Primer saludo y bendición «Urbi et Orbi» del Papa León XIV

El 8 de mayo de 2025 el Cónclave ha elegido al 267º Obispo de Roma, el Cardenal Robert Francis Prevost, religioso agustino, que ha tomado el nombre de León XIV.

Os ofrecemos su saludo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro y sus primeras palabras y bendición «Urbi et Orbi»

Aquí os dejamos la traducción de sus palabras al español.

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO V

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab

R./ Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R./

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R./

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

Y oí una gran voz desde el trono que decía:

«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.

Y dijo el que está sentado en el trono:

«Mira, hago nuevas todas las cosas».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:

«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

COMENTARIO

Las lecturas de hoy son una invitación a entrar en la novedad cristiana. La primera lectura presenta una nueva comunidad en la que se comparte la fe y el fruto de la tarea misionera. El pasaje del Apocalipsis recuerda la tierra nueva y los cielos nuevos que nos aguardan. La lectura del evangelio de Juan pone ante nuestros ojos el mandamiento siempre nuevo para un seguidor de Jesucristo: el amor.

En el evangelio de hoy, Jesús se despide de sus discípulos y les da las últimas recomendaciones antes de su partida: cuando él falte no pueden olvidarse del mandamiento nuevo.

COMPRENDER EL TEXTO

Estamos en el inicio del discurso de despedida de Jesús. Como si continuásemos leyendo el evangelio de Jueves Santo, nos habla a nosotros, a todas las generaciones de discípulos y nos ofrece el mandamiento nuevo: “Amaos”. Jesús está convencido de que solo amando hasta el extremo podrá vencer la muerte que se le acerca. Y nos ofrece vivir la misma experiencia.

La primera palabra del Señor que encontramos en este texto es “ahora”. Jesús afronta su presente, su “ahora”, dando la vida. El pasado domingo recordábamos: El buen pastor da la vida por sus ovejas. Es así como Jesús afronta su muerte. Es así como se revela su identidad y misión.

Ahora”, precisamente en el momento de la pasión y la cruz, Jesús proclama la GLORIA del Padre, que es su propia “gloria”. Jesús tiene la convicción profunda de que Dios actúa “ahora”, no en una situación ideal en la que no existan los traidores, en la que no haya pecado… Ahora.

El “ahora” que menciona Jesús es el suyo y es el NUESTRO. Entre los cristianos escuchamos muchas lamentaciones sobre las dificultades del momento presente para evangelizar, para vivir la fe, para construir la Iglesia… Lamentaciones que provienen de una mirada sociológica: antes la Iglesia era importante socialmente, tenía muchos miembros, poder, medios; ahora no tiene prestigio, se nos ignora, critica o ridiculiza.

No es más difícil para nuestra generación que para la primera generación de cristianos. La contemplación de este evangelio nos indica cuál es la convicción profunda que es necesaria. La evangelización exige un corazón bien dispuesto para amar. Una mirada sobre el mundo, sobre las personas concretas, sobre todo las más desfavorecidas. Un corazón y unos ojos que nos disponen para dar la vida: el amor nos pone en acción. La fe solo se transmite con la vida, de tú a tú, con la cercanía, con el cariño y la amistad, como decía Carlos de Foucauld.

“Ahora” es la hora de creer, de evangelizar. Como ayer, como mañana, hoy podemos anunciar que el Reino de Dios está aquí. La GLORIA DE DIOS es que afrontemos las situaciones, sean las que sean, como las afronta Jesús: con amor entregado, amando hasta el extremo. En esta vida-muerte tan humanas se encuentra la GLORIA DE DIOS, se encuentra la resurrección. Porque la gloria de Dios es que el hombre viva.

EL MANDAMIENTO NUEVO

Jesús califica de “nuevo” esto: que os améis unos a otros; como yo os he amado, una renovación que pasa por dentro y que tiene consecuencias renovadoras en el propio ambiente.

JUAN 13, 31-33a. 34-35

Este texto sigue inmediatamente a la escena en que Judas abandona el cenáculo de noche. Jesús habla de una glorificación: Cristo muerto y resucitado. En la más profunda humillación, se revelará la gloria divina. En la cruz se mostrará la más sublime expresión del amor de Dios por la humanidad.

La glorificación producirá, sin embargo, una “separación” entre Jesús y los suyos (v. 33a). Los discípulos tendrán que vivir unidos a Jesús en una forma distinta a la que han vivido hasta ahora. Ya no podrán seguir al Maestro sino a través de la gloria de la cruz. Es en ese momento cuando les otorga un “DON”: “Os doy un mandamiento nuevo”, un don que revela el único camino por el cual los discípulos podrán seguir a Jesús y mantenerse en comunión con él: el mandamiento del amor. Juan no utiliza la palabra que designa una norma exterior o un código legal, sino un término que indica revelación de la voluntad de Dios que se vuelve ineludible para el hombre: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”.

Es un mandamiento NUEVO porque representa la síntesis y la expresión de la nueva alianza fundada en el amor de Jesús que ha amado a los suyos hasta el extremo. Jesús invita a amar “como yo os he amado”, con la misma intensidad y totalidad de su amor. El cristiano no sólo es modelado a ejemplo del amor de Jesús, sino que este amor brota continuamente de él. Es el amor que engendra dinamismo de amor.

ACTUALIZAMOS

El amor es el carnet de identidad de toda comunidad que quiera ser la de Jesús. A través de un grupo cristiano que se ama, Dios puede seguir manifestándose, mostrando su gloria al mundo. Es una de las invitaciones que hoy nos hace el evangelio.

  1. En mi vida:

¿Me siento amado por Dios Padre en Jesús, siento que da la vida por mí?

  1. En esta sociedad:

¿A quién amo yo y cómo es mi amor… llega hasta gastar la vida? Familia, amigos, los que me caen bien…

¿A quién o quiénes debería amar y no amo?

¿Descubro que se me invita a gastar, a dar la vida en la aparente pequeñez de lo cotidiano?

  1. En este mundo:

¿Nos conoce la gente como cristianos y comunidad cristiana por el amor?

¿Cómo seguir avanzando por este camino?

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO IV

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52

En aquellos días, Pablo y Bernabé continuaron desde Perge y llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

Muchos judíos y prosélitos adoradores de Dios siguieron a Pablo y Bernabé, que hablaban con ellos exhortándolos a perseverar fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:

«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.

Ellos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo 99, 1b-2. 3. 5

R./ Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R./

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R./

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y uno de los ancianos me dijo:

«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo.

El que se sienta en el trono acampará entre ellos.

Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre somos uno».

COMENTARIO

En la liturgia del 4º domingo de Pascua ocupa un lugar destacado la figura del Buen Pastor. La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, presenta la labor de pastoreo universal encomendada por el Resucitado y que llevaron a cabo Pablo y los otros apóstoles. En esta labor, el modelo a seguir es Jesús, que en el pasaje del evangelio se presenta como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. En la segunda lectura, del libro del Apocalipsis, el que es llamado Cordero es al mismo tiempo el Pastor que apacienta al nuevo pueblo de Dios.

Ante el despliegue de dones y promesas que presenta hoy la liturgia, sólo nos queda decir con el salmista: Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.

Con esta imagen del Buen Pastor, la Iglesia nos invita a reflexionar uno de los aspectos centrales de la fe cristiana. Jesús se ha entregado libremente y por amor, ofreciéndonos de este modo una vida que no tendrá en la muerte la palabra definitiva.

COMPRENDER EL TEXTO

En el evangelio de Juan este pasaje aparece tras el signo-milagro de la curación del ciego de nacimiento y el debate que se suscita a propósito de este signo (Jn 9). Jesús quiere hacer comprender a los dirigentes judíos que él es el Mesías esperado y que llevará adelante su misión como “Luz del mundo” y “Buen Pastor”. Pero ellos parecen no entender y vuelven a preguntarle si él es el Cristo (Jn 10,24). Jesús responde utilizando la imagen que aparece en el evangelio de hoy.

Jesús se identifica mejor con la figura del pastor bueno que con la de Cristo, es decir, Mesías, que, sobre todo entonces, podía dar pie a expectativas ambiguas o desenfocadas sobre su persona. Por eso habla a los judíos desde una imagen del Antiguo Testamento, aplicada especialmente a Dios, que recordaba la alianza y evocaba el cuidado de Yavé hacia su pueblo. Con el paso del tiempo, y por derivación, a los dirigentes políticos y religiosos se les denominó también “pastores”, porque Dios les había encomendado dicho servicio. Dado que muchos se portaron como ladrones y salteadores, fue surgiendo en Israel una esperanza: vendrá un Mesías que, en nombre del Dios-Pastor, cuidará y apacentará el rebaño.

Los verbos que se utilizan en estos versículos ofrecen valiosas pistas para comprender la verdadera identidad de Jesús: conocer, dar (vida eterna), no dejar arrebatar (que significa ofrecer seguridad, proteger en el peligro). Estos verbos son las credenciales que identifican a Jesús como el Cristo. Así pues, Jesús, el Mesías, es el Buen Pastor porque nos ha mostrado su amor sin límites (Jn 15,13) y, entregándose por nosotros, ha alejado el peligro de muerte que nos amenazaba, dándonos una vida que no se acaba.

El amor de Jesús-Pastor por sus ovejas pone en juego la dinámica de la fe, la dinámica del “creer”, que en este pasaje se expresa con dos verbos: escuchar (la voz de Jesús) y seguirle. Son las dos acciones que caracterizan al auténtico discípulo: escucha atenta del Maestro y seguimiento incondicional. Sin embargo, esta dinámica de la fe no se inicia con la escucha del discípulo, sino con la llamada del Maestro: Jesús obra primero e impulsa la fe; luego, llega la respuesta libre del ser humano. De este modo se establece entre Jesús-Pastor y cada discípulo-oveja una relación de comunión que traspasa incluso las fronteras de la muerte.

Leyendo el pasaje de hoy no es difícil descubrir que la comunión de Jesús con sus discípulos proviene de la relación primera entre Jesús y el Padre (Jn 10,29-30). Nadie es más poderoso que Dios Padre, y Jesús-Pastor está sostenido por el amor y el poder de este Padre con quien es uno: Yo y el Padre somos uno”. No sólo nos conoce, nos da la vida y nos protege, sino que además nos introduce en su realidad más profunda: la unidad de amor con el Padre. El pastoreo de Jesús está sustentado por esta indestructible unidad que ofrece todas las garantías. A nosotros nos corresponde acoger su Palabra y seguir reproduciendo su imagen en nuestra vida.

ACTUALIZAMOS

Nosotros hoy somos los seguidores de Cristo y se debe notar en tres actitudes fundamentales:

  • LA FE:Mis ovejas escuchan mi voz”; escuchar quiere decir aceptar; creer significa hacer propia y abrazar la PALABRA (voz) de CRISTO, pensar, sentir y querer como el Pastor.
  • EL SEGUIMIENTO:Ellas me siguen”; seguir a Jesús es la expresión evangélica que resume la vida cristiana; es caminar al ritmo de Quien camina delante.
  • LA CONFIANZA: “No perecerán para siempre, bajo la firmeza del Buen Pastor (su vara y su cayado me sosiegan, Salmo 22) los creyentes caminamos y avanzamos, sin miedo.
  1. El pasaje del evangelio que hoy hemos leído presenta diversas cualidades del Buen Pastor:

    ¿Cuáles te impulsan a acercarte a él?

  1. Desde tu experiencia y encuentro con Dios:

    ¿Con qué otras imágenes expresarías tu relación personal con Jesucristo?

  1. Jesús, Buen Pastor, nos envía para que nos comportemos con su mismo estilo de entrega y cercanía:

    ¿Qué puedo hacer para continuar su misión pastoral?

  1. En mi vida:

    ¿Qué espero que Jesús, Buen Pastor, haga por mí?

PAPA FRANCISCO (2013-2025)

El lunes 21 de abril VATICAN NEWS comunicó que el Cardenal Kevin Joseph Farrell, Camarlengo de la Santa Romana Iglesia, anunció con tristeza el fallecimiento del Papa Francisco. 

VATICAN NEWS ha elaborado un documental sobre El pontificado del Papa Francisco: Doce años de procesos y puertas abiertas, así nos lo ofrece: «Recorramos el pontificado de Jorge Mario Bergoglio con las imágenes más significativas de sus viajes, celebraciones, encuentros, gestos, signos de un magisterio de anuncio del amor de Cristo a todos los hombres y de su incesante compromiso por la paz, los pobres y los migrantes, en el horizonte de la innovación y de la fraternidad.»

Carta Pastoral con motivo de la Pascua 2025, del Cardenal José Cobo Cano

Queridos hermanos y hermanas:

¡Resucitó el Señor! ¡Cristo vive! ¡Aleluya!

La paz a vosotros.

Durante los últimos días hemos recorrido el camino del misterio pascual, desde la cena de la entrega sin límites hasta el asombro ante el sepulcro vacío. En esta Pascua se nos invita a buscar los bienes de lo alto, no en abstracciones, sino desde los sepulcros concretos de la vida. Tenemos que confiar en el testimonio de quienes han visto y creído, y ser nosotros mismos testigos creíbles y portadores de esa buena noticia.

A menudo me pregunto por qué no vivimos más alegres. La alegría pascual no es un entusiasmo superficial, sino un gozo profundo, nacido de la certeza de que, pese a las dificultades, la victoria final pertenece a Dios. Hemos sido “Bautizados para ser peregrinos de Esperanza” y estamos llamados a vivir desde ella.

Una llamada va a estar muy presente a lo largo de las próximas semanas. Es la invitación del Señor resucitado, que saldrá una y otra vez al encuentro de quienes han perdido la esperanza. El saludo del Resucitado quiere ser al mismo tiempo don y tarea: “La paz a vosotros” -dirá-. Paz. Esa es la palabra con que el Resucitado evoca la calma, el sosiego y esta especial alegría, en esta nueva primavera del alma humana, que es la resurrección. Es también la Buena Noticia que invitará a compartir a sus testigos allá donde vayan, en todas las épocas y hasta los confines del mundo (cf. Mc 16, 15).

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO III

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles, diciendo:

«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».

Pedro y los apóstoles replicaron:

«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b

R./ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R./

Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R./

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14

Yo, Juan, miré, y escuché la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos, y eran miles de miles, miríadas de miríadas, y decían con voz potente:

«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza».

Y escuché a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo cuanto hay en ellos-, que decían:

«Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos».

Y los cuatro vivientes respondían:

«Amén».

Y los ancianos se postraron y adoraron.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar».

Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron:

«No».

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:

«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice:

«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».

Él le contestó:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús, le dice:

«Apacienta mis corderos».

Por segunda vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

Él le contesta:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Él le dice:

«Pastorea mis ovejas».

Por tercera vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez:

«¿Me quieres?» y le contestó:

«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:

«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:

«Sígueme».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo continúan centrándose en el misterio pascual que celebramos, subrayando el compromiso testimonial que implica la experiencia de la resurrección de Jesucristo. Testigos son los apóstoles, que proclaman el misterio de la fe cristiana a pesar de las amenazas del Sanedrín. Testigos son todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar que alaban a Dios y al Cordero. Testigo es toda la Iglesia cuando lleva en el centro de su tarea evangelizadora a Cristo resucitado. Testigos somos también nosotros cuando escuchamos la Palabra de Dios, nos alimentamos en la mesa de la fraternidad y vivimos en la esperanza gozosa y comprometida de su vuelta definitiva.

COMPRENDER EL TEXTO

De la mano del cuarto evangelista estamos realizando un itinerario pascual. El domingo pasado, Jesús resucitado envió a sus discípulos al mundo como testigos. El evangelio de este domingo muestra cómo Jesús acompaña a los suyos en la misión y, a la vez, presenta las condiciones necesarias para que dicha misión dé fruto.

Bajo la apariencia de una escena de pesca, el autor del cuarto evangelio insiste en la presencia del Resucitado acompañando y estimulando la misión de los discípulos.

El centro del episodio es, una vez más, Jesús resucitado, que se manifiesta a un grupo de discípulos en Galilea mientras estaban ocupados en la tarea cotidiana.

Siete discípulos salen a pescar juntos. Bajo esta apariencia de normalidad, el pasaje trata de mostrarnos una dimensión más profunda: el siete es un número que indica plenitud, totalidad, y está aludiendo a todos los seguidores de Jesucristo que se empeñan en la tarea de ser “pescadores de hombres”. Aunque trabajan juntos y bajo las órdenes de Pedro, es de noche y vuelven de vacío. Sólo cuando siguen las indicaciones del Resucitado, cuando desde la orilla amanece, consiguen pesca abundante. Y es que el éxito de la tarea misionera no depende sólo del esfuerzo humano, sino sobre todo de la presencia del Resucitado en ella.

En este relato, el discípulo amado tiene, una vez más, el privilegio de reconocer a Jesús, el Señor.

Jesús no sólo es el que da fecundidad al trabajo de los discípulos, sino que, además, los prepara y convoca para la comida eucarística. Él es el único pan que se parte y reparte por amor, y, aunque no necesita la pesca de los discípulos (ya hay peces colocados sobre las brasas), pide la colaboración humana: Traed de los peces que acabáis de coger”. Simón Pedro, en nombre de todos, saca la red rebosante de la barca y lleva al Señor el trabajo de los siete. Es una red llena, de la que se dice el número de peces que contenía: ciento cincuenta y tres. El simbolismo de los números habla, una vez más, de una Iglesia universal en la que caben todos, en la que ninguno se pierde (la red no se rompe). También la figura de Pedro, tal y como aparece en este relato evangélico, presenta algunos elementos de carácter simbólico.

Es evidente que Pedro ocupa un puesto relevante en el pasaje, ya sea convocando a los discípulos para la pesca o llevando ante el Señor la red repleta de peces. No en vano tuvo una enorme importancia en los inicios del cristianismo. Pero además este relato habla, de forma simbólica, de su trayectoria personal y religiosa (v. 7): antes de conocer a Jesús, el Señor, Pedro estaba desnudo, símbolo de debilidad y miseria; cuando lo conoce se ciñe un vestido, símbolo de disposición para el servicio, y se lanza al agua, un gesto que expresa la entrega de la vida (entrega que se percibe aún mejor en Jn 21,15-19).

Ojalá nosotros, que conocemos al Señor, nos lancemos también al mar, dispuestos al servicio misionero, bajo las órdenes del Resucitado y participando del banquete eucarístico con los hermanos.

ACTUALIZAMOS

Jesús resucitado se ha hecho presente en medio de la vida y misión de su Iglesia, a quien ha recordado que debe prestar atención a su Palabra y ponerla en práctica. Solo él puede dirigir y sostener una tarea evangelizadora que está encomendada a toda la comunidad cristiana.

  1. El Resucitado se hace presente orientando con su Palabra el trabajo cotidiano, ofrece alimento y pide la decisión de seguirle hasta dar la vida:

¿Cuál es la imagen del evangelio de hoy con la que se identifica tu fe?

¿Por qué?

  1. El Resucitado da a sus discípulos un mandato misionero:

Echad la red”.

¿En qué situaciones concretas percibes la llamada del Señor a “echar las redes”?

¿Dónde te cuesta más hacerlo?

  1. La imagen de una red que acoge a todos:

¿Qué motivos de esperanza nos sugiere de cara a nuestra Iglesia?

SEMANA SANTA 2025: Jesús nos revela la lógica del amor y de la entrega

DOMINGO DE RAMOS

La liturgia del Domingo de Ramos fue el pórtico de la Semana Santa. Desde la aclamación del Señor en su entrada a Jerusalén pasamos a recorrer su pasión, narrada por el evangelista Lucas, que supo ver en medio del dolor la misericordia de Jesús –“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, “hoy estarás conmigo en el paraíso”– y su abandono confiado en Dios –“Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”–.

Los días siguientes nos fuimos disponiendo con una pregunta: “Señor, ¿dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”, ¿dónde y cómo quieres que te prepare la Pascua, Señor, en mi vida? Y también, el miércoles, la preparación física del lugar: el cuidado en los detalles, los manteles, las flores, las velas, los asientos…

JUEVES SANTO

La preparación del Jueves Santo estuvo marcada por el compartir en comunidad. En una sala, ambientada con los signos de ese día, nos situamos para lo que íbamos a vivir: la Eucaristía, el lavatorio de los pies, la institución del sacerdocio. Todo unificado en el amor de Jesús: “su amor nos sirve”. Recuperamos en nuestro corazón momentos o experiencias en los que el servicio ha marcado o marca nuestra vida, con hondura, en la cotidianidad, en ámbitos diferentes.

La celebración de la Cena del Señor: inseparables la Eucaristía y el lavatorio de los pies. Admirable y sorprendente un Señor que nos lava los pies, ante el que reaccionamos muchas veces como Pedro: “¿lavarme los pies tú a mí?”. En el signo del lavatorio, todos lo recibimos a través de los doce que fueron lavados; los sacerdotes lavaron los pies primero; luego, aquellos que habían sido lavados lo hicieron con los demás. Es el aprendizaje del amor de Jesús, de su lógica: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?… Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. En la comunión nos alcanzó a todos ese amor: el Señor se nos sirvió como alimento.

La Hora Santa nos ayudó a contemplar el amor hasta el extremo de Jesús. En una capilla llena, pero silenciosa y recogida, hubo momento para adorar, para escuchar el mandamiento del amor –“vosotros sois mis amigos… amaos unos a otros”–, para volver a mirar la jofaina y cantar: “Yo quiero ser tu servidor”. Y luego, vino también el tiempo de acompañar a Jesús en Getsemaní, actualizando este acompañamiento en nuestros hermanos que sufren, preguntándonos si estamos dormidos…, como los discípulos aquella noche. Pero también queriendo poner, con Jesús, nuestra vida en manos del Padre e intercediendo por los que están en angustia y necesidad. Al final, todos y cada uno pudimos expresar nuestra pequeña ofrenda sembrando unos granos de trigo en una tierra fecunda.

VIERNES SANTO

En el Vía crucis de la mañana salimos a la calle: alrededor de la iglesia, en medio de nuestro barrio, llevando la cruz de Jesús y otras dos cruces. Mucha participación, silencio, oración. Un Vía crucis con meditaciones del papa Francisco: contemplar, caminar detrás de la cruz, rezar, para aprender “nuestro camino verdadero hacia la Pascua”.

La celebración de la Pasión del Señor, en la tarde, fue de contemplación y silencio. El relato de la Pasión según San Juan puso ante nosotros el misterio de una entrega que nos desborda, una lógica del amor que nos cuesta entender, que solo el amor de Jesús nos puede enseñar. Y fue la invitación a acercarnos al “trono de la gracia” que es la cruz de Jesús, Jesús crucificado, “para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno”. La adoración de la cruz nos permitió también contemplar la hondura y la sencillez del “santo pueblo fiel de Dios” (en expresión del papa Francisco).

La oración ante la cruz en la noche nos reunió de nuevo, esta vez ante una cruz desnuda, iluminada con velas y adornada con ramos de olivos. Los cánticos y los textos nos fueron guiando por una oración de reparación que se fue fijando en las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad, para poder decir: creo, espero y amo, pero ayuda mi falta de fe, de esperanza y de amor. Con María al pie de la cruz, el canto “Noche” nos ayudó a interceder por el mundo, por los hombres y mujeres heridos de mil modos, elevando un Kyrie, eleison por el cual el Señor nos ayuda a abrir el corazón.

DEL SÁBADO SANTO A LA VIGILIA PASCUAL

El Sábado Santo, un día sin eucaristía, nos vincula a la soledad y el silencio tras la muerte de Jesús. De nuevo nos reunimos en la mañana para preparar la Vigilia Pascual. Y comenzamos desde el sentido de este día, con una oración a María, Madre de los Dolores, mujer del sábado. Compartimos el sentido de la espera en los días grises, cuando necesitamos esperar que vendrá la Luz. Las vivencias de estos dos días, Jueves y Viernes, despertaron en nosotros la gratitud por poder compartir la fe en comunidad.

La VIGILIA PASCUAL se inició en la noche, en torno al fuego nuevo del que fue encendido el Cirio Pascual.

Detrás de él, con nuestras pequeñas luces encendidas, entramos en la iglesia, rompiendo sólo con esa Luz la oscuridad de la noche.

Así escuchamos y cantamos el Pregón Pascual:

¡Oh noche maravillosa,
tú sola conociste la hora
en que Cristo resucitó!
¡Oh noche que destruyes el pecado
y lavas todas nuestras culpas!
¡Oh noche realmente gloriosa
que reconcilias
al hombre con su Dios!
Esta es la noche
en que Cristo ha vencido la muerte
y del infierno retorna victorioso. 

La liturgia de la Palabra nos narró la historia de la salvación desde la creación del mundo: una historia de amor y fidelidad de Dios, que responde a nuestra infidelidad con una misericordia infinita y sorprendente, renovando su Alianza: “Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”. Una Alianza que en Jesús se hace nueva y eterna. Contemplar el Viernes Santo nos hace pensar en el fracaso de Jesús: una vida entregada que acaba en una cruz y en un sepulcro. ¿Vale la pena una vida de entrega? Su resurrección nos dice que sí, que Jesús ha convertido ese fracaso en victoria. Ya lo dijo antes: “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”. Esta es nuestra esperanza: si él ha vencido, nosotros venceremos con él.

La iglesia se va llenando de luz. Se bendice el agua y renovamos nuestras promesas bautismales:

¿Renunciáis a formar una comunidad triste y abatida?

SÍ, RENUNCIO

¿Renunciáis a los nuevos dioses del consumo, el aparentar o el dinero, que nos alejan del verdadero Dios?

SÍ, RENUNCIO

¿Renunciáis a la violencia, a creernos superiores a los demás, a la marginación y al desprecio de grupos sociales?

SÍ, RENUNCIO

¿Renunciáis a la desesperanza, al desánimo, a la tristeza, pero también a la resignación y a la pasividad ante nuestra realidad?

SÍ, RENUNCIO.

¿Creéis en Dios a quien podemos llamar, confiadamente, Padre?

SÍ, CREO

¿Creéis en Jesús, el “Hijo amado del Padre”, que nos habló palabras de vida, padeció y murió, pero Dios lo resucitó y está ya siempre con nosotros?

SÍ, CREO

¿Creéis en el Espíritu de Amor que procede del Padre y del Hijo, y que conduce a la Iglesia y a todos hasta la verdad plena?

SÍ, CREO

Ya en la comunión y en la bendición final todos los reunidos en torno al Cirio Pascual, al agua del Bautismo y al Altar podemos vivir la alegría de la Pascua.

Al día siguiente, Domingo de Resurrección, se nos recuerda: “Pasó haciendo el bien”. Que también de todos y de cada uno de nosotros se pueda decir esto.

¡Cristo ha resucitado!

Resucitemos con Él.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Gracias a todos los que, con vuestro servicio, habéis hecho posible estas celebraciones. Gracias a todos los que habéis participado en ellas. En cada Pascua, nuestro Señor, que es fiel, nos hace nacer como Comunidad.

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO II

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16

Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a las plazas, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados.

Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a

R./ Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los que temen al Señor:
eterna es su misericordia. R./

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R./

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
El Señor es Dios, él nos ilumina. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.

El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta que decía:

«Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias».

Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro.

Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome:

«No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

COMENTARIO

La fe en Jesús resucitado debe convertirnos en personas nuevas. Esa fe es capaz de hacer que el grupo de los discípulos, cerrado sobre sí mismo, se transforme, por la fuerza del Espíritu, en una comunidad misionera. Una comunidad que obra signos y prodigios a favor del pueblo, como lo señala el sumario de Hechos de los Apóstoles. Tal es el poder transformador de la fe pascual que elimina el miedo de Juan, el vidente de Patmos, cuando éste se siente respaldado por la autoridad soberana de Cristo resucitado.

COMPRENDER EL TEXTO

El relato del evangelio de hoy recoge varias apariciones del Resucitado. Acontece el primer día de la semana judía y es una reflexión y confesión de fe pascual que la comunidad cristiana hace en torno a la mesa del Señor, lugar privilegiado de encuentro con el Resucitado para aquellos que creen en él aun sin haberlo visto.

En este relato se distinguen dos escenas. La primera sucede el mismo día de la Pascua y narra la aparición de Jesús resucitado a un grupo de discípulos (Jn 20,19-23). De este modo, el Señor cumple su promesa de volver junto a ellos y enviarle su Espíritu (Jn 14,27; 16,22). De hecho, algunos han llamado a esta página el “Pentecostés del cuarto evangelio”.

Repasando el evangelio de Juan, descubrimos que el “miedo a los judíos” que sentían los discípulos refleja el que tenía lugar en ciertos estratos de la comunidad de Juan en el momento de redactarse el cuarto evangelio. La comunidad se veía acosada por la hostilidad de los dirigentes judíos, que les hacían el vacío e incluso habían llegado a expulsarlos de las sinagogas. Las palabras de Jesús son una invitación a superar la tentación de encerrarse y aceptar el reto de la misión.

La segunda escena (Jn 20,24-29) tiene lugar al domingo siguiente y narra la aparición a Tomás, que no ha participado de la misma experiencia que el resto del grupo. Tampoco hace caso del testimonio de sus compañeros y exige pruebas palpables de que el Señor está vivo. De manera significativa, el relato insiste en que no estaba con ellos cuando vino Jesús”. De este modo, el evangelista indica la importancia de la comunidad como lugar privilegiado para vivir e interpretar la experiencia pascual. Ésta se produce en Tomás cuando el apóstol vuelve a reintegrarse en la comunidad y desemboca en una confesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!».

El contenido de esta segunda escena gira en torno a la relación entre “ver” y “creer”. El evangelista parece jugar con el sentido de ambos verbos. Podemos comparar la reacción de Tomás ante el testimonio de los demás discípulos, con las palabras finales que Jesús le dirige: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Los últimos versículos de este relato constituyen el final original del cuarto evangelio, en los que su autor nos explica por qué lo ha escrito (Jn 20,30-31). Su intención no ha sido elaborar una biografía detallada sobre Jesús, sino fortalecer la fe de sus lectores mostrando el sentido profundo de los “signos” por él realizados. Ojalá también nosotros, al leerlos, nos sintamos confirmados en lo que creemos y podamos experimentar en nuestras vidas la presencia viva y dinámica del Resucitado.

ACTUALIZAMOS

El evangelista Juan escribía pensando en muchos cristianos que, como Tomás, se tambaleaban en sus convicciones y necesitaban ser fortalecidos. A nosotros no nos cuesta mucho identificarnos con él, porque también atravesamos nuestras propias crisis de fe. Necesitamos que el Resucitado, como hizo con sus primeros discípulos, nos libere de nuestros miedos y nos comunique su Espíritu para poder ser sus testigos.

  1. Jesús declara bienaventurados a los que creen sin haber visto:

¿De qué manera interpelan estas palabras tu vida de fe y tu relación personal con el Señor?

  1. En las exigencias de Tomás vemos reflejadas las dificultades que tenemos para creer:

Sería bueno como comunidad compartir las dudas que experimentamos en nuestro proceso de fe y el modo como intentamos superarlas.

  1. Las lecturas de hoy destacan el poder transformador de la fe y los frutos que produce en los creyentes:

¿Qué cambios personales y comunitarios nos invitan a realizar para que nuestro testimonio sea creíble?

  1. Jesús se hace reconocible a través de sus llagas e invita a Tomás a tocarlas:

¿Qué te sugiere este gesto en medio de un mundo como el nuestro, en el que las heridas de Jesús siguen todavía presentes en tantas personas y situaciones?

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LECTIO DIVINA – CICLO C – DOMINGO DE RAMOS

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 19, 28-40

(Para la bendición de ramos)

En aquel tiempo, Jesús caminaba delante de sus discípulos, subiendo hacia Jerusalén.

Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles:

«Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”».

Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el pollino, los dueños le dijeron:

«¿Por qué desatáis el pollino?».

Ellos le dijeron:

«El Señor lo necesita».

Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus manos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él.

Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino. Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, diciendo:

«¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas».

Algunos fariseos de entre la gente le dijeron:

«Maestro, reprende a tus discípulos».

Y respondiendo, dijo:

«Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».

EUCARISTÍA

 Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R./ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.» R./

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R./

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R./

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,14-23,56

[La división por secciones en letra roja es para facilitar la oración, por pasajes; es división litúrgica;  no se lee al proclamar la lectura]

 Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer

C. Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa y los apóstoles con él y les dijo:

+ – «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios».

C. Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo:

+ – «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios».

Haced esto en memoria mía

C. Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo:

+ – «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía».

C. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:

+ – «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros».

Ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado

+ – «Pero mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!».

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.

Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve

C. Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor. Pero él les dijo:

+ – «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve.
Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

Tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos

+ – «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos».

C. Él le dijo:

S. – «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.»

C. Pero él le dijo:

+ – «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado conocerme».

Es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito

C. Y les dijo:

+ – «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?».

C. Dijeron:

S. – «Nada».

C. Jesús añadió:

+ – «Pero ahora, el que tenga bolsa, que la lleve consigo, y lo mismo la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los pecadores”, pues lo que se refiere a mí toca a su fin».

C. Ellos dijeron:

S. – «Señor, aquí hay dos espadas».

C. Él les dijo:

+ – «Basta».

En medio de su angustia, oraba con más intensidad

C. Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:

+ – «Orad, para no caer en la tentación».

C. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:

+ – «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo:

+ – «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación».

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.

Jesús le dijo:

+ – «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

C. Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron:

S. – «Señor, ¿herimos con la espada?».

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
Jesús intervino, diciendo:

+ – «Dejadlo, basta».

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:

+ – «¿Habéis salido con espadas y palos como en busca de un bandido? Estando a diario en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas».

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente

C. Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos.
Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:

S. – «También este estaba con él».

C. Pero él lo negó diciendo:

S. – «No lo conozco, mujer».

C. Poco después, lo vio otro y le dijo:

S. – «Tú también eres uno de ellos».

C. Pero Pedro replicó:

S. – «Hombre, no lo soy».

C. Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo:

S. – «Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo».

C. Pedro dijo:

S. – «Hombre, no sé de qué me hablas».

C. Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces».
Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?

C. Y los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.
Y, tapándole la cara, le preguntaban diciendo:

S. – «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?».

C. E, insultándolo, proferían contra él otras muchas cosas.

Lo condujeron ante su Sanedrín

C. Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedrín, y le dijeron:

S. – «Si tú eres el Mesías, dínoslo».

C. Él les dijo:

+ – «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.
Pero, desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios».

C. Dijeron todos:

S. – «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?».

C. Él les dijo:

+ – «Vosotros lo decís, yo lo soy».

C. Ellos dijeron:

S. – «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca».

C. Y levantándose toda la asamblea, lo llevaron a presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo:

S. – «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».

C. Pilato le preguntó:

S. – «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él le responde:

+. – «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. – «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. – «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.

Pilato entregó a Jesús a su voluntad

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:

S. – «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. – «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. – «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. – «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte.
Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ – «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: «Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Caed sobre nosotros», y a las colinas: «Cubridnos»; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:

+ – «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. – «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

S. – «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de él un letrero: «Éste es el rey de los judíos».

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. – «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. – «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».

C. Y decía:

S. – «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le dijo:

+ – «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ – «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. – «Realmente, este hombre era justo».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viento todo esto.

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado en la roca

C. Había un hombre, llamado José, que era miembro del Sanedrín, hombre bueno y justo (este no había dado su asentimiento ni a la decisión ni a la actuación de ellos); era natural de Arimatea, ciudad de los judíos, y aguardaba el reino de Dios. Este acudió a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía.
Era el día de la Preparación y estaba para empezar el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido colocado su cuerpo. Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron de acuerdo con el precepto.

COMPRENDER EL TEXTO

EMPIEZA LA SEMANA SANTA: El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa y resumen de ella. Recordamos con fe y devoción la entrada de Jesús en Jerusalén, le acompañamos con nuestros cantos para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección. Es importante hacer la bendición fuera de la Iglesia y que permita hacer una procesión al interior del templo. No debe faltar la bendición de los ramos, la lectura del evangelio; aquí destacamos:

El contraste entre los que recibieron a Jesús en Jerusalén aclamándolo con entusiasmo, y la condena a los pocos días. Es el contraste entre muerte y resurrección, que es lo que vamos a celebrar estos días. Es el contraste y la contradicción de nosotros mismos, que decimos que somos seguidores de Jesucristo y después lo negamos en nuestra vida de cada día. Es una llamada a vivir con intensidad nuestra fe en estos días santos, para que no sean solo unos días de vacaciones.

La misa de hoy es toda ella recuerdo de la pasión y muerte de Jesús. La 1ª lectura es del Tercer Cántico del Siervo de Yahvé, un texto de Isaías que nos presenta a este personaje sufriente y entregado, imagen de Jesús en la cruz. Igual que el Salmo 21 que precisamente Jesús aprovechó para expresar su dolor en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (aunque en la versión de Lucas no aparece esta referencia). El color rojo, las oraciones, el prefacio propio van también en la misma línea.

Invitar a contemplar este relato del camino de la cruz de Jesús, dejándose impresionar por este Jesús que da la vida por nosotros, fijar los ojos en la cruz de Jesús, identificarnos con alguno de los personajes para descubrir nuestra postura. Contemplación y agradecimiento por este amor tan grande, que nos disponemos a celebrar los próximos días.

Recordar que la Semana Santa no es sólo pasión, dolor y muerte. También es esperanza de gloria, vida y resurrección. La 2ª Lectura es el cántico de Filipenses que, después de recordar el rebajamiento y la aniquilación de Jesús, afirma que “por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre”. Nos identificamos con la cruz, pero con la certeza de ganar con él la vida nueva de la resurrección.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,14-23,56

Lucas describe la muerte de Jesús en un ambiente de “tinieblas”, símbolo de la muerte y del mal.

Jesús ora al Padre para pedir el perdón de sus verdugos. Él es el Mesías que revela el rostro del Padre misericordioso, que ama a los enemigos, perdona a los pecadores y a los hombres que actúan por ignorancia. Al malhechor crucificado junto a él, que le pide se acuerde de él cuando venga su reino, Jesús le ofrece el don del paraíso.

La primera reacción humana delante de la muerte de Jesús es la del centurión romano que “daba gloria a Dios”, diciendo: “realmente, este hombre era justo”. Un pagano reconoce la presencia de Dios en la imagen increíble de un hombre crucificado. Este centurión representa a cada creyente que, a través de su fe, como por obra de un milagro, proclama la presencia y la salvación divinas en Jesús Crucificado.

Lucas habla de un grupo de personas que habían acudido a ver la crucifixión, gente conmovida, comprendiendo con profundidad el acontecimiento, lo cual provocó que se volvieran a la ciudad “dándose golpes de pecho”, signo que representa dolor, luto y arrepentimiento verdadero.

La cruz que parece desmentir la condición mesiánica de Jesús, en realidad se transforma en instrumento para descubrir el modo nuevo en que Dios se manifiesta a los hombres. Serenidad, confianza, intimidad son los sentimientos que acompañan a Jesús en el momento de la muerte. A causa de esta actitud, el centurión pagano y la gente, reconocen en el crucificado, la plena y definitiva manifestación de Dios que salva a la humanidad.

ACTUALIZAMOS

No podemos dejar de sorprendernos ante la manifestación de Jesús. Él viene a ejercer su poder de un modo pacífico y desde la humildad. Éstas son también las actitudes que debemos meditar y hacer vida quienes seguimos sus pasos. Durante esta Semana Santa, la liturgia y las celebraciones populares nos ofrecen una ocasión singular.

  1. Jesús se manifiesta como un Mesías pacifico:

¿Qué actitudes concretas implican en nosotros seguir a un Mesías pacífico y crucificado?

  1. En esta Semana Santa:

¿Cómo puedo profundizar en el misterio de la persona de Jesús?

  1. En este mundo:

¿Cómo son el rey y el reinado de Dios que espera nuestra sociedad? ¿Y lo que aguardo yo?