LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIII

Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no ha hecho la muerte, ni se complace destruyendo a los vivos.

Él todo lo creó para que subsistiera y las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo reina en la tierra.

Porque la justicia es inmortal.

Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo a imagen de su propio ser; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los de su bando.

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b

R./ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R./

Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos:

Lo mismo que sobresalís en todo -en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado-, sobresalid también en esta obra de caridad.

Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza.

Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En este momento, vuestra abundancia remedia su carencia, para que la abundancia de ellos remedie vuestra carencia; así habrá igualdad.

Como está escrito:

«Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:

«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando:

«Con solo tocarle el manto curaré».

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba:

«¿Quién me ha tocado el manto?».

Los discípulos le contestaban:

«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».

Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.

Él le dice:

«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

«No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:

«¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:

«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

COMENTARIO

Lo que se desprende de las lecturas de este domingo es que Dios es amigo de la vida. Es el Dios de la inmortalidad, el Dios que llama a compartir fe y bienes materiales, y el Dios que se ha mostrado Señor de la vida en Jesucristo. Acogerle puede colmar de fecundidad nuestra existencia.

COMPRENDER EL TEXTO

El evangelio según san Marcos presenta, entrelazados, dos episodios: la curación de una mujer con pérdidas de sangre, vv. 25-34, y el retorno a la vida de la hija de Jairo, vv. 22-24. 35-43. De entre «la mucha gente que lo apretujaba», «había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años… y se había gastado en eso toda su fortuna; pero… se había puesto peor». Lo más grave es el trasfondo del Antiguo Testamento: «Cuando una mujer tenga flujo de sangre durante muchos días, fuera del tiempo de sus reglas, o cuando sus reglas se prolonguen, quedará impura mientras dure su flujo, como en la menstruación. Toda cama en que se acueste mientras dura su flujo quedará impura como la cama de la menstruación, y cualquier mueble sobre el que se siente quedará impuro como durante la menstruación. Quien los toque quedará impuro y lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde» (Lv 15,25ss). ¡Quién tocase aquella mujer quedaba impuro!

Pero resulta que la gente lo apretujaba. Todos estaban en contacto con aquella mujer impura.

La curación queda confirmada a un doble nivel: «notó que su cuerpo estaba curado»; Jesús notó que «había salido fuerza de él». En el saludo de despedida Jesús destaca: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad». Jairo recibe consejos diferentes.

Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». Jesús le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». Jairo hace caso a Jesús.

Las narraciones del Antiguo Testamento de retorno a la vida son un buen punto de referencia para el episodio de la hija de Jairo. Más allá de la materialidad del lenguaje es preciso distinguir entre «retorno a la vida mortal de antes» (como en el hijo de la viuda de Sarepta, en la hija de Jairo, en el hijo de la viuda de Naín, en Lázaro) y «resurrección a una vida nueva».

En la Biblia la invitación «No temas» precede a teofanías (manifestaciones de Dios).

La divinidad de Jesús sigue siendo el tema de fondo del evangelio, al igual que el domingo 12º en que se ve a Jesús que dominaba las fuerzas cósmicas: el viento y el mar. Hoy es la enfermedad y la muerte las que aparecen bajo su señorío.

Los dos milagros que ocupan el evangelio de hoy manifiestan la fe de sus protagonistas. Tanto Jairo como la mujer que sufría flujos de sangre están convencidos de que Jesús puede solucionar sus males: la muerte de su hija, el primero; su enfermedad, la segunda. Tienen fe en Jesús. El mismo Cristo alabará la fe de la mujer: «Hija, tu fe te ha salvado». Y a Jairo le pide que tenga fe: «No temas; basta que tengas fe». Ambos miran, por tanto, a Jesús más allá de su aspecto humano-terrenal. Ven en él al Hijo de Dios.

ACTUALIZAMOS

También nosotros podríamos examinar nuestra fe. Vivimos en un tiempo científico-técnico donde sólo lo demostrable y empírico es valorado. En cambio, la fe se mueve en otro horizonte: creer en otro, confiar en su palabra… Dejando de lado nuestras seguridades, nos ponemos en las manos de otro. Antiguamente oíamos hablar de la providencia divina, los fieles confiaban en la preocupación paternal de Dios por ellos. Ahora en cambio deseamos tener todo bajo control y no nos creemos que Dios está continuamente pendiente de sus hijos. Alimentemos, pues, nuestra fe. Dejemos de lado nuestras ansias de dominio de las situaciones que vivimos y creamos con todas nuestras fuerzas en Jesús, el Hijo de Dios, que nos ofrece una vida en plenitud.

Jesús supera tanto la enfermedad como la muerte. La muerte fue vencida para siempre por su pasión y su cruz. Y con todos nosotros ha compartido su triunfo. La inmortalidad late desde entonces en nuestros corazones.

  1. La mujer con hemorragias contaba con una fe decidida y valiente; el jefe de la sinagoga tenía una fe probada en la tribulación. Los discípulos no alcanzan la hondura de la fe.

¿Con qué personaje me identifico?

¿A qué me invita cada uno de ellos?

  1. Jesús “contagia” su pureza, entrega vida y salud a dos “intocables” de su tiempo.

¿Quiénes son los “impuros”, los marginados, en nuestra sociedad?

¿Cómo podemos llevarles vida, dignidad, integración?

  1. Tanto la mujer con hemorragias como Jairo estaban atravesando momentos difíciles, pero supieron mantener la esperanza.

¿Cómo vivo la virtud de la esperanza en tiempos de crisis?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XII

Lectura del libro de Job 38,1. 8-11

El Señor habló a Job desde la tormenta:

«¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando escapaba impetuoso de su seno, cuando le puse nubes por mantillas y nubes tormentosas por pañales, cuando le establecí un límite poniendo puertas y cerrojos, y le dije: “Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas”?».

Salmo 106, 23-24. 25-26. 28-29. 30-31

R./ ¡Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia!

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano. R./

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
se sentían sin fuerzas en el peligro. R./

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar. R./

Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17

Hermanos:

Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.

Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.

De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.

Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vamos a la otra orilla»

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal.

Lo despertaron, diciéndole:

«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:

«¡Silencio, enmudece!»

El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo:

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».

Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:

«¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

COMENTARIO

El mar, poderoso y violento, inspiraba temor a los antiguos israelitas, quienes veían en él un enemigo de Dios. Pero Dios no tiene rival, su dominio sobre el mar era indiscutible, y así lo expresa el libro de Job. El evangelio de Marcos, desde la certeza de que Jesús es Dios, lo muestra calmando la tempestad que amenazaba las vidas y la fe de los discípulos. A quienes hemos subido a la barca de Jesús nos siguen amenazando tormentas, nos inunda el miedo y la falta de fe. Sin duda las lecturas de este domingo pueden ayudarnos a confiar en Cristo, a vivir desde él.

COMPRENDER EL TEXTO

Dice Marcos que a los discípulos se les ha concedido conocer los misterios del Reino (Mc 4,11), es decir, conocer a Jesús en quien se hace presente el Reino. Pero ello no les libra de la duda y oscuridad respecto al Maestro. De hecho, cuando les amenaza una tempestad en el lago de Galilea tienen miedo y dudan a pesar de que Jesús está con ellos en la barca.

Jesús toma la iniciativa de cruzar, con sus discípulos, el mar de Galilea. Quiere que la Buena Noticia llegue a territorio pagano, pero la difusión del Reino, del que hablaban las parábolas, se ve obstaculizada por el mal. En el pasaje de este domingo que adopta la forma literaria de relato de milagro, el mal está representado por una gran tempestad.

La experiencia de una tormenta en el mar de Galilea no sería ajena a los discípulos, muchos de ellos eran pescadores. Pero Marcos en su relato va más allá del simple fenómeno meteorológico. El evangelista recoge del Antiguo Testamento el tema de la tormenta para simbolizar las graves amenazas a que se ve expuesta la comunidad de discípulos en su tarea de difundir el Reinado de Dios. De esta manera, cuando las primeras comunidades reflexionan sobre este pasaje, recordaban las dificultades con que se encontraban en su vida como cristianos y en su tarea misionera.

Además, este relato les recordaba dos cosas que Marcos quiere dejar muy claras en su evangelio: quién es Jesús y cuáles son las características del verdadero discípulo.

El Antiguo Testamento relata con frecuencia el poder de Dios sobre la tormenta y el mar, y cómo rescata a su pueblo de situaciones de apuro (ejemplo el salmo responsorial de hoy). Ese poder atribuido a Dios en el Antiguo Testamento se aplica ahora a Jesús, que obra como lo hizo Dios, lo que muestra su divinidad. El descanso que parecía mantenerle ajeno al miedo de los discípulos es, en realidad, expresión de su soberanía, seguridad y dominio. Sin embargo los discípulos no reconocen a ese Jesús y se sienten desamparados.

Seguir a Jesús supone afrontar una existencia llena de adversidades, de tormentas, y a veces el miedo es más fuerte que la confianza. Jesús calma el mar con su palabra y después reprocha a sus discípulos su falta de fe. Sin duda este reproche sería un toque de atención para la comunidad de Marcos: cualquier embate se puede resistir si Jesús está en la barca. Lo importante será mirarle a él, fiarse de él. Por tanto, la fe del discípulo debe ser fuerte y serena, incluso cuando aparece la tempestad y Dios parece guardar silencio.

La pregunta que cierra este pasaje: “¿Quién es éste?” no sólo se la hicieron los contemporáneos de Jesús, también nosotros. Marcos nos invita hoy, desde las tormentas de nuestra vida, a responderla.

MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS

Este relato de la tempestad calmada ha puesto ante nuestros ojos quién es Jesús y nos ha mostrado que la fe en él debe ser una de las características del discípulo. Pero a los seguidores de Jesús, a los embarcados con él en la travesía de ser cristianos, nos siguen azotando las olas y continuamos teniendo miedo. Quizá este pasaje puede ayudarnos a confiar en aquel que llevará la barca a buen puerto.

  1. Fe: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”

¿Qué sentimientos y qué convicciones de fe ha suscitado en ti este pasaje?

¿Qué tempestades azotan mi vida en estos momentos?

¿Y la vida de nuestra comunidad cristiana?

¿Cómo reacciono ante ellas?

¿Soy consciente de la presencia de Jesús?

  1. Caridad: Cuando las tormentas agitan la vida de nuestra comunidad cristiana.

¿Cómo nos implicamos?

¿Encontramos alguna invitación al compromiso desde este pasaje?

  1. Esperanza: Si Jesús sostuvo a sus discípulos en medio de la tempestad.

¿Qué puedo esperar para mi vida?

¿Qué podemos esperar como comunidad cristiana y como Iglesia?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XI

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Esto dice el Señor Dios:

«También yo había escogido una rama de la cima del alto cedro y la había plantado; de las más altas y jóvenes ramas arrancaré una tierna y la plantaré en la cumbre de un monte elevado; la plantaré en una montaña alta de Israel, echará brotes y dará fruto.

Se hará un cedro magnífico.

Aves de todas clases anidarán en él, anidarán al abrigo de sus ramas.

Y reconocerán todos los árboles del campo que yo soy el Señor, que humillo al árbol elevado y exalto al humilde, hago secarse el árbol verde y florecer el árbol seco.

Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré».

Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16

R./ Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo;
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R./

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R./

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
mi Roca, en quien no existe la maldad. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos:

Siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor, caminamos en fe y no en visión.

Pero estamos de buen ánimo y preferimos ser desterrados del cuerpo y vivir junto al Señor.

Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo.

Porque todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir cada cual por lo que haya hecho mientras tenía este cuerpo, sea el bien o el mal.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también:

«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo nos hablan por medio de alegorías y comparaciones. Ezequiel anuncia la restauración de la monarquía de David a los deportados en Babilonia, comparándola con un esqueje de cedro que el Señor plantará en Jerusalén. Jesús habla del Reino de Dios mediante dos breves parábolas, asemejándolo a una semilla que crece por si sola y a un pequeño grano de mostaza que se desarrolla hasta convertirse en un frondoso arbusto. Y por si nos parece que el Reino no avanza al ritmo esperado, Pablo nos recuerda la importancia de caminar en la fe, aunque todavía no veamos lo que esperamos.

COMPRENDER EL TEXTO

Desde el comienzo del evangelio queda claro que Jesús quiere anunciar la Buena Noticia, pero hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de escuchar el contenido concreto de su mensaje. De hecho, el evangelio de Marcos no abunda en discursos y nos presenta a un Jesús que actúa más que predica. Hoy descubriremos que su enseñanza sobre el Reino de Dios no está hecha a base de conceptos abstractos o definiciones de diccionario, sino de parábolas pensadas para hacer reflexionar y provocar una opción vital en quienes las escuchaban.

Las parábolas de Jesús hablan del Reino. Pretenden revelarnos el modo en que Dios actúa, “reina” en medio de nuestra realidad para transformarla. Suelen ser relatos breves, a veces simples comparaciones, claros y creíbles, muchas veces inspirados en la vida ordinaria de aquellos que escuchaban el mensaje. En el fondo de cada una de ellas hay una metáfora, puesto que se cotejan dos realidades entre las cuales existe algún tipo de semejanza: la de la parábola y la del Reino. Necesitan, por tanto, una interpretación que nos ayude a descubrir su verdadero sentido.

Las dos parábolas de hoy están inspiradas en imágenes agrícolas y reflejan los conocimientos de la época. La primera se fija en el proceso que va desde la siembra hasta la siega, descargando la fuerza de vida que se encierra en el interior de la semilla. Gracias a ella puede germinar y crecer por sí sola, sin que el sembrador pueda hacer nada para controlar ese proceso, que se realiza “sin que él sepa cómo”. A la hora de la siega recogerá una cosecha cuya abundancia sobrepasará en mucho los esfuerzos que a él le ha costado conseguirla. La segunda parábola subraya el resultado final del proceso de crecimiento poniendo de relieve el contraste entre la pequeñez de la semilla y la frondosidad del arbusto que se ha desarrollado a partir de ella.

El mensaje de la primera parábola es que el crecimiento del Reino depende mucho más de la iniciativa de Dios que de los esfuerzos humanos. Eso no significa que la persona pueda desentenderse del todo, pero no le toca controlar el proceso mediante el cual el Reino avanza. Su tarea es sembrar y segar, pero sólo Dios hace madurar los frutos y asegura la cosecha. La segunda parábola afirma que, en contra de lo que esperaban muchos contemporáneos de Jesús, el Reino no se hace presente de modo espectacular ni grandioso. Un día se hará realidad plenamente, pero mientras tanto, Dios ya está actuando en este mundo a través de hechos aparentemente sencillos e irrelevantes.

En principio las parábolas están pensadas para facilitar la comprensión del mensaje, puesto que tratan de acomodarse a la capacidad de entender del auditorio. Pero sólo pueden ser comprendidas de verdad por quienes se deciden a seguir a Jesús. De ahí que los discípulos reciban una instrucción particular sobre su sentido más profundo. En cambio, para quienes se cierran a la Buena Noticia del Reino, resulta incomprensible (Mc 4, 10-12). Ante las parábolas hay que decidirse. Son historias inacabadas, interrogantes en espera de una respuesta que cada uno de nosotros está llamado a dar con sus opciones de vida y su compromiso personal.

ACTUALIZAMOS

Las parábolas de Jesús no son meros cuentos infantiles, ni un modo más o menos agradable de entretener al público. En ellas se encierra “el misterio del Reino”, puesto que nos revelan el modo de ser de Dios y su manera de actuar en medio de nuestra realidad. Por eso no podemos quedar indiferentes ante ellas, sino que hemos de optar por acoger o rechazar la Buena Noticia que contienen.

  1. Es verdad que el Reino crece “sin que nosotros sepamos cómo” porque es, antes que nada, obra de Dios. Pero eso no significa que podamos cruzarnos de brazos.

¿De qué manera te invitan estas parábolas a enfocar tu compromiso cristiano?

  1. En nuestra sociedad.

¿Qué “semillas” del Reino puedes sembrar en los ambientes en que te mueves?

  1. Las parábolas que hemos escuchado son profundamente optimistas.

¿En qué sentido te ayudan a mantener despierta la esperanza?

  1. Las parábolas hablan del misterio de Dios.

¿Qué aspectos del ser de Dios y de su modo de actuar ves plasmados en las que hemos leído hoy?

Las parábolas son también una fuente de oración. Detrás de su apariencia sencilla e ingenua, se revela el rostro de un Dios que no deja de sorprendernos. Pongámonos delante de ese misterio en actitud orante.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXI

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:

«Te echaré de tu puesto, te destituirán de tu cargo.

Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliaquín, hijo de Esquías, le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá.

Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá.

Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre».

Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc

R./ Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R./

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R./

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!

En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?

Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas»

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

COMENTARIO

Confesar a Jesús es una gracia del Padre. Decir que Jesús es el Hijo del Dios vivo, que es el Redentor, es una gracia que nosotros debemos pedir: «Padre, dame la gracia de confesar a Jesús». Al mismo tiempo, el Señor reconoce la pronta correspondencia de Simón con la inspiración de la gracia y por tanto añade, en tono solemne: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (v. 18). Con esta afirmación, Jesús hace entender a Simón el sentido del nuevo nombre que le ha dado, «Pedro»: la fe que acaba de manifestar es la «piedra» inquebrantable sobre la cual el Hijo de Dios quiere construir su Iglesia, es decir la Comunidad. Y la Iglesia va adelante siempre sobre la fe de Pedro, sobre la fe que Jesús reconoce [en Pedro] y lo hace jefe de la Iglesia. (Papa Francisco 23-08-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Primera lectura del libro de Isaías. Sobná, un mayordomo de palacio (homónimo del escriba que aparece en 2 Re 18,18.37), parece, por su nombre, un funcionario de origen arameo que se ha construido una tumba en un lugar particularmente apreciado. De acuerdo a la cultura del mundo antiguo la posesión de tierras, aunque fuera la del sepulcro, aseguraba la pertenencia a un grupo nacional, y por consiguiente convalidaba todas las propiedades adquiridas. Isaías anuncia su deposición del cargo, su exilio y su muerte en tierra extranjera. Será substituido por otro personaje, Eliaquín, al cual se confía el «poder de las llaves» del palacio (Is 22,22). Eliaquín es descrito con el elogioso título de padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá (Is 22,21) y apodado con el curioso mote de clavo (o «clavija»). La imagen sugiere en un primer momento la firmeza (Is 22,23).

Segunda lectura de san Pablo a los Romanos 11,33-36 Canto a la sabiduría divina.  Magnífico himno de alabanza y reconocimiento a los designios siempre sabios y soberanos, aunque misteriosos, de Dios. Con él concluye Pablo la sección específicamente doctrinal de la carta. En él reconoce, inspirándose de nuevo en la Escritura, que todo cuanto sabemos de Dios es fragmentario. Por tanto nuestra actitud no deberá ser nunca la de pedirle explicaciones sino la de acoger con amorosa humildad su palabra y seguir con sencillez de corazón sus caminos. Dios es siempre más grande. Más grande que nuestros proyectos; más grande que nuestros sueños y esperanzas, más grande que nuestras rebeldías. Pablo podía haber quedado mudo de asombro ante la contemplación de esta increíble realidad divina. Ha querido sin embargo estallar en un gozoso himno de alabanza para enseñarnos que las acciones de Dios, por desconcertantes que a veces nos parezcan, siempre merecen la alabanza de los buenos. 

Evangelio según san Mateo 16, 13-20 Confesión de Pedro. El pasaje de la confesión de Pedro nos sitúa en un momento muy importante de la vida de Jesús, que también ha quedado reflejado en algunas de sus parábolas. Parece que su ministerio tuvo unos comienzos brillantes y que fueron muchos los que le siguieron. Pero después de este triunfo inicial tuvo que afrontar el rechazo de su pueblo y el fracaso aparente de su misión. Es entonces cuando el Señor se dirige a sus discípulos con una serie de preguntas sobre su propia identidad: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? … ¿Quién decís vosotros que soy yo? El sentido de esta doble pregunta puede captarse mejor si tenemos en cuenta que en la cultura en que vivió Jesús la opinión que los demás tenían sobre una persona era muy importante. Los evangelios están llenos de referencias a la fama de Jesús, que crecía y se difundía por todas partes (p. e. Mt 9,26.31). En este contexto, la pregunta tiene una doble función: reafirmar a Jesús en su misión y confirmar a los discípulos en el seguimiento.

El relato, tal como lo leemos en este evangelio, se debe en gran parte a la pluma de Mateo, que ha remodelado y ampliado el texto de Marcos, añadiendo la afirmación de que Jesús es el Hijo de Dios (Mt 16,16) y el encargo confiado a Pedro (Mt 16,17-19). Con estos retoques, el evangelista hace que la atención de los lectores se centre no tanto en Jesús (Marcos), cuanto en la Iglesia, que Jesús convoca en torno a Pedro, como resultado del rechazo de su pueblo y de la acogida de sus discípulos.

La doble pregunta de Jesús hace que aparezca con claridad la diferencia entre la opinión de la gente y la de los discípulos. Pedro, en nombre de estos últimos, reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Estos dos títulos resumen la fe de la iglesia de Mateo. No basta con afirmar que Jesús es el Mesías esperado por Israel; hay que añadir que es el Hijo de Dios. Así es como Mateo presenta a Jesús en la primera parte de su evangelio (Mt 1,1-4,16), y como le reconocen sus discípulos (Mt 14,33), y los paganos (Mt 27,54).

A esta confesión de Pedro, Jesús responde con una palabra de felicitación y un encargo muy especial de cara a la Iglesia (Mt 16,17-19). Jesús declara dichoso a Pedro, no por sus méritos, sino porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías y como Hijo de Dios (véase Mt 11,25-26); y le confía la misión de ser la roca sobre la que se asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos. El cambio de nombre produce un juego de palabras (Cefas=roca), que describe plásticamente la tarea que Jesús le encomienda: ser roca firme, para que la Iglesia no sucumba ante las dificultades (véase Mt 7,24-27). Para ello le entrega las llaves del reino y le confiere el poder de «atar y desatar». La entrega de las llaves equivale al nombramiento de mayordomo supremo, como aparece en algunos textos del Antiguo Testamento (véase especialmente Is 22,19-22). Por su parte, la expresión atar y desatar designaba entre los judíos de la época la potestad para interpretar la ley de Moisés con autoridad. Así pues, Jesús nombra a Pedro mayordomo y supervisor de su Iglesia, con autoridad para interpretar la ley según las palabras de Jesús, y adaptarla a nuestras necesidades y situaciones.

La especial tarea que se le confiere a Pedro en este pasaje concuerda con la que aparece en otros pasajes de Mateo: es el portavoz del grupo de los discípulos y tiene una especial relación con Jesús. Al presentar así a Pedro, el evangelista se hace eco del importante papel que desempeñó en la vida de la Iglesia naciente, sobre todo en las comunidades de Siria, a las que se dirige este evangelio. De Pedro han recibido el evangelio y la tradición sobre Jesús; él ha sido la roca sobre la que se ha edificado su comunidad.

Este texto ha suscitado numerosas discusiones entre católicos y protestantes sobre la figura del papa como sucesor de Pedro. La tradición católica sostiene que estas palabras se aplican a Pedro y también a todos los que le suceden en la tarea de presidir a los hermanos en la fe y el amor. La tradición protestante, sin embargo, ha visto en las palabras de Jesús una alabanza y una promesa referidas, no a su persona, sino a su actitud de fe.

ACTUALIZAMOS

  1. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» 

¿Reconoces a Jesús como Hijo de Dios, como el Mesías?

  1. «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»:

¿Reconoces que la Iglesia está edificada sobre la fe de Pedro?

¿Cómo vives la comunión eclesial?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XX

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Esto dice el Señor:

«Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar.

A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que observan el sábado sin profanarlo y mantienen mi alianza, los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración; sus holocaustos y sacrificios serán aceptables sobre mi altar; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R./ Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R./

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R./

Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman todos los confines de la tierra. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32

Hermanos:

A vosotros, gentiles, os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio, por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos.

Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?

Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios, pero ahora habéis obtenido misericordia por la desobediencia de ellos, así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia.

Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:

«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:

«Señor, ayúdame».

Él le contestó:

«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:

«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

COMENTARIO

¿Cúal es la fe grande? La fe grande es aquella que lleva la propia historia, marcada también por las heridas, a los pies del Señor pidiéndole que la sane, que le dé sentido. Cada uno de nosotros tiene su propia historia y no siempre es una historia limpia; muchas veces es una historia difícil, con muchos dolores, muchos problemas y muchos pecados. ¿Qué hago, yo, con mi historia? ¿La escondo? ¡No! Tenemos que llevarla delante del Señor: «¡Señor, si Tú quieres, puedes sanarme!» (Papa Francisco 16-08-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

La primera lectura del libro de Isaías es un texto de reconciliación y compromiso; es la reconciliación entre el templo como casa de oración y como lugar de sacrificios. En el tiempo del exilio, los sacrificios rituales se habían vuelto imposibles (en el destierro) o al menos difíciles (en Jerusalén). La gente había comenzado a tomar conciencia de una relación con Dios mediante la oración, y probablemente también mediante la lectura y la explicación de la Torá.

En cuanto casa de oración, el templo está abierto a todos los que tienen necesidad de ella (Is 56, 6-7). El signo palpable de la apertura de este «nuevo templo» a todos es la aceptación también de eunucos y extranjeros, tradicionalmente excluidos. El texto propugna así la reconciliación entre grupos que de otro modo estarían condenados al odio mutuo por ciertas leyes sacerdotales (Ex 12,43; Dt 23,2; Ex 44,7-9). Esta reconciliación se extiende a todos los pueblos invitados a la montaña santa (Is 56,7).

En la segunda lectura a los Romanos, Pablo es consciente de que el objetivo final es siempre la salvación de todo el pueblo israelita y de toda la humanidad. Entre ambos procesos salvíficos existe -por decisión divina- una estrecha relación; se trata de algo misterioso, algo que pertenece a los designios profundos de Dios. Pero al mismo tiempo es algo que se encuadra perfectamente en el proyecto salvífico general de un Dios que ha permitido que todos seamos rebeldes para tener misericordia de todos (Rom 11,32; ver Gal 3,22).

Evangelio según san Mateo 15, 21-28 La mujer cananea. La oposición de los fariseos y maestros de la ley hace que Jesús se retire y se dirija a territorio pagano (Tiro y Sidón; véase Mt 11,21). Como en otros casos, Mateo abrevia el relato de Marcos e introduce algunos cambios significativos que intentan subrayar la fe de la mujer y el papel de los discípulos.

El relato del milagro realizado por Jesús se ha convertido para Marcos, y más para Mateo, en un motivo para mostrar la llegada del evangelio a los paganos. El apelativo de cananea, que Mateo da a la mujer, designa en el Antiguo Testamento a los paganos; y lo mismo sucede con la palabra perro, que para los judíos tenía un sentido despectivo. Mateo subraya el diálogo entre Jesús y esta mujer pagana, que por tres veces solicita su ayuda, reconociéndole de palabra como Señor e Hijo de David (Mt 15,22.25), y adorándole como Dios (Mt 15,25). Todos estos gestos hacen que finalmente Jesús alabe su fe (Mt 15,28) y se realice la curación. La fe, como en los relatos de milagros de Mt 8-9, es la condición necesaria para que se manifiesten los signos del reino.

En el diálogo de Jesús con la mujer aparece de nuevo el tema del pan, que está muy presente en toda esta sección. Aquí tiene claramente un sentido simbólico, pues se refiere a los signos que Jesús realiza. Comer las migajas que caen de la mesa de los hijos equivale a recibir de Jesús el don de la curación de su hija. Esta connotación simbólica ofrece algunas pistas para leer toda la sección en una clave distinta: el pan que Jesús reparte es algo más que pan material; es el pan del reino: su enseñanza y sus signos que lo hacen presente.

El papel de los discípulos en el relato es cada vez más importante, y Mateo lo subraya añadiendo los vv. 23-24, que no se encuentran en Marcos. Hacen de intermediarios entre Jesús y la mujer. La petición que le hacen a Jesús no debe entenderse en el sentido de despedir a la mujer, pues en ese caso la respuesta de Jesús no tendría sentido. Más bien lo que los discípulos le dicen es que atienda su petición, y por eso Jesús les responde con la objeción de que su misión se dirige sólo a Israel. Mateo está respondiendo a una situación concreta de su comunidad. Se dirige a los sectores que aceptaban con dificultad la entrada de los paganos en la Iglesia, y apoyaban su postura en las palabras de Jesús: Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Les recuerda que Jesús también se acercó a los paganos y descubrió en ellos una fe ejemplar (véase Mt 8,10), anunciando con aquellos encuentros la conversión a la fe de todos los pueblos y su entrada en la Iglesia (Mt 8,11-13; 28,16-20).

ACTUALIZAMOS

  1. «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David»

En tu historia ¿ves que en tus debilidades, Dios ha tenido compasión de ti, ha tenido misericordia?

  1. «Señor, ayúdame»:

En tus dificultades ¿pides ayuda al Señor, pones tus problemas en sus manos, se los presentas?

  1. «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas»:

¿Le pides a Dios que aumente tu fe, que aumente tu confianza en Él?

  1. Todas las lecturas de hoy nos hablan de la apertura de la salvación a todos (extranjeros, gentiles, cananea):

¿Cuál es tu actitud para vivir esta palabra de Dios hoy: con los migrantes, con la diversidad de personas y pueblos, con quienes se sienten y/o son excluidos en la sociedad y muchas veces también en la Iglesia?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XIX

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó hasta el Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor, que le dijo: «Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor».

Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor.

Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva.

Salmo 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14

R./ Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R./

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justica y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R./

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos:

Digo la verdad en Cristo, no miento -mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo-: siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón; pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo: «Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

COMENTARIO

La barca a merced de la tormenta es la imagen de la Iglesia, que en todas las épocas encuentra vientos contrarios, a veces pruebas muy duras: pensemos en ciertas persecuciones largas y amargas del siglo pasado, y también hoy, en algunas partes. En esas situaciones, puede tener la tentación de pensar que Dios la ha abandonado. Pero en realidad es precisamente en esos momentos que resplandece más el testimonio de la fe, el testimonio del amor, el testimonio de la esperanza. Es la presencia de Cristo resucitado en su Iglesia que dona la gracia del testimonio hasta el martirio, del que brotan nuevos cristianos y frutos de reconciliación y de paz por el mundo entero. (Papa Francisco 09-08-2020).

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

La primera lectura del libro de los Reyes. Elías en el Horeb. Esta escena es el centro nuclear de todo el capítulo y contiene una clara alusión a las tradiciones de Moisés en el Sinaí (véase Ex 19,16ss; 33,18-23; 34,5-8): lo mismo que Moisés experimentó la presencia de Dios en el Sinaí en medio de terroríficos fenómenos naturales, así también (aunque con significado diferente) Elías asiste a la teofanía en el mismo lugar. Moisés se convirtió en instrumento privilegiado de Dios en la constitución del pueblo, y Elías aparece como el reformador que sigue las huellas del predecesor. La alianza que Dios concluyó con el pueblo por medio de Moisés se ve ahora seriamente amenazada de ruptura, según las palabras del profeta (1 Re 19,10.14), y por su medio habrá de ser conservada (1 Re 19,18). Hay que advertir que este paralelo entre Moisés y Elías es recogido en el Nuevo Testamento y reflejado especialmente en el relato de la transfiguración de Jesús (véase Mc 9,2-13 y par.).

La teofanía propiamente dicha, el pasar del Señor (1 Re 19,11), es descrita en términos sorprendentes, no carentes de polémica (1 Re 19,11-13). Sucesivamente se niegan tres fenómenos naturales (el huracán, el fuego, la tormenta) tradicionalmente teofánicos (véase Ex 19,16.18; 2 Sm 22,7-16; Is 29,6; Sal 49,3; 96,2-5), para terminar afirmando la manifestación de Dios en un ligero susurro (1 Re 19,12), lo que provoca la respuesta adecuada de Elías; se cubre el rostro (1 Re 19,13), ya que nadie puede ver a Dios y seguir vivo (Ex 33,20). La polémica, sin embargo, no va dirigida contra las concepciones tradicionales de la teofanía, sino contra la concepción fenicio-cananea que representaba a Baal como el dios del trueno y de la tormenta, y ante cuya voz potente temblaba la tierra (según la mitología ugarítica). La divinidad de Yahvé-el Señor es bien distinta: su presencia no se percibe tanto en los fenómenos tumultuosos y extraordinarios, cuanto en la voz casi silenciosa que sobrecoge y refleja la misma intimidad que experimentaron los profetas.

Segunda lectura de san Pablo a los Romanos. El dolor de Pablo ante la sangrante situación de su pueblo, amado por Dios y sin embargo rebelde, es tal que no duda en poner por testigos del mismo a Cristo y al Espíritu. Nadie como ellos para garantizar la sinceridad y la profundidad de su drama interior. La solidaridad con sus hermanos de raza (véase Flp 3,5) llega al punto de hacerle expresar un deseo imposible: experimentar en su persona la separación de Cristo y la maldición de Dios, con tal de que se salve el pueblo judío. Y realmente, si en el ámbito de las relaciones comunitarias no hay peor maldición-destrucción que el ser excluido de la comunidad, en el de las personales lo más lacerante es sentirse uno separado de la persona que más quiere. Uno se siente inclinado a pensar que Pablo habla aquí hiperbólicamente, pero cuando un amor es grande y sincero como el de Pablo, busca la expresión suprema.

Pero no es sólo la voz de la sangre. Hay razones poderosas para pensar que los israelitas no pueden ser definitivamente rechazados por Dios. La más poderosa es que Cristo, el Salvador, el que está sobre todas las cosas y es Dios bendito por siempre, es israelita (Rom 9,5).

Evangelio según san Mateo 14, 22-33 Jesús camina sobre las aguas. Una clave importante para leer este pasaje son las dos modificaciones que introduce Mateo sobre el relato paralelo de Marcos (Mc 6,45-52): el episodio de Pedro caminando sobre las aguas y el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios por parte de sus discípulos. Ambos detalles imprimen a este relato un tinte claramente eclesial y un valor simbólico.

La escena inicial (Mt 14,22-27) presenta de manera simbólica la situación en la que se encuentra la comunidad de Mateo después de la resurrección de Jesús: él está lejos, mientras ellos se encuentran a merced del mar y de los vientos. Las olas y el mar representan en el Antiguo Testamento las fuerzas del mal que Dios vence con su poder (Sal 77; Job 9,8; 38,16). Pero ahora es Jesús quien vence a esta fuerza maligna. Su manifestación a los discípulos tiene todos los rasgos de los relatos de apariciones: la escena tiene lugar de noche, lo mismo que la resurrección del Señor; Jesús viene a los suyos (véase Jn 20,19); los discípulos creen ver un fantasma (véase Lc 24,37-38); finalmente, Jesús se presenta afirmando su identidad: no temáis, soy yo. Mateo sólo habla de la oración de Jesús en dos ocasiones: aquí y en Getsemaní (Mt 26,36-44); y en ambos casos su oración precede a un momento de prueba para los discípulos.

El episodio del encuentro entre Jesús y Pedro (Mt 14,28-31) sólo se narra en Mateo y concuerda con otros pasajes en los que Pedro aparece como portavoz del grupo de los Doce (Mt 15,15; 16,16; 26,33), o recibe una instrucción de Jesús en privado (Mt 17,24-27), o el encargo de una tarea especial en la Iglesia (Mt 16,17-19). Esta es la primera vez que Pedro aparece en el evangelio como protagonista de un relato. Mateo quiere resaltar la fragilidad de su fe. Pedro se debate entre la confianza en Jesús y el miedo. El verbo que utiliza para describir su actitud aparece de nuevo en el relato del encuentro del resucitado con sus discípulos (Mt 28,17). Allí se refiere a la actitud de todos los discípulos con Pedro a la cabeza, que en el trance de la pasión se debatieron entre seguir a Jesús o abandonarlo. Mateo describe aquí la experiencia de muchos discípulos: siguen a Jesús decididamente, pero las dificultades hacen que sucumban y que tengan que ser sostenidos por Jesús.

En la última escena (Mt 14,32-33) el desconcierto inicial de los discípulos se convierte en una confesión de fe: verdaderamente eres Hijo de Dios. Estas palabras van acompañadas por unos gestos más fáciles de imaginar en las celebraciones litúrgicas de la comunidad de Mateo, que en una pequeña barca en medio del lago. Las palabras pronunciadas por los discípulos son las mismas que pronunciará Pedro en nombre de los Doce (Mt 16,16) y el centurión pagano al pie de la cruz (Mt 24,57). Esta confesión de fe refleja, pues, la convicción de la comunidad de Mateo, que reconocía a Jesús como Hijo de Dios frente a los judíos que dudaban de dicha divinidad. No es casualidad que éste sea uno de los títulos preferidos por Mateo para referirse a Jesús.

El relato de la tempestad calmada contiene, pues, una enseñanza dirigida a la comunidad cristiana, para que afronte con valentía, como Pedro, el riesgo del encuentro con Jesús; y para que, sintiendo siempre su presencia, no vacile ni tenga miedo ante las dificultades que la acosan.

ACTUALIZAMOS

  1. «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»:

¿Confías en Jesús, sabiendo que Él te sostiene para que no tengas miedo?

  1. «Realmente eres Hijo de Dios»:

¿Reconoces que Jesús es el Hijo de Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO X

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15

Cuando Adán comió del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:

«¿Dónde estás?»

Él contestó:

«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó:

«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»

Adán respondió:

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer:

«¿Qué has hecho?».

La mujer respondió:

«La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente:

«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

Salmo 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8

R./ Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R./

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor. R./

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R./

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R./

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,13 – 5,1

Hermanos:

Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.

Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día.

Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer.

Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:

«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».

Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:

«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dice:

«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».

Él les pregunta:

«¿Quienes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:

«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

COMENTARIO

Jesús ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en Él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo. Todos aquellos que acogen la palabra de Jesús son hijos de Dios y hermanos entre ellos. Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús. Hablar mal de los demás, destruir la fama de los demás nos vuelve la familia del diablo. (Papa Francisco, 10-06-2018)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

Lectura del Génesis. Dios está a la vista, el hombre y su mujer escondidos. Dios lo llama. La pregunta ¿Dónde estás? marca la ruptura definitiva: el hombre ya no está con Dios.

Comienza la investigación; los implicados son remisos y el juez tiene que repetir tres veces su acusación (Gn 3, 11. 13. 14). Dios descubre y establece los hechos pero todavía no emite juicio. El acto, acorde con el tema, tiene forma de procedimiento judicial. Dios actúa como acusador y como juez: interroga a los inculpados, escucha su defensa y pronuncia la sentencia. A la pregunta divina el hombre confiesa con medias verdades; pero, al aceptar que está desnudo, se traiciona y descubre su secreto culpable: sólo desobedeciendo ha podido alcanzar el conocimiento que le lleva al miedo y a la vergüenza. La segunda interrogación es retórica: el Señor asegura que el hombre ha comido del árbol prohibido. Al defenderse, el varón rehuye su responsabilidad, se escuda en la mujer y acusa verdaderamente a Dios: La mujer que tú me diste por compañera, tuvo la culpa. Le reprocha como si la mujer hubiera sido una trampa; como diciendo: Si tú no me hubieras dado esa compañera, si no me hubieras puesto en esta situación, no habría comido del fruto prohibido. Ha olvidado el grito gozoso del encuentro y lo cambia en un despectivo: La que tú me diste. La humanidad tipificada en los sexos, rompe su unidad; se instaura la cobardía, la insolidaridad y el odio. El pecado, en lugar de unir a los humanos, los aísla traicionándose unos a otros; rompe su unidad.

Tampoco la mujer afronta su responsabilidad y acusa a la serpiente: ruptura con el mundo animal. Siempre hay alguien a quien culpar. En la pregunta a la mujer resuena la que Dios hará a Caín (véase Gn 4,9). Ya no quedan más preguntas. Como juez inteligente, Dios descubre y establece los hechos con rapidez. Son responsables ambos, el hombre y su mujer. A la serpiente no la interroga. Ella ha cumplido el papel que se le encomendó en la tragedia: como animal, no tenía sentido del pecado; como enemigo de Dios, no tiene esperanza de perdón. Tras el juicio viene el veredicto, formado por tres oráculos en prosa rítmica, dirigidos a cada uno de los responsables.

3, 14-15 Maldición de la serpiente. Una de las pocas veces en que Dios maldice: ¡son tantas en las que bendice! La expresión maldita entre todos los animales corresponde sarcásticamente a la sabia entre todos los animales (Gn 3,1). Hay una asonancia en hebreo entre maldita y sabia: ‘arur-‘arum.

En la lectura de san Pablo a los Corintios los mensajeros del evangelio deben saber que sus limitaciones, sus sufrimientos, sus aparentes fracasos y en última instancia su misma muerte física, son generadores de vida para sí mismos y para los demás. A partir de Cristo, que no sólo lo proclamó de palabra (Jn 12,24) sino que lo verificó en su propia existencia, la muerte de uno es la vida de otro. Pablo lo ha constatado en su propia y personal experiencia apostólica y ahora lo expresa de forma apasionada. […]

[…] La confianza de Pablo -y la nuestra- estriba en la fuerza de Dios que ya se ha hecho presente en la resurrección de Cristo y se hará presente en los cristianos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 20-35

Jesús regresa del monte a la casa, de la cercanía de Dios a la proximidad con los hombres. La multitud sigue necesitándole y se aglomera a su alrededor. Su actividad es extenuante, y encomiable su celo por la causa que se le ha confiado. Pero surgen de nuevo las críticas. Ahora provienen de sus propios parientes, a quienes apoyan de buen grado los maestros jerosolimitanos de la ley, es decir, el bastión de la sabiduría israelita. El evangelista narra esta doble oposición en forma concéntrica o de inclusión, procedimiento literario que le es familiar.

3,20-21 Jesús y sus familiares. Jesús está en casa, pero los suyos le ven fuera de su casa e incluso fuera de sí. Este es su diagnóstico. Desde el momento en que uno no está en el puesto que los suyos le han señalado, comienza a preocupar. Ya no es él. Ha perdido la cabeza.

Este breve relato proyecta un rayo de luz, no sobre el estado anímico de Jesús, sino sobre la mentalidad de unos familiares que carecen de sentido para percibir las exigencias absolutas de Dios en Jesús. No las comprenden. Tal incomprensión sigue vigente con frecuencia en los familiares de aquellos a quienes Dios llama para un servicio especial. El relato se convierte así en un aviso contra la pretensión de juzgar las cosas de Dios desde los criterios puramente humanos o desde mezquinas preocupaciones por la fama, la salud o el negocio.

3,22-30 Jesús y los maestros de la ley. Los maestros de la ley, más suspicaces que los familiares, emiten un diagnóstico mucho más sofisticado sobre Jesús: es un agente de Satanás.

La acusación, aunque inconsistente, era grave. Estaba castigada con la muerte por lapidación. Jesús se ve obligado a defenderse, y lo hace adoptando el lenguaje parabólico. Con él desenmascara la falacia de sus adversarios y desvela una vez más su identidad. Superior a Satanás, él es el depositario y administrador de las fuerzas divinas. Por él queda Satanás reducido a la impotencia y con él irrumpe ya el reino de Dios entre los hombres. Quien se obstine en verlo como endemoniado está tergiversando los hechos, cayendo en el único pecado imperdonable, el pecado de quien rechaza la verdad con los ojos abiertos, rehusando a la vez toda oferta de perdón y salvación. Cerrarse al arrepentimiento, disfrazando el pecado de virtud, es cerrarse a toda posibilidad de perdón.

3,31-35 Jesús y su verdadera familia. Los familiares de Jesús habían manifestado ya sobre él su parecer y su propósito, pero aún no habían recibido de sus labios ninguna respuesta. La reciben ahora ante la visita, quizás con propósito distinto, de su madre y sus más allegados. Las palabras de Jesús no revelan frialdad de sentimientos o desprecio de los vínculos familiares, tan estrechos en Palestina. Revelan más bien las exigencias que lleva consigo la llamada divina, a través de la cual se va constituyendo la nueva y verdadera familia de Jesús. Se trata, en consecuencia, de una exhortación a los allí sentados y, a través de ellos, a la comunidad cristiana de todos los tiempos. La escucha atenta de su palabra y el cumplimiento de la voluntad de Dios serán los rasgos que caractericen siempre al auténtico cristiano.

ACTUALIZAMOS

  1. En este mundo:

¿Qué es lo que me sostiene, fundamento mi fe en Dios, en Jesús?

  1. Cuando haces oración:

¿Eres sincero con Dios?

¿Buscas hacer la voluntad de Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO IX «CORPUS CHRISTI»

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todos sus decretos; y el pueblo contestó con voz unánime:

«Cumpliremos todas las palabras que ha dicho el Señor».

Moisés escribió todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes de los hijos de Israel ofrecer al Señor holocaustos e inmolar novillos como sacrificios de comunión. Tomó Moisés la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después tomó el documento de la alianza y se lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió:

«Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos».

Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo:

«Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras».

Salmo 115, 12-13. 15-16. 17-18

R./ Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. R./

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas. R./

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
<Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos:

Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su «tienda» es más grande y más perfecta: no hecha por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.

No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.

Si la sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de una becerra, santifican con su aspersión a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo!

Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

«Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.

Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:

«Tomad, esto es mi cuerpo».

Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.

Y les dijo:

«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.

COMENTARIO

En esta fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, las lecturas que se proclaman nos sirven para entender mejor lo que celebramos cada domingo en la Eucaristía. En todas ellas parecen vinculados los conceptos de “sangre” y de “alianza”, aunque con un sentido diverso en cada caso. El libro del Éxodo nos sitúa en el Sinaí, donde Moisés utiliza la sangre de los animales sacrificados para ratificar la alianza que Yahvé ha establecido con su pueblo. El evangelio de Marcos, en cambio, nos introduce en la última cena, donde Jesús mismo afirma que es su sangre la que sella la nueva y definitiva alianza de Dios con todos los hombres. La carta a los Hebreos interpreta esta novedad desde su propia perspectiva teológica.

COMPRENDER EL TEXTO

La eucaristía es el memorial de la cena del Señor. Por eso no es extraño que en esta festividad del cuerpo y la sangre de Cristo la Iglesia quiera recordar, a través de la narración del evangelista Marcos, lo que Jesús hizo y dijo en aquella ocasión memorable.

En el relato de hoy se presentan dos escenas distintas. La primera habla de los preparativos de la cena (Mc 14, 12-16) y en la segunda de lo que sucedió durante esa cena (Mc 14, 22-26). Los preparativos, relacionados con la celebración judía de la Pascua, ocupan un lugar desproporcionadamente amplio en la narración y Marcos parece recrearse en los detalles.

Parece que son los discípulos los que se interesan por el tema y por eso le preguntan a Jesús. Pero en realidad es el Maestro quien se ha adelantado y parece tenerlo todo previsto: una casa en Jerusalén donde ellos son forasteros, una sala ya dispuesta en el piso superior y hasta una persona que les servirá de contacto con su dueño. De hecho, los discípulos se limitan a cumplir las instrucciones de Jesús. La intención de Marcos es presentarnos a Jesús como aquel que prevé los acontecimientos; no son estos los que le dominan, sino que es él quien, al preparar la cena, se está preparando también para su propia muerte.

En la segunda parte, la institución de la eucaristía se desarrolla en un contexto lleno de tensión que hace intuir ya próximo el horizonte de la pasión. Marcos lo sitúa muy significativamente entre tres anuncios proféticos: el de la traición de Judas (Mc 14, 17-21), el del abandono de todos los discípulos (Mc 14, 27-28) y el de la negación de Pedro (Mc 14, 29-31), aunque el texto de hoy no los incluye. El dramatismo de esta escena se revela sobre todo en los gestos que realiza Jesús.

Jesús que tantas veces había hecho de las comidas escenario de sus enseñanzas, aprovecha una cena de despedida con sus amigos para impartir su última lección de vida. Para ello utiliza algunos elementos típicos de la cena pascual –pan y vino-, aunque modifica profundamente los gestos y las palabras previstos para ellos en la tradición israelita. Identificando el pan partido con su cuerpo y la copa de vino compartida con su sangre, Jesús está resumiendo el sentido de su vida y anticipando el significado de su muerte como entrega y donación sin límites de toda su persona. De este modo, el ritual de la vieja Pascua judía, centrada en el cordero sacrificado en el templo, se transforma en celebración de la nueva alianza entre Dios y los hombres sellada con la sangre que Cristo derramó por todos.

ACTUALIZAMOS

Es importante que las manifestaciones populares de esta fiesta no nos alejen del sentido original de la eucaristía. Para no perder la memoria, lo mejor es volver al evangelio y releer los relatos de la última cena. De este modo, cuando al final de la consagración el sacerdote dice: “haced esto en conmemoración mía”, entenderemos que no basta repetir materialmente los gestos y las palabras de Jesús. Más aún, nos sentiremos invitados a identificarnos con las actitudes de forma que le llevaron a entregar su vida por todos. Si no, la “comunión” con él no será expresión de “alianza”, es decir, de un modo nuevo de entender las relaciones con Dios y con los demás, sino un rito vacío de contenido.

  1. La celebración de la eucaristía es un rito de “alianza” y los que participamos de él nos comprometemos a estrechar la comunión con el Señor.

¿De qué manera te ayuda a “comulgar” con Jesús la celebración de la eucaristía?

  1. Un pan que se parte y una copa de vino que se derrama. Una persona entregada, una vida para los demás. Éste es Jesús.

Y a ti, ¿Cómo te interpelan estos gestos? ¿Cómo te identificas con ellos en el día a día?

  1. La eucaristía podría convertirse en un acto de culto que poco o nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana.

¿Qué significa llevar una vida “eucarística” que sea prolongación y expresión de lo que celebramos?

La eucaristía es fuente y culmen de toda oración y la celebración de la fe por excelencia.

Celebrar la eucaristía es revivir la última cena que Jesús celebró con sus discípulos la víspera de su ejecución. Ninguna explicación teológica, ninguna ordenación litúrgica, ninguna devoción nos ha de alejar de la intención original de Jesús. ¿Cómo diseñó él aquella cena? ¿Qué es lo que quería dejar grabado para siempre en sus discípulos? ¿Por qué y para qué debían seguir reviviendo una vez y otra vez aquella despedida inolvidable?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO VIII «LA SANTÍSIMA TRINIDAD»

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; pregunta desde un extremo al otro del cielo, ¿sucedió jamás algo tan grande como esto o se oyó cosa semejante? ¿Escuchó algún pueblo, como tú has escuchado, la voz de Dios, hablando desde el fuego, y ha sobrevivido? ¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre las otras mediante pruebas, signos, prodigios y guerra y con mano fuerte y brazo poderoso, con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Así pues, reconoce hoy, y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Observa los mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y se prolonguen tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre».

Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22

R./ Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R./

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos.
Porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó y todo fue creado. R./

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R./

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:

Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».

Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

COMENTARIO

Esta fiesta nos invita a introducirnos en el misterio de Dios. Un misterio que sería imposible de entender para nosotros si él mismo no nos lo hubiera dado a conocer. Esta revelación comienza ya en el Antiguo testamento con la afirmación de la unicidad de Dios frente al politeísmo de otros pueblos, tal y como se contiene en la primera lectura del libro del Deuteronomio. Pero es Jesús quien nos permite comprende que ese Dios único es a la vez comunión entre personas al hablarnos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pablo nos recuerda, además, que también nosotros vivimos sumergidos en ese misterio trinitario y que es en su seno donde podemos entender y experimentar lo que significa ser hijos de Dios.

COMPRENDER EL TEXTO

La liturgia nos presenta el final del evangelio de Mateo para ser proclamado en la fiesta de la Santísima Trinidad. La razón es porque la formula trinitaria aparece claramente expresada en las palabras con las que Jesús envía a sus discípulos a continuar su misión después de la resurrección.

El último encuentro entre Jesús y sus discípulos reviste, según el evangelio de Mateo, una importancia muy especial. La iniciativa de esta cita parte de Jesús, que se reúne con los suyos en el lugar en el que los había convocado previamente. (Mt 28,7.10).

Galilea es el lugar donde Jesús llamó por primera vez a sus discípulos (Mt 4,18-22) y desarrolló con ellos gran parte de su misión. Por otro lado, la mención del monte recuerda aquel momento fundamental de la historia de salvación en el que Dios congregó a su pueblo en el Sinaí. Con esas dos alusiones, el evangelista indica que nos encontramos en un momento decisivo. Se trata del nacimiento de la Iglesia, pueblo nuevo, nacido tras la Pascua, convocado por la autoridad de Cristo resucitado y llamado a continuar la misión de su Señor.

Para entender el alcance de las palabras con las que Jesús envía a sus apóstoles tras la Pascua es necesario recordar que, durante su vida terrena, su misión había quedado limitada a “las ovejas descarriadas de Israel” (Mt 10,5-6). Ahora, en cambio, son enviados “a todos los pueblos”. El fuerte contraste entre aquel particularismo y la universalidad de este encargo final pone de manifiesto la inauguración de una realidad totalmente nueva. Esa novedad se manifiesta también en el modo en el que los apóstoles reaccionan ante el Resucitado.

Mateo destaca la transformación interior que el encuentro con el Resucitado opera en los discípulos, que antes “habían dudado” pero ahora “se postraron”, adoran al Señor. Este cambio revela la actitud de fe con la que ellos acogen esta experiencia y la mentalidad renovada con la que se disponen a obedecer el mandato de Jesús. Sin esta transformación, la misión universal que se les encarga hubiera resultado estéril.

El objetivo del envío misionero es “haced discípulos”, lo cual no se ha de entender en un sentido proselitista. Lo que Jesús quiere es ofrecer a todos la oportunidad de establecer con él esa relación única de intimidad y seguimiento que caracteriza la vida cristiana y que puede dar plenitud a la existencia humana. Y para ello se establecen dos medios: el bautismo y la enseñanza. En cuanto a lo segundo, los discípulos son enviados a transmitir lo mismo que han aprendido de Jesús. Y esto debe entenderse no tanto como doctrina teórica, sino como algo que se ha de “poner en obra”. En cuento al bautismo se subraya que es una “consagración”, es decir, una estrecha vinculación al Dios que se ha manifestado como Trinidad, al Dios Comunidad, al Dios Amor, al Dios de Jesús.

Las últimas palabras del Resucitado son sumamente consoladoras. La resurrección no aleja a Jesús de los suyos, sino que inaugura un nuevo modo de estar con ellos. Aunque desde el momento de la encarnación el evangelista lo ha presentado como el Enmanuel (Mt 1,23) es ahora, gracias a la resurrección, cuando los discípulos podrán entender de verdad que Jesús es “Dios-con-nosotros”. Sin esa presencia permanente, “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”, que no es física pero sí absolutamente real y que sólo puede entenderse desde la comunión trinitaria, la Iglesia se sentiría ineficaz para llevar a cabo la misión encomendada.

ACTUALIZAMOS

Este misterio que nos ocupa hoy ha sido presentado con frecuencia como algo imposible de entender, solo asequible a mentes iluminadas. Pero no es la elucubración intelectual, sino la experiencia vital de la fe la que nos permite “entenderlo”. Que Dios, siendo uno, sea a la vez una comunidad de amor entre tres personas tiene consecuencias muy claras a la hora de comprender lo que significa ser y actuar como cristianos. Sumergidos en ese misterio desde el día de nuestro bautismo, estamos llamados a ser hijos como lo fue Jesús, el Hijo, y movidos por su Espíritu atrevernos como él a ver en Dios a un Padre. Solo así podremos construir un mundo de hermanos, donde nuestras relaciones estén fundadas, como las de la Trinidad, en el amor.

  1. “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos”…,

¿Qué te sugieren estas palabras en este momento de tu vida?

¿A qué te comprometen?

  1. “…bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

¿Qué significa para ti haber sido bautizado en el nombre de la Trinidad?

¿Cómo te ayuda a comprender tu misión como cristiano en este mundo?

  1. “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”.

¿Qué sentimientos provoca en ti esta promesa de Jesús?

¿De qué modo te anima a seguir construyendo el Reino cuando te desmoralizas o desanimas?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XVII

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció de noche en sueños a Salomón y le dijo:

«Pídeme lo que deseas que te dé».

Salomón respondió:

«Señor mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?».

Agradó al Señor esta súplica de Salomón.

Entonces le dijo Dios:

«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues, un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti».

Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130

R./ ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo la ley de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R./

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y tu ley será mi delicia. R./

Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos
y detesto el camino de la mentira. R./

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio.

Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.

Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?»

Ellos le responden:

«Sí».

Él les dijo:

«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

COMENTARIO

El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios. De hecho, quien ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite sino que inventa, trazando y recorriendo caminos nuevos, que nos llevan a amar a Dios, a amar a los otros, a amarnos verdaderamente a nosotros mismos (Papa Francisco 26-07-2020)

COMPRENDER EL TEXTO (Comentarios al Antiguo y al Nuevo Testamento. La Casa de la Biblia)

En la primera lectura del primer libro de los Reyes el sueño de Salomón (1 Re 3,5-15) está estructurado a partir de un diálogo en el que, tras una invitación de Dios (1 Re 3,5), Salomón, consciente de la magnitud de su tarea y de sus propias limitaciones, pide un corazón sabio para gobernar, como cualidad preferida a otros bienes y dones (1 Re 3,6-9). La respuesta de Dios subraya la concesión de tal petición (1 Re 3,10-12).

Quedan así sentadas las bases para el desarrollo de uno de los motivos más firmes y populares del reinado de Salomón: su proverbial sabiduría, entendida de forma amplia y variada. En primer lugar, esta sabiduría es el arte de gobernar e impartir justicia (1 Re 3,16ss; 4,1ss); pero también consiste en saber hacer (proyecto y construcción del templo) y en saber decir, como se refleja en su actividad literaria y específicamente sapiencial (véase 1 Re 5,9-14).

En cuanto a la segunda lectura de san Pablo a Rom. 8,28-30, que nadie descubra en estos versículos una afirmación restrictiva del proyecto salvador de Dios. Dicho proyecto está abierto a todo el que quiera acogerlo. Lo que Pablo subraya es que se trata de don gratuito y no de acontecimiento casual. Y si hasta la misma glorificación futura es expresada por un verbo en pasado, ello se debe a que desde el punto de vista de Dios la salvación está totalmente asegurada.

El Evangelio de san Mateo:

13,44-46 El tesoro y la perla. Comienza una nueva serie de tres parábolas, que son propias de Mateo. Las tres tienen exactamente la misma introducción, que revela su propósito: manifestar el misterio del reino de Dios.

La unión de las dos primeras parábolas es obra de Mateo. El punto más destacable es el descubrimiento de algo verdaderamente valioso, que provoca una reacción inmediata en los protagonistas de la historia. Con el reino de los cielos sucede lo mismo: una vez que ha sido descubierto en todo su valor, hay que tomar postura, y ningún precio es demasiado alto.

Ambas parábolas pueden situarse muy bien en el contexto de la invitación de Jesús a dejarlo todo y seguirle (Mt 8,18-22; 19,16-30). En ellas se descubre la otra cara de la invitación de Jesús: el reino de Dios, que es la motivación por la que se deja todo. Mateo, por su parte, invita a los cristianos, que ya han descubierto el reino, a que sean consecuentes con la elección que han hecho y a que la vivan con alegría. Es cierto que cabe la posibilidad de rechazar esta oferta, como hizo el joven rico (Mt 19,21-22), pero la actitud del verdadero discípulo ante el descubrimiento del reino de Dios no puede ser otra que la conversión, el cambio de orientación de la propia vida, que tiene lugar en un clima de alegría.

13,47-50 La gran pesca. Esta parábola es muy semejante a la del trigo y la cizaña que crecen juntos (Mt 13,24-30. 36-43). Aquí, sin embargo, la parábola y su aplicación van unidas. La pesca representa la oferta del reino, que se hace a todos. Son muchos los que entran en él, pero la clave está en cómo se vive después. La aplicación que hace Mateo, refiriéndose al juicio final, es, de nuevo, una exhortación dirigida a los miembros de su comunidad para que vivan poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús.

13,51-52 Lo nuevo y lo viejo. Este breve diálogo de Jesús con sus discípulos, colocado al final de las parábolas, resume la intención de todo el capítulo y presenta el modelo ideal del discípulo. En primer lugar, los verdaderos discípulos son capaces de entender los misterios del reino; en segundo lugar, son capaces de sacar oportunamente lo viejo y lo nuevo.

Las actitudes que Jesús propone aquí reflejan muy bien los criterios que Mateo ha seguido en la composición de su evangelio, buscando relacionar la vida y predicación de Jesús (lo nuevo) con las promesas del Antiguo Testamento (lo viejo). Por otro lado, el hecho de que un maestro de la ley que se ha hecho discípulo sea presentado como modelo, revela la existencia de escribas cristianos que conservaban, transmitían y comentaban las palabras de Jesús y los libros del Antiguo Testamento, utilizando técnicas muy parecidas a las que utilizaban los escribas judíos para comentar las Escrituras.

ACTUALIZAMOS

  1. El Señor le dijo a Salomón: «Pídeme lo que deseas que te dé»:

¿Qué pides a Dios, que es lo que deseas que te dé?

  1. “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo”.

¿El Reino de Dios es un tesoro para ti?

¿Qué haces cuando lo encuentras?

  1. El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios.

¿Qué es importante para ti?

¿Estás dispuesto a tomar tus opciones desde el valor del Reino?