LECTIO DIVINA – NAVIDAD – SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ

Lectura del libro de los Números 6, 22-27

El Señor habló a Moisés:

«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.

El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R./ Que Dios tenga piedad y nos bendiga.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R./

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R./

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

COMENTARIO

Hoy comienza el año nuevo, es la octava de Navidad, la fiesta de María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de Oración por la Paz.

Las lecturas que nos ofrece la liturgia están en consonancia con todo esto, todas hablan de Bendición: Números: expresa el deseo de que Dios proteja a su pueblo. En Gálatas: la bendición se muestra en el ser hijos, no esclavos, herederos de la casa de Dios. En el Evangelio: la bendición se hace carne con el nacimiento de Jesús, abriéndonos a la experiencia profunda de María y a la alegría de los pastores.

Acogemos esta abundancia de bendiciones y, como los pastores, glorificamos al Señor que sale a nuestro encuentro hecho Palabra encarnada.

COMPRENDER EL TEXTO

Toda la liturgia de Navidad es una invitación a no dejarse envolver por las palabras humanas, sino a detenerse y contemplar el misterio de la Palabra hecha carne, del Hijo de Dios acostado en un pesebre.

Este pasaje de Lucas nos lleva de nuevo al relato de la infancia, es continuación del que proclamamos en la misa del Gallo. Es un relato contado en 3 escenas: 1) El nacimiento de Jesús en Belén. 2) El mensaje del ángel. 3) La reacción de los pastores.

Lucas nos recuerda que el nacimiento de Jesús fue un acontecimiento histórico y que tiene un mensaje de fe.

Los protagonistas de esta tercera parte que hoy leemos son los PASTORES, MARÍA y, sobre todo, JESÚS.

Se describe la actitud de los pastores con verbos que expresan acción: se dicen unos a otros, fueron corriendo, encontraron, contaron … Con estos verbos que denotan movimiento, el evangelista está constatando algo muy importante: la fe es un camino. Lo que se está describiendo es un proceso de encuentro con Jesús. Lucas pretende que nos identifiquemos con los pastores. De esta forma nos propone dar unos pasos concretos para que lleguemos al descubrimiento de Jesús después de haber escuchado el anuncio de la Buena Noticia.

Las etapas de este itinerario son:

  1. Búsqueda,
  2. Hallazgo unido a la experiencia personal y
  3. Testimonio

De este testimonio brota la admiración en quienes escuchan, y así la fe comienza a propagarse.

Empujados por el mensaje del “ejército celestial”, los pastores van a toda prisa a Belén, a ver lo que ha pasado, y encuentran al niño. Su fe sencilla y abierta no pone dificultades para creer el mensaje transmitido. La suya es una fe profunda que se basa en su encuentro con Jesús. Además, la experiencia de los pastores es misionera. Comunican lo sucedido y se va extendiendo la reacción de sorpresa y de admiración ante lo que ha sucedido.

Junto a la fe comunicativa de los pastores, el evangelista presenta a María. En muy pocas palabras se expresa su profunda vivencia de lo que sucede con el nacimiento de Jesús. El evangelista destaca la actitud de María, de guardar sus experiencias en el corazón, se repliega hacia su interior para comprender el profundo significado de lo que está viviendo y de lo que le cuentan los pastores. Su actitud ante los acontecimientos y su meditación interior corresponden a su personalidad de creyente y de esclava del Señor. Más tarde se repetirá esta actitud de María ante la pérdida de Jesús en Jerusalén, con palabras similares.

Tanto los pastores como María orientan su acción y su interioridad hacia Jesús, el niño Dios acostado en el pesebre. El versículo 21 habla de su circuncisión y de la imposición del nombre “a los 8 días”. De este modo empieza a insertarse en la religión y la cultura judía. Y es que la llegada del Mesías a nuestra historia no fue algo desligado de la realidad humana. Por la circuncisión entra a formar parte de la comunidad de fe israelita (nuestro bautismo). El nombre que recibe no está puesto al azar, sino que expresa su misión, y le fue impuesto, según el relato de la anunciación por el mismo Dios: Jesús = Dios salva. Este es el designio que Dios tiene para el Hijo de María.

Acerquémonos, en este primer día del año a Jesús, el hijo de María y de José, el Hijo de Dios acostado en un pesebre. Los pastores y María son propuestos como modelos de una fe dinámica, que arraiga en lo más profundo del corazón humano. Ellos nos inspiran la manera de encontrarnos y de acogerle, porque él es el salvador del mundo y sólo con él nuestra tierra tendrá paz.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

El primer día del año se inicia con la mejor de las noticias: Dios nos ha bendecido para siempre en Jesucristo. Además, en María y en los pastores se nos ofrecen modelos de actitudes, formas de acoger y expresar en la vida la bendición de Dios de modo que alcancen a todo el mundo. Reflexionamos sobre el modo de actualizar este evangelio en nuestra realidad cotidiana.

  1. El evangelio de hoy nos presenta la actitud misionera de los pastores y la de la profunda reflexión de María:

¿Cómo son modelos concretos para nuestra vida de fe?

  1. El pasaje tiene elementos que afectan a nuestro compromiso cristiano:

¿Cuáles son esos elementos? ¿Cómo nos comprometen?

  1. En nuestro mundo:

¿Qué esperanzas concretas crees que trae Jesús a los hombres y mujeres de nuestro tiempo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – NAVIDAD – LA SAGRADA FAMILIA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

COMENTARIO

El libro del Eclesiástico y el salmo nos presentan el modelo de relaciones y los valores que prevalecían en la familia tradicional israelita: los hijos corresponden a los padres con el respeto, el servicio y el auxilio, todo ello marcado por el amor. En medio de una familia que hunde sus raíces en esa tradición se educó, creció y maduró Jesús. Y no siempre fue fácil su vida familiar, como muestra el evangelio de Mateo, y sufrió la persecución y el exilio. Pero Jesús, como celebramos durante estas fiestas navideñas, vino para encarnarse y para compartir todas las peripecias humanas, también las familiares. Como dice san Pablo a los Colosenses, que nuestras familias y todas nuestras relaciones se revistan del amor, para poder así superar todas las adversidades.

No sabemos muchas cosas de su vida, pero sí una era segura: Jesús quiso nacer y vivir en una familia, quiso experimentar nuestra existencia humana y por añadidura, en una familia pobre, trabajadora, que tendría muchos momentos de paz y serenidad, pero que también supo de estrecheces, de emigración, de persecución y de muerte.

El evangelio es de la infancia de Jesús, y las demás lecturas hablan de las virtudes de la vida doméstica. A la vez seguimos meditando en el misterio de Dios hecho hombre, y nos miramos al espejo de la Sagrada Familia para mejorar el clima de la nuestra. Precisamente ahora en la que tantos interrogantes se levantan contra la institución de la familia humana, y tantas dificultades encontramos todos para la convivencia y para la estabilidad en nuestras opciones y relaciones, la Palabra de Dios ilumina desde la luz cristiana y navideña la realidad de nuestras familias.

COMPRENDER EL TEXTO

HONRAR PADRE Y MADRE:

En la primera lectura se nos traza un pequeño tratado sobre el comportamiento de los hijos para con sus padres. El marco social ha cambiado mucho. Pero la actitud que él señala sigue siendo actual: atender a los padres, también cuando se hacen mayores y empieza a flaquear su cabeza. Qué fácil es tratarles bien cuando son ellos los que nos ayudan a nosotros. Y qué difícil cuando ya no se valen por sí mismos y dependen de nuestra ayuda. El motivo para amar a los padres no es solamente humano. Se remonta a Dios y a su mandamiento (4º): honrar al padre y a la madre. “El que honra a su padre, cuando rece será escuchado; al que honra a su madre, el Señor le escucha”. Habrá cambiado el sistema de relaciones en la familia; la autoridad de los padres tendrá ahora mucho más en cuenta la libertad y personalidad de los hijos pero el mandamiento de Dios continúa, y debe tener aplicación en cualquier circunstancia.

NO ES FÁCIL LA VIDA EN COMÚN:

Pablo nos ha mostrado otro ambiente en el que realizar ese mismo ideal de convivencia humana y cristiana: el de una comunidad. Sus recomendaciones siguen válidas: «Revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor; que es el vínculo de la unidad perfecta». Es precisamente la actitud que nos suele faltar: la acogida mutua en cualquier clase de convivencia. Las relaciones interpersonales nos resultan cada vez más difíciles. La fiesta de hoy no nos da soluciones técnicas para la vida familiar o social, pero sí nos ofrece claves profundas, humanas y cristianas a la vez: el amor, la comprensión, la acogida y el perdón.

Pero hay una clave superior: todo eso no lo hace una familia cristiana sólo por motivos de coexistencia civilizada, sino desde la fe “en el Señor”. Porque Dios nos ha perdonado, es por lo que nosotros perdonamos a los demás. Porque Cristo Jesús ha aparecido en medio de nosotros, es por lo que nos sentimos agradecidos e intentamos amar a los demás. La familia cristiana debe ser un signo del amor de Dios en medio de la sociedad, tan falta de amor y de testigos de esperanza.

TAMBIÉN EN MOMENTOS DE ANGUSTIA:

La vida de la familia conlleva momentos de tensión y dificultad, como los que leemos en el evangelio de hoy. José tuvo que decidirse a tomar a su mujer y a su hijo y huir a Egipto. No serían las únicas dificultades que pasaría esta familia. Ya se le anunció a María que una espada de dolor atravesaría su alma. Perdieron al niño en el Templo, sufrieron la incomprensión y la angustia de la búsqueda y el no entender su lenguaje. Por eso son modelo de armonía y de fidelidad a Dios tanto en lo bueno como en el dolor, incluso los momentos que pasaron como emigrantes o prófugos.

ACTUALIZAMOS

  1. En medio de la familia de Nazaret, Jesús fue educado, creció, amó y fue amado, adquirió unos valores:

¿En qué sentido te ha configurado tu familia?

¿Qué importancia ha tenido y tiene en la transmisión y vivencia de tu fe?

  1. José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche…

¿Conozco situaciones familiares difíciles?

¿Estoy dispuesto a ayudar? ¿Cómo?

  1. Dios conduce la historia de modo muchas veces incomprensible:

¿Qué esperanzas anima en mí este modo de actuar de Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO B – NAVIDAD – LA SAGRADA FAMILIA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”, a quien has presentado ante todos los pueblos: “luz para alumbrar a las naciones” y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño, Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción -y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se aparataba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

COMENTARIO

En cada familia hay problemas, y a veces también se discute. «Padre, me he peleado…»; somos humanos, somos débiles, y todos tenemos a veces este hecho de que peleamos en la familia. Os diré una cosa: si nos peleamos en familia, que no termine el día sin hacer las paces: «Sí, he discutido», pero antes de que termine el día, haz las paces. Y sabes ¿por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa. No ayuda. Y luego, en la familia hay tres palabras, tres palabras que hay que custodiar siempre: «Permiso», «gracias», «perdón». (Papa Francisco, 27-12-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la Lectura del libro del Eclesiástico, la relación filial exige honra, respeto y servicio de palabra y obra; en definitiva, la honra o el deshonor de los padres redundan casi automáticamente, positiva o negativamente, en el futuro de los hijos. Aparte de esto hay que contar con el don divino: perdón de los pecados, escucha por parte del Señor, bendición divina [….] La honra a los padres debe durar de por vida, incluso cuando padecen los achaques de la ancianidad.

En la Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses encontramos las cinco virtudes: la compasión, la bondad, la humildad, la paciencia y la mansedumbre, que hay que practicar con todos, pues todos hemos recibido la vocación cristiana y formamos el pueblo de Dios (Col 3,12).

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40. Presentación de Jesús. Los padres de Jesús cumplen todo lo que ordenaba la ley de Moisés con motivo del nacimiento de un niño. Según Lv 12,28, cuarenta días después del nacimiento, la madre ofrecía un ritual de purificación en el templo. Según Ex 13,2. 12-13, el primogénito pertenecía a Dios y tenía que ser rescatado por una ofrenda del padre. En el marco institucional del judaísmo (purificación, presentación, templo) el pueblo judío, representado por Simeón y Ana, encuentra al que será la gloria de Israel y la luz de los paganos. Hacia él converge la esperanza del Antiguo Testamento. Pero la sombra de la cruz y el rechazo de su pueblo se insinúa en las palabras de Simeón. La confesión de la comunidad lucana, puesta en boca de Simeón, no olvida que todo eso se cumplirá a través del camino difícil de la vida de Jesús. Una vida que asume todos los condicionantes de la humanidad (v. 40).

De Simeón se nos dice que esperaba el consuelo de Israel. Tanto él como Ana (Lc 2,38) son descritos como representantes de los fieles judíos que esperaban la restauración del reinado de Dios sobre Israel. El nacimiento de Jesús colma estas esperanzas pero les abre a nuevas perspectivas más universales. Las palabras de Simeón, inspiradas por el Espíritu, son el último canto insertado en el evangelio de la infancia de Lucas. La liturgia de la Iglesia lo llama «Nunc dimittis», según sus primeras palabras en latín. Simeón toma conciencia de que la realización de las promesas anuncia la proximidad de su muerte, pero ahora puede morir en paz, como Abrahán (Gn 15,15), puesto que ha visto la salvación de Dios. Jesús es el Mesías a quien Dios ha enviado a salvar no sólo a su pueblo sino a todos los hombres (Is 42,6; 49,6; 52,10). Aquí despunta un tema muy querido por Lucas: el universalismo de la salvación de Dios que ya no tiene un pueblo elegido, sino que se dirige a toda la humanidad. Por primera vez se manifiesta explícitamente -aunque la idea estaba latente en el canto del «Gloria»- que el horizonte en el que tenemos que comprender estos acontecimientos no es el del pueblo de Israel sino el de toda la humanidad. Las palabras de Simeón a María (Lc 2,34-35) son un tanto enigmáticas. Jesús apareció ante los hombres y mujeres de su tiempo como un signo que no se imponía, sino que se acogía libremente por la fe. De hecho, una parte importante de Israel lo rechazó (Hch 28,26-28). De ahí la amenaza que gravita sobre María, cuyo corazón quedará desgarrado por un drama que va a culminar en la cruz.

Después de Simeón interviene Ana, una profetisa viuda que pasaba su vida orando en el templo. Una «santa» del Antiguo Testamento que encarna la figura de los pobres de Yahvé, los cuales esperaban en la oración y la pobreza la llegada de la salvación definitiva. Ahora puede proclamar que la liberación del pueblo de Dios, representado por la ciudad santa de Jerusalén, empieza a realizarse. El término utilizado para hablar de la liberación es «rescate» y esto nos lleva al gran acontecimiento salvífico de la historia de Israel, el rescate de la esclavitud de Egipto (Ex 13,13-15; 34,20; Nm 18,15-16). Este hecho es el que celebraba precisamente la ceremonia de la presentación en el templo del primogénito de cada familia.

ACTUALIZAMOS

  1. En la familia de Nazaret, Jesús fue educado, creció, amó y fue amado:

¿En qué sentido te ha configurado tu familia? ¿Has reconocido el amor de Dios en el amor recibido en la familia, aun con las limitaciones humanas?

¿Cómo vives el respeto, la gratitud y el cuidado hacia los mayores en tu familia y en la sociedad?

  1. Dios viene a nuestra historia:

¿Qué brota en tu corazón ante un Dios que viene en nuestra carne? ¿Te dejas conducir por el Espíritu, como Simeón y Ana, para poder reconocerle? La paz es el fruto de este reconocimiento agradecido.

LECTIO DIVINA – MISA DEL DÍA DE NAVIDAD

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sion: «¡Tu Dios reina!»

Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sion.

Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.

Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

 Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6

R./ Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R./

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R./

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R./

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.

En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy”; y en otro lugar: “Yo seré para él un padre, y el será para mí un hijo”?

Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.

Comienzo del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

El mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

COMENTARIO

Las lecturas del día de Navidad, 25 de diciembre, nos invitan a la alegría y a la adoración. Las palabras del profeta Isaías son un estallido de alegría ante el Dios cuya venida trae el consuelo y la liberación. La carta a los Hebreos nos ayuda a contemplar el misterio de Cristo, el Hijo en el que Dios nos ha hablado; fue introducido en el mundo (navidad) y está sentado a la derecha del Padre (resurrección-ascensión). Si en la misa de medianoche contemplamos a Jesús recién nacido entre José, “de la casa y familia de David”, y María, que le dio a luz, “lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”, hoy, en la misa del día de Navidad, lo contemplamos como “el Verbo de Dios”, la Palabra “hecha carne”, el “Hijo unigénito” que nos dio el poder ser “hijos de Dios”.

COMPRENDER EL TEXTO

Hoy se proclama el “prólogo” del evangelio de Juan. Como prólogo, desvela el sentido de todo el evangelio; revela desde el principio la identidad de Jesús, cuya historia se va a contar. En su forma literaria, es un “himno”, un poema que celebra la venida al mundo del Verbo de Dios. Al mismo tiempo es un “relato”: narra el acontecimiento de la encarnación del Verbo.

Las primeras palabras, “en el principio”, evocan Gén 1,1 (“al principio creó Dios el cielo y la tierra”); de este modo, el origen de Jesús asciende hasta el Creador, el fundamento de la vida; pero va más allá de la creación: el v. 1 habla de antes del principio del mundo, antes de la creación: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. Lo que se ha manifestado en la persona de Jesucristo es Dios mismo. El término griego “logos” significa “palabra”, en latín “verbum”. Dios es un Dios que se comunica, que nos es perceptible en su dimensión de Palabra. En el prólogo es un título cristológico: esta Palabra divina se identifica con la persona de Jesús de Nazaret.

“Por medio de él se hizo todo”: evoca la creación por la palabra eficaz de Dios en Gén 1: “Dijo Dios…”. El Logos es la “vida”, que solo puede recibirse como un don suyo; la vida de los hombres no es solo la existencia, es participación en la vida de Dios, es vinculación a la fuente de la vida. Y esta vida, que es Él mismo, es “la luz de los hombres”: la que nos orienta y da sentido y que se ofrece a todos.

La comunidad joánica tiene experiencia de que “la luz brilla en las tinieblas” con la presencia de Jesús en la historia: es una luz divina que no es posesión humana. También aquí solo Dios es pura luz (como la vida), y lo que no es Dios debe recibir su luz. La “tiniebla” evoca además las infidelidades que los profetas reprocharon a Israel al tiempo que reflejan de antemano los acontecimientos que sobrevendrán a Jesús, el rechazo y la muerte. Pero la luz del Logos no es una dimensión del mundo: el rechazo de la luz no conduce a su desaparición, la última palabra corresponde a la luz. El fragmento en griego: “…y la tiniebla no la recibió”, es traducido por algunos en este sentido: “y la tiniebla no la detuvo” (la tiniebla no pudo detener la luz, pues Jesús no quedó en la tiniebla de la muerte, sino que venció la luz de la resurrección).

Juan (el Bautista) es enviado por Dios para ser testigo de la presencia del Logos, de la luz, para que “todos” crean: la luz es reconocida en la fe.

Del Logos, Verbo, se dice que era “la luz verdadera”, la auténtica, no solo respecto de Juan, sino de todas las falsas luces que resplandecen en el mundo; es “la luz”, única. Por eso llena de sentido, ilumina y hace dichosa la existencia: es una plenitud que se ofrece a todo ser humano.

El Logos sale al encuentro del hombre en un movimiento de venida que tiene su punto culminante en la encarnación: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (v. 14). Estaba ya en el mundo, lo había creado, el mundo le pertenece, es “su casa”, y “vino” en el momento histórico de la encarnación. Frente al rechazo, el himno declara: “Pero a quienes lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios”: a la acogida del Verbo, que consiste en “creer en su nombre”, responde el don de ser “hijos de Dios”, nacidos de Dios. Los hombres acogen, se dejan iluminar por Él, y Dios les da un “poder” que no consiste en hacerse a sí mismos, sino en recibir una dignidad que viene de Dios, la de “hijo”, el acceso a la filiación divina, una relación con Dios como hijos, un nuevo nacimiento.

“Y el Verbo se hizo carne”: “carne”, palabra que no tiene nunca un significado peyorativo en el evangelio de Juan e indica la condición frágil, precaria y mortal. Este es el misterio: el Logos, la Palabra, el Verbo preexistente, que estaba junto a Dios, que era Dios, viene al mundo y se hace un hombre: Jesús de Nazaret, sin dejar por ello de ser lo que antes era (como dice S. Jerónimo). Y “habitó”, plantó su tienda entre nosotros.

Por eso la encarnación es la manifestación de “la gloria” de Dios. En el Antiguo Testamento la gloria es Dios mismo en cuanto se hace presente. Aquí, la gloria divina se concentra en el hombre Jesús y es la gloria del “Hijo único, lleno de gracia y de verdad”. El don que nos puede comunicar es esta gracia: el conocimiento de Dios -a quien nadie ha visto jamás- como Padre.

ACTUALIZAMOS

Las lecturas de hoy, más que a hacernos preguntas, nos invitan al silencio y a la adoración, a mirar a Jesús en su misterio y dejar que su gracia nos alcance: recibir de su plenitud el ser hijos de Dios.

LECTIO DIVINA – MISA DE MEDIANOCHE – NOCHEBUENA

Lectura del libro de Isaías 9, 1-6

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre:

«Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz».

Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino.

Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre.
El celo del Señor del universo lo realizará.

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13

R./ Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R./

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R./

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R./

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14

Querido hermano:

Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.

ALELUYA. Cf. Lc 2, 10-11

R./ Aleluya, aleluya, aleluya.

Os anuncio una buena noticia: hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. R./

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 1-14

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

COMENTARIO

Todas las lecturas de la misa de medianoche del día 24 de diciembre nos introducen en el misterio de la Navidad. El recorrido se inicia con el profeta Isaías, que anuncia jubiloso el fin de la dominación enemiga gracias al nacimiento del “príncipe de la paz”. La segunda lectura proclama esperanzada una salvación universal y señala a Jesús como aquel que ha venido a mostrarnos el camino del bien. Por último, el evangelio según san Lucas narra en clave teológica el nacimiento del salvador esperado, del príncipe de la paz anunciado, nos relata cómo se celebró la primera navidad, pero, sobre todo, expresa el profundo significado que tiene el nacimiento de Jesús para toda la humanidad. Sólo queda que cada uno de nosotros y nuestra comunidad acojamos su venida.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de hoy está tomado del relato de la infancia de Jesús según san Lucas (1-2). Mateo tiene también un relato que narra el nacimiento de Jesús. Aunque estos relatos se encuentran ahora en el comienzo de ambos evangelios, fueron compuestos más tarde que el resto de los relatos evangélicos. En ellos encontramos sobre todo la fe de las comunidades cristianas que veían en el niño nacido en Belén al Señor resucitado a quien ellos adoraban. Para componer estos relatos utilizaron géneros literarios, es decir, formas de escribir habituales en aquella época para narrar el nacimiento de personajes famosos (relatos de anunciación, nacimientos milagrosos…) por eso nosotros, más que tomarlos al pie de la letra, buscamos la fe que en ellos dejaron reflejada los primeros cristianos y que se ha mantenido viva en la Iglesia.

Lucas, en los dos primeros capítulos de su evangelio, relata en paralelo las infancias de Juan Bautista y de Jesús. Es fácil identificar algunos elementos comunes: anuncio del nacimiento de Juan y también de Jesús, nacimiento de ambos…; de este modo, el evangelista intenta mostrar que Jesús es superior a los profetas del Antiguo Testamento, representados por el Bautista. Además, con Jesús se inaugura el tiempo del Reinado de Dios. Por eso estos dos capítulos rebosan de alegría y de continuas alabanzas por el nacimiento del Salvador.

El relato del nacimiento de Jesús está contado en tres escenas. Dos de ellas las leemos en la misa del gallo y la tercera el día 1 de enero.

La primera escena (Lc 2,1-7) se detiene en algunos detalles que rodearon el nacimiento de Jesús porque quiere relacionarlos con la historia de su tiempo.

Lucas dice que el censo de Quirino se realizó en todo el imperio romano. Al colocar este hecho en relación con el nacimiento de Jesús está dando a entender que su venida al mundo es un acontecimiento que también afecta a todo el Imperio. Subraya también que Jesús nació en Belén, “la ciudad de David”. En ella había nacido el rey más grande de Israel, y por eso muchos judíos esperaban que el Mesías naciera de la familia de David y en su mismo pueblo. Lucas muestra que esto se cumple en Jesús, adoptado por José, que era de la familia y del pueblo de David.

La segunda escena (Lc 2,8-14) dice que un ángel, un mensajero de Dios, anuncia este nacimiento a unos pastores. Pero si nos fijamos bien, descubriremos que lo importante no es esto. Lo que al evangelista le interesa es decir quién es el nacido y cuál es el sentido de su nacimiento. Esto se expresa en los títulos que el ángel da al niño. Para entender mejor el significado de estos títulos es necesario saber que el emperador romano se denominaba “salvador”, que la espera de un Mesías calaba hondo entre los judíos y que a Dios se le llamaba “Señor”.

Es necesario destacar también algunas paradojas que encontramos en el evangelio de hoy: el emperador cree manejar la historia con un edicto, pero es Dios quien la dirige a través de un niño; en la oscuridad de la noche brilla la luz; la gloria de Dios se manifiesta en un recién nacido; los marginados, los pastores, son los primeros invitados…

Este relato del nacimiento de Jesús no es sólo un recuerdo entrañable, sino que encierra un mensaje de fe para nosotros. Este mensaje puede ayudarnos a celebrar la Navidad con la misma actitud de los pastores y a entenderla como una realidad que se actualiza cada día si tenemos los ojos abiertos y el corazón atento. Para esto es para lo que nos hemos venido preparando durante todo el Adviento.

ACTUALIZAMOS

Dios se ha hecho carne, ha aceptado envolverse en la fragilidad e impotencia de un recién nacido. Es un acontecimiento que no puede dejarnos indiferentes. Es preciso que le prestemos nuestra vida para que en las circunstancias históricas actuales se manifieste como el Salvador, el Mesías y el Señor del mundo.

  1. Hoy os ha nacido un Salvador”, hoy se hace presente la gracia de Dios.

¿Creo y veo hoy, ahora, la liberación de Dios? ¿Dónde? ¿Cómo?

  1. El nacimiento de Jesús es buena noticia.

¿Qué puedo hacer para que esta buena noticia se haga realidad en mi vida?

¿Qué podemos hacer como comunidad y como Iglesia?

  1. El relato del nacimiento de Jesús está lleno de alegría por su venida.

¿Es también la alegría una actitud en mi vida?

¿De dónde brota la alegría con la que celebramos la Navidad?

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO IV

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16

Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:

«Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».

Natán dijo al rey:

«Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».

Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:

«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?

Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.

En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y el será para mí un hijo.

Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».

Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29

R./ Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R./

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R./

«Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”;
le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27

Hermanos:

Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contesto:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

COMENTARIO

Dios no olvida los compromisos adquiridos con su pueblo y el Adviento nos ofrece la ocasión de celebrarlo. Tanto la primera lectura como el salmo responsorial recuerdan la alianza que el Señor hizo con el rey David al asegurarle que su dinastía se mantendría para siempre en el trono de Judá. El cumplimiento de esa promesa no se realiza según las expectativas políticas y nacionalistas de Israel, sino que se verifica, de un modo paradójico, en Jesucristo. Él es el Mesías esperado cuyo Reino no tendrá fin, el Hijo del Altísimo concebido en el vientre de una humilde muchacha de Nazaret. La disponibilidad de María es el cauce por el que la salvación de Dios se hace presente. Éste es el misterio que, según la carta a los Romanos, Dios había mantenido en secreto desde la eternidad y ahora es anunciado como Buena Noticia a todas las naciones.

COMPRENDER EL TEXTO

María es, junto a Juan Bautista, unos de los personajes centrales del Adviento. Por eso la liturgia no podía dejar de mencionarla en este tiempo. Ella es la mujer disponible que supo escuchar y poner por obra la Palabra, la que supo conducir su vida según la voluntad de Dios. Dejando que él actuara se comprometió con su obra liberadora y consintió que el Hijo se encarnara en su seno para que la salvación llegase a la humanidad entera. Gracias a ella la esperanza se hizo realidad.

Este episodio se sitúa en el contexto narrativo del llamado “evangelio de la infancia” (Lc 1-2). Para componer estos capítulos, Lucas utilizó ciertas técnicas y procedimientos literarios característicos de su época. A través de ellos no pretendió escribir un resumen de la vida de Jesús cuando era pequeño, sino reflejar su fe en el Resucitado que, como una luz, se proyecta también sobre su niñez.

Desde el comienzo, el pasaje hace referencia al relato anterior: “Al sexto mes…”. En él se narra otro anuncio de nacimiento: el de Juan Bautista (Lc 1, 5-25). En ambos casos se utiliza una misma estructura en la que se repiten una serie de elementos característicos de este género literario llamado “esquema de anuncio”: aparición y saludo de un mensajero divino, perplejidad de quien recibe el anuncio, transmisión del mensaje celeste, objeción del interesado seguida de una explicación, aceptación final del mismo y señal ofrecida por Dios como garantía.

Lucas aclara la identidad del niño y cuál será su misión. A los títulos típicamente mesiánicos, Lucas añade el de “Hijo de Dios” para aludir a su relación única con el Padre. El mismo nombre, Jesús, resulta muy elocuente, ya que significa “Dios salva”. Puede resultar chocante referirse así al hijo de una mujer humilde como María, natural de un rincón perdido de Galilea, región alejada de Jerusalén, que era la sede de las grandes instituciones políticas y religiosas de Israel. La salvación de Dios no llega por los cauces esperados. Todo esto responde a la intención teológica de Lucas. Para él es importante reconocer la auténtica identidad de Jesús desde los primeros momentos de su vida, aunque esta no se revele plenamente hasta después de la Pascua.

Por otro lado, llama la atención la importancia que el evangelista concede al Espíritu Santo. En realidad, es toda la obra de Lucas, constituida no sólo por su evangelio sino también por el libro de los Hechos, la que otorga un papel preponderante al Espíritu. La expresión que se utiliza para describir su acción sobre María recuerda a aquella que se le aplica en el Génesis a propósito de la creación (Gn 1,2). Eso significa que el nacimiento de Jesús es obra de Dios y con él comienza un tiempo nuevo en el que la humanidad será recreada. Modelo de esta humanidad nueva es la Iglesia, cuyo nacimiento en Pentecostés también es fruto del Espíritu; el mismo que movió toda la vida de Jesús (Lc 4,18) y por eso puede fortalecer a sus discípulos para que continúen su misión (Hch 1,8).

Finalmente debemos fijarnos en la respuesta de María, ya que es la destinataria del anuncio. De ella aclara el texto que está desposada con José, un hombre “de la casa de David”, aludiendo de este modo a la promesa mesiánica. En su diálogo con el ángel va comprendiendo que el Señor la ha escogido, por gracia, para ser la madre del Mesías y la postura que ha de tomar ante lo que Dios le pide.

Destacan tres actitudes que este pasaje otorga a la madre de Jesús. Primero su reacción de turbación ante el saludo de Gabriel, luego la extrañeza ante su anuncio y los interrogantes que le suscita y, finalmente, su absoluta disponibilidad al plan de Dios. De este modo refleja Lucas el proceso que recorre todo creyente –también nosotros– cuando descubre lo que Dios quiere de él.

ACTUALIZAMOS

Este último domingo de Adviento huele ya a Navidad y María nos enseña cuál es el mejor modo de prepararnos para celebrar esa fiesta. Antes de que la Palabra se encarnase en su seno se había ya encarnado en su corazón. Por eso supo decir “sí”. Su respuesta puede ayudarnos a revisar nuestras actitudes en este tiempo en el que el Señor viene. Así tendremos preparada la cuna esta Navidad.

  1. La encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu es uno de los misterios que profesamos en el credo.

¿Cómo me ayuda a entenderlo la lectura de este pasaje?

  1. Hágase en mí según tu palabra”, rezamos en el ángelus.

¿A qué me compromete el “sí” de María?

¿Hasta qué punto consiento, como ella, que la Palabra de Dios transforme mi vida?

  1. La Virgen es modelo de esperanza porque se fio de Dios para el cual “nada hay imposible”.

¿Cómo puede ayudarnos su ejemplo a vivir anclados en esta virtud?

María también es maestra de oración. Con ella y como ella le pedimos al Padre que nos prepare para recibir a su hijo Jesús.

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO III

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a.10-11

El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor.

Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha puesto un traje de salvación, y me ha envuelto con un manto de justicia, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Salmo Lc 1, 46b-48. 49-50. 53-54

R./ Me alegro con mi Dios.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R./

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R./

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24

Hermanos:

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.

No apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías. Examinadlo todo; quedaos con lo bueno.

Guardaos de toda clase de mal. Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El que os llama es fiel, y él lo realizará.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».

Él dijo: «No lo soy».

«¿Eres tú el Profeta?».

Respondió: «No».

Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»

Él contestó:

«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:

«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

Juan les respondió:

«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

COMENTARIO

La venida del Señor tiene sus precursores, mensajeros que van por delante allanándole el camino. Ésa fue la tarea de los profetas en el Antiguo Testamento, pregoneros de la Buena Noticia de la salvación para los pobres, como leemos hoy en el libro de Isaías. Y ésa fue la misión de Juan Bautista, el último de ellos, cuya presencia en medio de Israel hace presentir ya próxima la llegada de Cristo. Sin atribuirse una identidad que no le corresponde declara que él no es el Mesías esperado, sino sólo una voz que clama para que todos se preparen a acoger la luz que llega con Jesús. A este testimonio que hoy nos llega por medio del evangelista Juan se unen el salmo y la primera carta a los Tesalonicenses que nos invitan a vivir este anuncio del Adviento con profundo sentimiento de alegría.

Que la espera del Señor nos haga estar siempre contentos y a la escucha de su Palabra mientras nos disponemos para recibirle.

COMPRENDER EL TEXTO

De nuevo nos encontramos hoy con la figura de Juan Bautista, uno de los personajes característicos del Adviento. Pero a diferencia de Marcos, que la semana pasada nos lo presentaba como un profeta austero que predica la conversión, el evangelista Juan, desde su propia perspectiva, insiste en subrayar su condición de testigo eminente de Jesús.

El texto que hemos leído reúne dos pasajes diferentes, aunque separados por pocos versículos, procedentes del cuarto evangelio. El primero pertenece al prólogo poético (Jn 1,6-8) y el segundo, al prólogo narrativo (Jn 1,19-28). En ambos aparece la figura de Juan el Bautista y podríamos decir que el segundo desarrolla lo que se afirma en el primero. Se ve claramente observando los términos “testigo” y “testimonio” aparecen en ambos y “enganchan” el uno con el otro. Todo ello se entiende en el contexto del programa trazado por el evangelista, que ha concebido su obra como una gran defensa judicial sobre Jesús y quiere presentar a Juan Bautista como el primero de los que dan testimonio a favor de él.

En el primer pasaje la presentación del Bautista como testigo corre a cargo del mismo evangelista. Aunque “enviado por Dios”, Juan es sólo “un hombre”. Y si bien “no era él la luz”, se le encargó la misión de ser “testimonio de la luz”, preparando así la encarnación de la Palabra. Muchos estudiosos han dicho que, con este modo de hablar, el evangelista quiere poner las cosas en su sitio y zanjar la polémica con los discípulos del Bautista, que reclamaban la superioridad de su maestro con respecto a Jesús.

En el segundo pasaje es Juan mismo quien se presenta y explica el contenido de su testimonio. La ocasión se la brinda el interrogatorio al que lo somete una comisión de sacerdotes y levitas, algunos de ellos fariseos, enviados por las autoridades religiosas de Jerusalén. A primera vista desean saber quién es, pero para comprender su intención tenemos que fijarnos en las preguntas que le hacen. El hecho de que Juan bautizase podría dar a entender que él era el Mesías esperado por Israel, o Elías revivido que, según la mentalidad popular, aparecería como precursor de aquel, o el profeta prometido por Dios a Moisés (Dt 18,15-20). Las respuestas del Bautista a las preguntas que le formulan los sacerdotes y levitas enviados para saber sus intenciones son todas ellas negativas. Juan no se atribuye títulos que no le pertenecen. De este modo se perfila aún más su identidad respecto a la de Jesús y se descartan ciertas maneras de concebir su misión que podían haber sido defendidas históricamente por sus discípulos.

Finalmente, el Bautista se identifica. Después de dejar claro lo que no es, y respondiendo a la insistencia de sus interrogadores, declara abiertamente lo que es. Echando mano de las mismas palabras del profeta Isaías que ya encontramos la semana pasada en el evangelio de Marcos, Juan se define a sí mismo como “la voz que grita en el desierto”.

Lo importante es percibir una vez más que Juan está apuntando hacia Jesús, que su misión está en función de él. Si volvemos a leer los primeros versículos del evangelio de hoy (Jn 1,6-8), lo veremos aún más claramente. Las últimas palabras del Bautista insisten en ello. El hecho de que Jesús venga “detrás” de él no significa que sea “menor” que él (Jn 1,15.30). Al contrario, la alusión a su bautismo con agua y a la indignidad para desatar la correa de sus sandalias ponen de relieve que de ningún modo desea suplantarlo.

ACTUALIZAMOS

Juan Bautista se presenta a sí mismo como el que da testimonio de Jesús, reconociendo humildemente su propia limitación: él no es la luz, no es el Mesías, no es Elías, no es el Profeta… No es la Palabra. Es sólo una “voz” que clama. Conoce sus carencias y sabe que sólo Jesús puede llenarlas. Por eso es una figura tan importante en el Adviento y puede ayudarnos a vivir este tiempo de espera ahondando nuestro deseo de que el Señor se haga presente en medio de nosotros.

  1. En medio de vosotros hay uno que no conocéis”.

¿Cómo deberíamos aprovechar este tiempo de Adviento para conocer mejor a Jesús y relacionarnos con él de un modo más personal y cercano?

  1. Juan Bautista dio testimonio “para que todos creyeran por medio de él”.

¿Cómo me siento interpelado por su palabra?

¿Qué clase de testimonio puede hacer que lo que anunciamos sea aceptado por quienes nos rodean?

  1. Juan vino “para dar testimonio de la luz”.

¿Qué significa hoy para mí ser “testimonio de la luz”?

¿Qué situaciones de oscuridad me gustaría iluminar y cómo podría hacerlo?

  1. El Adviento es tiempo de esperanza, tiempo de alegría.

¿Qué elementos del pasaje que hemos leído te ayudan más en este sentido?

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 40, 1-5. 9-11

«Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados».

Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.

Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos -ha hablado la boca del Señor-».
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sion; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.  Mirad, el Señor Dios llega con poder y con su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».

Salmo 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14

R./ Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R./

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R./

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14

No olvidéis una cosa, queridos míos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.

El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión.

Pero el Día del Señor llegará como un ladrón.

Entonces los cielos desaparecerán estrepitosamente, los elementos se disolverán abrasados y la tierra con cuantas obras hay en ella quedará al descubierto.

Puesto que todas estas cosas van a disolverse de este modo, ¡qué santa y piadosa debe ser vuestra conducta, mientras esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios!

Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.

Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.

Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Como está escrito en el profeta Isaías:

«Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»; se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

COMENTARIO

Continuamos viviendo el Adviento en clave de “preparación”. La creación entera se prepara para la venida del Señor en Isaías. Y en el evangelio, Juan Bautista toma el relevo y anuncia al que es fuerte y trae el Espíritu. Mientras llega el día del Señor, el día en que veremos el cielo nuevo y la tierra nueva, la Iglesia recuerda con la carta de Pedro la paciencia de Dios y la necesidad de prepararse para ese encuentro viviendo en paz con él.

Cada mañana Dios sigue llamando a los cristianos para que sean con sus vidas, como Juan Bautista, señales que hablen al mundo de la venida del Señor.

Proclamamos en la liturgia el comienzo del evangelio según san Marcos. En él se hace una breve presentación de Jesús y se muestra a Juan Bautista como el precursor, el que anuncia la llegada del Mesías. Es un anuncio que, según el relato teológico de Marcos, fue acogido masivamente en la región de Judea y entre los habitantes de Jerusalén.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de Marcos comienza con un prólogo (Mc 1,1-13) que introduce la actividad de Jesús y que leeremos entre este segundo domingo de Adviento y el domingo del Bautismo del Señor. Centrándonos en el pasaje de hoy descubrimos que el primer versículo hace dos afirmaciones sobre Jesús, que serán muy importantes en toda la obra del evangelista.

La afirmación inicial del evangelio según san Marcos es que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 1,1). Es el “ungido” (eso significa la palabra “Mesías” en hebreo y “Cristo” en griego), el enviado por Dios para salvar a su pueblo, pero su verdadera identidad sólo se revela en la cruz. Sólo en ella queda claro que es el Hijo obediente a la voluntad del Padre.

En el primer versículo del evangelio de Marcos queda enunciada la misión y la verdadera identidad de Jesús, aunque luego se irá desvelando y precisando a lo largo de todo el evangelio. De esa identidad habla la predicación de Juan Bautista (Mc 1,2-8), que es uno de los personajes más significativos del Adviento.

El “evangelio” o Buena Noticia de Jesús se inicia con la predicación de Juan Bautista. Su misión, enunciada con una cita del Antiguo Testamento, es la de “preparad el camino del Señor”. Por tanto, es un mensajero que está en función de otra persona mayor que él y que se entiende con referencia a ese otro. Los cristianos sabemos que habla de Jesús, pero en el relato esto no ha sido revelado todavía.

Se dice que la predicación de Juan consistía en una llamada a la conversión acompañada de un bautismo en el Jordán que ratificaba la decisión a cambiar de vida y ofrecía el perdón de los pecados. Es importante observar también los escenarios en los que, según Marcos, Juan predicaba y bautizaba, porque el desierto y el Jordán son dos lugares relacionados con el éxodo de los israelitas hacia la tierra prometida. Si antaño el pueblo de Israel fue puesto a prueba y purificado, ahora el Bautista hace una nueva llamada a la purificación y a la conversión.

Por otra parte, llama la atención que se describa la vestimenta de Juan Bautista, porque no es algo común en el evangelio.

El evangelista está señalando a Juan como el nuevo Elías. Él es el gran profeta que, según la tradición judía, debía volver antes de la llegada del Mesías. Su forma de vestir, en consonancia con el mensaje que predica, habla de austeridad y renuncia.

Juan, por tanto, es sólo un mensajero o precursor, pero su anuncio tiene carácter de urgencia, es decisivo y a nadie puede dejar indiferente.

Según los profetas del Antiguo Testamento, la fuerza y el don del Espíritu son señales que identificarían al Mesías esperado (Is 9,6; 11,2). Juan recuerda esto y, haciendo una comparación consigo mismo, deja claro que ni siquiera se considera digno de ser siervo del Mesías al que anuncia.

Es evidente que el evangelista muestra una y otra vez la relación entre el Bautista y Jesús. Juan apunta, como una flecha, hacia alguien que es más fuerte que él y que bautizará con Espíritu Santo. Su anuncio y testimonio despiertan en nosotros el deseo de acoger al Señor que viene.

ACTUALIZAMOS

Juan el Bautista no es sólo un personaje del pasado. Su mensaje de conversión y su anuncio del Mesías, su modo de vivir y su predicación apuntaban a Jesús. En este Adviento se dirige a cada uno de nosotros.

  1. Juan Bautista fue la voz que anunció la llegada del Mesías, le caracterizaban la austeridad, la humildad…

¿Qué actitudes del Bautista podemos hacer nuestras en este Adviento?

  1. La certeza de que el Mesías llegaba configuró el estilo de vida de Juan.

¿Hasta qué punto Jesús está ocupando un lugar decisivo también en mi vida?

  1. “Se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión”.

¿En qué aspectos tendríamos que tomar en serio la llamada de Juan y cambiar de mentalidad y de actitudes? ¿Por dónde podemos comenzar?

  1. “Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo”.

¿Cómo puedo participar de la misión de Juan Bautista como precursor?

LECTIO DIVINA – ADVIENTO – LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Lectura del libro del Génesis. 3,9-15. 20

Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:

«¿Dónde estás?»

Él contestó:

«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó:

«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió:

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer:

«¿Qué has hecho?».

La mujer respondió:

«La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente:

«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3c-4

R./ Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R./

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R./

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

En él hemos heredado también, los que ya estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en el Mesías.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

COMENTARIO

La fiesta litúrgica de hoy celebra una de las maravillas de la historia de la salvación: la Inmaculada Concepción de la Virgen María. También ella fue salvada por Cristo, pero de una forma extraordinaria, porque Dios quiso que desde el instante de la concepción la madre de su Hijo no fuera tocada por la miseria del pecado. Y por tanto María, durante toda su vida terrena, estuvo libre de cualquier mancha de pecado, ha sido la “llena de gracia” (Lc 1,28), como la llamó el ángel, y disfrutó de una singular acción del Espíritu Santo, para poder mantenerse siempre en su relación perfecta con su hijo Jesús; es más, era la discípula de Jesús: la Madre y la discípula. Pero el pecado no estaba en Ella. (Papa Francisco 08-12-2020)

COMPRENDER EL TEXTO

INMACULADA CONCEPCIÓN:

  • LOS INICIOS: siglo VII en oriente, XI en toda la iglesia. Se buscó el plazo de 9 meses antes del 8 de septiembre, fiesta del nacimiento de María (NATIVIDAD).
  • En 1854 Pío IX después de consultar a todos los obispos del mundo para que manifiesten su sentir y el de sus fieles en este punto, declaró DOGMA DE FE, que María fue preservada del pecado original en el mismo instante de su concepción.  (triunfo de lo popular)

Supone la ausencia de mal y la plenitud de la gracia.

El pecado entra en el mundo cuando el hombre quiere afirmar su yo sin la presencia de Dios, lejos de él (Eva-Adán)

En María la humanidad ha conseguido ya la primera victoria plena sobre el pecado. Pero es al mismo tiempo recuerdo de la lucha continua que espera a la humanidad con la tentación y el pecado. La hostilidad entre la estirpe de la serpiente y la mujer no acaban con la victoria de María, ésta nos da la esperanza y la alegría en la lucha.

María en su inmaculada concepción es la imagen radiante de lo que la Iglesia aspira a ser, de lo que la Iglesia, toda ella, algún día será, la Esposa del Señor.

LA VIEJA EVA: las lecturas nos ofrecen dos figuras humanas que representan dos formas de abordar la realidad de un mundo marcado por la experiencia del mal: EVA: con Adán, prototipo de la condición humana cuando buscamos culpables sobre los que descargar nuestra responsabilidad antes de admitir las limitaciones de ser solamente humanos, cuando queremos ser como Dioses (comer del árbol), empeño de no admitir lo que somos. Eva es la tristeza, la negación, la fatalidad, el sufrimiento no aceptado, el trabajo entendido como condena y castigo, la familia vivida como carga, lo cotidiano vivido como rutina, la muerte como destino de destrucción, el mundo como tarea imposible, la vida como tarea impuesta. Para Eva, Dios es el ojo vigilante y acusador, el que hace sentirse desnudo y descubrirse todas las miserias.

LA JOVEN MARÍA: Es el prototipo de quien conoce su propia realidad y sus limitaciones, pero está abierta a las posibilidades que le vengan de fuera, sobre todo de Dios. Lleva una vida tranquila hasta que Dios se la complica con un mensaje que supone el comienzo de un camino nuevo y el cambio en el proceso de su fe tradicional. En MARIA, como en todos los que quieran, se va a hacer presente Dios con todo su poder desbaratando y destrozando la visión antigua y la fuerza de los poderosos, mostrando que la vida no es una condena, ni el mundo una carga y que se puede hacer… que Dios haga. MARIA es consciente de su limitación, su pequeñez; pero el mensaje de Dios es, precisamente, que cuando alguien se siente pequeño, pero se acoge y se abre a Dios, es cuando empiezan a ocurrir cosas sorprendentes. Lo que en nuestro lenguaje es sinónimo de esterilidad inútil, Dios lo convierte en fecundidad y en vida. Por eso hace de una Virgen (la que no puede ser madre) una Madre, y a sus descendientes los constituye en hijos, en lugar de siervos sufridores. María representa nuestro futuro, es la forma en la que Dios nos invita y cuenta con nosotros para hacer cosas grandes si contamos y confiamos en él.

UNA FIESTA MARIANA DENTRO DEL ADVIENTO: Esta fiesta se convierte en un motivo de esperanza para toda la iglesia cuando se está preparando para recibir al que viene: “nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos” (2ª lectura). El ángel la llama “llena de gracia” (Evangelio), recordándonos que Dios “nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor” (2ª lectura).

Salmo: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

En el Evangelio, “el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María”:

  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
  • No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
  • Concebirás en tu vientre (seno, entrañas, Dios tiene entrañas de misericordia) y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre JESÚS (Dios es ayuda, salva).
  • ¿Cómo será eso? El Espíritu Santo vendrá sobre ti.
  • Isabel, ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”.
  • He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

María anticipa todo lo que Jesús vivirá: humildad, sencillez, entrega, cumplir la voluntad de Dios, escucha, compromiso…

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO I

Lectura del libro de Isaías 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador».

¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos, y endureces nuestro corazón para que no te tema?

Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.

¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! En tu presencia se estremecerían las montañas.

«Descendiste, y las montañas se estremecieron».

Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él.

Sales al encuentro de quien practica con alegría la justicia y, andando en tus caminos, se acuerda de ti.

He aquí que tú estabas airado y nosotros hemos pecado.

Pero en los caminos de antiguo seremos salvados.

Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.

Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.

Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

R./ Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos R./

Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R./

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 3-9

Hermanos:

A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.

Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

COMENTARIO

Con la celebración de este primer domingo de Adviento empezamos un nuevo año litúrgico. Un año litúrgico en el que iremos acompañando los misterios de la vida de Jesucristo, preparándonos para volver a celebrar y a vivir su primera venida entre nosotros, la proclamación de su mensaje de vida y salvación en hechos y palabras, la entrega de su vida por nosotros en su pasión y muerte, y la respuesta de Dios Padre resucitándolo de entre los muertos y dando su sí al mensaje proclamado por su Hijo. En este año litúrgico iremos siguiendo fundamentalmente el relato del evangelista san Marcos.

Las lecturas de este primer domingo ponen ante nuestros ojos la venida del Señor. Esta venida se expresa en Isaías como anhelo de un pueblo que se reconoce lejos de Dios, y que clama, como leemos en el salmo, para ser restaurado por su poder. En la segunda lectura y el evangelio la perspectiva cambia: los cristianos ya han reconocido la venida de Dios en Jesús de Nazaret. Por eso se les recomienda en la primera carta a los Corintios que sean fieles mientras esperan su regreso y, en el pasaje de Marcos, que vivan vigilantes y comprometidos en la construcción del Reino. Como aquellos primeros cristianos, también nosotros vivimos entre dos certezas: que el Señor viene y que no sabemos cuándo. El evangelio nos despierta de nuestros letargos al tiempo que nos recuerda nuestra tarea en el mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje del evangelio de hoy se encuentra al final del gran discurso con que se cierra, en Marcos, la actividad pública de Jesús. Se le conoce con el nombre de “discurso apocalíptico” porque en él Jesús hace a sus discípulos algunas revelaciones que ilumina algunos aspectos de su segunda venida. El tema central del discurso es el advenimiento de Jesús, al que se identifica con un personaje del Antiguo testamento y se le denomina “Hijo del hombre”.

No debemos pensar que este discurso apocalíptico se refiere al final del mundo y, por tanto, queda lejos. Aparentemente se pone la mirada en el final de la historia, pero se dirige a un grupo concreto de cristianos que viven en la segunda mitad del siglo I antes de Cristo. El mensaje de Jesús que les recuerda es sencillo porque aparece en forma de llamada repetida al inicio, en el centro y al final del pasaje que hemos leído.

En estos versículos encontramos una clara llamada a la vigilancia: “Estad atentos, vigilad”. Dicha exhortación está ilustrada con una pequeña comparación de la que se saca la consecuencia. La breve parábola que ilustra la llamada a la vigilancia es fácil de entender. El hombre que se va de viaje es Cristo resucitado y ha ascendido al cielo. Deja su casa, su Iglesia, al cuidado de sus servidores. Cada uno debe cumplir con la tarea asignada. Todos somos, en cierto modo, porteros que hemos de permanecer despiertos, vigilantes, porque ciertamente va a venir el Señor, pero no sabemos cuándo.

Esta enseñanza no pretende hacernos vivir en el temor de un futuro incierto, es para la comunidad de Marcos una invitación a la esperanza, a revitalizar la fe. No se sabe la hora porque todas las horas son buenas para abrirse al evangelio y comprometer la existencia. Mantenerse vigilantes y fieles al mensaje de Jesús en el presente es una forma de prepararse para el futuro que sin duda aguarda. No es una llamada a la angustia, sino a estar alerta.

La llamada final del pasaje amplía el grupo de los destinatarios de las palabras de Jesús: “Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!” (Mc 13,37). En Pedro, Santiago, Juan y Andrés, que fueron los primeros en recibir la llamada y que son los destinatarios directos del discurso (Mc 13,3), están representados los seguidores de Jesús de todos los tiempos. Por tanto, todo aquel que es discípulo de Cristo tiene que vivir en vigilancia constante.

Los Padres de la Iglesia hablaban de tres venidas del Señor: la primera es la que tuvo lugar cuando se encarnó; la segunda es la que tendrá lugar al final de los tiempos; y la tercera es la venida a cada uno de nosotros. En el Adviento recordamos la primera, nos preparamos para la segunda y tratamos de hacer realidad la tercera.

ACTUALIZAMOS

El cristiano sabe que Cristo ya ha venido y vive a la espera de su vuelta definitiva. Por eso celebra anualmente la primera llegada del Señor y recuerda que toda su vida debe configurarse como una constante espera. De ahí que el eco de las palabras de Jesús, en las que nos promete su venida y nos pide que estemos vigilantes, vuelven a sonar hoy con fuerza.

  1. Los cristianos afirmamos que Jesucristo ha venido, viene y vendrá.

¿Hasta qué punto soy consciente de esta realidad? ¿Alimento mi fe con esta certeza?

  1. Desde el pasaje del evangelio de hoy:

¿Qué debe cambiar en nuestra vida para vivir adecuadamente el Adviento?

¿Por dónde podríamos empezar?

  1. “Estad atentos”.

¿Vivimos conscientes de que nuestra meta es el encuentro con Cristo o nos hemos instalado en este mundo?

  1. “… vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”.

¿Cómo esperamos la llegada del Señor? ¿Angustiados? ¿Pasivos?

¿Cómo se expresa en nuestra vida esta esperanza?