despertó. Todos dormían, porque el Señor había hecho caer sobre ellos un sueño profundo.

David cruzó al otro lado y se puso en pie sobre la cima de la montaña, lejos, manteniendo una gran distancia entre ellos, y gritó:

«Aquí está la lanza del rey. Venga por ella uno de sus servidores. Y que el Señor pague a cada uno según su justicia y su fidelidad. Él te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender mi mano contra el ungido del Señor».

Salmo 102, 1bc-2. 3-4. 8 y 10. 12-13

R./ El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R./

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R./

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R./

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 45-49

Hermanos:

El primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante.

Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual.

El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo.

Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.

Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

COMENTARIO

David reconoce una cualidad en Saúl: es rey, es el ungido del Señor, su representante, y, por tanto, lleva impresa la imagen de Dios. Por eso, a pesar de sufrir persecución por parte de Saúl, le perdona la vida. Pablo nos recuerda que la auténtica y profunda vocación humana es llegar a ser perfecta imagen de Dios y ser hijos suyos en Jesucristo, el Hijo, el hombre pleno y perfecto. Y la imagen de nuestro Dios es la del que nos “corona de amor y de ternura”, la del que no “guarda rencor eternamente”. Porque es un Dios todo amor, perdón, bondad, clemencia, compasión…, cuyo rostro estamos llamados a encarnar en nuestras vidas.

Continúa el discurso de las bienaventuranzas que iniciábamos el domingo pasado. Las bienaventuranzas son el punto de partida para entender el mensaje central de hoy: el amor tiene que ser el motor de la vida del discípulo de Cristo. Se trata de un amor peculiar, recortado a la medida del amor de Dios. Sólo desde aquí se puede comprender la locura de las bienaventuranzas.

COMPRENDER EL TEXTO

Jesús pronuncia un largo discurso para instruir a quienes lo escuchan y, de modo especial, a los discípulos. Tras las bienaventuranzas, revolución y denuncia de Dios, quiere explicarles cómo ha de ser el comportamiento que espera de ellos. Tienen que implicarse desde los mismos sentimientos del Padre. Jesús está realizando la tarea que se le ha encomendado y para la que ha recibido el Espíritu: ungido y enviado para anunciar el evangelio a todos, pero sobre todo a los marginados. El cambio radical de perspectiva y de valores ante la vida que pide Jesús para ser dichoso no puede dejar a nadie indiferente. Y ahora, tras este inicio desconcertante, Jesús se centra en el corazón del discurso:

6 veces conjuga Jesús el verbo “amar” y 2 veces dice: “Amad a vuestros enemigos”. El discurso de Jesús se centra en la actitud ante el adversario e indica en qué comportamientos se concreta el hecho de amar a los enemigos. Este amor está marcado por la gratuidad, como lo está el comportamiento de Dios descrito el domingo pasado. A los discípulos se les pide la misma lógica de las bienaventuranzas, humanamente consideradas una locura, porque rompe con el sentido común.

El amor a los enemigos es una actitud propia y específica de los discípulos de Jesús. Es la gran aportación cristiana a la ética, ya que rompe con una tradición del Antiguo Testamento que habla de un trato duro por parte de Dios hacia los malos y que está presente en muchos salmos (5,5; 26,5; 119, 113-115…). Los grupos religiosos judíos dividían el mundo en buenos y malos, los fariseos en puros e impuros, los esenios en justos e injustos, y todos decían que había que odiar a los malos, impuros e injustos. Pero la presencia del Reino inaugurado por Jesús le da la vuelta a la situación: sus discípulos tienen que ir contra lo que se estila en la sociedad e incluso en su tradición religiosa, pero lo han de hacer sin odio ni venganza, perdonando y amando incluso a los enemigos

El amor que Jesús pide a sus discípulos está más allá del simple sentimiento, afecto, pasión. Se trata de hacer el bien, de ser bueno con los que no lo son. No hay otro modo de romper con el círculo de la venganza. No hay reciprocidad interesada (no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti). El amor que exige Jesús es gratuito, se da a fondo perdido y sin avales, porque pone su razón de ser, su motivación más profunda, en algo que puede superar los sentimientos, las tendencias y los cálculos más lógicos y humanos, incluso el odio; pone su RAZÓN DE SER Y SU MOTIVACIÓN en la esencia misma de Dios «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36) y en su modo de comportarse «… amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos» (Lc 6,35).

Los discípulos han de amar como Dios ama. Lo más imperante es lo que Dios ha hecho: ha amado primero y de modo único, porque es amor. El Padre es bueno con todos. De este modo rompe la reciprocidad calculadora e interesada y ofrece un amor desmedido a buenos y malos (Parábolas de la misericordia). Y nosotros, discípulos e hijos de Dios, estamos llamados a ser como el Padre. Así nos conduce Jesús más allá de la regla de oro. No se trata solo de romper la lógica de los sentimientos de venganza, que generan más violencia, sino hacer del amor una acción y tarea que busca el bien del otro. El tema es tratar a los otros como trata Dios, con misericordia. Así, como dice las bienaventuranzas, “será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo”.

ACTUALIZAMOS

El discurso de Jesús es totalmente desestabilizador. Manifiesta que somos capaces de superar muchos límites y hacer cosas impensables e increíbles. Pero para ello necesitamos experimentar, antes que nada, el amor inconmensurable de Dios.

  1. En mi vida:

¿Cómo da sentido a mi experiencia de fe este Dios que, usando una medida generosa, trata por igual a buenos y malos?

  1. El evangelio de hoy insiste en el amor a los enemigos:

¿Soy capaz de dar ese paso?

¿Cómo concreto esto en mi vida?

  1. En esta sociedad:

¿Qué motivos para la esperanza me ofrece este evangelio?

¿Cómo puedo generar esperanza en mi entorno a la luz de este pasaje?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO VI

Lectura del libro de Jeremías 17, 5-8

Esto dice el Señor:

«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.

Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto».

Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R./ Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R./

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R./

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12. 16-20

Hermanos:

Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

Pero si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados; de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.

Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.

Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que ha muerto.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

COMPRENDER EL TEXTO

LAS BIENAVENTURANZAS SEGÚN LUCAS

Uno se da cuenta de las diferencias con las de Mateo, que son más divulgadas. Mateo tiene hasta 9 bienaventuranzas; y todos dicen que están muy espiritualizadas. Lucas “sólo” pone cuatro. Pero las contrapone y las hace corresponder, una a una, con cuatro “malaventuranzas” (“¡ay de vosotros…!). Es un género literario que no solo usaron los profetas, como nos muestra Jeremías en la 1ª lectura de hoy, sino que se usó en el judaísmo tardío y en el cristianismo primitivo (Didajé, Bernabé…) usaron mucho presentando el camino contrapuesto, el de la vida y el de la muerte.

Esto es lo que da el tono tan fuerte de realismo, incluso podríamos decir que materialidad, a las bienaventuranzas lucanas. Los pobres sólo se pueden fiar de la “ayuda del Señor”, mientras que los ricos sólo se fían de “la ayuda humana”.

HOY PARA NOSOTROS

También valen las bienaventuranzas y las malaventuranzas con toda su crudeza. También nuestra riqueza material y todo lo que esto comporta: estar saciados, reírse de todo, la buena fama… puede llegar a ser un obstáculo si ocupa el lugar central en nuestro corazón; lugar que sólo puede ser ocupado por Dios.

Jesús ha invertido el orden de valores de aquel mundo y, sin duda, también del nuestro.

LA RESURRECCIÓN

Sólo desde el horizonte de la resurrección puede comprenderse plenamente las bienaventuranzas. Porque ya ahora, por el bautismo, hemos recibido el don de la resurrección; ya ahora, en vida, podemos vivir las bienaventuranzas. Lo que nosotros mismos no podríamos vivir porque choca frontalmente con la vida de nuestro mundo, es posible gracias a la acción de Dios que nos resucita a una vida nueva. Por esto el Reino es de Dios, aunque reclama insistentemente nuestra firme colaboración.

LUCAS 6,17. 20-16

Jesús dirige las bienaventuranzas a los pobres, a los hambrientos, a los que lloran, a los perseguidos, como declaración de felicidad. Los declara felices, no por un determinado comportamiento ético que los haga merecedores de las bienaventuranzas, sino porque su condición les hace privilegiados de la cercanía y la misericordia de Dios que se hace presente con el reino que él anuncia.

La bienaventuranza central y que incluye a las otras es la dirigida a los pobres. Son los primeros destinatarios del ministerio de Jesús; los que padecen la carencia material a causa de la injusticia (empobrecidos). De ellos es el reino de Dios, pues con Jesús se ha manifestado la predilección y la misericordia de Dios hacia ellos. La última es dirigida a los cristianos que son odiados, excluidos e insultados a causa de su fe en Cristo; su felicidad no consiste en el padecer, sino en la conciencia de estar llamados “porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Los ayes son dirigidos a los opulentos y acomodados de este mundo, que viven indiferentes ante la miseria de los pobres y satisfechos de lo que son y lo que poseen. Los dos últimos tienen como destinatarios a los que ríen y a los que tienen buena fama.

DOBLE PLANTEAMIENTO

¿Estaremos perdiendo el tiempo ordenando nuestras vidas según el ideal de las bienaventuranzas? ¿Sería mejor seguir el camino de la increencia?

¿Y si es verdad que da más felicidad servir a los demás que servirse de ellos? ¿Y si es verdad que Dios existe?

¿Y si es verdad que hay una puerta estrecha –que no quiere decir necesariamente triste- que conduce a la salvación, mientras que la puerta ancha por la que muchos entran conduce a la perdición?

¿No hemos experimentado nosotros mismos la alegría que proporciona una conciencia limpia, intuyendo que el Padre del cielo nos está mirando complacido?

El ideal de las bienaventuranzas es tan alto, que incluso es utópico: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5,48). Es como un ideal inalcanzable, pero es como un imán que nos atrae hacia arriba, hacia la perfección. Este itinerario es el que nos propone las bienaventuranzas.

POBRES Y RICOS

Lucas habla de pobres y ricos (rico Epulón y el pobre Lázaro). La pobreza material no es un bien en sí misma para Jesús, pero predispone a confiar en Dios; mientras que la riqueza del autosuficiente le predispone al ateísmo. En la medida que nosotros estemos viviendo como ricos, nos iremos haciendo impermeables al evangelio. Y en la medida que valoremos la austeridad y sabemos compartir, nos convertiremos en aquellos pobres en el espíritu de que hablaba Mateo.

En la vida de toda persona se alternan la alegría y el dolor. Aquel que no acepta el plan de Dios y no quiere admitir que hay una vida más allá, no puede comprender el porqué del dolor. El creyente, en cambio, sabe que el dolor no es un desperdicio que no sirve para nada. Es decir, tiene un valor de ofrenda para obtener la felicidad eterna.

No afligirnos cuando a los creyentes se nos ignoran, o se burlan de nosotros, o incluso nos atacan. Quien tiene que valorar y premiar es Dios.

Jesús lo veía todo desde su propia experiencia de Dios. Y Dios, el Padre bueno de todos, ama y busca la justicia, pero no es violento. No destruye a los injustos, sino que busca su cambio. Así es Dios y así hay que trabajar por un mundo más humano. No introduciendo más violencia, sino buscando el cambio de las personas y la humanización de las relaciones.

ACTUALIZAMOS

  1. Nuestra sociedad presenta un modo de felicidad:

¿Cómo contrasta con el mensaje de Jesús que aparece en el evangelio de hoy?

  1. Las bienaventuranzas muestran que Dios se compromete con los marginados:

Como seguidor de Jesús, ¿cuál es mi compromiso con ellos?

  1. El contraste entre las bienaventuranzas para nuestra sociedad y las bienaventuranzas para Dios:

¿Nos lleva a trabajar por la implantación de unos valores diferentes que hagan visible el Reino de Dios?

¿Cómo?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO V

Lectura del libro de Isaías 6, 1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.

Junto a él estaban los serafines, y se gritaban uno a otro diciendo:

«¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!».

Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

Yo dije:

«¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo».

Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:

«Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado».

Entonces escuché la voz del Señor, que decía:

«¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?».

Contesté:

«Aquí estoy, mándame».

Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 4-5. 7c-8

R./ Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R./

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R./

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R./

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano.

Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.

Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».

Respondió Simón y dijo:

«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:

«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».

Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Y Jesús dijo a Simón:

«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

COMENTARIO

La llamada de Dios siempre sorprende: a Isaías, a Pablo, a Pedro y a los primeros discípulos. Todos ellos descubren, ante la misión tan desproporcionada que reciben por parte de Dios, su indignidad e incapacidad. No es fácil, como dice el salmista, anunciar y proclamar las proezas del Señor, porque no resulta sencillo dar el primer paso de dejarlo todo. Pero al mismo tiempo que descubren que Dios es el que llama y encarga, se dan cuenta de que también es el que sostiene y da fuerzas para llevar la tarea adelante. También nosotros hemos sido llamados y elegidos para seguir al Señor y continuar la tarea de tantos testigos gozosos que han anunciado las maravillas de Dios.

En los domingos anteriores hemos visto a Jesús iniciar su actividad en Galilea, donde se presenta a sus paisanos y adquiere fama enseñando y curando. Ahora ya está el terreno preparado para que Pedro y los primeros discípulos respondan a su llamada.

COMPRENDER EL TEXTO

Este relato presenta unidos en una sola escena dos episodios que otros evangelistas cuentan por separado: la llamada (Mc 1,16-20; Mt 4,18-22) y la pesca milagrosa (Jn 21,1-14) que culmina con una nueva llamada a Simón Pedro. Jesús hace su invitación después de las primeras enseñanzas y milagros y de la propia pesca milagrosa. Jesús, que se había hecho famoso por su modo de enseñar y los prodigios realizados, llama a sus primeros seguidores entre las personas que lo conocen y que han quedado cautivadas por lo que han visto y oído.

Contemplamos a Jesús en el evangelio de hoy rodeado de gente que lo sigue para escuchar sus palabras, junto al lago de Galilea. Allí se encuentra también con un grupo de pescadores. Éstos, entre los que destaca Simón, están lavando y recogiendo las redes tras una noche de trabajo. Jesús fija su atención en las dos barcas varadas junto al lago y en su dueño.

Jesús enseña desde una barca. Y lo que enseña es la Palabra de Dios, que tiene fuerza para congregar a un amplio grupo de personas. Se trata de una palabra que llama la atención. Desde la barca de Simón instruye a la gente. La palabra que Jesús les expone atrae a la multitud que se acerca para escucharle. A continuación, se dirige a los pescadores para hacerles una petición sorprendente.

La pesca se hacía en el lago de Galilea durante la noche, y Jesús les pide que echen sus redes bien entrada la mañana. Los pescadores, a pesar de que Jesús les manda algo que va contra la lógica, obedecen y hacen lo que les ordena. Jesús, con sus palabras, cambia una noche de trabajo infructuoso y de redes vacías en un amanecer de redes a rebosar; transforma la vida de Simón, Santiago y Juan, haciéndolos pescadores no de peces, sino de personas. Es la confianza en la palabra de Jesús lo que hará fructífera la misión de los discípulos. Pero Jesús no sólo lleva a cabo estas transformaciones, sino que al mismo tiempo se revela, con la fuerza de su palabra que ha cambiado la situación, como lo que realmente es.

Simón y sus compañeros han escuchado la llamada de Jesús, se han fiado de él, han echado las redes y su tarea y sus vidas han cambiado. A diferencia de los paisanos de Jesús, estos pescadores del lago de Genesaret sí han descubierto en él no sólo la palabra de un maestro, sino la presencia de Dios, y, dejándolo todo, lo han confesado como Señor y le han seguido. También nosotros estamos llamados a escuchar con fe su palabra y a descubrir en ella a Dios, que nos llama al discipulado.

ACTUALIZAMOS

Cuando la palabra de Jesús es escuchada como Palabra de Dios es capaz de producir unos efectos inesperados y sorprendentes. Hemos visto que ha cambiado el corazón de las gentes, la pesca de Simón y sus compañeros, la vida y el oficio de estos mismos. También puede cambiar nuestras vidas si la acogemos con fe y la meditamos en nuestro corazón.

  1. “Dejándolo todo, lo siguieron”:

¿Crees que Jesús sigue llamando?

¿Cómo escuchaste su llamada a seguirlo?

¿Qué tengo yo que dejar para seguirle?

  1. “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”:

¿De qué modo concreto te invita este pasaje a renovar tu seguimiento de Jesús?

  1. “Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca”:

¿Dónde nos invita hoy Jesús a echar las redes?

¿Es mi actitud como la de los discípulos?

  1. Simón se fía de la palabra de Jesús, a pesar de no haber pescado nada durante toda la noche:

¿Confío y espero en Jesús aun cuando no veo frutos inmediatos?

El Señor nos llama como a aquel primer grupo de pescadores. Únicamente nos pide fe en su palabra. Nuestra tarea y misión sólo puede tener éxito si confiamos en Jesús, si buscamos el encuentro personal con él en la oración. Sólo se puede anunciar el Evangelio si se ha experimentado a Dios en la propia vida.

Podemos compartir los miedos que nos atenazan y nos impiden lanzarnos mar adentro.

El fruto que ha de recogerse por medio de la predicación no depende del esfuerzo humano, sino de Dios… (San Ambrosio)

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO III

Lectura del libro de Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10

En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón. Leyó el libro en la plaza que está delante de la Puerta del Agua, desde la mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón. Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura del libro de la ley.

El escriba Esdras se puso en pie sobre una tribuna de madera levantada para la ocasión.

Esdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie.

Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas:

«Amén, amén».

Luego se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura.

Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea:

«Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios. No estéis tristes ni lloréis» (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley).

Nehemías les dijo:

«Id, comed buenos manjares y bebed buen vino, e invitad a los que no tienen nada preparado, pues este día está consagrado al Señor. ¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!».

Salmo 18, 8. 9. 10. 15

R./ Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R./

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R./

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R./

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 12-30

Hermanos:

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos.

Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Y si el oído dijera: «Puesto que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿dónde estaría el oído?; si fuera todo oído, ¿dónde estaría el olfato? Pues bien, Dios distribuyó cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso.

Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

Sin embargo, aunque es cierto que los miembros son muchos, el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito». Sino todo lo contrario, los miembros que parecen más débiles son necesarios. Y los miembros del cuerpo que nos parecen más despreciables los rodeamos de mayor respeto; y los menos decorosos los tratamos con más decoro; mientras que los más decorosos no lo necesitan.

Pues bien, Dios organizó el cuerpo dando mayor honor a lo que carece de él, para que así no haya división en el cuerpo, sino que más bien todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él.

Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.

¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

Ilustre Teófilo:

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles:

«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

COMENTARIO

Nehemías, el salmista y Lucas insisten en la lectura y la meditación de la Escritura. El pueblo restaurado tras el exilio inicia su nuevo caminar con la lectura del libro de la ley. Jesús, ante un pueblo de pobres, cautivos y ciegos, todos ellos por restaurar, comienza su tarea mesiánica leyendo un texto del profeta Isaías. Tanto Nehemías como Jesús insiste en el “HOY” como día consagrado a Dios, como tiempo de salvación, como ocasión para la alegría y la celebración.

Es el Espíritu el que impulsa a Jesús a anunciar la Buena Noticia. En él estamos bautizados todos, y es él quien nos empuja a formar el cuerpo de Cristo y a estar los unos preocupados por los otros, ante todo por los más desfavorecidos.

COMPRENDER EL TEXTO

El texto del evangelio de hoy presenta dos partes diferenciadas:

  • Los 4 primeros versículos con los que comienza el evangelio de Lucas.
  • La narración del inicio de la actividad de Jesús en Galilea, donde anuncia su programa mesiánico.

1ª Parte: prólogo que encabeza todo el evangelio de Lucas. Aquí Lucas afirma que ha habido otros intentos de escribir sobre lo sucedido. Él estudia con cuidado todas las tradiciones recibidas por aquellos que fueron testigos oculares, y otras fuentes, para confirmar las enseñanzas que han recibido él y su comunidad. Pero el versículo 4 “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” nos muestra que el evangelista es más que un historiador, es, sobre todo, un teólogo y catequista, la finalidad con la que compone su obra es evidentemente pastoral: pretende transmitir una buena noticia. Desea fortalecer la fe de sus lectores y oyentes, que se pueden identificar con TEÓFILO (amigo de Dios). A Lucas le interesa redactar una historia de salvación cuyo protagonista comienza su ministerio tal y como se nos narra en la segunda parte del evangelio de hoy. Este texto comienza presentándonos un resumen de la actividad de Jesús en Galilea.

Se nos muestra lo que Jesús hace y la fuerza que le impulsa a ello. Tras su bautismo en el Jordán y su estancia en el desierto en el que ha sido tentado, Jesús enseña en las sinagogas de Galilea. En el Bautismo ha recibido el Espíritu Santo y está lleno de él; es el Espíritu quien lo conduce al desierto, y ahora, su enseñanza está inspirada por este mismo Espíritu; de repente, el plano se centra en Nazaret, donde Jesús se había criado y ha madurado como persona y creyente y nos permite ver y escuchar lo que Jesús hace y dice.

Jesús se comporta como un buen judío: va a la sinagoga y participa activamente en su liturgia. Toma el libro de Isaías y lee. Comienza así su actividad y su misión pública, situando su ministerio en la línea con el profeta. Se nos presenta un resumen de lo que va a ser toda su actuación: movido por el espíritu, proclama la liberación de Dios. Este es el programa de la vida de Jesús.

Acabada la lectura era costumbre hacer una homilía para actualizar el sentido de la Escritura. Jesús la hace muy breve: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”. Así está revelando que él es el liberador anunciado por todo el Antiguo Testamento, el que inaugura un año definitivo de gracia. Pero se presenta relacionado con el Siervo de Yahvé y eliminando todo lo que suene a venganza y a desquite: sólo hay lugar para la misericordia. Su proyecto es la realización plena del año de gracia, la instauración del Reino de Dios, que es buena noticia para los pobres y trae la liberación y el perdón para todos. Y HOY también se está haciendo realidad para los que escuchamos, estudiamos y meditamos este pasaje.

MEDITAMOS y ACTUALIZAMOS

Jesús reflexiona en la sinagoga a la luz de la Palabra y en un contexto de oración, sobre la realidad en que vive su pueblo. Hace suyo el programa de actuación señalado en Isaías. También nosotros debemos intentar descubrir lo que quiere decirnos esta Palabra en la situación concreta de nuestra vida.

  1. En este Evangelio:

¿Qué imagen de Jesús nos ofrece este pasaje?

¿Qué aprendemos de él y su programa misionero?

  1. Desde el bautismo y a lo largo de toda su vida el Espíritu es el fiel compañero de Jesús:

¿Te sientes acompañado por el Espíritu del Señor?

¿Cómo percibes su presencia y estímulo?

  1. Mi programa de vida:

¿En qué medida está en consonancia con el de Jesús?

¿Sus preferencias son también mis prioridades?

¿Quiénes son hoy, en nuestro entorno, los desfavorecidos que necesitan “liberación”?

¿Qué podemos hacer nosotros al respecto?

  1. En el momento que vivo:

¿Qué motivos de esperanza despierta en el hoy de mi vida este programa de Jesús?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 62, 1-5

Por amor a Sion no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi predilecta», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá un esposo.

Como un joven se desposa con una doncella, así te desposan tus constructores.

Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu Dios contigo.

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c

R./ Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R./

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R./

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor. R./

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente.» R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 4-11

Hermanos:

Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A este se le ha concedido hacer milagros; a aquel, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.

El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:

«No tienen vino».

Jesús le dice:

«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».

Su madre dice a los sirvientes:

«Haced lo que él os diga».

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dice:

«Llenad las tinajas de agua».

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les dice:

«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:

«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo nos dejan oír campanas de boda. El profeta Isaías nos presenta a Jerusalén, la novia con la que el Señor quiere contraer matrimonio. La ciudad que fue destruida por los babilonios ha dejado de ser “Abandonada” y “Devastada”, porque Dios quiere casarse con ella para llamarla “Mi predilecta” y “Desposada”. Esos desposorios, anunciados por los profetas se han hecho realidad en Jesús, que riega su banquete de bodas con el mejor de los vinos para celebrar así que la gloria de Dios habita en medio de este mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

Con la fiesta del bautismo de Jesús se pone fin al ciclo de Navidad y se inaugura el Tiempo ordinario. Este domingo, de mano del evangelista Juan, nos situamos en el punto de partida de la actividad pública de Jesús. Con él ha aparecido una novedad absoluta que declara caducas todas las realidades antiguas.

En este episodio, Jesús realiza el primero de los siete signos que ocupa la primera parte del evangelio de Juan, llamada precisamente el “Libro de los signos” (Jn 2,1-12,50). Se trata de un pasaje rico en significado, cuya profundidad no se capta en una lectura superficial. En él podemos descubrir cuatro partes. La primera de ella (Jn 2,1-3) nos presenta los pormenores de la escena. En Caná se celebra una boda a la que está invitada la madre de Jesús, junto con el mismo Jesús y sus discípulos. Pero en medio del banquete se les termina el vino.

Desde que Jesús aparece en escena, al principio del evangelio (Jn 1,29), hasta que se celebra esta boda en Caná han pasado siete días (Jn 1,29-43). A semejanza de la primera semana del cosmos, en la que Dios creó el mundo, Jesús inaugura con su actividad un tiempo nuevo, una nueva creación. Y este tiempo se inicia con unas bodas, imagen que el Antiguo Testamento y la tradición judía relacionan con el Reino definitivo. De este modo, el evangelista subraya que con Jesús ha dado comienzo la etapa definitiva en las relaciones entre Dios y su pueblo, el cumplimiento de las aspiraciones del pueblo de Israel.

No es casual que, en la segunda parte (Jn 2,3-5), el evangelista cite a “la madre de Jesús”, primera invitada, dialogando con su hijo. En el lenguaje de los símbolos, que tanto le gusta al cuarto evangelista, María personifica al Israel que se desposa con Dios. Es ella la que percibe el problema y reconoce la situación desgraciada del pueblo de Israel al que representa y del que forma parte. La antigua alianza de Dios con su pueblo ha llegado a un callejón sin salida. Se parece a una boda sin vino, sin alegría. Por eso María quiere impulsar a su hijo a actuar.

María aparece dos veces en el evangelio de Juan: en las bodas de Caná y al pie de la cruz. Y en ambas ocasiones Jesús la llama “mujer” y no “madre”. Podría parecer una falta de respeto, pero no es así. La importancia que Juan concede a María se basa en el papel que desempeña en la historia de la salvación. Este modo de tratar a su madre indica que él es obediente a la voluntad del Padre y que los lazos con Dios son más fuertes que los de la sangre. Jesús, el único capaz de desencadenar estos desposorios entre Dios y su pueblo, no quiere actuar ante la petición de su madre, porque aún no ha llegado su hora, la hora de su muerte en la cruz, donde se realiza la plena glorificación de Jesús. Sólo en el momento de la cruz se desvelará el sentido pleno de este primer signo.

En la tercera parte (Jn 2,6-10), el evangelista, que no nos ha proporcionado el nombre de los novios, se detiene en aportar muchos detalles sobre las tinajas donde Jesús manda echar el agua: su número, el material del que están hechas, su utilización para el culto, su contenido…, con lo que queda más que claro su carácter simbólico. Simbolizan el culto israelita que ya no sirve para canalizar las relaciones entre Dios y la humanidad, como tampoco el agua es capaz de alegrar una fiesta de bodas. Hace falta que Jesús aporte el vino de la Nueva Alianza, que es ponderado por el mayordomo: “…has guardado el vino bueno hasta ahora”. Dios ha guardado el vino mejor para el final de la historia de la salvación. Su Hijo único es el encargado de ofrecerlo.

La conversión del agua en vino es el primer signo que realizó Jesús, y con él “manifestó su gloria”. Los signos del cuarto evangelio son como flechas indicadoras que apuntan hacia Jesús y ayudan a fortalecer la fe en él. Revelan el misterio que se esconde en su persona y la salvación que él trae: se trata de los últimos tiempos, los de las bodas de Dios con su pueblo, los de la salvación definitiva, los del vino de la alegría y de la máxima calidad, porque Jesús, que desencadena todo esto, es el Mesías (Jn 1,19-51). Esto debe conducir a que sus discípulos crean. Sólo la fe será capaz, también en nuestro caso, de reconocer hoy la gloria del Hijo.

ACTUALIZAMOS

Jesús desencadena con su presencia y su Palabra la alianza definitiva de Dios con su pueblo. A esas bodas estamos también nosotros invitados, y podemos saborear el vino de la alegría.

  1. María empuja a Jesús a revelarse, y su conducta repercute en el aumento de la fe de los discípulos:

¿Cómo me ayuda María, la madre de Jesús, en mi vida de fe?

  1. Haced lo que él os diga”:

¿Cómo trato de llevar a la práctica esta consigna que María dio en Caná?

Aunque no lo entendamos, aunque no lo encontremos lógico, eso es la fe, fiarse ciegamente de Jesús, de lo que él nos dice y hace por nosotros.

  1. La alegría y la calidad del vino aumentan porque los últimos tiempos ya están presentes:

¿Con que actitudes y hechos podemos ayudar a recuperar la alegría cristiana en nuestro entorno?

LECTIO DIVINA – CICLO C – NAVIDAD – EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará.

Manifestará la justicia con verdad.

No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».

Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10

R./ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R./

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R./

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R./

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 15-16. 21-22

En aquel tiempo, como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:

«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:

«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

COMENTARIO

Jesús comparte la suerte de nosotros, los pecadores, desciende hacia nosotros: baja al río como en la historia herida de la humanidad, se sumerge en nuestras aguas para sanarlas y se sumerge con nosotros, entre nosotros. No se eleva por encima de nosotros con el alma desnuda, con los pies desnudos, como el pueblo. No va solo, ni con un grupo de elegidos privilegiados. No: va con el pueblo. Pertenece a aquel pueblo y va con el pueblo a hacerse bautizar con aquel pueblo humilde.

Detengámonos en un punto importante: en el momento en que Jesús recibe el Bautismo, el texto dice que “estaba orando” (Lc 3, 21). Nos hace bien contemplar esto: Jesús reza. ¿Pero cómo? Él, que es el Señor, el Hijo de Dios, ¿reza como nosotros? Sí, Jesús – lo repiten muchas veces los Evangelios – pasa mucho tiempo en oración: al inicio de cada día, a menudo de noche, antes de tomar decisiones importantes… Su oración es un diálogo, una relación con el Padre. Así, en el Evangelio de hoy podemos ver los “dos momentos” de la vida de Jesús: por una parte, desciende hacia nosotros en las aguas del Jordán; por otra, eleva su mirada y su corazón orando al Padre.

Es una gran enseñanza para nosotros: todos estamos inmersos en los problemas de la vida y en muchas situaciones intrincadas, llamados a afrontar momentos y elecciones difíciles que nos abaten. Pero, si no queremos permanecer aplastados, tenemos necesidad de elevar todo hacia lo alto. Y esto lo hace precisamente la oración, que no es una vía de escape, la oración no es un rito mágico ni una repetición de cantilenas aprendidas de memoria. No. Rezar es el modo de dejar que Dios actúe en nosotros, para captar lo que Él quiere comunicarnos incluso en las situaciones más difíciles, rezar es para tener la fuerza de ir adelante. Mucha gente que siente que no puede más y reza: “Señor, dame la fuerza para ir adelante”. También nosotros, muchas veces lo hemos hecho. La oración nos ayuda porque nos une a Dios, nos abre al encuentro con Él. Sí, la oración es la clave que abre el corazón al Señor. Es dialogar con Dios, es escuchar su Palabra, es adorar: estar en silencio encomendándole lo que vivimos. Y a veces también es gritar con Él como Job, otras veces es desahogarse con Él. Gritar como Job; Él es padre, Él nos comprende bien. Él jamás se enoja con nosotros. Y Jesús reza. (Papa Francisco, 09-01-2022)

COMPRENDER EL TEXTO

La liturgia de hoy da un salto en el tiempo –de la infancia a la edad adulta– y nos presenta el Bautismo de Jesús, un acontecimiento en el que llega a la plenitud la epifanía, o manifestación del Mesías: «vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”».

Esta fiesta puede resultar un poco extraña, ya que se supone que el bautismo tuvo lugar en edad adulta, mientras que el próximo 2 de febrero celebraremos la presentación de Jesús en el templo, cuarenta días después de haber nacido. Pero la liturgia no sigue siempre una sucesión cronológica de los hechos.

Hoy podemos hablar de la segunda epifanía: La primera fue el 6 de enero, y la tercera epifanía, en el sentido de manifestación inicial de Dios a los hombres, es el próximo domingo con la lectura evangélica del signo de la boda en Caná.

Con el bautismo en el Jordán se termina la vida oculta de Jesús y se inaugura su misión evangelizadora. Entre el bautismo de Jesús (3,15-16) y la teofanía que le sigue (3,21-22), Lucas introduce unos versículos sobre Jesús como juez (v. 17) y la reacción de Herodes ante la predicación del Bautista (vv. 18-20) que el leccionario omite. La primera parte del relato (vv. 15-16) está dominada por la voz del Precursor que, mediante una comparación, precisa la cualidad del bautismo cristiano respecto al rito de purificación que él practicaba. El bautismo de Cristo será «con Espíritu Santo y fuego». Se funden así dos aspectos esenciales del sacramento cristiano simbolizados también por el agua; fuego que purifica y espíritu que vivifica. El agua, de hecho, no es solo principio de purificación sino también fuente de fecundidad y vida. En la segunda parte (vv. 21-22), mientras Jesús oraba, es bautizado por Juan.

Cabe destacar que la actitud orante de Jesús solo aparece en el relato lucano. Se trata de una característica de Lucas, para quien Jesús es «el hombre de la oración» sobre todo en los momentos decisivos de su misión. El relato concluye con una visión interpretativa que revela la experiencia interior de Jesús mediante una teofanía: «se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma». Los cielos se abren como respuesta a la oración de Jesús y proclaman que él es Hijo de Dios: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». En el leccionario se lee la variante «Tú eres mi hijo, el amado, el predilecto» (cf. Is 42) que parece una armonización con Mateo y Marcos. La cita del salmo confiere al texto una dimensión mesiánica: manifiesta la filiación divina de Jesús.

ACTUALIZAMOS

La fiesta de hoy es también una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra condición de bautizados. Es una fiesta para agradecer a Dios el don y la gracia de la fe; para agradecer a nuestros padres que fuesen instrumentos de este don; y un día para pensar cómo vivimos hoy nosotros nuestro bautismo.

Nuestro bautismo fue el comienzo de una vida nueva. Y la Iglesia, pueblo de bautizados y bautizadas, con su acción y su compromiso, se pone al servicio de los más débiles, defiende la vida, denuncia la injusticia, y anuncia la buena nueva a los más pobres. Esta es la identidad de la Iglesia, porque esta es la misión y la identidad de todos los que formamos parte de ella.

  1. Él os bautizará con Espíritu Santo…

¿Cómo te ayuda este pasaje a entender mejor tu condición de bautizado?

¿Cómo influye en tu relación cotidiana con el Padre saber que eres su “hijo amado”?

  1. Hemos sido bautizados con el mismo Espíritu Santo que consagró a Jesús para la misión.

¿Eres consciente del compromiso que eso implica?

  1. En esta sociedad:

¿Cómo manifiestas en tu vida concreta que has recibido este sacramento?

LECTIO DIVINA – DOMINGO SEGUNDO DESPUÉS DE NAVIDAD

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.

En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.

«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.

Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca jamás dejaré de existir.

Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sion.

En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.

Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20

R./ El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R./

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R./

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Comienzo del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo»

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

COMENTARIO

Este domingo no tiene ningún acento especial. Las lecturas nos acompañan a una nueva profundización del misterio central del tiempo de Navidad. Está bien que volvamos repetidamente al que nos da Vida, especialmente en este tiempo festivo, tan agitado y disperso. En las lecturas se pueden leer tres aspectos: la encarnación del Verbo de Dios, la misión salvadora del Hijo, y, nuestra fidelidad.

COMPRENDER EL TEXTO

EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS

Es el misterio central, la Encarnación salvadora del Hijo de Dios. Es el alma del fragmento evangélico de hoy, que domina toda la celebración. La primera lectura evoca el sublime pensamiento veterotestamentario sobre la Sabiduría. El evangelio de Juan orienta este pensamiento; la Sabiduría eterna de Dios es el Verbo, que es Vida y Luz de los hombres, por el que todo ha venido a la existencia. Éste es el primer acento, propio de la revelación cristiana. Y éste es el segundo: el Verbo se hizo carne; es Jesús de Nazaret, hijo de María.

Renovemos la contemplación admirada y sorprendida del mensaje evangélico. Por un lado, el misterio de Dios: «A Dios nadie lo ha visto jamás», es revelado por Jesús como plenitud de Vida, de Luz, de Amor (Jn 1, 4-7). Ya esto desborda nuestras ideas espontáneas sobre Dios: pocas veces las reflexiones y los diálogos normales sobre Dios evocan un contenido así. Por otro lado, la Encarnación de Jesús en Nazaret, muerto y resucitado. Jesús fue una persona singular, no una figura etérea e inconcreta. Aquí hay un punto fuerte del cristianismo: Dios se ha hecho hombre concreto en nuestra historia humana. Esto sorprende y asusta. Incluso puede escandalizar a personas nobles que respetan a todas las culturas y tradiciones religiosas de la humanidad. Pero no olvidemos lo que es también central en la fe cristiana. Jesús es la Encarnación del Verbo de Dios precisamente como Plenitud de verdad y de gracia (evangelio), hasta su entrega total al Padre y a los hombres en su muerte y resurrección. Él es uno de los nuestros, pero no es uno como nosotros. La Encarnación de Dios, que es Amor y Vida, se manifestó en el amor generoso y sencillo de Jesús, entregado hasta la muerte y resurrección. Así aparece como Verdad y Gracia. La Encarnación en un hombre que ama no es un empobrecimiento o una limitación de Dios, es la manera de ser verdaderamente Dios-con-nosotros, de manifestar su amor eficaz a los hombres, siempre reales y concretos.

NOS HA DESTINADO POR MEDIO DE JESUCRISTO A SER SUS HIJOS

Es nuestro misterio. El Evangelio habla de Jesucristo como del único, aquel en el cual reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col 2,9), de una vez para siempre (Hebreos). Pero no lo hace nunca en tono apologético, para alejar a Jesucristo de nosotros los hombres y situarlo a otro nivel, inasequible; lo hace para mostrar el plan de Dios sobre todos los hombres y mujeres de la historia: ser hijos en Jesucristo. Así como el Evangelio subraya la unicidad concreta de Jesucristo, subraya también: «El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre». Este «todo hombre» forma parte de la entraña cristiana, indica los hombres reales, los millones de hijos de mujer que han ocupado la tierra. Cuando decimos «Jesucristo» tendríamos que evitar la sensación espontánea de hablar de nuestro grupo cristiano para evocar esta universalidad. Decir «Jesucristo» quiere decir: todos. «A cuantos lo recibieron» expresa un misterio que tendríamos que contemplar arrodillados.

«Recibir» a Jesús o «rechazarlo» no se juega en una confesión más o menos reflexionada; tiene lugar en el núcleo más profundo de todos y cada uno de los hombres. Recibir a Jesucristo es vivir la comunión íntima con la Verdad, la Gracia, el Amor, y así «ser hijos de Dios» (evangelio). «Ser hijo» de Dios no es sólo una palabra; es como una participación viva en aquel que es el Hijo único, una manera de ser y de vivir como él.

NUESTRA FIDELIDAD

El texto de la carta a los Efesios subraya dos aspectos de la obra de Dios en nosotros que se convierten en dos exhortaciones. El primero se refiere a toda nuestra vida: «Él nos eligió en Cristo… para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.». El amor de Dios nos lleva a una vida nueva en el sentido más real, a una manera nueva de amar, de ser generosos, de perdonar, de afrontar el sufrimiento y la muerte, de confiar en Dios.

El segundo aspecto se refiere a lo que podríamos llamar la «experiencia interior»: «El Padre de la gloria os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo». Normalmente hablamos de fidelidad en nuestra manera de vivir. Pero será bueno, en estos días de Navidad, exhortarnos a la contemplación silenciosa para avanzar hacia una «sabiduría y revelación». En la figura de Jesús nacido en Belén se esconde y se manifiesta a la vez el gran misterio de la Vida para todos los hombres. Llegar a «conocer la verdad» es la manera de crecer espiritualmente, de pasar de la situación de quien siempre escucha a «sentir y saber» personalmente (Jn 4,42). Se trata de conocer de verdad quién es él, el Dios y Padre que en Jesús manifiesta su amor salvador; y conocer «la esperanza a la que os llama» en la comunión vivida con el Señor, verdadera plenitud de la vida humana.

ACTUALIZAMOS

  1. El prólogo del cuarto evangelio es un texto fundamental para la teología cristiana.

¿Qué aporta a tu vida de fe lo que en él se afirma sobre Dios y sobre Jesucristo?

  1. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

¿Qué te sugiere el ejemplo del Verbo hecho carne, la Palabra encarnada, a la hora de entender y concretar tu compromiso cristiano?

  1. Acoger la Palabra supone recibir una promesa de plenitud y de gracia, la posibilidad de vivir en estrecha intimidad con Dios.

¿De qué modo te estimula esta promesa a vivir en esperanza?

NAVIDAD 2024

HORARIOS DE MISAS

MARTES 24 DE DICIEMBRE: 9:30
    MISA DEL GALLO: 12 DE LA NOCHE

MIÉRCOLES 25 DE DICIEMBRE: 12:30

DOMINGO 29 DE DICIEMBRE: 12:30 y 19:30

MARTES 31 DE DICIEMBRE:  9:30  Y
19:30 (MISA DE VÍSPERA DE AÑO NUEVO)

MIÉRCOLES 1 DE ENERO: 12:30

DOMINGO 5 DE ENERO: 12:30 Y
19:30 (MISA DE VÍSPERA DE LA EPIFANÍA)

LUNES 6 DE ENERO (Fiesta de la Epifanía del Señor): 12:30 y 19:30 h.

ORACIÓN PARA BENDECIR LA CENA DE NAVIDAD

Bendice, Señor, nuestra mesa en este día de Luz.
Quienes vamos a cenar celebrándote sabemos que la fiesta eres Tú,
que nos invitas a nacer siempre de nuevo.
Gracias por el pan y el trabajo, por la generosidad y la esperanza.
Llena nuestra mesa de fuerza y ternura para ser personas justas,
llena de paz nuestras vidas y que la amistad y la gratitud alimenten cada día del año.
Tú eres bendición para nosotros; por eso, en esta noche fraterna,
bendice la tierra toda, bendice nuestro país.
Bendice esta familia y esta mesa.
Bendícenos a cada uno de los que estamos aquí.
Amén.

HORARIOS INVIERNO 2024-2025

A partir del 6 de octubre:
EUCARISTÍAS:
De LUNES a SÁBADO: 9:30 h. y 19:30 h.
DOMINGOS Y FESTIVOS: 11 h, 12:30 h. y 19:30 h.
* Confesiones: media hora antes de la misa o cuando se solicite.
DESPACHO PARROQUIAL:
MIÉRCOLES de 18 h. a 19:30 h.
DESPACHO ACOGIDA DE CÁRITAS:
MIÉRCOLES de 18h a 20h solicitando cita previa en el siguiente correo: caritasnatividad@gmail.com
Si no dispone de correo electrónico, tramitaremos la cita previa en el siguiente teléfono: 91.439.02.15 atendiendo sólo los miércoles de 18h. a 20h.
* Importante: para solicitar cualquier tipo de ayuda se deben dirigir a su parroquia más cercana según la dirección del empadronamiento.
BAUTIZOS:
ACOGIDA: PRIMEROS DOMINGOS DE MES a las 12 h.
APERTURA DE LA CAPILLA:
LUNES A VIERNES (excepto festivos) de 9h a 13h y de 17h a 20h.
SÁBADOS de 9h a 13h.
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO:
Todos los JUEVES a las 18:30 h.
ADORACIÓN preparada por JÓVENES:
LUNES a las 20:30h.
GRUPO LECTIO DIVINA:
PRIMER Y TERCER VIERNES DE MES a las 19h.
CURSO DE BIBLIA, Libro del Éxodo:
PRIMER Y TERCER MARTES DE MES de 18h a 19h.

LECTIO DIVINA – CICLO C – NAVIDAD – LA SAGRADA FAMILIA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Él les contestó:

«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

COMENTARIO

El libro del Eclesiástico y el salmo nos presentan el modelo de relaciones y los valores que prevalecían en la familia tradicional israelita. El evangelio nos recuerda que Jesús también se educó, creció y maduró en el seno de una familia humana, pero que no se encerró en sus condicionamientos, ni se limitó a sus lazos afectivos. Más allá de ellos, su misión sólo estuvo determinada por el deseo de cumplir la voluntad del Padre. Así inauguró una familia universal, no basada en los vínculos de la carne y la sangre, sino en los de la fe. La carta a los Colosenses propone cómo han de ser las relaciones en la nueva familia de Jesús, que es la Iglesia-Comunidad.

COMPRENDER EL TEXTO

En la fiesta de la Sagrada Familia, la liturgia nos presenta un nuevo relato de la infancia de Jesús. El niño es ya adolescente y acompaña a sus padres a Jerusalén para celebrar con ellos la fiesta de Pascua. Lucas aprovecha la ocasión para adelantarnos algunos de los rasgos que luego distinguirán su vida adulta y su ministerio público. 

Estos versículos tratan de tender un puente entre la niñez y la vida adulta de Jesús. La ley de Moisés prescribía que todo varón judío debía peregrinar al templo de Jerusalén tres veces al año: Pascua, fiesta de las Tiendas y Pentecostés, este precepto empezaba a regir a partir de los 13 años, paso a la edad adulta.

Este hecho de que la familia de Jesús peregrine unida, cuando éste tiene doce años, da a entender que se trata de una familia piadosa que actúa “según la costumbre” de su pueblo. Y es en este contexto de religiosidad tradicional donde Lucas nos presenta a Jesús niño actuando de un modo sorprendentemente libre y desconcertante.

El comportamiento de Jesús es impropio de un chico de su edad que debe estar sometido a la tutela de sus padres. Pero estos evangelios de la infancia no pretenden ser una biografía en sentido estricto, sino transmitir un contenido teológico y catequético. Por eso, más que ver aquí un episodio de rebeldía adolescente, se nos invita a profundizar en el misterio de la persona de Jesús que aparece insinuado en varios detalles del texto, como en la sorprendente inteligencia del niño, pero, sobre todo, en el diálogo que mantiene con su madre.

Estas palabras son las primeras que Jesús pronuncia en todo el evangelio de Lucas. Esta ocasión, cuando Jesús está a punto de entrar en la edad adulta, es propicia para dejar bien claro la orientación fundamental de toda su vida. Este desmarcarse de los suyos revela que su actuación futura no va a depender de las pautas marcadas por su entorno familiar, como era lo normal en la sociedad israelita; que su padre verdadero no era José, como dice María (Lc 2, 48), sino Dios, y que su misión consistirá en “ocuparse de sus cosas”, en hacer en todo la voluntad del Padre.

Sorprende que la respuesta de Jesús no sea comprendida por José y especialmente por María, a quien fue revelado en la Anunciación que su hijo también era el “Hijo de Dios” (Lc 1,31). Lo que Lucas quiere decirnos es que el misterio de la filiación de Jesús es humanamente insondable y requiere ser asumido desde la fe, lo que supone a veces un proceso largo y doloroso. A pesar de ello, el pasaje concluye con una clara afirmación de la humanidad de Jesús. Aunque sea el Hijo de Dios, no por eso quiere ahorrarse el itinerario de crecimiento y maduración que corresponde a cualquier persona. También eso forma parte de su misterio, tantas veces incomprendido.

ACTUALIZAMOS

La familia de Nazaret fue un espacio de crecimiento y maduración. En primer lugar, para el mismo Jesús, que “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”. En segundo lugar, para María y José, que, sin comprenderlo todo, estaban en una situación de búsqueda e iban avanzando en su camino de fe, meditando interiormente el sentido de unos acontecimientos no siempre fáciles de interpretar. Todo esto plantea un reto a nuestras propias familias. 

  1. Fe: “¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”-

¿Qué nos enseña este pasaje sobre el misterio que encierra la persona de Jesús?

José y María “no comprendieron lo que les dijo”. ¿De qué modo puede ayudarnos la actitud de José y María a crecer en la fe personal y familiar?

  1. Caridad: Salvando distancias, la sagrada familia es modelo para nuestras familias:

¿En qué sentido nos puede ayudar para mejorar relaciones y conflictos familiares?

Jesús iba creciendo…”: ¿Qué condiciones deberían darse en nuestras familias para que sus miembros crezcamos en ellas como personas y creyentes?

  1. Esperanza: Hoy la familia está en crisis. También la familia de Jesús vivió momentos difíciles. A pesar de ello:

¿Qué signos de esperanza descubro en la realidad familiar de hoy en día?