LECTIO DIVINA – CICLO B – DOMINGO DE RAMOS

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11, 1-10

(Para la bendición de ramos)

Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:

«Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».

Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:

«¿Qué hacéis desatando el pollino?»

Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.

Llevaron el pollino. le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:

«¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».

EUCARISTÍA

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R./ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.» R./

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R./

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R./

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14,1-15,47

[La división por secciones en letra roja es para facilitar la oración, por pasajes; es división litúrgica; no se lee al proclamar la lectura]

 Andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte

C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S.— «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».

Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura

C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó sobre la cabeza. Algunos comentaban indignados:
S.— «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres».
C. Y reprendían a la mujer. Pero Jesús replicó:
+ — «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya».

Prometieron a Judas Iscariote darle dinero

C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

¿Cuál es la habitación dónde voy a comer la Pascua con mis discípulos?

C. El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S.— «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
C. Él envió a dos discípulos diciéndoles:
+ — «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.
Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo

C. Al atardecer fue él con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo dijo Jesús:
+ — «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo».
C. Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro:
S.— «¿Seré yo?».
C. Respondió:
+ — «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!; ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre de la alianza

C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo;
+ — «Tomad, esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.
Y les dijo:
+ — «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres

C. Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+ — «Todos os escandalizaréis, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.
Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro le replicó:
S.— «Aunque todos caigan, yo no».
C. Jesús le dice:
+ — «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres».
C. Pero él insistía:
S.— «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y los demás decían lo mismo.

Empezó a sentir espanto y angustia

C. Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos:
+ — «Sentaos aquí mientras voy a orar».
C. Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice:
+ — «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad».
C. Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y decía:
+ — «¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz.
Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».
C. Vuelve y, al encontrarlos dormidos, dice a Pedro:
+ — «Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora? Velad y orad, para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió y los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle. Vuelve por tercera vez y les dice:
+ «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Prendedlo y conducidlo bien sujeto

C. Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S.— «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto».
C. Y en cuanto llegó, acercándosele le dice:
S. — «¡Rabbí!»
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+ — «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras».
C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto solo en una sábana; y le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?

C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban falso testimonio contra él diciendo:
S.— «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por manos humanas, y en tres días construiré otro no edificado por manos humanas”».
C. Pero ni siquiera en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús:
S.— «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote:
S.— «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?».
C. Jesús contestó:
+ — «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo».
C. El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice:
S.— «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?».
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirlo y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S.— «Profetiza».
C. Y los criados le daban bofetadas.

No conozco a ese hombre del que habláis

C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote, ve a Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice:
S.— «También tú estabas con el Nazareno, con Jesús».
C. Él lo negó diciendo:
S.— «Ni sé ni entiendo lo que dices».
C. Salió fuera al zaguán y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S.— «Este es uno de ellos».
C. Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro:
S.— «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo».
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S.— «No conozco a ese hombre del que habláis».
C. Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús:
«Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S.— «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:
+ — «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S.— «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.
Pilato les preguntó:
S.— «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S.— «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
C. Ellos gritaron de nuevo:
S.— «Crucifícalo».
C. Pilato les dijo:
S.— «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
S.— «Crucifícalo».
C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado

C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S.— «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

Conducen a Jesús al Gólgota

C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.
Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

«Fue contado entre los enemigos»

C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar

C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S.— «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
S.— «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
+ — «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».
C. (Que significa:
+ — «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S.— «Mira, llama a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S.— «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S.— «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé, las cuales, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

José rodó una piedra a la entrada del sepulcro

C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

 COMENTARIO

Con el Domingo de Ramos iniciamos el recorrido pascual con la entrada de Jesús en Jerusalén. Fue un triunfo relativo, al estilo de Jesús, vestido de humildad, paz y mansedumbre. Pero podemos verlo como proclamación de su mesianismo.

En la Eucaristía escucharemos ya el primer relato de la Pasión del Señor.

COMPRENDER EL TEXTO

Evangelio de la procesión de los ramos: Marcos 11, 1-10

Antes de la procesión de Ramos, el fragmento evangélico de san Marcos nos hace asistir a los preparativos de la entrada de Jesús en Jerusalén. No se tratará de una entrada triunfal, sino de una entrada mesiánica llena de humildad, en la cual el Mesías entrará montado sobre un borrico (Zacarías 9,9). Jesús encarga a los discípulos ir a buscar a la aldea de enfrente a este animal, y los discípulos lo recogen y lo llevan al maestro.

Una vez Jesús en su montura, la gente le alfombraba el camino por donde pasaba, el mismo camino que lo llevará a la pasión. Con una doble aclamación la gente le gritaba «Hosanna», y después ¡Hosanna en el cielo!, es decir, cerca de Dios, de quien viene Jesús, «el que viene en nombre del Señor» (salmo 117,26). Como «hijo de David», Jesús es aclamado como rey pacífico que se encamina al Templo.

Isaías 50,4-7: No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

Se trata de una escena vivida por uno de los discípulos del Segundo Isaías o bien por el mismo Siervo del Señor, que sabe escuchar como un discípulo la Palabra de Dios y que, con su propia palabra, sabe «decir al abatido una palabra de aliento» (v. 4), inicialmente durante el exilio en Babilonia. Pero él mismo ha de soportar maltratos de sus propios compañeros, como tantos otros profetas.

En tanto que «discípulo» el profeta ha de escuchar y experimentar las mismas palabras y enseñanzas que él mismo buscará transmitir a los demás. «El Señor Dios me abrió el oído; y yo no resistí ni me eché atrás» (v. 5), y esto le ha comportado azotes, ofensas y salivazos. Pero, «el Señor Dios me ayuda… por eso endurecí el rostro como pedernal» (v. 7), como confiesan también otros profetas, a quien el Señor les dice: «Mira, hago tu rostro tan duro como el de ellos, y tu cabeza terca como la de ellos; como el diamante, más dura que el pedernal hago tu cabeza» (Ezequiel 3, 8-9).

Filipenses 2,6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo

El conocido himno de la carta a los Filipenses presenta el fuerte contraste entre la humillación hasta la muerte a que se ve sometido Jesús y la exaltación por encima de cualquier otro nombre que le da Dios. Su «condición divina» Cristo no quiso guardársela para él solo, sino que se hizo igual a todos los hombres e incluso se rebajó más que ninguno hasta «la condición de esclavo», como un servidor de sus hermanos, abnegado hasta el extremo, hasta una muerte injusta en la cruz.

La respuesta de Dios toma una forma positiva, hasta dar al Siervo sufriente el nombre más grande, el nombre de «Kyrios» o «Señor», nombre que merece inclinación y reconocimiento, y que es la más grande expresión de alabanza «para gloria de Dios Padre».

No nos cansamos de meditar este himno cristológico, recogido por Pablo. Cristo el Hijo de Dios que no quiso presentarse como Dios, sino como Hijo de hombre. Se despojó de lo divino y se vistió de lo humano. Parece locura, pero es misterio.

No sólo aceptó la dramática condición humana, sino la insoportable crueldad humana, sometiéndose a la muerte más indigna e injusta.

Dios lo ensalzó y lo constituyó Señor y Salvador del mundo.

Marcos 14,1-15.47. Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos

En el evangelio de Marcos, el relato de la pasión de Jesús está construido con mucha atención. Incluso es probable que se base en un texto anterior. De hecho, es un relato del camino de Jesús hacia la muerte y quiere ayudar a integrar el ministerio del Mesías con la paradoja de la cruz.

Para dar un pleno sentido a la fe cristiana, la predicación y la catequesis necesitaban un relato de los últimos acontecimientos del camino del Hijo del hombre, un camino que pasa por la crucifixión pero llega hasta la resurrección. En este acontecimiento está condensado el núcleo de la fe cristiana.

El relato de Marcos es el más cercano a los hechos. Lo hace con sobriedad y respeto a los sufrimientos de Jesús en su cuerpo y en su alma. No mitiga la crueldad de los acontecimientos. Al final, después del velo rasgado, recoge la confesión de fe del centurión. Difícil creer en un Mesías y un Hijo de Dios que muere en cruz, dando un fuerte grito.

Desde el episodio de la unción de Betania (vv. 1-11) el lector y el oyente son conducidos hasta el ágape pascual (vv. 12-25), momento del anuncio profético del sentido de la muerte del Maestro, que le ha de llevar a participar en el Reino de su Padre.

La plegaria de Getsemaní, el arresto, la comparecencia ante el sanedrín, las negaciones de Pedro, la presentación de Jesús ante Pilato, los maltratos, la crucifixión, la muerte y el entierro son las etapas de este camino del Señor en solidaridad redentora con el camino de toda la humanidad. En el horizonte hay, sin embargo, una esperanza que no será defraudada.

ENTRADA TRIUNFAL

La entrada de Jesús en Jerusalén se presenta como triunfal. Es un reconocimiento público, popular, de Jesús como el Mesías, el Ungido de Dios. Fueron gente sencilla, los discípulos, quizá los niños, quienes, en una reacción espontánea, levantaron sus voces y sus ramos dando vivas a Jesús. Fue un entusiasmo popular. Jesús iba montado en un borrico. Como nada estaba preparado, utilizaron ramas cortadas en el campo y sus propios mantos para alfombrar el camino, la gente iba detrás y delante de Jesús y del borrico. Los discípulos, inicialmente sorprendidos, se convirtieron después en protagonistas de la procesión.

ENTRADA MESIÁNICA

La entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un pollino, no es un triunfo que pudiera ser reseñado en los libros de historia, tampoco aparecería hoy en las portadas de nuestros medios de comunicación. Su importancia fue más bien teológica. No hay epifanías ni voces del cielo, pero sí se recoge la voz del pueblo, de ese pueblo pobre y humilde, pueblo mesiánico de Dios. El salmo 117 y el profeta Zacarías anuncian este acontecimiento:

  • “Escuchad, hay cantos de victoria en las tiendas de los justos…
  • Abridme las puertas de la salvación, y entraré para dar gracias al Señor…
  • La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular…
  • Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo…
  • Bendito el que viene en nombre del Señor…
  • Ordenad una procesión con ramos” (Salmo 117,15.19.22.24.26-27).

El profeta Zacarías nos describe el estilo, el perfume y las circunstancias de esta procesión:

“¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos”. (Zac 9,9-10)

UN TRIUNFO, PERO AL REVÉS

Humanamente hablamos de triunfo cuando se consigue victoria sobre el enemigo, sea militar, sea político o cultural. Se emplea la fuerza, la palabra, la riqueza, el saber. Aquí es la victoria de la no violencia, de la no fuerza, de la no riqueza, del no éxito, del no orgullo, de la no sabiduría. Un no rotundo a la soberbia y a la autosuficiencia humanas. Un sí pleno a la voluntad del Padre y a los valores del Reino de Dios.

El triunfo de la paz. El triunfo de la bendición. El triunfo de la mansedumbre. El triunfo de la humildad. El triunfo de la pobreza y la solidaridad. El triunfo de la alegría. El triunfo de Jesús, el Mesías.

El mismo Jesús encarna en plenitud estos valores:

  • “Él mismo será la paz” (Mq 5,4)
  • “nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos” (Ef 1,3)
  • “Soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29)
  • “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc 9,58)
  • Cristo es hijo de las Bienaventuranzas, que son bendiciones y alegres noticias.
  • Cristo es el Amor, servicial y entregado hasta el fin.
  • Cristo es el Rey que no avasalla ni se impone, sino que sirve y libera; es el Rey que hace reyes.

ACTUALIZAMOS

COMPENETRADOS CON JESÚS

Las lecturas de este domingo nos hacen ser testigos de una situación paradójica, la de un Mesías muy alejado de lo que se esperaba de él. Así es Jesús y así es el Dios de Jesús. Estas lecturas nos ayudarán a reflexionar y profundizar sobre las ideas que tenemos de Dios y de Jesús y sobre cómo somos sus discípulos, en medio de una sociedad que promueve valores muy diferentes.

  1. Jesús entra en Jerusalén realizando un gesto profético.

¿Qué gestos proféticos estamos llamados a realizar durante este tiempo?

¿Cómo contar a otros con hondura y claridad lo que nos dicen los textos de hoy?

  1. La entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un borriquillo habla de un Mesías pacífico y humilde.

¿La paz y la humildad son valores importantes en mi vida?

¿Cómo puedo favorecerlos en mi ambiente?

  1. La gente de la época de Jesús esperaba un Mesías todopoderoso que instaurara su reinado, liberase a Israel y lo colocara a la cabeza de las naciones. Y yo,

¿Espero un Mesías que nos de poder y fama?

¿Cómo es el Reinado de Dios que aguardo?

LECTIO DIVINA – CICLO B – CUARESMA DOMINGO V

Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34

Ya llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor -oráculo del Señor-.

Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo:

«Conoced al Señor»,  pues todos me conocerán,  desde el más pequeño al mayor  -oráculo del Señor-, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Salmo 50, 3-4. 12-13. 14-15

R./ Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R./

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R./

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial.

Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

«Señor, queremos ver a Jesús».

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo:

«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

COMENTARIO

El término que expresa las relaciones entre Dios y los hombres es Alianza. Desde los tiempos de Noé, alianza es sinónimo de salvación de Dios para su pueblo, y recuerda a la vez la constante infidelidad del pueblo con su Dios. El tema de la alianza del que habla con hondura nueva Jeremías recorre, por tanto, toda la Biblia. El profeta anuncia que el Señor quiere pactar una vez más, sellar una Alianza que no podrá romperse, cuyas condiciones quedan escritas en el corazón humano. Esa aproximación de Dios salvador para sellar la alianza se ha realizado de forma nueva y definitiva en Jesucristo, aunque por caminos inesperados e impensables: el servicio, el sufrimiento y la obediencia por amor que engendran, en la cruz, frutos de vida eterna.

El camino de Cristo, que sigue siendo inaudito como vía de salvación y de vida, se nos presenta también a nosotros como norma de vida plena.

COMPRENDER EL TEXTO

Estamos en el último domingo de Cuaresma, y al final de la primera parte del evangelio de Juan (Jn 11-12). La sección en la que se inserta el pasaje de hoy comienza narrando el signo de la resurrección de Lázaro, que es en cierto modo un anticipo de la de Jesús. Pero para llegar a la resurrección hay que pasar por la muerte y justamente en Juan 12 ya todo habla más claramente de la entrega y muerte de Jesús.

Hay dos tiempos a los que se refiere el evangelio de Juan: el tiempo de Jesús y el tiempo de la comunidad de Juan. El cristianismo naciente surge en un primer momento como un fenómeno judío y para judíos, pero después se abre al mundo griego y pagano. En esa misión Felipe y Andrés, que son dos discípulos con nombres griegos, serán instrumentos de evangelización de este nuevo mundo.

Andrés y Felipe sirven de enlace entre los griegos y Jesús, a quien comunican los deseos de aquellos. Pero Jesús sorprende con su repuesta: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”.

Jesús habla de su pasión, muerte y resurrección con dos términos muy presentes en el cuarto evangelio: la “hora” y la “glorificación”. Siente próxima la presencia de esa hora, que es la de la cruz. Será entonces cuando el mensaje salvífico alcance a todos los rincones de la tierra, cuando el mundo griego y el mundo pagano en general, verán a Jesús. En el mismo sentido está tomada la metáfora del grano de trigo, que acentúa la necesidad de la muerte para dar fruto.

Jesús aplica a la vida del discípulo lo que dice de sí mismo. El creyente ha de vivir, como el Maestro, desde el servicio y el seguimiento más radical, sabiendo que correrá su misma suerte. El recuerdo de este camino hace mella momentáneamente en Jesús y nos recuerda el pasaje de Getsemaní que relatan los otros evangelios (Mc 14, 32-42 y paralelos). Pero él, que es Señor y domina totalmente la situación, asume su destino porque sabe que ésta es la voluntad del Padre. La respuesta de éste es inmediata.

La voz del cielo habla de glorificación, una palabra que ha aparecido en versículos anteriores y que está muy relacionada con la “hora”. Como se podía ver en el evangelio del domingo pasado, en la cruz se expresa el triunfo definitivo de Jesús, el momento de su mayor gloria, porque en la cruz está presente la “elevación”. Dicho de otro modo, para Juan el Crucificado es a la vez el Resucitado.

Desde la cruz Jesús da la vida eterna al que cree (Jn 3, 17) y también se realiza el juicio del mundo. La cruz es posibilidad de salvación. Gracias al Crucificado y glorificado Dios atrae hacia sí a un nuevo pueblo que puede “ver” a Jesucristo. Misioneros como Felipe y Andrés y cada uno de los miembros de la comunidad joánica, harán posible este deseo que se coloca, al comienzo del pasaje del evangelio de hoy, en boca de “algunos griegos”. La Buena Noticia desborda el marco histórico de Jesús para dirigirse a los contemporáneos del evangelista y a los creyentes de todos los tiempos.

ACTUALIZAMOS

Casi al final de la Cuaresma aparece ante nuestros ojos cada vez con más claridad el destino de muerte de Jesús. Junto al anuncio de su glorificación tenemos un programa de vida cristiana y también un camino para dar fruto abundante y participar en su resurrección.

  1. En el evangelio de hoy Jesús ora al Padre.

¿En qué se parece mi oración a la de Jesús?

  1. La norma del vivir de Cristo y del cristiano es la del grano de trigo.

¿Cómo somos en nuestro estilo de vida cristiano “grano de trigo que muere”?

  1. En este mundo.

¿Qué hacemos personalmente y como Iglesia para que otros “vean” a Jesús?

¿El Jesús que presentamos es el que se revela en el pasaje de hoy?

La necesidad de la fe y la dinámica de servicio, renuncia y entrega para fructificar que hoy la Palabra de Dios ha puesto ante nuestros ojos, sólo pueden ser descubiertas y aceptadas por medio de la oración.

LECTIO DIVINA – CICLO B – CUARESMA DOMINGO IV «LAETARE»

Lectura del segundo libro de las Crónicas 36, 14-16. 19-23

En aquellos días, todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el templo del Señor, que él había consagrado en Jerusalén.

El Señor, Dios de sus padres, les enviaba mensajeros a diario porque sentía lástima de su pueblo y de su morada; pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió irremediablemente contra su pueblo.

Incendiaron el templo de Dios, derribaron la muralla de Jerusalén, incendiaron todos sus palacios y destrozaron todos los objetos valiosos. Deportó a Babilonia a todos los que habían escapado de la espada. Fueron esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. Así se cumplió lo que había dicho Dios por medio de Jeremías:

«Hasta que la tierra pague los sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta cumplirse setenta años».

En el año primero de Ciro, rey de Persia, para cumplir lo que había dicho Dios por medio de Jeremías, el Señor movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino:

«Así dice Ciro, rey de Persia:

El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a ese pueblo, puede volver. ¡Que el Señor, su Dios, esté con él!»

Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6

R./ Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar
con nostalgia de Sion;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R./

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sion» R./

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R./

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10

Hermanos:

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo -estáis salvados por pura gracia-; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir.

Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

COMENTARIO

Dios crea al ser humano por amor. Y este amor es la esencia de su actuación en toda la historia de la salvación. Por amor, Dios perdona al pueblo a pesar de su infidelidad y le permite regresar del exilio, como leemos en el pasaje del libro de las Crónicas. Y tanto amó Dios al mundo que entregó a la muerte a su Hijo para que creyendo en él tengamos vida eterna, dice el evangelio. La misma idea recoge el texto de Efesios: por amor, cuando estábamos muertos por el pecado, él nos devolvió la vida con la resurrección de Jesús.

En nuestro camino cuaresmal, la Palabra de Dios es invitación a creer en el Señor Jesús y a aprender a vivir en el amor del Padre.

COMPRENDER EL TEXTO

Tras la intervención de Jesús en el templo, llegamos al relato del encuentro de Nicodemo. En este cuarto domingo de Cuaresma, vamos a leer la parte final de ese pasaje: la invitación del Maestro a creer en él para tener vida eterna.

Con la visita de Nicodemo a Jesús comienza el capítulo 3 del evangelio de Juan. El pasaje de hoy es la parte final de ese relato en el que, del diálogo entre los dos protagonistas, se pasa a un monólogo de Jesús.

El mensaje central de las palabras de Jesús lo encontramos en el versículo 16: Dios entregó a su Hijo para que todos los hombres y mujeres que había creado, aquí los denomina “el mundo”, creyendo en él tuvieran vida eterna.

La cruz tiene en el evangelio de Juan un sentido especial. La elevación en la cruz expresa el triunfo definitivo de Jesús, el momento de su glorificación. Desde ella, igual que si de un trono se tratara, Jesús da la vida eterna a la humanidad. Como imagen de la entrega de Jesús en la cruz, el evangelista comienza recordando la escena de la serpiente de bronce que Dios mandó hacer a Moisés en el desierto (Num 21, 4-9): los que habían sufrido la picadura de una serpiente, miraban a la de bronce colocada en lo alto de un asta y quedaban curados. La condición para ser curados era mirar la serpiente.

La voluntad inequívoca de Dios es la salvación de todo ser humano. Así se expresa con contundencia en el v. 17 pero está en la decisión de cada uno de aceptar o no. De hecho, la oferta de salvación pone en “crisis” a todo el mundo, es decir, coloca al ser humano en una situación crítica: la necesidad de juzgar qué prefieren, si la vida eterna o la condenación. Es el planteamiento que se desarrolla en los versículos siguientes.

El final de texto da un paso más. Desde el versículo 19, “luz” es la palabra que más se repite. La luz ha venido al mundo y ha hecho que se manifieste en dos tipos de personas: las que hacen el mal, que viven en las tinieblas, y las que actúan conforme a la verdad, la voluntad de Dios, que quieren permanecer en la luz. De esa manera, la fe y la vida van unidas. El que cree en Jesús, actúa inspirado por Dios y vive en la luz. El que no cree, hace lo malo y vive en las tinieblas. Esta oposición entre la luz y las tinieblas aparece en lugares muy significativos de la Biblia: en el primer momento de la creación (Gn 1,1-5) o al final del Apocalipsis (Ap 22,5). También se puede leer en el principio del evangelio de Juan (Jn 1,4-14).

El evangelio nos va señalando un camino para vivir la Cuaresma. El domingo pasado nos invitaba a revisar nuestro culto, y en éste nos anima a explorar nuestra fe en Jesús y nuestro estilo de vida. Nos anuncia que Jesús ha venido para salvar a todos, pero que esta salvación depende en cierto modo de nosotros. Podemos aceptarla y vivir en la luz o podemos rechazarla y vivir en las tinieblas. Dios nos deja a nosotros la decisión.

ACTUALIZAMOS

Buscamos vivir más años, deseamos una mayor calidad de vida… El evangelio de hoy nos ayuda a plantearnos el tema de la vida con mayor profundidad, en otros términos: vivir desde la fe en Jesús, vivir conforme a la verdad, vivir en plenitud. La luz del Señor ilumina la meditación y la actualización que nos sugiere el pasaje evangélico de hoy.

  1. El que cree en él tiene vida eterna. La fe no es una opción más, ni es un regalo más de los que recibimos. En la fe nos jugamos la vida, siendo conscientes de su importancia.

¿Qué podemos hacer para crecer en nuestra vida de fe?

  1. La lucha entre la luz y las tinieblas llega hasta nuestros días. Como creyentes estamos comprometidos con la victoria de la luz.

¿Qué estamos haciendo para vivir conforme a la verdad?

  1. La vida eterna no es solo una promesa que hallará cumplimiento en el final de nuestras vidas. Aquí y ahora, en nuestra opción de fe, estamos anticipando la vida eterna.

¿Cómo afecta a nuestra esperanza cristiana poder vivir el presente como adelanto de lo que será vivir en plenitud con el Señor?

El amor que Dios nos tiene se expresa en su forma más intensa en la muerte en cruz de su Hijo. Muere para que la humanidad tenga vida. Nuestra oración es de agradecimiento al Padre por su amor, por la vida que nos da. También es de petición: Señor, aumenta nuestra fe.

 

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XI

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.

Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:

«Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».

Salmo 99, 1b-2. 3. 5

R./ Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R./

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R./

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11

Hermanos: Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!

Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!

Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

COMENTARIO

Siempre debemos orar al «dueño de la mies», que es Dios Padre, para que envíe obreros a trabajar en su campo, que es el mundo. Y cada uno de nosotros lo debe hacer con un corazón abierto, con una actitud misionera; nuestra oración no debe limitarse solo a nuestras peticiones, a nuestras necesidades: una oración es verdaderamente cristiana si también tiene una dimensión universal (Papa Francisco, 07-07-2019)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la lectura del Éxodo el pueblo llega al Sinaí, lugar importante por la revelación. Moisés sube a presencia de Dios: las subidas y bajadas tienen un sentido espiritual: Moisés sube y Dios le habla, baja al pueblo y comunica las palabras de Dios.

En la propuesta divina se revela el aspecto dialogal: el uso de los pronombres yo-vosotros indica una relación personal muy estrecha; y también el aspecto temporal: pasado, presente y futuro, es decir, la totalidad.

La primera parte mira al pasado, a las hazañas divinas de que han sido testigos los israelitas: habéis visto lo que he hecho con los egipcios, o sea, el poder liberador de Dios; su asistencia amorosa: os he llevado sobre alas de águila… y, definitivamente, la llamada a la intimidad divina: os he traído a mí. Se trata de un objetivo más trascendental que la llegada al Sinaí, pues lo esperado sería: «os he traído hasta aquí». El plan divino abraza la elección, la libertad, el pacto y la consagración definitiva de Israel.

La segunda parte mira al presente y tiene forma dialogal: Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza. El Señor considera al pueblo como un tú-vosotros, capaz de una relación personal y libre; por eso la propuesta es condicional. Dios invita a los hombres libres a ser sus aliados.

La tercera parte mira al futuro de Israel: si ellos cumplen lo pactado, el Señor de toda la tierra los tomará como posesión propia, los convertirá en un reino de sacerdotes y en una nación santa. La expresión «posesión personal» indica en hebreo la parte del rebaño propiedad del pastor, bajo cuya tutela hay otras ovejas. El pastor es responsable de todas: toda la tierra es mía, pero esa parte le pertenece; también esta expresión hebrea pueda tratarse del tesoro personal de un rey.

Un reino de sacerdotes quiere decir que este pueblo -no una élite- será el ministro de la presencia divina: tendrá en el mundo la función que la tribu de Leví tiene en el pueblo. Nación santa significa que Israel constituirá un espacio consagrado al único Santo con unas instituciones por las que será más fácil el acceso a él. Por ser una nación en la historia, su comportamiento exigirá una revisión y renovación continua al compás de los tiempos cambiantes.

En la lectura de san Pablo: En cuanto al contenido estos versículos son de una gran riqueza teológica que será ampliamente desarrollada sobre todo en Rom. 8. Aquí sólo se esboza. ¿Qué supone, pues, para Pablo el que los cristianos, en cuanto creyentes, tengan acceso a la salvación? En primer lugar la paz. No simplemente en el sentido sicológico de tranquilidad y serenidad de ánimo, sino en el sentido teológico semita de positiva relación con Dios y por tanto de plenitud de bienes, ya que Dios es fuente de todo bien. En segundo lugar, la esperanza. La esperanza como realidad presente que nos permite superar las más diversas y duras adversidades, y como apertura a un futuro glorioso. No se trata de alimentar un optimismo fácil o de favorecer una evasión perezosa del presente; al contrario, la apertura al futuro supone la plena asunción de responsabilidades con respecto al presente. Por otra parte, el hecho de haber entrado en comunión con Dios a través de la fe, no va a poner al cristiano a cubierto de toda adversidad; hasta es posible que las contrariedades aumenten. Pero el cristiano sabe que las fuerzas de la vida triunfarán sobre las de la muerte y por eso espera confiado.

En el Evangelio de san Mateo encontramos:

9,36-38 La mies es abundante. Estos versos han sido compuestos por Mateo como introducción al discurso de misión. Contienen abundantes referencias a pasajes del Antiguo Testamento, a través de las cuales el evangelista describe la misión de Jesús en términos muy familiares para los cristianos de origen judío, y explica el sentido de dicha misión como expresión de la solicitud de Dios por su pueblo.

Las primeras frases describen el estado en que se encuentra Israel: como ovejas sin pastor. El proyecto de Jesús, descrito en los capítulos anteriores, contrasta con la situación de un pueblo cansado y abatido. La alusión a la falta de pastores encierra un reproche contra los maestros espirituales del judaísmo (Ez 34; Zac 10,2) y recuerda la imagen de Dios como pastor de su pueblo (Sal 23). Esa es precisamente la tarea que ha asumido Jesús, pues sus sentimientos: sintió compasión de ellos son los mismos que Dios tenía por su pueblo.

La imagen de la recolección de la mies, que en los profetas representan el juicio último de Dios (Is 17,5; Jr 13,24; Jl 4,12-13; Mt 3,12; 13,30-39), pone a la misión de los discípulos un tinte de urgencia. Por su parte, la necesidad de rogar al dueño de la mies subraya que esta tarea no depende de los hombres, sino que es obra de Dios. A través de esta última exhortación, Mateo invita a su comunidad a contemplar la misión desde la perspectiva y los criterios de Dios, y a orar antes de emprender la tarea de anunciar el evangelio.

10,1-4 Llamada de los Doce. Hasta este momento, el evangelista sólo ha nombrado a cinco discípulos de Jesús: Pedro y su hermano Andrés (Mt 4,18), Santiago y su hermano Juan (Mt 4,21), y Mateo (Mt, 9,9). Ahora el grupo se completa hasta llegar al número simbólico de doce. Estos doce discípulos representan a las doce tribus de Israel, y serán las columnas del nuevo pueblo de Dios. Pedro encabeza la lista y Judas Iscariote la cierra. Ambos tendrán un protagonismo especial en el relato de la pasión (véase Mt 26, 27). Pedro, además, aparecerá con un papel especial en otros lugares del evangelio (véase Mt 14,28-31; 16,16-19 y 17,24-27).

Jesús convoca al grupo para entregarles la autoridad que ha de acompañar a sus palabras (Mt 7,28-29) y a sus signos (Mt 9,8). Esta autoridad se manifestará, como la de Jesús, en su dominio sobre las fuerzas de mal: expulsar demonios y curar enfermedades. Mateo subraya así la continuidad entre la misión de Jesús y la de sus discípulos, que aquí representan a la comunidad cristiana, enviada con el mismo poder de Jesús, para hacer presente el reino, cuya venida anuncia.

ACTUALIZAMOS

  1.  “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos”:

¿Te sientes parte de las personas que trabajan por el Reino de Dios?

¿De qué manera ayudas a extender el Reino de Dios?

  1. “…rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”:

¿Haces oración antes de comenzar la tarea de anunciar el Evangelio?

LECTIO DIVINA – CICLO B – CUARESMA DOMINGO III

Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17

En aquellos días, el Señor pronunció estas palabras:

«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.

No tendrás otros dioses frente a mí.

No te fabricarás ídolos, ni figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra.

No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian.

Pero tengo misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis preceptos.

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.

Recuerda el día del sábado para santificarlo.

Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso, consagrado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que reside en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y lo que hay en ellos; y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

No codiciarás los bienes de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo».

Salmo 18, 8. 9. 10. 11

R./ Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R./

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R./

El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R./

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 22-25

Hermanos:

Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados -judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

COMENTARIO

La primera lectura y el evangelio de hoy nos sitúan ante los dos pilares fundamentales para el judaísmo: la Ley dada por Moisés, y el templo, lugar sagrado donde se ofrecían los sacrificios rituales. Pero ambos pilares que debían servir para ayudar al pueblo a construir una sociedad justa estaban carcomidos por el legalismo y los intereses humanos. Por eso Jesús proclama una nueva ley que tiene como centro la VOLUNTAD DEL PADRE Y UN NUEVO TEMPLO QUE ES SU CUERPO.

Se nos invita por tanto desde el evangelio de hoy, a reflexionar sobre las implicaciones que este nuevo templo tiene para nuestro culto y nuestra vida.

COMPRENDER EL TEXTO

Cerca de la Pascua, una fiesta judía que recordaba la pascua (liberación de Egipto y paso por el desierto a la tierra prometida), Jesús se acerca a Jerusalén y va al templo, lo que allí ve le disgusta profundamente y siente la necesidad de denunciarlo. Como las palabras no son suficientes, recurre a los gestos, siguiendo la forma de actuar de los antiguos profetas.

Este domingo y los dos siguientes leeremos en la liturgia pasajes tomados del evangelio de san Juan que anuncian e interpretan el misterio pascual de Cristo. El que meditamos hoy se sitúa en el templo de Jerusalén y cuenta una de las acciones de Jesús que más llamaron la atención a sus contemporáneos.

Para los Judíos el templo era el lugar más sagrado. En él se daba culto a Dios y se le ofrecían sacrificios. Allí la gente compraba los animales para el sacrificio, pero tenían primero que cambiar sus monedas por la divisa del templo, por eso había mesas de cambistas y luego compraban las víctimas, por eso había vendedores de palomas y otros animales. Este sistema en torno al templo daba lugar a un gran negocio. Es en este contexto donde debemos situar la actuación de Jesús narrada en este episodio.

El relato tiene dos escenas que concluyen con una reflexión del evangelista.

En la primera escena se denuncia que el templo no se ajusta a los planes que Dios tenía. Demasiados intereses económicos, sociales y políticos ocultaban su sentido religioso. Por eso Jesús, con un gesto que recuerda las acciones llamativas y provocadoras de los antiguos profetas, echa fuera del templo a los vendedores y cambistas. Los discípulos interpretan el gesto desde una cita del Antiguo Testamento (Sal 69,10) y ven a Jesús como un apasionado, un devorado por la causa de Dios, lo que le llevará a la muerte.

Este gesto suscita dos reacciones inmediatas, como muestra la segunda escena de este pasaje (Jn 2,18-21). Los fariseos cuestionan con qué autoridad Jesús ha obrado así. El cuarto evangelista, a la luz del misterio pascual habla de la sustitución del templo por la persona de Jesús resucitado (Jn 2,21-22). Este es el significado más hondo del signo de Jesús. El RESUCITADO es el nuevo lugar de encuentro entre Dios y el hombre. A partir de la muerte y resurrección de Jesús, a las que se alude en el pasaje, Israel no necesitará reconciliarse con Dios a través de los sacrificios de la ley; antes bien, el pueblo quedará reconciliado por la entrega que Jesús, el cordero de Dios, hace de sí mismo. Aunque, esto solo podrá comprenderse a la luz de la resurrección.

Este relato tuvo una gran importancia para los primeros cristianos. Tras la destrucción de Jerusalén y del templo en el año 70, el judaísmo reconoció la LEY como “lugar” de la presencia de Dios. Para los cristianos, sin embargo, Jesús resucitado era el nuevo templo, la nueva presencia de Dios que ponía su morada entre nosotros. Él sigue siendo el nuevo lugar de encuentro entre Dios y la humanidad. Esto es lo que se nos invita a revisar en este camino de Cuaresma.

ACTUALIZAMOS

Algunas personas consideran que la actitud de Jesús en el templo fue violenta. Otros se preguntan si no reaccionaría hoy de manera similar ante muchas realidades de nuestra Iglesia, de nuestras parroquias, de nuestras familias cristianas, de cada uno de nosotros, sus seguidores.

  1. Jesús plantea un nuevo modo de celebrar la religiosidad basado en su persona.

¿Es Jesús y su mensaje el centro de nuestro culto y nuestra vida?

¿Qué deberíamos purificar en nuestras celebraciones?

  1. Jesús expulsa del templo a los vendedores de animales y a los cambistas.

¿Qué queda de mercantilismo en nuestras relaciones con Dios?

  1. Los templos de ladrillo son importantes para el culto. Pero solo tienen sentido cuando se sustentan en “Piedras vivas”

¿Qué debemos cambiar en nuestras vidas y comunidades para ser estas piedras vivas?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO X «CORPUS CHRISTI»

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no.

Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.

No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20

R./ Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R./

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R./

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17

Hermanos:

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?

Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí:

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

COMENTARIO

El Señor alimenta a su pueblo y le da de beber para que viva y no muera. Ésa es la idea de fondo que resuena en las lecturas de hoy. El Deuteronomio nos recuerda cómo, al salir de Egipto, Dios alimentó a Israel mientas atravesaba el desierto, nutriéndolo con el maná y saciando su sed con el agua que brotó de la roca. El evangelio de Juan se atreve a corregir al Antiguo Testamento y presenta a Jesús como el verdadero pan que ha bajado del cielo. Su carne y su sangre son el auténtico alimento que procura la vida verdadera. Las referencias eucarísticas del pasaje son evidentes. Pablo saca las consecuencias comunitarias que se derivan de la participación en la mesa del Señor. Los que comen juntos de ese pan único que es Jesús no pueden luego vivir desunidos.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio de Juan no incluye un relato de la institución de la eucaristía semejante al que encontramos en Mateo, Marcos o Lucas. En cambio, casi todo su capítulo sexto está ocupado por un discurso de Jesús que, especialmente, en su última parte –el texto de hoy- nos ayuda a profundizar en el sentido de este sacramento.

En este capítulo sexto se nos narra el signo de la multiplicación de los panes (Jn 6,1-15) seguida de un discurso en el que se revela su intención más profunda (Jn 6,26-59). En él, Jesús se identifica con el alimento (“pan”) que Dios ha dado a la humanidad (“bajado del cielo”) y que es preciso asimilar mediante la fe (“comer”) para tener vida eterna. La última parte de este “discurso del pan de vida” -que es la que hoy leemos- suele conocerse como “discurso eucarístico” debido al vocabulario que utiliza. Pero no está fuera de lugar, como algunos piensan. De hecho, tanto el primer versículo (v. 51) como el último (v. 58) resumen las ideas fundamentales que Jesús ha desarrollado antes. Se debe interpretar, por tanto, en continuidad con el resto del discurso, sin olvidar por ello su dimensión eucarística.

Jesús asegura que ese pan que él da es su “carne”. Según la visión bíblica, la “carne” designa a la persona entera en su condición mortal. Por eso, el evangelio de Juan utiliza esta palabra para certificar que el Verbo de Dios se humanizó hasta las últimas consecuencias (Jn 1,14). O sea, que el pan del que habla Jesús es él mismo, su propia vida entregada totalmente desde su encarnación hasta su muerte. Una entrega libre, no impuesta, pues es él quien “da” ese pan, dándose a sí mismo “por la vida del mundo”.

Este discurso del “pan de vida” suscita la incomprensión y el rechazo de los oyentes (Jn 6,41.60.66). En este caso parece ser el realismo del lenguaje lo que provoca el escándalo de los judíos. Pero no sabemos lo que se esconde tras su intenso debate sobre las palabras de Jesús. Quizá las toman al pie de la letra y las reducen a su sentido materialista. O, por el contrario, han captado perfectamente su significado simbólico y rechazan a Jesús como salvador crucificado. En todo caso, este malentendido dará lugar a una aclaración posterior por parte de Jesús. En ella se habla de las consecuencias que tiene para el creyente “comer” y “beber” su “cuerpo” y su “sangre”.

La explicación que Jesús ofrece a los judíos repite las expresiones que les han irritado tanto. Y no sólo eso, pues a la invitación a “comer la carne” se añade también la necesidad de “beber la sangre”, algo abominable para la mentalidad bíblica. La sangre era identificada con la vida y, por lo tanto, pertenecía a Dios. Por eso, cuando se sacrificaba una víctima en el templo, su sangre era derramada sobre el altar, pero jamás consumida. Jesús, en cambio, insiste en que su carne y su sangre son “verdadera” comida y “verdadera” bebida capaces de saciar. Él es la víctima inmolada cuya muerte violenta se ha convertido, paradójicamente, en fuente de vida. Pero no de una vida puramente humana, sino de la misma vida del Hijo del hombre, la que merece el calificativo de “eterna” y se concreta en la promesa de la “resurrección”.

Los vv. 56-57 dan un paso más al explicar los efectos que procede en el discípulo participar de esta comida. Dice Jesús: el creyente “habita en mí y yo en él”. Esta afirmación resulta chocante desde el punto de vista natural, pues aquí es el “alimento” el que asimila al “alimentado”. Todo ello nos obliga a buscar el sentido profundo de estas palabras, seguramente inspiradas en las “fórmulas de alianza” del Antiguo Testamento. En ellas se establecía un pacto entre Yahvé e Israel: “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jr 31,33). Pero Jesús va más allá al plantear una relación de mutua intimidad que elimina toda distancia entre él y el creyente, ya que ambos habitan el uno en el otro. Esta imagen habla de la comunión recíproca con Cristo que debe caracterizar la vida del discípulo (Jn 15,4-7). Más todavía, esta “nueva alianza” apunta hacia el misterio de la Trinidad, pues está inspirada en la vinculación perfecta que el Hijo mantiene con el Padre, que es origen de toda vida y la transmite al creyente por medio de Jesús.

Es imposible leer estos versículos sin pensar en la eucaristía. En ella se actualiza sacramentalmente la muerte y la resurrección de Cristo. Al comer materialmente un pan que es su “carne”, nos solidarizamos con esa entrega total mediante la que Jesús nos ha comunicado su propia vida por amor: lo que nos recuerda el “discurso eucarístico” es que este gesto litúrgico se convierte en un gesto vacío si no va acompañado de una verdadera adhesión creyente a su persona.

ACTUALIZAMOS

Si la celebración de la Eucaristía no es expresión auténtica de nuestra fe en Jesús y de nuestra profunda comunión de amor con él, se transforma en un simulacro. Comemos y bebemos su sangre, pero nos desentendemos de su entrega por nosotros. Vamos a misa, pero no tenemos nada que ver con él.

  1. “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”:

¿Qué aspectos del misterio de Jesús te ayudan a descubrir este texto?

  1. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”:

¿Vives la eucaristía como rutina o es expresión de tu fe en Jesús?

  1. “Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”:

¿Cómo te ayudan estas palabras a orientar tu compromiso cristiano?

¿Qué significa según estas palabras vivir “eucarísticamente”?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO IX «SANTÍSIMA TRINIDAD»

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

En aquellos días, Moisés madrugó y subió a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.

El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.

El Señor pasó ante él proclamando:

«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad».

Moisés, al momento, se inclinó y se postró en tierra.

Y le dijo:

«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».

Salmo Dan 3, 52a y c. 53a. 54a. 55a. 56a

R./ ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito tu nombre, santo y glorioso. R./

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R./

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R./

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R./

Bendito eres en la bóveda del cielo. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13

Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.

Saludaos mutuamente con el beso santo.

Os saludan todos los santos.

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

COMENTARIO

Las lecturas de este día nos invitan a contemplar la Trinidad no como un dogma abstracto, sino como un Misterio de amor que se ha comprometido totalmente en la salvación de la humanidad. El libro del Éxodo nos descubre que la revelación del Dios “compasivo y misericordioso” no es patrimonio exclusivo del Nuevo testamento. No obstante, es en Jesús, el Hijo único del Padre donde contemplamos el icono más expresivo de su amor y fidelidad hacia nosotros, según nos recuerda el evangelio de Juan. Por eso Pablo, saludando a la comunidad de Corinto, expresa con una fórmula trinitaria esa donación total de Dios, que, saliendo de sí mismo, se nos ha manifestado como gracia, amor y comunicación de dones espirituales.

El pasaje del evangelio de Juan contiene una síntesis muy condensada del mensaje cristiano, leerlo con atención nos puede ayudar a celebrar con más sentido la fiesta de la Santísima Trinidad.

COMPRENDER EL TEXTO

Estos versículos forman parte de la entrevista nocturna entre Jesús y Nicodemo que podemos leer en Jn 3, 1-21. A través de este diálogo con un destacado representante del fariseísmo, el evangelista refleja el debate existente entre la comunidad cristiana y el judaísmo oficial de su época, que se negaba a acoger el testimonio de Cristo. Jesús trata de hacer entender a Nicodemo que él es mucho más que un maestro que enseña de parte de Dios o un mago que hace milagros en su nombre. Es el Hijo que revela lo que ha visto junto al Padre. No basta, por tanto, con admirar sus signos o reconocer la autoridad de su doctrina (Jn 2, 23-25). Es necesario creer en él como condición para entrar en el Reino de Dios y acceder así a la salvación. Ése y no otro es el tema de fondo que recorre toda la conversación.

El evangelista juega con el doble sentido de las palabras, dando pie a malentendidos que precisan una aclaración posterior. A través del lenguaje de los símbolos, a veces enigmático y misterioso, Jesús explica a Nicodemo que para acoger esa revelación de la que él es portador es preciso “nacer de nuevo” (o bien “nacer de lo alto”). Este nuevo nacimiento que supone la renovación radical de la persona es, por tanto, obra de Dios, que, por medio “del agua y del Espíritu”, engendra y comunica así su misma vida –la “vida eterna”- al creyente. Se trata de un nacimiento espiritual que se celebra en el bautismo e inaugura una existencia marcada por la fe en Jesús.

Nicodemo es “maestro de Israel” (Jn 3, 10) pero no sabe de qué manera se realiza ese “nuevo nacimiento”. Por eso pregunta: “¿Cómo puede ser esto?”. Con ironía, Jesús le echa en cara su ignorancia y comienza así un monólogo en el que explica cómo ha acontecido la salvación, vinculándola a su propia muerte (Jn 3, 14-21). El pasaje de hoy debe ser comprendido en este contexto próximo y viene a ser una explicación de los versículos precedentes, donde la crucifixión de Jesús, humanamente escandalosa, es contemplada como exaltación pascual y fuente de vida eterna.

El texto de hoy comienza con una afirmación sorprendente (v. 16). Es la única vez que el evangelista utiliza el verbo “amar” para hablar de la relación entre Dios y el mundo. Queda claro, en todo caso, que la iniciativa de la salvación parte del Padre, que su motivación no es otra sino el amor que siente hacia la humanidad entera y que la finalidad de su actuación es salvar, nunca condenar; es decir, comunicar su misma vida: eterna, auténtica, plena…, una vida que ya no puede ser amenazada ni vencida por la muerte. Para realizar ese proyecto a favor del género humano da lo mejor que tiene, a su Hijo único, de modo que el mundo se salve por medio de él; se descubre así el sentido más profundo de la misión de Jesús. Su entrega total hasta la muerte no fue el resultado de una fatalidad o de la traición de Judas, ni siquiera de una decisión personal suya. Es el Padre quien lo ha enviado como don. No cabe por su parte mayor prueba de amor. La primera carta de Juan volverá a hacer eco de estas afirmaciones (1ª Jn 4, 8-10)

Dios no desea condenar a nadie, pero hay que dejarse salvar por Él. Su oferta de vida eterna está siempre abierta, y puede ser acogida o rechazada por el ser humano. Se trata de una elección fundamental que orienta la propia existencia hacia la vida o hacia la muerte. La posible condenación es, por tanto, fruto de la decisión libre y personal de cada uno. Por eso, para el evangelio de Juan, el juicio no es un acontecimiento futuro, sino que se realiza en el presente. Es cada persona la que se juzga así misma optando entre la fe o la incredulidad frente a Jesús, el Hijo que nos revela al Padre. Creer o no creer en Cristo equivale a aceptar o rechazar el amor de Dios, que lo ha enviado para salvar y dar sentido a la vida humana. Los versículos siguientes, no incluidos en la lectura de hoy, explican mejor las razones de esa posible condenación (Jn 3, 19-21).

La síntesis de la fe cristiana que se recoge en estos versículos es perfecta, aunque muy condensada. En ellos aparece claramente cómo se han implicado el Padre, el Hijo y el Espíritu (Jn 3, 5) en la salvación de la humanidad y cómo ésta debe acoger ese don desde la fe. Por desgracia, el ser humano se auto excluye muchas veces de esta oferta salvífica y se aleja de la luz, condenándose a sí mismo a las tinieblas, al sin sentido. En eso consiste el juicio. Ojalá que nosotros, bautizados en el nombre de la Trinidad, vivamos coherentemente nuestra fe de modo que pueda ser para nosotros fuente de vida verdadera.

ACTUALIZAMOS

El misterio de Dios es un misterio de amor que ofrece a las personas un camino de vida en plenitud. Este proyecto de salvación parte de la iniciativa del Padre y se realiza por medio de la entrega total del Hijo. Nosotros, los bautizados, hemos sido engendrados a esa “vida nueva” sumergiéndonos en las aguas del Espíritu. Nuestra fe es la respuesta con la que acogemos ese don gratuito e inmerecido.

  1. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito”:

¿Cómo te ayuda este texto a entender el misterio de la Santísima Trinidad?

  1. … para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”:

¿Qué significa para ti que la fe es fuente de vida? ¿Cómo lo experimentas en tu existencia cotidiana?

  1. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”:

¿Qué puedes aprender de ese modo de actuar de Dios? ¿A qué te compromete como creyente?

LECTIO DIVINA – CICLO A – PASCUA DOMINGO VIII «PENTECOSTÉS»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R./

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R./

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

COMENTARIO

Cincuenta días después de haber celebrado la resurrección de Jesús, concluimos hoy el tiempo de Pascua. Pentecostés es la “Pascua granada”, la Pascua madura que produce su mejor fruto: el envío del Espíritu Santo. Y de ello hablan las lecturas que hoy hacemos, cada una desde su perspectiva. Tanto el relato evangélico como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, resaltando diversos aspectos de un mismo misterio. Más allá de toda diferencia existe una coincidencia de fondo. En ambos casos se resalta que el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para que puedan continuar su misión. El salmo nos invita a entender este momento como una “nueva creación”, y Pablo nos recuerda que la acción del Espíritu se manifiesta de múltiples maneras, todas ellas para el bien de la comunidad.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio es el mismo del segundo domingo de Pascua, aunque abreviado, hoy destacamos los aspectos más relacionados con la fiesta de Pentecostés.

Algunos comentaristas han llamado a esta página del evangelio de Juan el “Pentecostés del cuarto evangelio”, pues parece una presentación diferente del mismo acontecimiento que Lucas nos describe en el pasaje de Hechos proclamado hoy como primera lectura. Aunque cada autor sitúa en un momento, temporalmente diferente, el acontecimiento. Si, para Lucas, el marco de la venida del Espíritu es la fiesta de Pentecostés, en Juan no se establece un plazo de tiempo entre la Pascua y la venida del Espíritu, ni tampoco sitúa esta venida en el marco de la fiesta de Pentecostés. A diferencia de Hechos, presenta las cosas como si todo hubiera sucedido el mismo día de la resurrección. Recordamos a propósito de esto, que los evangelios no son “crónicas” estrictamente históricas y que las diferencias que encontramos entre ellos se explican por las diversas perspectivas teológicas propias de cada uno. De hecho, en lo que Juan está sumamente interesado es en mostrar la estrecha relación que existe entre la resurrección de Jesús y la efusión del Espíritu como aspectos complementarios de una misma realidad.

La imagen utilizada por el evangelista es significativamente gráfica. El Espíritu Santo no aparece aquí simbolizado por un viento impetuoso o por llamas de fuego, como en Hechos, sino por el mismo aliento vital del Resucitado, que “sopla” sobre sus discípulos. Esto nos recuerda el mismo gesto que Dios hizo al crear al ser humano (Gn 2,7).

El don del Espíritu hace de los discípulos personas recreadas, los libera de su vieja condición de “encerrados” y los prepara para asumir nuevos desafíos. Si leemos con atención este pasaje descubriremos que el relato de Juan vincula este acontecimiento con el envío a la misión, pues sitúa una cosa inmediatamente a continuación de la otra.

En este aspecto del envío, el cuarto evangelio coincide en gran parte con la perspectiva del libro de los Hechos (Hch 1,8). Jesús envía a los discípulos como él ha sido enviado por el Padre, pero no los deja solos, sino que les entrega el Espíritu para que puedan llevar a cabo la misión. Sin la garantía del Espíritu, la comunidad no hubiera superado sus “miedos” y la Iglesia quizás no se hubiera puesto en marcha. Pero el evangelio de Juan añade un detalle significativo, introduce junto a la recepción del Espíritu el tema del perdón de los pecados, con lo que la misión encomendada a los discípulos se presenta como una tarea de reconciliación universal.

Recordemos que la donación del Espíritu a los discípulos no es un “relato sorpresa”, es decir, algo totalmente inesperado dentro de la trama del evangelio de Juan. De hecho, Jesús lo había prometido repetidamente a los discípulos durante su despedida en la última cena. Lo podemos leer en Juan 14,15.26; 15,26; 16,7-15.

El acontecimiento de Pentecostés no es algo que pertenece sólo al pasado. El Espíritu Santo continúa vivo y sigue manifestándose en nuestro mundo, en personas y situaciones concretas.

ACTUALIZAMOS

La venida del Espíritu Santo no tiene fecha fija. Juan la sitúa en el momento de la resurrección, y el libro de los Hechos, cincuenta días después de la Pascua. Por eso hoy también puede ser Pentecostés. El Señor Jesús, que derramó su Espíritu sobre nosotros el día de nuestro bautismo, no deja de renovar ese don para que podamos continuar la misión que él mismo recibió del Padre.

  1. El Espíritu Santo ha sido llamado muchas veces “el Gran Desconocido”:

    ¿Cómo te ayudan los textos de hoy para conocer mejor quién es y cómo actúa?

  1. El Espíritu Santo es el aliento vital del Resucitado que actúa en nosotros. Su presencia no se ve, pero…

    ¿De qué modo debería “verse”, es decir, notarse en la vida de los creyentes?

  1. “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados…”:

¿Qué podríamos hacer para concretar en nuestra vida personal y comunitaria esa misión de reconciliación a la que somos enviados?

  1. También hoy los cristianos vivimos a menudo “encerrados, con las puertas cerradas” y con miedo, reacios a la esperanza:

¿No será que nos resistimos a dejarnos mover por el Espíritu?

¿Qué cambiaría en nosotros y en quienes nos rodean si nos hacemos más dóciles a su acción?

LECTIO DIVINA – CICLO B – CUARESMA DOMINGO II

Lectura del libro del Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán.

Le dijo:

«¡Abrahán!»

Él respondió:

«Aquí estoy».

Dios dijo:

«Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré»

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña.

Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

«¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó:

«Aquí estoy».

El ángel le ordenó:

«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Salmo 115, 10 y 15. 16-17. 18-19

R./ Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!».
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles. R./

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor. R./

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-34

Hermanos:

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios, y que además intercede por nosotros?

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía qué decir, pues estaban asustados.

Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:

«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

COMENTARIO

En el segundo domingo de Cuaresma las lecturas nos hablan de muerte y de vida. Abrahán, el hombre fiel y obediente, no se reservó a su hijo Isaac; Dios Padre entregó a su Hijo único, el predilecto, por todos nosotros; en el relato de la transfiguración subyace el misterio de la muerte de Jesús. Pero subrayar el aspecto de la muerte puede llevarnos a equivocar el sentido de la Cuaresma, porque en todas las lecturas late, el misterio del amor y la vida de Dios. Un Dios que rescata a Isaac, que resucita a Jesús y le pone en nuestra ruta como compañero y modelo, para que podamos encaminarnos hacia la meta que nos espera. Siendo así, las lecturas de este domingo imprimen un carácter gozoso a nuestro camino cuaresmal porque «si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?»

COMPRENDER EL TEXTO

El domingo pasado el evangelio nos llevaba al desierto con Jesús y después nos invitaba a escuchar un resumen de su mensaje sobre el Reino de Dios. Descubríamos el desierto como lugar de encuentro, de conversión, de camino, pero también de tentación. Hoy la Palabra nos arrastra hacia un escenario muy diferente, un monte alto, lugar que sugiere luz, y manifestación de Dios.

Este relato de la transfiguración se entiende mejor en el contexto del episodio que le precede y le sigue: los anuncios de la pasión-resurrección. Por eso es conveniente leer Mc 8,27-9,2, un largo diálogo de Jesús con sus discípulos en el que les pregunta su opinión sobre él y les anuncia su destino de muerte. Ellos no comprenden y se desaniman. Jesús les advierte, además, que si quieren ser sus seguidores tendrán que estar dispuestos a pasar por lo mismo. Es en este momento cuando Jesús les manifiesta su gloria, les anticipa su victoria sobre la cruz, para animarles y darles fuerzas en el camino que están a punto de emprender junto al Maestro. Esta es la función de la transfiguración en el conjunto del evangelio.

El pasaje es un relato de la manifestación de Dios “teofanía”, muy utilizado en el Antiguo Testamento como género literario y que provocan miedo y turbación en quienes la presencian. Los primeros cristianos que estaban acostumbrados a escuchar este tipo de relatos referidos sólo a Dios entendían con este pasaje que Jesús era verdaderamente Dios.

La manifestación de la gloria de Jesús se expresa por medio de tres elementos complementarios:

  1. El color de sus vestidos, de un blanco deslumbrador, es el color de la resurrección. Además, al final del pasaje hay dos alusiones a esta victoria final (9,9-10).
  2. La aparición de Moisés y Elías, personajes a los que la tradición relaciona con la llegada del Ungido (Mal 3,23-24), están revelando que Jesús es el Mesías de Israel.
  3. La voz que viene del cielo y afirma, como en el bautismo, que Jesús es el Hijo de Dios. Es, por tanto, una presentación de Jesús para que los discípulos comprendan quién es.

Jesús llama a Pedro, Santiago y Juan para hacerles entender su camino hacia Jerusalén de forma nueva y reafirmarles en su vocación desde la experiencia de la Pascua. Pero ellos, que antes no habían entendido el significado de la muerte del Hijo del hombre (Mc 8,31), tampoco comprenden ahora el significado de la resurrección. Por eso tras “ver” la victoria de Jesús quieren detener la historia. Quieren llegar a la Pascua sin pasar por la cruz, se resisten a un camino de seguimiento que implique la pasión. Por eso la voz de Dios les sacude y despierta, invitándoles a escuchar al Hijo, a mantenerse detrás de él en un camino de gloria crucificada. Se puede considerar como una escena de fortalecimiento vocacional para los discípulos y para nosotros.

En el camino de la Cuaresma, que tiene como meta la celebración de la Pascua, Jesús se nos muestra transfigurado también a nosotros. Es una llamada para que aprendamos a descubrir su presencia en el camino del seguimiento y para que vivamos con esperanza estos días de conversión.

ACTUALIZAMOS

A los primeros discípulos no les fue fácil entender que su Maestro iba camino de Jerusalén, que moriría en la cruz. Por eso Jesús les hizo subir hasta el monte de la transfiguración, para que vieran, escucharan y experimentaran lo que les esperaba al final del camino. Este pasaje tiene también algo que decirnos a nosotros. Como a los discípulos, hoy Jesús nos anima a subir, ver, escuchar, experimentar y bajar.

  1. En el seguimiento de Jesús.

¿En qué momentos de tu vida se te hace más difícil seguir a Jesús?

¿Encuentras en este pasaje alguna luz que te anime a superar esas dificultades?

  1. En tu camino.

¿Qué experiencias positivas, de luz, te han ayudado a caminar en momentos difíciles?

  1. En la escucha de Jesús.

¿En qué puede cambiar tu vida la escucha de la palabra de Jesús?

¿A qué te compromete?

  1. En la presencia de Dios.

¿A qué montañas has de “subir” para que te sientas transfigurado por la presencia de Dios?

¿A qué lugares has de “bajar” para continuar por el camino del seguimiento?

LECTIO DIVINA – CICLO B – CUARESMA DOMINGO I

Lectura del libro del Génesis 9, 8-15

Dios dijo a Noé y a sus hijos:

«Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra».

Y Dios añadió:

«Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes».

Salmo 24, 4-5a. 6-7cd. 8-9

R./ Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R./

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R./

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3, 18-22

Queridos hermanos:

Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios.

Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu; en el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a que se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua.

Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo, el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

COMENTARIO

En las lecturas de los cinco domingos de Cuaresma encontramos un programa de catequesis que la Iglesia propone para que los creyentes revisen su fe y su vida. Esta catequesis cuaresmal está orientada a la Pascua, prepara para la celebración del misterio de Cristo y la renovación del compromiso bautismal.

Las lecturas exponen la realidad del pecado y la repuesta amorosa de Dios. A pesar de la perversión humana en tiempos de Noé, Dios decide iniciar una nueva creación y establece un pacto con el ser humano. Esta alianza se recuerda en la segunda lectura, que relee las aguas de muerte del diluvio en clave de historia de salvación, y las interpreta como prefiguración del bautismo. El evangelio presenta a Jesús como el hombre nuevo capaz de vencer al tentador y ofrecer la nueva y definitiva alianza para el mundo: El Reinado de Dios.

COMPRENDER EL TEXTO

Cada año, al iniciar la Cuaresma, se nos propone leer el relato de las tentaciones de Jesús. El de Marcos es muy breve y presenta a Jesús en una encrucijada: optar por el camino propuesto por el Padre o elegir el que le propone el Tentador. Jesús decidió llevar adelante la misión del Padre, proclamando la llegada de su reinado.

Este breve relato de las tentaciones va seguido de un resumen de la predicación de Jesús (Mc 1,14-15). Para comprenderlo mejor debemos leer Mc. 1,1-13.

En los primeros versículos del evangelio de Marcos, Jesús es presentado por una voz humana, Juan Bautista, y por la voz de Dios desde el cielo. El Bautista, el precursor, lo presenta como el Mesías, y lo hace atribuyéndole la fuerza y el bautismo con Espíritu Santo. La voz del cielo lo identifica como Hijo de Dios, acreditado como Mesías por el Espíritu que desciende sobre él (Mc 1,10-11). Inmediatamente Jesús es insertado por el Espíritu en el mundo y en la historia humana.

El Espíritu lleva a Jesús al desierto, que es el escenario en el que tendrá lugar la tentación. En la tradición bíblica el desierto es lugar de prueba (Dt 8,2-6), pero también es el ámbito privilegiado para el encuentro con Dios (Os 2,16). Cuando Marcos dice que Jesús fue tentado allí durante cuarenta días, está pensando en los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto, y en las tentaciones que los israelitas no fueron capaces de superar. Jesús, sostenido por Dios, abre camino al nuevo pueblo saliendo victorioso de las pruebas que le pone el Adversario y ante las que sucumbió Israel.

Además, esta tentación de Jesús al principio de su ministerio recuerda las veces que fue tentado a lo largo de su vida pública, invitado a alejarse de la voluntad del Padre (Mc 8,31-33). Pero como poseía el Espíritu pudo hacer frente a todo lo que se opusiera a Dios. Y es que las tentaciones son eso, invitaciones a optar por un proyecto que no es el del Padre, propuestas para renegar de la condición de Hijo amado y abandonar la misión encomendada.

Superadas las tentaciones, se abre el tiempo definitivo y último de la historia. Jesús mismo proclama la inauguración de un tiempo nuevo.

En dos versículos, Marcos resume la predicación de Jesús (Mc 1,14-15) y le presenta como heraldo de una noticia gozosa: el Reino de Dios. Jesús habla de este Reino como de una realidad conocida, presente y futura a la vez, pero no la define porque los judíos esperaban un reino de justicia y paz inaugurado por Yahvé en el que los oprimidos serían liberados. Jesús reaviva esta esperanza y proclama con palabras y obras la llegada de la soberanía de Dios sobre todos los pueblos, un Dios que se muestra especialmente cercano a los más débiles y marginados. A este anuncio le sigue una invitación.

El Reino irrumpe en nuestra historia como un don que recibimos y una tarea que se nos encarga. La conversión implica un doble movimiento. Supone por una parte el esfuerzo del ser humano en cambiar de vida y por otra la apertura a lo gratuito. Igual que la fe se nos regala y a la vez la cultivamos, la conversión comienza cuando acogemos el Reinado de Dios que transforma nuestra vida y se fortalece en la medida en que nos implicamos en su construcción. Reinado de Dios, fe y conversión son, por tanto, realidades íntimamente entrelazadas.

La Cuaresma es un tiempo de desierto para los cristianos. En este desierto uno se queda con lo esencial y se ve obligado a entrar dentro de sí mismo para ver cuáles son las dificultades que pretenden desviarnos del camino del seguimiento. Pero la Cuaresma es también lugar de conversión y de encuentro con Dios, momento privilegiado para dejarnos convertir y recrear a imagen de Jesús, el Hijo que salió victorioso de todas las tentaciones.

ACTUALIZAMOS

Jesús sale vencedor de las tentaciones. A nosotros, seguidores suyos, la Cuaresma se nos presenta como tiempo de desierto, de conversión, de encuentro con Dios.

  1. El Espíritu es quien empuja con fuerza a Jesús.

¿Qué lugar ocupa en mi vida el Espíritu Santo? ¿Me dejo conducir por él?

  1. Jesús fue tentado porque asumió en su vida el proyecto del Padre, el Reino.

¿Cuáles son las dificultades o tentaciones más frecuentes que nos amenazan, personalmente y como comunidad, si nos implicamos en el Reinado de Dios?

  1. Jesús se enfrenta durante toda su vida a la tentación, pero sale vencedor.

¿Qué motivo de esperanza suscita en ti este pasaje para iniciar un camino de conversión en esta Cuaresma?

Quienes se dejan guiar por el Espíritu como Cristo, salen victoriosos. Si se lo permitimos, Dios puede reinar en nuestras vidas, en nuestro mundo.