LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVI

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente.

Porque tu fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.

Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.

Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.

Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.

Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a

R./ Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica. R./

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios». R./

Pero tú, Señor,
Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:

“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.

Él les dijo:

“Un enemigo lo ha hecho”.

Los criados le preguntan:

“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.

Pero él les respondió:

“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Les propuso otra parábola:

«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

Les dijo otra parábola:

«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».

Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:

«Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les contestó:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

COMENTARIO

El Evangelio de hoy presenta dos modos de actuar y de vivir la historia: por un lado, la mirada del amo, que ve lejos; por otro, la mirada de los siervos, que ven el problema. Los criados se preocupan por un campo sin malezas, el amo se preocupa por el buen trigo. El Señor nos invita a asumir su misma mirada, la que mira al buen trigo, que sabe custodiarlo también en las malas hierbas. (Papa Francisco, 19-07-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

El Evangelio de Mateo.

13,24-30 El trigo bueno y la cizaña. Comienza una serie de tres parábolas, introducidas con la misma fórmula (Mt 13,24.31.33). La primera de ellas, que sólo se encuentra en Mateo y en el Evangelio de Tomás (véase introducción a Mt 13,1-52), cuenta una escena de la vida cotidiana: el dueño del campo que manda sembrar, el enemigo que trata de perjudicarle, las relaciones entre el patrón y sus clientes-siervos; todo parece normal, excepto la sorprendente reacción del dueño del campo: ¡dejar que ambas semillas crezcan juntas! Esto es lo que más llamaría la atención de los oyentes de Jesús; seguramente les haría pensar si la extraña decisión del dueño del campo había sido acertada. Es cierto que la cizaña puede impedir o dificultar el crecimiento del trigo, pero ambas plantas se parecen mucho al principio, y es posible que al arrancar la cizaña los segadores arranquen también el trigo. Hay que esperar hasta el momento de la cosecha (término que en los profetas designa muchas veces el momento de juicio de Dios; véase Mt 3,12) para separar el trigo de la cizaña.

La parábola puede comprenderse en el contexto del ministerio de Jesús, que no reunió una comunidad de puros, sino que dirigía su mensaje a los pecadores. Esta actitud provocó entre sus adversarios una dura oposición. Con esta parábola, Jesús justifica su actuación: mientras llega el momento final, hay tiempo para la conversión y la misericordia, pues Dios ofrece un plazo de gracia a los pecadores. Leída en el contexto de la comunidad de Mateo, la parábola pudo contribuir a explicar la existencia de diversas tendencias dentro de la comunidad. Es irremediable que todas ellas coexistan en la situación actual. Hay que esperar hasta el final para distinguir el grano bueno de las plantas inútiles.

13,31-33 El grano de mostaza y la levadura. Estas dos parábolas son muy parecidas en su contenido y en su forma. Marcos sólo transmite la primera, mientras que en Lucas se encuentran las dos ya unidas (Lc 13, 18-21).

El aspecto más llamativo en ambas parábolas es el contraste que existe entre la situación inicial y el resultado final. Un grano de mostaza, siendo la más pequeña de las semillas, puede hacer surgir un árbol grande, y lo mismo ocurre con la levadura, que tiene capacidad para hacer fermentar una gran cantidad de masa. A través de estas comparaciones, Jesús habla de la presencia del reino, que está comenzando a llegar: su presencia es por ahora germinal; su apariencia, como la de la semilla y la levadura, es insignificante, pero lleva dentro una fuerza transformadora, que ha prendido ya en la historia, y su crecimiento es irreversible.

Es probable que en labios de Jesús estas parábolas respondieran a las objeciones de los que no veían llegar el reino que él anunciaba, y que con ellas el Señor quisiera infundir esperanza y ánimo a sus discípulos (véase Mt 13,1-9). Sin embargo Mateo, que conocía ya el éxito de la misión cristiana entre los paganos, pudo ver en estas parábolas un anuncio de la difusión del evangelio, y un estímulo para seguir haciendo presente en medio del mundo la fuerza transformadora del reino.

13,34-35 Finalidad de las parábolas. Esta pequeña reflexión sobre el sentido de las parábolas es paralela a la de Mt 13,10-17, y como ella precede a una explicación reservada a los discípulos. Aquí, sin embargo, la explicación no responde a una pregunta de los discípulos, sino al interés del evangelista, el cual introduce una cita de reflexión para explicar, no el sentido de las parábolas, sino el hecho de que Jesús hablara en parábolas. En este hecho ve Mateo el cumplimiento de las Escrituras, y tal vez un argumento contra quienes objetaban que esta forma de enseñar no se ajustaba a la tradición judía.

13,36-43. Explicación de la parábola del trigo y la cizaña. Como en el caso de la parábola del sembrador, Jesús explica en privado a sus discípulos el significado de la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,18-23). Se trata, también aquí, de una aplicación de dicha parábola a la situación posterior de la Iglesia, como indica el escenario en que tiene lugar y el cambio de perspectiva que se advierte con respecto al sentido original de la parábola.

La explicación tiene lugar en la casa, muy probablemente una referencia al ámbito en el que los primeros cristianos conservaban y transmitían las enseñanzas de Jesús. El contexto es de enseñanza, con una clara intención de descubrir el mensaje de la parábola para una situación concreta. En esta nueva interpretación el acento se ha desplazado hacia el futuro, tal vez aprovechando la mención de la cosecha, que en los profetas se refiere muchas veces al juicio de Dios. La cuestión no es ya, si el trigo y la cizaña pueden crecer juntos, sino el discernimiento que tendrá lugar en el día del juicio. Lo que era una historia sencilla con un sólo aspecto llamativo (que el dueño dejara crecer juntos el trigo y la cizaña) se ha convertido en una complicada alegoría, en la que cada elemento de la parábola tiene un significado figurado.

Mateo alude con frecuencia al juicio y a la recompensa final (Mt 6,4.6.18; 13,47-50; 25,31-46; etc…) para reforzar su exhortación a poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Para él lo que será determinante en el momento del juicio no es la pertenencia a la Iglesia, ni siquiera conocer a Jesús (Mt 7,21-23), sino la práctica del amor al prójimo (Mt 25,34-40). El evangelista dirige esta exhortación a su iglesia, para que no descuide nunca las exigencias éticas, pues ellas son su signo de autenticidad.

ACTUALIZAMOS

  1. “El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad”:

El Espíritu Santo es el paráclito, el ayudador; cuando te sientes débil ¿acudes a su ayuda?

  1. “El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas”.

¿Ves el Reino de Dios en lo pequeño, en lo humilde, o lo buscas en lo grandioso?

  1. El Señor nos invita a asumir su misma mirada, la que mira al buen trigo, que sabe custodiarlo también en las malas hierbas.

¿Miras a los demás con misericordia, los cuidas, o los juzgas con dureza?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XV

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».

Salmo 64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14

R./ La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto.

Tú cuidas la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R./

Así preparas la tierra.
Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R./

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R./

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos: Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.

Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló muchas cosas en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.

Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

El que tenga oídos, que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»

Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.

Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:

“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.

Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

COMENTARIO

La parábola del sembrador es un poco la «madre» de todas las parábolas, porque habla de la escucha de la Palabra. Nos recuerda que la Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie! La Palabra es dada a cada uno de nosotros. (Papa Francisco, 12-07-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la lectura de Isaías la palabra del Señor es eficaz, como la lluvia que hace germinar la tierra.

En la lectura a los Romanos acaba de afirmar Pablo que el supremo objetivo de la vida nueva de resucitados con Cristo, es la glorificación con Cristo. Pero en el camino se cruzan los padecimientos del tiempo presente. Y al decir padecimientos Pablo incluye cualquier obstáculo que pueda impedirnos alcanzar la meta. La dificultad, que es real, no es, sin embargo, insuperable. Todo lo contrario, ya que nuestra esperanza está apoyada en cuatro pilares a cual más sólido: la esperanza de la misma creación -que marcada también por el pecado y la muerte- está segura de participar en la liberación universal; nuestro propio ser que no se resigna a una destrucción aniquiladora; el Espíritu de Dios que ilumina y fortalece la plegaria cristiana; y finalmente el Padre que no puede menos de ser fiel a su proyecto salvador.

Tal vez lo más sorprendente de este pasaje es la solidaridad que Pablo supone entre el universo y los creyentes. No explica cómo, pero afirma con suficiente rotundidad que el universo físico no se limitará a ser simple espectador de la salvación y la gloría del hombre redimido. De forma para nosotros desconocida, pero cierta, compartirá con los hijos de Dios esa gloria y esa salvación.

El Evangelio de Mateo comienza el primer bloque (Mt 13,1-23), en el que la parábola del sembrador va seguida de una reflexión sobre la función de las parábolas y de una explicación de esta parábola en concreto. Es importante notar el marco narrativo en el que el evangelista sitúa las parábolas (Mt 13, 1-2). Jesús aparece sentado, en actitud de enseñar, y sus destinatarios no son un grupo reducido, sino la multitud. La enseñanza de Jesús no consiste sólo en normas de comportamiento (Mt 5-7), sino en el anuncio de algo más profundo y misterioso, que sólo puede expresarse a través de comparaciones. Los discípulos y la gente, que han visto sus signos, van a conocer ahora la realidad profunda que manifiestan dichos signos: el reino de Dios.

La parábola del sembrador es, probablemente, la más representativa de cuantas pronunció Jesús. Fue transmitida, aprendida y comentada en muchas comunidades cristianas. Aunque en ningún momento se hace referencia en ella al reino de Dios, es claro que trata de mostrar cómo este reino se ha hecho presente y cuál es su fuerza. Para entender su sentido original hemos de dejar a un lado la explicación que la acompaña (Mt 13,18-23), pues esta explicación, como veremos, es fruto de una reflexión posterior realizada en el seno de las primeras comunidades cristianas.

La parábola describe una situación real, que refleja las técnicas agrícolas que se utilizaban en Palestina en tiempos de Jesús. (p.e. se sembraba antes de arar la tierra, y eso explica que parte de la semilla cayera fuera del terreno cultivable). Lo más llamativo de la parábola no es cómo es acogida la semilla, sino la magnífica cosecha que produce la que cae en tierra buena. Teniendo presente que por entonces en Palestina una cosecha del siete por uno era considerada una buena cosecha, el treinta, sesenta o ciento por uno de que habla la parábola, debió resultar exagerado y sorprendente a los oyentes de Jesús. Este es el detalle que les haría reflexionar.

Es probable que esta parábola fuera pronunciada por Jesús para responder a las objeciones de quienes no veían llegar el reino que él anunciaba. La parábola pone ante los ojos de sus discípulos la grandiosa cosecha final, diciéndoles: ¡Ánimo! ¡No hay que desanimarse! A pesar del fracaso aparente, y de su presencia oculta, la llegada del reino es imparable, y el resultado final será maravilloso e incalculable.

Las palabras de Mt 13,12: al que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará parecen injustas y poco cristianas. Sin embargo, son la clave para entender el misterio de la acogida y el rechazo del reino. Se trata de un proverbio campesino, que procede del ámbito económico: el que tiene puede aumentar su patrimonio, pero el que tiene muy poco acaba perdiéndolo todo. Jesús aplica este refrán a la acogida del reino: los que han acogido el reino con fe, cada vez descubrirán más profundamente su misterio, mientras que aquellos que sólo lo han acogido superficialmente, acabarán por abandonarlo.

En la visión de Mateo, los discípulos encarnan la postura de los que acogen el reino. Ellos comprenden y pueden profundizar en el significado de las parábolas, porque son su verdadera familia, que hace la voluntad del Padre (Mt 12,48-50); son los sencillos, a quienes Dios ha revelado los misterios del reino (Mt 13,11; 11,25). Jesús les declara dichosos, porque han sabido abrir sus oídos para escuchar su mensaje, y han abierto sus ojos para ver en los signos que él realiza la llegada del reino de Dios. Sin embargo, la gente no entiende nada, porque su corazón está embotado, y sus ojos y sus oídos permanecen cerrados. Jesús les habla por medio de parábolas para hacerles más accesible el misterio del reino, pero es inútil: en ellos se cumple la profecía de Isaías que anunciaba, según Mateo, este rechazo.

ACTUALIZAMOS

  1. En este mundo donde hay tantas voces y palabras:

¿Escuchas la Palabra de Dios?

  1. “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver”:

Para poder oír y ver lo que te dice Dios, ¿interiorizas la Palabra de Dios, haces oración?

LECTIO DIVINA – CICLO B – PASCUA DOMINGO VIII «PENTECOSTÉS»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R./

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R./

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

COMENTARIO

Cincuenta días después de haber celebrado la resurrección de Jesús, concluimos hoy el tiempo de Pascua. Pentecostés es la “Pascua granada”, la Pascua madura que produce su mejor fruto: el envío del Espíritu Santo. Y de ello hablan las lecturas que hoy hacemos, cada una desde su perspectiva. Tanto el relato evangélico como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, resaltando diversos aspectos de un mismo misterio. Más allá de toda diferencia existe una coincidencia de fondo. En ambos casos se resalta que el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para que puedan continuar su misión. El salmo nos invita a entender este momento como una “nueva creación”, y Pablo nos recuerda que la acción del Espíritu se manifiesta de múltiples maneras, todas ellas para el bien de la comunidad.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio es el mismo del segundo domingo de Pascua, aunque abreviado, hoy destacamos los aspectos más relacionados con la fiesta de Pentecostés.

Algunos comentaristas, han llamado a esta página del evangelio de Juan el “Pentecostés del cuarto evangelio”, pues parece una presentación diferente del mismo acontecimiento que Lucas nos describe en el pasaje de Hechos proclamado hoy como primera lectura. Aunque cada autor sitúa en un momento temporalmente diferente el acontecimiento. Si, para Lucas, el marco de la venida del Espíritu es la fiesta de Pentecostés, en Juan no se establece un plazo de tiempo entre la Pascua y la venida del Espíritu, ni tampoco sitúa esta venida en el marco de la fiesta de Pentecostés. A diferencia de Hechos, presenta las cosas como si todo hubiera sucedido el mismo día de la resurrección. Recordamos a propósito de esto, que los evangelios no son “crónicas” estrictamente históricas y que las diferencias que encontramos entre ellos se explican por las diversas perspectivas teológicas propias de cada uno. De hecho, en lo que Juan está sumamente interesado es en mostrar la estrecha relación que existe entre la resurrección de Jesús y la efusión del Espíritu como aspectos complementarios de una misma realidad.

La imagen utilizada por el evangelista es significativamente gráfica. El Espíritu Santo no aparece aquí simbolizado por un viento impetuoso o por llamas de fuego, como en Hechos, sino por el mismo aliento vital del Resucitado que “sopló” sobre sus discípulos. Esto nos recuerda el mismo gesto que Dios hizo al crear al ser humano (Gn 2,7).

El don del Espíritu hace de los discípulos personas recreadas, los libera de su vieja condición de “encerrados” y los prepara para asumir nuevos desafíos. Si leemos con atención este pasaje descubriremos que el relato de Juan vincula este acontecimiento con el envío a la misión, pues sitúa una cosa inmediatamente a continuación de la otra.

En este aspecto del envío, el cuarto evangelio coincide en gran parte con la perspectiva del libro de los Hechos (Hch 1,8). Jesús envía a los discípulos como él ha sido enviado por el Padre, pero no los deja solos, sino que les entrega el Espíritu para que puedan llevar a cabo la misión. Sin la garantía del Espíritu, la comunidad no hubiera superado sus “miedos” y la Iglesia quizás no se hubiera puesto en marcha. Pero el evangelio de Juan añade un detalle significativo, introduce junto a la recepción del Espíritu el tema del perdón de los pecados, con lo que la misión encomendada a los discípulos se presenta como una tarea de reconciliación universal.

Recordemos que la donación del Espíritu a los discípulos no es un “relato sorpresa”, es decir, algo totalmente inesperado dentro de la trama del evangelio de Juan. De hecho, Jesús lo había prometido repetidamente a los discípulos durante su despedida en la última cena. Lo podemos leer en Juan 14,15.26; 15,26;16,7-15.

El acontecimiento de Pentecostés no es algo que pertenece sólo al pasado. El Espíritu Santo continúa vivo y sigue manifestándose en nuestro mundo, en personas y situaciones concretas.

ACTUALIZAMOS

La venida del Espíritu Santo no tiene fecha fija. Juan la sitúa en el momento de la resurrección, y el libro de los Hechos cincuenta días después de la Pascua. Por eso hoy también puede ser Pentecostés. El Señor Jesús, que derramó su Espíritu sobre nosotros el día de nuestro bautismo, no deja de renovar ese don para que podamos continuar la misión que él mismo recibió del Padre.

  1. El Espíritu Santo ha sido llamado muchas veces “el Gran Desconocido”:

¿Cómo te ayudan los textos de hoy para conocer mejor quién es y cómo actúa?

  1. El Espíritu Santo es el aliento vital del Resucitado que actúa en nosotros. Su presencia no se ve, pero…

¿De qué modo debería “verse”, es decir, notarse en la vida de los creyentes?

  1. “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados…”:

¿Qué podríamos hacer para concretar en nuestra vida personal y comunitaria esa misión de reconciliación a la que somos enviados?

  1. También hoy los cristianos vivimos a menudo “encerrados” y con miedo, reacios a la esperanza:

¿No será que nos resistimos a dejarnos mover por el Espíritu?

¿Qué cambiaría en nosotros y en quienes nos rodean si nos hacemos más dóciles a su acción?

LECTIO DIVINA – CICLO B – PASCUA DOMINGO VII «LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR»

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo.

Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?»

Les dijo:

«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9

R./ Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R./

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R./

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Conclusión del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

COMENTARIO

Las lecturas de hoy nos presentan dos versiones distintas de la Ascensión de Jesús. La primera se encuentra al inicio del libro de los Hechos de los Apóstoles, la segunda al final del evangelio de Marcos. Para Jesús, este acontecimiento significa la plenitud de la Resurrección. Por eso, subir al cielo y sentarse “a la derecha de Dios” no ha de entenderse en un sentido físico o espacial. Supone culminar su tarea en este mundo, situarse para siempre junto al Padre e inaugurar un nuevo modo de presencia entre los suyos. Para los discípulos, la Ascensión es el inicio que pone en marcha la misión de la Iglesia. Y para nosotros supone a la vez una buena noticia y un compromiso. Buena noticia porque nos ayuda a comprender, como leemos en la segunda lectura, “la esperanza a la que os llama” y compromiso porque nos empuja a ser testigos de la Buena Noticia.

COMPRENDER EL TEXTO

Nos encontramos ante los últimos versículos del evangelio de Marcos tal y como los encontramos en la Biblia. Pero este evangelio acababa originalmente en Mc 16,8 lo que resultaba chocante porque dejaba sin contar las apariciones del Resucitado y su ascensión al cielo como hacen Mateo, Lucas o el libro de los Hechos. Eso hizo que en el siglo II se añadiese un apéndice, a veces llamado “final largo de Marcos”. Aunque no forme parte de la obra primitiva, la Iglesia lo ha considerado siempre como inspirado.

Para entender este pasaje evangélico es bueno compararlo con el de la primera lectura (Hch 1, 1-11), buscando las semejanzas y las diferencias.

Se distinguen dos escenas.

  1. Encontramos un relato muy parecido al de semanas anteriores de Pascua: Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y les encarga la misión de anunciar el evangelio. En sus palabras destaca la universalidad de sus anuncios y la mención de los signos que acompañarán a los que crean en él. Algunos pueden resultar un tanto extraños para nuestra mentalidad moderna. Necesitaríamos actualizarlos teniendo en cuenta que hace referencia a experiencias de los primeros cristianos, expresadas con fórmulas y símbolos de la mentalidad de entonces. Todos ellos son, en definitiva, signos de vida y liberación, que nos recuerdan la coherencia que debe existir entre lo que se anuncia y lo que se practica.
  2. Se refiere a la Ascensión de Jesús con un esquema espacial (abajo – arriba). Pero, Jesús Resucitado no ocupa ya un lugar físico ni se encuentra en ninguna de las dimensiones que nosotros conocemos. Lo importante es que vive la misma vida de Dios y eso es lo que el evangelista trata de decir.
    • Con todo, la descripción de este misterio no es lo importante, sino el hecho de que los discípulos cumplieran el encargo misionero de Jesús.
    • La Ascensión no significa que Jesús se desentienda de la tarea encomendada. El evangelio señala que los cristianos contamos con la asistencia del Resucitado.
    • La Ascensión en Marcos tiene un fuerte acento misionero. Por eso, debemos preguntarnos cómo nos afecta a nosotros y a qué nos compromete.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

Esta fiesta es, ante todo, motivo de esperanza, lo que ya es verdad para Cristo, Cabeza de la Iglesia, se cumplirá también un día en nosotros, miembros de su Cuerpo. Pero mientras, no podemos quedarnos como los apóstoles, “mirando al cielo”. Nos espera un mundo que aguarda la Buena Noticia, y nosotros, cada uno a su manera, estamos llamados a tomar el relevo, sabiendo que no estamos solos en esta tarea. El Señor, por medio de su Espíritu, coopera con nosotros.

  1. “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

¿En qué medida te sientes comprometido por este mandato misionero?

¿Cómo tratas de vivirlo en tu vida cotidiana, personal y comunitariamente?

  1. “A los que crean, les acompañarán estos signos”.

¿Cómo traducirías en categorías actuales las señales que aparecen en el evangelio?

¿Qué signos de liberación está esperando nuestro mundo de los creyentes?

La historia de la humanidad no se contaría a partir de la fundación de Roma, sino del nacimiento de Augusto porque había sido “Buena Noticia” (euangelion) para todos, había traído la paz al mundo y un orden nuevo.

Los cristianos empezaron a proclamar que la “Buena Noticia no era Augusto sino Jesús” por eso Marcos tituló así su evangelio: “Buena Noticia de Jesús, el Mesías, Hijo de Dios” y por eso en el evangelio, el mandato final del resucitado es éste: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

Buena Noticia” es algo que, en medio de tantas experiencias malas, trae a la vida de la gente una esperanza nueva. Las “buenas noticias” aportan luz, despiertan la alegría, dan un sentido nuevo a todo, animan a vivir de manera más abierta y fraterna. Todo esto y más es Jesús, pero ¿cómo proclamarlo hoy como Buena Noticia? Podemos explicar doctrinas sublimes acerca de Jesús, pero eso no basta aun siendo verdad. Debemos hacer que la gente pueda experimentar a Jesús como algo “nuevo” y “bueno” en su propia vida. La gente sentía a Jesús como “Buena Noticia” porque todo lo que él decía les hacía bien: les quitaba el miedo a Dios, les hacía sentir su misericordia, les ayudaba a vivir comprendidos y perdonados. En su manera de ser era bueno para todos: era compasivo y cercano, acogía a los más olvidados, abrazaba a los más pequeños, bendecía a los enfermos, se fijaba en los últimos. Toda su actuación introducía en la vida de las personas algo bueno: salud, perdón, verdad, fuerza interior, esperanza. ¡Era una suerte encontrarse con él!

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIV

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Esto dice el Señor:

«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén!

Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.

Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos.

Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país».

Salmo 144, 1bc-2. 8-9. 10-11. 13cd-14

R./ Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R./

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R./

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R./

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:

Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

COMENTARIO

El mundo exalta al rico y poderoso, no importa con qué medios, y a veces pisando a la persona humana y su dignidad. Y esto lo vemos todos los días, los pobres pisados. Y es un mensaje para la Iglesia, llamada a vivir las obras de misericordia y a evangelizar a los pobres, a ser mansos, humildes. Así el Señor quiere que sea su Iglesia, es decir nosotros. (Papa Francisco, 05-07-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

La primera lectura, Zacarías 9, 9-10 es la descripción de la restauración del reinado de Dios, que se inicia con la vuelta del rey victorioso. La alegría y el júbilo -tradicionales en la vuelta del rey- se funden con la satisfacción más plena: ¡qué felicidad, qué hermosura! (Zac 9,9.17). La entrada triunfal del rey, justo y victorioso, es, sin embargo, humilde y pacífica (así lo indica la alusión a la cabalgadura: un asno, el joven borriquillo en el que monta). Dominará sobre Israel (Efraín) y Judá reunidos, y su territorio abarcará los límites prometidos en los salmos reales (Sal 72,7). En todo su territorio reinará la paz (anunciada en un doble momento: quebrar el arco/proclamación pública).

La lectura de San Pablo a los Romanos tiene como hilo conductor una de las más conocidas antítesis paulinas: espíritu-carne (véase Gal 3,3; 5,16-26; Flp 3,3). ¿Cómo debemos entender la relación de oposición entre estos dos elementos? Parece claro que no en el sentido de la filosofía platónica griega que distinguía entre espíritu, principio inmaterial del hombre, y cuerpo, realidad material del ser humano. La antítesis paulina tiene más bien un carácter dinámico y existencial. Es decir, con el término carne designa Pablo todo lo que hay en el hombre de pecaminoso, de oposición a Dios; en clave de equivalencia dinámica puede traducirse empleando la expresión apetitos desordenados. Y con el término espíritu, designa todo lo que hay en el hombre de apertura a lo divino, incluso -como la mayoría de las veces en nuestro pasaje- el mismo ser divino en cuanto norma de comportamiento cristiano, fuerza impulsora de toda acción apostólica y principio inspirador de todo lo bueno (véase Rom 15,19; 1 Cor 12,3; 14,2; 1 Tes 1,5). En este sentido espíritu -o Espíritu- y carne se encuentran en una oposición irreductible aunque no física, sino moral.

Debe advertirse, sin embargo, que tanto espíritu como sobre todo carne tienen también a veces un significado un tanto distinto que se explica desde la antropología del Antiguo Testamento. Carne suele indicar lo que el hombre tiene de pequeño y de perecedero en comparación con Dios (Gal 1,16; 1 Cor 15,50; Ef 6,12), y espíritu todo aquello que hace del hombre una realidad transcendente, más allá de la simple materia, partícipe en algún modo del mismo ser divino (Rom 8,10; 1 Cor 2,11; 5,3-5; Gal 6,8; Col 2,5).

En el Evangelio, Mateo ha reunido aquí tres dichos de Jesús que probablemente tuvieron un origen independiente. Su intención al reunir estas tres sentencias se explica cuando las leemos en el contexto de la pregunta acerca de Jesús (Mt 11,3) y de las reacciones de sus contemporáneos (Mt 11,19.20-24; 12,38-45). En este contexto de rechazo e incredulidad sólo los pequeños son capaces de acoger la revelación del Padre (Mt 11,25), manifestada en las acciones y palabras de Jesús.

La primera palabra (Mt 10,25-26) es una oración de alabanza, que lleva el sello de la oración de Jesús. La introducción es breve y se dirige al Padre como señor del cielo y de la tierra. El hecho de que Jesús llamara a Dios Padre (Abba) refleja la confianza y la cercanía que tenía con él. Los primeros cristianos conservaron esta palabra (Mc 14,36; Gal 4,6-7; Rom 8,15), que se encuentra detrás de casi todas las oraciones de Jesús (Mc 14,36 y par.; Jn 12,27-28; Lc 23,34; Lc 23,46; Jn 17). Los sabios y entendidos son, en el contexto de este evangelio, los maestros de la ley y los fariseos, que conocen la ley de Moisés, pero han rechazado a Jesús; en cambio los sencillos han sabido recibir la revelación de Jesús y le han acogido.

La segunda palabra de Jesús (Mt 11,27) está relacionada con la anterior y trata de explicar en qué consiste la revelación a los sencillos. El Padre conoce al Hijo en profundidad y lo manifiesta en dos momentos culminantes de su vida, en los que a través de la voz celeste revela su condición de Hijo único y amado: el bautismo (Mt 3,17) y la transfiguración (Mt 17,5). Por su parte, el Hijo es el único que conoce verdaderamente al Padre y el único que puede revelarle a través de sus gestos y palabras. Esta revelación que el Hijo hace del Padre es la que el Padre ha manifestado a los sencillos.

La tercera palabra de Jesús (Mt 11,28-30) es muy parecida a la invitación a hacerse discípulos de la sabiduría, que leemos en los libros sapienciales: venid a mí (Eclo 24,19; 51,23); tomad mi yugo (Eclo 6,24-25; 51,26); encontraréis descanso (Eclo 6,28). Entre los fariseos del tiempo de Jesús se hablaba de tomar el yugo de la ley para referirse a la decisión de tomar la ley como norma de vida. Este yugo se había convertido en un pesado fardo para el pueblo (Mt 23,4). Por eso Jesús invita a los sencillos a que se hagan discípulos suyos, siguiendo sus pasos en obediencia filial a la voluntad del Padre.

La aceptación y el rechazo de Jesús seguían siendo un hecho en tiempos del evangelista, el cual, a través de este párrafo dirige una invitación a los cristianos de su época para que acojan con sencillez a Jesús, y vivan siempre unidos a él, teniéndole como modelo y maestro.

ACTUALIZAMOS

  1. “Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”:

¿Aceptas tu pequeñez para abrirte a Dios?

  1. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”:

Cuando estás cansado y agobiado, ¿pones todo en las manos de Dios?

  1. “Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”:

Cuando descansas y confías en Dios, ¿llevas mejor las dificultades de la vida?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIII

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.

Ella dijo a su marido: «Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo: «¿Qué podemos hacer por ella?»

Respondió Guejazí, su criado: «Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19

R./ Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R./

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R./

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos:

Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mí discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

COMENTARIO

El verdadero amor a Jesús requiere verdadero amor a los padres, a los hijos, pero si primero buscamos el interés familiar, esto siempre nos lleva por el camino equivocado. (Papa Francisco, 28-06-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En el segundo libro de los Reyes la historia de la sunamita tiene dos partes bien diferenciadas: la hospitalidad de la mujer hacia el profeta, recompensada por éste con el anuncio del nacimiento de un hijo (2 Re 4,8-17) y la repentina enfermedad y muerte del hijo que exigirá una ulterior intervención de Eliseo para devolverlo vivo a su madre (2 Re 8-18-37).

La primera parte (2 Re 4,8-17) nos presenta a un Eliseo itinerante. En sus ideas y venidas al Carmelo pasa por Sunem, donde una mujer hacendada le ofrece su generosa hospitalidad, hasta el punto de ponerle una habitación amueblada (2 Re 4,8-10). En respuesta a la generosidad de la mujer, Eliseo le anuncia el nacimiento de un hijo en el plazo de un año. La promesa tiene un valor especial, dada la casi imposibilidad de tener hijos que pesa sobre el matrimonio, a causa de la vejez del marido (2 Re 4,14-16). El relato ofrece paralelos notables con Gn 18,1-15 (temas de la hospitalidad, esterilidad por edad avanzada y promesa del hijo) y con otros casos de concepción y nacimiento en circunstancias aparentemente imposibles (véanse Jue 13 y 1 Sm 1). La escueta noticia del cumplimiento de la palabra de Eliseo (2 Re 4,17) cierra esta primera parte.

En la lectura de San Pablo a los Romanos: La relación entre la nueva vida y el bautismo, entre el bautismo del cristiano y la pascua (muerte-resurrección) de Cristo, era, sin duda, algo de dominio común en la primera comunidad cristiana. Pablo se hace eco de ello. Por lo demás, no dice que el pecado esté muerto, sino que los bautizados están muertos al pecado. Si es verdad que hemos resucitado con Cristo a una vida nueva no tendría por qué volver a dominarnos el pecado, pero desgraciadamente puede volver a dominarnos. Habrá que estar en guardia, vigilantes, preparados.  

En el Evangelio de San Mateo:

En el contexto del discurso de misión Mateo ha incluido estos dos grupos de sentencias que proceden de la Fuente de dichos.

vv. 37-39: En Lucas, romper con la familia y tomar la cruz se relaciona con el discipulado (véase Mt 8,22 y Lc 9,59-62), mientras que en Mateo tiene una motivación más cristológica, manifestada en el triple estribillo: no es digno de mí. En Mt 10,37 se plantea la alternativa de tener que elegir entre Jesús y la propia familia. Se trata de una alternativa muy dolorosa y arriesgada, pues entonces la familia era el grupo social que daba sentido a la vida de los individuos, y por tanto la ruptura con ella suponía un desarraigo social casi completo (véase Mt 8-18-20). Viene a continuación la exigencia de romper con las propias seguridades (Mt 10-38), simbolizada en la actitud de tomar la cruz y seguir a Jesús. Esta expresión refleja una profunda comprensión del seguimiento como un camino de unión con Jesús, que lleva incluso a participar en su entrega pascual. Finalmente, la tercera exhortación propone un cambio en la escala de valores de los discípulos. Buscar la vida era el ideal de los sabios del Antiguo Testamento, pero Jesús invita a cambiar esta sabiduría por otra más profunda, que consiste en imitar su entrega y alcanzar así una vida en plenitud. 

vv. 40-42: Las palabras con que concluye el discurso de misión se refieren a la recompensa que espera a quienes acojan a los mensajeros del evangelio. Es la otra cara de la moneda, que contrasta con el rechazo de que se habla en los versículos anteriores.

Mateo habla aquí de cuatro grupos de personas: los apóstoles (vosotros), los profetas, los justos y los pequeños. A través de ellos podemos descubrir qué tipo de personas componían su comunidad. Los apóstoles eran, ante todo los mensajeros del evangelio, que continuaban la misión de Jesús. Mateo ve en ellos no sólo a los enviados del Señor, sino también a sus representantes, pues sólo de ellos se dice quien os recibe a vosotros a mí me recibe. Según un conocido proverbio rabínico, «el enviado de un hombre es como si fuera él mismo», por eso la acogida o rechazo de los apóstoles es, en realidad, acogida o rechazo del mismo Jesús. Los profetas ejercían un ministerio itinerante, que consistía sobre todo en la predicación. Es posible que los justos designen genéricamente a los cristianos procedentes del judaísmo, que intentaban vivir en el seno de la Iglesia cristiana su fidelidad a la ley de Moisés (Mt 13,43.49; 25,37.46). El justo por excelencia es Jesús (Mt 27,4.19.24), pero también José es presentado como modelo de justo (Mt 1.19). Finalmente los pequeños podrían designar al grupo de los discípulos en proceso de maduración. Aún son débiles en la fe, y pueden escandalizarse con facilidad (Mt 18,6.10)

Estas palabras que cierran el discurso de misión aplican a todos los miembros de la comunidad cristiana lo dicho anteriormente a los apóstoles. Los enviados no son sólo los doce apóstoles, sino también los profetas, los justos y los pequeños que componen la iglesia de Mateo. La tarea de anunciar el evangelio pertenece a toda la comunidad.

ACTUALIZAMOS

  1. Cada uno de nosotros:

¿Jesús es el centro de tu vida?

¿Qué valores son más importantes para ti?

  1. En nuestra sociedad:

¿Cómo acogemos y recibimos a los demás?

LECTIO DIVINA – CICLO B – PASCUA DOMINGO VI

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio le salió al encuentro y, postrándose, le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciéndole:

«Levántate, que soy un hombre como tú».

Pedro tomó la palabra y dijo:

«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea».

Todavía estaba hablando Pedro, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios.

Entonces Pedro añadió:

«¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?».

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.

Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Salmo 97, 1bcde, 2-3ab. 3cd-4

R./ El Señor revela a las naciones su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R./

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R./

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».

COMENTARIO

Nos acercamos al corazón del mensaje de Jesús y a la motivación más profunda de toda su vida. Tanto el evangelio como la primera carta de Juan, con un enfoque de fondo plenamente coincidente, nos hablan del amor. Ambas lecturas concuerdan en destacar que el origen de todo amor se encuentra en el Padre y a través de Jesús se manifiesta a los creyentes que han de responder a este don gratuito amándose mutuamente. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos ayuda a profundizar aún más en ese misterio cuando afirma que el amor de Dios no conoce fronteras, y el salmo responsorial acaba de completar este cuadro al afirmar que el Señor es fiel y por eso no puede olvidarse de su misericordia hacia Israel. Nosotros que hemos sido privilegiados con esa experiencia, no deberíamos nunca dejar de ahondar en ella.

COMPRENDER EL TEXTO

A partir del v. 9 el simbolismo de la vid cede su lugar a la realidad del amor. Si la sección anterior (vv.1-8) acaba diciendo que «con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos», ahora Jesús retorna al amor con que el Padre lo ama, base de su propio amor a los hombres. La frase «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo» es mucho más que una comparación de semejanza. Jesús nos ama con el mismo amor con que el Padre lo ama. Hay un vínculo de identidad entre el amor del Padre al Hijo, el amor del Hijo a los discípulos y el amor de los discípulos entre ellos. El amor precedente de Dios implica la exhortación: «Permaneced en mi amor»; con un criterio de verificación: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor». Mantenerse en el amor de Jesús pertenece al orden de la comunión de voluntades, porque «vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (v. 15).

En el centro del discurso Jesús evoca su muerte como acto supremo de amor: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». ¿Por quién da la vida Jesús? ¿Sólo por sus amigos que responden con amor al amor que él les tiene? (porque amigo lo es sólo quien responde con amor al amor recibido).

¿O por sus amados, que lo son absolutamente todos? (es la otra posible traducción del original griego).

«La Iglesia enseña que Cristo murió por todos los hombres sin excepción: «No hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Jesucristo»» (CCE 605).

Con la garantía cierta de ser todo el mundo amado por Jesús, sigue ahora la invitación a pasar de amados a amigos: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando».

UNA ALEGRÍA DIFERENTE

Las primeras generaciones cristianas cuidaban mucho la alegría. Les parecía imposible vivir de otra manera. Las cartas de Pablo de Tarso que circulaban por las comunidades repetían una y otra vez la invitación a «estar alegres en el Señor». El evangelio de Juan pone en boca de Jesús estas palabras inolvidables: «Os he hablado… para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

¿Qué ha podido ocurrir para que la vida de los cristianos aparezca hoy ante muchos como algo triste, aburrido y penoso? ¿En qué hemos convertido la adhesión a Cristo resucitado? ¿Qué ha sido de esa alegría que Jesús contagiaba a sus seguidores? ¿Dónde está?

La alegría no es algo secundario en la vida de un cristiano. Es un rasgo característico. Una manera de estar en la vida: la única manera de seguir y de vivir a Jesús. Aunque nos parezca «normal», es realmente extraño «practicar» la religión cristiana sin experimentar que Cristo es fuente de alegría vital.

Esta alegría del creyente no es fruto de un temperamento optimista. No es el resultado de un bienestar tranquilo. No hay que confundirlo con una vida sin problemas o conflictos. Lo sabemos todos: un cristiano experimenta la dureza de la vida con la misma crudeza y la misma fragilidad que cualquier otro ser humano.

El secreto de esta alegría está en otra parte: más allá de esa alegría que uno experimenta cuando «las cosas le van bien». Pablo de Tarso dice que es una «alegría en el Señor», que se vive estando enraizado en Jesús. Juan dice más: es la misma alegría de Jesús dentro de nosotros.
La alegría cristiana nace de la unión íntima con Jesucristo. Por eso no se manifiesta de ordinario en la euforia o el optimismo a todo trance, sino que se esconde humildemente en el fondo del alma creyente. Es una alegría que está en la raíz misma de nuestra vida, sostenida por la fe en Jesús.
Esta alegría no se vive de espaldas al sufrimiento que hay en el mundo, pues es la alegría del mismo Jesús dentro de nosotros. Al contrario, se convierte en principio de acción contra la tristeza. Pocas cosas haremos más grandes y evangélicas que aliviar el sufrimiento de las personas y contagiar alegría realista y esperanza.

ACTUALIZAMOS

  1. “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”.

¿Qué sentimientos y qué convicciones de fe suscitan en ti estas palabras de Jesús?

  1. “Os améis unos a otros como yo os he amado”.

¿Hasta qué punto el mandamiento nuevo de Jesús inspira y motiva tu compromiso cristiano?

  1. “Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca”.

¿Qué frutos de amor te está pidiendo el Señor en estos momentos en cada uno de los lugares y ambientes donde vives y trabajas?

LECTIO DIVINA – CICLO B – PASCUA DOMINGO V

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera discípulo.

Entonces Bernabé, tomándolo consigo, lo presentó a los apóstoles y Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había actuado valientemente en el nombre de Jesús.

Saulo se quedó con ellos y se movía con libertad en Jerusalén, actuando valientemente en el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los helenistas, que se propusieron matarlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.

La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.

Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32

R./ El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre! R./

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R./

Mi descendencia lo servirá;
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.

Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

COMENTARIO

La liturgia de hoy presenta la Pascua como “paso”, como transformación de la existencia. Jesús pasa a una existencia transfigurada, gloriosa. A esto estamos llamados todos los que creemos en él. De esta nueva existencia hablan las lecturas de hoy. Pablo pasó de perseguidor a misionero; los cristianos pasamos de la esterilidad a la fecundidad permaneciendo en Jesús y dando así fruto de amor. El evangelio recoge esta idea con una hermosa alegoría: la de la viña y los sarmientos.

COMPRENDER EL TEXTO

Igual que la alegoría del buen pastor que leíamos el domingo pasado, la de la vid y los sarmientos está cargada de resonancias bíblicas. Con ella la comunidad joánica expresó la relación cercana y personal que debe establecerse entre Jesús Resucitado y el auténtico discípulo.

El discurso comprende dos partes centradas respectivamente al interior (vv. 1-17) y al exterior de la comunidad (vv. 15. 18-19). En la primera parte el elemento dominante es la interacción mutua del Hijo y sus discípulos, condición para el fruto que es necesario dar en abundancia. Es frecuente la referencia al Padre (vv. 1,8,9,10,15), a «permaneced en mí» (vv. 4,5,7,9,10), a «dar fruto» (vv. 2,4,5,8,16), a «amar» (vv. 9,10,12,13,17). Comienza con palabras simbólicas de Revelación: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador». La vid, con el olivo y la higuera, son característicos de la vegetación Palestina y símbolo del Pueblo Elegido. Oseas, en el capítulo 10, es el primer profeta que describe a Israel como «una viña frondosa, y que daba fruto». Evidentemente Juan 15 se inspira en la tradición bíblica sobre la viña. Israel con la historia de elección y alianza en la que «dar fruto» se repite constantemente como «hilo conductor».

En Juan, el «Yo soy…» de Jesús es fórmula de auto-revelación divina (el «pan de vida» 6,35; la «luz del mundo» 8,12; «la puerta» 10,7.9; «el buen pastor» 10,11; «el camino», 14,6). Jesús es la única «vid» que no defrauda al «Padre y labrador» con una fidelidad también posible a los que viven en él –como «sarmientos en la vid»–.

«Yo soy la verdadera vid» expresa lo que es Jesús como salvador para los hombres. Después el v. 5 distinguirá entre vid y sarmientos: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos», destacando la condición para que el sarmiento dé fruto: que permanezca en la vid («en mí»). El texto de hoy repite hasta siete veces la expresión «permanecer» en el sentido de adhesión fiel. Juan activa la trasposición de la colectividad de un Pueblo (Israel es la viña de Dios) a la individualidad de Jesús, en quien los cristianos son herederos de la Promesa divina (Gal 3,16).

La afirmación «Yo soy la verdadera vid» se complementa con otra afirmación: «Mi padre es el labrador», que evoca más claramente el lenguaje de los profetas. El peso de la afirmación recae en el calificativo «verdadera» que implica la noción de exclusividad: sólo Jesucristo es la «vid» que aporta fecundidad a los sarmientos, porque sólo él es la vid definitiva que el Padre como labrador ha cultivado y nos ha regalado.

La imagen es de una fuerza extraordinaria. Jesús es la «vid», los que creemos en él somos los «sarmientos». Toda la vitalidad de los cristianos nace de él. Si la savia de Jesús resucitado corre por nuestra vida, nos aporta alegría, luz, creatividad, coraje para vivir como vivía él. Si, por el contrario, no fluye en nosotros, somos sarmientos secos.

Éste es el verdadero problema de una Iglesia que celebra a Jesús resucitado como «vid» llena de vida, pero que está formada, en buena parte, por sarmientos muertos. ¿Para qué seguir distrayéndonos en tantas cosas, si la vida de Jesús no corre por nuestras comunidades y nuestros corazones?

Nuestra primera tarea hoy y siempre es «permanecer» en la vid, no vivir desconectados de Jesús, no quedarnos sin savia, no secarnos más. ¿Cómo se hace esto? El evangelio lo dice con claridad: hemos de esforzarnos para que sus «palabras» permanezcan en nosotros.

La vida cristiana no brota espontáneamente entre nosotros. El evangelio no siempre se puede deducir racionalmente. Es necesario meditar largas horas las palabras de Jesús. Sólo la familiaridad y afinidad con los evangelios nos hace ir aprendiendo poco a poco a vivir como él.

Este acercamiento frecuente a las páginas del evangelio nos va poniendo en sintonía con Jesús, nos contagia su amor al mundo, nos va apasionando con su proyecto, va infundiendo en nosotros su Espíritu. Casi sin darnos cuenta, nos vamos haciendo cristianos.

Esta meditación personal de las palabras de Jesús nos cambia más que todas las explicaciones, discursos y exhortaciones que nos llegan del exterior. Las personas cambiamos desde dentro. Tal vez, éste sea uno de los problemas más graves de nuestra religión: no cambiamos, porque sólo lo que pasa por nuestro corazón cambia nuestra vida; y, con frecuencia, por nuestro corazón no pasa la savia de Jesús.

ACTUALIZAMOS

La vida de la Iglesia se trasformaría si los creyentes tuviéramos como libro de cabecera los evangelios de Jesús.

  1. Para ser discípulo de Jesús no basta con estar informado sobre él, es necesario “permanecer” en él.

¿Qué facilidades y qué dificultades encuentras para estar unido a él?

¿Dónde se alimenta tu vida, de dónde recibo la savia que necesitas para ser un sarmiento injertado en Cristo?

  1. Una de las expresiones que más se repiten en este pasaje es “dar fruto”.

¿Qué frutos te sientes llamado a dar en este momento de tu vida?

  1. Este pasaje nos invita a vivir desde la hondura de nuestro ser cristiano, que es la unión con Cristo, y desde ahí dar fruto.

¿Cómo te anima a vivir desde la esperanza el saber que lo importante no es la cantidad de fruto sino la calidad?

LECTIO DIVINA – CICLO B – PASCUA DOMINGO IV “EL BUEN PASTOR”

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 8-12

En aquellos días, lleno de Espíritu Santo, Pedro dijo:

«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros.

Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29

R./ La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R./

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R./

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

COMENTARIO

En los domingos anteriores de este tiempo de Pascua, los evangelios han ofrecido las acciones (apariciones) del Resucitado para que sus discípulos le reconocieran. Con el domingo 4º las lecturas empiezan otra etapa, no lo que el resucitado hace para ser confesado y reconocido como vivo, sino lo que es. Y la primera afirmación es YO SOY EL BUEN PASTOR.

El pastor es una imagen que los contemporáneos de Jesús entendían muy bien; a nosotros nos cuesta más porque hemos pasado de una sociedad agrícola y ganadera a una sociedad industrial y de servicios. Pero nos será fácil acercarnos a lo que Jesús revela cuando se define como “Buen Pastor”.

En la tradición de Israel, Moisés, Saúl, David y otros líderes habían sido pastores. Al pueblo le agradaba imaginar a Dios como un «pastor» que cuida a su pueblo, lo alimenta y lo defiende.

Con el tiempo, el término «pastor» comenzó a utilizarse para designar también a los jefes del pueblo. Sólo que éstos no se parecían siempre a Dios, ni mucho menos. No sabían cuidar al pueblo y velar por las personas como lo hacía él.

COMPRENDER EL TEXTO

Todos recordaban las duras críticas del profeta Ezequiel a los dirigentes de su tiempo: «¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar las ovejas? Os coméis las partes mejores, os vestís con su lana; matáis las más gordas, pero no apacentáis el rebaño. No habéis robustecido a las débiles, ni curado a la enferma, ni vendado a la herida; no habéis recogido a la descarriada, ni buscado a la que se había perdido, sino que con fuerza y violencia las habéis dominado». El profeta anunciaba un porvenir diferente: «Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar».

Cuando en las primeras comunidades cristianas comenzaron los conflictos y disensiones, los seguidores de Jesús sintieron la necesidad de recordar que sólo él es Pastor Bueno, bella alegoría para presentarlo como el pastor modelo, capaz de desenmascarar a todos aquellos que no son como él.

Jesús había actuado solo por amor. Todos recordaban todavía su entrega a las «ovejas perdidas de Israel»: las más débiles, las más enfermas y heridas, las más descarriadas. El pastor bueno siempre trata a las ovejas con cuidado y amor. El pastor que se preocupa de sus propios intereses es un «asalariado». En realidad, «no le importan las ovejas» ni su sufrimiento. En el enfrentamiento con los dirigentes judíos a los que interpela y condena con dureza les dice: pastores ciegos –enfrentamiento de Jesús y los fariseos por la curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1-10.21)-, que no saben conducir al pueblo ni servirle, que cargan pesados fardos-leyes sobre ellos, que amontonan normas pero que no saben amar.

Jesús no había actuado como un jefe dedicado a dirigir, gobernar o controlar. Lo suyo había sido «dar vida», curar, perdonar. No había hecho sino «entregarse», desvivirse, terminar crucificado dando la vida por las ovejas. El que no es verdadero pastor piensa en sí mismo, «abandona las ovejas», evita los problemas, «huye».

La alegoría del «buen pastor» arroja una luz decisiva: quien tenga alguna responsabilidad pastoral ha de parecerse a Jesús. En este pasaje bíblico al buen pastor se le conoce por tres comportamientos complementarios:

  1. Dar la vida: la prueba de la bondad del pastor, desde la perspectiva de Jesús, consiste en dar la vida. Quien da la vida por los otros no engaña, no se aprovecha del otro, no es asalariado. Dar la vida es querer hasta el extremo, gastar la existencia por los otros. El buen pastor guía y sirve porque está dispuesto a entregar la vida. También significa que les hace partícipes de la vida de Dios aquí y ahora, vida sobrenatural
  2. Conocer a las ovejas: la entrega es posible porque se acompaña de un conocimiento que lleva a amar y de un amor que lleva a conocer profundamente. “Solo se ama lo que se conoce”. El amor del Buen Pastor no es “en general”; entabla una relación individual, un trato diferenciado y personal. La relación del Resucitado llega a la singularidad con el individuo. Es de trato cercano, de convivencia, de comprensión. “Conocer” en la Biblia alude a una íntima comunión entre las personas, profunda y personal, de un amor recíproco como el que existe entre Jesús y el Padre.
  3. Reconocer que hay ovejas que están en otros rediles: el Buen Pastor sabe que hay otros que no le siguen, que han salido del redil o que no han llegado a entrar. “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil”. La postura ante ellas no es de crítica ni de abandono a su suerte; es el pastor el que las tiene que “traer” y “atraer”. Hay un inmenso respeto y una confiada espera. Nada se hace a la fuerza, nada se hace por presión.

El Nuevo Testamento presenta a Jesús como único y verdadero Pastor. Es una de las representaciones de Jesús más antiguas en las catacumbas (hasta el siglo V no se representa la cruz).

  • Jesús compara la actitud del buen pastor con la del pastor asalariado. Jesús se compara a sí mismo con los fariseos, que en vez de servir al pueblo se han servido de él, lo han abandonado a su propia suerte y han mirado solo por su interés.
  • La meditación sobre Jesús como Buen Pastor nos invita, en primer lugar, al agradecimiento. Gracias a su entrega por nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene.
  • El papa, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, agentes de pastoral… estamos llamados a reproducir en medio de la comunidad la imagen de Cristo Buen Pastor.

ACTUALIZAMOS

  1. “Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen”.

¿ Qué sentimientos y actitudes provocan en ti el saberte conocido y amado por el Señor?

  1. El buen pastor da la vida por las ovejas.

¿A que estilo de compromiso deberían conducirnos estas palabras de Jesús?

¿En qué ocasiones deberíamos ser buen pastor para quienes nos rodean?

  1. Jesús nos dice: “Yo soy el Buen Pastor”.

¿Me siento salvado, pastoreado por Jesús, Buen Pastor?

LECTIO DIVINA – CICLO B – PASCUA DOMINGO III

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19

En aquellos días, Pedro dijo al pueblo:

«El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.

Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados».

Salmo 4, 2. 4. 7. 9

R./ Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro.

Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración. R./

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque. R./

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» R./

En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 1-5a

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis.

Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.

Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.

Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.

Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y les dijo:

«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

COMENTARIO

Las lecturas de hoy hacen hincapié en los mismos contenidos que la semana pasada.

En todas hay un estrecho vínculo entre experiencia pascual y dar testimonio de ella. Sobre todo en Hechos y el Evangelio.

La primera de Juan nos dice que ese testimonio es fruto del verdadero conocimiento de Dios y ha de traducirse en el cumplimiento de sus mandamientos.

Nosotros hoy nos debemos preguntar si nuestra fe nos empuja a ser testigos del Señor en medio de este mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje de S. Lucas se encuentra a continuación del encuentro de Jesús resucitado con los discípulos de Emaús, imprescindible para comprender el pasaje de hoy, que aclara y complementa al de Emaús. Así lo recuerda el primer versículo. Ayuda leer seguidos los dos relatos (Lc 24, 13-48) puesto que el primero prepara el segundo y el segundo aclara detalles que apenas se explican en el primero. De esa forma podremos observar las relaciones que hay entre ellos y los elementos que tienen en común (no reconocen a Jesús, la comida, se les abren los ojos para comprender las Escrituras).

Este relato de aparición de Jesús a sus discípulos tiene bastantes semejanzas no sólo con el episodio de Emaús que le precede inmediatamente, sino también con el que leímos el domingo pasado en el evangelio de Juan.

Primera parte de la escena: (24, 36-43) centrada en el reconocimiento de Jesús, que choca con ciertas dificultades. A pesar de que ya se había aparecido a alguno de ellos, todavía les cuesta reconocerlo. Su actitud recuerda a la del incrédulo Tomás. Esta situación se desbloquea gracias a las iniciativas del resucitado. A pesar de que la Presencia del Resucitado no puede entenderse en un sentido físico, el evangelista quiere resaltar que se trata del mismo Jesús que ellos conocieron y trataron. Su presencia es nueva y diferente (por eso no lo reconocen al principio) pero es real. No es un fantasma.

Segunda escena: (24, 44-48) Jesús les ofrece una explicación de su pasión a partir de la interpretación de la Escritura. De este modo les proporciona las claves para entender que la muerte de Mesías y la resurrección son acontecimientos previstos misteriosamente en el proyecto de Dios. Y esa es la Buena Noticia que ellos, sus testigos, tendrán que anunciary se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Esto mismo se dice en Hch 1,8 donde se describe también el programa evangelizador que el Señor propone a su Iglesia.

El versículo 49, no incluido en el texto litúrgico, dice que el Señor enviará la Promesa de su Padre, y que se queden en la ciudad hasta que sean revestidos de poder desde lo alto.

ACTUALIZAMOS

Reconocer al Resucitado en nuestras vidas no siempre es tan fácil ni inmediato. A veces necesitamos de un largo proceso, en el que vamos captando y entendiendo poco a poco los signos de su presencia entre nosotros. El evangelio de hoy nos muestra, además, que este encuentro no es un privilegio para nuestro disfrute personal, sino el inicio de una misión, de un testimonio acerca de él y de su proyecto reconciliador ante todo tipo de personas y en todas las circunstancias.

  1. Fe: Creer en el Resucitado implica saber reconocer los signos de su presencia hoy, aquí, entre nosotros.

¿Dónde y cómo reconoces tú esos signos en tu vida y en los acontecimientos de cada día?

  1. Caridad: las apariciones del Resucitado siempre van ligadas al envío misionero.

¿Hasta qué punto los creyentes vivimos esta relación entre fe pascual y la necesidad de dar testimonio de lo que hemos experimentado?

En su nombre se anunciará… la conversión y el perdón de los pecados. ¿Cómo traducir hoy esta misión reconciliadora que nace de la Pascua?

  1. Esperanza: El Resucitado no es un fantasma, sino alguien vivo y presente en nuestras vidas.

¿Hasta qué punto estamos convencidos de ello? ¿De qué fantasmas deberíamos liberarnos para vivir a fondo el mensaje de la Pascua?

No estamos solos en la tarea de construir el Reino. Contamos con la fuerza de Dios, con su Espíritu. ¿Sientes esa presencia? ¿De qué modo te anima a seguir adelante?

El Señor está en medio de nosotros y nos comunica su paz. Eso nos libera de nuestros fantasmas y de nuestros miedos. Por eso oramos con confianza sabiendo que su Espíritu nos fortalece para dar testimonio.

Se apareció cuando partió el pan a los dos que lo habían acogido por el camino como huésped, pensando que era un extraño. Y se nos presenta también a nosotros cuando voluntariamente damos parte de todo lo que tenemos a los pobres y peregrinos, cuando partimos el pan y nos alimentamos del sacramento de su Cuerpo.