LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO IV

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14

En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:

«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Ajaz:

«No lo pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Isaías:

«Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel»

Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6

R./ Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R./

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R./

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo.

A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

COMENTARIO

El evangelio de Mateo aplica el oráculo del Enmanuel que hoy leemos en la 1ª lectura al nacimiento de Jesús. En él se cumplen las Escrituras de modo definitivo: la señal de que Dios salva a su pueblo es que su mismo Hijo nace de María, trayéndonos una salvación que es presencia cercana. Nuestra generación que busca al Señor como el salmista, lo puede encontrar en Jesús de Nazaret. Quien lo descubra tendrá que anunciarlo en todas partes con la misma valentía y decisión de Pablo.

El interrogante que se nos planteaba el domingo pasado, «¿eres tú el que tenía que venir?«, puede encontrar en este evangelio una contestación.

Hoy se nos dice quién es realmente Jesús: es el Enmanuel, el Dios con nosotros que viene a traernos la respuesta divina a todas nuestras esperas y esperanzas.

COMPRENDER EL TEXTO

Este pasaje del evangelio forma parte del relato de la infancia de Jesús. Sólo en Mateo y Lucas lo encontramos, son relatos compuestos después de la muerte de Jesús. En ellos se mezclan los recuerdos históricos sobre los primeros años de su vida, su lugar de nacimiento, sus padres… con la fe que su resurrección había despertado en sus seguidores.

El personaje central de este evangelio, aunque no interviene directamente, es Jesús. Su nombre inicia y concluye todo el relato: “el nacimiento de Jesús fue así” y “le puso por nombre Jesús”. Se utiliza un esquema literario del Antiguo Testamento para dar a conocer el nacimiento de un personaje famoso (Sansón, Juan Bautista…); es un relato de anunciación donde descubrimos signos divinos, como son la presencia del ángel, los sueños como momento de revelación y la encarnación virginal; estos signos provocan temor y confusión en José; el ángel anuncia el nombre y la misión del niño: Jesús salvará al pueblo de los pecados. Y al final da un signo que confirma lo dicho: el cumplimiento del oráculo profético sobre el Enmanuel.

El personaje que más veces es nombrado: Después de Jesús, quien llena todo el relato es José, 5 veces aparece su nombre. No es un personaje inactivo, sino que piensa y reflexiona para tomar una decisión ante unos hechos que le desconciertan, además es descrito como “justo”, esto se decía en el mundo judío de las personas que cumplían fielmente la ley de Moisés. Si José hubiese sido justo en este sentido habría denunciado a María, ella habría sido juzgada como adultera y apedreada. En ese momento aparecen una serie de elementos maravillosos –el ángel, el sueño, la comunicación divina– que empujan a José a cambiar de opinión. De este modo se afirma, de nuevo, que el nacimiento de Jesús fue obra de Dios. A partir de este momento José se muestra justo en otro sentido: como dice la escritura: (“sed compasivos como nuestro Dios es compasivo” Sab 12,19). Actúa de acuerdo con la voluntad de Dios y así salva a María y al niño que espera.

¿Cómo obra a partir de ese momento José?: José que es llamado por el ángel “hijo de David”, impone el nombre al niño y, de este modo, lo acepta como hijo propio. José es el que garantiza la conexión con todas las promesas y tradiciones mesiánicas del Antiguo Testamento: Jesús no sólo es hijo de Dios gracias a la acción del Espíritu Santo, sino que entra en la descendencia de Abrahán y de David gracias a la actitud obediente de José, que lo acepta en su familia.

¿Cuál va a ser la misión de Jesús? ¿Cómo complementa estas afirmaciones la cita de Isaías?: Este niño que es el Mesías se llamará Jesús y su misión será salvar al pueblo de los pecados, en él se realizan las profecías del Antiguo Testamento. El plan de salvación anunciado desde antiguo se ha cumplido en este niño. Y el apelativo Enmanuel, “Dios con nosotros”, describe como este niño va a hacer realidad la anhelada presencia del Señor en medio de su pueblo para salvarlo. Todos los títulos aplicados a Jesús que se concentran en este relato son una verdadera confesión de fe: es el Mesías, viene del Espíritu Santo, salvará a su pueblo de los pecados, es Enmanuel, Dios con nosotros. Este pasaje anuncia la cercanía de la Navidad. Nos recuerda quién es Jesús y cuál será su misión, pero además nos ofrece un modelo de cómo debemos acoger su venida entre nosotros, aunque nos resulte, como a José, difícil de comprender.

ACTUALIZAMOS

En Jesús, el Enmanuel, Dios se hace entrañablemente próximo. Y él cumpliendo sus promesas desborda todas nuestras expectativas. Con un corazón sorprendido por la ternura de Dios, estamos llamados a acoger su venida entre nosotros.

  1. “Jesús” y “Enmanuel” son los nombres de este niño:

¿Qué dicen de Dios y de su enviado?  

¿Es así el Dios que experimento en mi vida?

  1. José no comprende fácilmente, pero experimenta la presencia de Dios:

¿Sé reconocer a Dios en mi vida cuando cambia mis planes?

  1. A la luz de los nombres de Jesús que nos recuerdan que Dios “salva” y “está con nosotros”:

¿Cómo está siendo nuestro compromiso de amor con nuestro mundo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO III

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.

Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis.

¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará».

Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo.

Retornan los rescatados del Señor. Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.

Los dominan el gozo y la alegría.

Quedan atrás la pena y la aflicción.

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10

Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor.

Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.

Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle.

«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió:

«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:

“Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

COMENTARIO

Hoy, el salmista nos invita a alabar con alegría y júbilo a un Dios que es fiel a su Palabra. Esta fidelidad se concreta en su predilección por los desfavorecidos y oprimidos. Es éste el rostro divino que revela Jesús con sus acciones, en consonancia con la tradición profética que nos muestra Isaías. La gloria y el esplendor de Dios se manifiestan mediante acciones inauditas. Ante ese Dios que viene, como nos muestra Santiago, vale la pena ser perseverante y disponerse a acogerlo en estas próximas fiestas.

 COMPRENDER EL TEXTO

Isaías 35,1-6a.10

Los que tienen miedo, los que están tristes, los que pierden la esperanza, que lean estos versículos proféticos. Anuncia la venida de Dios –viene en persona-. Regocijo, gozo, alegría perpetua, que ahuyentan la pena y la aflicción. Belleza, gloria y vida hasta el páramo y la estepa. Fortaleza, no temáis, por muy cobardes que os sintáis. Salud para el ciego, el sordo, el paralítico, el mudo. Libertad para los desterrados, Dios trae el desquite. Son las maravillas del amor de Dios.

El profeta anuncia de nuevo la salvación en la paradoja: El Señor anuncia el fortalecimiento de las rodillas vacilantes y de las manos débiles que no valen para la guerra. La fuerza del pueblo no está en la fuerza de los guerreros sino en la esperanza y la confianza en Dios. Desierto, yermo, páramo, estepa; imágenes de esterilidad y de abrasamiento, son transformados por Dios en caminos de esperanza, de florecimiento en paz y gozo… El Dios de Israel salva, pero sus caminos no son los de los imperios al estilo del de Babilonia.

Santiago 5,7-10

Se anunció la venida del Señor, y el Señor vino en persona. Después el Señor marchó, y se anuncia otra vez su venida –la venida del Señor está cerca-, pero tardaba en volver. Los días y los años pasaban y todo seguía igual.

Ante esta duda y el nerviosismo de las primeras generaciones cristianas, los apóstoles aconsejan paciencia, como la de los labradores, como la de los profetas.

Mateo 11,2-11

Juan es profeta y más que profeta. Escogido para abrir caminos al Mesías y presentado al pueblo. Ahora está en la cárcel por su denuncia de la injusticia.

Pero lo que más le desequilibra no es la falta de libertad, sino la falta de luz [Eres Tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro] ¿Qué pasa con el Mesías? ¿En qué se nota su presencia? ¿Por qué permite la injusticia? ¿No iba a venir con hacha y con fuego? ¿No quemaría la paja y la escoria?

Jesús alaba a Juan y le ofrece como respuesta signos liberadores: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí… “YO ENVIO MI MENSAJERO delante de ti, para que PREPARE EL CAMINO.

Signos mesiánicos

Alegría (no una alegría que se compra sino la alegría profunda que surge del interior, de saberse amado y correspondido, aceptado, valorado, perdonado y de tener alguien a quien amar…), libertad, salud, salvación, gozo, vida… Cuando llega el Mesías, los signos florecen a su paso. Pero no son hechos apabullantes, se presentan envueltos y adornados con la humildad y la sencillez. Son semillas, no espectáculos. Son signos muy humanos.

Juan Bautista y el pueblo esperaban un Mesías con poder y con gloria, al estilo que presentaba el diablo en el desierto. Los mismos apóstoles pensaban así, y seguían a Jesús esperando buenas recompensas políticas y económicas.

Los signos mesiánicos con los que anunciaba Isaías y los que escogió Jesús para responder a Juan: Todos están relacionados con el amor y la misericordia. Venían con colirio para los ojos, con aceite para las heridas, con pan y vino para los hambrientos, con llaves para abrir las cárceles y los infiernos. Venían con la paz y el amor. Venían con cantos para los tristes y luz para los deprimidos. Con buenas espaldas para cargar con los pecados de todos. Esos son los milagros del amor misericordioso y liberador.

Y estos son los signos que ha de seguir actualizando la Iglesia y todas las comunidades cristianas, todos los creyentes en Jesús. Salgamos de los despachos y sacristías, de nuestras comodidades y seguridades, de nuestros prejuicios e intolerancias, de nuestro quedarnos en el pasado.

La gran novedad de Jesús

La gran novedad de Jesús es, desde donde anuncia el Reino de Dios y actúa. Provoca entusiasmos entre los sencillos y los pobres, y provoca malestar entre los escribas, fariseos, sacerdotes… La opción por los excluidos y marginados es el distintivo de su misión.

El problema de hoy no consiste en demostrar la existencia de Dios, sino en mostrar dónde podemos encontrarnos con Dios, dónde buscarle, desde dónde Dios se nos acerca, se nos revela, nos ama, nos ilumina. Jesús nos dice que Dios hace todo eso desde los pobres, por tanto, ahí hay que buscarle. Si queremos ser creíbles, debemos revisar desde donde vivimos y se anuncia el Evangelio. Jesús encarnado viene a llamar a todos, pero llama a los ricos desde los pobres, no al revés. Como sería normal en nuestro mundo.

ACTUALIZAMOS

El evangelio de hoy nos ha puesto de nuevo en contacto con Juan, uno de los grandes personajes del Adviento. Su vida y misión están en función de Jesús, del anuncio de su inminente llegada. La meditación de este evangelio ha de iluminar también nuestra misión a favor del Reino

  1. Los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados”:

¿Cómo estamos llamados los cristianos y la iglesia a realizar esta misma misión hoy?

  1. Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”:

¿Cómo puedo yo preparar el camino al Señor en este Adviento para que llegue a otros de mi entorno?

  1. ¿Eres tú el que ha de venir…?

¿Dónde busco respuesta a mis esperanzas? ¿Qué espero en este momento de mi vida? ¿Responde Jesús a mis esperanzas?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10

En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.

Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor.

Lo inspirará el temor del Señor.

No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.

La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor.

La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja.

El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid.

Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

Salmo 71, 1bc-2, 7-8, 12-13. 17

R./ Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R./

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R./

Que su nombre sea eterno
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15, 4-9

Hermanos: Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.

Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: «Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre».

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 1-12

Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:

-«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Este es el que anunció el profeta Isaías, diciendo:

«Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

– «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?

Dad el fruto que pide la conversión.

Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Tenemos por padre a Abrahán», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.

Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

COMENTARIO

Juan Bautista anuncia con fuerza y con tintes de juicio final la venida del Señor. El que llega con Jesús es Dios mismo con su Reino, y hay que cambiar. Pero no debe ser por miedo a un castigo, sino porque el Señor en persona trae un tiempo de plenitud. El Reino de los Cielos, tal como aseguran el salmista y el profeta Isaías, conlleva un periodo de justicia y paz, donde todos, sobre todo los últimos, tendrán una oportunidad de felicidad. El Mesías investido con el Espíritu de Dios, hará lo que no han sido capaces de llevar a cabo los reyes en Israel. En este inicio de Adviento, como exhorta Pablo, fiémonos de la Palabra de Dios y mantengámonos firmes en la esperanza.

COMPRENDER EL TEXTO

Si el evangelio del domingo pasado, al inicio del Adviento, nos urgía mantenernos vigilantes y preparados, hoy nos invita a la conversión y al cambio ante el Señor que viene. Para ello nos recuerda, con un texto del evangelio de Mateo, que el tiempo definitivo está ya próximo.

Durante el Adviento nos preparamos para la venida del Mesías. A esa llegada debía disponerse el pueblo de Israel. Toda esa espera y preparación se condensa, en el evangelio de este domingo, en la figura de Juan el Bautista. Todos los evangelios hablan de él, y relacionan los comienzos de la actividad de Jesús con su predicación y con su bautismo. Mateo es el que lo presenta con rasgos más cristianos, subrayando la continuidad entre ambos personajes. Hoy es el Bautista el que aparentemente toma el centro de la escena, se presenta con su estilo de vida y con sus palabras, e invita a dirigir la mirada hacia el más fuerte que viene detrás de él.

Según Mateo, tanto Juan como Jesús y los apóstoles anuncian la llegada del Reino de Dios con las mismas palabras. Pero el Reinado de Dios anunciado por el Bautista es diferente al de Jesús y los apóstoles, como muestran los diferentes bautismos que llevan a cabo. En una primera parte (Mt 3,1-6) el evangelista resume el mensaje y describe su misión, que tienen un marcado tinte escatológico, referente al tiempo final y definitivo. Juan aparece, con su predicación penitencial, como el profeta de un juicio definitivo e inminente.

En la segunda parte del pasaje de hoy (Mt 3,7-10), el Bautista pronuncia unas palabras muy duras para los fariseos y saduceos. Les recrimina por pensar que actuando así tienen un salvoconducto ante el juicio definitivo. Su bautismo no se podía quedar en un simple rito. Ésa es la tentación que denuncia Juan en los fariseos y saduceos, que se creían perfectos hijos de Abrahán por ser miembros de un pueblo o por defender doctrinas sobre Dios sin implicaciones vitales. La purificación externa del bautismo, pues, tenía que llevar aparejado un estilo de vida conforme a la voluntad de Dios. Para mostrar en qué consiste esa auténtica conversión utiliza la imagen del árbol que debe dar frutos. Su vitalidad se prueba por los frutos que da. Pero se trata de unos árboles que no tienen otra oportunidad. El hacha está esperando por si no dan frutos.

Las palabras finales (Mt 3,11-12) se refieren a Jesús y explican cómo Juan prepara el camino al Señor, insistiendo también en las diferencias entre ambos. La conversión aparece de nuevo aquí como un requisito para poder recibir a Jesús. Para ello se repiten algunas imágenes parecidas a las que el Bautista ha dirigido a los fariseos y saduceos. Se refieren, lo mismo que el fuego, al juicio que tendrá lugar al final de los tiempos. Pero también aparece la diferente concepción del Reinado de Dios por parte de Jesús, manifestada en el bautismo que es la puerta de acceso a ese Reinado. El bautismo de Juan es un rito que expresa la conversión ante el juicio, mientras que el de Jesús es de Espíritu Santo y fuego, imágenes que indican la incorporación activa a la misión de la Iglesia.

Las tres partes en las que se divide el evangelio de hoy hablan de la necesidad de una conversión que se manifiesta en obras. Éste es el principal mensaje del evangelista.

ACTUALIZAMOS

Las palabras del Bautista cobran actualidad en Adviento: “arrepentíos”, “preparad el camino”. De nuevo resuenan hoy con fuerza y nos invitan a convertirnos, a cambiar de mentalidad, a redescubrir nuestra condición de bautizados.

  1. “Voz que grita en el desierto”

¿Cómo puedo ser una voz que anuncie buenas noticias en medio de mi ambiente?

  1. “Dad frutos que prueben vuestra conversión”

¿Qué frutos estoy dando en este momento de mi vida para que mi voz sea creíble y el Reino siga llegando?

  1. “Tiene en su mano el bieldo y va a aventar su parva”

¿Qué motivos de esperanza genera en mí el hecho de que Jesús va a ser el juez?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO I

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y de Jerusalén:

En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas.

Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán:

«Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob.

Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».

Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

Salmo 121,  1-2. 4-5. 6-7. 8-9

R./ Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.» R/.

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor,
nuestro Dios, te deseo todo bien. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 11-14a

Hermanos:

Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.

Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

COMENTARIO

En el comienzo de un nuevo año litúrgico, las dos parábolas del evangelio de este primer domingo de Adviento nos invitan a velar y estar preparados para la llegada del Señor. Mientras preparamos la venida del Hijo del hombre, esas dos han de ser nuestras actitudes. Pero lejos de provocar miedo o angustia, estas parábolas deberían generar alegría. Porque, como dice el profeta Isaías, avanzamos hacia la Luz del Señor, nos encaminamos no hacia un final destructivo, sino hacia un tiempo de salvación en el que hay paz y convivencia fraterna. Por eso el salmista nos invita a estar alegres y alabar a Dios mientras peregrinamos a la casa del Señor, y san Pablo, a llevar un estilo de vida propio de los hijos de la luz.

COMPRENDER EL TEXTO

En las parábolas de este domingo se hace hincapié en la venida del Hijo del hombre y en las actitudes con las que hay que preparar y esperar esa venida. Estos versículos pertenecen al llamado “discurso apocalíptico” del evangelio de Mateo (Mt 24-25). Mediante un lenguaje propio de este género literario, se habla de los últimos tiempos. Paradójicamente, abundan las imágenes de catástrofes y tribulaciones para expresar la llegada del juicio y la salvación que trae consigo. Mateo asumió básicamente el discurso de Marcos (Mc 13), pero lo reelaboró y amplió para señalar a su comunidad cristiana la actitud que debía adoptar mientras esperaba el retorno de Jesucristo y la llegada definitiva del Reino de los Cielos. Para él, lo más importante era el anuncio de la venida del hijo del hombre.

Según el Antiguo Testamento, el Hijo del hombre vendría a juzgar a la humanidad (Dn 7,13-14). Este personaje aparecería, al final de los tiempos, como un juez revestido con el poder y la gloria de Dios. No se conocía ni el momento ni el modo. Los primeros cristianos identificaron a Jesús como el Hijo del hombre, y esperaban su venida gloriosa. Pero la espera se prolongaba, el Reino no aparecía y Jesús no regresaba. Entonces surgen la duda y la pregunta en la segunda generación cristiana, momentos en el que se ponen por escrito los evangelios.

Los discípulos se acercan a Jesús, que está sentado en posición de enseñar, y le preguntan cuándo y cómo sucederá el fin de los tiempos. Estas preguntas muestran la preocupación de la segunda generación Cristiana, a la que pertenece la comunidad de Mateo (70-100 d.C.). En esta comunidad se empiezan a comprobar signos de abandono, rutina y dejadez ante el retraso de la esperada llegada de Jesús en gloria. Además, en medio de Judea han ocurrido sucesos que muchos identificaban con los del fin de los tiempos, como son la guerra contra Roma y la destrucción del templo de Jerusalén. Frente a estas inquietudes, Jesús responde que lo más importante no es tanto el momento y el modo, cuanto cómo deben esperar ese momento. Para ello echa mano de dos parábolas. En la primera (Mt 24,37-42) se recuerda cómo Dios vino de forma inesperada en tiempos de Noé.

Jesús comienza hablando de Noé para poner la atención en el comportamiento de los que vivieron antes del diluvio y la actitud que reflejan sus obras. Seguían su ritmo de vida normal. No percibían la acción de Dios en la cotidianeidad de sus vidas. Nadie conocía ni preveía el diluvio y no se preparaban para este acontecimiento. Ante la llegada de Cristo hay que esperar vigilantes. No se puede vivir despreocupadamente, como si nada fuese a ocurrir. La segunda parábola (Mt 24,43-44) nos presenta al ladrón que llega en medio de la noche. Como en la primera parábola, la del ladrón insiste en la hora también desconocida. Una serie de datos empujan a tomar mayores medidas de atención: el ladrón actúa con nocturnidad, sin previo aviso y a la hora menos pensada.

Recurriendo al comportamiento de los contemporáneos de Noé y a la imagen del ladrón se subraya que no se sabe cuándo vendrá Jesús, el Hijo del hombre. Cada una de estas dos partes termina con una exhortación. Los discípulos de Jesús tienen que estar atentos y preparados siempre, precisamente porque no saben cuándo sucederán estas cosas. Desde el punto de vista del evangelista, esto es lo más importante. En ambos casos se trata de una advertencia que sigue siendo actual para todos nosotros: ¡Velad! ¡Estad preparados!

ACTUALIZAMOS

Como aquellos primeros cristianos, también nosotros vivimos de esperanza ante la venida del Señor al final de los tiempos. Esto se subraya con fuerza durante el Adviento. Por eso el grito con el que la Iglesia nos despierta para que nos preparemos para la venida del Señor durante este tiempo es: ¡Velad! ¡Estad preparados!

  1. Al inicio del Adviento y ante este evangelio,

¿Qué aspectos de la fe se iluminan?

¿Cómo entiendo y experimento su venida en mi vida cotidiana?

  1. Hemos de estar vigilantes.

¿Qué significa para mí vigilar y estar preparado para la venida de Jesús?

¿A qué cosa he de prestar atención para concretar estas actitudes?

  1. La venida del Hijo del hombre es imprevisible pero segura.

¿Me angustia pensar en la venida del Hijo del hombre?

¿Por qué?