LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO II

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios.

Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: «Aquí estoy.»

Corrió adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado».

Respondió: «No te he llamado. Vuelve a acostarte».

Fue y se acostó.

El Señor volvió a llamar a Samuel.

Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado».

Respondió: «No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte».

Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor.

El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo:

«Aquí estoy, porque me has llamado».

Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»». Samuel fue a acostarse en su sitio.

El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: «Samuel, Samuel».

Respondió Samuel: «Habla, que tu siervo escucha».

Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

R./ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R./

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy». R./

« -Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R./

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, l3c-15a. 17-20

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huid de la inmoralidad. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.

¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios?

Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio.

Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

«Este es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y veréis».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo se podrían resumir en dos palabras: llamada y seguimiento. Dios llama a Samuel y Jesús a sus discípulos. En los dos casos aparece un personaje que indica la identidad del que llama: Elí sabe que se trata de Dios y Juan Bautista indica quién es Jesús. El salmo y Pablo dan pistas de por dónde ha de ir la respuesta a esa llamada: el ofrecimiento de la propia vida. Dios continúa llamando, para que, como dice el mismo evangelio de Juan, se dé testimonio de la luz, que es Cristo. Para esta tarea es necesaria la respuesta vital y personal de todos los llamados.

COMPRENDER EL TEXTO

El domingo pasado comenzamos la lectura del evangelio de Marcos, donde aparecía la figura del Bautista y se ponía el acento en la identidad y la misión de Jesús, leemos hoy un pasaje del evangelio de san Juan, en él, no encontramos al Bautista como predicador de conversión, sino como testigo de Jesús.

La lectura de hoy forma parte del “prólogo narrativo” del evangelio de Juan (Jn 1,19-2,11) y en él se describe de forma ejemplar el proceso de fe de los discípulos. Es un proceso que comienza con el testimonio del Bautista sobre sí mismo y sobre Jesús y termina con una frase que señala el final hacia el que tiende todo el relato: “Manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos” (Jn 2,11). Este proceso transcurre a lo largo de siete jornadas (Jn 1,29.35.43;2,1). Una de ellas corresponde al pasaje del evangelio que leemos hoy.

Lo primero que salta a la vista es que nos encontramos ante un pasaje de vocación en el que los verbos ver y oír se repiten con cierta frecuencia.

“Ver” y “oír” son dos verbos que aparecen en este pasaje estrechamente relacionados. El Bautista, que había oído cómo podría reconocer a Jesús, lo vio y lo señaló a otros. Para los discípulos también el oír precede al ver: oyeron hablar de Jesús y vieron donde vivía. Oyendo la confesión de fe de Juan Bautista, Andrés y otros discípulos se vuelven seguidores de Jesús, lo ven, acogen su manifestación.

En los dos verbos, ver y oír, se plasman de modo claro dos requisitos muy importantes para llegar a ser discípulos de Jesús: escuchar el testimonio de otros y crear espacios para encontrarse personalmente con él, para que se “deje ver”. A Jesús sólo se le conoce siguiéndole y, al seguirle, se le da a conocer a los demás.

Fijándonos en lo que hacen los discípulos y Jesús, llama la atención la actitud de Pedro que, en todo el relato, es pasiva. Está bien lejos de los rasgos de su carácter que conocemos por otros escritos del Nuevo Testamento. Esta forma de presentar las cosas podría responder al interés de Juan por relativizar la importancia de Pedro. En todo caso lo que aquí se destaca es que este discípulo inicia su relación con el Maestro a través del testimonio de su hermano Andrés, que ha tenido una experiencia personal y honda de Jesús. Andrés ejerce de mediador y Jesús, sin perder la oportunidad, se muestra como el buen pastor que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre.

Por las cartas de Pablo sabemos que Simón era conocido como Pedro en las comunidades cristianas de la primera generación, sobrenombre que alude a la firmeza de su carácter y a su autoridad en la Iglesia (Mt 16,18-19). En los inicios de su camino vocacional tuvo una experiencia clave: fue llamado por su nombre, lo que significa en lenguaje bíblico, tener la experiencia de saberse conocido en profundidad por Jesús. Y esto no le dejó indiferente. Aunque el pasaje del evangelio de hoy orienta fundamentalmente hacia Jesús.

Juan Bautista declara que Jesús es “el Cordero de Dios”. Esta imagen, densa de contenido, recuerda el rito central de la pascua judía y expresa una certeza de fe de las primeras comunidades cristianas: Jesús realiza en sí mismo la nueva Pascua y en él Dios concede la plenitud del perdón. Los títulos de Jesús se suceden en este pasaje y los primeros discípulos lo llaman Maestro y Cristo. Son dos maneras de reconocer en él al Mesías de Israel.

Jesús, que estaba solo, se ve rodeado por unos cuantos israelitas que ansían ver cumplidas las esperanzas prometidas a los antepasados. Desde la fe sabemos que serán conducidos a ver la gloria de Jesús (Jn 2,11). De momento nos han comunicado su encuentro y nos dejan ante el Cordero de Dios, el Maestro y el Mesías, para que conducidos por él veamos donde vive y pasemos a ser sus discípulos.

ACTUALIZAMOS

Podemos identificarnos con la experiencia de estos primeros discípulos. En nuestra vida de fe hemos encontrado testigos, como lo fueron Juan Bautista y Andrés, que nos han mostrado al Cordero de Dios. Pero nos hemos dado cuenta de que sólo cuando vamos tras Jesús y pasamos tiempo con él descubrimos su auténtico rostro, y así lo podemos manifestar en nuestra vida como testigos.

  1. Jesús nos hace hoy la misma pregunta que a los discípulos del Bautista:

“¿Qué buscáis?”

¿Qué suscita en nosotros esta pregunta?

  1. Cuando Jesús invita a los discípulos a seguirle “Venid y veréis”, ellos “entonces fueron, vieron dónde vivía…”.

¿Cuántos momentos, días… paso con Jesús? ¿Dedico momentos para “ver”?

  1. Andrés encontró a su hermano Simón y lo llevó hasta Jesús.

¿Cómo soy testigo para los demás de Jesús, el Mesías?

¿A quién hablo de mi experiencia de Jesús?

Sólo a través del contacto personal con Jesús podremos llevar a cabo nuestro seguimiento y llevar a otros a Cristo, igual que lo hicieron con nosotros.

LECTIO DIVINA – CICLO A – EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará.

Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».

Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10

R./ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R./

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R./

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R./

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:

«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía:

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

COMENTARIO

Se nos sitúa ante el bautismo del Señor desde la perspectiva del Siervo (1º de los 4 cánticos del 2º Isaías) El texto tiene dos partes: 1ª) la presentación del siervo y 2ª) la explicación de su misión y tarea. La Misión consistirá en implantar el derecho y la ley de Dios, difundir la revelación de su voluntad, que es justicia y orden entre los hombres. Esta misión la realizará sin armas ni violencia, sino con un talante nuevo, propio del Espíritu: suavidad y mansedumbre con lo débil y vacilante, pero firmeza en el sufrimiento y tenacidad en la misión.

(Hermano Roger: tu poca fe basta, porque Dios no puede hacer otra cosa sino amar)

Es Yahvé quien llama al siervo para que sea luz ante los paganos. Dios elige a un pueblo por amor, para manifestar su amor universal. El amor tiene como objeto lo concreto para poder abrirse a lo universal.

COMPRENDER EL TEXTO

El libro de la consolación:

El libro de la consolación ofrece una figura esperanzadora a los desterrados de Babilonia y a todos los excluidos y maltratados. Es el Siervo de Yahvé.

Entiende de sufrimiento, pero lleva a cabo una misión salvadora. Implantará el derecho y la justicia no sólo en Israel, sino en toda la tierra. Y lo realizará como siervo, no como caudillo, desde la humildad y el respeto, desde la tolerancia y la paciencia. Todo lo que se dice del Siervo, se puede aplicar al Mesías.

Misión a los paganos. Discurso de Pedro en casa de un pagano, Cornelio. Se muestra el carácter universal de la salvación ofrecida por Dios y traída por Cristo, sin distinción de razas, personas, pueblos… religiones.

Hace referencia a la MISIÓN de Cristo Jesús desde el comienzo, cuando Juan bautizaba y consistió en liberar a los oprimidos por el diablo.

PEDRO, describe al Mesías:

PEDRO, describe al Mesías como ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, como un viento de Espíritu, como un paso de gracia por el país de los judíos, como un liberador de esclavitudes y enfermedades, como un hombre de Dios. Aunque la cosa empezó en Galilea, su misión era universal, su gracia y su luz tenían que llegar a todos los pueblos, porque Dios no hace distinciones.

El cielo rasgado es signo de que el muro de separación entre Dios y el hombre, por el pecado de este, queda derribado. El Espíritu Santo, hace tomar conciencia a Jesús de quién lo envía y quién es él mismo: El Hijo amado del Padre. A partir de esta toma de conciencia, Jesús ya no se pertenece. Comienza su misión como Hijo y en la línea del Siervo (1ª lectura).

El bautismo de Jesús fue una NUEVA EPIFANÍA:

El bautismo de Jesús fue una NUEVA EPIFANÍA, después de muchos años de vida oculta –difícil de entender- Jesús se presenta ante Juan para escucharlo y para integrarse en su movimiento renovador. Cuando entra en el Jordán, como un pecador, cargado con los pecados del mundo, los cielos se abren y todo el cielo desciende sobre él, el Espíritu lo penetra y el Padre lo envuelve y le dice. «Tú eres mi Hijo amado». Fue una experiencia decisiva, que marcará toda la vida de Jesús. Se siente ungido por el Espíritu y enviado para proclamar un año de gracia.

Con el bautismo de Jesús se cierra el ciclo de la Epifanía:

Después de la Navidad (manifestado en un niño vulgar) ¿cabe una luz más tenue? (muy pocos se dejaron deslumbrar por ella), y la fiesta de los Magos (manifestándose en una estrella, una entre tantas, muy pocos se enteraron). Después del largo periodo de vida oculta –una Epifanía en negativo- (fue un tiempo de aprendizaje, en el que Dios se va acostumbrando a ser hombre) Dios se manifiesta en el Jordán, el bautismo, cuando va a comenzar su vida pública. Jesús quiere ocultarse entre pecadores, pero cuanto más se oculta más va a ser publicado, cuanto más se abaja más va a ser exaltado. Como sucedió en la cruz y en la Pascua. Es una experiencia pascual, porque Jesús carga con los pecados del mundo, se purifica en el río y se llena de Dios al salir del agua. Se siente Hijo de Dios y lleno del Espíritu.

Jesús no tenía nada que purificar:

Jesús no tenía nada que purificar, porque no era pecador. Pero asumió el pecado del mundo. Como si dijera: «venid a mí los que estáis agobiados por el peso de vuestros pecados, que yo os aliviaré«. Y cargado con todos nuestros pecados, entró en las aguas del Jordán. Más tarde diremos lo mismo refiriéndonos a la cruz, cargado con nuestros pecados.

El bautismo de Jesús es como una creación nueva:

El bautismo de Jesús es como una creación nueva. Jesús da muerte al viejo Adán y anticipa el hombre nuevo y al mundo nuevo. En Cristo todo es nuevo. Por eso necesitamos renovarnos constantemente en Cristo y trabajar por la renovación del mundo. Jesús al salir del Jordán se siente resucitar. Siente que el Espíritu lo empapa, lo unge, lo penetra, llenándolo de fuerza y alegría. Al mismo tiempo escucha la voz del Padre, íntima, poderosa, que lo sigue engendrando: Tú eres mi hijo amado. Eres mío y todo lo mío es tuyo, eres Hijo y yo soy tu Padre. ESTO ES LA FE: EXPERIENCIA DE ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS, EN CRISTO. Esta fuerza, este amor, este Espíritu es lo que libra de la muerte y hace resucitar a los muertos. Así es posible toda Pascua.

Jesús, ungido por el Espíritu:

Jesús, ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Es una misión curativa y liberadora. Misión que todo bautizado debe continuar.

La Paloma hace referencia al diluvio, cuando no encontró sitio donde posarse, ahora encuentra sitio en Jesús. Empieza la era del Espíritu.

Juan es el primero en reconocer al Mesías, después alguno de sus discípulos, luego va creciendo el número de los que creyeron en él.

Títulos de Cristo:

Jesús aparece como Ungido, como Siervo, como Cordero, como Hijo. Son títulos que también los bautizados podemos aplicarnos porque por el bautismo estamos incorporados a Cristo, a ser otros cristos, vocacionados a vivir como hijos de Dios y a servir a los hermanos –hijos, “no parientes lejanos”- y capacitados para combatir el pecado en el mundo.

Somos llamados a ser verdaderos discípulos de Jesús en la vida ordinaria. No se trata de cambiar de estado ni de forma de vida, sino de algo más sencillo y más radical, ¿por qué nos cuesta tanto entenderlo?: estar dispuestos a implicarnos en la aventura de Jesús, tal como nos lo presenta el Evangelio. Hay pocas vocaciones “especiales” porque no se vive la existencia creyente normal como seguimiento de Jesús y entrega al reino.

LECTIO DIVINA – CICLO B – EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.

Manifestará la justicia con verdad.

No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».

Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10

R./ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R./

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R./

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R./

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1,7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:

«Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco».

COMPRENDER EL TEXTO

UN CAMBIO DE PERSPECTIVA

Con la fiesta del Bautismo de Jesús ponemos punto final al tiempo litúrgico de la Navidad. Aunque seguir hablando de tiempo de Navidad en nuestra celebración puede, como mínimo, extrañar.

Por otro lado, el texto evangélico del Bautismo de Jesús, este año siguiendo la narración de Marcos, nos sitúa ante un salto cronológico muy significativo. Hemos dejado atrás los relatos que hemos utilizado en las otras celebraciones del tiempo de Navidad, que tienen como punto de referencia un Jesús niño, para hacer un salto a su edad adulta.

EL BAUTISMO DE JESÚS

Celebramos el bautismo de Jesús, y es un buen momento para recordar y reafirmar nuestro propio bautismo. Aunque un elemento que no podemos olvidar es la diferencia profunda de su significado, a pesar de que exteriormente puedan ser parecidos al usar agua como elemento y signo.

Los cuatro evangelios sitúan el bautismo de Jesús en el marco de la actividad que realiza Juan Bautista, que utiliza el signo del bautismo con agua –práctica muy extendida en el mundo judío de aquel tiempo– como expresión de la voluntad de respuesta de la persona por cambiar de vida, respondiendo así a la llamada de Dios a serle fiel expresada en boca de Juan.

El contexto del relato de Marcos, muy sobrio en su expresión, como en él es habitual, destaca el papel superior que le corresponde a Jesús frente a Juan y la respuesta de Dios hablando de la identidad de Jesús: “Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco”.

Cada evangelista, aunque pueda haber materiales comunes entre los cuatro evangelios, tiene su carácter propio que le hace destacar unos elementos sobre otros.

Y NUESTRO BAUTISMO

El bautismo que hemos recibido los cristianos no proviene del practicado por Juan Bautista ni tiene el mismo significado, sino que lo hemos recibido por encargo del mismo Jesús (cf. Mt 28,19). Rico en significado, el bautismo que hemos recibido, o bien que se preparan a recibir los catecúmenos, nos convierte en hijos e hijas de Dios a imagen de Jesús, y miembros de la Iglesia. Por el bautismo hemos sido lavados del pecado original, morimos a todo pecado y nacemos a una vida nueva.

Remarcando con insistencia y claridad la distinción entre lo que hemos escuchado en el evangelio y lo que en un momento sucedió en nosotros, éste es un buen momento para recordar y revivir nuestro bautismo (de la misma manera que lo revivimos con fuerza y hondo significado en la Vigilia Pascual). En el bautismo hemos empezado a decir “sí” a Dios y a Jesús, un “sí” que hay que ir reafirmando y concretando a cada paso de nuestra vida humana y, especialmente, cristiana.

  • ¿Qué hacemos en el mundo?

Vivimos en un mundo y una sociedad en la que nos cuesta ver nuestro futuro, el camino que debemos recorrer, la pautas que debemos seguir. Como cristianos adultos nos damos cuenta de que deberíamos tener más claro nuestro proyecto de vida y que, frecuentemente, damos la impresión de haber perdido la carta de navegación:

Todos juntos, cada uno con su experiencia, estamos en busca de la propia identidad. ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Hacia dónde debemos orientar nuestros esfuerzos? ¿Qué es lo fundamental de nuestra vida? ¿Qué nos pide hoy, aquí, el Señor?

  • Jesús, enviado por Dios

Jesús de Nazaret, cuyo nacimiento hemos celebrado durante las fiestas de Navidad, tampoco se ahorrará estas preguntas fundamentales. Pero él no se preguntaba qué papel tenía que jugar en el mundo, sino que lo formulaba al revés. Se preguntaba qué esperaban, Dios y el mundo, de él. Y Jesús se siente llamado por Dios a una tarea muy concreta: “Liberar a los hombres de toda esclavitud”.

Jesús comprende que Dios le dirige las palabras de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura: “Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones”. Jesús descubre que Dios no pide imposibles a pesar de que lo envía a liberar a “los pueblos”, a pesar de la dificultad de mostrarles el amor de Dios, porque Jesús sabe que Dios le comunica su propio espíritu; porque Jesús sabe que cuenta con la fuerza necesaria para realizar esta misión.

Jesús, que hasta aquel momento había vivido en la sencillez de Nazaret y había trabajado y rezado con la gente de su pueblo, ha podido descubrir que el Amor de Dios es portador de vida, como el amor de los padres trae a la vida a sus hijos.

Y ha asumido las palabras de Dios que hemos escuchado en el evangelio de hoy. “Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco”. De ahora en adelante dirá a todo el mundo, con la palabra y el testimonio, que Dios es el Padre de todos, que vale la pena colaborar en la construcción de su Reino, donde nos reconocemos hermanos e hijos de él.

  • Dios también nos llama a nosotros

Dios también nos llama a nosotros desde nuestro bautismo. Es una llamada que resuena en nuestro interior. Es la llamada que Dios nos hace llegar cada día, en cada situación concreta. Y cada uno de nosotros deberá descubrir esta llamada personal: nadie se puede ahorrar este trabajo.

Para poder escuchar esta llamada es imprescindible pararse y hacer silencio, rezar y esperar y dejarse ayudar.

Jesús no lo descubrió de golpe ni lo hizo todo él solo. Fue acompañado por su familia, por el movimiento de Juan Bautista, por la fe de su pueblo reunido cada sábado en la sinagoga. Y nosotros, si lo vivimos de esa manera, descubriremos que la llamada que Dios nos dirige, como a Jesús, está al servicio de los demás. La llamada de Dios no es para que nos encerremos en nosotros mismos. Descubriremos que la llamada que Dios nos dirige quiere conseguir, con nuestro trabajo, una vida más digna para todos.

ACTUALIZAMOS

En la Eucaristía de este domingo, que cierra ya las fiestas navideñas, celebramos que Jesús fue fiel hasta el final y recibimos su mismo Espíritu, que nos da la fuerza necesaria que posibilita que también nosotros avancemos hasta el final; que elimina de nuestra vida la apatía y la desesperación porque estamos llamados a una tarea importante. Y porque tenemos la fuerza necesaria para realizarla.

  1. He sido bautizado en agua y Espíritu,

¿cómo me impulsa a vivir este pasaje al servicio del Reino?

  1. “Tú eres mi Hijo amado”. Jesús escuchó esto el día de su “bautismo”. También yo:

¿me siento hijo amado de Dios?

¿Entiendo mi filiación como un servicio o como un privilegio?

¿Cómo lo expreso en mi vida?

  1. “Él os bautizará con Espíritu Santo”. El Espíritu es signo de salvación, de tiempos últimos.

 ¿Me mueve el Espíritu que habita en mí a tener la certeza y la esperanza de que este tiempo en que vivo es definitivo?

LECTIO DIVINA – NAVIDAD – LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti.

Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá.

Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.

Salmo 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13

R./ Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R./

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R./

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos. R./

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos:

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.

Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

COMENTARIO

MAGOS. FIESTA DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR

Epifanía significa manifestación. Hoy Jesús se manifiesta a unos magos venidos de Oriente. El mensaje principal es que Jesús no ha venido a manifestarse sólo a un pueblo escogido, sino a todos los pueblos de la tierra (Universalidad de la fe). Los magos de Oriente representan a los pueblos paganos que llegaron a la fe. Nos lo cuenta san Mateo (2,1-12).

 COMPRENDER EL TEXTO

Para nosotros tiene muchas enseñanzas, pues está escrito como un proceso de fe que todos debemos recorrer para llegar a vivir el encuentro pleno con Dios. Acompañemos a los magos en este proceso de fe, en 8 etapas.

    1. LA INICIATIVA LA TIENE DIOS:
      No deja de enviar mensajes a sus hijos. En realidad hay muchas estrellas. Unos las ven o se fijan en ellas y otros no. Estrellas de Dios son las personas y los acontecimientos agradables y adversos. Lo difícil es ver la mano de Dios en todos ellos. Los magos vieron la estrella y en ella sintieron que había un mensaje de Dios.
    2. SE PONEN EN CAMINO:
      No basta ver la estrella. Hay que actuar. No basta saber el camino, hay que ponerse a caminar. Para seguir los planes de Dios hace falta dejarse seducir por Él. Eso es la fe. Es necesario un gran deseo de Dios lleno de amor. Como el anciano Simeón, aunque no sepamos cómo se puede llegar, como les pasaba a los magos. No fue fácil. Es necesaria la perseverancia. Ellos siguieron con alegría el camino hacia el Señor.
    3. LA ESTRELLA DESAPARECIÓ:
      No todo es fácil en el camino hacia Dios. Suele haber dudas y temores, tentaciones de abandono. Todos los santos lo han sentido. Hay momentos de sentir la oscuridad de la fe, hasta ser como una “noche oscura”. Pero Dios nunca nos abandona. Debemos seguir teniendo esperanza en Dios que está siempre con nosotros. Debemos reflexionar y orar.
    4. Y PREGUNTARON:
      En el camino hacia Dios, cuando vienen las dificultades, podremos encontrar en la Iglesia personas que nos pueden ayudar. Seamos valientes y consultemos. Los magos acudieron a una persona equivocada, Herodes; pero a través de él, Dios les ayudó, porque vio en ellos una buena voluntad. Herodes tramando maldades, les quiso engañar. Pero la fe siempre triunfa del mal. Dios permite las dificultades, en cuanto pueden fortalecer la fe. Ahora Dios les habla a través de su palabra escrita: “El Mesías deberá nacer en Belén”. Y contentos los magos salen de Jerusalén camino de Belén.
    5. APARECIÓ DE NUEVO LA ESTRELLA:
      Dios parece que se esconde, pero termina consolando. Para aquel que confía, siempre vuelve la estrella. Y con la estrella vuelve la alegría. Las pruebas en el espíritu se parecen a la oscuridad de la fe. Pero cuando viene la claridad, por obra del Espíritu divino, el alma ha madurado y se siente fortalecida y alegre. Dios siempre es luz y quien persevera en su búsqueda termina encontrando la luz en su espíritu. Para ello es necesaria mucha humildad y mucho amor.
    6. Y ENCONTRARON A JESÚS:
      Con la ayuda de la estrella que se puso encima de la casa donde estaba Jesús, llegaron felices los magos a Belén. Entraron donde estaba el Niño, con María, y le adoraron. Jesús debe ser el final de nuestra búsqueda espiritual. No sería fácil reconocer a Jesús, pues ellos buscaban a un rey. Le reconocieron por tener un corazón limpio: “Los limpios de corazón verán a Dios”. Hay que tener alma de niño para poderse compenetrar con Jesús: no ser esclavo de la violencia y tener mucho amor en el corazón. 
    7. Y LE OFRECIERON SUS DONES:
      Incienso, que es la oración. Mirra, que es la aceptación paciente de los trabajos y dificultades. Oro, que es el AMOR. El principal don es la adoración, es el ofrecimiento de todo nuestro corazón, de todo nuestro ser.
    8. Y SE VOLVIERON POR OTRO CAMINO:
      Quien ha conocido a Jesús debe cambiar a un camino de mayor justicia, paz y amor. No sabemos si los magos del evangelio eran reyes, ni siquiera si eran tres, lo importante es que buscaban verdad y la encontraron en Jesús. No el camino de Herodes que representa el poder, el mal, el pecado.

LECTIO DIVINA – NAVIDAD – SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ

Lectura del libro de los Números 6, 22-27

El Señor habló a Moisés:

«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.

El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R./ Que Dios tenga piedad y nos bendiga.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R./

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R./

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

COMENTARIO

Hoy comienza el año nuevo, es la octava de Navidad, la fiesta de María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de Oración por la Paz.

Las lecturas que nos ofrece la liturgia están en consonancia con todo esto, todas hablan de Bendición: Números: expresa el deseo de que Dios proteja a su pueblo. En Gálatas: la bendición se muestra en el ser hijos, no esclavos, herederos de la casa de Dios. En el Evangelio: la bendición se hace carne con el nacimiento de Jesús, abriéndonos a la experiencia profunda de María y a la alegría de los pastores.

Acogemos esta abundancia de bendiciones y, como los pastores, glorificamos al Señor que sale a nuestro encuentro hecho Palabra encarnada.

COMPRENDER EL TEXTO

Toda la liturgia de Navidad es una invitación a no dejarse envolver por las palabras humanas, sino a detenerse y contemplar el misterio de la Palabra hecha carne, del Hijo de Dios acostado en un pesebre.

Este pasaje de Lucas nos lleva de nuevo al relato de la infancia, es continuación del que proclamamos en la misa del Gallo. Es un relato contado en 3 escenas: 1) El nacimiento de Jesús en Belén. 2) El mensaje del ángel. 3) La reacción de los pastores.

Lucas nos recuerda que el nacimiento de Jesús fue un acontecimiento histórico y que tiene un mensaje de fe.

Los protagonistas de esta tercera parte que hoy leemos son los PASTORES, MARÍA y, sobre todo, JESÚS.

Se describe la actitud de los pastores con verbos que expresan acción: se dicen unos a otros, fueron corriendo, encontraron, contaron … Con estos verbos que denotan movimiento, el evangelista está constatando algo muy importante: la fe es un camino. Lo que se está describiendo es un proceso de encuentro con Jesús. Lucas pretende que nos identifiquemos con los pastores. De esta forma nos propone dar unos pasos concretos para que lleguemos al descubrimiento de Jesús después de haber escuchado el anuncio de la Buena Noticia.

Las etapas de este itinerario son:

  1. Búsqueda,
  2. Hallazgo unido a la experiencia personal y
  3. Testimonio

De este testimonio brota la admiración en quienes escuchan, y así la fe comienza a propagarse.

Empujados por el mensaje del “ejército celestial”, los pastores van a toda prisa a Belén, a ver lo que ha pasado, y encuentran al niño. Su fe sencilla y abierta no pone dificultades para creer el mensaje transmitido. La suya es una fe profunda que se basa en su encuentro con Jesús. Además, la experiencia de los pastores es misionera. Comunican lo sucedido y se va extendiendo la reacción de sorpresa y de admiración ante lo que ha sucedido.

Junto a la fe comunicativa de los pastores, el evangelista presenta a María. En muy pocas palabras se expresa su profunda vivencia de lo que sucede con el nacimiento de Jesús. El evangelista destaca la actitud de María, de guardar sus experiencias en el corazón, se repliega hacia su interior para comprender el profundo significado de lo que está viviendo y de lo que le cuentan los pastores. Su actitud ante los acontecimientos y su meditación interior corresponden a su personalidad de creyente y de esclava del Señor. Más tarde se repetirá esta actitud de María ante la pérdida de Jesús en Jerusalén, con palabras similares.

Tanto los pastores como María orientan su acción y su interioridad hacia Jesús, el niño Dios acostado en el pesebre. El versículo 21 habla de su circuncisión y de la imposición del nombre “a los 8 días”. De este modo empieza a insertarse en la religión y la cultura judía. Y es que la llegada del Mesías a nuestra historia no fue algo desligado de la realidad humana. Por la circuncisión entra a formar parte de la comunidad de fe israelita (nuestro bautismo). El nombre que recibe no está puesto al azar, sino que expresa su misión, y le fue impuesto, según el relato de la anunciación por el mismo Dios: Jesús = Dios salva. Este es el designio que Dios tiene para el Hijo de María.

Acerquémonos, en este primer día del año a Jesús, el hijo de María y de José, el Hijo de Dios acostado en un pesebre. Los pastores y María son propuestos como modelos de una fe dinámica, que arraiga en lo más profundo del corazón humano. Ellos nos inspiran la manera de encontrarnos y de acogerle, porque él es el salvador del mundo y sólo con él nuestra tierra tendrá paz.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

El primer día del año se inicia con la mejor de las noticias: Dios nos ha bendecido para siempre en Jesucristo. Además, en María y en los pastores se nos ofrecen modelos de actitudes, formas de acoger y expresar en la vida la bendición de Dios de modo que alcancen a todo el mundo. Reflexionamos sobre el modo de actualizar este evangelio en nuestra realidad cotidiana.

  1. El evangelio de hoy nos presenta la actitud misionera de los pastores y la de la profunda reflexión de María:

¿Cómo son modelos concretos para nuestra vida de fe?

  1. El pasaje tiene elementos que afectan a nuestro compromiso cristiano:

¿Cuáles son esos elementos? ¿Cómo nos comprometen?

  1. En nuestro mundo:

¿Qué esperanzas concretas crees que trae Jesús a los hombres y mujeres de nuestro tiempo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – NAVIDAD – LA SAGRADA FAMILIA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

COMENTARIO

El libro del Eclesiástico y el salmo nos presentan el modelo de relaciones y los valores que prevalecían en la familia tradicional israelita: los hijos corresponden a los padres con el respeto, el servicio y el auxilio, todo ello marcado por el amor. En medio de una familia que hunde sus raíces en esa tradición se educó, creció y maduró Jesús. Y no siempre fue fácil su vida familiar, como muestra el evangelio de Mateo, y sufrió la persecución y el exilio. Pero Jesús, como celebramos durante estas fiestas navideñas, vino para encarnarse y para compartir todas las peripecias humanas, también las familiares. Como dice san Pablo a los Colosenses, que nuestras familias y todas nuestras relaciones se revistan del amor, para poder así superar todas las adversidades.

No sabemos muchas cosas de su vida, pero sí una era segura: Jesús quiso nacer y vivir en una familia, quiso experimentar nuestra existencia humana y por añadidura, en una familia pobre, trabajadora, que tendría muchos momentos de paz y serenidad, pero que también supo de estrecheces, de emigración, de persecución y de muerte.

El evangelio es de la infancia de Jesús, y las demás lecturas hablan de las virtudes de la vida doméstica. A la vez seguimos meditando en el misterio de Dios hecho hombre, y nos miramos al espejo de la Sagrada Familia para mejorar el clima de la nuestra. Precisamente ahora en la que tantos interrogantes se levantan contra la institución de la familia humana, y tantas dificultades encontramos todos para la convivencia y para la estabilidad en nuestras opciones y relaciones, la Palabra de Dios ilumina desde la luz cristiana y navideña la realidad de nuestras familias.

COMPRENDER EL TEXTO

HONRAR PADRE Y MADRE:

En la primera lectura se nos traza un pequeño tratado sobre el comportamiento de los hijos para con sus padres. El marco social ha cambiado mucho. Pero la actitud que él señala sigue siendo actual: atender a los padres, también cuando se hacen mayores y empieza a flaquear su cabeza. Qué fácil es tratarles bien cuando son ellos los que nos ayudan a nosotros. Y qué difícil cuando ya no se valen por sí mismos y dependen de nuestra ayuda. El motivo para amar a los padres no es solamente humano. Se remonta a Dios y a su mandamiento (4º): honrar al padre y a la madre. “El que honra a su padre, cuando rece será escuchado; al que honra a su madre, el Señor le escucha”. Habrá cambiado el sistema de relaciones en la familia; la autoridad de los padres tendrá ahora mucho más en cuenta la libertad y personalidad de los hijos pero el mandamiento de Dios continúa, y debe tener aplicación en cualquier circunstancia.

NO ES FÁCIL LA VIDA EN COMÚN:

Pablo nos ha mostrado otro ambiente en el que realizar ese mismo ideal de convivencia humana y cristiana: el de una comunidad. Sus recomendaciones siguen válidas: «Revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor; que es el vínculo de la unidad perfecta». Es precisamente la actitud que nos suele faltar: la acogida mutua en cualquier clase de convivencia. Las relaciones interpersonales nos resultan cada vez más difíciles. La fiesta de hoy no nos da soluciones técnicas para la vida familiar o social, pero sí nos ofrece claves profundas, humanas y cristianas a la vez: el amor, la comprensión, la acogida y el perdón.

Pero hay una clave superior: todo eso no lo hace una familia cristiana sólo por motivos de coexistencia civilizada, sino desde la fe “en el Señor”. Porque Dios nos ha perdonado, es por lo que nosotros perdonamos a los demás. Porque Cristo Jesús ha aparecido en medio de nosotros, es por lo que nos sentimos agradecidos e intentamos amar a los demás. La familia cristiana debe ser un signo del amor de Dios en medio de la sociedad, tan falta de amor y de testigos de esperanza.

TAMBIÉN EN MOMENTOS DE ANGUSTIA:

La vida de la familia conlleva momentos de tensión y dificultad, como los que leemos en el evangelio de hoy. José tuvo que decidirse a tomar a su mujer y a su hijo y huir a Egipto. No serían las únicas dificultades que pasaría esta familia. Ya se le anunció a María que una espada de dolor atravesaría su alma. Perdieron al niño en el Templo, sufrieron la incomprensión y la angustia de la búsqueda y el no entender su lenguaje. Por eso son modelo de armonía y de fidelidad a Dios tanto en lo bueno como en el dolor, incluso los momentos que pasaron como emigrantes o prófugos.

ACTUALIZAMOS

  1. En medio de la familia de Nazaret, Jesús fue educado, creció, amó y fue amado, adquirió unos valores:

¿En qué sentido te ha configurado tu familia?

¿Qué importancia ha tenido y tiene en la transmisión y vivencia de tu fe?

  1. José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche…

¿Conozco situaciones familiares difíciles?

¿Estoy dispuesto a ayudar? ¿Cómo?

  1. Dios conduce la historia de modo muchas veces incomprensible:

¿Qué esperanzas anima en mí este modo de actuar de Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO B – NAVIDAD – LA SAGRADA FAMILIA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”, a quien has presentado ante todos los pueblos: “luz para alumbrar a las naciones” y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño, Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción -y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se aparataba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

COMENTARIO

En cada familia hay problemas, y a veces también se discute. «Padre, me he peleado…»; somos humanos, somos débiles, y todos tenemos a veces este hecho de que peleamos en la familia. Os diré una cosa: si nos peleamos en familia, que no termine el día sin hacer las paces: «Sí, he discutido», pero antes de que termine el día, haz las paces. Y sabes ¿por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa. No ayuda. Y luego, en la familia hay tres palabras, tres palabras que hay que custodiar siempre: «Permiso», «gracias», «perdón». (Papa Francisco, 27-12-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la Lectura del libro del Eclesiástico, la relación filial exige honra, respeto y servicio de palabra y obra; en definitiva, la honra o el deshonor de los padres redundan casi automáticamente, positiva o negativamente, en el futuro de los hijos. Aparte de esto hay que contar con el don divino: perdón de los pecados, escucha por parte del Señor, bendición divina [….] La honra a los padres debe durar de por vida, incluso cuando padecen los achaques de la ancianidad.

En la Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses encontramos las cinco virtudes: la compasión, la bondad, la humildad, la paciencia y la mansedumbre, que hay que practicar con todos, pues todos hemos recibido la vocación cristiana y formamos el pueblo de Dios (Col 3,12).

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40. Presentación de Jesús. Los padres de Jesús cumplen todo lo que ordenaba la ley de Moisés con motivo del nacimiento de un niño. Según Lv 12,28, cuarenta días después del nacimiento, la madre ofrecía un ritual de purificación en el templo. Según Ex 13,2. 12-13, el primogénito pertenecía a Dios y tenía que ser rescatado por una ofrenda del padre. En el marco institucional del judaísmo (purificación, presentación, templo) el pueblo judío, representado por Simeón y Ana, encuentra al que será la gloria de Israel y la luz de los paganos. Hacia él converge la esperanza del Antiguo Testamento. Pero la sombra de la cruz y el rechazo de su pueblo se insinúa en las palabras de Simeón. La confesión de la comunidad lucana, puesta en boca de Simeón, no olvida que todo eso se cumplirá a través del camino difícil de la vida de Jesús. Una vida que asume todos los condicionantes de la humanidad (v. 40).

De Simeón se nos dice que esperaba el consuelo de Israel. Tanto él como Ana (Lc 2,38) son descritos como representantes de los fieles judíos que esperaban la restauración del reinado de Dios sobre Israel. El nacimiento de Jesús colma estas esperanzas pero les abre a nuevas perspectivas más universales. Las palabras de Simeón, inspiradas por el Espíritu, son el último canto insertado en el evangelio de la infancia de Lucas. La liturgia de la Iglesia lo llama «Nunc dimittis», según sus primeras palabras en latín. Simeón toma conciencia de que la realización de las promesas anuncia la proximidad de su muerte, pero ahora puede morir en paz, como Abrahán (Gn 15,15), puesto que ha visto la salvación de Dios. Jesús es el Mesías a quien Dios ha enviado a salvar no sólo a su pueblo sino a todos los hombres (Is 42,6; 49,6; 52,10). Aquí despunta un tema muy querido por Lucas: el universalismo de la salvación de Dios que ya no tiene un pueblo elegido, sino que se dirige a toda la humanidad. Por primera vez se manifiesta explícitamente -aunque la idea estaba latente en el canto del «Gloria»- que el horizonte en el que tenemos que comprender estos acontecimientos no es el del pueblo de Israel sino el de toda la humanidad. Las palabras de Simeón a María (Lc 2,34-35) son un tanto enigmáticas. Jesús apareció ante los hombres y mujeres de su tiempo como un signo que no se imponía, sino que se acogía libremente por la fe. De hecho, una parte importante de Israel lo rechazó (Hch 28,26-28). De ahí la amenaza que gravita sobre María, cuyo corazón quedará desgarrado por un drama que va a culminar en la cruz.

Después de Simeón interviene Ana, una profetisa viuda que pasaba su vida orando en el templo. Una «santa» del Antiguo Testamento que encarna la figura de los pobres de Yahvé, los cuales esperaban en la oración y la pobreza la llegada de la salvación definitiva. Ahora puede proclamar que la liberación del pueblo de Dios, representado por la ciudad santa de Jerusalén, empieza a realizarse. El término utilizado para hablar de la liberación es «rescate» y esto nos lleva al gran acontecimiento salvífico de la historia de Israel, el rescate de la esclavitud de Egipto (Ex 13,13-15; 34,20; Nm 18,15-16). Este hecho es el que celebraba precisamente la ceremonia de la presentación en el templo del primogénito de cada familia.

ACTUALIZAMOS

  1. En la familia de Nazaret, Jesús fue educado, creció, amó y fue amado:

¿En qué sentido te ha configurado tu familia? ¿Has reconocido el amor de Dios en el amor recibido en la familia, aun con las limitaciones humanas?

¿Cómo vives el respeto, la gratitud y el cuidado hacia los mayores en tu familia y en la sociedad?

  1. Dios viene a nuestra historia:

¿Qué brota en tu corazón ante un Dios que viene en nuestra carne? ¿Te dejas conducir por el Espíritu, como Simeón y Ana, para poder reconocerle? La paz es el fruto de este reconocimiento agradecido.

LECTIO DIVINA – MISA DEL DÍA DE NAVIDAD

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sion: «¡Tu Dios reina!»

Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sion.

Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.

Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

 Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6

R./ Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R./

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R./

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R./

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.

En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy”; y en otro lugar: “Yo seré para él un padre, y el será para mí un hijo”?

Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.

Comienzo del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

El mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

COMENTARIO

Las lecturas del día de Navidad, 25 de diciembre, nos invitan a la alegría y a la adoración. Las palabras del profeta Isaías son un estallido de alegría ante el Dios cuya venida trae el consuelo y la liberación. La carta a los Hebreos nos ayuda a contemplar el misterio de Cristo, el Hijo en el que Dios nos ha hablado; fue introducido en el mundo (navidad) y está sentado a la derecha del Padre (resurrección-ascensión). Si en la misa de medianoche contemplamos a Jesús recién nacido entre José, “de la casa y familia de David”, y María, que le dio a luz, “lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”, hoy, en la misa del día de Navidad, lo contemplamos como “el Verbo de Dios”, la Palabra “hecha carne”, el “Hijo unigénito” que nos dio el poder ser “hijos de Dios”.

COMPRENDER EL TEXTO

Hoy se proclama el “prólogo” del evangelio de Juan. Como prólogo, desvela el sentido de todo el evangelio; revela desde el principio la identidad de Jesús, cuya historia se va a contar. En su forma literaria, es un “himno”, un poema que celebra la venida al mundo del Verbo de Dios. Al mismo tiempo es un “relato”: narra el acontecimiento de la encarnación del Verbo.

Las primeras palabras, “en el principio”, evocan Gén 1,1 (“al principio creó Dios el cielo y la tierra”); de este modo, el origen de Jesús asciende hasta el Creador, el fundamento de la vida; pero va más allá de la creación: el v. 1 habla de antes del principio del mundo, antes de la creación: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. Lo que se ha manifestado en la persona de Jesucristo es Dios mismo. El término griego “logos” significa “palabra”, en latín “verbum”. Dios es un Dios que se comunica, que nos es perceptible en su dimensión de Palabra. En el prólogo es un título cristológico: esta Palabra divina se identifica con la persona de Jesús de Nazaret.

“Por medio de él se hizo todo”: evoca la creación por la palabra eficaz de Dios en Gén 1: “Dijo Dios…”. El Logos es la “vida”, que solo puede recibirse como un don suyo; la vida de los hombres no es solo la existencia, es participación en la vida de Dios, es vinculación a la fuente de la vida. Y esta vida, que es Él mismo, es “la luz de los hombres”: la que nos orienta y da sentido y que se ofrece a todos.

La comunidad joánica tiene experiencia de que “la luz brilla en las tinieblas” con la presencia de Jesús en la historia: es una luz divina que no es posesión humana. También aquí solo Dios es pura luz (como la vida), y lo que no es Dios debe recibir su luz. La “tiniebla” evoca además las infidelidades que los profetas reprocharon a Israel al tiempo que reflejan de antemano los acontecimientos que sobrevendrán a Jesús, el rechazo y la muerte. Pero la luz del Logos no es una dimensión del mundo: el rechazo de la luz no conduce a su desaparición, la última palabra corresponde a la luz. El fragmento en griego: “…y la tiniebla no la recibió”, es traducido por algunos en este sentido: “y la tiniebla no la detuvo” (la tiniebla no pudo detener la luz, pues Jesús no quedó en la tiniebla de la muerte, sino que venció la luz de la resurrección).

Juan (el Bautista) es enviado por Dios para ser testigo de la presencia del Logos, de la luz, para que “todos” crean: la luz es reconocida en la fe.

Del Logos, Verbo, se dice que era “la luz verdadera”, la auténtica, no solo respecto de Juan, sino de todas las falsas luces que resplandecen en el mundo; es “la luz”, única. Por eso llena de sentido, ilumina y hace dichosa la existencia: es una plenitud que se ofrece a todo ser humano.

El Logos sale al encuentro del hombre en un movimiento de venida que tiene su punto culminante en la encarnación: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (v. 14). Estaba ya en el mundo, lo había creado, el mundo le pertenece, es “su casa”, y “vino” en el momento histórico de la encarnación. Frente al rechazo, el himno declara: “Pero a quienes lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios”: a la acogida del Verbo, que consiste en “creer en su nombre”, responde el don de ser “hijos de Dios”, nacidos de Dios. Los hombres acogen, se dejan iluminar por Él, y Dios les da un “poder” que no consiste en hacerse a sí mismos, sino en recibir una dignidad que viene de Dios, la de “hijo”, el acceso a la filiación divina, una relación con Dios como hijos, un nuevo nacimiento.

“Y el Verbo se hizo carne”: “carne”, palabra que no tiene nunca un significado peyorativo en el evangelio de Juan e indica la condición frágil, precaria y mortal. Este es el misterio: el Logos, la Palabra, el Verbo preexistente, que estaba junto a Dios, que era Dios, viene al mundo y se hace un hombre: Jesús de Nazaret, sin dejar por ello de ser lo que antes era (como dice S. Jerónimo). Y “habitó”, plantó su tienda entre nosotros.

Por eso la encarnación es la manifestación de “la gloria” de Dios. En el Antiguo Testamento la gloria es Dios mismo en cuanto se hace presente. Aquí, la gloria divina se concentra en el hombre Jesús y es la gloria del “Hijo único, lleno de gracia y de verdad”. El don que nos puede comunicar es esta gracia: el conocimiento de Dios -a quien nadie ha visto jamás- como Padre.

ACTUALIZAMOS

Las lecturas de hoy, más que a hacernos preguntas, nos invitan al silencio y a la adoración, a mirar a Jesús en su misterio y dejar que su gracia nos alcance: recibir de su plenitud el ser hijos de Dios.

LECTIO DIVINA – MISA DE MEDIANOCHE – NOCHEBUENA

Lectura del libro de Isaías 9, 1-6

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre:

«Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz».

Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino.

Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre.
El celo del Señor del universo lo realizará.

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13

R./ Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R./

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R./

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R./

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14

Querido hermano:

Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.

ALELUYA. Cf. Lc 2, 10-11

R./ Aleluya, aleluya, aleluya.

Os anuncio una buena noticia: hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. R./

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 1-14

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

COMENTARIO

Todas las lecturas de la misa de medianoche del día 24 de diciembre nos introducen en el misterio de la Navidad. El recorrido se inicia con el profeta Isaías, que anuncia jubiloso el fin de la dominación enemiga gracias al nacimiento del “príncipe de la paz”. La segunda lectura proclama esperanzada una salvación universal y señala a Jesús como aquel que ha venido a mostrarnos el camino del bien. Por último, el evangelio según san Lucas narra en clave teológica el nacimiento del salvador esperado, del príncipe de la paz anunciado, nos relata cómo se celebró la primera navidad, pero, sobre todo, expresa el profundo significado que tiene el nacimiento de Jesús para toda la humanidad. Sólo queda que cada uno de nosotros y nuestra comunidad acojamos su venida.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de hoy está tomado del relato de la infancia de Jesús según san Lucas (1-2). Mateo tiene también un relato que narra el nacimiento de Jesús. Aunque estos relatos se encuentran ahora en el comienzo de ambos evangelios, fueron compuestos más tarde que el resto de los relatos evangélicos. En ellos encontramos sobre todo la fe de las comunidades cristianas que veían en el niño nacido en Belén al Señor resucitado a quien ellos adoraban. Para componer estos relatos utilizaron géneros literarios, es decir, formas de escribir habituales en aquella época para narrar el nacimiento de personajes famosos (relatos de anunciación, nacimientos milagrosos…) por eso nosotros, más que tomarlos al pie de la letra, buscamos la fe que en ellos dejaron reflejada los primeros cristianos y que se ha mantenido viva en la Iglesia.

Lucas, en los dos primeros capítulos de su evangelio, relata en paralelo las infancias de Juan Bautista y de Jesús. Es fácil identificar algunos elementos comunes: anuncio del nacimiento de Juan y también de Jesús, nacimiento de ambos…; de este modo, el evangelista intenta mostrar que Jesús es superior a los profetas del Antiguo Testamento, representados por el Bautista. Además, con Jesús se inaugura el tiempo del Reinado de Dios. Por eso estos dos capítulos rebosan de alegría y de continuas alabanzas por el nacimiento del Salvador.

El relato del nacimiento de Jesús está contado en tres escenas. Dos de ellas las leemos en la misa del gallo y la tercera el día 1 de enero.

La primera escena (Lc 2,1-7) se detiene en algunos detalles que rodearon el nacimiento de Jesús porque quiere relacionarlos con la historia de su tiempo.

Lucas dice que el censo de Quirino se realizó en todo el imperio romano. Al colocar este hecho en relación con el nacimiento de Jesús está dando a entender que su venida al mundo es un acontecimiento que también afecta a todo el Imperio. Subraya también que Jesús nació en Belén, “la ciudad de David”. En ella había nacido el rey más grande de Israel, y por eso muchos judíos esperaban que el Mesías naciera de la familia de David y en su mismo pueblo. Lucas muestra que esto se cumple en Jesús, adoptado por José, que era de la familia y del pueblo de David.

La segunda escena (Lc 2,8-14) dice que un ángel, un mensajero de Dios, anuncia este nacimiento a unos pastores. Pero si nos fijamos bien, descubriremos que lo importante no es esto. Lo que al evangelista le interesa es decir quién es el nacido y cuál es el sentido de su nacimiento. Esto se expresa en los títulos que el ángel da al niño. Para entender mejor el significado de estos títulos es necesario saber que el emperador romano se denominaba “salvador”, que la espera de un Mesías calaba hondo entre los judíos y que a Dios se le llamaba “Señor”.

Es necesario destacar también algunas paradojas que encontramos en el evangelio de hoy: el emperador cree manejar la historia con un edicto, pero es Dios quien la dirige a través de un niño; en la oscuridad de la noche brilla la luz; la gloria de Dios se manifiesta en un recién nacido; los marginados, los pastores, son los primeros invitados…

Este relato del nacimiento de Jesús no es sólo un recuerdo entrañable, sino que encierra un mensaje de fe para nosotros. Este mensaje puede ayudarnos a celebrar la Navidad con la misma actitud de los pastores y a entenderla como una realidad que se actualiza cada día si tenemos los ojos abiertos y el corazón atento. Para esto es para lo que nos hemos venido preparando durante todo el Adviento.

ACTUALIZAMOS

Dios se ha hecho carne, ha aceptado envolverse en la fragilidad e impotencia de un recién nacido. Es un acontecimiento que no puede dejarnos indiferentes. Es preciso que le prestemos nuestra vida para que en las circunstancias históricas actuales se manifieste como el Salvador, el Mesías y el Señor del mundo.

  1. Hoy os ha nacido un Salvador”, hoy se hace presente la gracia de Dios.

¿Creo y veo hoy, ahora, la liberación de Dios? ¿Dónde? ¿Cómo?

  1. El nacimiento de Jesús es buena noticia.

¿Qué puedo hacer para que esta buena noticia se haga realidad en mi vida?

¿Qué podemos hacer como comunidad y como Iglesia?

  1. El relato del nacimiento de Jesús está lleno de alegría por su venida.

¿Es también la alegría una actitud en mi vida?

¿De dónde brota la alegría con la que celebramos la Navidad?

LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO IV

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16

Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:

«Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».

Natán dijo al rey:

«Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».

Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:

«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?

Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.

En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y el será para mí un hijo.

Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».

Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29

R./ Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R./

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R./

«Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”;
le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27

Hermanos:

Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contesto:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

COMENTARIO

Dios no olvida los compromisos adquiridos con su pueblo y el Adviento nos ofrece la ocasión de celebrarlo. Tanto la primera lectura como el salmo responsorial recuerdan la alianza que el Señor hizo con el rey David al asegurarle que su dinastía se mantendría para siempre en el trono de Judá. El cumplimiento de esa promesa no se realiza según las expectativas políticas y nacionalistas de Israel, sino que se verifica, de un modo paradójico, en Jesucristo. Él es el Mesías esperado cuyo Reino no tendrá fin, el Hijo del Altísimo concebido en el vientre de una humilde muchacha de Nazaret. La disponibilidad de María es el cauce por el que la salvación de Dios se hace presente. Éste es el misterio que, según la carta a los Romanos, Dios había mantenido en secreto desde la eternidad y ahora es anunciado como Buena Noticia a todas las naciones.

COMPRENDER EL TEXTO

María es, junto a Juan Bautista, unos de los personajes centrales del Adviento. Por eso la liturgia no podía dejar de mencionarla en este tiempo. Ella es la mujer disponible que supo escuchar y poner por obra la Palabra, la que supo conducir su vida según la voluntad de Dios. Dejando que él actuara se comprometió con su obra liberadora y consintió que el Hijo se encarnara en su seno para que la salvación llegase a la humanidad entera. Gracias a ella la esperanza se hizo realidad.

Este episodio se sitúa en el contexto narrativo del llamado “evangelio de la infancia” (Lc 1-2). Para componer estos capítulos, Lucas utilizó ciertas técnicas y procedimientos literarios característicos de su época. A través de ellos no pretendió escribir un resumen de la vida de Jesús cuando era pequeño, sino reflejar su fe en el Resucitado que, como una luz, se proyecta también sobre su niñez.

Desde el comienzo, el pasaje hace referencia al relato anterior: “Al sexto mes…”. En él se narra otro anuncio de nacimiento: el de Juan Bautista (Lc 1, 5-25). En ambos casos se utiliza una misma estructura en la que se repiten una serie de elementos característicos de este género literario llamado “esquema de anuncio”: aparición y saludo de un mensajero divino, perplejidad de quien recibe el anuncio, transmisión del mensaje celeste, objeción del interesado seguida de una explicación, aceptación final del mismo y señal ofrecida por Dios como garantía.

Lucas aclara la identidad del niño y cuál será su misión. A los títulos típicamente mesiánicos, Lucas añade el de “Hijo de Dios” para aludir a su relación única con el Padre. El mismo nombre, Jesús, resulta muy elocuente, ya que significa “Dios salva”. Puede resultar chocante referirse así al hijo de una mujer humilde como María, natural de un rincón perdido de Galilea, región alejada de Jerusalén, que era la sede de las grandes instituciones políticas y religiosas de Israel. La salvación de Dios no llega por los cauces esperados. Todo esto responde a la intención teológica de Lucas. Para él es importante reconocer la auténtica identidad de Jesús desde los primeros momentos de su vida, aunque esta no se revele plenamente hasta después de la Pascua.

Por otro lado, llama la atención la importancia que el evangelista concede al Espíritu Santo. En realidad, es toda la obra de Lucas, constituida no sólo por su evangelio sino también por el libro de los Hechos, la que otorga un papel preponderante al Espíritu. La expresión que se utiliza para describir su acción sobre María recuerda a aquella que se le aplica en el Génesis a propósito de la creación (Gn 1,2). Eso significa que el nacimiento de Jesús es obra de Dios y con él comienza un tiempo nuevo en el que la humanidad será recreada. Modelo de esta humanidad nueva es la Iglesia, cuyo nacimiento en Pentecostés también es fruto del Espíritu; el mismo que movió toda la vida de Jesús (Lc 4,18) y por eso puede fortalecer a sus discípulos para que continúen su misión (Hch 1,8).

Finalmente debemos fijarnos en la respuesta de María, ya que es la destinataria del anuncio. De ella aclara el texto que está desposada con José, un hombre “de la casa de David”, aludiendo de este modo a la promesa mesiánica. En su diálogo con el ángel va comprendiendo que el Señor la ha escogido, por gracia, para ser la madre del Mesías y la postura que ha de tomar ante lo que Dios le pide.

Destacan tres actitudes que este pasaje otorga a la madre de Jesús. Primero su reacción de turbación ante el saludo de Gabriel, luego la extrañeza ante su anuncio y los interrogantes que le suscita y, finalmente, su absoluta disponibilidad al plan de Dios. De este modo refleja Lucas el proceso que recorre todo creyente –también nosotros– cuando descubre lo que Dios quiere de él.

ACTUALIZAMOS

Este último domingo de Adviento huele ya a Navidad y María nos enseña cuál es el mejor modo de prepararnos para celebrar esa fiesta. Antes de que la Palabra se encarnase en su seno se había ya encarnado en su corazón. Por eso supo decir “sí”. Su respuesta puede ayudarnos a revisar nuestras actitudes en este tiempo en el que el Señor viene. Así tendremos preparada la cuna esta Navidad.

  1. La encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu es uno de los misterios que profesamos en el credo.

¿Cómo me ayuda a entenderlo la lectura de este pasaje?

  1. Hágase en mí según tu palabra”, rezamos en el ángelus.

¿A qué me compromete el “sí” de María?

¿Hasta qué punto consiento, como ella, que la Palabra de Dios transforme mi vida?

  1. La Virgen es modelo de esperanza porque se fio de Dios para el cual “nada hay imposible”.

¿Cómo puede ayudarnos su ejemplo a vivir anclados en esta virtud?

María también es maestra de oración. Con ella y como ella le pedimos al Padre que nos prepare para recibir a su hijo Jesús.