LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XI «SANTÍSIMA TRINIDAD»

Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31

Esto dice la Sabiduría de Dios:

«El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas.

En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera.

Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.

Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.

No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.

Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba las nubes en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres».

Salmo 8,4-5. 6-7. 8-9

R./ ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R./

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad;
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R./

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar
que trazan sendas por el mar. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-5

Hermanos:

Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

COMENTARIO

El domingo después de Pentecostés, la liturgia presenta la fiesta de la Santísima Trinidad. Celebramos en ella que no creemos en un Dios solitario, sino en un Dios que es relación entre personas, es familia, es comunidad de amor pleno y total. Esta revelación despunta en el Antiguo Testamento, pero llega a su plenitud con Jesús cuando nos habla de la estrecha relación que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, y cuando nos ofrece la posibilidad de que esa comunión de vida llegue a nosotros.

Creer en un Dios que es relación no puede dejarnos indiferentes, sobre todo porque ese Dios Trinidad ha derramado su amor en nuestros corazones. Este don que es él mismo nos invita e impulsa a implicarnos en la tarea de vivir desde la relación, desde la comunión, desde un amor que, haciéndonos más humanos, a la vez nos diviniza.

La liturgia ha elegido un pasaje del evangelio de Juan para que sea proclamado en esta fiesta. Es uno de los anuncios sobre el envío del Espíritu Santo. Igual que a la comunidad joánica, el Espíritu ha ayudado continuamente a la Iglesia a seguir profundizando en el misterio de Jesucristo a la luz de su muerte y resurrección. La fiesta de este domingo es un buen ejemplo.

COMPRENDER EL TEXTO

El fragmento del evangelio de hoy forma parte de los llamados “discursos de despedida” y de los que hemos hablado en otros domingos de este ciclo. La ausencia de Jesús es inminente; se acerca la hora de pasar de este mundo al Padre y ya no podrá comunicar personalmente sus enseñanzas a los discípulos. En este contexto, Jesús les habla de la acción del Espíritu Santo.

El Espíritu guiará hasta la verdad plena. Esta verdad se refiere a la interpretación y profundización del misterio de Jesucristo. En este sentido, el Espíritu será la memoria viva de Jesús. Ayudará a recordar y comprender en plenitud sus palabras, sus gestos, sus signos, a la luz de su muerte y resurrección. Manifestará la verdadera identidad de Jesús, el Hijo de Dios, que a su vez es expresión del rostro del Padre.

Esto no significa que el Espíritu vaya a añadir nada nuevo a lo revelado por Jesucristo. Se refiere a que el Paráclito va a hacer posible la comprensión y actualización de la revelación de Cristo en el futuro. Con su luz y bajo su impulso, los discípulos podrán recrear y actualizar siempre la misión salvadora del Hijo de Dios. Por tanto, gracias al Espíritu, está asegurada la fidelidad de la existencia cristiana al mensaje de Jesucristo. No olvidemos que ésta fue la experiencia que vivió la comunidad joánica: con la certeza de contar con el Espíritu de la verdad, recordó palabras del pasado que la ayudaron a iluminar el presente y a mantenerse fiel a las enseñanzas del Maestro.

Por dos veces se dice en el pasaje que el Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará (vv 14-15), y también se afirma que sólo dirá lo que ha oído (v.13). Por tanto, la relación que se establece entre el Paráclito y Jesús es de íntima comunión con su persona y su obra salvadora, que culminó con su muerte y resurrección. Pero hay más: lo que es de Jesús es también del Padre (v 15). El evangelio de Juan, en éste y otros pasajes, presenta una relación estrecha y de indivisible unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Si Jesús, el Hijo, ha sido enviado para contarnos lo que ha oído y visto en el Padre (Jn 15,15), el Espíritu dirá lo que ha oído al Hijo. Si Jesús ha dado testimonio del Padre (Jn 5,36), misión del Espíritu será la de dar testimonio de Jesús (Jn 5,36). Si Jesús todo lo ha recibido del Padre, el Espíritu recibirá todo del Hijo (Jn 16,15). Y todo ello sin subordinación, desde la igualdad e identidad de amor más profunda.

Lo admirable es que esta revelación va dirigida al ser humano: el Padre tiene un proyecto de amor que nos revela a través de Jesucristo, y éste nos envía el Espíritu que os guiará hasta la verdad plena”.

Los cristianos creemos que el Espíritu continúa ayudándonos a profundizar en el misterio de Dios. Nos ayuda, por ejemplo, en lo que se refiere a captar y comprender el contenido de la fiesta que hoy celebramos: a partir de la revelación recogida en las Escrituras y profundizada por la Tradición, la Iglesia llegó pronto a confesar su fe en un Dios Trinidad.

Que nuestro Dios es Trinidad implica que tiene rostro de vida compartida, que no es alguien cerrado en sí mismo, sino relación, diálogo y comunicación permanentes. Lamentablemente se nos ha presentado con cierta frecuencia este artículo de fe como un gran “embrollo teológico”, sólo apto para intelectuales. Con ello quizá hayamos caído en el error de olvidar que es precisamente este Dios el que, en Jesucristo, ha entrado en diálogo con nosotros, y que creer en la Trinidad es recordar que estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios que es amor compartido. Por tanto, sólo en la medida en que nos dejemos habitar por él y trabajemos por instaurar la comunidad trinitaria en nuestro mundo encontraremos la verdadera felicidad, la meta para la que hemos sido creados, la realización propia y la de toda la creación.

ACTUALIZAMOS

El pasaje de hoy nos ha ayudado a profundizar en lo que significa que Dios, siendo uno, sea a la vez comunidad, relación interpersonal. Esta reflexión no puede dejarnos impasibles: tiene consecuencias muy claras a la hora de ser y actuar como cristianos que creen en un Dios Trinidad.

  1. Jesús nos revela que en Dios existe una estrecha relación de comunión, de apoyo, de amor:

¿A qué te compromete esta revelación del ser de Dios?

  1. En este mundo:

¿Qué tipo de sociedad y de Iglesia nos invita a construir la fe en la Trinidad?

¿Qué compromiso concreto podemos adoptar en este sentido?

  1. El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”:

¿Qué signos de la presencia de ese Dios que es relación de personas, comunidad de amor pleno y total, descubrimos en nuestra vida y en nuestro mundo?

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO VIII «PENTECOSTÉS»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R./

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R./

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

COMENTARIO

Cincuenta días después de haber celebrado la resurrección del Señor, concluimos hoy el tiempo de Pascua. Pentecostés es el envío del Espíritu Santo. Y de ello hablan las lecturas, cada una desde su perspectiva. Tanto el evangelio como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, resaltando diversos aspectos de un mismo misterio. No obstante, existe una coincidencia de fondo. En ambos casos se resalta que el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para que puedan continuar su misión. El salmo nos invita a entender este momento como una “nueva creación”, y Pablo nos recuerda que la acción del Espíritu se manifiesta de múltiples maneras, todas ellas para el bien de la comunidad.

COMPRENDER EL TEXTO

Hoy leeremos el mismo texto del segundo domingo de Pascua, pero abreviado, aunque nos fijaremos en aspectos más relacionados con la fiesta que celebramos.

Algunos comentaristas han llamado a esta página el “Pentecostés del cuarto evangelio”, pues parece una réplica del acontecimiento que Lucas nos describe en el pasaje de Hechos de la primera lectura de hoy. Es verdad que cada autor lo sitúa en momentos diferentes. Para Lucas, el marco de la venida del Espíritu es la fiesta de Pentecostés. Juan no establece un plazo de tiempo entre la Pascua y la venida del Espíritu, ni tampoco sitúa esta venida en el marco de la fiesta de Pentecostés. A diferencia de Hechos, presenta las cosas como si todo hubiera sucedido el mismo día de la resurrección. Recordamos en este sentido que los evangelios no son “crónicas” estrictamente históricas y que las diferencias que encontramos entre ellos se explican por las diversas perspectivas teológicas propias de cada uno. De hecho, lo que Juan intenta resaltar es la estrecha relación que existe entre la resurrección de Jesús y la efusión del Espíritu como aspectos complementarios de una misma realidad.

La imagen utilizada por el evangelista es muy gráfica. El Espíritu Santo no aparece aquí simbolizado por un viento impetuoso o por llamas de fuego, como en Hechos, sino por el mismo aliento vital del Resucitado, que “sopló” sobre sus discípulos. Esto nos recuerda el mismo gesto que Dios hico al crear al ser humano (Gn 2,7).

El don del Espíritu Santo hace de los discípulos personas recreadas, los libera de su vieja condición de “encerrados” y los prepara para asumir nuevos desafíos. El relato de Juan vincula este acontecimiento con el envío a la misión, pues sitúa unas cosas inmediatamente a continuación de la otra.

En este aspecto del envío, el cuarto evangelio coincide en gran parte con la perspectiva del libro de los Hechos (Hch 1,8). Jesús envía a los suyos como él ha sido enviado por el Padre, pero no los deja solos, sino que les entrega el Espíritu para que puedan llevar a cabo su misión. Sin la garantía de ese Espíritu, la comunidad no hubiera superado sus “miedos” y la Iglesia quizás no se hubiera puesto en marcha. Pero el relato de Juan añade un detalle significativo:

Introduce en el contexto de la recepción del Espíritu el tema del perdón de los pecados, con lo que la misión encomendada a los discípulos se presenta como una tarea de reconciliación universal.

Recordamos, finalmente que la donación del Espíritu a los discípulos no es un “relato sorpresa”, o algo totalmente inesperado en la trama del evangelio de Juan. De hecho, Jesús lo había prometido repetidamente a los discípulos durante su despedida en la última cena. (Jn 14-15,26; 16,7-15).

El acontecimiento de Pentecostés no es algo que pertenece sólo al pasado. El Espíritu Santo continúa vivo y sigue manifestándose en nuestro mundo, en personas y situaciones concretas.

ACTUALIZAMOS

La venida del Espíritu Santo no tiene fecha fija. Juan la sitúa en el momento de la resurrección, y el libro de los Hechos cincuenta días después de la Pascua. Por eso hoy también puede ser Pentecostés. El Señor Jesús, que derramó su Espíritu sobre nosotros el día de nuestro bautismo, no deja de renovar ese don para que podamos continuar la misión que él mismo recibió del Padre.

  1. En estas lecturas:

¿Cómo te ayudan estos textos bíblicos a conocer mejor quién es y cómo actúa el Espíritu Santo?

¿Qué experiencia tienes de su acción en tu vida?

  1. El Espíritu Santo es el aliento vital del Resucitado que actúa en nosotros. Su presencia no se ve, pero…

¿De qué modo debería “verse”, notarse en la vida de los creyentes?

  1. Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados…”

¿Qué podríamos hacer para concretar en nuestra vida personal y comunitaria esa misión de reconciliación a la que somos enviados?

  1. También hoy los cristianos vivimos a menudo “encerrados” y con miedo, reacios a la esperanza:

¿No será que nos resistimos a dejarnos mover por el Espíritu?

¿Cómo hacernos más dóciles a su acción?

Sin el Espíritu, la oración sería un dialogo imposible. Es él quien gime en nosotros para que podamos rezar como nos conviene.

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO VII «LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo.

Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».

Les dijo:

«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9

R./ Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R./

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R./

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Conclusión del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».

Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

COMENTARIO

La fiesta de hoy gira en torno a la Ascensión del Señor, que entronca con el misterio pascual de Jesucristo y expresa la plenitud de la resurrección: El Hijo goza ya de la vida junto al Padre.

La primera lectura y el evangelio ofrecen la versión del acontecimiento según los escritos de Lucas. Para este evangelista, la Ascensión es el preámbulo de la misión de la Iglesia, que se iniciará plenamente con la efusión del Espíritu Santo. El pasaje de la carta a los Efesios confiesa la soberanía universal de Cristo y pide para los cristianos luz y sabiduría, de modo que os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”.

COMPRENDER EL TEXTO

Leemos hoy los últimos versículos del evangelio de Lucas, que tiene mucho en común con la primera lectura, tomada del comienzo de Hechos de los Apóstoles. Esta relación se debe a que ambos libros pertenecen al mismo autor, que estuvo interesado en que se viera claramente la continuidad entre la primera parte de su obra (evangelio) y la segunda (Hechos).

Al comparar el evangelio con el pasaje de Hechos de la primera lectura, se notan semejanzas y diferencias. Hay temas que se repiten, como la enseñanza (Lc 24,45 y Hch 1,3), el Espíritu (Lc 24,49 y Hch 1,4.8), la permanencia en Jerusalén (Lc 24,49 y Hch 1,4), el testimonio (Lc 24,48 y Hch1,8), la subida al cielo (Lc 24,51 y Hch 1,9). Todo ello forma como una “bisagra” que une el final del evangelio de Lucas con el principio de hechos.

En este evangelio se distinguen dos escenas. En la primera (Lc 24,46-49), Jesús resucitado se aparece por última vez a los Once y les instruye. Sus últimas enseñanzas son una especie de testamento para ellos y marcan las pautas que conformarán la futura misión de la Iglesia. Además, al colocar estas instrucciones al final del evangelio, Lucas prepara al lector para leer y comprender la segunda parte de su obra –Hechos de los Apóstoles-, a la vez que conecta la historia de las primeras comunidades cristianas con Jesucristo.

A la luz de la resurrección, Jesús hace comprender a sus discípulos las palabras que les dirigió en vida sobre el significado de su muerte y resurrección (v.46). Al hacer esto, no sólo está diciendo que se cumplen en él las profecías del Antiguo Testamento sino que además, al explicarlas, está mostrando que él es su interprete autorizado. Dicho de otra forma: sus seguidores sólo podrán comprender las Escrituras correctamente desde la fe en Jesús resucitado.

Otra de las instrucciones que Cristo da a sus seguidores es la de que sean testigos de su ministerio pascual, que anuncien en su nombre a todas las naciones la conversión y el perdón de los pecados (vv.47-48). El punto de partida debe ser Jerusalén, la ciudad donde ha tenido lugar el acontecimiento central de toda la historia de la salvación, es decir, su muerte y resurrección. Desde esta ciudad, y gracias al Espíritu, el Evangelio llegará hasta los confines del mundo (Hch 1,8). Éste será el entramado básico de todo el libro de Hechos de los Apóstoles.

La segunda escena se refiere directamente a la Ascensión. La imagen utilizada para describirla (“fue llevado hacia el cielo”) no puede ser entendida literalmente. Se basa en unas coordenadas espaciales que, como sabemos hoy, no responden a planteamientos científicos (el cielo, morada de Dios, está arriba). En realidad, Jesús resucitado no ocupa un lugar físico ni se encuentra en ninguna de las dimensiones que nosotros conocemos. Utilizando una forma de escribir propia del lenguaje religioso de su época, el evangelista nos quiere decir que Jesús está con el Padre, que vive la misma vida de Dios. Culminada su tarea en este mundo, ha entrado en la “gloria” e inaugura un nuevo modo de presencia entre los suyos. Para Lucas, ha finalizado el tiempo de Jesús y da comienzo el tiempo de la Iglesia, un tiempo marcado por la presencia del Espíritu, que apoya el testimonio de los apóstoles e impulsa la misión evangelizadora.

Los discípulos se postran ante el Resucitado (v. 52). Es una forma de decir que lo reconocen como Dios y Señor, que lo adoran como tal. Luego vuelven a Jerusalén, el lugar donde han de esperar al Espíritu, y lo hacen “con gran alegría”, un sentimiento que para Lucas es signo de la llegada definitiva de la salvación. Por último, el evangelista termina su primer libro mostrándonos la imagen de un grupo de seguidores del Resucitado que, mientras espera, se reúne frecuentemente para orar.

ACTUALIZAMOS

La fiesta de hoy es enormemente actual. Por el bautismo nos hemos incorporado al ministerio pascual de Cristo, y la esperanza de una vida junto a Dios forma parte de nuestra fe. Mientras caminamos hacia ese futuro somos herederos de los dones y las promesas que Jesús ofreció a los suyos y a su Iglesia: la lectura de las Escrituras, el testimonio misionero, la comunidad de creyentes y el don del Espíritu.

  1. “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos”:

¿Sientes la necesidad como los primeros discípulos de reunirte para orar y pedir el Espíritu para que te ayude en la misión?

  1. Vosotros sois testigos de esto”:

¿Somos conscientes de que no vamos por libre, sino que somos “comunidad de testigos”?

¿Cómo nos ayuda la comunidad a fortalecer nuestra fe?

  1. Desde la reflexión del pasaje evangélico de hoy:

¿A qué me compromete celebrar la fiesta de la Ascensión?

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO VI

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.

Entonces los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas llamado Barsabás y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y enviaron por medio de ellos esta carta:

«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad.

Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R./ Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R./

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R./

Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 10-14. 21-23

El ángel me llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino.

Tenía una muralla grande y elevada, tenía doce puertas y sobre las puertas doce ángeles y nombres grabados que son las doce tribus de Israel.

A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, al poniente tres puertas, y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.

Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero.

Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

COMENTARIO

La asamblea de Jerusalén, que permitió a los paganos el acceso al cristianismo sin pasar por la observancia de la ley mosaica, incluida la circuncisión, fue consciente de que contaba con la asistencia del Espíritu Santo, prometido por Jesús a sus discípulos y entregado en Pentecostés, ofrece a quienes lo acogen la gracia de la comunión de vida con Dios y la paz, en el sentido bíblico de dicha en plenitud.

Ayudados y motivados por esas promesas marchamos hacia la nueva ciudad de Dios que señala el libro del Apocalipsis, en la que tienen cabida todos los pueblos y en la que habitan el Señor Todopoderoso y el Cordero.

El pasaje del evangelio de hoy pertenece, igual que el del domingo pasado, a los llamados “discursos de despedida” del evangelio de Juan, insertado entre el diálogo que sigue al lavatorio de pies (Jn 13, 31-38) y el relato de la pasión (Jn 18-19). La comunidad de los discípulos va a experimentar, en ausencia de Jesús, el rechazo del mundo y el consuelo del Espíritu enviado desde el Padre.

COMPRENDER EL TEXTO

Se pone en boca de Jesús un resumen de su enseñanza y una serie de orientaciones sobre la situación que aguarda a los discípulos cuando falte el Maestro y sobre cómo deben actuar entonces.

Jesús habla del amor desde una perspectiva diferente, pero complementaria, a la del domingo pasado. Si allí hablaba de la manifestación del Dios-Amor e introducía el “mandamiento nuevo” como distintivo del discipulado, ahora se refiere al amor como fundamento de la comunión de vida con Dios.

El evangelista establece una estrecha relación entre el amor de Jesús y la fidelidad a sus palabras. Debía de ser éste un aspecto muy importante para aquella comunidad, porque la primera carta de Juan insiste con frecuencia en lo mismo (por ejemplo, 1ª Jn 5,3). En Juan 14, de la riqueza que expresan los versículos 23-24, nos podemos fijar en cómo el acento recae en la relación de amor entre Dios y el creyente. Quien opta por la fidelidad a las palabras de Jesús se convierte, no sólo en el futuro, sino ya desde ahora, en morada de la divinidad, en templo permanente de Dios. La iniciativa la lleva el Padre, que entra en diálogo de amor con los discípulos de su Hijo.

Cuando Jesús falte, los discípulos contarán con el Espíritu Santo, el Paráclito, el abogado defensor de los creyentes. Será él quien, a la luz de la Pascua, hará que todo se recuerde, que todo se explique. Sin duda, ésta fue la experiencia de la comunidad cristiana, y en particular de la comunidad joánica; bajo esta certeza de fe se guardaron y recordaron las palabras de Jesús. De hecho, el verbo que aquí se traduce por “enseñar” se refiere en el judaísmo antiguo a la auténtica interpretación y actualización de las Escrituras.

Jesús añade a la promesa del Espíritu la entrega de su paz. La comunidad a la que se dirige el evangelista se ve acosada por la hostilidad de los dirigentes judíos y por las divisiones internas que amenazan con disgregarla. En este contexto las palabras de Jesús son una invitación a superar el miedo y a mantenerse fieles. Pero la paz que promete es más que la mera ausencia de conflictos externos o internos. El Shalom (“paz” en hebreo) implica salud, prosperidad, dicha en plenitud. Es un don que, según el Antiguo Testamento, se nos dará en los últimos tiempos, y otorgarlo será privilegio del Mesías, el “Príncipe de la Paz” (Is 9,5-6).

Las promesas de Jesús tuvieron su cumplimiento tras el acontecimiento de la Pascua (por ejemplo, el relato de entrega de la paz y del Espíritu en Jn 20,19-22) y siguen siendo una realidad entre nosotros y en nuestras comunidades.

ACTUALIZAMOS

Como un día hizo con sus discípulos, también hoy el Señor nos recuerda que no estamos solos. El Espíritu continúa ayudándonos a comprender en profundidad sus enseñanzas para que la presencia del Padre y de Jesús sea plena en quienes los aman y en todo nuestro mundo.

  1. El que me ama guardará mi palabra”:

¿Qué compromiso de fidelidad me invita a tomar el pasaje del evangelio de hoy?

  1. La paz os dejo, mi paz os doy”:

¿En qué se diferencia la paz del mundo de la paz de Jesús?

¿Cómo podemos ofrecerla concretamente en los ambientes en que nos movemos?

  1. “Os alegraríais de que vaya al Padre”:

¿En qué aspectos me siento motivado por el evangelio de hoy para vivir desde la alegría y la esperanza?

Primer saludo y bendición «Urbi et Orbi» del Papa León XIV

El 8 de mayo de 2025 el Cónclave ha elegido al 267º Obispo de Roma, el Cardenal Robert Francis Prevost, religioso agustino, que ha tomado el nombre de León XIV.

Os ofrecemos su saludo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro y sus primeras palabras y bendición «Urbi et Orbi»

Aquí os dejamos la traducción de sus palabras al español.

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO V

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab

R./ Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R./

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R./

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

Y oí una gran voz desde el trono que decía:

«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.

Y dijo el que está sentado en el trono:

«Mira, hago nuevas todas las cosas».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:

«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

COMENTARIO

Las lecturas de hoy son una invitación a entrar en la novedad cristiana. La primera lectura presenta una nueva comunidad en la que se comparte la fe y el fruto de la tarea misionera. El pasaje del Apocalipsis recuerda la tierra nueva y los cielos nuevos que nos aguardan. La lectura del evangelio de Juan pone ante nuestros ojos el mandamiento siempre nuevo para un seguidor de Jesucristo: el amor.

En el evangelio de hoy, Jesús se despide de sus discípulos y les da las últimas recomendaciones antes de su partida: cuando él falte no pueden olvidarse del mandamiento nuevo.

COMPRENDER EL TEXTO

Estamos en el inicio del discurso de despedida de Jesús. Como si continuásemos leyendo el evangelio de Jueves Santo, nos habla a nosotros, a todas las generaciones de discípulos y nos ofrece el mandamiento nuevo: “Amaos”. Jesús está convencido de que solo amando hasta el extremo podrá vencer la muerte que se le acerca. Y nos ofrece vivir la misma experiencia.

La primera palabra del Señor que encontramos en este texto es “ahora”. Jesús afronta su presente, su “ahora”, dando la vida. El pasado domingo recordábamos: El buen pastor da la vida por sus ovejas. Es así como Jesús afronta su muerte. Es así como se revela su identidad y misión.

Ahora”, precisamente en el momento de la pasión y la cruz, Jesús proclama la GLORIA del Padre, que es su propia “gloria”. Jesús tiene la convicción profunda de que Dios actúa “ahora”, no en una situación ideal en la que no existan los traidores, en la que no haya pecado… Ahora.

El “ahora” que menciona Jesús es el suyo y es el NUESTRO. Entre los cristianos escuchamos muchas lamentaciones sobre las dificultades del momento presente para evangelizar, para vivir la fe, para construir la Iglesia… Lamentaciones que provienen de una mirada sociológica: antes la Iglesia era importante socialmente, tenía muchos miembros, poder, medios; ahora no tiene prestigio, se nos ignora, critica o ridiculiza.

No es más difícil para nuestra generación que para la primera generación de cristianos. La contemplación de este evangelio nos indica cuál es la convicción profunda que es necesaria. La evangelización exige un corazón bien dispuesto para amar. Una mirada sobre el mundo, sobre las personas concretas, sobre todo las más desfavorecidas. Un corazón y unos ojos que nos disponen para dar la vida: el amor nos pone en acción. La fe solo se transmite con la vida, de tú a tú, con la cercanía, con el cariño y la amistad, como decía Carlos de Foucauld.

“Ahora” es la hora de creer, de evangelizar. Como ayer, como mañana, hoy podemos anunciar que el Reino de Dios está aquí. La GLORIA DE DIOS es que afrontemos las situaciones, sean las que sean, como las afronta Jesús: con amor entregado, amando hasta el extremo. En esta vida-muerte tan humanas se encuentra la GLORIA DE DIOS, se encuentra la resurrección. Porque la gloria de Dios es que el hombre viva.

EL MANDAMIENTO NUEVO

Jesús califica de “nuevo” esto: que os améis unos a otros; como yo os he amado, una renovación que pasa por dentro y que tiene consecuencias renovadoras en el propio ambiente.

JUAN 13, 31-33a. 34-35

Este texto sigue inmediatamente a la escena en que Judas abandona el cenáculo de noche. Jesús habla de una glorificación: Cristo muerto y resucitado. En la más profunda humillación, se revelará la gloria divina. En la cruz se mostrará la más sublime expresión del amor de Dios por la humanidad.

La glorificación producirá, sin embargo, una “separación” entre Jesús y los suyos (v. 33a). Los discípulos tendrán que vivir unidos a Jesús en una forma distinta a la que han vivido hasta ahora. Ya no podrán seguir al Maestro sino a través de la gloria de la cruz. Es en ese momento cuando les otorga un “DON”: “Os doy un mandamiento nuevo”, un don que revela el único camino por el cual los discípulos podrán seguir a Jesús y mantenerse en comunión con él: el mandamiento del amor. Juan no utiliza la palabra que designa una norma exterior o un código legal, sino un término que indica revelación de la voluntad de Dios que se vuelve ineludible para el hombre: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”.

Es un mandamiento NUEVO porque representa la síntesis y la expresión de la nueva alianza fundada en el amor de Jesús que ha amado a los suyos hasta el extremo. Jesús invita a amar “como yo os he amado”, con la misma intensidad y totalidad de su amor. El cristiano no sólo es modelado a ejemplo del amor de Jesús, sino que este amor brota continuamente de él. Es el amor que engendra dinamismo de amor.

ACTUALIZAMOS

El amor es el carnet de identidad de toda comunidad que quiera ser la de Jesús. A través de un grupo cristiano que se ama, Dios puede seguir manifestándose, mostrando su gloria al mundo. Es una de las invitaciones que hoy nos hace el evangelio.

  1. En mi vida:

¿Me siento amado por Dios Padre en Jesús, siento que da la vida por mí?

  1. En esta sociedad:

¿A quién amo yo y cómo es mi amor… llega hasta gastar la vida? Familia, amigos, los que me caen bien…

¿A quién o quiénes debería amar y no amo?

¿Descubro que se me invita a gastar, a dar la vida en la aparente pequeñez de lo cotidiano?

  1. En este mundo:

¿Nos conoce la gente como cristianos y comunidad cristiana por el amor?

¿Cómo seguir avanzando por este camino?

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO IV

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52

En aquellos días, Pablo y Bernabé continuaron desde Perge y llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

Muchos judíos y prosélitos adoradores de Dios siguieron a Pablo y Bernabé, que hablaban con ellos exhortándolos a perseverar fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:

«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.

Ellos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo 99, 1b-2. 3. 5

R./ Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R./

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R./

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y uno de los ancianos me dijo:

«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo.

El que se sienta en el trono acampará entre ellos.

Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre somos uno».

COMENTARIO

En la liturgia del 4º domingo de Pascua ocupa un lugar destacado la figura del Buen Pastor. La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, presenta la labor de pastoreo universal encomendada por el Resucitado y que llevaron a cabo Pablo y los otros apóstoles. En esta labor, el modelo a seguir es Jesús, que en el pasaje del evangelio se presenta como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. En la segunda lectura, del libro del Apocalipsis, el que es llamado Cordero es al mismo tiempo el Pastor que apacienta al nuevo pueblo de Dios.

Ante el despliegue de dones y promesas que presenta hoy la liturgia, sólo nos queda decir con el salmista: Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.

Con esta imagen del Buen Pastor, la Iglesia nos invita a reflexionar uno de los aspectos centrales de la fe cristiana. Jesús se ha entregado libremente y por amor, ofreciéndonos de este modo una vida que no tendrá en la muerte la palabra definitiva.

COMPRENDER EL TEXTO

En el evangelio de Juan este pasaje aparece tras el signo-milagro de la curación del ciego de nacimiento y el debate que se suscita a propósito de este signo (Jn 9). Jesús quiere hacer comprender a los dirigentes judíos que él es el Mesías esperado y que llevará adelante su misión como “Luz del mundo” y “Buen Pastor”. Pero ellos parecen no entender y vuelven a preguntarle si él es el Cristo (Jn 10,24). Jesús responde utilizando la imagen que aparece en el evangelio de hoy.

Jesús se identifica mejor con la figura del pastor bueno que con la de Cristo, es decir, Mesías, que, sobre todo entonces, podía dar pie a expectativas ambiguas o desenfocadas sobre su persona. Por eso habla a los judíos desde una imagen del Antiguo Testamento, aplicada especialmente a Dios, que recordaba la alianza y evocaba el cuidado de Yavé hacia su pueblo. Con el paso del tiempo, y por derivación, a los dirigentes políticos y religiosos se les denominó también “pastores”, porque Dios les había encomendado dicho servicio. Dado que muchos se portaron como ladrones y salteadores, fue surgiendo en Israel una esperanza: vendrá un Mesías que, en nombre del Dios-Pastor, cuidará y apacentará el rebaño.

Los verbos que se utilizan en estos versículos ofrecen valiosas pistas para comprender la verdadera identidad de Jesús: conocer, dar (vida eterna), no dejar arrebatar (que significa ofrecer seguridad, proteger en el peligro). Estos verbos son las credenciales que identifican a Jesús como el Cristo. Así pues, Jesús, el Mesías, es el Buen Pastor porque nos ha mostrado su amor sin límites (Jn 15,13) y, entregándose por nosotros, ha alejado el peligro de muerte que nos amenazaba, dándonos una vida que no se acaba.

El amor de Jesús-Pastor por sus ovejas pone en juego la dinámica de la fe, la dinámica del “creer”, que en este pasaje se expresa con dos verbos: escuchar (la voz de Jesús) y seguirle. Son las dos acciones que caracterizan al auténtico discípulo: escucha atenta del Maestro y seguimiento incondicional. Sin embargo, esta dinámica de la fe no se inicia con la escucha del discípulo, sino con la llamada del Maestro: Jesús obra primero e impulsa la fe; luego, llega la respuesta libre del ser humano. De este modo se establece entre Jesús-Pastor y cada discípulo-oveja una relación de comunión que traspasa incluso las fronteras de la muerte.

Leyendo el pasaje de hoy no es difícil descubrir que la comunión de Jesús con sus discípulos proviene de la relación primera entre Jesús y el Padre (Jn 10,29-30). Nadie es más poderoso que Dios Padre, y Jesús-Pastor está sostenido por el amor y el poder de este Padre con quien es uno: Yo y el Padre somos uno”. No sólo nos conoce, nos da la vida y nos protege, sino que además nos introduce en su realidad más profunda: la unidad de amor con el Padre. El pastoreo de Jesús está sustentado por esta indestructible unidad que ofrece todas las garantías. A nosotros nos corresponde acoger su Palabra y seguir reproduciendo su imagen en nuestra vida.

ACTUALIZAMOS

Nosotros hoy somos los seguidores de Cristo y se debe notar en tres actitudes fundamentales:

  • LA FE:Mis ovejas escuchan mi voz”; escuchar quiere decir aceptar; creer significa hacer propia y abrazar la PALABRA (voz) de CRISTO, pensar, sentir y querer como el Pastor.
  • EL SEGUIMIENTO:Ellas me siguen”; seguir a Jesús es la expresión evangélica que resume la vida cristiana; es caminar al ritmo de Quien camina delante.
  • LA CONFIANZA: “No perecerán para siempre, bajo la firmeza del Buen Pastor (su vara y su cayado me sosiegan, Salmo 22) los creyentes caminamos y avanzamos, sin miedo.
  1. El pasaje del evangelio que hoy hemos leído presenta diversas cualidades del Buen Pastor:

    ¿Cuáles te impulsan a acercarte a él?

  1. Desde tu experiencia y encuentro con Dios:

    ¿Con qué otras imágenes expresarías tu relación personal con Jesucristo?

  1. Jesús, Buen Pastor, nos envía para que nos comportemos con su mismo estilo de entrega y cercanía:

    ¿Qué puedo hacer para continuar su misión pastoral?

  1. En mi vida:

    ¿Qué espero que Jesús, Buen Pastor, haga por mí?

PAPA FRANCISCO (2013-2025)

El lunes 21 de abril VATICAN NEWS comunicó que el Cardenal Kevin Joseph Farrell, Camarlengo de la Santa Romana Iglesia, anunció con tristeza el fallecimiento del Papa Francisco. 

VATICAN NEWS ha elaborado un documental sobre El pontificado del Papa Francisco: Doce años de procesos y puertas abiertas, así nos lo ofrece: «Recorramos el pontificado de Jorge Mario Bergoglio con las imágenes más significativas de sus viajes, celebraciones, encuentros, gestos, signos de un magisterio de anuncio del amor de Cristo a todos los hombres y de su incesante compromiso por la paz, los pobres y los migrantes, en el horizonte de la innovación y de la fraternidad.»

Carta Pastoral con motivo de la Pascua 2025, del Cardenal José Cobo Cano

Queridos hermanos y hermanas:

¡Resucitó el Señor! ¡Cristo vive! ¡Aleluya!

La paz a vosotros.

Durante los últimos días hemos recorrido el camino del misterio pascual, desde la cena de la entrega sin límites hasta el asombro ante el sepulcro vacío. En esta Pascua se nos invita a buscar los bienes de lo alto, no en abstracciones, sino desde los sepulcros concretos de la vida. Tenemos que confiar en el testimonio de quienes han visto y creído, y ser nosotros mismos testigos creíbles y portadores de esa buena noticia.

A menudo me pregunto por qué no vivimos más alegres. La alegría pascual no es un entusiasmo superficial, sino un gozo profundo, nacido de la certeza de que, pese a las dificultades, la victoria final pertenece a Dios. Hemos sido “Bautizados para ser peregrinos de Esperanza” y estamos llamados a vivir desde ella.

Una llamada va a estar muy presente a lo largo de las próximas semanas. Es la invitación del Señor resucitado, que saldrá una y otra vez al encuentro de quienes han perdido la esperanza. El saludo del Resucitado quiere ser al mismo tiempo don y tarea: “La paz a vosotros” -dirá-. Paz. Esa es la palabra con que el Resucitado evoca la calma, el sosiego y esta especial alegría, en esta nueva primavera del alma humana, que es la resurrección. Es también la Buena Noticia que invitará a compartir a sus testigos allá donde vayan, en todas las épocas y hasta los confines del mundo (cf. Mc 16, 15).

LECTIO DIVINA – CICLO C – PASCUA DOMINGO III

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles, diciendo:

«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».

Pedro y los apóstoles replicaron:

«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b

R./ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R./

Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R./

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14

Yo, Juan, miré, y escuché la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos, y eran miles de miles, miríadas de miríadas, y decían con voz potente:

«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza».

Y escuché a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo cuanto hay en ellos-, que decían:

«Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos».

Y los cuatro vivientes respondían:

«Amén».

Y los ancianos se postraron y adoraron.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:

«Me voy a pescar».

Ellos contestan:

«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:

«Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron:

«No».

Él les dice:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:

«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice:

«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice:

«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».

Él le contestó:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús, le dice:

«Apacienta mis corderos».

Por segunda vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

Él le contesta:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Él le dice:

«Pastorea mis ovejas».

Por tercera vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez:

«¿Me quieres?» y le contestó:

«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:

«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:

«Sígueme».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo continúan centrándose en el misterio pascual que celebramos, subrayando el compromiso testimonial que implica la experiencia de la resurrección de Jesucristo. Testigos son los apóstoles, que proclaman el misterio de la fe cristiana a pesar de las amenazas del Sanedrín. Testigos son todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar que alaban a Dios y al Cordero. Testigo es toda la Iglesia cuando lleva en el centro de su tarea evangelizadora a Cristo resucitado. Testigos somos también nosotros cuando escuchamos la Palabra de Dios, nos alimentamos en la mesa de la fraternidad y vivimos en la esperanza gozosa y comprometida de su vuelta definitiva.

COMPRENDER EL TEXTO

De la mano del cuarto evangelista estamos realizando un itinerario pascual. El domingo pasado, Jesús resucitado envió a sus discípulos al mundo como testigos. El evangelio de este domingo muestra cómo Jesús acompaña a los suyos en la misión y, a la vez, presenta las condiciones necesarias para que dicha misión dé fruto.

Bajo la apariencia de una escena de pesca, el autor del cuarto evangelio insiste en la presencia del Resucitado acompañando y estimulando la misión de los discípulos.

El centro del episodio es, una vez más, Jesús resucitado, que se manifiesta a un grupo de discípulos en Galilea mientras estaban ocupados en la tarea cotidiana.

Siete discípulos salen a pescar juntos. Bajo esta apariencia de normalidad, el pasaje trata de mostrarnos una dimensión más profunda: el siete es un número que indica plenitud, totalidad, y está aludiendo a todos los seguidores de Jesucristo que se empeñan en la tarea de ser “pescadores de hombres”. Aunque trabajan juntos y bajo las órdenes de Pedro, es de noche y vuelven de vacío. Sólo cuando siguen las indicaciones del Resucitado, cuando desde la orilla amanece, consiguen pesca abundante. Y es que el éxito de la tarea misionera no depende sólo del esfuerzo humano, sino sobre todo de la presencia del Resucitado en ella.

En este relato, el discípulo amado tiene, una vez más, el privilegio de reconocer a Jesús, el Señor.

Jesús no sólo es el que da fecundidad al trabajo de los discípulos, sino que, además, los prepara y convoca para la comida eucarística. Él es el único pan que se parte y reparte por amor, y, aunque no necesita la pesca de los discípulos (ya hay peces colocados sobre las brasas), pide la colaboración humana: Traed de los peces que acabáis de coger”. Simón Pedro, en nombre de todos, saca la red rebosante de la barca y lleva al Señor el trabajo de los siete. Es una red llena, de la que se dice el número de peces que contenía: ciento cincuenta y tres. El simbolismo de los números habla, una vez más, de una Iglesia universal en la que caben todos, en la que ninguno se pierde (la red no se rompe). También la figura de Pedro, tal y como aparece en este relato evangélico, presenta algunos elementos de carácter simbólico.

Es evidente que Pedro ocupa un puesto relevante en el pasaje, ya sea convocando a los discípulos para la pesca o llevando ante el Señor la red repleta de peces. No en vano tuvo una enorme importancia en los inicios del cristianismo. Pero además este relato habla, de forma simbólica, de su trayectoria personal y religiosa (v. 7): antes de conocer a Jesús, el Señor, Pedro estaba desnudo, símbolo de debilidad y miseria; cuando lo conoce se ciñe un vestido, símbolo de disposición para el servicio, y se lanza al agua, un gesto que expresa la entrega de la vida (entrega que se percibe aún mejor en Jn 21,15-19).

Ojalá nosotros, que conocemos al Señor, nos lancemos también al mar, dispuestos al servicio misionero, bajo las órdenes del Resucitado y participando del banquete eucarístico con los hermanos.

ACTUALIZAMOS

Jesús resucitado se ha hecho presente en medio de la vida y misión de su Iglesia, a quien ha recordado que debe prestar atención a su Palabra y ponerla en práctica. Solo él puede dirigir y sostener una tarea evangelizadora que está encomendada a toda la comunidad cristiana.

  1. El Resucitado se hace presente orientando con su Palabra el trabajo cotidiano, ofrece alimento y pide la decisión de seguirle hasta dar la vida:

¿Cuál es la imagen del evangelio de hoy con la que se identifica tu fe?

¿Por qué?

  1. El Resucitado da a sus discípulos un mandato misionero:

Echad la red”.

¿En qué situaciones concretas percibes la llamada del Señor a “echar las redes”?

¿Dónde te cuesta más hacerlo?

  1. La imagen de una red que acoge a todos:

¿Qué motivos de esperanza nos sugiere de cara a nuestra Iglesia?