Tras la COP30, logros, fracasos, aprendizajes y compromisos

El martes 9 de diciembre a las 18 h. tendrá lugar en la Fundación Pablo VI de forma presencial y también online una sesión con diversas organizaciones para evaluar y poner en común los logros y los fracasos de esta cumbre. Entidades como Enlázate por la Justicia, ECODES, Greenpeace y el Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española reflexionarán juntos sobre las luces y las sombras de esta última Cumbre del Clima, sobre cómo seguir avanzando por el cumplimiento de los compromisos del Acuerdo de París, la justicia climática y en la promoción de un cambio en los comportamientos individuales y colectivos para el cuidado integral de la dignidad humana y de la casa común.

Entre los participantes, se contará con María del Carmen Molina, miembro del Departamento de Ecología Integral de la CEE; Pablo Berrechenea, por parte de ECODES; Tagoy Estelou, agustino recoleto (REDES – Enlázate x la Justicia); y Pedro Zorrilla, en representación de Greenpeace – España.

Se requiere inscripción, es gratuita.

XXIII Formación de Acompañamiento a las Familias

Hoy miércoles 26 de noviembre de 2025 a las 20:00 horas tendremos la “XXIII Formación de Acompañamiento a las Familias con hijo/a de orientación sexual diversa”, que nos expondrá la doctora en medicina, doña Carmen Sánchez Carazo, con el título “Corresponsabilidad y Sinodalidad: Personas LGTBI en la Iglesia”, coordinará el encuentro Doña María Bazal, Delegada de Familia y Vida del Arzobispado de Madrid.
La conferencia tendrá lugar a través de la plataforma de Zoom’: https://us06web.zoom.us/j/84741550646?pwd=ufi02oqFppuL24pAcPsTD2m4rF1thl.1

La siguiente reunión tendrá lugar D.m. el próximo viernes 19 de diciembre de 2025 a las 18:30 horas en formato presencial en el espacio O_Lumen (C/ Claudio Coello 141, 28006 Madrid).  Presentación de la propuesta para acompañar a madres y padres con hijos e hijas LGBT “El viaje Arco Iris”.

Os esperamos, recibid un afectuoso saludo,
María Bazal y José Barceló
Delegados E. Familia y Vida
Arzobispado de Madrid

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXII «DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN»

Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.

De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este –el templo miraba al este–. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.

Me dijo:

«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.

En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9

R./ Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R./

Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R./

El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 9c-11. 16-17

Hermanos:

Sois edificio de Dios.

Conforme a la gracia que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, puse el cimiento, mientras que otro levanta el edificio. Mire cada cual cómo construye.

Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:

«El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».

Jesús contestó:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

COMENTARIO

Nosotros, obreros de la Iglesia viva, antes de poder erigir estructuras imponentes, debemos excavar en nosotros mismos y a nuestro alrededor para eliminar todo material inestable que pueda impedirnos llegar a la roca desnuda de Cristo (cf. Mt 7,24-27). San Pablo nos lo dice explícitamente en la segunda lectura, cuando afirma que «el único cimiento válido es Jesucristo y nadie puede poner otro distinto» (3,11). Y esto significa volver constantemente a Él y a su Evangelio, dóciles a la acción del Espíritu Santo. De lo contrario, correríamos el riesgo de sobrecargar con estructuras pesadas un edificio con cimientos débiles.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, al trabajar con todo nuestro empeño al servicio del Reino de Dios, no nos apresuremos ni seamos superficiales: excavemos profundamente, libres de los criterios del mundo, que con demasiada frecuencia exige resultados inmediatos porque no conoce la sabiduría de la espera. La historia milenaria de la Iglesia nos enseña que sólo con humildad y paciencia se puede construir, con la ayuda de Dios, una verdadera comunidad de fe, capaz de difundir la caridad, de favorecer la misión, de anunciar, celebrar y servir a ese Magisterio apostólico del que este templo es la primera sede (cf. S. Pablo VI, Ángelus, 9 noviembre 1969). (homilía del Papa León XIV, 09-11-2025)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la profecía de Ezequiel 47, 1-12 se habla del agua que sale del templo y se convierte en torrente impetuoso que sana y da vida a las zonas más áridas y más aisladas de la tierra santa. Uno de los fundamentos de la riqueza de Babilonia era el río Éufrates, muy conocido por Ezequiel. El profeta se sirve de la imagen del agua, y contempla a Sión toda ella recreada por los brazos de un río abundante y ve cómo del templo mana una fuente de agua que corre impetuosa desde los cimientos de ese lugar en el que Dios habita y donde se celebra su culto.

Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 9c-11. 16-17. El juicio de Dios revelará también el valor y la dignidad de cada persona, sobre todo de cada cristiano, a quien Pablo considera templo de Dios y morada del Espíritu. No sé si hoy estamos en situación de hacernos idea de la seriedad con que el mundo antiguo respetaba la santidad de un templo y castigaba su profanación. Pablo amenaza con la destrucción del profanador.

Evangelio según san Juan 2, 13-22. Sustitución del templo. Los sinópticos sitúan este episodio en la última semana de la vida de Jesús. Probablemente demasiado tarde. Un reto tan importante lanzado al judaísmo no puede dejarse para última hora. Muy probablemente Juan lo presenta demasiado pronto. Semejante acción presupone una larga actividad, que haya dado a conocer a Jesús. Para el cuarto evangelio es un gesto programático que, como tal, debe figurar al principio de la actividad de Jesús.

El análisis del texto nos descubre su aspecto programático: el episodio es introducido mediante la afirmación sobre la proximidad de la fiesta judía de la pascua. Esta forma de mencionar la fiesta principal de los judíos indica distancia y separación frente a ellos. Además la pascua era fiesta de liberación. Evocaba el paso de la esclavitud a la libertad (Ex 12,17; 13.10). En tiempos de opresión, el pensamiento de la liberación se acentuaba más; surgía inevitablemente la idea de una nueva liberación. Y éste era el caso en tiempos de Jesús.

Con motivo de la fiesta, y para atender a las necesidades de los peregrinos, se organizaba en torno al templo, en el atrio de los gentiles, un gran mercado que ofrecía todo lo necesario para los sacrificios. Los más pudientes compraban ovejas o bueyes. Los menos afortunados adquirían palomas. La presencia de los cambistas era necesaria ya que las ofrendas debían hacerse en moneda judía, para evitar las efigies del emperador o de los dioses paganos que figuraban en otras clases de moneda. Era todo un negocio, sobre todo para la clase sacerdotal. El gesto de Jesús es interpretado como una acción profética en la tradición sinóptica, que cita a Isaías (Is 56,7) y a Jeremías (Jr 7,11). El texto de Juan cita a Zacarías (Zac 14,21), que hace referencia clara a los tiempos mesiánicos. Estos han llegado. Es la gran enseñanza que ofrece el evangelio de Juan: Jesús inaugura un tiempo nuevo en el campo de las relaciones del hombre con Dios. Reemplaza al templo antiguo, que era la institución más significativa de Israel.

En este evangelio, en lugar de hablar de la purificación del templo, sería más exacto referirse a la “sustitución” del mismo. Jesús no es sólo un profeta reformador, es el Hijo de Dios. Al designar al templo como la casa de mi Padre, Jesús se presenta como el Hijo, que tiene autoridad en el templo y sobre él. Una autoridad que sólo tenía Dios. Quien tiene autoridad sobre el templo es el Señor. El evangelio de Juan es el único que constata la acción de Jesús de echar fuera del recinto del templo a los animales, ovejas y bueyes. Ya no eran necesarios. El templo antiguo, con todo lo necesario para que pudiese cumplir su función sacrificial, era sustituido por el nuevo templo: Jesús es el nuevo templo, el lugar del encuentro del hombre y Dios.

ACTUALIZAMOS

Rezamos y meditamos con esta oración.

Mercaderes

 Hay que enfadarse y gritar
contra el que profana vidas,
el vendedor de apariencias,
contra el mercader de credos
y el usurero de penas.

Hay que devolver un «no»
a quien comercia con guerras,
y oponer la fe desnuda
a las armas, a las fieras
que a zarpazos amenazan
esta humanidad hambrienta
de sentido, de palabra,
de esperanza, de inocencia.

Hay que tirar por el suelo
las mesas de los cambistas
que regatean con leyes
y manipulan conciencias.
Plantarle cara a lo indigno,
aunque resistir convierta
en incómodo a quien lucha,
en peligroso al que alega
que no es amar un negocio,
ni el egoísmo bandera.

Hay que despejar el templo
de cerrojos y cadenas,
de credos atornillados,
y corazones de piedra.

Hay que silenciar el ruido,
y dar voz a los profetas.

(José María R. Olaizola, SJ)

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIV «NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO»

Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron:

«Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”».

Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.

Salmo 121, 1bc-2. 4-5

R./ Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R./

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 12-20

Hermanos:

Demos gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles.

Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 23, 35-43

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:

«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había también por encima de él un letrero:

«Este es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».

Y decía:

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le dijo:

«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

COMENTARIO

En consonancia con la fiesta que celebramos, las lecturas de este domingo giran en torno a la figura del rey. En el pasaje del libro de Samuel, David es ungido por los ancianos del pueblo. Los discípulos de Jesús supieron reconocerle como el Cristo (ungido), como el sucesor esperado de aquel gran rey de Israel. Así lo presenta el evangelio de Lucas, pero su entronización no tendrá lugar en un palacio, sino en la cruz. El autor de la carta a los Colosenses, mediante un precioso himno, exalta a Cristo como rey de todo el universo según el designio amoroso de Dios.

COMPRENDER EL TEXTO

Al terminar el año litúrgico celebramos la fiesta de Jesucristo, Rey del universo. Jesús, a quien hemos acompañado como discípulos a lo largo de todo el año, ha anunciado con su palabra y sus obras la venida del Reino de Dios. El Padre lo ha puesto todo en sus manos y ahora se manifiesta como rey, como Señor del tiempo y del espacio. Veamos la peculiar forma con la que el evangelio de Lucas propone la realeza de Jesús.

Hoy la liturgia propone la lectura de un fragmento amplio de la crucifixión de Jesús tomado del relato de la pasión de san Lucas. De entrada, resulta llamativo que para celebrar la realeza de Jesús leamos un pasaje en el que lo encontramos en la cruz, próximo a su muerte y en medio de las burlas de cuantos lo rodean. Pero es en esa situación en la que el evangelista presenta a Jesús como rey, rompiendo así con las expectativas mesiánicas de muchos. Contemplemos despacio y con atención esta escena para descubrir el sentido profundo que Lucas transmite con ella.

En primer lugar, aparece el pueblo del que sólo se dice que está mirando. Pero a continuación se describe sucesivamente la actuación de las autoridades, de los soldados y de uno de los malhechores. Todos ellos se burlan de Jesús. En el otro bando se sitúa el “buen ladrón”, que se enfrenta al primer malhechor y defiende la inocencia de Jesús. Como hemos visto, las burlas se dirigen hacia su persona en tres andanadas sucesivas, y en todas ellas se repite el verbo “salvar”. Además, se aplican a Jesús diversos “títulos”. Es denominado “Mesías de Dios”, “el Elegido” y “rey de los judíos”, en tres frases en las que se cuestiona su capacidad para salvarse a sí mismo. Además, en la inscripción que ponen sobre su cabeza especificando el delito por el que es condenado también estaba escrito: “Este es el rey de los judíos”. En boca de quienes las pronuncian, esas palabras no constituyen un reconocimiento de la dignidad de Jesús, ni expresan un ápice de fe en ninguno de ellos. Son más bien un insulto sarcástico de aquellos que, victoriosos, creen haber desenmascarado a Jesús. Esperaban un Mesías-rey, poderoso, salvador, y lo que tienen delante es un despojo humano. El relato cambia de tono cuando entra en escena el buen ladrón.

Además de recriminar la actitud del primero de los malhechores, las palabras de este buen ladrón contienen el reconocimiento de la propia culpa, una declaración de la inocencia de Jesús y la petición de que le tenga presente cuando vuelva como rey. A diferencia de los anteriores, éste sí ha descubierto quién es Jesús. El evangelista, en línea con el Antiguo Testamento, presenta a Jesús en la cruz como el cordero llevado al matadero, el Mesías sufriente, distinto del esperado por quienes lo insultaban. Como en el caso del publicano que leíamos hace unas semanas (Lc 18,9-14), desde la fe y el reconocimiento de su situación brota la súplica. En el umbral de la muerte, este buen ladrón, en contraste con el otro, que no tiene temor de Dios, se dirige a Jesús desde la fe: cree realmente en su realeza, que un día se manifestará.

Desde la cruz, Jesús completa el plan misericordioso de Dios. El perdón a quienes lo crucifican (Lc 23,34) y la promesa al buen ladrón de compartir su propio destino son la expresión de su victoria, del poder de un rey que tiene autoridad para perdonar. La triple oleada de insultos, con el “sálvate”, es transformada en manifestación de misericordia y salvación. De esta manera subraya Lucas el aspecto salvífico de la crucifixión y muerte de Jesús: exaltado como rey en la cruz, trae la salvación a todos los seres humanos que sufren. Su victoria sobre la muerte constituye la manifestación de su reinado no sólo para los judíos, sino sobre todo el universo.

ACTUALIZAMOS

Lucas nos cuenta una historia del pasado: entre burlas e insultos, Jesús se manifiesta como rey a través de su muerte en la cruz. Sólo uno es capaz de reconocer su realeza. Volvamos ahora la mirada a nuestros días para meditar sobre el significado del reinado de Cristo en nuestra vida y en la de cuantos nos rodean.

  1. Decir que Jesús es rey puede entenderse de muchas maneras:

¿Cómo nos ayuda este pasaje a comprender la realeza de Jesús?

¿Cómo podemos manifestar en nuestras vidas que Jesús es nuestro rey, tal y como nos lo ha dado a entender el evangelio de hoy?

  1. Jesús muere en la cruz en medio de las burlas de los que se sienten victoriosos.

¿Quién tiene realmente más poder, el que castiga o el que perdona?

¿Cómo podemos llevar esta enseñanza a nuestro compromiso diario?

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIII

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 19-20a

He aquí que llega el día, ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja; los consumirá el día que está llegando, dice el Señor del universo, y no les dejará ni copa ni raíz.

Pero a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra.

Salmo 97, 5-6. 7-8. 9ab. 9cd

R./ El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R./

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos,
aclamen los montes. R./

Al Señor, que llega
para regir la tierra. R./

Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 7-12

Hermanos:

Ya sabéis vosotros cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar, no comimos de balde el pan de nadie, sino que con cansancio y fatiga, día y noche, trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de vosotros.

No porque no tuviéramos derecho, sino para daros en nosotros un modelo que imitar.

Además, cuando estábamos entre vosotros, os mandábamos que si alguno no quiere trabajar, que no coma.

Porque nos hemos enterado de que algunos viven desordenadamente, sin trabajar, antes bien metiéndose en todo.

A esos les mandamos y exhortamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con sosiego para comer su propio pan.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo.

«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».

Ellos le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo:

«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

Entonces les decía:

«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.

Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

COMENTARIO

Llegamos al final del año litúrgico, y por ello se nos recuerda que la historia de salvación llegará un día a su fin. El profeta Malaquías evoca el juicio definitivo de Dios, que puede ser condenatorio o salvador. El salmista nos dice que Dios llega a nosotros trayendo en sus manos la salvación y la victoria. Y el evangelio, con la probable referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70, nos invita a mantenernos fieles al mensaje en cualquier momento de nuestra existencia, por difícil y doloroso que pueda ser. Tener siempre presente nuestro destino final es imprescindible para “recorrer el camino sin errar”.

COMPRENDER EL TEXTO

Lucas concluye la predicación de Jesús en Jerusalén con el llamado “discurso escatológico”. Con la forma de escribir propia de esa época y desde la visión de la historia de la salvación que tiene este escritor sagrado, el pasaje ofrece una enseñanza sobre cómo vivir el seguimiento de Jesús en tiempos de dificultad.

No podemos tomar las imágenes que se nos presentan al pie de la letra, pero tampoco podemos ignorar el mensaje que encierran.

Lo que motiva el inicio del discurso es el elogio de la belleza del templo de Jerusalén. Dos datos pueden ayudarnos a comprender el alcance de esas palabras de Jesús. Uno es que Herodes el grande, sabiendo que los israelitas tenían en el templo el centro de su vida religiosa, culminó una reconstrucción espléndida y grandiosa en el año 10 a.C. El otro dato es que el fin del templo se asociaba en el judaísmo de aquella época con el fin del mundo. Por eso, la terrible crisis que se avecinaba sobre Jerusalén no podía dejar a nadie indiferente.

La destrucción del templo de Jerusalén, ocurrida en el año 70 d.C., es para Lucas el final de una etapa en la historia de la salvación, pero insiste en señalar que todavía no es el fin (v.9). De este modo, enfrenta a los cristianos de su comunidad con una evidencia: aunque ya ha llegado el Mesías, desconocemos cuando tendrá lugar el final de los tiempos; mientras llega, es necesario dar testimonio de Jesucristo, aun en medio de conflictos. De este modo la destrucción del templo es algo más que un mero acontecimiento histórico: es símbolo de todos los momentos difíciles y todas las “crisis” que deberán pasar los discípulos a lo largo de la historia de la salvación. Desde esta perspectiva, el pasaje ofrece pautas, mensajes de ánimo y llamadas a la fidelidad y al testimonio en medio de múltiples contrariedades expresadas, como se señala, en un lenguaje propio de la época.

Jesús alerta a sus discípulos para que no se dejen engañar ante las convulsiones religiosas (“vendrán en mi nombre), políticas (“guerras y revoluciones) y cósmicas (“terremotos, hambres, pestes…”) que se avecinan. La enumeración de todos estos conflictos y la afirmación de que es necesario que ocurran (v. 9) es habitual en el género literario apocalíptico (fin de los tiempos), una manera de expresarse a la que se solía acudir en tiempos de persecución y cuya finalidad era dar ánimos, infundir aliento en quieres estaban pasando por momentos de dificultad. Las primeras comunidades cristianas, habituadas a esta manera de escribir, veían reflejada su experiencia en estas palabras, a la vez que recibían del pasaje, leído como Palabra de Dios, la fuerza necesaria para no dejarse engañar y mantenerse fieles al mensaje de Jesucristo. Similares advertencias y llamadas a la perseverancia encontramos en los v. 12-19.

Según aparece reflejado en los Hechos de los Apóstoles, los primeros cristianos no tardaron en experimentar la persecución “por el nombre de Jesús”, tanto desde el ámbito judío (“sinagogas”) como desde el mundo pagano (“cárceles”, “reyes y gobernadores”), incluso por parte de la propia familia (“seréis entregados por vuestros padres, hermanos…”). Esta experiencia fue interpretada desde la fe en Jesús resucitado y les hizo conscientes de la importancia de una fe sólida y de un testimonio coherente. Porque si la persecución por ser cristiano se afronta con estas actitudes, se convertirá en victoria final. La promesa aparece formulada en el último versículo del pasaje evangélico de hoy: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas (v. 19).

ACTUALIZAMOS

Jesús no oculta a sus discípulos que las dificultades y los conflictos son una realidad en la historia y en la vida de sus seguidores. Teniendo presente esta realidad, nos exhorta a encarar con realismo y fe madura todas las violencias, conflictos y dificultades que puedan traer la vida y la historia.

  1. Podríamos titular el evangelio de hoy como “Pautas para los cristianos que atraviesan dificultades”:

¿Cuáles son esas pautas?

¿Cuál de ellas puedo aplicarme mejor en este momento de mi vida?

  1. «Muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”»:

¿Quiénes son los falsos mesías de hoy?

¿Hasta qué punto nos estamos dejando engañar por ellos?

  1. “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”:

¿Hasta qué punto somos signo de esperanza ante los demás por nuestra manera de afrontar las dificultades?

Mensaje a los gobiernos y a la ciudadanía ante la cumbre del clima de la ONU en Belém, Brasil (COP 30)

La 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima se celebra del 6 al 21 de noviembre de 2025 en Belém, Brasil. Reúne a líderes mundiales, científicos, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil para debatir las medidas prioritarias para hacer frente al cambio climático.

La nota de prensa del director de Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española nos dice:

«Ante el comienzo de la Cumbre de Cambio Climático en Belém (Brasil) el próximo lunes 10 de noviembre, una iniciativa liderada por organizaciones católicas inspiradas en la encíclica papal Laudato Si’, a la que se han sumado organizaciones de la sociedad civil comprometidas con los objetivos con la lucha contra el cambio climático y el cumplimiento del Acuerdo de París, instan a los gobiernos a abandonar las “promesas vacías”, acelerar la transición ecológica y adoptar una “ecología integral” que dé prioridad a los pobres y al planeta.»

Aquí podéis leerlo:

LECTIO DIVINA – TIEMPO ORDINARIO 9 de noviembre «NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA»

NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA

PATRONA DE LA ARCHIDIÓCESIS DE MADRID

Lectura de la profecía de Zacarías 2, 14-17

Alégrate y goza, Sion, pues voy a habitar en medio de ti -oráculo del Señor-.

Aquel día se asociarán al Señor pueblos sin número; ellos serán mi pueblo, y habitaré en medio de ti.

Entonces reconocerás que el Señor del universo me ha enviado a ti.

Judá será la herencia del Señor, su lote en la tierra santa, y volverá a elegir a Jerusalén.

¡Silencio todo el mundo ante el Señor que se levanta de su morada santa!

Salmo Jdt 13, 18bcde. 19

R./ Tú eres el honor de nuestro pueblo.

Hija, que el Dios altísimo te bendiga
entre todas las mujeres de la tierra.
Alabado sea el Señor,
el Dios que creó el cielo y tierra. R./

Tu esperanza permanecerá
en el corazón de los hombres
que recuerdan el poder de Dios por siempre. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

Y oí una gran voz desde el trono que decía:

«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido.

Y dijo el que está sentado en el trono:

«Mira, hago nuevas todas las cosas».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:

«Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo:

«Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

COMENTARIO

Fiesta de la Almudena: Su imagen fue descubierta milagrosamente en la cuesta de la Vega en 1085, había sido ocultada ante el avance de los musulmanes y Alfonso VI prometió buscarla cuando conquistara Toledo. Almudena viene de Almudaina, que significa ciudadela, fortificación.

El Papa Pablo VI la declaró oficialmente patrona de Madrid en 1977.

Fueron grandes devotos de esta imagen de la virgen S. Isidro Labrador, su esposa Santa María de la Cabeza y San Ildefonso de Toledo.

COMPRENDER EL TEXTO

Zacarías 2, 14-17

Llamada a los exiliados. Se interrumpe el ritmo de las visiones para insertar este himno de gozo y alegría que celebra la liberación de Jerusalén. Al castigo de las naciones que oprimieron al pueblo de Dios sucede el júbilo de la liberación de los oprimidos. El movimiento lo pone en marcha la predilección de Dios por su pueblo. El destierro había sido castigo medicinal; por eso, el mismo Dios que los dispersó estimula ahora la huida y el castigo de los opresores.

El motivo de la alegría de Sión será la presencia salvadora del Señor en medio de ella.

El pueblo será numeroso, porque no sólo volverán los desterrados, sino que muchas naciones se harán también pueblo de Dios.

La perspectiva universalista, el mensaje consolador y el tono de alegría recuerdan los oráculos del Segundo Isaías (Is 40-55)

Apocalipsis 21, 1-5a

La aparición de la ciudad santa, la nueva Jerusalén, se presenta como la culminación del libro; es la aspiración de toda la aventura humana de la historia de salvación.

La aparición de la nueva Jerusalén viene de Dios, su origen es divino y por ello instaura un nuevo orden de cosas y exige que todo lo viejo sea transformado. Juan declara que lo antiguo ha envejecido y ya no sirve (Is 65,17; 66,22). El mar, símbolo de potencias hostiles, desaparecerá. Lo que era lugar de la conducta pecadora del hombre, el cielo y la tierra, deben ser cambiados; se van a representar unas bodas entre Cristo y la Iglesia. Las relaciones humanas serán nuevas. Y Dios mismo empezará a secar las lágrimas de dolor, y no habrá más muerte, ni trabajo que oprima, porque eso pertenece al orden antiguo. La palabra de las profecías (Is 25,8; 35,10; 65,19; Ap 7,16) se cumple.

La presencia de la nueva Jerusalén, regalo gratuito de Dios, colma las aspiraciones de las mejores páginas de la Biblia, se realiza la unión, ya para siempre, de Dios con la humanidad transformada. Se cumple lo que ansiaba la humanidad, y que de tantas formas ha expresado la Biblia: la marcha del Éxodo; los anhelos de los profetas y de los reyes del pueblo. Se materializa la aspiración del mismo Dios por plantar, de una vez por todas, una tienda permanente (Ez 48,35; Zac 14,16): la morada de Dios con la humanidad, la presencia estable de Dios entre los hombres, Dios con nosotros (Zac 8,8), la revelación de Dios como Padre y del pueblo como hijo (2Sam 7,14; Heb 1,5; Rom 8,15.29), Dios, padre de todos. Se realiza así por fin el ideal de la alianza.

Dios, con su poder creador, hace nuevas estas realidades, hace un nuevo génesis.

Juan 19, 25-27

En este pasaje, se nos invita a contemplar la muerte del Señor en la cruz con la misma mirada de fe que el evangelista nos propone. Y descubrir que esta es la hora de la victoria de Jesús, la hora de su glorificación, la hora en la que culmina la misión que el Padre le había encomendado.

El evangelio de Juan nos sitúa junto a la cruz de Jesús, en el mismo lugar donde estaban su madre y el discípulo amado. Desde allí, el evangelista nos invita a mirar al Traspasado con los ojos de la fe. Esa mirada creyente nos ayudará a comprender que sus heridas nos han curado; que, más allá de las apariencias, el Crucificado es el Glorificado; que su muerte no es la demostración de su fracaso, sino el signo de su victoria; que su corazón abierto es la señal más grande de su amor por nosotros.

La madre de Jesús está junto a su hijo que sufre. Al verse en trance de muerte, Jesús, hijo único de María, se preocupa por el futuro incierto de su madre viuda, y la encomienda a los cuidados de su mejor amigo, que la acoge desde aquel momento en su propia casa. Hasta aquí llega lo que podemos ver con los ojos del cuerpo. Pero el evangelista nos invita a abrir los ojos de la fe y seguir las pistas que nos ha ido dejando en forma de expresiones simbólicas.

La presencia de María, su reaparición, nos recuerda la última vez en la que la vimos actuar con ocasión de las bodas de Caná (Jn 2,1-12). Entonces, Jesús, se resistió a actuar porque todavía no había llegado su hora. Fue su madre la que le pidió mostrar su gloria antes de tiempo. Al pie de la cruz esa hora ha llegado y María está de nuevo junto a él. En Caná, Jesús transformó el agua en vino por insinuación de su madre. Ahora brotará de su costado sangre y agua y ella estará allí para recoger el vino nuevo que sellará la Alianza definitiva de Dios con los hombres.

En esta escena, María no hace sólo el papel de madre de Jesús. Su maternidad se extiende a una multitud de nuevos hijos simbolizados por el “discípulo amado”. María personifica a la Iglesia y el “discípulo amado” representa al seguidor ideal de Jesús, al verdadero creyente que es capaz de perseverar hasta el final con su Maestro. La muerte de Jesús es fuente de fecundidad porque, gracias a ella, su madre se convertirá en madre de todos aquellos que le siguen. Por eso es llamada “mujer”, para recordarnos que es la Nueva Eva, capaz de dar a luz una humanidad renovada (Gn 4,1).

Contemplar al Crucificado con los ojos de la fe nos cura, nos salva y nos da la vida eterna. Fijar la vista en el Traspasado nos exige solidarizarnos con Él e identificarnos con su destino.

ACTUALIZAMOS

Miramos nuestra vida

Al contemplar al Crucificado con los ojos de la fe, como hace María, hemos descubierto que su sufrimiento no ha sido inútil. Su sacrificio es fuente de vida para todos. De su corazón abierto brota el Espíritu que renueva la humanidad. Si nos situamos al pie de las cruces de nuestros hermanos que sufren y desde allí los miramos con la misma mirada de fe con la que hemos contemplado al Traspasado, seguro que encontramos motivos para permanecer junto a ellos. Sus heridas, sus llagas, sus corazones desgarrados… pueden ser el lugar en el que Dios nos dé a beber del agua de la vida.

  1. En nuestra vida:

¿Qué podemos hacer para vivir nuestro sufrimiento desde la esperanza y no desde el desánimo?

  1. En este mundo:

¿De qué manera deberíamos acercarnos a los “crucificados” y “traspasados” de nuestro mundo?

¿Cómo podemos ofrecerles consuelo y animarlos a seguir luchando?

  1. En el camino del discipulado:

¿Cómo nos ayuda la identificación y cercanía de María y de Juan con respecto a Jesús para sentirnos en el camino del discipulado?

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA «DILEXI TE»

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
DILEXI TE
DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
SOBRE EL AMOR HACIA LOS POBRES

1. «Te he amado» (Ap 3,9), dice el Señor a una comunidad cristiana que, a diferencia de otras, no tenía ninguna relevancia ni recursos y estaba expuesta a la violencia y al desprecio: «A pesar de tu debilidad […] obligaré […] a que se postren delante de ti» (Ap 3,8-9). Este texto evoca las palabras del cántico de María: «Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías» (Lc 1,52-53).

2. La declaración de amor del Apocalipsis remite al misterio inextinguible que el Papa Francisco ha profundizado en la encíclica Dilexit nos sobre el amor divino y humano del Corazón de Cristo. En ella hemos admirado el modo en el que Jesús se identifica «con los más pequeños de la sociedad» y cómo con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es «más débil, miserable y sufriente».  Contemplar el amor de Cristo «nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor». 

3. Por esta razón, en continuidad con la encíclica Dilexit nos, el Papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada Dilexi te, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: no tienes poder ni fuerza, pero «yo te he amado» ( Ap 3,9). Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío —añadiendo algunas reflexiones— y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el «llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse».

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXX

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14. 16-19a

El Señor es juez, y para él no cuenta el prestigio de las personas.

Para él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre, sino que escucha la oración del oprimido.

No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento.

Quien sirve de buena gana, es bien aceptado, y su plegaria sube hasta las nubes.

La oración del humilde atraviesa las nubes, y no se detiene hasta que alcanza su destino.

No desiste hasta que el Altísimo lo atiende, juzga a los justos y les hace justicia.

El Señor no tardará.

Salmo 33, 2-3. 17-18. 19 y 23

R./ El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R./

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R./

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
el no será castigado quien se acoge a él. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 16-18

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!

Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.

A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

“¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:

“¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

COMENTARIO

La oración es el tema conductor de las lecturas de hoy. Los textos coinciden en que el Señor no hace oídos sordos a la oración de los humildes, a quienes le suplican desde la dificultad. En el libro del Eclesiástico, Dios atiende los gritos del pobre, del oprimido, del huérfano o de la viuda. Igual leemos en el salmo: El Señor escucha la oración del humilde, está cerca de los atribulados. Y en el evangelio, Jesús prefiere la sencilla oración del publicano antes que la palabrería orgullosa del fariseo. El Dios que nació en el establo de un pueblo parece entender mejor las palabras que brotan de un corazón humilde.

COMPRENDER EL TEXTO

Jesús continúa su enseñanza en torno a la oración. Si en el evangelio que leímos el domingo pasado insistía en la necesidad de orar siempre sin desanimarse, en el de hoy, mediante otra parábola, propone la actitud con la que el creyente debe dirigirse a Dios.

El evangelio de hoy tiene interés en responder a una pregunta esencial: de dónde viene la salvación. Para ello utiliza una vez más una parábola, que encontramos enmarcada por un versículo introductorio (v. 9) y otro que sirve de conclusión (v.14). En la introducción, además de señalar quienes son los destinatarios de la parábola, se anticipan de algún modo las dos partes de la misma.

A los destinatarios de la parábola no se les identifica por su nombre, sino por compartir determinada actitud. Aparecen representados por la figura del fariseo, del que nos habla la primera parte de la parábola (vv. 10-12). En la segunda parte de la misma (v.13), el protagonista es un publicano que personifica a los despreciados por los primeros. Ambos suben al templo a rezar, pero tanto los lugares que ocupan como el contenido de su oración expresan dos actitudes muy distintas. Nos fijamos primero en el fariseo.

Como ya sabemos, los fariseos eran hombres piadosos, entregados a la búsqueda de la voluntad de Dios para alcanzar la santidad. Pensaban que el cumplimiento minucioso de la ley de Moisés los purificaba de sus pecados y les permitía participar de la santidad de Dios. Para conservar el estado de pureza conseguida, se obligan a mantenerse apartados de los pecadores. De hecho, fariseo significa “separado”. La oración del fariseo contiene primero una acción de gracias por no ser pecador como los demás y, a continuación, un recuento de las obras que realiza: en sus ayunos y diezmos ya hace incluso más de lo exigido por la ley.

El pasaje describe también la oración del publicano. Los publicanos eran cobradores de impuestos para Roma; se les despreciaba por trabajar para el Imperio opresor y, además, se les consideraba poco honrados. El de la parábola no se atreve a acercarse a las primeras filas del recinto sagrado ni a levantar los ojos al cielo. Golpeándose el pecho, se reconoce pecador y pide compasión a Dios. Su actitud es diametralmente opuesta a la del fariseo: mientras que éste se enorgullece ante Dios de ser como es, el publicano reconoce sinceramente su condición de pecador. El primero parece exigir el pago a sus buenas obras; el segundo suplica compasión.

Toda parábola sorprende. A pesar de las connotaciones negativas que tiene en nuestros días la palabra “fariseo”, en tiempos de Jesús éstos eran considerados hombres piadosos. A los ojos de la gente, el fariseo era un hombre justo, y el publicano un despreciable pecador. Pero el versículo final desvela lo que ven los ojos de Dios.

El publicano baja a su casa reconciliado con Dios y el fariseo no, la vida del publicano ha cambiado: el pecador ha obtenido el perdón. Podríamos preguntarnos por qué Dios se comporta de modo tan injusto con un hombre tan justo como el fariseo. La respuesta llega desde una cita del profeta Ezequiel “La modestia será exaltada, y la arrogancia humillada” (Ez 21,31) que ya había utilizado anteriormente el evangelista Lucas “todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lc 14,11). Ante Dios no cabe alardear de virtuoso para alcanzar su favor. Él conoce el corazón del ser humano y acoge al pecador arrepentido. Las obras que realiza el fariseo son realmente buenas, pero su actitud no lo es. La salvación no es un pago por las buenas obras realizadas, sino un don gratuito de Dios, que se compadece del hijo pródigo cuando vuelve a la casa del Padre suplicando perdón (Lc 15,11-24). La fe del publicano le mueve a poner su vida en las manos de Dios. La orgullosa seguridad en sus obras lleva al fariseo a confiar más en su virtud que en el Dios de la misericordia.

La oración del publicano brota de su condición de pecador arrepentido; la del fariseo, del orgullo por las obras buenas que realiza. La oración del publicano es escuchada; la del fariseo, no. Los discípulos de Jesús, los cristianos de todos los tiempos, somos invitados a orar como aquel publicano, reconociendo humildemente nuestra condición de pecadores y abriéndonos desde la fe a la acción misericordiosa de Dios.

ACTUALIZAMOS

La oración del publicano, su forma de entrar en la verdad de su vida reconociéndose pecador, su regreso a la casa como una persona nueva…, son propuestos por el evangelista como modelo para los primeros cristianos en su personal relación con Dios. Acogemos esta palabra dirigida a nosotros y meditamos desde su enseñanza sobre nuestra oración y estilo de vida.

  1. El fariseo y el publicano se dirigen a Dios desde actitudes muy distintas:

¿Con cuál de estos personajes me identifico más en mi relación con Dios? ¿Por qué?

  1. “Subieron al templo a orar”. A la luz del evangelio revisamos una vez más nuestra oración. Cuando rezamos,

¿Con qué actitud lo hacemos?

¿De qué situaciones de la vida brota nuestra oración?

¿Qué le pedimos a Dios?

¿Por qué cosas le damos gracias?

  1. “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. En un mundo de apariencias, la oración del publicano rebosa sinceridad y autocrítica ante Dios:

¿Qué podemos hacer para vivir nosotros esas actitudes?

  1. Bajó a su casa justificado”:

La salvación no se puede comprar, sino que se trata de un don gratuito de Dios, que es compasivo con los pecadores. Meditemos hasta qué punto la misericordia de Dios fundamenta nuestra esperanza.

LECTIO DIVINA – CICLO C – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIX

Lectura del libro del Éxodo 17, 8-13

En aquellos días, Amalec vino y atacó a Israel en Refidín.

Moisés dijo a Josué:

«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón de Dios en la mano».

Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; entretanto, Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.

Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec. Y, como le pesaban los brazos, sus compañeros tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.

Así resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol.

Josué derrotó a Amalec y a su pueblo, a filo de espada.

Salmo 120, 1bc-2. 3-4. 5-6. 7-8

R./ Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R./

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R./

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R./

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3,14 – 4,2

Querido hermano:

Permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.

Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.

Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:

“Hazme justicia frente a mi adversario”.

Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».

Y el Señor añadió:

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo son un estímulo en nuestra vida de oración. “Para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer” Jesús cuenta a sus discípulos una parábola con el relato de una viuda que clama justicia al juez. Otro testimonio sobre la oración constante lo encontramos en Moisés, en el pasaje del libro del Éxodo. En el trasfondo de ambos textos está la confianza en el Dios cercano, que, como dice el salmo, guarda la vida de sus elegidos.

Desde esta convicción hacemos las lecturas de hoy, sabiendo, como el autor de la carta a Timoteo, que en la Palabra encontramos el camino de la salvación.

COMPRENDER EL TEXTO

Jesús continúa instruyendo a sus discípulos. Lo hace en esta ocasión mediante una parábola que sólo encontramos en el evangelio de Lucas y que tiene bastantes similitudes con la del amigo inoportuno (Lc 11,5-13). La comunidad cristiana es invitada a sostener su fe mediante la oración constante y la esperanza en la realización de la justicia: Dios no olvida a sus elegidos.

En el pasaje de este domingo, nos encontramos con una parábola de Jesús (vv 2-5) enmarcada por un versículo introductorio (v 1) que determina el sentido de sus palabras y por unos versículos finales (vv 6-7) en los que se comenta esa parábola aplicada a la vida de los discípulos.

Ya hemos podido comprobar cómo la oración es un tema fundamental en el tercer evangelio. Por una parte, Lucas presenta en infinidad de ocasiones a Jesús orando: en el bautismo, tras la curación de un leproso, la noche anterior a la elección de los Doce, en la transfiguración… Marcos y Mateo recogen estos mismos pasajes, pero en ninguno de ellos mencionan la oración de Jesús. Se trata pues de algo característico de Lucas, que indica su interés por este tema. Por otra parte, Jesús enseña a orar a sus discípulos. Les habla de una oración que brota desde una actitud de conversión y humildad, como la que descubrimos en las palabras del hijo pródigo al padre o en la oración del publicano; de una oración que ha de ser fuerte, insistente, como lo es la petición del amigo inoportuno o la de la viuda de la parábola que leemos hoy.

Esta parábola nos sitúa en dos momentos distintos. En el primero de ellos (vv 2 y 3) son presentados los dos protagonistas y se explica la relación que se ha establecido entre ambos. En el segundo (vv 4 y 5) se cuenta el desenlace de la situación. Comenzaremos a fijarnos en los personajes que aparecen en la parábola.

El primero en ser presentado es un juez de quien no se valora el ejercicio de su profesión, sino su moralidad, pues desobedece los mandamientos supremos del amor a Dios y al prójimo. A continuación es presentada una viuda que encarna la dependencia y la fragilidad y que en el contexto del evangelio de Lucas, preocupado por los pobres y los débiles, es beneficiaria de la misericordia salvadora de Jesús.

La mujer reclama del juez que le haga justicia. Lo hace sin cesar, constantemente: sin otra ayuda que su propia insistencia, una y otra vez expone su petición. Inicialmente, el juez no atiende a sus demandas, pero pasado un tiempo recapacita y decide actuar.

La segunda parte de la parábola, introducida por el tiempo que pasa sin que la viuda sea atendida, contiene la reflexión del juez. De nuevo es presentado como alguien que ni teme a Dios ni respeta a nadie, y, precisamente partiendo de esa moralidad, se proponen los interesados motivos que provocan su cambio de actitud. No es su compromiso con la justicia lo que le mueve, sino el cansancio ante la constante demanda de la viuda y, tal vez, el miedo de que su prestigio en la ciudad se vea dañado.

Los versículos finales del pasaje contienen una aplicación de la parábola a la vida de los oyentes. Jesús comienza haciendo recapacitar a cuantos le escuchan sobre la forma de actuar del juez inicuo, que decide hacer justicia a la viuda aunque sea por puro interés personal, de este modo, los oyentes de Jesús podrán imaginar la manera de ser de Dios, pues si un juez tan malvado acaba atendiendo la súplica de la mujer, con más razón atenderá el Señor el clamor de sus fieles. Esta idea y la comparación entre la viuda y los elegidos se corroboran con las dos preguntas del versículo 7. Como aquella viuda, también los elegidos, es decir la comunidad cristiana clama al Señor día y noche porque están privados de sus derechos en medio de una sociedad hostil que los margina. La consecuencia es clara: deben perseverar en la oración, porque Dios les hará justicia sin tardar.

La última frase del texto (v.8) nos hace volver la mirada sobre la venida del Hijo del hombre, un tema que se había tratado en los versículos anteriores al pasaje de hoy y que replantea la cuestión ya abordada al comienzo: la necesidad de no desfallecer ni desanimarse, aunque parezca que la actuación de Dios se retrasa demasiado. La comunidad cristiana debe vivir este tiempo de espera desde la oración incesante que es expresión de una fe hecha confianza.

ACTUALIZAMOS

También nosotros, como los cristianos a quienes Lucas dirige sus palabras, vivimos en medio de dificultades, sintiendo el cansancio de la espera y, en ocasiones, el debilitamiento de nuestra fe. Como ellos, somos invitados a revitalizar nuestra vida de oración y a animar nuestra fe, en la confianza de que Dios no hará oídos sordos a quienes claman a Él noche y día.

  1. Nuestro Dios no está sordo ante la súplica de sus hijos:

¿Cómo es el Dios en quien nos invita a confiar el pasaje de hoy?

¿Cómo nos anima a relacionarnos con Él?

  1. Fe y oración van unidas, como nos enseña el pasaje:

¿Qué papel juega la oración en nuestra vida de fe?

  1. “¿No hará Dios justicia a sus elegidos?”. Desde lo que hemos leído en este pasaje,

¿Qué razones encuentro en mi vida para seguir rezando sin perder la esperanza?