LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO III

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

El Señor dirigió la palabra a Jonás:

«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla.

Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:

«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

Salmo 24, 4-5a. 6-7cd. 8-9

R./ Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R./

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R./

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante.

Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.

Jesús les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo nos vuelven a hablar de llamada y conversión. En la primera, Dios llama al profeta Jonás cuya predicación provoca la conversión de los ninivitas. En el evangelio Jesús también pide conversión para entrar en el Reino de Dios que está llegando. Los discípulos que él llama serán los primeros en responder a esa invitación. Pablo, en la segunda lectura, urge a no desaprovechar el momento presente para revisar la propia escala de valores.

Dios sigue llamando a colaborar en la misión de Jesús, pero la conversión al Reino depende de nuestra decisión personal.

COMPRENDER EL TEXTO

El fragmento del evangelio de Marcos que hoy reflexionamos forma parte de la primera sección (Mc 1,14-3,6). En ella Jesús comienza su ministerio itinerante en Galilea, provocando reacciones muy diversas entre quienes escuchan sus palabras y contemplan sus acciones. El primer episodio de esta misión pública es la invitación a un grupo de discípulos para que compartan la misión de anunciar el Reino.

Este episodio de la llamada a los primeros discípulos está precedido por unos versículos que le sirven de marco y de contexto (Mc 1,14-15). Jesús viene del desierto, donde ha recibido el bautismo de Juan (Mc 1,9-11) y ha sido sometido a la tentación (Mc 1,12-13). El arresto del Bautista parece provocar su traslado a un nuevo escenario. En Galilea, la tierra donde se había criado, Jesús da comienzo a su vida pública.

La llegada del Reino exige conversión y fe. Marcos hace ver que la mejor manera de concretar esta exigencia consiste en seguir a Jesús. Por eso ha vinculado tan estrechamente el anuncio de la Buena Noticia con la vocación de los primeros discípulos. Pasando junto al lago de Galilea, Jesús encuentra a un grupo de pescadores enfrascados en su tarea cotidiana.

Podría resultar extraño que un grupo de hombres responda de forma tan radical a la llamada de un desconocido. Pero Marcos no pretende relatarnos una crónica de los hechos. De ahí las diferencias con la versión de este mismo episodio que Juan nos ofrecía el domingo pasado. Lo que intenta el evangelista es reflejar los rasgos esenciales del discipulado cristiano, más allá de las circunstancias concretas en que éste se realice.

El discipulado es siempre una respuesta. La iniciativa viene de Jesús. Es él quien llama a los que quiere. Ser discípulo significa, antes que nada, seguir a Jesús, estar con él y compartir su estilo de vida. En segundo lugar, la vocación cristiana es siempre una “con-vocación”. Jesús no llama a individuos aislados, los llama para vivir en comunidad porque sólo la fraternidad puede hacer creíble el mensaje del Reino. Por último, no hay vocación que no esté orientada a la misión; la llamada a colaborar en el anuncio de la Buena Noticia es urgente y no admite condiciones. Implica total disponibilidad y capacidad de hacer renuncias. Ante ella es necesario hacer una opción de vida. No violenta a las personas, pero les pide que pongan todo lo que son y saben hacer al servicio del Reino.

A partir de este momento, Jesús aparece siempre acompañado de sus discípulos. Seguirle a él será la única manera de conocerle y entrar en la lógica del Reino que anuncia. Sólo poniéndonos en el lugar de los discípulos, colocándonos detrás de Jesús y poniendo en él nuestra mirada, podremos también nosotros leer con provecho el evangelio de Marcos y descubrir el mensaje que encierra para nuestra vida.

ACTUALIZAMOS

La llamada de Jesús a sus discípulos no es sólo un acontecimiento del pasado. Él sigue haciéndose el encontradizo y pasa a nuestro lado para invitarnos a proclamar con él la Buena Noticia. También nosotros somos sus colaboradores en la tarea del Reino. También nosotros “tenemos vocación”. Por eso, escuchando sus palabras como dirigidas a cada uno y dejándonos interpelar por la repuesta de sus primeros seguidores, reflexionamos juntos:

  1. La invitación a entrar en el Reino sigue vigente. Jesús sigue llamándonos a ser sus discípulos.

¿Cómo y dónde percibo en mi vida esa llamada?

  1. No es posible entrar en el Reino sin cambiar de mentalidad.

¿Qué tipo de conversión me invita a llevar a cabo este pasaje?

  1. La respuesta a la llamada debe ser renovada cada día.

¿Cómo vivo en este momento de mi vida el seguimiento de Jesús?

¿Qué significa hoy para mí ser su discípulo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO IV

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.

Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así – como está escrito -: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

COMENTARIO

En las lecturas de hoy aparece todo un repertorio de personajes marginales: pobres, humildes, hambrientos, oprimidos, ciegos, cautivos, perseguidos… Pero para ellos hay una gran noticia: son los preferidos de Dios. El Señor ya no quiere verlos así y va a venir a reinar para su felicidad. Ésta es la lógica de la cruz que Pablo terminó por comprender y que configuró la composición de la comunidad cristiana de Corinto. Dios ha elegido unos caminos inesperados para mostrar su salvación, y así lo ha manifestado en Jesús. Tampoco nosotros somos significativos ante los ojos del mundo, como no lo era el pueblo al que habla Sofonías ni la comunidad de Corinto, pero Dios nos ha escogido. Proclamemos, pues, con el salmista: “El Señor reina eternamente”.

COMPRENDER EL TEXTO

El anuncio del Reino con palabras y acciones curativas hace que Jesús cobre fama y le sigan multitudes venidas de todas partes. Jesús proclama una nueva ley conforme al Reino de los Cielos ante este nuevo pueblo de Dios convocado. Son 5 discursos que recuerdan los 5 libros del Pentateuco. Hoy nos introducimos por medio de las bienaventuranzas en el primero de ellos.

Jesús comienza a poner en marcha el programa de acción trazado en el resumen de Mt 4,23: “Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas. Anunciaba la Buena Noticia del Reino y curaba…” Mateo recoge en este primer discurso una buena parte de las enseñanzas de Jesús con las que comienza su predicación. De este modo construye una especie de manual para la vida cristiana que conocemos con el nombre de “sermón del monte”. Consta de 3 capítulos (Mt 5-7) y contiene instrucciones muy variadas sobre problemas que preocupaban a las primeras comunidades cristianas, este sermón se dirige a los que ya siguen a Jesús y se adhieren, como los 4 discípulos del domingo pasado, a los valores del Reino que él anuncia. Las bienaventuranzas son el pórtico de entrada a este sermón.

El primer versículo (Mt 5,1) forma, con Mt 7,28-29, el marco de este primer sermón. Jesús habla desde un monte, lugar simbólico de la manifestación de Dios. Está sentado como un maestro que enseña. Todo esto recuerda la figura de Moisés enseñando al pueblo (Ex 19). El sermón se abre con las bienaventuranzas. Son 9: la novena se distingue de las otras 8 porque no está en 3ª persona del plural, sino en 2ª y es más detallada que las demás, parece un comentario de la bienaventuranza anterior. Las otras 8 forman dos grupos diferenciados.

La referencia al Reinado de Dios en la 1ª y 8ª nos recuerda el mensaje que Jesús proclama (Mt 4,17). Por dos veces y en presente se dice: “de ellos es el Reino de los Cielos”. La llegada inminente de este Reinado es la clave para entender esos gritos de alegría de Jesús. No es que los pobres, los que lloran o los que sufren sean bienaventurados porque sí, sino porque ha comenzado a llegar el Reinado de Dios, y esto es una buena noticia para ellos. Son bienaventurados no porque vayan a cumplir nada mejor que otros, sino porque Dios ha optado libre y gratuitamente por ellos. Estos son los predilectos de Dios.

Junto a la expresión anterior se repite otra más: “hacer la voluntad de Dios”, esto se refiere al comportamiento que responde a lo que Dios quiere del ser humano. “Tener sed de justicia” equivale, a tener sed de hacer la voluntad de Dios, y “los perseguidos por causa de la justicia” se refiere a los que son perseguidos por vivir como Dios nos pide.

A partir de estas repeticiones que se descubren, se pueden delimitar dos grupos. En el 1º formado por las 4 primeras bienaventuranzas se constatan situaciones, y así se subraya la confianza de estas personas con respecto a Dios. Son felices los pobres en el espíritu, es decir, aquellos que hacen de Dios su riqueza, los que sufren, los mansos o no violentos. En las otras 4, que forman el segundo grupo, se hace hincapié en el comportamiento de quienes han puesto su confianza sólo en Dios. Por eso estas bienaventuranzas describen un comportamiento auténticamente cristiano para destacar la actitud que los discípulos deben tener.

Estos comportamientos y actitudes deben ser: ser misericordioso, es decir, orientar la vida al servicio de los demás (Mt 25,31-46); tener un corazón limpio, es decir, buscar la coherencia entre las intenciones y las actuaciones; y construir la paz, es decir, trabajar por la concordia y la reconciliación de los que están alrededor. Los que así se comportan serán dichosos si permanecen firmes. Éstos son los comportamientos y las actitudes propias de todo buen cristiano. Y la 9ª bienaventuranza dice: “Bienaventurados vosotros…”, aun en medio de la incomprensión y la indiferencia actual, si vivimos las actitudes y hacemos vida los comportamientos que Jesús nos presenta como camino de felicidad.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

Jesús nos ofrece las bienaventuranzas como apuesta de felicidad. Ante el estupor que siguen produciendo, preguntémonos si vale la pena vivir según el estilo de las bienaventuranzas.

  1. “Bienaventurados los …”

¿Es para ti la fe fuente de felicidad o una carga de cumplimientos? ¿Por qué?

  1. En nuestra sociedad:

¿A quiénes considera felices nuestra sociedad?

¿Cuáles son, en cambio, las actitudes que piden las bienaventuranzas?

  1. En nuestra vida diaria:

¿Quiénes son los que sufren a nuestro lado?

¿Cómo llevarles la Buena Noticia de las bienaventuranzas?

  1. Hay que tener esperanza:

¿En qué sentido las bienaventuranzas son mensaje de esperanza?

ORAMOS Y CELEBRAMOS

Subamos al monte con Jesús, lugar de la presencia de Dios, y dejemos, en un ambiente de oración, que sus palabras resuenen con la fuerza que poseen.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO III

Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Salmo 26, 1bcde. 4. 13-14.

R./ El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R./

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R./

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Pasando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

COMENTARIO

Las regiones del norte y oeste de Galilea fueron conquistadas por los Asirios en el siglo VIII a.C. y deportaron a sus habitantes, por eso en esta región había muchos habitantes que no eran judíos, conociéndose como Galilea de los gentiles o paganos, siendo despreciados por el resto de los judíos, aunque de allí saldrá el Mesías.

Pablo afronta en esta carta la división entre los cristianos. En el interior de la comunidad de Corinto aparecen diversos grupos que, en lugar de ayudarse, competían entre ellos. Pablo les pide que vivan profundamente unidos. Los creyentes en Cristo son un solo cuerpo y forman parte del mismo Cristo desde el bautismo. Esto nos sirve para revisar la vida de nuestras comunidades actuales.

COMPRENDER EL TEXTO

El profeta Isaías y el salmista nos hablan de Dios y de su acción con la imagen de la luz. Isaías proclama que el Señor ilumina las tinieblas y los miedos de Israel, de modo que la opresión y la guerra se tornarán paz y alegría por la liberación. El salmista canta la confianza en un Dios que es luz, salvación y fortaleza en medio de la prueba. Esa luz que Isaías y el salmista pudieron contemplar es la que brilla de modo único en Jesús, con quien viene la salvación y la liberación de Dios para todos los pueblos. Simón, Andrés, Santiago… y cada uno de nosotros estamos llamados a ir detrás de él y a proclamar un Evangelio que es fuerza y sabiduría de Dios para el que cree.

DESCUBRIR LO QUE DICE EL TEXTO

La manifestación pública de Jesús comienza con su traslado a Cafarnaún tras el arresto de Juan. El pasaje nos invita a fijarnos en el comienzo de esta manifestación, porque en ella se anuncia y anticipa, toda la misión de Jesús como un cumplimiento de las Escrituras.

Juan Bautista es encarcelado y Jesús ocupa el centro de la escena. Debido a este arresto, Jesús se traslada desde Nazaret, donde ha residido toda la vida, hasta Cafarnaún. Para explicar el sentido profundo de este cambio de residencia, desde donde se va a iniciar el anuncio del Reino, el evangelista da la palabra al profeta Isaías. Así entiende este traslado como el cumplimiento de una antigua profecía: la llegada de la luz a los pueblos paganos, simbolizado en la “Galilea de los paganos (todos los que no eran judíos)”.

La predicación de Jesús está destinada a todos los pueblos, conforme a los más antiguos proyectos de Dios anunciados por los profetas. Él es el Mesías que trae la salvación de Dios y la proclama donde nadie la espera, en la región de Galilea, despreciada por los judíos de Jerusalén. Es en esta región donde se nos presenta el resumen del anuncio de Jesús.

Las primeras palabras de Jesús tienen un significado muy especial, y en ellas encontramos un mensaje: el Reino de los Cielos ha comenzado a llegar, y una llamada: ¡Arrepentíos! Este resumen de la predicación de Jesús retoma lo que ya ha proclamado el Bautista.

Lo primero que Jesús hace es llamar a los primeros discípulos, después de haber proclamado la llegada del Reino de Dios, porque ambas cosas están relacionadas. El cambio o conversión que conlleva acoger el Reino es reconocer a Jesús como Mesías y seguirlo. Llama la atención la prontitud con la que los discípulos responden a la llamada y su disponibilidad a abandonar todo lo que pueda ser un obstáculo para seguir al Maestro. El seguimiento de estos 4 primeros discípulos es la respuesta al mensaje del Reino y un ejemplo de cómo hay que responder a la invitación de Jesús.

No son los discípulos quienes toman la iniciativa. Es Jesús el que se acerca, llama y exige una respuesta. Sus primeros seguidores dejaron familia, oficio y seguridades para seguir al Maestro.

La última parte del pasaje de hoy nos resume la actividad de Jesús que consiste en anunciar el Reino y hacerlo presente con curaciones. Así adelanta lo que van a contemplar y oír los que, como aquellos primeros discípulos, se decidan a seguirle.

ACTUALIZAMOS

Nosotros hemos dado ese primer paso tras las huellas de Jesús, pero sabemos que el camino del seguimiento es una tarea para toda la vida. Su Palabra siempre acompaña, ilumina y da sentido a nuestros pasos.

  1. “Venid en pos de mí…”

¿Te sientes llamado por Dios? Comparte alguna vivencia que tenga relación con tu llamada.

  1. Anunciaba la Buena Nueva del Reino:

¿Cuál puede ser hoy ese anuncio para que sea alegre noticia?

  1. “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”

¿Cómo puedes concretar esto en tu vida?

¿Qué tienes que dejar para seguir a Jesús?

  1. “Está cerca el Reino de los Cielos”:

¿Por qué es motivo de esperanza para ti la llegada del Reino de los Cielos?

ORAMOS Y CELEBRAMOS

Para descubrir la llamada continua que Dios nos hace son necesarias la escucha y la oración. Sólo así podremos discernir y responder a esa invitación de dar un paso más en nuestro seguimiento.

Ponemos delante del Señor todas las realidades de nuestro mundo que necesitan ser transformadas por el anuncio y la presencia de su Reino.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6

Me dijo el Señor:

«Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.

Y mi Dios era mi fuerza:

«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

R./ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R./

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy». R./

«- Como está escrito en mi libro –
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R./

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R./

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

“Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

COMENTARIO

El profeta Isaías nos presenta la vocación genuina de Israel: no solo es siervo de Dios elegido y llamado desde antes de nacer con una tarea en medio de sus hermanos desterrados, sino que su misión es ser luz para todas las gentes. Es Jesús, quien encarna en el evangelio esa tarea del siervo que trae la salvación para todos de parte de Dios. Él es el Cordero de Dios sacrificado para nuestra liberación. Él es el Hijo que, como nos dice el salmo, busca hacer la voluntad de Dios. Otros muchos testigos como Juan el Bautista y Pablo han continuado la tarea de invitar a todos los hombres y mujeres a formar parte del nuevo y definitivo pueblo de Dios convocado por Jesús.

Después de haber celebrado la fiesta del bautismo del Señor, que pone fin al ciclo de Navidad e inaugura el tiempo ordinario, pasamos a contemplar el inicio de la vida pública de Jesús de mano del evangelista san Juan. Con Jesús aparece una novedad que sustituye las realidades antiguas.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de este segundo domingo del tiempo ordinario nos propone una pausa de reflexión entre la manifestación de Jesús en el bautismo (domingo pasado) y el comienzo de su ministerio en Galilea, sobre el que nos hablará el evangelio del domingo que viene.

Para entender este pasaje hay que situarlo en el contexto que nos propone el evangelista. Forma parte de una serie de testimonios sobre Jesús. Estos testimonios están divididos en 4 escenas que el redactor sitúa en días sucesivos. Juan describe el comienzo del ministerio de Jesús encuadrándolo en una especie de semana inaugural y va señalando el paso de los días. Es como si comparara la actuación de Jesús con la creación. El pasaje de este evangelio es la conclusión del testimonio del Bautista sobre Jesús anunciando la venida de otro más importante que él.

El pasaje consta de un monólogo del Bautista dividido en dos partes, en el que nos presenta a Jesús. El testimonio de Juan comienza y termina con una afirmación sobre Jesús. Dice sobre él que es el “Cordero de Dios”. Afirma también que: “Es el Hijo de Dios”. Es por tanto una confesión de fe sobre Jesús.

En el primer testimonio (1,29-31) se habla de la relación de Juan y Jesús. El lugar central es la presentación de Jesús como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Esta expresión tiene mucha importancia en el Antiguo Testamento, en ella se funde la referencia a los cantos del Siervo de Isaías (1ª lectura) y las alusiones al cordero pascual que se sacrificaba para conmemorar la liberación de Egipto (éxodo) por parte de Dios. En los cantos del Siervo se compara a este misterioso personaje con un cordero indefenso que es llevado al matadero y cuyo sacrificio traerá la salvación al pueblo. En ambos casos, el cordero es sacrificado, y por esto en el título que Juan da a Jesús puede verse ya una alusión a su muerte que traerá la salvación al mundo.

En el segundo testimonio (1,32-34) Juan hace una confesión de fe: Jesús es el Hijo de Dios. Él ha llegado a esta afirmación mediante un conocimiento profundo gracias a una experiencia vivida. Ha sido la presencia del Espíritu sobre Jesús en el momento de su bautismo lo que ha llevado a Juan a esta afirmación de fe. Sólo gracias a una revelación se puede llegar a “conocer” que Jesús es Hijo de Dios.

En este testimonio se comparan también, el bautismo de Jesús y el de Juan: el de Juan es un bautismo con agua como signo de conversión, el de Jesús es un bautismo con Espíritu Santo por el que se renace a una nueva vida. En este contexto bautismal se hace la afirmación de fe: Jesús es el Hijo de Dios. De este modo se completa un testimonio que nos deja muchas afirmaciones: una confesión de fe como Cordero de Dios y como Hijo de Dios, la manifestación de la misión del Bautista a la luz de la de Jesús, el reconocimiento de que sólo Jesús tiene el Espíritu, y de que sólo él lo puede dar. Esto completa lo que veíamos el domingo pasado en el relato del bautismo y nos invita a preguntarnos, quién es Jesús.

ACTUALIZAMOS

Según los evangelios, Juan Bautista fue descubriendo progresivamente a Jesús como el enviado de Dios y, a partir de este descubrimiento, encontró su misión. El Espíritu con el que fuimos bautizados puede iluminar nuestros ojos y hacernos descubrir quién es Jesús y cuál es nuestra misión.

  1. Juan Bautista confiesa a Jesús como el Cordero, el Mesías, el Hijo de Dios:

¿Quién es Jesús para ti?

  1. A la luz de Jesús, el Bautista descubre su misión: dar testimonio del Mesías ante Israel:

¿A qué te compromete tu fe?

 ¿Cuál sería tu misión?

  1. “Y yo lo he visto y he dado testimonio”:

¿De qué modo das testimonio acerca de Jesús?

 ¿Qué has visto?

  1. El Cordero de Dios simboliza la salvación de Dios, la liberación de Egipto:

¿De qué “egiptos” puede liberar el Cordero de Dios a nuestro mundo?

Las experiencias de Dios se asimilan con más fuerza en el silencio de la oración. Ante la Palabra que nos habla hemos de responder, desde la oración, con nuestra confesión de fe y nuestro testimonio de vida.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO II

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios.

Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: «Aquí estoy.»

Corrió adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado».

Respondió: «No te he llamado. Vuelve a acostarte».

Fue y se acostó.

El Señor volvió a llamar a Samuel.

Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado».

Respondió: «No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte».

Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor.

El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo:

«Aquí estoy, porque me has llamado».

Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»». Samuel fue a acostarse en su sitio.

El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: «Samuel, Samuel».

Respondió Samuel: «Habla, que tu siervo escucha».

Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

R./ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R./

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy». R./

« -Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R./

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, l3c-15a. 17-20

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huid de la inmoralidad. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.

¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios?

Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio.

Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

«Este es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y veréis».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo se podrían resumir en dos palabras: llamada y seguimiento. Dios llama a Samuel y Jesús a sus discípulos. En los dos casos aparece un personaje que indica la identidad del que llama: Elí sabe que se trata de Dios y Juan Bautista indica quién es Jesús. El salmo y Pablo dan pistas de por dónde ha de ir la respuesta a esa llamada: el ofrecimiento de la propia vida. Dios continúa llamando, para que, como dice el mismo evangelio de Juan, se dé testimonio de la luz, que es Cristo. Para esta tarea es necesaria la respuesta vital y personal de todos los llamados.

COMPRENDER EL TEXTO

El domingo pasado comenzamos la lectura del evangelio de Marcos, donde aparecía la figura del Bautista y se ponía el acento en la identidad y la misión de Jesús, leemos hoy un pasaje del evangelio de san Juan, en él, no encontramos al Bautista como predicador de conversión, sino como testigo de Jesús.

La lectura de hoy forma parte del “prólogo narrativo” del evangelio de Juan (Jn 1,19-2,11) y en él se describe de forma ejemplar el proceso de fe de los discípulos. Es un proceso que comienza con el testimonio del Bautista sobre sí mismo y sobre Jesús y termina con una frase que señala el final hacia el que tiende todo el relato: “Manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos” (Jn 2,11). Este proceso transcurre a lo largo de siete jornadas (Jn 1,29.35.43;2,1). Una de ellas corresponde al pasaje del evangelio que leemos hoy.

Lo primero que salta a la vista es que nos encontramos ante un pasaje de vocación en el que los verbos ver y oír se repiten con cierta frecuencia.

“Ver” y “oír” son dos verbos que aparecen en este pasaje estrechamente relacionados. El Bautista, que había oído cómo podría reconocer a Jesús, lo vio y lo señaló a otros. Para los discípulos también el oír precede al ver: oyeron hablar de Jesús y vieron donde vivía. Oyendo la confesión de fe de Juan Bautista, Andrés y otros discípulos se vuelven seguidores de Jesús, lo ven, acogen su manifestación.

En los dos verbos, ver y oír, se plasman de modo claro dos requisitos muy importantes para llegar a ser discípulos de Jesús: escuchar el testimonio de otros y crear espacios para encontrarse personalmente con él, para que se “deje ver”. A Jesús sólo se le conoce siguiéndole y, al seguirle, se le da a conocer a los demás.

Fijándonos en lo que hacen los discípulos y Jesús, llama la atención la actitud de Pedro que, en todo el relato, es pasiva. Está bien lejos de los rasgos de su carácter que conocemos por otros escritos del Nuevo Testamento. Esta forma de presentar las cosas podría responder al interés de Juan por relativizar la importancia de Pedro. En todo caso lo que aquí se destaca es que este discípulo inicia su relación con el Maestro a través del testimonio de su hermano Andrés, que ha tenido una experiencia personal y honda de Jesús. Andrés ejerce de mediador y Jesús, sin perder la oportunidad, se muestra como el buen pastor que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre.

Por las cartas de Pablo sabemos que Simón era conocido como Pedro en las comunidades cristianas de la primera generación, sobrenombre que alude a la firmeza de su carácter y a su autoridad en la Iglesia (Mt 16,18-19). En los inicios de su camino vocacional tuvo una experiencia clave: fue llamado por su nombre, lo que significa en lenguaje bíblico, tener la experiencia de saberse conocido en profundidad por Jesús. Y esto no le dejó indiferente. Aunque el pasaje del evangelio de hoy orienta fundamentalmente hacia Jesús.

Juan Bautista declara que Jesús es “el Cordero de Dios”. Esta imagen, densa de contenido, recuerda el rito central de la pascua judía y expresa una certeza de fe de las primeras comunidades cristianas: Jesús realiza en sí mismo la nueva Pascua y en él Dios concede la plenitud del perdón. Los títulos de Jesús se suceden en este pasaje y los primeros discípulos lo llaman Maestro y Cristo. Son dos maneras de reconocer en él al Mesías de Israel.

Jesús, que estaba solo, se ve rodeado por unos cuantos israelitas que ansían ver cumplidas las esperanzas prometidas a los antepasados. Desde la fe sabemos que serán conducidos a ver la gloria de Jesús (Jn 2,11). De momento nos han comunicado su encuentro y nos dejan ante el Cordero de Dios, el Maestro y el Mesías, para que conducidos por él veamos donde vive y pasemos a ser sus discípulos.

ACTUALIZAMOS

Podemos identificarnos con la experiencia de estos primeros discípulos. En nuestra vida de fe hemos encontrado testigos, como lo fueron Juan Bautista y Andrés, que nos han mostrado al Cordero de Dios. Pero nos hemos dado cuenta de que sólo cuando vamos tras Jesús y pasamos tiempo con él descubrimos su auténtico rostro, y así lo podemos manifestar en nuestra vida como testigos.

  1. Jesús nos hace hoy la misma pregunta que a los discípulos del Bautista:

“¿Qué buscáis?”

¿Qué suscita en nosotros esta pregunta?

  1. Cuando Jesús invita a los discípulos a seguirle “Venid y veréis”, ellos “entonces fueron, vieron dónde vivía…”.

¿Cuántos momentos, días… paso con Jesús? ¿Dedico momentos para “ver”?

  1. Andrés encontró a su hermano Simón y lo llevó hasta Jesús.

¿Cómo soy testigo para los demás de Jesús, el Mesías?

¿A quién hablo de mi experiencia de Jesús?

Sólo a través del contacto personal con Jesús podremos llevar a cabo nuestro seguimiento y llevar a otros a Cristo, igual que lo hicieron con nosotros.

LECTIO DIVINA – CICLO A – EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará.

Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».

Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10

R./ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R./

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R./

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R./

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:

«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía:

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

COMENTARIO

Se nos sitúa ante el bautismo del Señor desde la perspectiva del Siervo (1º de los 4 cánticos del 2º Isaías) El texto tiene dos partes: 1ª) la presentación del siervo y 2ª) la explicación de su misión y tarea. La Misión consistirá en implantar el derecho y la ley de Dios, difundir la revelación de su voluntad, que es justicia y orden entre los hombres. Esta misión la realizará sin armas ni violencia, sino con un talante nuevo, propio del Espíritu: suavidad y mansedumbre con lo débil y vacilante, pero firmeza en el sufrimiento y tenacidad en la misión.

(Hermano Roger: tu poca fe basta, porque Dios no puede hacer otra cosa sino amar)

Es Yahvé quien llama al siervo para que sea luz ante los paganos. Dios elige a un pueblo por amor, para manifestar su amor universal. El amor tiene como objeto lo concreto para poder abrirse a lo universal.

COMPRENDER EL TEXTO

El libro de la consolación:

El libro de la consolación ofrece una figura esperanzadora a los desterrados de Babilonia y a todos los excluidos y maltratados. Es el Siervo de Yahvé.

Entiende de sufrimiento, pero lleva a cabo una misión salvadora. Implantará el derecho y la justicia no sólo en Israel, sino en toda la tierra. Y lo realizará como siervo, no como caudillo, desde la humildad y el respeto, desde la tolerancia y la paciencia. Todo lo que se dice del Siervo, se puede aplicar al Mesías.

Misión a los paganos. Discurso de Pedro en casa de un pagano, Cornelio. Se muestra el carácter universal de la salvación ofrecida por Dios y traída por Cristo, sin distinción de razas, personas, pueblos… religiones.

Hace referencia a la MISIÓN de Cristo Jesús desde el comienzo, cuando Juan bautizaba y consistió en liberar a los oprimidos por el diablo.

PEDRO, describe al Mesías:

PEDRO, describe al Mesías como ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, como un viento de Espíritu, como un paso de gracia por el país de los judíos, como un liberador de esclavitudes y enfermedades, como un hombre de Dios. Aunque la cosa empezó en Galilea, su misión era universal, su gracia y su luz tenían que llegar a todos los pueblos, porque Dios no hace distinciones.

El cielo rasgado es signo de que el muro de separación entre Dios y el hombre, por el pecado de este, queda derribado. El Espíritu Santo, hace tomar conciencia a Jesús de quién lo envía y quién es él mismo: El Hijo amado del Padre. A partir de esta toma de conciencia, Jesús ya no se pertenece. Comienza su misión como Hijo y en la línea del Siervo (1ª lectura).

El bautismo de Jesús fue una NUEVA EPIFANÍA:

El bautismo de Jesús fue una NUEVA EPIFANÍA, después de muchos años de vida oculta –difícil de entender- Jesús se presenta ante Juan para escucharlo y para integrarse en su movimiento renovador. Cuando entra en el Jordán, como un pecador, cargado con los pecados del mundo, los cielos se abren y todo el cielo desciende sobre él, el Espíritu lo penetra y el Padre lo envuelve y le dice. «Tú eres mi Hijo amado». Fue una experiencia decisiva, que marcará toda la vida de Jesús. Se siente ungido por el Espíritu y enviado para proclamar un año de gracia.

Con el bautismo de Jesús se cierra el ciclo de la Epifanía:

Después de la Navidad (manifestado en un niño vulgar) ¿cabe una luz más tenue? (muy pocos se dejaron deslumbrar por ella), y la fiesta de los Magos (manifestándose en una estrella, una entre tantas, muy pocos se enteraron). Después del largo periodo de vida oculta –una Epifanía en negativo- (fue un tiempo de aprendizaje, en el que Dios se va acostumbrando a ser hombre) Dios se manifiesta en el Jordán, el bautismo, cuando va a comenzar su vida pública. Jesús quiere ocultarse entre pecadores, pero cuanto más se oculta más va a ser publicado, cuanto más se abaja más va a ser exaltado. Como sucedió en la cruz y en la Pascua. Es una experiencia pascual, porque Jesús carga con los pecados del mundo, se purifica en el río y se llena de Dios al salir del agua. Se siente Hijo de Dios y lleno del Espíritu.

Jesús no tenía nada que purificar:

Jesús no tenía nada que purificar, porque no era pecador. Pero asumió el pecado del mundo. Como si dijera: «venid a mí los que estáis agobiados por el peso de vuestros pecados, que yo os aliviaré«. Y cargado con todos nuestros pecados, entró en las aguas del Jordán. Más tarde diremos lo mismo refiriéndonos a la cruz, cargado con nuestros pecados.

El bautismo de Jesús es como una creación nueva:

El bautismo de Jesús es como una creación nueva. Jesús da muerte al viejo Adán y anticipa el hombre nuevo y al mundo nuevo. En Cristo todo es nuevo. Por eso necesitamos renovarnos constantemente en Cristo y trabajar por la renovación del mundo. Jesús al salir del Jordán se siente resucitar. Siente que el Espíritu lo empapa, lo unge, lo penetra, llenándolo de fuerza y alegría. Al mismo tiempo escucha la voz del Padre, íntima, poderosa, que lo sigue engendrando: Tú eres mi hijo amado. Eres mío y todo lo mío es tuyo, eres Hijo y yo soy tu Padre. ESTO ES LA FE: EXPERIENCIA DE ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS, EN CRISTO. Esta fuerza, este amor, este Espíritu es lo que libra de la muerte y hace resucitar a los muertos. Así es posible toda Pascua.

Jesús, ungido por el Espíritu:

Jesús, ungido por el Espíritu, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Es una misión curativa y liberadora. Misión que todo bautizado debe continuar.

La Paloma hace referencia al diluvio, cuando no encontró sitio donde posarse, ahora encuentra sitio en Jesús. Empieza la era del Espíritu.

Juan es el primero en reconocer al Mesías, después alguno de sus discípulos, luego va creciendo el número de los que creyeron en él.

Títulos de Cristo:

Jesús aparece como Ungido, como Siervo, como Cordero, como Hijo. Son títulos que también los bautizados podemos aplicarnos porque por el bautismo estamos incorporados a Cristo, a ser otros cristos, vocacionados a vivir como hijos de Dios y a servir a los hermanos –hijos, “no parientes lejanos”- y capacitados para combatir el pecado en el mundo.

Somos llamados a ser verdaderos discípulos de Jesús en la vida ordinaria. No se trata de cambiar de estado ni de forma de vida, sino de algo más sencillo y más radical, ¿por qué nos cuesta tanto entenderlo?: estar dispuestos a implicarnos en la aventura de Jesús, tal como nos lo presenta el Evangelio. Hay pocas vocaciones “especiales” porque no se vive la existencia creyente normal como seguimiento de Jesús y entrega al reino.

LECTIO DIVINA – CICLO B – EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.

Manifestará la justicia con verdad.

No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».

Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10

R./ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R./

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R./

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R./

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1,7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:

«Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco».

COMPRENDER EL TEXTO

UN CAMBIO DE PERSPECTIVA

Con la fiesta del Bautismo de Jesús ponemos punto final al tiempo litúrgico de la Navidad. Aunque seguir hablando de tiempo de Navidad en nuestra celebración puede, como mínimo, extrañar.

Por otro lado, el texto evangélico del Bautismo de Jesús, este año siguiendo la narración de Marcos, nos sitúa ante un salto cronológico muy significativo. Hemos dejado atrás los relatos que hemos utilizado en las otras celebraciones del tiempo de Navidad, que tienen como punto de referencia un Jesús niño, para hacer un salto a su edad adulta.

EL BAUTISMO DE JESÚS

Celebramos el bautismo de Jesús, y es un buen momento para recordar y reafirmar nuestro propio bautismo. Aunque un elemento que no podemos olvidar es la diferencia profunda de su significado, a pesar de que exteriormente puedan ser parecidos al usar agua como elemento y signo.

Los cuatro evangelios sitúan el bautismo de Jesús en el marco de la actividad que realiza Juan Bautista, que utiliza el signo del bautismo con agua –práctica muy extendida en el mundo judío de aquel tiempo– como expresión de la voluntad de respuesta de la persona por cambiar de vida, respondiendo así a la llamada de Dios a serle fiel expresada en boca de Juan.

El contexto del relato de Marcos, muy sobrio en su expresión, como en él es habitual, destaca el papel superior que le corresponde a Jesús frente a Juan y la respuesta de Dios hablando de la identidad de Jesús: “Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco”.

Cada evangelista, aunque pueda haber materiales comunes entre los cuatro evangelios, tiene su carácter propio que le hace destacar unos elementos sobre otros.

Y NUESTRO BAUTISMO

El bautismo que hemos recibido los cristianos no proviene del practicado por Juan Bautista ni tiene el mismo significado, sino que lo hemos recibido por encargo del mismo Jesús (cf. Mt 28,19). Rico en significado, el bautismo que hemos recibido, o bien que se preparan a recibir los catecúmenos, nos convierte en hijos e hijas de Dios a imagen de Jesús, y miembros de la Iglesia. Por el bautismo hemos sido lavados del pecado original, morimos a todo pecado y nacemos a una vida nueva.

Remarcando con insistencia y claridad la distinción entre lo que hemos escuchado en el evangelio y lo que en un momento sucedió en nosotros, éste es un buen momento para recordar y revivir nuestro bautismo (de la misma manera que lo revivimos con fuerza y hondo significado en la Vigilia Pascual). En el bautismo hemos empezado a decir “sí” a Dios y a Jesús, un “sí” que hay que ir reafirmando y concretando a cada paso de nuestra vida humana y, especialmente, cristiana.

  • ¿Qué hacemos en el mundo?

Vivimos en un mundo y una sociedad en la que nos cuesta ver nuestro futuro, el camino que debemos recorrer, la pautas que debemos seguir. Como cristianos adultos nos damos cuenta de que deberíamos tener más claro nuestro proyecto de vida y que, frecuentemente, damos la impresión de haber perdido la carta de navegación:

Todos juntos, cada uno con su experiencia, estamos en busca de la propia identidad. ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Hacia dónde debemos orientar nuestros esfuerzos? ¿Qué es lo fundamental de nuestra vida? ¿Qué nos pide hoy, aquí, el Señor?

  • Jesús, enviado por Dios

Jesús de Nazaret, cuyo nacimiento hemos celebrado durante las fiestas de Navidad, tampoco se ahorrará estas preguntas fundamentales. Pero él no se preguntaba qué papel tenía que jugar en el mundo, sino que lo formulaba al revés. Se preguntaba qué esperaban, Dios y el mundo, de él. Y Jesús se siente llamado por Dios a una tarea muy concreta: “Liberar a los hombres de toda esclavitud”.

Jesús comprende que Dios le dirige las palabras de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura: “Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones”. Jesús descubre que Dios no pide imposibles a pesar de que lo envía a liberar a “los pueblos”, a pesar de la dificultad de mostrarles el amor de Dios, porque Jesús sabe que Dios le comunica su propio espíritu; porque Jesús sabe que cuenta con la fuerza necesaria para realizar esta misión.

Jesús, que hasta aquel momento había vivido en la sencillez de Nazaret y había trabajado y rezado con la gente de su pueblo, ha podido descubrir que el Amor de Dios es portador de vida, como el amor de los padres trae a la vida a sus hijos.

Y ha asumido las palabras de Dios que hemos escuchado en el evangelio de hoy. “Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco”. De ahora en adelante dirá a todo el mundo, con la palabra y el testimonio, que Dios es el Padre de todos, que vale la pena colaborar en la construcción de su Reino, donde nos reconocemos hermanos e hijos de él.

  • Dios también nos llama a nosotros

Dios también nos llama a nosotros desde nuestro bautismo. Es una llamada que resuena en nuestro interior. Es la llamada que Dios nos hace llegar cada día, en cada situación concreta. Y cada uno de nosotros deberá descubrir esta llamada personal: nadie se puede ahorrar este trabajo.

Para poder escuchar esta llamada es imprescindible pararse y hacer silencio, rezar y esperar y dejarse ayudar.

Jesús no lo descubrió de golpe ni lo hizo todo él solo. Fue acompañado por su familia, por el movimiento de Juan Bautista, por la fe de su pueblo reunido cada sábado en la sinagoga. Y nosotros, si lo vivimos de esa manera, descubriremos que la llamada que Dios nos dirige, como a Jesús, está al servicio de los demás. La llamada de Dios no es para que nos encerremos en nosotros mismos. Descubriremos que la llamada que Dios nos dirige quiere conseguir, con nuestro trabajo, una vida más digna para todos.

ACTUALIZAMOS

En la Eucaristía de este domingo, que cierra ya las fiestas navideñas, celebramos que Jesús fue fiel hasta el final y recibimos su mismo Espíritu, que nos da la fuerza necesaria que posibilita que también nosotros avancemos hasta el final; que elimina de nuestra vida la apatía y la desesperación porque estamos llamados a una tarea importante. Y porque tenemos la fuerza necesaria para realizarla.

  1. He sido bautizado en agua y Espíritu,

¿cómo me impulsa a vivir este pasaje al servicio del Reino?

  1. “Tú eres mi Hijo amado”. Jesús escuchó esto el día de su “bautismo”. También yo:

¿me siento hijo amado de Dios?

¿Entiendo mi filiación como un servicio o como un privilegio?

¿Cómo lo expreso en mi vida?

  1. “Él os bautizará con Espíritu Santo”. El Espíritu es signo de salvación, de tiempos últimos.

 ¿Me mueve el Espíritu que habita en mí a tener la certeza y la esperanza de que este tiempo en que vivo es definitivo?

LECTIO DIVINA – NAVIDAD – LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti.

Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá.

Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.

Salmo 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13

R./ Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R./

En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R./

Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos. R./

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos:

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.

Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

COMENTARIO

MAGOS. FIESTA DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR

Epifanía significa manifestación. Hoy Jesús se manifiesta a unos magos venidos de Oriente. El mensaje principal es que Jesús no ha venido a manifestarse sólo a un pueblo escogido, sino a todos los pueblos de la tierra (Universalidad de la fe). Los magos de Oriente representan a los pueblos paganos que llegaron a la fe. Nos lo cuenta san Mateo (2,1-12).

 COMPRENDER EL TEXTO

Para nosotros tiene muchas enseñanzas, pues está escrito como un proceso de fe que todos debemos recorrer para llegar a vivir el encuentro pleno con Dios. Acompañemos a los magos en este proceso de fe, en 8 etapas.

    1. LA INICIATIVA LA TIENE DIOS:
      No deja de enviar mensajes a sus hijos. En realidad hay muchas estrellas. Unos las ven o se fijan en ellas y otros no. Estrellas de Dios son las personas y los acontecimientos agradables y adversos. Lo difícil es ver la mano de Dios en todos ellos. Los magos vieron la estrella y en ella sintieron que había un mensaje de Dios.
    2. SE PONEN EN CAMINO:
      No basta ver la estrella. Hay que actuar. No basta saber el camino, hay que ponerse a caminar. Para seguir los planes de Dios hace falta dejarse seducir por Él. Eso es la fe. Es necesario un gran deseo de Dios lleno de amor. Como el anciano Simeón, aunque no sepamos cómo se puede llegar, como les pasaba a los magos. No fue fácil. Es necesaria la perseverancia. Ellos siguieron con alegría el camino hacia el Señor.
    3. LA ESTRELLA DESAPARECIÓ:
      No todo es fácil en el camino hacia Dios. Suele haber dudas y temores, tentaciones de abandono. Todos los santos lo han sentido. Hay momentos de sentir la oscuridad de la fe, hasta ser como una “noche oscura”. Pero Dios nunca nos abandona. Debemos seguir teniendo esperanza en Dios que está siempre con nosotros. Debemos reflexionar y orar.
    4. Y PREGUNTARON:
      En el camino hacia Dios, cuando vienen las dificultades, podremos encontrar en la Iglesia personas que nos pueden ayudar. Seamos valientes y consultemos. Los magos acudieron a una persona equivocada, Herodes; pero a través de él, Dios les ayudó, porque vio en ellos una buena voluntad. Herodes tramando maldades, les quiso engañar. Pero la fe siempre triunfa del mal. Dios permite las dificultades, en cuanto pueden fortalecer la fe. Ahora Dios les habla a través de su palabra escrita: “El Mesías deberá nacer en Belén”. Y contentos los magos salen de Jerusalén camino de Belén.
    5. APARECIÓ DE NUEVO LA ESTRELLA:
      Dios parece que se esconde, pero termina consolando. Para aquel que confía, siempre vuelve la estrella. Y con la estrella vuelve la alegría. Las pruebas en el espíritu se parecen a la oscuridad de la fe. Pero cuando viene la claridad, por obra del Espíritu divino, el alma ha madurado y se siente fortalecida y alegre. Dios siempre es luz y quien persevera en su búsqueda termina encontrando la luz en su espíritu. Para ello es necesaria mucha humildad y mucho amor.
    6. Y ENCONTRARON A JESÚS:
      Con la ayuda de la estrella que se puso encima de la casa donde estaba Jesús, llegaron felices los magos a Belén. Entraron donde estaba el Niño, con María, y le adoraron. Jesús debe ser el final de nuestra búsqueda espiritual. No sería fácil reconocer a Jesús, pues ellos buscaban a un rey. Le reconocieron por tener un corazón limpio: “Los limpios de corazón verán a Dios”. Hay que tener alma de niño para poderse compenetrar con Jesús: no ser esclavo de la violencia y tener mucho amor en el corazón. 
    7. Y LE OFRECIERON SUS DONES:
      Incienso, que es la oración. Mirra, que es la aceptación paciente de los trabajos y dificultades. Oro, que es el AMOR. El principal don es la adoración, es el ofrecimiento de todo nuestro corazón, de todo nuestro ser.
    8. Y SE VOLVIERON POR OTRO CAMINO:
      Quien ha conocido a Jesús debe cambiar a un camino de mayor justicia, paz y amor. No sabemos si los magos del evangelio eran reyes, ni siquiera si eran tres, lo importante es que buscaban verdad y la encontraron en Jesús. No el camino de Herodes que representa el poder, el mal, el pecado.

LECTIO DIVINA – NAVIDAD – SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ

Lectura del libro de los Números 6, 22-27

El Señor habló a Moisés:

«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.

El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R./ Que Dios tenga piedad y nos bendiga.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R./

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R./

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

COMENTARIO

Hoy comienza el año nuevo, es la octava de Navidad, la fiesta de María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de Oración por la Paz.

Las lecturas que nos ofrece la liturgia están en consonancia con todo esto, todas hablan de Bendición: Números: expresa el deseo de que Dios proteja a su pueblo. En Gálatas: la bendición se muestra en el ser hijos, no esclavos, herederos de la casa de Dios. En el Evangelio: la bendición se hace carne con el nacimiento de Jesús, abriéndonos a la experiencia profunda de María y a la alegría de los pastores.

Acogemos esta abundancia de bendiciones y, como los pastores, glorificamos al Señor que sale a nuestro encuentro hecho Palabra encarnada.

COMPRENDER EL TEXTO

Toda la liturgia de Navidad es una invitación a no dejarse envolver por las palabras humanas, sino a detenerse y contemplar el misterio de la Palabra hecha carne, del Hijo de Dios acostado en un pesebre.

Este pasaje de Lucas nos lleva de nuevo al relato de la infancia, es continuación del que proclamamos en la misa del Gallo. Es un relato contado en 3 escenas: 1) El nacimiento de Jesús en Belén. 2) El mensaje del ángel. 3) La reacción de los pastores.

Lucas nos recuerda que el nacimiento de Jesús fue un acontecimiento histórico y que tiene un mensaje de fe.

Los protagonistas de esta tercera parte que hoy leemos son los PASTORES, MARÍA y, sobre todo, JESÚS.

Se describe la actitud de los pastores con verbos que expresan acción: se dicen unos a otros, fueron corriendo, encontraron, contaron … Con estos verbos que denotan movimiento, el evangelista está constatando algo muy importante: la fe es un camino. Lo que se está describiendo es un proceso de encuentro con Jesús. Lucas pretende que nos identifiquemos con los pastores. De esta forma nos propone dar unos pasos concretos para que lleguemos al descubrimiento de Jesús después de haber escuchado el anuncio de la Buena Noticia.

Las etapas de este itinerario son:

  1. Búsqueda,
  2. Hallazgo unido a la experiencia personal y
  3. Testimonio

De este testimonio brota la admiración en quienes escuchan, y así la fe comienza a propagarse.

Empujados por el mensaje del “ejército celestial”, los pastores van a toda prisa a Belén, a ver lo que ha pasado, y encuentran al niño. Su fe sencilla y abierta no pone dificultades para creer el mensaje transmitido. La suya es una fe profunda que se basa en su encuentro con Jesús. Además, la experiencia de los pastores es misionera. Comunican lo sucedido y se va extendiendo la reacción de sorpresa y de admiración ante lo que ha sucedido.

Junto a la fe comunicativa de los pastores, el evangelista presenta a María. En muy pocas palabras se expresa su profunda vivencia de lo que sucede con el nacimiento de Jesús. El evangelista destaca la actitud de María, de guardar sus experiencias en el corazón, se repliega hacia su interior para comprender el profundo significado de lo que está viviendo y de lo que le cuentan los pastores. Su actitud ante los acontecimientos y su meditación interior corresponden a su personalidad de creyente y de esclava del Señor. Más tarde se repetirá esta actitud de María ante la pérdida de Jesús en Jerusalén, con palabras similares.

Tanto los pastores como María orientan su acción y su interioridad hacia Jesús, el niño Dios acostado en el pesebre. El versículo 21 habla de su circuncisión y de la imposición del nombre “a los 8 días”. De este modo empieza a insertarse en la religión y la cultura judía. Y es que la llegada del Mesías a nuestra historia no fue algo desligado de la realidad humana. Por la circuncisión entra a formar parte de la comunidad de fe israelita (nuestro bautismo). El nombre que recibe no está puesto al azar, sino que expresa su misión, y le fue impuesto, según el relato de la anunciación por el mismo Dios: Jesús = Dios salva. Este es el designio que Dios tiene para el Hijo de María.

Acerquémonos, en este primer día del año a Jesús, el hijo de María y de José, el Hijo de Dios acostado en un pesebre. Los pastores y María son propuestos como modelos de una fe dinámica, que arraiga en lo más profundo del corazón humano. Ellos nos inspiran la manera de encontrarnos y de acogerle, porque él es el salvador del mundo y sólo con él nuestra tierra tendrá paz.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

El primer día del año se inicia con la mejor de las noticias: Dios nos ha bendecido para siempre en Jesucristo. Además, en María y en los pastores se nos ofrecen modelos de actitudes, formas de acoger y expresar en la vida la bendición de Dios de modo que alcancen a todo el mundo. Reflexionamos sobre el modo de actualizar este evangelio en nuestra realidad cotidiana.

  1. El evangelio de hoy nos presenta la actitud misionera de los pastores y la de la profunda reflexión de María:

¿Cómo son modelos concretos para nuestra vida de fe?

  1. El pasaje tiene elementos que afectan a nuestro compromiso cristiano:

¿Cuáles son esos elementos? ¿Cómo nos comprometen?

  1. En nuestro mundo:

¿Qué esperanzas concretas crees que trae Jesús a los hombres y mujeres de nuestro tiempo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – NAVIDAD – LA SAGRADA FAMILIA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5

R./ Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R./

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R./

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

COMENTARIO

El libro del Eclesiástico y el salmo nos presentan el modelo de relaciones y los valores que prevalecían en la familia tradicional israelita: los hijos corresponden a los padres con el respeto, el servicio y el auxilio, todo ello marcado por el amor. En medio de una familia que hunde sus raíces en esa tradición se educó, creció y maduró Jesús. Y no siempre fue fácil su vida familiar, como muestra el evangelio de Mateo, y sufrió la persecución y el exilio. Pero Jesús, como celebramos durante estas fiestas navideñas, vino para encarnarse y para compartir todas las peripecias humanas, también las familiares. Como dice san Pablo a los Colosenses, que nuestras familias y todas nuestras relaciones se revistan del amor, para poder así superar todas las adversidades.

No sabemos muchas cosas de su vida, pero sí una era segura: Jesús quiso nacer y vivir en una familia, quiso experimentar nuestra existencia humana y por añadidura, en una familia pobre, trabajadora, que tendría muchos momentos de paz y serenidad, pero que también supo de estrecheces, de emigración, de persecución y de muerte.

El evangelio es de la infancia de Jesús, y las demás lecturas hablan de las virtudes de la vida doméstica. A la vez seguimos meditando en el misterio de Dios hecho hombre, y nos miramos al espejo de la Sagrada Familia para mejorar el clima de la nuestra. Precisamente ahora en la que tantos interrogantes se levantan contra la institución de la familia humana, y tantas dificultades encontramos todos para la convivencia y para la estabilidad en nuestras opciones y relaciones, la Palabra de Dios ilumina desde la luz cristiana y navideña la realidad de nuestras familias.

COMPRENDER EL TEXTO

HONRAR PADRE Y MADRE:

En la primera lectura se nos traza un pequeño tratado sobre el comportamiento de los hijos para con sus padres. El marco social ha cambiado mucho. Pero la actitud que él señala sigue siendo actual: atender a los padres, también cuando se hacen mayores y empieza a flaquear su cabeza. Qué fácil es tratarles bien cuando son ellos los que nos ayudan a nosotros. Y qué difícil cuando ya no se valen por sí mismos y dependen de nuestra ayuda. El motivo para amar a los padres no es solamente humano. Se remonta a Dios y a su mandamiento (4º): honrar al padre y a la madre. “El que honra a su padre, cuando rece será escuchado; al que honra a su madre, el Señor le escucha”. Habrá cambiado el sistema de relaciones en la familia; la autoridad de los padres tendrá ahora mucho más en cuenta la libertad y personalidad de los hijos pero el mandamiento de Dios continúa, y debe tener aplicación en cualquier circunstancia.

NO ES FÁCIL LA VIDA EN COMÚN:

Pablo nos ha mostrado otro ambiente en el que realizar ese mismo ideal de convivencia humana y cristiana: el de una comunidad. Sus recomendaciones siguen válidas: «Revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor; que es el vínculo de la unidad perfecta». Es precisamente la actitud que nos suele faltar: la acogida mutua en cualquier clase de convivencia. Las relaciones interpersonales nos resultan cada vez más difíciles. La fiesta de hoy no nos da soluciones técnicas para la vida familiar o social, pero sí nos ofrece claves profundas, humanas y cristianas a la vez: el amor, la comprensión, la acogida y el perdón.

Pero hay una clave superior: todo eso no lo hace una familia cristiana sólo por motivos de coexistencia civilizada, sino desde la fe “en el Señor”. Porque Dios nos ha perdonado, es por lo que nosotros perdonamos a los demás. Porque Cristo Jesús ha aparecido en medio de nosotros, es por lo que nos sentimos agradecidos e intentamos amar a los demás. La familia cristiana debe ser un signo del amor de Dios en medio de la sociedad, tan falta de amor y de testigos de esperanza.

TAMBIÉN EN MOMENTOS DE ANGUSTIA:

La vida de la familia conlleva momentos de tensión y dificultad, como los que leemos en el evangelio de hoy. José tuvo que decidirse a tomar a su mujer y a su hijo y huir a Egipto. No serían las únicas dificultades que pasaría esta familia. Ya se le anunció a María que una espada de dolor atravesaría su alma. Perdieron al niño en el Templo, sufrieron la incomprensión y la angustia de la búsqueda y el no entender su lenguaje. Por eso son modelo de armonía y de fidelidad a Dios tanto en lo bueno como en el dolor, incluso los momentos que pasaron como emigrantes o prófugos.

ACTUALIZAMOS

  1. En medio de la familia de Nazaret, Jesús fue educado, creció, amó y fue amado, adquirió unos valores:

¿En qué sentido te ha configurado tu familia?

¿Qué importancia ha tenido y tiene en la transmisión y vivencia de tu fe?

  1. José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche…

¿Conozco situaciones familiares difíciles?

¿Estoy dispuesto a ayudar? ¿Cómo?

  1. Dios conduce la historia de modo muchas veces incomprensible:

¿Qué esperanzas anima en mí este modo de actuar de Dios?