LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO III

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a.10-11

El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor.

Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha puesto un traje de salvación, y me ha envuelto con un manto de justicia, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Salmo Lc 1, 46b-48. 49-50. 53-54

R./ Me alegro con mi Dios.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R./

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R./

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24

Hermanos:

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.

No apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías. Examinadlo todo; quedaos con lo bueno.

Guardaos de toda clase de mal. Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El que os llama es fiel, y él lo realizará.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».

Él dijo: «No lo soy».

«¿Eres tú el Profeta?».

Respondió: «No».

Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»

Él contestó:

«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:

«Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

Juan les respondió:

«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

COMENTARIO

La venida del Señor tiene sus precursores, mensajeros que van por delante allanándole el camino. Ésa fue la tarea de los profetas en el Antiguo Testamento, pregoneros de la Buena Noticia de la salvación para los pobres, como leemos hoy en el libro de Isaías. Y ésa fue la misión de Juan Bautista, el último de ellos, cuya presencia en medio de Israel hace presentir ya próxima la llegada de Cristo. Sin atribuirse una identidad que no le corresponde declara que él no es el Mesías esperado, sino sólo una voz que clama para que todos se preparen a acoger la luz que llega con Jesús. A este testimonio que hoy nos llega por medio del evangelista Juan se unen el salmo y la primera carta a los Tesalonicenses que nos invitan a vivir este anuncio del Adviento con profundo sentimiento de alegría.

Que la espera del Señor nos haga estar siempre contentos y a la escucha de su Palabra mientras nos disponemos para recibirle.

COMPRENDER EL TEXTO

De nuevo nos encontramos hoy con la figura de Juan Bautista, uno de los personajes característicos del Adviento. Pero a diferencia de Marcos, que la semana pasada nos lo presentaba como un profeta austero que predica la conversión, el evangelista Juan, desde su propia perspectiva, insiste en subrayar su condición de testigo eminente de Jesús.

El texto que hemos leído reúne dos pasajes diferentes, aunque separados por pocos versículos, procedentes del cuarto evangelio. El primero pertenece al prólogo poético (Jn 1,6-8) y el segundo, al prólogo narrativo (Jn 1,19-28). En ambos aparece la figura de Juan el Bautista y podríamos decir que el segundo desarrolla lo que se afirma en el primero. Se ve claramente observando los términos “testigo” y “testimonio” aparecen en ambos y “enganchan” el uno con el otro. Todo ello se entiende en el contexto del programa trazado por el evangelista, que ha concebido su obra como una gran defensa judicial sobre Jesús y quiere presentar a Juan Bautista como el primero de los que dan testimonio a favor de él.

En el primer pasaje la presentación del Bautista como testigo corre a cargo del mismo evangelista. Aunque “enviado por Dios”, Juan es sólo “un hombre”. Y si bien “no era él la luz”, se le encargó la misión de ser “testimonio de la luz”, preparando así la encarnación de la Palabra. Muchos estudiosos han dicho que, con este modo de hablar, el evangelista quiere poner las cosas en su sitio y zanjar la polémica con los discípulos del Bautista, que reclamaban la superioridad de su maestro con respecto a Jesús.

En el segundo pasaje es Juan mismo quien se presenta y explica el contenido de su testimonio. La ocasión se la brinda el interrogatorio al que lo somete una comisión de sacerdotes y levitas, algunos de ellos fariseos, enviados por las autoridades religiosas de Jerusalén. A primera vista desean saber quién es, pero para comprender su intención tenemos que fijarnos en las preguntas que le hacen. El hecho de que Juan bautizase podría dar a entender que él era el Mesías esperado por Israel, o Elías revivido que, según la mentalidad popular, aparecería como precursor de aquel, o el profeta prometido por Dios a Moisés (Dt 18,15-20). Las respuestas del Bautista a las preguntas que le formulan los sacerdotes y levitas enviados para saber sus intenciones son todas ellas negativas. Juan no se atribuye títulos que no le pertenecen. De este modo se perfila aún más su identidad respecto a la de Jesús y se descartan ciertas maneras de concebir su misión que podían haber sido defendidas históricamente por sus discípulos.

Finalmente, el Bautista se identifica. Después de dejar claro lo que no es, y respondiendo a la insistencia de sus interrogadores, declara abiertamente lo que es. Echando mano de las mismas palabras del profeta Isaías que ya encontramos la semana pasada en el evangelio de Marcos, Juan se define a sí mismo como “la voz que grita en el desierto”.

Lo importante es percibir una vez más que Juan está apuntando hacia Jesús, que su misión está en función de él. Si volvemos a leer los primeros versículos del evangelio de hoy (Jn 1,6-8), lo veremos aún más claramente. Las últimas palabras del Bautista insisten en ello. El hecho de que Jesús venga “detrás” de él no significa que sea “menor” que él (Jn 1,15.30). Al contrario, la alusión a su bautismo con agua y a la indignidad para desatar la correa de sus sandalias ponen de relieve que de ningún modo desea suplantarlo.

ACTUALIZAMOS

Juan Bautista se presenta a sí mismo como el que da testimonio de Jesús, reconociendo humildemente su propia limitación: él no es la luz, no es el Mesías, no es Elías, no es el Profeta… No es la Palabra. Es sólo una “voz” que clama. Conoce sus carencias y sabe que sólo Jesús puede llenarlas. Por eso es una figura tan importante en el Adviento y puede ayudarnos a vivir este tiempo de espera ahondando nuestro deseo de que el Señor se haga presente en medio de nosotros.

  1. En medio de vosotros hay uno que no conocéis”.

¿Cómo deberíamos aprovechar este tiempo de Adviento para conocer mejor a Jesús y relacionarnos con él de un modo más personal y cercano?

  1. Juan Bautista dio testimonio “para que todos creyeran por medio de él”.

¿Cómo me siento interpelado por su palabra?

¿Qué clase de testimonio puede hacer que lo que anunciamos sea aceptado por quienes nos rodean?

  1. Juan vino “para dar testimonio de la luz”.

¿Qué significa hoy para mí ser “testimonio de la luz”?

¿Qué situaciones de oscuridad me gustaría iluminar y cómo podría hacerlo?

  1. El Adviento es tiempo de esperanza, tiempo de alegría.

¿Qué elementos del pasaje que hemos leído te ayudan más en este sentido?

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 40, 1-5. 9-11

«Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados».

Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.

Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos -ha hablado la boca del Señor-».
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sion; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.  Mirad, el Señor Dios llega con poder y con su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».

Salmo 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14

R./ Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R./

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R./

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14

No olvidéis una cosa, queridos míos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.

El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión.

Pero el Día del Señor llegará como un ladrón.

Entonces los cielos desaparecerán estrepitosamente, los elementos se disolverán abrasados y la tierra con cuantas obras hay en ella quedará al descubierto.

Puesto que todas estas cosas van a disolverse de este modo, ¡qué santa y piadosa debe ser vuestra conducta, mientras esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios!

Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.

Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.

Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Como está escrito en el profeta Isaías:

«Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»; se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

COMENTARIO

Continuamos viviendo el Adviento en clave de “preparación”. La creación entera se prepara para la venida del Señor en Isaías. Y en el evangelio, Juan Bautista toma el relevo y anuncia al que es fuerte y trae el Espíritu. Mientras llega el día del Señor, el día en que veremos el cielo nuevo y la tierra nueva, la Iglesia recuerda con la carta de Pedro la paciencia de Dios y la necesidad de prepararse para ese encuentro viviendo en paz con él.

Cada mañana Dios sigue llamando a los cristianos para que sean con sus vidas, como Juan Bautista, señales que hablen al mundo de la venida del Señor.

Proclamamos en la liturgia el comienzo del evangelio según san Marcos. En él se hace una breve presentación de Jesús y se muestra a Juan Bautista como el precursor, el que anuncia la llegada del Mesías. Es un anuncio que, según el relato teológico de Marcos, fue acogido masivamente en la región de Judea y entre los habitantes de Jerusalén.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de Marcos comienza con un prólogo (Mc 1,1-13) que introduce la actividad de Jesús y que leeremos entre este segundo domingo de Adviento y el domingo del Bautismo del Señor. Centrándonos en el pasaje de hoy descubrimos que el primer versículo hace dos afirmaciones sobre Jesús, que serán muy importantes en toda la obra del evangelista.

La afirmación inicial del evangelio según san Marcos es que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 1,1). Es el “ungido” (eso significa la palabra “Mesías” en hebreo y “Cristo” en griego), el enviado por Dios para salvar a su pueblo, pero su verdadera identidad sólo se revela en la cruz. Sólo en ella queda claro que es el Hijo obediente a la voluntad del Padre.

En el primer versículo del evangelio de Marcos queda enunciada la misión y la verdadera identidad de Jesús, aunque luego se irá desvelando y precisando a lo largo de todo el evangelio. De esa identidad habla la predicación de Juan Bautista (Mc 1,2-8), que es uno de los personajes más significativos del Adviento.

El “evangelio” o Buena Noticia de Jesús se inicia con la predicación de Juan Bautista. Su misión, enunciada con una cita del Antiguo Testamento, es la de “preparad el camino del Señor”. Por tanto, es un mensajero que está en función de otra persona mayor que él y que se entiende con referencia a ese otro. Los cristianos sabemos que habla de Jesús, pero en el relato esto no ha sido revelado todavía.

Se dice que la predicación de Juan consistía en una llamada a la conversión acompañada de un bautismo en el Jordán que ratificaba la decisión a cambiar de vida y ofrecía el perdón de los pecados. Es importante observar también los escenarios en los que, según Marcos, Juan predicaba y bautizaba, porque el desierto y el Jordán son dos lugares relacionados con el éxodo de los israelitas hacia la tierra prometida. Si antaño el pueblo de Israel fue puesto a prueba y purificado, ahora el Bautista hace una nueva llamada a la purificación y a la conversión.

Por otra parte, llama la atención que se describa la vestimenta de Juan Bautista, porque no es algo común en el evangelio.

El evangelista está señalando a Juan como el nuevo Elías. Él es el gran profeta que, según la tradición judía, debía volver antes de la llegada del Mesías. Su forma de vestir, en consonancia con el mensaje que predica, habla de austeridad y renuncia.

Juan, por tanto, es sólo un mensajero o precursor, pero su anuncio tiene carácter de urgencia, es decisivo y a nadie puede dejar indiferente.

Según los profetas del Antiguo Testamento, la fuerza y el don del Espíritu son señales que identificarían al Mesías esperado (Is 9,6; 11,2). Juan recuerda esto y, haciendo una comparación consigo mismo, deja claro que ni siquiera se considera digno de ser siervo del Mesías al que anuncia.

Es evidente que el evangelista muestra una y otra vez la relación entre el Bautista y Jesús. Juan apunta, como una flecha, hacia alguien que es más fuerte que él y que bautizará con Espíritu Santo. Su anuncio y testimonio despiertan en nosotros el deseo de acoger al Señor que viene.

ACTUALIZAMOS

Juan el Bautista no es sólo un personaje del pasado. Su mensaje de conversión y su anuncio del Mesías, su modo de vivir y su predicación apuntaban a Jesús. En este Adviento se dirige a cada uno de nosotros.

  1. Juan Bautista fue la voz que anunció la llegada del Mesías, le caracterizaban la austeridad, la humildad…

¿Qué actitudes del Bautista podemos hacer nuestras en este Adviento?

  1. La certeza de que el Mesías llegaba configuró el estilo de vida de Juan.

¿Hasta qué punto Jesús está ocupando un lugar decisivo también en mi vida?

  1. “Se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión”.

¿En qué aspectos tendríamos que tomar en serio la llamada de Juan y cambiar de mentalidad y de actitudes? ¿Por dónde podemos comenzar?

  1. “Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo”.

¿Cómo puedo participar de la misión de Juan Bautista como precursor?

LECTIO DIVINA – ADVIENTO – LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Lectura del libro del Génesis. 3,9-15. 20

Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:

«¿Dónde estás?»

Él contestó:

«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó:

«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió:

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer:

«¿Qué has hecho?».

La mujer respondió:

«La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente:

«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3c-4

R./ Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R./

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R./

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

En él hemos heredado también, los que ya estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en el Mesías.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

COMENTARIO

La fiesta litúrgica de hoy celebra una de las maravillas de la historia de la salvación: la Inmaculada Concepción de la Virgen María. También ella fue salvada por Cristo, pero de una forma extraordinaria, porque Dios quiso que desde el instante de la concepción la madre de su Hijo no fuera tocada por la miseria del pecado. Y por tanto María, durante toda su vida terrena, estuvo libre de cualquier mancha de pecado, ha sido la “llena de gracia” (Lc 1,28), como la llamó el ángel, y disfrutó de una singular acción del Espíritu Santo, para poder mantenerse siempre en su relación perfecta con su hijo Jesús; es más, era la discípula de Jesús: la Madre y la discípula. Pero el pecado no estaba en Ella. (Papa Francisco 08-12-2020)

COMPRENDER EL TEXTO

INMACULADA CONCEPCIÓN:

  • LOS INICIOS: siglo VII en oriente, XI en toda la iglesia. Se buscó el plazo de 9 meses antes del 8 de septiembre, fiesta del nacimiento de María (NATIVIDAD).
  • En 1854 Pío IX después de consultar a todos los obispos del mundo para que manifiesten su sentir y el de sus fieles en este punto, declaró DOGMA DE FE, que María fue preservada del pecado original en el mismo instante de su concepción.  (triunfo de lo popular)

Supone la ausencia de mal y la plenitud de la gracia.

El pecado entra en el mundo cuando el hombre quiere afirmar su yo sin la presencia de Dios, lejos de él (Eva-Adán)

En María la humanidad ha conseguido ya la primera victoria plena sobre el pecado. Pero es al mismo tiempo recuerdo de la lucha continua que espera a la humanidad con la tentación y el pecado. La hostilidad entre la estirpe de la serpiente y la mujer no acaban con la victoria de María, ésta nos da la esperanza y la alegría en la lucha.

María en su inmaculada concepción es la imagen radiante de lo que la Iglesia aspira a ser, de lo que la Iglesia, toda ella, algún día será, la Esposa del Señor.

LA VIEJA EVA: las lecturas nos ofrecen dos figuras humanas que representan dos formas de abordar la realidad de un mundo marcado por la experiencia del mal: EVA: con Adán, prototipo de la condición humana cuando buscamos culpables sobre los que descargar nuestra responsabilidad antes de admitir las limitaciones de ser solamente humanos, cuando queremos ser como Dioses (comer del árbol), empeño de no admitir lo que somos. Eva es la tristeza, la negación, la fatalidad, el sufrimiento no aceptado, el trabajo entendido como condena y castigo, la familia vivida como carga, lo cotidiano vivido como rutina, la muerte como destino de destrucción, el mundo como tarea imposible, la vida como tarea impuesta. Para Eva, Dios es el ojo vigilante y acusador, el que hace sentirse desnudo y descubrirse todas las miserias.

LA JOVEN MARÍA: Es el prototipo de quien conoce su propia realidad y sus limitaciones, pero está abierta a las posibilidades que le vengan de fuera, sobre todo de Dios. Lleva una vida tranquila hasta que Dios se la complica con un mensaje que supone el comienzo de un camino nuevo y el cambio en el proceso de su fe tradicional. En MARIA, como en todos los que quieran, se va a hacer presente Dios con todo su poder desbaratando y destrozando la visión antigua y la fuerza de los poderosos, mostrando que la vida no es una condena, ni el mundo una carga y que se puede hacer… que Dios haga. MARIA es consciente de su limitación, su pequeñez; pero el mensaje de Dios es, precisamente, que cuando alguien se siente pequeño, pero se acoge y se abre a Dios, es cuando empiezan a ocurrir cosas sorprendentes. Lo que en nuestro lenguaje es sinónimo de esterilidad inútil, Dios lo convierte en fecundidad y en vida. Por eso hace de una Virgen (la que no puede ser madre) una Madre, y a sus descendientes los constituye en hijos, en lugar de siervos sufridores. María representa nuestro futuro, es la forma en la que Dios nos invita y cuenta con nosotros para hacer cosas grandes si contamos y confiamos en él.

UNA FIESTA MARIANA DENTRO DEL ADVIENTO: Esta fiesta se convierte en un motivo de esperanza para toda la iglesia cuando se está preparando para recibir al que viene: “nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos” (2ª lectura). El ángel la llama “llena de gracia” (Evangelio), recordándonos que Dios “nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor” (2ª lectura).

Salmo: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

En el Evangelio, “el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María”:

  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
  • No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
  • Concebirás en tu vientre (seno, entrañas, Dios tiene entrañas de misericordia) y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre JESÚS (Dios es ayuda, salva).
  • ¿Cómo será eso? El Espíritu Santo vendrá sobre ti.
  • Isabel, ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”.
  • He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

María anticipa todo lo que Jesús vivirá: humildad, sencillez, entrega, cumplir la voluntad de Dios, escucha, compromiso…

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO I

Lectura del libro de Isaías 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador».

¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos, y endureces nuestro corazón para que no te tema?

Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.

¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! En tu presencia se estremecerían las montañas.

«Descendiste, y las montañas se estremecieron».

Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él.

Sales al encuentro de quien practica con alegría la justicia y, andando en tus caminos, se acuerda de ti.

He aquí que tú estabas airado y nosotros hemos pecado.

Pero en los caminos de antiguo seremos salvados.

Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.

Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.

Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

R./ Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos R./

Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R./

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 3-9

Hermanos:

A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.

Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

COMENTARIO

Con la celebración de este primer domingo de Adviento empezamos un nuevo año litúrgico. Un año litúrgico en el que iremos acompañando los misterios de la vida de Jesucristo, preparándonos para volver a celebrar y a vivir su primera venida entre nosotros, la proclamación de su mensaje de vida y salvación en hechos y palabras, la entrega de su vida por nosotros en su pasión y muerte, y la respuesta de Dios Padre resucitándolo de entre los muertos y dando su sí al mensaje proclamado por su Hijo. En este año litúrgico iremos siguiendo fundamentalmente el relato del evangelista san Marcos.

Las lecturas de este primer domingo ponen ante nuestros ojos la venida del Señor. Esta venida se expresa en Isaías como anhelo de un pueblo que se reconoce lejos de Dios, y que clama, como leemos en el salmo, para ser restaurado por su poder. En la segunda lectura y el evangelio la perspectiva cambia: los cristianos ya han reconocido la venida de Dios en Jesús de Nazaret. Por eso se les recomienda en la primera carta a los Corintios que sean fieles mientras esperan su regreso y, en el pasaje de Marcos, que vivan vigilantes y comprometidos en la construcción del Reino. Como aquellos primeros cristianos, también nosotros vivimos entre dos certezas: que el Señor viene y que no sabemos cuándo. El evangelio nos despierta de nuestros letargos al tiempo que nos recuerda nuestra tarea en el mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje del evangelio de hoy se encuentra al final del gran discurso con que se cierra, en Marcos, la actividad pública de Jesús. Se le conoce con el nombre de “discurso apocalíptico” porque en él Jesús hace a sus discípulos algunas revelaciones que ilumina algunos aspectos de su segunda venida. El tema central del discurso es el advenimiento de Jesús, al que se identifica con un personaje del Antiguo testamento y se le denomina “Hijo del hombre”.

No debemos pensar que este discurso apocalíptico se refiere al final del mundo y, por tanto, queda lejos. Aparentemente se pone la mirada en el final de la historia, pero se dirige a un grupo concreto de cristianos que viven en la segunda mitad del siglo I antes de Cristo. El mensaje de Jesús que les recuerda es sencillo porque aparece en forma de llamada repetida al inicio, en el centro y al final del pasaje que hemos leído.

En estos versículos encontramos una clara llamada a la vigilancia: “Estad atentos, vigilad”. Dicha exhortación está ilustrada con una pequeña comparación de la que se saca la consecuencia. La breve parábola que ilustra la llamada a la vigilancia es fácil de entender. El hombre que se va de viaje es Cristo resucitado y ha ascendido al cielo. Deja su casa, su Iglesia, al cuidado de sus servidores. Cada uno debe cumplir con la tarea asignada. Todos somos, en cierto modo, porteros que hemos de permanecer despiertos, vigilantes, porque ciertamente va a venir el Señor, pero no sabemos cuándo.

Esta enseñanza no pretende hacernos vivir en el temor de un futuro incierto, es para la comunidad de Marcos una invitación a la esperanza, a revitalizar la fe. No se sabe la hora porque todas las horas son buenas para abrirse al evangelio y comprometer la existencia. Mantenerse vigilantes y fieles al mensaje de Jesús en el presente es una forma de prepararse para el futuro que sin duda aguarda. No es una llamada a la angustia, sino a estar alerta.

La llamada final del pasaje amplía el grupo de los destinatarios de las palabras de Jesús: “Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!” (Mc 13,37). En Pedro, Santiago, Juan y Andrés, que fueron los primeros en recibir la llamada y que son los destinatarios directos del discurso (Mc 13,3), están representados los seguidores de Jesús de todos los tiempos. Por tanto, todo aquel que es discípulo de Cristo tiene que vivir en vigilancia constante.

Los Padres de la Iglesia hablaban de tres venidas del Señor: la primera es la que tuvo lugar cuando se encarnó; la segunda es la que tendrá lugar al final de los tiempos; y la tercera es la venida a cada uno de nosotros. En el Adviento recordamos la primera, nos preparamos para la segunda y tratamos de hacer realidad la tercera.

ACTUALIZAMOS

El cristiano sabe que Cristo ya ha venido y vive a la espera de su vuelta definitiva. Por eso celebra anualmente la primera llegada del Señor y recuerda que toda su vida debe configurarse como una constante espera. De ahí que el eco de las palabras de Jesús, en las que nos promete su venida y nos pide que estemos vigilantes, vuelven a sonar hoy con fuerza.

  1. Los cristianos afirmamos que Jesucristo ha venido, viene y vendrá.

¿Hasta qué punto soy consciente de esta realidad? ¿Alimento mi fe con esta certeza?

  1. Desde el pasaje del evangelio de hoy:

¿Qué debe cambiar en nuestra vida para vivir adecuadamente el Adviento?

¿Por dónde podríamos empezar?

  1. “Estad atentos”.

¿Vivimos conscientes de que nuestra meta es el encuentro con Cristo o nos hemos instalado en este mundo?

  1. “… vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”.

¿Cómo esperamos la llegada del Señor? ¿Angustiados? ¿Pasivos?

¿Cómo se expresa en nuestra vida esta esperanza?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO IV

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14

En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:

«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Ajaz:

«No lo pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Isaías:

«Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel»

Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6

R./ Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R./

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R./

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo.

A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

COMENTARIO

El evangelio de Mateo aplica el oráculo del Enmanuel que hoy leemos en la 1ª lectura al nacimiento de Jesús. En él se cumplen las Escrituras de modo definitivo: la señal de que Dios salva a su pueblo es que su mismo Hijo nace de María, trayéndonos una salvación que es presencia cercana. Nuestra generación que busca al Señor como el salmista, lo puede encontrar en Jesús de Nazaret. Quien lo descubra tendrá que anunciarlo en todas partes con la misma valentía y decisión de Pablo.

El interrogante que se nos planteaba el domingo pasado, «¿eres tú el que tenía que venir?«, puede encontrar en este evangelio una contestación.

Hoy se nos dice quién es realmente Jesús: es el Enmanuel, el Dios con nosotros que viene a traernos la respuesta divina a todas nuestras esperas y esperanzas.

COMPRENDER EL TEXTO

Este pasaje del evangelio forma parte del relato de la infancia de Jesús. Sólo en Mateo y Lucas lo encontramos, son relatos compuestos después de la muerte de Jesús. En ellos se mezclan los recuerdos históricos sobre los primeros años de su vida, su lugar de nacimiento, sus padres… con la fe que su resurrección había despertado en sus seguidores.

El personaje central de este evangelio, aunque no interviene directamente, es Jesús. Su nombre inicia y concluye todo el relato: “el nacimiento de Jesús fue así” y “le puso por nombre Jesús”. Se utiliza un esquema literario del Antiguo Testamento para dar a conocer el nacimiento de un personaje famoso (Sansón, Juan Bautista…); es un relato de anunciación donde descubrimos signos divinos, como son la presencia del ángel, los sueños como momento de revelación y la encarnación virginal; estos signos provocan temor y confusión en José; el ángel anuncia el nombre y la misión del niño: Jesús salvará al pueblo de los pecados. Y al final da un signo que confirma lo dicho: el cumplimiento del oráculo profético sobre el Enmanuel.

El personaje que más veces es nombrado: Después de Jesús, quien llena todo el relato es José, 5 veces aparece su nombre. No es un personaje inactivo, sino que piensa y reflexiona para tomar una decisión ante unos hechos que le desconciertan, además es descrito como “justo”, esto se decía en el mundo judío de las personas que cumplían fielmente la ley de Moisés. Si José hubiese sido justo en este sentido habría denunciado a María, ella habría sido juzgada como adultera y apedreada. En ese momento aparecen una serie de elementos maravillosos –el ángel, el sueño, la comunicación divina– que empujan a José a cambiar de opinión. De este modo se afirma, de nuevo, que el nacimiento de Jesús fue obra de Dios. A partir de este momento José se muestra justo en otro sentido: como dice la escritura: (“sed compasivos como nuestro Dios es compasivo” Sab 12,19). Actúa de acuerdo con la voluntad de Dios y así salva a María y al niño que espera.

¿Cómo obra a partir de ese momento José?: José que es llamado por el ángel “hijo de David”, impone el nombre al niño y, de este modo, lo acepta como hijo propio. José es el que garantiza la conexión con todas las promesas y tradiciones mesiánicas del Antiguo Testamento: Jesús no sólo es hijo de Dios gracias a la acción del Espíritu Santo, sino que entra en la descendencia de Abrahán y de David gracias a la actitud obediente de José, que lo acepta en su familia.

¿Cuál va a ser la misión de Jesús? ¿Cómo complementa estas afirmaciones la cita de Isaías?: Este niño que es el Mesías se llamará Jesús y su misión será salvar al pueblo de los pecados, en él se realizan las profecías del Antiguo Testamento. El plan de salvación anunciado desde antiguo se ha cumplido en este niño. Y el apelativo Enmanuel, “Dios con nosotros”, describe como este niño va a hacer realidad la anhelada presencia del Señor en medio de su pueblo para salvarlo. Todos los títulos aplicados a Jesús que se concentran en este relato son una verdadera confesión de fe: es el Mesías, viene del Espíritu Santo, salvará a su pueblo de los pecados, es Enmanuel, Dios con nosotros. Este pasaje anuncia la cercanía de la Navidad. Nos recuerda quién es Jesús y cuál será su misión, pero además nos ofrece un modelo de cómo debemos acoger su venida entre nosotros, aunque nos resulte, como a José, difícil de comprender.

ACTUALIZAMOS

En Jesús, el Enmanuel, Dios se hace entrañablemente próximo. Y él cumpliendo sus promesas desborda todas nuestras expectativas. Con un corazón sorprendido por la ternura de Dios, estamos llamados a acoger su venida entre nosotros.

  1. “Jesús” y “Enmanuel” son los nombres de este niño:

¿Qué dicen de Dios y de su enviado?  

¿Es así el Dios que experimento en mi vida?

  1. José no comprende fácilmente, pero experimenta la presencia de Dios:

¿Sé reconocer a Dios en mi vida cuando cambia mis planes?

  1. A la luz de los nombres de Jesús que nos recuerdan que Dios “salva” y “está con nosotros”:

¿Cómo está siendo nuestro compromiso de amor con nuestro mundo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO III

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.

Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis.

¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará».

Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo.

Retornan los rescatados del Señor. Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.

Los dominan el gozo y la alegría.

Quedan atrás la pena y la aflicción.

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10

Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor.

Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.

Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle.

«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió:

«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:

“Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

COMENTARIO

Hoy, el salmista nos invita a alabar con alegría y júbilo a un Dios que es fiel a su Palabra. Esta fidelidad se concreta en su predilección por los desfavorecidos y oprimidos. Es éste el rostro divino que revela Jesús con sus acciones, en consonancia con la tradición profética que nos muestra Isaías. La gloria y el esplendor de Dios se manifiestan mediante acciones inauditas. Ante ese Dios que viene, como nos muestra Santiago, vale la pena ser perseverante y disponerse a acogerlo en estas próximas fiestas.

 COMPRENDER EL TEXTO

Isaías 35,1-6a.10

Los que tienen miedo, los que están tristes, los que pierden la esperanza, que lean estos versículos proféticos. Anuncia la venida de Dios –viene en persona-. Regocijo, gozo, alegría perpetua, que ahuyentan la pena y la aflicción. Belleza, gloria y vida hasta el páramo y la estepa. Fortaleza, no temáis, por muy cobardes que os sintáis. Salud para el ciego, el sordo, el paralítico, el mudo. Libertad para los desterrados, Dios trae el desquite. Son las maravillas del amor de Dios.

El profeta anuncia de nuevo la salvación en la paradoja: El Señor anuncia el fortalecimiento de las rodillas vacilantes y de las manos débiles que no valen para la guerra. La fuerza del pueblo no está en la fuerza de los guerreros sino en la esperanza y la confianza en Dios. Desierto, yermo, páramo, estepa; imágenes de esterilidad y de abrasamiento, son transformados por Dios en caminos de esperanza, de florecimiento en paz y gozo… El Dios de Israel salva, pero sus caminos no son los de los imperios al estilo del de Babilonia.

Santiago 5,7-10

Se anunció la venida del Señor, y el Señor vino en persona. Después el Señor marchó, y se anuncia otra vez su venida –la venida del Señor está cerca-, pero tardaba en volver. Los días y los años pasaban y todo seguía igual.

Ante esta duda y el nerviosismo de las primeras generaciones cristianas, los apóstoles aconsejan paciencia, como la de los labradores, como la de los profetas.

Mateo 11,2-11

Juan es profeta y más que profeta. Escogido para abrir caminos al Mesías y presentado al pueblo. Ahora está en la cárcel por su denuncia de la injusticia.

Pero lo que más le desequilibra no es la falta de libertad, sino la falta de luz [Eres Tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro] ¿Qué pasa con el Mesías? ¿En qué se nota su presencia? ¿Por qué permite la injusticia? ¿No iba a venir con hacha y con fuego? ¿No quemaría la paja y la escoria?

Jesús alaba a Juan y le ofrece como respuesta signos liberadores: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí… “YO ENVIO MI MENSAJERO delante de ti, para que PREPARE EL CAMINO.

Signos mesiánicos

Alegría (no una alegría que se compra sino la alegría profunda que surge del interior, de saberse amado y correspondido, aceptado, valorado, perdonado y de tener alguien a quien amar…), libertad, salud, salvación, gozo, vida… Cuando llega el Mesías, los signos florecen a su paso. Pero no son hechos apabullantes, se presentan envueltos y adornados con la humildad y la sencillez. Son semillas, no espectáculos. Son signos muy humanos.

Juan Bautista y el pueblo esperaban un Mesías con poder y con gloria, al estilo que presentaba el diablo en el desierto. Los mismos apóstoles pensaban así, y seguían a Jesús esperando buenas recompensas políticas y económicas.

Los signos mesiánicos con los que anunciaba Isaías y los que escogió Jesús para responder a Juan: Todos están relacionados con el amor y la misericordia. Venían con colirio para los ojos, con aceite para las heridas, con pan y vino para los hambrientos, con llaves para abrir las cárceles y los infiernos. Venían con la paz y el amor. Venían con cantos para los tristes y luz para los deprimidos. Con buenas espaldas para cargar con los pecados de todos. Esos son los milagros del amor misericordioso y liberador.

Y estos son los signos que ha de seguir actualizando la Iglesia y todas las comunidades cristianas, todos los creyentes en Jesús. Salgamos de los despachos y sacristías, de nuestras comodidades y seguridades, de nuestros prejuicios e intolerancias, de nuestro quedarnos en el pasado.

La gran novedad de Jesús

La gran novedad de Jesús es, desde donde anuncia el Reino de Dios y actúa. Provoca entusiasmos entre los sencillos y los pobres, y provoca malestar entre los escribas, fariseos, sacerdotes… La opción por los excluidos y marginados es el distintivo de su misión.

El problema de hoy no consiste en demostrar la existencia de Dios, sino en mostrar dónde podemos encontrarnos con Dios, dónde buscarle, desde dónde Dios se nos acerca, se nos revela, nos ama, nos ilumina. Jesús nos dice que Dios hace todo eso desde los pobres, por tanto, ahí hay que buscarle. Si queremos ser creíbles, debemos revisar desde donde vivimos y se anuncia el Evangelio. Jesús encarnado viene a llamar a todos, pero llama a los ricos desde los pobres, no al revés. Como sería normal en nuestro mundo.

ACTUALIZAMOS

El evangelio de hoy nos ha puesto de nuevo en contacto con Juan, uno de los grandes personajes del Adviento. Su vida y misión están en función de Jesús, del anuncio de su inminente llegada. La meditación de este evangelio ha de iluminar también nuestra misión a favor del Reino

  1. Los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados”:

¿Cómo estamos llamados los cristianos y la iglesia a realizar esta misma misión hoy?

  1. Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”:

¿Cómo puedo yo preparar el camino al Señor en este Adviento para que llegue a otros de mi entorno?

  1. ¿Eres tú el que ha de venir…?

¿Dónde busco respuesta a mis esperanzas? ¿Qué espero en este momento de mi vida? ¿Responde Jesús a mis esperanzas?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10

En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.

Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor.

Lo inspirará el temor del Señor.

No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.

La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor.

La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja.

El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid.

Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

Salmo 71, 1bc-2, 7-8, 12-13. 17

R./ Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R./

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R./

Que su nombre sea eterno
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15, 4-9

Hermanos: Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.

Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús; de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: «Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre».

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 1-12

Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:

-«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Este es el que anunció el profeta Isaías, diciendo:

«Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

– «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?

Dad el fruto que pide la conversión.

Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Tenemos por padre a Abrahán», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.

Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

COMENTARIO

Juan Bautista anuncia con fuerza y con tintes de juicio final la venida del Señor. El que llega con Jesús es Dios mismo con su Reino, y hay que cambiar. Pero no debe ser por miedo a un castigo, sino porque el Señor en persona trae un tiempo de plenitud. El Reino de los Cielos, tal como aseguran el salmista y el profeta Isaías, conlleva un periodo de justicia y paz, donde todos, sobre todo los últimos, tendrán una oportunidad de felicidad. El Mesías investido con el Espíritu de Dios, hará lo que no han sido capaces de llevar a cabo los reyes en Israel. En este inicio de Adviento, como exhorta Pablo, fiémonos de la Palabra de Dios y mantengámonos firmes en la esperanza.

COMPRENDER EL TEXTO

Si el evangelio del domingo pasado, al inicio del Adviento, nos urgía mantenernos vigilantes y preparados, hoy nos invita a la conversión y al cambio ante el Señor que viene. Para ello nos recuerda, con un texto del evangelio de Mateo, que el tiempo definitivo está ya próximo.

Durante el Adviento nos preparamos para la venida del Mesías. A esa llegada debía disponerse el pueblo de Israel. Toda esa espera y preparación se condensa, en el evangelio de este domingo, en la figura de Juan el Bautista. Todos los evangelios hablan de él, y relacionan los comienzos de la actividad de Jesús con su predicación y con su bautismo. Mateo es el que lo presenta con rasgos más cristianos, subrayando la continuidad entre ambos personajes. Hoy es el Bautista el que aparentemente toma el centro de la escena, se presenta con su estilo de vida y con sus palabras, e invita a dirigir la mirada hacia el más fuerte que viene detrás de él.

Según Mateo, tanto Juan como Jesús y los apóstoles anuncian la llegada del Reino de Dios con las mismas palabras. Pero el Reinado de Dios anunciado por el Bautista es diferente al de Jesús y los apóstoles, como muestran los diferentes bautismos que llevan a cabo. En una primera parte (Mt 3,1-6) el evangelista resume el mensaje y describe su misión, que tienen un marcado tinte escatológico, referente al tiempo final y definitivo. Juan aparece, con su predicación penitencial, como el profeta de un juicio definitivo e inminente.

En la segunda parte del pasaje de hoy (Mt 3,7-10), el Bautista pronuncia unas palabras muy duras para los fariseos y saduceos. Les recrimina por pensar que actuando así tienen un salvoconducto ante el juicio definitivo. Su bautismo no se podía quedar en un simple rito. Ésa es la tentación que denuncia Juan en los fariseos y saduceos, que se creían perfectos hijos de Abrahán por ser miembros de un pueblo o por defender doctrinas sobre Dios sin implicaciones vitales. La purificación externa del bautismo, pues, tenía que llevar aparejado un estilo de vida conforme a la voluntad de Dios. Para mostrar en qué consiste esa auténtica conversión utiliza la imagen del árbol que debe dar frutos. Su vitalidad se prueba por los frutos que da. Pero se trata de unos árboles que no tienen otra oportunidad. El hacha está esperando por si no dan frutos.

Las palabras finales (Mt 3,11-12) se refieren a Jesús y explican cómo Juan prepara el camino al Señor, insistiendo también en las diferencias entre ambos. La conversión aparece de nuevo aquí como un requisito para poder recibir a Jesús. Para ello se repiten algunas imágenes parecidas a las que el Bautista ha dirigido a los fariseos y saduceos. Se refieren, lo mismo que el fuego, al juicio que tendrá lugar al final de los tiempos. Pero también aparece la diferente concepción del Reinado de Dios por parte de Jesús, manifestada en el bautismo que es la puerta de acceso a ese Reinado. El bautismo de Juan es un rito que expresa la conversión ante el juicio, mientras que el de Jesús es de Espíritu Santo y fuego, imágenes que indican la incorporación activa a la misión de la Iglesia.

Las tres partes en las que se divide el evangelio de hoy hablan de la necesidad de una conversión que se manifiesta en obras. Éste es el principal mensaje del evangelista.

ACTUALIZAMOS

Las palabras del Bautista cobran actualidad en Adviento: “arrepentíos”, “preparad el camino”. De nuevo resuenan hoy con fuerza y nos invitan a convertirnos, a cambiar de mentalidad, a redescubrir nuestra condición de bautizados.

  1. “Voz que grita en el desierto”

¿Cómo puedo ser una voz que anuncie buenas noticias en medio de mi ambiente?

  1. “Dad frutos que prueben vuestra conversión”

¿Qué frutos estoy dando en este momento de mi vida para que mi voz sea creíble y el Reino siga llegando?

  1. “Tiene en su mano el bieldo y va a aventar su parva”

¿Qué motivos de esperanza genera en mí el hecho de que Jesús va a ser el juez?

LECTIO DIVINA – CICLO A – ADVIENTO DOMINGO I

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y de Jerusalén:

En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas.

Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán:

«Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob.

Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».

Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

Salmo 121,  1-2. 4-5. 6-7. 8-9

R./ Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.» R/.

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor,
nuestro Dios, te deseo todo bien. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 11-14a

Hermanos:

Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.

Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

COMENTARIO

En el comienzo de un nuevo año litúrgico, las dos parábolas del evangelio de este primer domingo de Adviento nos invitan a velar y estar preparados para la llegada del Señor. Mientras preparamos la venida del Hijo del hombre, esas dos han de ser nuestras actitudes. Pero lejos de provocar miedo o angustia, estas parábolas deberían generar alegría. Porque, como dice el profeta Isaías, avanzamos hacia la Luz del Señor, nos encaminamos no hacia un final destructivo, sino hacia un tiempo de salvación en el que hay paz y convivencia fraterna. Por eso el salmista nos invita a estar alegres y alabar a Dios mientras peregrinamos a la casa del Señor, y san Pablo, a llevar un estilo de vida propio de los hijos de la luz.

COMPRENDER EL TEXTO

En las parábolas de este domingo se hace hincapié en la venida del Hijo del hombre y en las actitudes con las que hay que preparar y esperar esa venida. Estos versículos pertenecen al llamado “discurso apocalíptico” del evangelio de Mateo (Mt 24-25). Mediante un lenguaje propio de este género literario, se habla de los últimos tiempos. Paradójicamente, abundan las imágenes de catástrofes y tribulaciones para expresar la llegada del juicio y la salvación que trae consigo. Mateo asumió básicamente el discurso de Marcos (Mc 13), pero lo reelaboró y amplió para señalar a su comunidad cristiana la actitud que debía adoptar mientras esperaba el retorno de Jesucristo y la llegada definitiva del Reino de los Cielos. Para él, lo más importante era el anuncio de la venida del hijo del hombre.

Según el Antiguo Testamento, el Hijo del hombre vendría a juzgar a la humanidad (Dn 7,13-14). Este personaje aparecería, al final de los tiempos, como un juez revestido con el poder y la gloria de Dios. No se conocía ni el momento ni el modo. Los primeros cristianos identificaron a Jesús como el Hijo del hombre, y esperaban su venida gloriosa. Pero la espera se prolongaba, el Reino no aparecía y Jesús no regresaba. Entonces surgen la duda y la pregunta en la segunda generación cristiana, momentos en el que se ponen por escrito los evangelios.

Los discípulos se acercan a Jesús, que está sentado en posición de enseñar, y le preguntan cuándo y cómo sucederá el fin de los tiempos. Estas preguntas muestran la preocupación de la segunda generación Cristiana, a la que pertenece la comunidad de Mateo (70-100 d.C.). En esta comunidad se empiezan a comprobar signos de abandono, rutina y dejadez ante el retraso de la esperada llegada de Jesús en gloria. Además, en medio de Judea han ocurrido sucesos que muchos identificaban con los del fin de los tiempos, como son la guerra contra Roma y la destrucción del templo de Jerusalén. Frente a estas inquietudes, Jesús responde que lo más importante no es tanto el momento y el modo, cuanto cómo deben esperar ese momento. Para ello echa mano de dos parábolas. En la primera (Mt 24,37-42) se recuerda cómo Dios vino de forma inesperada en tiempos de Noé.

Jesús comienza hablando de Noé para poner la atención en el comportamiento de los que vivieron antes del diluvio y la actitud que reflejan sus obras. Seguían su ritmo de vida normal. No percibían la acción de Dios en la cotidianeidad de sus vidas. Nadie conocía ni preveía el diluvio y no se preparaban para este acontecimiento. Ante la llegada de Cristo hay que esperar vigilantes. No se puede vivir despreocupadamente, como si nada fuese a ocurrir. La segunda parábola (Mt 24,43-44) nos presenta al ladrón que llega en medio de la noche. Como en la primera parábola, la del ladrón insiste en la hora también desconocida. Una serie de datos empujan a tomar mayores medidas de atención: el ladrón actúa con nocturnidad, sin previo aviso y a la hora menos pensada.

Recurriendo al comportamiento de los contemporáneos de Noé y a la imagen del ladrón se subraya que no se sabe cuándo vendrá Jesús, el Hijo del hombre. Cada una de estas dos partes termina con una exhortación. Los discípulos de Jesús tienen que estar atentos y preparados siempre, precisamente porque no saben cuándo sucederán estas cosas. Desde el punto de vista del evangelista, esto es lo más importante. En ambos casos se trata de una advertencia que sigue siendo actual para todos nosotros: ¡Velad! ¡Estad preparados!

ACTUALIZAMOS

Como aquellos primeros cristianos, también nosotros vivimos de esperanza ante la venida del Señor al final de los tiempos. Esto se subraya con fuerza durante el Adviento. Por eso el grito con el que la Iglesia nos despierta para que nos preparemos para la venida del Señor durante este tiempo es: ¡Velad! ¡Estad preparados!

  1. Al inicio del Adviento y ante este evangelio,

¿Qué aspectos de la fe se iluminan?

¿Cómo entiendo y experimento su venida en mi vida cotidiana?

  1. Hemos de estar vigilantes.

¿Qué significa para mí vigilar y estar preparado para la venida de Jesús?

¿A qué cosa he de prestar atención para concretar estas actitudes?

  1. La venida del Hijo del hombre es imprevisible pero segura.

¿Me angustia pensar en la venida del Hijo del hombre?

¿Por qué?