LECTIO DIVINA – CICLO A – CUARESMA DOMINGO II

Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abran:

«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.

Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y serás una bendición.

Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

Abran marchó, como le había dicho el Señor.

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R./ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R./

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R./

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10

Querido hermano:

Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

COMENTARIO

Las primeras lecturas de Cuaresma de este ciclo litúrgico nos irán recordando las grandes etapas de la Historia de la Salvación. El relato de la vocación de Abrahán nos le presenta dejando su tierra y emprendiendo un largo viaje hacia una tierra prometida por Dios. El salmo recoge expresiones de confianza que muy bien podrían haberle acompañado durante la ruta. La escena de la transfiguración del evangelio confirma la vocación de Jesús como Hijo amado de Dios e invita a los discípulos a que lo escuchen y sigan el camino hacia la Pascua. Pablo resalta que la fidelidad a esta “vocación santa”, no libre de dificultades, no es obra nuestra, sino fruto de la gracia que se ha manifestado en Jesucristo.

COMPRENDER EL TEXTO

También los primeros discípulos vivieron su propia Cuaresma. A ellos también se les pidió acompañar al Señor en su camino hacia la Pascua, atravesando el túnel oscuro de la pasión y de la muerte. Es en ese contexto como hemos de leer y comprender el relato luminoso de la transfiguración de Jesús que la liturgia nos propone siempre en el 2º domingo de Cuaresma.

Mateo sitúa el relato de la transfiguración después del primer anuncio de la pasión y su consecuencia (Mt 16,2-26). Recordar esa vinculación nos ayuda a interpretar esta escena, tan enigmática a simple vista. Sabemos, además, que el evangelista se remite constantemente a las Escrituras, pues le gusta presentar la vida de Jesús como cumplimiento y superación de las promesas del Antiguo Testamento. Aunque son muchos los pasajes bíblicos que Mateo podría estar evocando al narrar la transfiguración, hay uno en el libro del Éxodo con el que tiene muchas coincidencias (Ex 24,12-18 y 34,29-35).

La escena de la transfiguración presenta los rasgos de una “teofanía” o manifestación divina, una forma de expresión muy frecuente en la Biblia.

En la cita del Éxodo a la que hacemos alusión, también se habla de “el séptimo día”, “subir / bajar del monte”, “el rostro luminoso”, “la nube”, “el miedo” … lo sorprendente es que es Jesús y no Dios quien manifiesta su gloria. La frase final del relato califica esta experiencia como “visión” (Mt 17,9), y así ofrece una pista decisiva para entender lo que ha pasado. Significa que lo sucedido no se sitúa al mismo nivel que las vivencias cotidianas, que Dios ha revelado algo esencial sobre la identidad de Jesús que no podía percibirse en el contacto ordinario con él.

La transfiguración de Jesús supone una contemplación anticipada de la victoria del Resucitado. Los rasgos con los que se le describe aparecen en otros lugares del evangelio relacionados con la experiencia pascual. Además, es el mismo Jesús quien prohíbe hablar de este tema a los discípulos “hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos” (Mt 17,9), pues sólo entonces podrán entender su sentido. Otros elementos “visuales” contribuyen a resaltar la escena, como la aparición de Moisés y Elías. Su presencia trata de afirmar que Jesús es el Mesías de Israel, puesto que ambos personajes habían sido relacionados con su llegada en la tradición judía (Dt 18,15; Mal 3,23). Aunque en este pasaje no solo es importante lo que se “ve”, sino también lo que se “oye”.

El centro del relato está ocupado por la “audición” de la voz que se hace sentir desde la nube, un signo inequívoco de la presencia de Dios según la Biblia. Es ella la que interpreta definitivamente el sentido de la “visión”. La primera parte de su declaración coincide con lo que ya se había proclamado en el bautismo (Mt 3,17) y ratificado en las tentaciones (Mt 4,1-11), pero añade un elemento nuevo: “¡Escuchadlo!”. Después de que Jesús haya reafirmado su opción de obediencia al Padre, aceptando su destino de muerte (Mt 16,21) y rechazado de nuevo el engaño de Satanás (Mt 16,22-23), esta declaración supone una confirmación definitiva a su persona por parte de Dios. Debe ser escuchado porque con su palabra y su vida ha llevado a plenitud todo lo que estaba anunciado en la Ley (Moisés) y los profetas (Elías).

Mateo ha querido situar este relato en una sección del evangelio en la que Jesús se concentra en instruir a sus discípulos (16,21 – 20,34). Todo empieza con el anuncio de la pasión, que supone un duro golpe para ellos porque implica la frustración de sus expectativas mesiánicas. Basta recordar la reacción de Pedro. En este contexto, la transfiguración intenta animar la fe y el seguimiento de los discípulos, que han entrado en crisis. Mostrándoles por un momento el final del camino -La Resurrección- pretende prepararlos para asumir lo que les queda por recorrer: la pasión y la muerte. Por eso, lo decisivo para ellos comenzará al bajar del monte y encontrarse de nuevo con “Jesús, solo” (Mt 17,8). Es en la vida cotidiana y en el seguimiento del Mesías sufriente donde deberán reconocerle y escucharle como “Hijo de Dios”, aunque vean “desfigurado” a quien han contemplado “transfigurado”. Es la única ruta posible para alcanzar la gloria de la resurrección que ellos han entrevisto ya en la cima de aquel monte.

ACTUALIZAMOS

La Cuaresma de los primeros discípulos nos marca la pauta. Como ellos, caminamos hacia la Pascua, estamos llamados a vivir “transfigurados”. Pero seguimos a “Jesús solo”, que se entregó hasta la donación total de sí mismo. En ese camino, a veces sombrío, también hay momentos de luz donde vemos clara la meta y recuperamos fuerzas para seguir adelante.

  1. “Se transfiguró delante de ellos”:

A veces, el Señor nos regala momentos de luz que luego nos animan a seguir adelante en momentos más oscuros.

¿Recuerdas alguno que tú hayas experimentado?

  1. “No vieron a nadie más que a Jesús, solo”:

¿Qué puede enseñarte este relato a la hora de continuar caminando junto a “Jesús solo”, aun en los momentos de desánimo?

  1. “Escuchadlo”:

¿De qué manera tratas de vivir este mandato en tu compromiso diario?

  1. “Levantaos, no temáis”:

¿Cómo te ayuda esta visión anticipada de la Pascua a vivir sin miedo y con esperanza el momento presente?

ORAMOS

“Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!”  Los momentos de intimidad con el Señor no pueden convertirse en una excusa para huir de la dura realidad, sino que son ocasión para fortalecer nuestro seguimiento y adhesión a él también en las horas bajas. Recordamos como en nuestro bautismo somos “transfigurados” e identificados con Jesús.

LECTIO DIVINA – CICLO A – CUARESMA DOMINGO I

Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.

Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

La serpiente replicó a la mujer: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17

R./ Misericordia, Señor, hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R./

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R./

Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R./

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…

Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó:

«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús:

«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

COMENTARIO

Al iniciar la cuaresma, la Palabra se remonta al comienzo de la Historia de la Salvación. A un mundo creado como bueno donde el ser humano fue puesto para ser feliz. Pero el Génesis nos recuerda la desobediencia de Adán y Eva, que sucumbieron a la tentación de querer ser como Dios y se incapacitaron para llevar a cabo ese proyecto. Las consecuencias de aquel primer pecado hubieran hipotecado definitivamente la historia, condenada a confundir para siempre el bien y el mal, pero Cristo ha roto aquella dinámica fatal. Es lo que Pablo y Mateo nos recuerdan: que Jesús vence la vieja tentación que amenazaba desde el principio a la humanidad.

El evangelio de las tentaciones es lectura obligada en cada primer domingo de cuaresma. En este ciclo litúrgico nos encontramos con la versión de Mateo. En ella, Jesús es puesto a prueba por Satanás para que realice su vocación de Hijo de Dios, proclamada en el bautismo, por caminos opuestos de los que el Padre le pide.

COMPRENDER EL TEXTO

En la primera parte del evangelio, Mateo quiere mostrar a sus lectores quién es Jesús (Mt 1,1-4,16). De este modo los prepara para comprender sus enseñanzas y solidarizarse con su destino. Hacia el final de esta sección, Jesús es proclamado Hijo de Dios durante su bautismo (3,17). El episodio de las tentaciones, situado a continuación, sirve de contraste a dicha proclamación y ayuda a captar en qué sentido debe ser interpretado este título como expresión de la identidad mesiánica de Jesús.

Jesús es conducido al «desierto», que en la Biblia suele aparecer como lugar de prueba, habitado por demonios y alimañas. Pero no es Satanás, sino el Espíritu que ha descendido sobre él en el bautismo, quien lo lleva hasta allí. No se trata, pues, de una encerrona, sino de algo que responde al plan de Dios. Es un relato cargado de simbolismo. Fijándonos en los demás elementos con los que Mateo construye la escena (“cuarenta días”, “ayuno-hambre”, “poner a prueba”…), comprendemos mejor su sentido. El evangelista está pensando en Dt 8,2-5, donde se narra los “40 años” que Israel pasó por el desierto y donde fue “puesto a prueba” para ver si era capaz de obedecer al Señor como un “hijo”. El libro del Éxodo nos recuerda que el pueblo sucumbió a la tentación. En cambio Jesús, el “Hijo de Dios”, se enfrenta al mal y lo vence en su propio terreno. Esto, además sucede 3 veces, número que indica totalidad. Indica que las tentaciones de Jesús no son un hecho aislado y puntual en la vida de Jesús, sino un resumen anticipado de las que sufrió a lo largo de su vida y en especial durante su pasión y muerte. (Mt 27,39-44). Fijémonos en el esquema que se repite en cada tentación.

El diablo inicia sus acometidas con la expresión: “si eres Hijo de Dios…” indica que la intención es desviar a Jesús de su forma de entender y vivir su ser Hijo de Dios. Para ello le propone aprovecharse de su condición, enfocarla como privilegio, ejerciendo el poder que conlleva en beneficio propio. De este modo podrá tener lo que necesita -convirtiendo las piedras en panes-, alcanzar la fama -realizando milagros espectaculares- y ejercer el dominio absoluto sobre el mundo, aunque para ello deba someterse a la lógica del mal. En el fondo es una sola tentación bajo tres aspectos distintos. Pero Jesús no cae en la trampa.

Es importante ver cómo Jesús vence las tentaciones citando la Escritura (Dt 8,3; 6,16;6,13). Lo hace porque no está dispuesto a la voluntad del diablo, sino sólo a la voluntad de Dios expresada en su Palabra. Ser hijo no es para ejercer el poder económico (panes), religioso (templo) o político (los reinos del mundo), sino una oportunidad de vivir en actitud de obediencia al Padre. Nada es tan importante y necesario como hacer lo que Dios quiere. Por eso no utiliza su relación con Dios para obtener ventajas personales. Dios es el único Señor y ese convencimiento guiará toda su vida (En Mt 16,1-4; 16,21-23; 26,51-54 Jesús actúa en total coherencia con las opciones que se reflejan en su rechazo de las tentaciones).

Jesús se niega a ser el Mesías que muchos esperaban. Sus credenciales como Hijo de Dios serán la fidelidad y la obediencia. No realizará milagros para hacerse propaganda, sino para expresar la compasión de Dios hacia los necesitados. La lógica de su vida estará guiada por el servicio y no por la idolatría del poder. De este modo desbarata las propuestas del adversario, que no tiene más remedio que huir. Su retirada transforma el escenario y convierte el desierto en un lugar donde Jesús experimenta la presencia y el auxilio de Dios. Por eso los ángeles se le acercan para servirle, ofreciéndole aquel alimento que viene del Padre y que sacia su hambre de verdad: “mi comida es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4,34).

ACTUALIZAMOS

Los 40 días de ayuno que Jesús pasó en el desierto inspiraron la duración de la Cuaresma cristiana. Lo que se nos pide en ella, no es tanto privarnos de alimentos como renovar nuestra vocación de hijos de Dios, esa que también nosotros recibimos en el bautismo y se ve amenazada, como la de Jesús, por numerosas tentaciones que tratan de anular el dinamismo del Reino. 

  1. Si eres Hijo de Dios…

¿Qué me enseña este pasaje sobre la persona de Jesús y su relación con el Padre?

  1. Todo esto te daré, si te postras y me adoras”:

¿Qué tentaciones amenazan mi coherencia de vida cuando trato de servir como hijo de Dios en la línea en que lo hizo Jesús?

  1. No tentarás al Señor, tu Dios…

¿Qué puedo aprender de la actitud de Jesús ante las tentaciones?

  1. Entonces lo dejó el diablo…

¿Qué esperanza me ofrece la victoria de Jesús?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO VII

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18

El Señor habló así a Moisés:

«Di a la comunidad de los hijos de Israel:

“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor”».

Salmo 102, 1bc-2. 3-4. 8 y 10. 12-13

R./ El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R./

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R./

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R./

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23

Hermanos:

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».

Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente».

Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

 COMENTARIO

La primera lectura del libro del Levítico nos recuerda que ya en el Antiguo Testamento estaba vigente la ley de amor al prójimo, una ley que encontraba su fundamento en la soberanía y santidad de Dios. Jesús recuerda este precepto y amplía su cumplimiento. Entrar en la nueva alianza implica no sólo amar al prójimo, sino también amar y orar por los enemigos, porque así se comporta el Padre celestial y nosotros hemos de mostrarnos como hijos suyos. En esta misma línea, Pablo hace memoria de nuestra condición de hijos y nos invita a conducirnos según la sabiduría de Dios.

 COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de hoy es continuación del pasaje del sermón del monte proclamado el domingo pasado. El evangelista sigue recordando a su comunidad que Jesús lleva la ley del Antiguo Testamento hasta límites insospechados. Más aún, la nueva ley carece de límites, porque tiene las dimensiones del amor del Padre celestial.

En un marco solemne, Jesús está ofreciendo a sus seguidores una especie de manual básico del discipulado. Tras las bienaventuranzas, les explica cómo deben interpretar la ley de Moisés. Como el domingo pasado leímos las cuatro primeras antítesis, hoy proclamamos y meditamos la quinta y la sexta.

La quinta antítesis recoge la ley del talión (Ex 21,24-25). Era ésta una norma muy importante, que buscaba limitar la venganza desmedida y consistía en establecer una justa proporción entre la culpa y el castigo. Jesús quiere superar esta justicia tan humana que no acaba de raíz con la espiral de violencia y proporcionar a sus discípulos una opción radical: responder al mal con la fuerza del bien, romper la dinámica de la venganza. Lejos de ser un acto de cobardía, esta actitud implica un enorme coraje. Desarmar la violencia con la paz y la generosidad no es tarea fácil, como tampoco lo es la siguiente antítesis.

Jesús pide a sus seguidores que establezcan unas relaciones nuevas sustentadas en el amor. Ya la ley de Moisés había prescrito el amor al “prójimo” en sentido restrictivo, limitándolo a los de la misma religión. Jesús corrige esta legislación del Antiguo Testamento y amplía su cumplimiento. Considerando “prójimo” también al enemigo, pide que se le ame y que se ore por él. Evidentemente, amar al enemigo no significa “sentir” por él lo mismo que se siente por un amigo o por una persona querida. El amor que propone Jesús no entra en el ámbito del sentimiento, sino de la acción. Amar al enemigo significa hacerle el bien, renunciar a cualquier actitud o acto hacia él que pueda causarle daño. Lo que pide Jesús rompe, sin duda, con toda lógica humana y va en contra del sentido común. Enseguida él mismo indica la razón de este comportamiento.

Los discípulos han de actuar contra toda lógica humana, respondiendo al mal con el bien, amando y orando incluso por los enemigos, porque Dios actúa así y ellos deben mostrarse como hijos del Padre celestial. No han de reaccionar con bondad o con amor porque esperen de los agresores un trato similar hacia ellos. Se deben comportar amando y perdonando porque Dios ama a todos y ofrece la bondad del sol y de la lluvia a malos y buenos, justos e injustos. Porque así es el Padre del cielo, los hijos deben imitar su ejemplo. Para saber en qué sentido debemos imitar como discípulos al Padre celestial podemos comparar Mt 5,48 con Lc 6,36.

Mientras el evangelio de Mateo manda ser “perfectos” el de Lucas exhorta a ser “misericordiosos”. La enseñanza es la misma, aunque expresada en categorías diferentes que pueden ayudarnos a comprender mejor. Para Mateo, que escribe a cristianos procedentes en su mayoría del ámbito judío, la perfección equivale a imitar la forma de actuar de Dios. Es lo mismo que Lucas intenta expresar a su comunidad, integrada sobre todo por cristianos provenientes del mundo pagano (no judíos), a quienes presenta la misericordia como el rasgo fundamental del Padre celestial que deben manifestar sus hijos, mostrando con sus actitudes cómo es el corazón de Dios. Por tanto, ser “perfectos (o misericordiosos) como el Padre celestial” no significa carecer de limitaciones ni de defectos, algo casi imposible, sino tener las mismas actitudes que Dios, es decir, renunciar a la venganza, amar sin distinción, perdonar, buscar en primer lugar el bien del otro.

Jesús no pide algo inalcanzable. Está diciendo a sus discípulos que tomen como medida de su actuar no la letra de la ley, sino el comportamiento de Dios. Un Dios que ha amado primero, que es bueno con todos, que da sin medida, que trata a todos por igual, buenos y malos. Si así se porta el Padre celestial, sus hijos deben hacer lo mismo.

ACTUALIZAMOS

El evangelio de hoy nos ha ofrecido un auténtico programa de vida cristiana que tiene su origen en nuestra condición de hijos del Padre celestial. Miramos ahora nuestra vida en el espejo de este programa y compartimos desde la fe, los alientos y compromisos que implica para nuestra vida.

  1. “… vuestro Padre celestial”:

  ¿Cuál es el rostro de Dios que aparece en el pasaje evangélico? ¿Cómo nos invita a relacionarnos con él?

  1. “Seáis hijos de vuestro Padre celestial”:

  ¿Cómo vives en tu vida la experiencia de ser hijo del Padre celestial? ¿Cómo la cuidas y alimentas?

  1. “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”:

  ¿Qué dificultades experimentas para vivir lo que dice el evangelio de hoy?

  ¿Encuentras pistas en ese pasaje para superar esas dificultades?

  1. “Como vuestro Padre celestial es perfecto”:

  ¿En qué cambiaría nuestro mundo y nuestra Iglesia si nos mostrásemos como dignos hijos del Padre celestial?

Jesús nos ha pedido en el evangelio que oremos por quienes nos persiguen. Quizá sea hoy un buen momento para rezar por las personas con quienes no nos entendemos, por aquellas que nos han herido en nuestra vida…; también podemos pedir perdón por las ocasiones en las que nosotros mismos nos hemos convertido en perseguidores, no hemos tratado bien o no hemos perdonado.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO VI

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 15-20

Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad.

Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.

Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.

Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre.

A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.

Salmo 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34.

R./ Dichoso el que camina en la ley del Señor.

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R./

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos. R./

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu ley. R./

Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10

Hermanos: Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.

Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

COMENTARIO

La tradición sapiencial que muestra el Eclesiástico se hace plegaria en el salmo más largo del salterio: los mandatos de Dios, ofrecidos a la libertad del ser humano, son el camino de la vida. Pero siempre cabe la oportunidad de optar por la muerte, eligiendo el mal y el pecado. Quien opta por vivir según la voluntad de Dios manifestada en la ley, camina dichoso por la vida. Esta voluntad de Dios la ha revelado Jesús con sus palabras y sus obras y la ha llevado hasta las últimas consecuencias.

COMPRENDER EL TEXTO

Hoy comienza propiamente el sermón del monte, y Jesús, como nuevo Moisés, nos dice que la ley y los profetas hacen grandes en el Reino a quienes cumplen y enseñan sus mandatos. Pero Jesús presenta un modo totalmente distinto de interpretar, profundizar y dar vida a la Escritura.

Con el evangelio de hoy comienza una serie de instrucciones de Jesús sobre cómo se debe interpretar la ley de Moisés (Mt 5,17-38). Para ayudarnos a comprender este evangelio debemos tener en cuenta la pluralidad de la comunidad de Mateo, formada tanto por cristianos de origen judío como por otros de origen pagano. La interpretación de la ley y los profetas era un motivo constante de discusión entre ellos y también con los judíos. Jesús propone vivir la ley de un modo distinto, desde su espíritu y no desde la letra.

Lo que está en juego es la interpretación novedosa y radical que Jesús y sus seguidores hacen de la Escritura. Lejos de acabar con ella, la lleva hasta las últimas consecuencias, subrayando así la continuidad al mismo tiempo que la novedad que trae Jesús y el Reino que él anuncia.

La escritura manifiesta la voluntad de Dios vigente hasta el final de los tiempos. La tarea de Jesús está en continuar con la Escritura de su pueblo, pero él desvela su auténtica esencia y novedad. Los escribas y los fariseos se consagraban en cuerpo y alma al estudio y al cumplimiento de la ley hasta en sus más mínimos detalles. Habían multiplicado los preceptos y convertido la ley en una carga pesada. Jesús y sus discípulos, como años más tarde los cristianos a quienes Mateo dirige su evangelio, tuvieron que escuchar más de una vez la acusación de que descuidaban el cumplimiento de la ley. Mediante la utilización de un recurso literario –la antítesis-, el evangelista intenta hacer aún más vivo el contraste entre la postura de Jesús y la de los fariseos con respecto a la ley. Tanto en la terminología utilizada –ley, mandamiento, vigencia, abolir- como en el fondo de las cuatro antítesis aparece el tema de la justicia. La justicia de los fariseos se conformaba con marcar los mínimos imprescindibles para salvarse, olvidando la principal función de la ley. Pero la justicia de Jesús, de la que ya hablaban las bienaventuranzas, se refiere al comportamiento que responde a lo que Dios quiere del ser humano, tal como se manifiesta en la ley y los profetas, es decir, en las Escrituras.

La antítesis en estos cuatro casos tiene una misma estructura: se contraponen en paralelo la opinión de los fariseos y la de Jesús sobre diversos preceptos de la ley. Resalta por contraposición la postura de Jesús, quien descubre una profundidad inaudita y más auténtica en los mandamientos de la Escritura. El precepto no matarás, el adulterio, el divorcio y los juramentos son los cuatro casos propuestos para mostrar el nuevo modo de entender la ley entre los cristianos. Probablemente se traten de cuestiones discutidas dentro de la comunidad, pero no dejan de ser un ejemplo del nuevo estilo de vida inaugurado por Jesús: las enseñanzas de la ley y los profetas han de ser asumidas desde dentro, como expresión de la voluntad de Dios. Lo más interesante es observar la novedad de la interpretación de Jesús en cada uno de los casos y ver cómo ayuda a los discípulos a ir más allá de la “justicia” de los escribas y fariseos: no basta un cumplimiento externo, sino que son necesarias otras actitudes profundas.

ACTUALIZAMOS

Jesús nos invita a profundizar en la Escritura e ir al corazón de muchas normas, para poder vivirlas desde dentro y descubrir en ellas la voluntad de Dios.

  1. “Habéis oído que se dijo… Pero yo os digo…”

¿Mi fe está fundada en una visión demasiado legalista de la vida cristiana?

¿He descubierto la novedad que se esconde tras tantas leyes?

  1. “Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano”:

¿Cómo construimos en nuestro grupo o parroquia la fraternidad?

  1. “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”:

¿Qué esperanza genera en mí este pasaje?

¿Qué sociedad nos invita a construir?

En la meditación de la Palabra de Dios buscamos descubrir su voluntad para cumplirla. Sólo la oración, que es encuentro con Dios, puede abrirnos los ojos del corazón para que encontremos la vida que se esconde en su palabra de amigo.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO V

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas; ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor, y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».

Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9

R./ El justo brilla en las tinieblas como una luz.

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R./

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R./

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».

COMPRENDER EL TEXTO

El profeta Isaías niega cualquier valor ante Dios a las privaciones corporales y a las prácticas religiosas que no van acompañadas de una vida justa. Lo que Dios espera no son grandes manifestaciones externas de piedad, sino acciones concretas y efectivas a favor de los necesitados: alimentar al hambriento, hospedar al sin techo, vestir al desnudo.

Los profetas denuncian el ritualismo vacío y dicen que la mejor manera de hacerse escuchar por Dios es ayudar a los pobres. Isaías asegura que Dios escucha y bendice a los que así actúan. La gloria de Dios acompañará a los que se muestran misericordiosos con los necesitados (misericordia quiero y no sacrificios, velas, hábitos, posturas, apariencias…). Su vida se llenará de luz y de mediodía.

La espiritualidad bíblica se caracteriza por una relación directa entre la atención a Dios y la atención a los demás. Esto tiene su culmen en Jesús “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos más pequeños, me lo hacíais a mí” (Mt.25,40)

El versículo 6, aquí omitido, explica el ayuno que agrada al Señor: afligirse y dejarse afectar (auténtica afectividad, sintonía) por el prójimo. Sentir como propio el dolor ajeno e implicarse en paliarlo, eso es lo que agrada a Dios.

El hombre del Antiguo Testamento creía que el ayuno era agradable a Dios.

No se puede separar al Dios de la alianza con la situación de quienes están oprimidos, sea por esclavitud, hambre y cualquier clase de atadura. Esta es la condición y no la consecuencia para que Dios escuche al orante y al que ayuna.

El único saber de Pablo es Cristo, y este crucificado. Cristo crucificado revela el auténtico rostro del evangelizador y del evangelizado, el auténtico rostro del hombre, que solo llega a serlo en la medida en que ama con un amor crucificado, gratuito, que no espera ser gratificado, sino que crea vida de la muerte. Así ha sido amado Pablo. Por eso, su ministerio brota de la “necesidad” (Hay de mí si no anuncio el evangelio) de compartirlo y se convierte en testimonio de experiencia, no en doctrina elocuente ni filosofía cautivadora.

En el Evangelio, Mateo intenta con estas dos comparaciones animar a los discípulos perseguidos y mostrar cuál es la misión de quienes viven el espíritu de las Bienaventuranzas.

Ser luz consiste en practicar las buenas obras para que todos los hombres den gloria a Dios.

Jesús no utiliza muchas palabras, se dirige al corazón y suscita en la persona la decisión. Luz del amor solidario que dignifica a cada persona y le suscita esperanza, capaz de dar sentido a la vida. No da sentido una respuesta coherente a los enigmas de la existencia, sino una vida entregada por amor en el encuentro cotidiano que mantenemos con las personas que nos toca convivir y relacionarnos.

Podemos recordar las bienaventuranzas como proyecto de futuro, pero también como pequeña realidad que se abre paso y construye el Reino desde lo pequeño y lo contradictorio. Hace falta mucha fe para creer en ese proyecto de felicidad que nos presenta Jesús, pero también mucha esperanza en que se cumplirá y mucho amor para comprometernos con su realización en lo concreto y cercano.

¿Qué tiene que hacer un cristiano en medio de la sociedad? Nada menos que “ser sal y luz del mundo”. ¿Cómo podemos, en medio de una historia de tinieblas o penumbras, ser nosotros luz?

Una primera respuesta la tenemos en el profeta Isaías. La enumeración que él hace, la conocemos bien, porque es la misma que Jesús nos dijo que serviría para nuestro examen final. En Mateo tenemos (Mt.25,40) el que evita hacer todo tipo de opresión para con los demás, el que no cae en la tentación de la maledicencia (hablar mal del prójimo, de los más cercanos a nosotros).

También el salmo: en las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Hace eco y profundiza en el mensaje de la primera lectura.

La misión que tiene el creyente es salir de sí mismo y ayudar a los demás, entonces sí podrá pensar en rezar. El que actúa así, y luego acude a Dios, Dios le dirá enseguida: “Aquí estoy”. Y le escuchará. (Si antes de rezar o presentar una ofrenda en el altar o ante Dios, te acuerdas de que un hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Mt 5,23)

Quien opta por seguir a Jesús y vivir según su estilo cumple la misión de ser sal y luz para el mundo, esto sigue siendo una realidad para nosotros, los cristianos de este momento de la historia.

 ACTUALIZAMOS

  1. Brille así vuestra luz ante los hombres

¿Vives tu experiencia de fe consciente de que eres un faro que lleva a otros a Dios?

  1. Si la sal se vuelve sosa…

¿Eres consciente de que la fe cristiana tiene mucho de contra-cultural?

¿Qué valores tienes que mantener incluso contra corriente para que tu fe no se diluya?

  1. Sois la sal de la tierra y la luz del mundo…

¿Mi fe, mi ministerio, mi matrimonio, mi vida, es luz y sal?

¿A qué o a quienes alumbra?

¿Qué valores del evangelio conserva como la sal?

¿A qué cosas da el auténtico sabor del evangelio, de la experiencia de encuentro con Dios y con Jesús?

La luz y la sal que hemos de mostrar y aportar a nuestro mundo provienen del Evangelio y de Dios. Para adquirir y mantener esas virtudes, hemos de ser constantes en la oración.

LECTIO DIVINA – TIEMPO ORDINARIO – LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO – 2 de febrero

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 1-4

Esto dice el Señor Dios:

«Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.

De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo.

¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.

Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño».

Salmo 23, 7. 8. 9. 10

R./ El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R./

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor valeroso en la batalla. R./

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R./

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18

Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.

Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

COMENTARIO

El templo de Jerusalén es el verdadero centro físico y teológico del pueblo de Israel. Era el lugar privilegiado de la presencia de Dios, del encuentro con él.

Por eso Lucas pone a Jesús en relación con el templo desde el inicio de su evangelio.

Lucas sitúa después del nacimiento de Jesús, su presentación en el templo. (Presentación de Samuel en Silo para ser consagrado al Señor, 1S 1-2). Hay otros paralelismos, como el nacimiento de Samuel, el cántico de Ana con el de María (1 S 2,1-10; Lc 1,46-55).

Lucas ve que en Jesús llega a plenitud uno de los elementos fundamentales de la mejor teología del Antiguo Testamento. Jerusalén y su templo, eran vistos como el lugar donde Dios convocaría a todas las naciones para que recibieran la luz y la salvación. Israel era el pueblo elegido para ser el mediador entre Dios y la humanidad. El cántico de Simeón es un poema de acción de gracias a Dios que muestra a Jesús como la luz que nace en Israel y que alumbra a todas las naciones.

No falta el recordatorio de las dificultades que el plan salvador de Dios continúa encontrando entre los hombres. Simeón predice el rechazo que sufrirá Jesús en el futuro, al que también su madre queda asociada. La sombra de la cruz marca la vida de Jesús desde el inicio.

Ana, presentada como una mujer de oración que ha mantenido la esperanza puesta en Dios durante toda su larga vida, sabe descubrir también en el niño la presencia salvadora de Dios en el mundo, y se convierte en anunciadora de la liberación que Dios está ofreciendo a Jerusalén.

COMPRENDER EL TEXTO

Luz para alumbrar a las naciones:

Hoy es la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo y la purificación de María, las “Candelas”. La liturgia nos invita a salir, con nuestras lámparas encendidas, al encuentro de aquel que es reconocido por el anciano Simeón como “Luz para alumbrar a las naciones”. A imitación de Cristo, y según sus palabras, los cristianos estamos llamados a ser la luz del mundo: “Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16). La fiesta se sitúa a los 40 días del nacimiento de Jesús. Según lo marcado por la Ley de Moisés, José y María suben al templo para presentar al Señor a su hijo primogénito y para entregar la ofrenda de purificación de la madre: un par de tórtolas o dos pichones. La ofrenda de los pobres.

Los pobres del Señor reconocen al Mesías:

Al entrar en el templo son recibidos por Simeón y Ana, pobres de Yahvé que esperan al Mesías como salvación y liberación de su pueblo. Destaca la imagen de Simeón, entrañable, acunando en sus brazos al niño y sus palabras, que expresan la plenitud de una vida colmada en la espera del Mesías y coronada al verle: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, …luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Palabras que el Espíritu puso en boca y corazón de aquel buen hombre y que hoy pone Dios en nosotros y que se suelen recitar de memoria al terminar el día en la oración de “Completas”. Este niño al que Simeón abraza es el Salvador, la luz que alumbra a las naciones.

¿No haríamos bien todos en dejarnos guiar por las palabras y la vida de aquel que es la LUZ DEL MUNDO? Palabras y gestos de amor, de paz, de perdón y de reconciliación, su llamada al trabajo por la justicia y al desprendimiento de los bienes, su actitud de servicio como signo de la auténtica grandeza, son hoy necesarios para nuestro mundo y nuestra iglesia.

Luz en el Señor:

Los creyentes en Cristo somos “luz en el Señor”. Esto es un don grande, pero a la vez es una gran responsabilidad. ¿Qué hacemos con esa luz que hemos recibido? Con nuestra falta de autenticidad y de coherencia, facilitamos muchas veces la aparición del ateísmo, porque no revelamos el auténtico rostro de Dios y de la religión. El evangelio de hoy nos invita a bendecir a Dios, que nos permite tomar en nuestras manos al que es la LUZ DEL MUNDO y a ser portadores y testigos de esa luz en medio de las tinieblas.

Al lado de los pasos de la Madre:

María está unida desde el primer momento al sufrimiento de aquel que será como una bandera discutida, aceptado por unos y rechazado por otros hasta la cruz. Al pie de la cruz, al final de la vida de Jesús, estará María, “llevando” en sus brazos por última vez a su Hijo. La vocación del cristiano camina también al lado de los pasos de la Madre, de la luz a la cruz.

La liberación de toda esclavitud:

El otro personaje de hoy es ANA, viuda y anciana. Profetisa en continuidad con el Magníficat de María, da gracias a Dios al que ha servido día y noche con ayunos y oraciones, y reconoce cumplida en Jesús la esperanza de liberación de su pueblo. Y así se lo cuenta a los demás. ¿Servimos nosotros al Señor como Ana, día y noche? ¿Se une nuestra voz y nuestra vida a la liberación de toda esclavitud y pecado?

En conmemoración suya:

Un plan que Jesús supo condensar en la entrega de su vida en aquellos signos sencillos de un pan y un cáliz ofrecidos en la mesa y en la cruz por nosotros y por todos los hombres. Hoy lo seguimos haciendo nosotros en conmemoración suya.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO III

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

El Señor dirigió la palabra a Jonás:

«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla.

Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:

«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

Salmo 24, 4-5a. 6-7cd. 8-9

R./ Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R./

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R./

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante.

Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.

Jesús les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo nos vuelven a hablar de llamada y conversión. En la primera, Dios llama al profeta Jonás cuya predicación provoca la conversión de los ninivitas. En el evangelio Jesús también pide conversión para entrar en el Reino de Dios que está llegando. Los discípulos que él llama serán los primeros en responder a esa invitación. Pablo, en la segunda lectura, urge a no desaprovechar el momento presente para revisar la propia escala de valores.

Dios sigue llamando a colaborar en la misión de Jesús, pero la conversión al Reino depende de nuestra decisión personal.

COMPRENDER EL TEXTO

El fragmento del evangelio de Marcos que hoy reflexionamos forma parte de la primera sección (Mc 1,14-3,6). En ella Jesús comienza su ministerio itinerante en Galilea, provocando reacciones muy diversas entre quienes escuchan sus palabras y contemplan sus acciones. El primer episodio de esta misión pública es la invitación a un grupo de discípulos para que compartan la misión de anunciar el Reino.

Este episodio de la llamada a los primeros discípulos está precedido por unos versículos que le sirven de marco y de contexto (Mc 1,14-15). Jesús viene del desierto, donde ha recibido el bautismo de Juan (Mc 1,9-11) y ha sido sometido a la tentación (Mc 1,12-13). El arresto del Bautista parece provocar su traslado a un nuevo escenario. En Galilea, la tierra donde se había criado, Jesús da comienzo a su vida pública.

La llegada del Reino exige conversión y fe. Marcos hace ver que la mejor manera de concretar esta exigencia consiste en seguir a Jesús. Por eso ha vinculado tan estrechamente el anuncio de la Buena Noticia con la vocación de los primeros discípulos. Pasando junto al lago de Galilea, Jesús encuentra a un grupo de pescadores enfrascados en su tarea cotidiana.

Podría resultar extraño que un grupo de hombres responda de forma tan radical a la llamada de un desconocido. Pero Marcos no pretende relatarnos una crónica de los hechos. De ahí las diferencias con la versión de este mismo episodio que Juan nos ofrecía el domingo pasado. Lo que intenta el evangelista es reflejar los rasgos esenciales del discipulado cristiano, más allá de las circunstancias concretas en que éste se realice.

El discipulado es siempre una respuesta. La iniciativa viene de Jesús. Es él quien llama a los que quiere. Ser discípulo significa, antes que nada, seguir a Jesús, estar con él y compartir su estilo de vida. En segundo lugar, la vocación cristiana es siempre una “con-vocación”. Jesús no llama a individuos aislados, los llama para vivir en comunidad porque sólo la fraternidad puede hacer creíble el mensaje del Reino. Por último, no hay vocación que no esté orientada a la misión; la llamada a colaborar en el anuncio de la Buena Noticia es urgente y no admite condiciones. Implica total disponibilidad y capacidad de hacer renuncias. Ante ella es necesario hacer una opción de vida. No violenta a las personas, pero les pide que pongan todo lo que son y saben hacer al servicio del Reino.

A partir de este momento, Jesús aparece siempre acompañado de sus discípulos. Seguirle a él será la única manera de conocerle y entrar en la lógica del Reino que anuncia. Sólo poniéndonos en el lugar de los discípulos, colocándonos detrás de Jesús y poniendo en él nuestra mirada, podremos también nosotros leer con provecho el evangelio de Marcos y descubrir el mensaje que encierra para nuestra vida.

ACTUALIZAMOS

La llamada de Jesús a sus discípulos no es sólo un acontecimiento del pasado. Él sigue haciéndose el encontradizo y pasa a nuestro lado para invitarnos a proclamar con él la Buena Noticia. También nosotros somos sus colaboradores en la tarea del Reino. También nosotros “tenemos vocación”. Por eso, escuchando sus palabras como dirigidas a cada uno y dejándonos interpelar por la repuesta de sus primeros seguidores, reflexionamos juntos:

  1. La invitación a entrar en el Reino sigue vigente. Jesús sigue llamándonos a ser sus discípulos.

¿Cómo y dónde percibo en mi vida esa llamada?

  1. No es posible entrar en el Reino sin cambiar de mentalidad.

¿Qué tipo de conversión me invita a llevar a cabo este pasaje?

  1. La respuesta a la llamada debe ser renovada cada día.

¿Cómo vivo en este momento de mi vida el seguimiento de Jesús?

¿Qué significa hoy para mí ser su discípulo?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO IV

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.

Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así – como está escrito -: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

COMENTARIO

En las lecturas de hoy aparece todo un repertorio de personajes marginales: pobres, humildes, hambrientos, oprimidos, ciegos, cautivos, perseguidos… Pero para ellos hay una gran noticia: son los preferidos de Dios. El Señor ya no quiere verlos así y va a venir a reinar para su felicidad. Ésta es la lógica de la cruz que Pablo terminó por comprender y que configuró la composición de la comunidad cristiana de Corinto. Dios ha elegido unos caminos inesperados para mostrar su salvación, y así lo ha manifestado en Jesús. Tampoco nosotros somos significativos ante los ojos del mundo, como no lo era el pueblo al que habla Sofonías ni la comunidad de Corinto, pero Dios nos ha escogido. Proclamemos, pues, con el salmista: “El Señor reina eternamente”.

COMPRENDER EL TEXTO

El anuncio del Reino con palabras y acciones curativas hace que Jesús cobre fama y le sigan multitudes venidas de todas partes. Jesús proclama una nueva ley conforme al Reino de los Cielos ante este nuevo pueblo de Dios convocado. Son 5 discursos que recuerdan los 5 libros del Pentateuco. Hoy nos introducimos por medio de las bienaventuranzas en el primero de ellos.

Jesús comienza a poner en marcha el programa de acción trazado en el resumen de Mt 4,23: “Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas. Anunciaba la Buena Noticia del Reino y curaba…” Mateo recoge en este primer discurso una buena parte de las enseñanzas de Jesús con las que comienza su predicación. De este modo construye una especie de manual para la vida cristiana que conocemos con el nombre de “sermón del monte”. Consta de 3 capítulos (Mt 5-7) y contiene instrucciones muy variadas sobre problemas que preocupaban a las primeras comunidades cristianas, este sermón se dirige a los que ya siguen a Jesús y se adhieren, como los 4 discípulos del domingo pasado, a los valores del Reino que él anuncia. Las bienaventuranzas son el pórtico de entrada a este sermón.

El primer versículo (Mt 5,1) forma, con Mt 7,28-29, el marco de este primer sermón. Jesús habla desde un monte, lugar simbólico de la manifestación de Dios. Está sentado como un maestro que enseña. Todo esto recuerda la figura de Moisés enseñando al pueblo (Ex 19). El sermón se abre con las bienaventuranzas. Son 9: la novena se distingue de las otras 8 porque no está en 3ª persona del plural, sino en 2ª y es más detallada que las demás, parece un comentario de la bienaventuranza anterior. Las otras 8 forman dos grupos diferenciados.

La referencia al Reinado de Dios en la 1ª y 8ª nos recuerda el mensaje que Jesús proclama (Mt 4,17). Por dos veces y en presente se dice: “de ellos es el Reino de los Cielos”. La llegada inminente de este Reinado es la clave para entender esos gritos de alegría de Jesús. No es que los pobres, los que lloran o los que sufren sean bienaventurados porque sí, sino porque ha comenzado a llegar el Reinado de Dios, y esto es una buena noticia para ellos. Son bienaventurados no porque vayan a cumplir nada mejor que otros, sino porque Dios ha optado libre y gratuitamente por ellos. Estos son los predilectos de Dios.

Junto a la expresión anterior se repite otra más: “hacer la voluntad de Dios”, esto se refiere al comportamiento que responde a lo que Dios quiere del ser humano. “Tener sed de justicia” equivale, a tener sed de hacer la voluntad de Dios, y “los perseguidos por causa de la justicia” se refiere a los que son perseguidos por vivir como Dios nos pide.

A partir de estas repeticiones que se descubren, se pueden delimitar dos grupos. En el 1º formado por las 4 primeras bienaventuranzas se constatan situaciones, y así se subraya la confianza de estas personas con respecto a Dios. Son felices los pobres en el espíritu, es decir, aquellos que hacen de Dios su riqueza, los que sufren, los mansos o no violentos. En las otras 4, que forman el segundo grupo, se hace hincapié en el comportamiento de quienes han puesto su confianza sólo en Dios. Por eso estas bienaventuranzas describen un comportamiento auténticamente cristiano para destacar la actitud que los discípulos deben tener.

Estos comportamientos y actitudes deben ser: ser misericordioso, es decir, orientar la vida al servicio de los demás (Mt 25,31-46); tener un corazón limpio, es decir, buscar la coherencia entre las intenciones y las actuaciones; y construir la paz, es decir, trabajar por la concordia y la reconciliación de los que están alrededor. Los que así se comportan serán dichosos si permanecen firmes. Éstos son los comportamientos y las actitudes propias de todo buen cristiano. Y la 9ª bienaventuranza dice: “Bienaventurados vosotros…”, aun en medio de la incomprensión y la indiferencia actual, si vivimos las actitudes y hacemos vida los comportamientos que Jesús nos presenta como camino de felicidad.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

Jesús nos ofrece las bienaventuranzas como apuesta de felicidad. Ante el estupor que siguen produciendo, preguntémonos si vale la pena vivir según el estilo de las bienaventuranzas.

  1. “Bienaventurados los …”

¿Es para ti la fe fuente de felicidad o una carga de cumplimientos? ¿Por qué?

  1. En nuestra sociedad:

¿A quiénes considera felices nuestra sociedad?

¿Cuáles son, en cambio, las actitudes que piden las bienaventuranzas?

  1. En nuestra vida diaria:

¿Quiénes son los que sufren a nuestro lado?

¿Cómo llevarles la Buena Noticia de las bienaventuranzas?

  1. Hay que tener esperanza:

¿En qué sentido las bienaventuranzas son mensaje de esperanza?

ORAMOS Y CELEBRAMOS

Subamos al monte con Jesús, lugar de la presencia de Dios, y dejemos, en un ambiente de oración, que sus palabras resuenen con la fuerza que poseen.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO III

Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Salmo 26, 1bcde. 4. 13-14.

R./ El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R./

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R./

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Pasando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

COMENTARIO

Las regiones del norte y oeste de Galilea fueron conquistadas por los Asirios en el siglo VIII a.C. y deportaron a sus habitantes, por eso en esta región había muchos habitantes que no eran judíos, conociéndose como Galilea de los gentiles o paganos, siendo despreciados por el resto de los judíos, aunque de allí saldrá el Mesías.

Pablo afronta en esta carta la división entre los cristianos. En el interior de la comunidad de Corinto aparecen diversos grupos que, en lugar de ayudarse, competían entre ellos. Pablo les pide que vivan profundamente unidos. Los creyentes en Cristo son un solo cuerpo y forman parte del mismo Cristo desde el bautismo. Esto nos sirve para revisar la vida de nuestras comunidades actuales.

COMPRENDER EL TEXTO

El profeta Isaías y el salmista nos hablan de Dios y de su acción con la imagen de la luz. Isaías proclama que el Señor ilumina las tinieblas y los miedos de Israel, de modo que la opresión y la guerra se tornarán paz y alegría por la liberación. El salmista canta la confianza en un Dios que es luz, salvación y fortaleza en medio de la prueba. Esa luz que Isaías y el salmista pudieron contemplar es la que brilla de modo único en Jesús, con quien viene la salvación y la liberación de Dios para todos los pueblos. Simón, Andrés, Santiago… y cada uno de nosotros estamos llamados a ir detrás de él y a proclamar un Evangelio que es fuerza y sabiduría de Dios para el que cree.

DESCUBRIR LO QUE DICE EL TEXTO

La manifestación pública de Jesús comienza con su traslado a Cafarnaún tras el arresto de Juan. El pasaje nos invita a fijarnos en el comienzo de esta manifestación, porque en ella se anuncia y anticipa, toda la misión de Jesús como un cumplimiento de las Escrituras.

Juan Bautista es encarcelado y Jesús ocupa el centro de la escena. Debido a este arresto, Jesús se traslada desde Nazaret, donde ha residido toda la vida, hasta Cafarnaún. Para explicar el sentido profundo de este cambio de residencia, desde donde se va a iniciar el anuncio del Reino, el evangelista da la palabra al profeta Isaías. Así entiende este traslado como el cumplimiento de una antigua profecía: la llegada de la luz a los pueblos paganos, simbolizado en la “Galilea de los paganos (todos los que no eran judíos)”.

La predicación de Jesús está destinada a todos los pueblos, conforme a los más antiguos proyectos de Dios anunciados por los profetas. Él es el Mesías que trae la salvación de Dios y la proclama donde nadie la espera, en la región de Galilea, despreciada por los judíos de Jerusalén. Es en esta región donde se nos presenta el resumen del anuncio de Jesús.

Las primeras palabras de Jesús tienen un significado muy especial, y en ellas encontramos un mensaje: el Reino de los Cielos ha comenzado a llegar, y una llamada: ¡Arrepentíos! Este resumen de la predicación de Jesús retoma lo que ya ha proclamado el Bautista.

Lo primero que Jesús hace es llamar a los primeros discípulos, después de haber proclamado la llegada del Reino de Dios, porque ambas cosas están relacionadas. El cambio o conversión que conlleva acoger el Reino es reconocer a Jesús como Mesías y seguirlo. Llama la atención la prontitud con la que los discípulos responden a la llamada y su disponibilidad a abandonar todo lo que pueda ser un obstáculo para seguir al Maestro. El seguimiento de estos 4 primeros discípulos es la respuesta al mensaje del Reino y un ejemplo de cómo hay que responder a la invitación de Jesús.

No son los discípulos quienes toman la iniciativa. Es Jesús el que se acerca, llama y exige una respuesta. Sus primeros seguidores dejaron familia, oficio y seguridades para seguir al Maestro.

La última parte del pasaje de hoy nos resume la actividad de Jesús que consiste en anunciar el Reino y hacerlo presente con curaciones. Así adelanta lo que van a contemplar y oír los que, como aquellos primeros discípulos, se decidan a seguirle.

ACTUALIZAMOS

Nosotros hemos dado ese primer paso tras las huellas de Jesús, pero sabemos que el camino del seguimiento es una tarea para toda la vida. Su Palabra siempre acompaña, ilumina y da sentido a nuestros pasos.

  1. “Venid en pos de mí…”

¿Te sientes llamado por Dios? Comparte alguna vivencia que tenga relación con tu llamada.

  1. Anunciaba la Buena Nueva del Reino:

¿Cuál puede ser hoy ese anuncio para que sea alegre noticia?

  1. “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”

¿Cómo puedes concretar esto en tu vida?

¿Qué tienes que dejar para seguir a Jesús?

  1. “Está cerca el Reino de los Cielos”:

¿Por qué es motivo de esperanza para ti la llegada del Reino de los Cielos?

ORAMOS Y CELEBRAMOS

Para descubrir la llamada continua que Dios nos hace son necesarias la escucha y la oración. Sólo así podremos discernir y responder a esa invitación de dar un paso más en nuestro seguimiento.

Ponemos delante del Señor todas las realidades de nuestro mundo que necesitan ser transformadas por el anuncio y la presencia de su Reino.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO II

Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6

Me dijo el Señor:

«Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.

Y mi Dios era mi fuerza:

«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

R./ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R./

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy». R./

«- Como está escrito en mi libro –
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R./

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R./

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

“Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

COMENTARIO

El profeta Isaías nos presenta la vocación genuina de Israel: no solo es siervo de Dios elegido y llamado desde antes de nacer con una tarea en medio de sus hermanos desterrados, sino que su misión es ser luz para todas las gentes. Es Jesús, quien encarna en el evangelio esa tarea del siervo que trae la salvación para todos de parte de Dios. Él es el Cordero de Dios sacrificado para nuestra liberación. Él es el Hijo que, como nos dice el salmo, busca hacer la voluntad de Dios. Otros muchos testigos como Juan el Bautista y Pablo han continuado la tarea de invitar a todos los hombres y mujeres a formar parte del nuevo y definitivo pueblo de Dios convocado por Jesús.

Después de haber celebrado la fiesta del bautismo del Señor, que pone fin al ciclo de Navidad e inaugura el tiempo ordinario, pasamos a contemplar el inicio de la vida pública de Jesús de mano del evangelista san Juan. Con Jesús aparece una novedad que sustituye las realidades antiguas.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de este segundo domingo del tiempo ordinario nos propone una pausa de reflexión entre la manifestación de Jesús en el bautismo (domingo pasado) y el comienzo de su ministerio en Galilea, sobre el que nos hablará el evangelio del domingo que viene.

Para entender este pasaje hay que situarlo en el contexto que nos propone el evangelista. Forma parte de una serie de testimonios sobre Jesús. Estos testimonios están divididos en 4 escenas que el redactor sitúa en días sucesivos. Juan describe el comienzo del ministerio de Jesús encuadrándolo en una especie de semana inaugural y va señalando el paso de los días. Es como si comparara la actuación de Jesús con la creación. El pasaje de este evangelio es la conclusión del testimonio del Bautista sobre Jesús anunciando la venida de otro más importante que él.

El pasaje consta de un monólogo del Bautista dividido en dos partes, en el que nos presenta a Jesús. El testimonio de Juan comienza y termina con una afirmación sobre Jesús. Dice sobre él que es el “Cordero de Dios”. Afirma también que: “Es el Hijo de Dios”. Es por tanto una confesión de fe sobre Jesús.

En el primer testimonio (1,29-31) se habla de la relación de Juan y Jesús. El lugar central es la presentación de Jesús como “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Esta expresión tiene mucha importancia en el Antiguo Testamento, en ella se funde la referencia a los cantos del Siervo de Isaías (1ª lectura) y las alusiones al cordero pascual que se sacrificaba para conmemorar la liberación de Egipto (éxodo) por parte de Dios. En los cantos del Siervo se compara a este misterioso personaje con un cordero indefenso que es llevado al matadero y cuyo sacrificio traerá la salvación al pueblo. En ambos casos, el cordero es sacrificado, y por esto en el título que Juan da a Jesús puede verse ya una alusión a su muerte que traerá la salvación al mundo.

En el segundo testimonio (1,32-34) Juan hace una confesión de fe: Jesús es el Hijo de Dios. Él ha llegado a esta afirmación mediante un conocimiento profundo gracias a una experiencia vivida. Ha sido la presencia del Espíritu sobre Jesús en el momento de su bautismo lo que ha llevado a Juan a esta afirmación de fe. Sólo gracias a una revelación se puede llegar a “conocer” que Jesús es Hijo de Dios.

En este testimonio se comparan también, el bautismo de Jesús y el de Juan: el de Juan es un bautismo con agua como signo de conversión, el de Jesús es un bautismo con Espíritu Santo por el que se renace a una nueva vida. En este contexto bautismal se hace la afirmación de fe: Jesús es el Hijo de Dios. De este modo se completa un testimonio que nos deja muchas afirmaciones: una confesión de fe como Cordero de Dios y como Hijo de Dios, la manifestación de la misión del Bautista a la luz de la de Jesús, el reconocimiento de que sólo Jesús tiene el Espíritu, y de que sólo él lo puede dar. Esto completa lo que veíamos el domingo pasado en el relato del bautismo y nos invita a preguntarnos, quién es Jesús.

ACTUALIZAMOS

Según los evangelios, Juan Bautista fue descubriendo progresivamente a Jesús como el enviado de Dios y, a partir de este descubrimiento, encontró su misión. El Espíritu con el que fuimos bautizados puede iluminar nuestros ojos y hacernos descubrir quién es Jesús y cuál es nuestra misión.

  1. Juan Bautista confiesa a Jesús como el Cordero, el Mesías, el Hijo de Dios:

¿Quién es Jesús para ti?

  1. A la luz de Jesús, el Bautista descubre su misión: dar testimonio del Mesías ante Israel:

¿A qué te compromete tu fe?

 ¿Cuál sería tu misión?

  1. “Y yo lo he visto y he dado testimonio”:

¿De qué modo das testimonio acerca de Jesús?

 ¿Qué has visto?

  1. El Cordero de Dios simboliza la salvación de Dios, la liberación de Egipto:

¿De qué “egiptos” puede liberar el Cordero de Dios a nuestro mundo?

Las experiencias de Dios se asimilan con más fuerza en el silencio de la oración. Ante la Palabra que nos habla hemos de responder, desde la oración, con nuestra confesión de fe y nuestro testimonio de vida.