NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA
PATRONA DE LA ARCHIDIÓCESIS DE MADRID
Lectura de la profecía de Zacarías 2, 14-17
Alégrate y goza, Sion, pues voy a habitar en medio de ti -oráculo del Señor-.
Aquel día se asociarán al Señor pueblos sin número; ellos serán mi pueblo, y habitaré en medio de ti.
Entonces reconocerás que el Señor del universo me ha enviado a ti.
Judá será la herencia del Señor, su lote en la tierra santa, y volverá a elegir a Jerusalén.
¡Silencio todo el mundo ante el Señor que se levanta de su morada santa!
Salmo Jdt 13, 18bcde. 19
R./ Tú eres el honor de nuestro pueblo.
Hija, que el Dios altísimo te bendiga
entre todas las mujeres de la tierra.
Alabado sea el Señor,
el Dios que creó el cielo y tierra. R./
Tu esperanza permanecerá
en el corazón de los hombres
que recuerdan el poder de Dios por siempre. R./
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.
Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.
Y oí una gran voz desde el trono que decía:
«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».
Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.
Y dijo el que está sentado en el trono:
«Mira, hago nuevas todas las cosas».
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
COMENTARIO
Fiesta de la Almudena: Su imagen fue descubierta milagrosamente en la cuesta de la Vega en 1085, había sido ocultada ante el avance de los musulmanes y Alfonso VI prometió buscarla cuando conquistara Toledo. Almudena viene de Almudaina, que significa ciudadela, fortificación.
El Papa Pablo VI la declaró oficialmente patrona de Madrid en 1977.
Fueron grandes devotos de esta imagen de la virgen S. Isidro Labrador, su esposa Santa María de la Cabeza y San Ildefonso de Toledo.
COMPRENDER EL TEXTO
Zacarías 2, 14-17
Llamada a los exiliados. Se interrumpe el ritmo de las visiones para insertar este himno de gozo y alegría que celebra la liberación de Jerusalén. Al castigo de las naciones que oprimieron al pueblo de Dios sucede el júbilo de la liberación de los oprimidos. El movimiento lo pone en marcha la predilección de Dios por su pueblo. El destierro había sido castigo medicinal; por eso, el mismo Dios que los dispersó estimula ahora la huida y el castigo de los opresores.
El motivo de la alegría de Sión será la presencia salvadora del Señor en medio de ella.
El pueblo será numeroso, porque no sólo volverán los desterrados, sino que muchas naciones se harán también pueblo de Dios.
La perspectiva universalista, el mensaje consolador y el tono de alegría recuerdan los oráculos del Segundo Isaías (Is 40-55)
Apocalipsis 21, 1-5a
La aparición de la ciudad santa, la nueva Jerusalén, se presenta como la culminación del libro; es la aspiración de toda la aventura humana de la historia de salvación.
La aparición de la nueva Jerusalén viene de Dios, su origen es divino y por ello instaura un nuevo orden de cosas y exige que todo lo viejo sea transformado. Juan declara que lo antiguo ha envejecido y ya no sirve (Is 65,17; 66,22). El mar, símbolo de potencias hostiles, desaparecerá. Lo que era lugar de la conducta pecadora del hombre, el cielo y la tierra, deben ser cambiados; se van a representar unas bodas entre Cristo y la Iglesia. Las relaciones humanas serán nuevas. Y Dios mismo empezará a secar las lágrimas de dolor, y no habrá más muerte, ni trabajo que oprima, porque eso pertenece al orden antiguo. La palabra de las profecías (Is 25,8; 35,10; 65,19; Ap 7,16) se cumple.
La presencia de la nueva Jerusalén, regalo gratuito de Dios, colma las aspiraciones de las mejores páginas de la Biblia, se realiza la unión, ya para siempre, de Dios con la humanidad transformada. Se cumple lo que ansiaba la humanidad, y que de tantas formas ha expresado la Biblia: la marcha del Éxodo; los anhelos de los profetas y de los reyes del pueblo. Se materializa la aspiración del mismo Dios por plantar, de una vez por todas, una tienda permanente (Ez 48,35; Zac 14,16): la morada de Dios con la humanidad, la presencia estable de Dios entre los hombres, Dios con nosotros (Zac 8,8), la revelación de Dios como Padre y del pueblo como hijo (2Sam 7,14; Heb 1,5; Rom 8,15.29), Dios, padre de todos. Se realiza así por fin el ideal de la alianza.
Dios, con su poder creador, hace nuevas estas realidades, hace un nuevo génesis.
Juan 19, 25-27
En este pasaje, se nos invita a contemplar la muerte del Señor en la cruz con la misma mirada de fe que el evangelista nos propone. Y descubrir que esta es la hora de la victoria de Jesús, la hora de su glorificación, la hora en la que culmina la misión que el Padre le había encomendado.
El evangelio de Juan nos sitúa junto a la cruz de Jesús, en el mismo lugar donde estaban su madre y el discípulo amado. Desde allí, el evangelista nos invita a mirar al Traspasado con los ojos de la fe. Esa mirada creyente nos ayudará a comprender que sus heridas nos han curado; que, más allá de las apariencias, el Crucificado es el Glorificado; que su muerte no es la demostración de su fracaso, sino el signo de su victoria; que su corazón abierto es la señal más grande de su amor por nosotros.
La madre de Jesús está junto a su hijo que sufre. Al verse en trance de muerte, Jesús, hijo único de María, se preocupa por el futuro incierto de su madre viuda, y la encomienda a los cuidados de su mejor amigo, que la acoge desde aquel momento en su propia casa. Hasta aquí llega lo que podemos ver con los ojos del cuerpo. Pero el evangelista nos invita a abrir los ojos de la fe y seguir las pistas que nos ha ido dejando en forma de expresiones simbólicas.
La presencia de María, su reaparición, nos recuerda la última vez en la que la vimos actuar con ocasión de las bodas de Caná (Jn 2,1-12). Entonces, Jesús, se resistió a actuar porque todavía no había llegado su hora. Fue su madre la que le pidió mostrar su gloria antes de tiempo. Al pie de la cruz esa hora ha llegado y María está de nuevo junto a él. En Caná, Jesús transformó el agua en vino por insinuación de su madre. Ahora brotará de su costado sangre y agua y ella estará allí para recoger el vino nuevo que sellará la Alianza definitiva de Dios con los hombres.
En esta escena, María no hace sólo el papel de madre de Jesús. Su maternidad se extiende a una multitud de nuevos hijos simbolizados por el “discípulo amado”. María personifica a la Iglesia y el “discípulo amado” representa al seguidor ideal de Jesús, al verdadero creyente que es capaz de perseverar hasta el final con su Maestro. La muerte de Jesús es fuente de fecundidad porque, gracias a ella, su madre se convertirá en madre de todos aquellos que le siguen. Por eso es llamada “mujer”, para recordarnos que es la Nueva Eva, capaz de dar a luz una humanidad renovada (Gn 4,1).
Contemplar al Crucificado con los ojos de la fe nos cura, nos salva y nos da la vida eterna. Fijar la vista en el Traspasado nos exige solidarizarnos con Él e identificarnos con su destino.
ACTUALIZAMOS
Miramos nuestra vida
Al contemplar al Crucificado con los ojos de la fe, como hace María, hemos descubierto que su sufrimiento no ha sido inútil. Su sacrificio es fuente de vida para todos. De su corazón abierto brota el Espíritu que renueva la humanidad. Si nos situamos al pie de las cruces de nuestros hermanos que sufren y desde allí los miramos con la misma mirada de fe con la que hemos contemplado al Traspasado, seguro que encontramos motivos para permanecer junto a ellos. Sus heridas, sus llagas, sus corazones desgarrados… pueden ser el lugar en el que Dios nos dé a beber del agua de la vida.
- En nuestra vida:
¿Qué podemos hacer para vivir nuestro sufrimiento desde la esperanza y no desde el desánimo?
- En este mundo:
¿De qué manera deberíamos acercarnos a los “crucificados” y “traspasados” de nuestro mundo?
¿Cómo podemos ofrecerles consuelo y animarlos a seguir luchando?
- En el camino del discipulado:
¿Cómo nos ayuda la identificación y cercanía de María y de Juan con respecto a Jesús para sentirnos en el camino del discipulado?