LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

Dios, el Señor,  enjugará las lágrimas de todos los rostros,  y alejará del país el oprobio de su pueblo   – lo ha dicho el Señor -.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.

Esperábamos en él y nos ha salvado.

Este es el Señor en quien esperamos.

Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6

R./ Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R./

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R./

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R./

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

COMENTARIO

La Parábola es una explicación de la entrada de los paganos en la Iglesia y una llamada a la comunidad para que confirme con obras su vocación cristiana. El mensaje es que Dios ha llamado y llama a todos a participar del banquete de su Reino, pero sólo serán admitidos aquellos que hayan respondido a la invitación, cambiando su estilo de vida según las enseñanzas de Jesús: Revestíos de Cristo (Gal. 3,27).

COMPRENDER EL TEXTO

LAS BODAS DEL MESÍAS

El evangelio presenta el proyecto de Dios para con la humanidad bajo la imagen de un banquete de bodas (importancia de las comidas de Jesús con los pecadores y publicanos, última cena…). Esto fue motivo de escándalo para los representantes del sistema: fariseos y publicanos, creadores de desigualdad y exclusión.

El rey hace entrar en el banquete no a la élite, sino a los marginados. La comunidad cristiana ha de ser abierta e inclusiva, no cerrada ni excluyente. En ella y en torno a su mesa se han de congregar gentes de procedencia social muy diferentes y eso, sin duda, crea dificultades y conflictos, ya que supone invertir los valores que más predominan en nuestra sociedad.

DÓNDE ESTÁN LOS POBRES

La iglesia respecto a los pobres es ambigua, los pobres han perdido el lugar de honor que les otorgaba el evangelio y la iglesia primitiva. Los pobres son objeto de ayuda asistencial, pero no son los sujetos de decisiones, ni los destinatarios del anuncio del Reino. ¿Cómo anunciar y comunicar a los excluidos, marginados y oprimidos, que son hijos de Dios y hermanos? Responder a esto nos da miedo y por eso nos refugiamos en asistir a los pobres, necesario pero evangélicamente insuficiente.

RECHAZAR LA INVITACIÓN

La parábola responde a la actitud de rechazo por parte de los sumos sacerdotes y fariseos a la invitación de Jesús a acoger el Reino y la respuesta de Dios al rechazo de su pueblo y lo hace mediante la segunda parábola. No es suficiente haber aceptado la invitación, es preciso la verdadera conversión al Reino. Existe un rechazo de la cruz y de los crucificados por parte de un mundo dominado por la cultura de la satisfacción. Los mismos discípulos se escandalizan ante los anuncios de Jesús de tomar la cruz. Debemos cuestionarnos si se ha extinguido el Espíritu de Jesús, o si estamos abandonando el traje de bodas del Reino. Es necesario revestirse de Cristo para irradiar su luz y su verdad.

SITUACIÓN

Hay dos formas de encarar la responsabilidad: desde el deber a cumplir o desde el DON.

Uno cumple con sus obligaciones de ciudadano, trabajador, padre o madre de familia… pero cuando se trata del REINO, solo cabe la RESPONSABILIDAD QUE NACE DEL DON. ¡Es muy distinto ir a misa por obligación o sentirse llamado a participar del banquete del Reino!

  1. ¿Cómo vivimos nuestra fe?
  2. ¿Cómo un sistema de normas que hay que creer y cumplir, o como el don mayor de nuestra vida, que en consecuencia nos empuja a compartirlo?

CONTEMPLACIÓN

Todo en la palabra de hoy, nos invita a la responsabilidad agradecida.

El anuncio gozoso del profeta acerca del futuro definitivo de la humanidad: abundancia de bienes que colman la indigencia humana (situación actual de miseria, pobreza, paro, inmigrantes…), entre esos bienes, nada menos que la inmortalidad feliz.

El Salmo traduce las promesas del futuro en una experiencia anticipada (sobre todo la intimidad con Dios como signo fundamental).

El Evangelio nos dice que se nos ha dado gratis el Reino. Por eso el PECADO consiste en haber “pasado” de Él, en creer que tenemos obligaciones mayores que recibirlo y disfrutarlo. Y aunque nos abramos a Él, porque asistimos al banquete, lo debemos tomar muy en serio, como la primera y más importante responsabilidad. La advertencia de Jesús vale para los judíos de entonces y para los cristianos de ahora: “si no lo tomáis en serio, será para otros”.

ACTUALIZAMOS

Cuando somos adultos, las responsabilidades más urgentes (El evangelio dice: “uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios…”) absorben el interés y la dedicación.

La solución pasa por fundamentar los compromisos en la experiencia del DON. Pero ese es nuestro drama, que no conocemos la verdad de nuestra fundamentación hasta que no somos puestos a prueba.

Son las responsabilidades más evidentes las que nos impiden, con frecuencia, el compromiso por el Reino. Siempre tenemos razones para aplazar la conversión, para no tomar en serio el amor de Dios, para mejorar económicamente sin preocuparnos de los demás. Llega un momento que la maraña de intereses y preocupaciones es tal que resulta imposible VIVIR DEL REINO.

  1. ¿Desde dónde vivimos nuestro compromiso cristiano, desde una obligación a cumplir o desde la responsabilidad agradecida?

El banquete sigue abierto. Porque en la sala “se reúnen todos, malos y buenos”. Volver a tomar en serio a Dios traerá consecuencias. Debemos pedir luz para ver qué intereses creados nos impiden optar y vivir el REINO.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVII

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña.

Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.

Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho? ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?

Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada.

La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

R./ La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R./

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R./

Dios del universo, vuélvete:  
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R./

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios del universo, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan:

«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:

«¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?.

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

COMENTARIO

Isaías nos cuenta la relación de Dios con su pueblo como la historia de un amor no correspondido: Israel es la viña que el Señor cuida con delicadeza y que da agrazones en vez de buenas uvas. Es la misma historia que encontramos en el salmo 79. El evangelio mantiene la imagen de la viña, en este caso como el Reino entregado al pueblo de Israel. Éste no da los frutos esperados y maltrata y asesina a los enviados de Dios, terminando con su propio Hijo. Pablo, testigo de la nueva alianza, anima a los filipenses a abrirse al amor del Dios de la paz, viviendo como verdaderos discípulos de Cristo.

COMPRENDER EL TEXTO

La parábola de los labradores homicidas está ambientada en el recinto del templo de Jerusalén, inmediatamente antes del relato de la pasión de Jesús. Allí tienen lugar una serie de discusiones de Jesús con las autoridades y los grupos más representativos del judaísmo. El contexto y el contenido de la parábola son de fuerte polémica.

Se dan notables paralelismos con Isaías 5. En los dos casos la viña es un símbolo del pueblo de Israel. Esta parábola es como un resumen de la historia de las relaciones entre Dios e Israel. Los criados son los profetas que Dios ha ido enviado a Israel. Es evidente la identificación del hijo con Jesús. La forma como describe Mateo su muerte en el texto tiene en cuenta el relato de la Pasión (el hijo muere fuera de la viña. Jesús fuera de las murallas de Jerusalén).

Es evidente el rechazo a Jesús por la mayor parte del pueblo de Israel, y especialmente por sus autoridades.

Aparece también la apertura universalista que será típica del cristianismo (se dará a un pueblo que produzca sus frutos).

Hay, sobre todo, una fuerte carga cristológica, que culmina con la aplicación a Jesús del texto sobre la piedra desechada por los arquitectos, que finalmente será la piedra angular (Sal. 117,22-23). Los cristianos veían en esa imagen el anuncio de la muerte y resurrección de Cristo, y por eso se cita en diversas ocasiones en el Nuevo Testamento.

Prosigue el discurso en parábolas de Jesús, sobre el que llevamos reflexionando ya varios domingos. Hay una continuidad temática. Los operarios que esperan un salario mayor por haber estado trabajando todo el día y que critican la bondad del amo de la viña, el hijo que promete y no cumple, y hoy, los colonos que no pagan el arriendo, que en lugar de dar frutos de amor y de justicia, matan y asesinan.

El hilo conductor es la polémica de Jesús con los líderes de Israel. A todos nos puede surgir en un momento determinado la soberbia inmisericorde, la presunción de pensar que Dios nos debe algo, la tentación de vivir la religión de boquilla, más como posición social que como transformación personal… Y hoy, con atención muy especial a quienes tienen funciones de responsabilidad, se nos habla de otra grave tentación: tomar como propio lo que nos ha sido confiado. El mensaje de la parábola no es que Dios rechace a Israel, sino que ha llegado la hora de que sus dirigentes rindan cuentas, y esto vale también para nosotros.

El amor de Dios. Isaías y Mateo no hacen sino reproducir la estampa del primer capítulo del Génesis. El autor del relato trata de describir, no el origen del mundo, sino el original amor de Dios que, en el principio, prepara la morada del hombre: mansión con jardín, llena de luz y de vida, con toda suerte de animales y plantas para sustento y ayuda de Adán y Eva, de toda la humanidad. El hombre no solo no corresponde al amor de Dios, sino que se rebela y se engríe hasta pretender ser como Dios. En Isaías se dice que la cosecha es mala: agrazones. En Mateo, que los jornaleros pretenden quedarse con la viña dando muerte al heredero.

Llamada a la responsabilidad. El pecado del hombre tropieza, siempre con el amor misericordioso del Padre. Desde el principio, el pecado de la humanidad encuentra una salida en la promesa del Salvador. El Señor quiso que su amor no se perdiera y se perpetuara en un nuevo pueblo, la Iglesia de Jesús. Cuando los viñadores deciden dar muerte al Hijo de Dios, Dios decide darles una nueva vida y hacerles hijos suyos gracias al sacrificio de Cristo. El perdón de Dios no conoce resentimientos, es siempre una nueva oportunidad. Dios está siempre dispuesto a ponernos en el lugar de hijos, como en el hijo pródigo.

¿Es posible un mundo mejor? Hay salvación. Hay que abrir la luz de Cristo al mundo. Pecado colectivo, pero también somos portadores de Gracia.

ACTUALIZAMOS

El evangelio contiene duras palabras contra un pueblo y sus dirigentes que no reconocieron a los profetas enviados por Dios ni a su Hijo, y les maltrataron hasta la muerte. Despojados aquellos labradores, el nuevo pueblo de Dios es heredero del Reino y recibe el encargo de entregar los frutos correspondientes.

  1. Por último, les mandó a su hijo”:

¿Qué te parece más sorprendente en la forma de actuar de Dios, tal como nos la presenta el evangelio de hoy?

  1. “Arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo”:

¿Cuáles son esos frutos que corresponden al Reino de Dios?

¿De qué manera estamos respondiendo al encargo de Dios?

  1. “La piedra que desecharon los arquitectos”:

¿Nuestra sociedad reconoce a Jesús como la piedra angular de sus vidas?

¿Y tú?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVI

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Esto dice el Señor:

«Insistís: «No es justo el proceder del Señor».

Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Salmo 24, 4-5. 6-7. 8-9

R./ Recuerda, Señor, tu ternura.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R./

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R./

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.

No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.

¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»

Contestaron:

«El primero».

Jesús les dijo:

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

COMENTARIO

Podemos leer los textos de este domingo como una invitación a meditar sobre la responsabilidad personal ante la llamada de Dios. Ésta es la propuesta del profeta Ezequiel: es necesario convertirse a la justicia de Dios para acogerse a su promesa de vida. También en el evangelio leemos que la invitación está hecha y no basta obedecer sólo de palabra. Hay que cumplir la voluntad de Dios. San Pablo, en su Carta, propone el modelo: Cristo, el propio hijo de Dios, es obediente al Padre hasta las últimas consecuencias. En cualquier caso, no estamos solos. Con el salmista confesamos que la ternura y el amor del Señor son eternos, y le pedimos que nos enseñe a caminar por sus sendas.

COMPRENDER EL TEXTO

Tras la entrada en Jerusalén, Mateo insiste en la actitud de Israel simbolizada por la higuera estéril que recibe la maldición de Jesús (Mt 21,18-22): el pueblo elegido no ha sido fiel a su misión y va a ser abandonado por Dios. El rechazo de los dirigentes judíos hacia Jesús, que desembocará en su pasión y muerte, es el marco de las parábolas que leeremos hoy y en los próximos domingos.

Con la entrada de Jesús en Jerusalén, los acontecimientos parecen precipitarse: la hostilidad de los dirigentes judíos se hace más manifiesta y todo va apuntando al desenlace final en la cruz. Comprenderemos mejor el evangelio de hoy si dedicamos un momento a leer los versículos anteriores (Mt 21,23-27).

Mientras Jesús desarrolla su ministerio en Galilea, los dirigentes judíos contemplaban sus palabras y las obras que realizaba como una amenaza lejana. Pero ahora, esta amenaza se ha trasladado a Jerusalén y se encuentra en el lugar más significativo del judaísmo: el templo. Por eso, en un contexto de abierta hostilidad, los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo van al encuentro de Jesús mientras enseña y le interrogan acerca de la autoridad con la que actúa. Jesús responde con tres parábolas, la primera de las cuales, forma parte del relato que acabamos de leer.

En la parábola de los dos hijos, en el contexto social de la época, llevar la contraria a un padre, especialmente en público, era una afrenta muy grave contra su honor. En este sentido, el hijo que dice que sí, aunque luego no vaya, al menos salva las apariencias, y el juicio que recaerá sobre él no será tan severo. Aunque la pregunta final es muy concreta: ¿quién hace la voluntad del padre? La respuesta es clara: el que va a la viña, aunque antes se hubiera negado a ello. Hasta aquí no hay duda de la enseñanza de la parábola: con Dios, representado por el padre, lo que cuenta es el cumplimiento de su voluntad. No vale lo que los hijos dicen, sino lo que hacen. A continuación, Jesús reinterpreta la parábola a la luz de la situación de hostilidad que está sufriendo.

Las palabras finales de Jesús tienen como protagonistas a los publicanos y a las prostitutas, cuya actitud se contrapone a la de los sacerdotes y ancianos de los judíos. Los recaudadores y las prostitutas estarían representados por el primero de los hijos: inicialmente dijeron no a Dios, al negarse a vivir según los mandamientos, y fueron social y religiosamente proscritos por ellos; pero en realidad han sido capaces de acoger la invitación de Juan Bautista y han cumplido la voluntad del Padre. Por el contrario, los dirigentes judíos, asimilados por Jesús al segundo de los hijos de la parábola, dijeron sí a Dios, aceptaron la ley de Moisés, lo que les hace irreprochables ante el pueblo. Pero en realidad, al no acoger el camino de la salvación que traía Juan, no cumplieron la voluntad de Dios.

Lo verdaderamente importante para entrar en el Reino de Dios es cumplir la voluntad del Padre. Jesús responde así una vez más a quienes le acusaban de ser cercano a los marginados de la sociedad, recaudadores de impuestos, prostitutas, pecadores…; las normas sociales que declaraban a alguien proscrito son cosa del pasado; ahora, la única norma vigente para el discípulo de Cristo es la realización de la voluntad de Dios. En la comunidad de Mateo estas palabras dieron luz a la situación que estaba viviendo: por una parte, los dirigentes judíos no aceptaban el evangelio de Jesús y rechazaban abiertamente a los cristianos, que le reconocían como enviado del Padre, y, por otra, los paganos eran quienes acogían la Buena Noticia del Evangelio.

ACTUALIZAMOS

Las palabras de Jesús iluminaban las situaciones que se vivían en el seno de la comunidad de Mateo. La invitación del padre para ir a trabajar a su viña nos mueve, también a nosotros, a meditar sobre nuestra respuesta en el ámbito personal y comunitario.

  1. “¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?”:

¿Qué significa en mi vida cumplir la voluntad del Padre?

  1. “Pero después se arrepintió y fue.”:

¿Cuál es en este momento el punto central de mi compromiso cristiano?

¿Mi vida es coherente con la fe que proclamo de palabra?

  1. “Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios”:

¿Desde qué criterios valoro a las personas?

¿Miro a la gente con los ojos de Dios o según los modelos vigentes en nuestra sociedad?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXV

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.

Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Porque  mis planes  no son vuestros planes,  vuestros caminos no son mis caminos   – oráculo del Señor -.

Como dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18

R./ Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R./

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R./

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:

Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.

Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”.

Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:

“Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos:

“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo ponen ante nuestros ojos el rostro de un Dios que, como siempre, nos desconcierta. Aunque hace tiempo que somos cristianos, nos queda aún mucho por aprender. Todavía es grande la distancia entre sus proyectos y los nuestros, como dice Isaías. Y tal como sugiere el evangelio, en todo momento el Señor sobrepasa tanto nuestra manera de comprender nuestra relación con él y con los hermanos. Él sigue llamando, invitando, a trabajar en su viña; que al atardecer de cada jornada podamos decir, como san Pablo a los cristianos de Filipos, que para nosotros la vida es Cristo.

COMPRENDER EL TEXTO

En los evangelios de los últimos domingos leíamos la enseñanza de Jesús sobre la corrección fraterna y el perdón, fundamento de unas nuevas relaciones entre los discípulos y expresión visible del Reinado de Dios. El evangelio de hoy continúa con el anuncio del Reino: la novedad en las relaciones humanas se comprende desde la novedad en la relación de cada creyente con Dios.

La parábola de hoy contiene una nueva enseñanza sobre el Reino de los Cielos que sólo encontramos en el evangelio de Mateo. En esta ocasión, Jesús cuenta la historia de un propietario que sale al despuntar la mañana en busca de jornales para que trabajen en su viña. En la primera parte del relato vemos cómo esa búsqueda de trabajadores se repite en varias ocasiones a lo largo del día. A continuación, en la segunda parte, se narra el pago a los jornaleros y la reacción de algunos de ellos.

La escena que se describe era habitual: cada mañana, muchos hombres esperaban ser contratados para trabajar a lo largo de esa jornada y llevar a sus casas el dinero con el que sus familias pudieran subsistir. Pero Jesús introduce en la historia dos elementos que captan la atención del auditorio. En primer lugar, el propietario sale cinco veces a lo largo del día, desde el amanecer hasta que va anocheciendo. Al final de la jornada sigue también contratando jornaleros aun a sabiendas de que su trabajo iba a rendir muy poco (estaba oscureciendo y todavía tenían que ir hasta la viña). En segundo lugar, con los contratados al amanecer sí que pacta el jornal en un denario, pero con los demás no se acuerda cantidad alguna: a unos les dice que se les pagará lo justo y a los últimos se les envía a la viña sin hablar de esa cuestión. La expectación que crea estos hechos hace que los oyentes presten especial atención a los últimos jornaleros y a la paga que iban a recibir.

En la segunda parte de la historia se distinguen dos momentos sucesivos: el pago de los salarios y el diálogo entre el propietario y los trabajadores de la primera hora. La idea de que los últimos serán los primeros está en el centro del pasaje (Mt 20,8) y lo enmarca al principio y al final (19,30 y 20,16). Siguiendo las órdenes del dueño, los primeros en cobrar son los que se incorporaron los últimos al trabajo. Además, todos los jornaleros recibieron la misma paga: un denario.

Viendo que los últimos recibían un denario, y aunque esa era la cantidad que habían acordado con el propietario, los primeros en ser contratados pensaron en buena lógica que iban a cobrar más: habían trabajado todo el día bajo el sol. En la queja de estos trabajadores se manifiesta su sentido de la justicia: a más trabajo, más salario. La rotundidad de la respuesta del propietario deja las cosas claras. Primero, dos preguntas: (“¿no quedamos en un denario?”, “no puedo hacer con lo mío lo que quiera”) señalan el derecho que asiste al propietario para actuar de ese modo. En segundo lugar, se expresa la razón última de su comportamiento (“yo soy bueno”), que va más allá de la mera justicia y lógica humanas. Y, por último, se apunta a que en la reclamación de los trabajadores puede haber algo de envidia encubierta.

Los cristianos a quienes Mateo dirige su evangelio entendieron que tras la parábola había una importante enseñanza para sus vidas. Aquellos que provenían del judaísmo y que formaban el núcleo original de la comunidad de Mateo no debían sentirse superiores a los cristianos llegados del paganismo, que se incorporaron más tarde. Igualmente, entre los miembros de la comunidad no podían considerarse más importantes los que desempeñaban una tarea de responsabilidad o quienes eran especialmente activos en la evangelización que aquellos otros “pequeños” que prestaban un servicio más discreto. Ahora nos corresponde a nosotros actualizar la parábola y leerla en el contexto de nuestra vida y de nuestra Iglesia.

ACTUALIZAMOS

Un amo y sus jornaleros. Dios y nosotros. Y un mensaje sobre el Reino: una invitación constante, últimos que serán primeros y un salario generoso. Nuestra vida de fe, caridad y esperanza se renueva desde la cotidiana llamada de Dios en nuestra vida, el establecimiento de un nuevo orden en las relaciones humanas y un futuro rebosante de magnanimidad de Dios.

  1. “Id también vosotros a mi viña”:

Dios llama una y otra vez a lo largo de nuestra vida.

¿A qué me llama Dios en este momento de mi vida? ¿cómo voy a responder?

  1. “¿No tengo libertad para hacer lo que quiera?”:

No podemos relacionarnos con Dios en términos mercantilistas, intentando comprar la salvación.

¿Cómo puedo crecer en ese sentido?

  1. “Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos”:

¿Quiénes son los últimos en nuestra sociedad, en nuestra familia, en nuestra Iglesia…?

¿Qué estoy haciendo para que sean los primeros en mi vida?

  1. “Amigo, no te hago ninguna injusticia”:

En el pasaje sobresalen el valor de la justicia (se paga el salario acordado) y el de la generosidad (se da más de lo esperado).

¿Cómo están presentes ambos valores en mi relación con los demás?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ODINARIO DOMINGO XXIV

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30-28, 7

Rencor e ira también son detestables, el pecador los posee.

El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?

Piensa en tu final y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a los mandamientos.

Acuérdate de los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa.

Salmo 102, 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12

R./ El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R./

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R./

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R./

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

COMENTARIO

No podemos pretender para nosotros el perdón de Dios, si nosotros, a nuestra vez, no concedemos el perdón a nuestro prójimo. Es una condición: piensa en el final, en el perdón de Dios, y deja ya de odiar; echa el rencor, esa molesta mosca que vuelve y regresa. Si no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados. (Papa Francisco, 13-09-2020)

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje de hoy corresponde a la segunda de las instrucciones que encontramos en el capítulo 18 de Mateo sobre cómo debe ser el trato con los pecadores. De igual forma que el domingo pasado leíamos la propuesta en torno a la corrección fraterna, el evangelio de hoy contiene una magnifica enseñanza sobre el verdadero sentido del perdón.

Podemos distinguir dos partes en el pasaje de hoy, la primera contiene la pregunta de Pedro a Jesús y la concisa respuesta del maestro, y la segunda, una parábola sobre el perdón. Nos fijamos en el diálogo con el que se abre el pasaje. Como sabemos con el número siete se expresa en la Biblia la totalidad y la perfección. Pedro pregunta acerca del perdón al hermano, pero realmente no pretende averiguar el número de veces que tiene que perdonar, sino cuál debe ser la calidad de ese perdón. Y Jesús responde exactamente a su pregunta: hay que perdonar “setenta veces siete”, es decir, el perdón ha de ser perfectamente perfecto, infinitamente infinito. Además, en esta respuesta de Jesús hay otro elemento importante que no pasó desapercibido a su auditorio. En el primer libro de la Biblia, el castigo prometido a quien atenta contra Caín y contra Lamec era de 7 y de 77 veces, respectivamente (Gn 4,15.24). Jesús realiza un cambio radical en las relaciones entre las personas: de la venganza sin límites se pasa al perdón sin límite. La parábola que está a continuación propone la razón de este cambio.

El versículo 23 compara el Reino de los Cielos con lo que sucede con un rey y sus siervos. En la primera escena comparece un siervo cuya deuda con el rey era impagable. Ante la perspectiva de ir con toda su familia a la cárcel, este siervo, suplica paciencia y se compromete a pagar. El rey escucha al siervo y va más allá de lo que pide: de manera increíble, le condona toda la deuda. Cuando pasamos a leer la segunda escena, enseguida nos damos cuenta de que el evangelista la plantea como un calco de la primera, para que la diferencia entre ambas resalte más.

El encuentro se produce ahora ente dos personas de la misma condición, dos “compañeros”, y los cien denarios son una cantidad insignificante comparados con la anterior. El acreedor tiene agarrado por el cuello al deudo y, en lugar de tener paciencia ante la súplica de este, le envía a la cárcel. El desenlace de la historia lo encontramos en la tercera escena, motivado por la indignación que lo ocurrido provoca entre los demás compañeros. El rey le recuerda a ese siervo cómo le había perdonado su deuda impagable y le recrimina que no haya actuado de forma similar con el otro que le debía una minucia por ello le envía a la cárcel y le exige el pago de toda su deuda.

La manera como actúa el acreedor era la normal en la vida cotidiana, si provoca indignación es porque el evangelista la presenta en paralelo al perdón sobreabundante del rey, a quien el auditorio ha identificado con Dios desde el principio de la parábola. De esta forma, Mateo quiere llamar la atención a la comunidad a la que escribe porque tal vez en muchas ocasiones está actuando como ese acreedor, y, al mismo tiempo, proponer la Buena Noticia del Reino de los Cielos, que establece el orden supremo de la misericordia. El perdón al hermano no es algo accesorio: se sitúa en el centro de la relación del creyente con Dios y le capacita para acoger su misericordia.

ACTUALIZAMOS

En nuestra relación con Dios siempre están presentes nuestros hermanos. Él toma la iniciativa en el amor y la compasión, y nos enseña a progresar en la senda del perdón. Desde el nuevo orden de la misericordia en el que Dios nos coloca podemos ver un horizonte de esperanza en medio del odio y la venganza que aparecen sembrados en nuestra historia cotidiana.

  1. “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

El siervo había sido perdonado, pero no había experimentado realmente el perdón. ¿Cómo he experimentado en mi vida la misericordia y el perdón de Dios?

  1. El Señor tuvo compasión de aquel siervo. 

¿Qué te parece más sorprendente de este Dios del que me habla el evangelio?

  1. “Setenta veces siete”.

El perdón que recibimos de Dios es completo, perfecto: ¿Es así mi perdón a los que me rodean?

¿Qué dificultades encuentro para perdonar de este modo?

¿Qué estoy haciendo para crecer en el perdón a los demás?

  1. Recibo el perdón de Dios.

¿De qué manera transmito el perdón que recibo de Dios al hermano que tiene una deuda conmigo?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIV «NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO»

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13-14

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

A él se le dio poder, honor y reino.

Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.

Su poder es un poder eterno, no cesará.

Su reino no acabará.

Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5

R./ El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder. R./

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R./

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra.

Al que nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre.

A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra.

Sí, amén.

Dice el Señor Dios:

«Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús:

«¿Eres tú el rey de los judíos?».

Jesús le contestó:

«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

Pilato replicó:

«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

Jesús le contestó:

«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

Pilato le dijo:

«Entonces, ¿tú eres rey?».

Jesús le contestó:

«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

 COMENTARIO

Hoy finaliza el año litúrgico con la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Durante el año hemos celebrado los misterios del Señor Jesús por los cuales los hombres recibimos la salvación y la vida. Hoy tiene el tono de una fiesta que es recopilación de todo. La Iglesia nos invita a una contemplación global del misterio del Señor Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro. Y hoy, de una manera muy viva, aparece el doble acento que acompaña siempre la figura de Jesucristo: la grandeza y la sorpresa, incluso el escándalo.

La realeza de Jesús es el tema central de las lecturas. El profeta Daniel, tras asistir a la caída de los imperios de su época, observa que Dios entrega el poder universal a un personaje divino y humano al mismo tiempo, al que denomina Hijo del hombre. La comunidad de Juan reconoce en este personaje a Jesús, el “soberano de los reyes de la tierra”, el “testigo fidedigno”, que confiesa su realeza ante Pilato.

Quienes acogen el señorío de Cristo participan ya desde ahora de su función real y entran en comunión con el Dios que es alfa y omega de todo lo creado. Pero acoger la realeza de Jesucristo no es fácil, porque se trata de un rey crucificado.

COMPRENDER EL TEXTO

JESÚS, SIGNO DE CONTRADICCIÓN

Este contraste ya apareció subrayado por los ángeles en su nacimiento, que celebrábamos en la Navidad: “Os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,11-12). Después se manifiesta con motivo de su título central, proclamado por el Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17). Toda su vida provocó una confrontación constante: “Si eres el Hijo de Dios…”, el tentador primero, y después todos, seguidores y no seguidores, reaccionan sin comprender hasta llegar al pie de la cruz: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz” (Mt 27,40).

JESÚS SE DECLARA REY

Hoy el contraste es vivo, lacerante. Jesús había rechazado siempre las pretensiones de llegar al poder, de ser erigido como rey. Al final de su vida, él mismo dice: “Tú lo dices: soy rey”, precisamente en una situación en la que esta frase es ridícula, incluso grotesca. Él es el reo humillado e insultado, a punto de recibir la sentencia a una muerte terrible en la cruz. San Pablo a esto lo llamó “el escándalo de la cruz”.

JESÚS ES REY PORQUE ES TESTIMONIO DE LA VERDAD

Este contraste doloroso nos ayuda a acercarnos al misterio de Jesús con un respeto inmenso, con la actitud de quien tiene que estar siempre aprendiendo. Sus categorías no son “de este mundo” (evangelio); son de Dios, no de los hombres (cf. Mc 8,33), como dijo a Pedro cuando éste lo contradijo la primera vez que anunció su muerte. Él mismo declara el sentido de su proclamación: “Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad” (evangelio). Evoca sus palabras a los discípulos sobre la actitud no de dominio, como los reyes de la tierra, sino de servicio: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45).

LA VERDAD SOBRE EL AMOR DE DIOS Y LA NUEVA VIDA

Jesús ha venido para ser testigo de la Verdad. Es la Verdad sobre Dios, padre que ama a la humanidad entera y se da como Vida para todos; y la Verdad sobre nuestra vida humana, la vida en Dios: de amor, de pobreza, de generosidad, de libertad, de esperanza. Él ha dado testimonio con su Vida y su Palabra, y especialmente con su Muerte y su Resurrección. Él ha vivido como “el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos” (segunda lectura).

Es el núcleo del misterio cristiano que hemos celebrado en todo el año litúrgico. Ésta es su verdadera realeza, la del que vive en el Padre, amando y dándose hasta la Muerte, encontrando así la plenitud de la resurrección. El evangelio de Juan lo destaca, subrayando el título de la cruz: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos” (Jn 19,19). Es “el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (prefacio). Jesucristo reina desde la cruz.

SER DE LA VERDAD

Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (evangelio). La expresión “todo el que es de la verdad” ha de ser meditada en silencio ante la humanidad entera. Cuando Jesús la pronunció y Juan la escribió no había cristianos, o eran pocos… “Ser de la Verdad” es una actitud del corazón que se traduce en una manera de vivir, en todas partes y en todos los tiempos. Son los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y la justicia, los que se abren misericordiosamente a los demás, los que escuchan y perdonan, los que transmiten alegría y libertad como Jesús. Son la obra de Dios entre nosotros los hombres, los que escuchan en el corazón la voz del Señor, los que participan del Espíritu de Jesús, los que reinan con él porque viven en la Verdad y dan testimonio con su manera de vivir. Todos estamos llamados a vivir así; por eso ha venido. “Nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre.” (segunda lectura).

LA EUCARISTÍA, SIGNO DEL MISTERIO

Consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que, ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (prefacio). Es la riqueza del lenguaje cristiano que se acerca al misterio insondable de Jesús, Muerto y Resucitado. Lo celebramos y participamos de él en la Eucaristía, signo de la nueva vida de reyes, sacerdotes e hijos que traen la paz.

ACTUALIZAMOS

Ahora sabemos en qué consiste la realeza de Jesús, cuál es la verdad de la que ha venido a dar testimonio en este mundo. Su Reino no necesita legiones, sino testigos capaces de llegar hasta la entrega de la vida.

  1. Gracias al Bautismo participamos de la realeza de Jesús.

¿Cómo compromete tu existencia esa realeza?

¿A qué testimonio te invita?

  1. Los cristianos somos llamados a colaborar en la construcción de un Reino que no se identifica con los poderes de este mundo pero que se empieza a realizar en él.

¿Cómo te implicas en esta tarea?

  1. En este mundo,

¿Cómo impulsa, anima mi esperanza la victoria de Cristo sobre el odio, la ingratitud, la muerte?

¿Descubro que su victoria es, en apariencia, una derrota?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIII

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora.

Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro.

Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua.

Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11

R./ Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R./

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R./

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 11-14. 18

Todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.

Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.

Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados.

Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

COMENTARIO

El año litúrgico está próximo a su fin y las lecturas nos recuerdan que, desde la muerte y resurrección de Cristo, los últimos tiempos ya han comenzado. Daniel expresa, en lenguaje apocalíptico o escatológico (tratado de los últimos tiempos) una esperanza: el mal no tiene la última palabra y quienes están inscritos en el libro de Dios alcanzarán la vida. Esta es la misma certeza que ofrece el evangelio de Marcos, pero centrada en el misterio pascual de Cristo. Porque como dice Hebreos, él ya ha vencido, está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo en que su victoria se vuelva evidente y definitiva para el mundo.

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje del evangelio resulta extraño a nuestra mentalidad. El lenguaje que utiliza puede provocar desconcierto y temor, aunque no es esa la intención del evangelista, que adopta una forma de escritura propia de la época: el lenguaje apocalíptico (que oculta y revela) para decir a su comunidad que no se deje vencer por el desánimo porque, a pesar de la demora, habrá una segunda venida, esta vez gloriosa, de Jesucristo.

Este pasaje se sitúa después de las acciones simbólicas de Jesús en el templo (Mc 11,1) y tras las discusiones que mantiene con los principales grupos judíos (Mc 11,26).

Después de esto, Jesús inicia una instrucción particular a sus seguidores. En el mismo escenario, frente al templo, toma la postura del maestro (Mc 13,3 sentado) e inicia la enseñanza, respondiendo a las preguntas de Pedro, Santiago, Juan y Andrés sobre el fin de los tiempos. Usa el lenguaje apocalíptico que pretendía desvelar un mensaje de Dios, que ofrecía un mensaje de ánimo y consuelo a grupos judíos y cristianos en crisis.

Los cristianos para los que Marcos escribe su evangelio pasaban por dificultades. Constataban que la segunda venida de Jesús, que creían inmediatamente, se retrasaba; en sus filas había signos de dejadez, rutina y abandono del mensaje radical de Jesús. Marcos recuerda que en la tradición cristiana hay palabras de exhortación y aliento: Cristo volverá con gloria, aunque no se sabe cuándo. Por eso es necesaria la vigilancia.

El pasaje de hoy habla de la venida de Cristo. Pero no le llama Mesías, ni Jesús, sino que le denomina con un título del Antiguo Testamento: HIJO DEL HOMBRE, para juzgar a la humanidad (Dn 7,13). Este personaje anunciado en el Antiguo Testamento es Jesús, él aparecerá al final de los tiempos revestido con el poder y la gloria de Dios. Como triunfador definitivo, convocará y reunirá a quienes hayan permanecido fieles. Lo que no sabemos es cuando ocurrirá, sólo lo sabe el Padre. Lo importante es fiarse de la Palabra de Jesús y vivir con la certeza de que a partir de su muerte y resurrección ese día ya está presente, palpitando en nuestro tiempo.

Este pasaje es muy rico en imágenes (característica del lenguaje apocalíptico), pero no se puede entender de forma literal. La revolución cósmica, las calamidades y tribulaciones que utiliza este género literario son una forma de expresar la intervención de Dios en la historia y el mundo. Las imágenes, comparaciones y otras sentencias están también al servicio del mensaje que se quiere revelar, en el caso del evangelio de hoy es claro: VENDRÁ CRISTO, en un tiempo cercano, pero incierto. Hay que estar preparados.

ACTUALIZAMOS

Jesús nos invita a vivir en profundidad, a prestar atención a los signos de los tiempos, porque el futuro palpita en nuestro presente como la vida en la higuera aparentemente sin vida durante el invierno. Si no abrimos nuestros ojos, si no estamos alertas, podemos olvidar que éste es un tiempo en el que Dios actúa y en el que el ser humano va forjando su opción a favor o en contra de la vida.

  1. “Verán venir al Hijo del hombre”

¿Cómo entiendo hoy que el Señor viene?

¿Dónde descubro su llegada a mi vida y al mundo?

  1. La certeza de la fe de que el Señor está cerca,

¿Te invita a tomar compromisos concretos: personales y como Iglesia?

  1. En este mundo,

¿Es para ti motivo de esperanza la venida del Señor o te provoca miedo y angustia? ó quizá, ni siquiera le esperas.

ORAMOS

Vivimos aguardando la manifestación definitiva de Jesucristo. Es tiempo de sostener la fe, de arriesgar la vida, y sólo con nuestras fuerzas no podemos caminar. Vamos a hablar con el Señor y a pedirle que reconozcamos día a día los signos de su presencia en el mundo.

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXII

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 10-16

En aquellos días, se alzó el profeta Elías y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña.

Elías la llamó y le dijo:

«Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».

Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle:

«Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».

Ella respondió:

«Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».

Pero Elías le dijo:

«No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo lo harás después.

Porque así dice el Señor, Dios de Israel:

“La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”».

Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.

Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10

R./ Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R./

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R./

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 24-28

Cristo entró no en un santuario construido por hombres, imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.

Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena. Si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde la fundación del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de los tiempos, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio.

De la misma manera, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos.

La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar a los que lo esperan.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:

«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».

Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.

Llamando a sus discípulos, les dijo:

«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

COMENTARIO

El episodio evangélico de hoy (ver Mc 12, 38-44) concluye la serie de enseñanzas impartidas por Jesús en el templo de Jerusalén y resalta dos figuras opuestas: el escriba y la viuda. Pero ¿por qué están contrapuestas? El escriba representa a las personas importantes, ricas, influyentes; la otra —la viuda— representa a los últimos, a los pobres, a los débiles. En realidad, el juicio resuelto de Jesús contra los escribas no concierne a toda la categoría de escribas, sino que se refiere a aquellos que alardean de su posición social, que se enorgullecen del título de “rabí”, es decir, maestro, a quienes les gusta que les reverencien y ocupar los primeros puestos (ver versículos 38-39). Lo peor es que su ostentación es sobre todo de naturaleza religiosa, porque rezan, dice Jesús —“so capa de largas oraciones”—(v.40) y se sirven de Dios para proclamarse como los defensores de su ley. Y esta actitud de superioridad y de vanidad les lleva a despreciar a los que cuentan poco o se encuentran en una posición económica desaventajada, como es el caso de las viudas.

Jesús desenmascara este mecanismo perverso: denuncia la opresión instrumentalizada de los débiles por motivos religiosos, diciendo claramente que Dios está del lado de los últimos. Y para grabar esta lección en la mente de los discípulos, les pone un ejemplo viviente: una pobre viuda, cuya posición social era insignificante porque no tenía un marido que pudiera defender sus derechos, y por eso era presa fácil para algún acreedor sin escrúpulos. Esta mujer, que echará en el tesoro del templo solamente dos moneditas, todo lo que le quedaba, y hace su ofrenda intentando pasar desapercibida, casi avergonzándose. Pero, precisamente con esta humildad, ella cumple una acción de gran importancia religiosa y espiritual. Ese gesto lleno de sacrificio no escapa a la mirada de Jesús, que, al contrario, ve brillar en él el don total de sí mismo en el que quiere educar a sus discípulos.

La enseñanza que Jesús nos da hoy nos ayuda a recobrar lo que es esencial en nuestras vidas y favorece una relación concreta y cotidiana con Dios. Hermanos y hermanas, las balanzas del Señor son diferentes a las nuestras. Pesa de manera diferente a las personas y sus gestos: Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones. Esto significa que nuestro “dar” a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención. Nos salvó gratuitamente. Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Por eso, Jesús indica a esa viuda pobre y generosa como modelo a imitar de vida cristiana. No sabemos su nombre, pero conocemos su corazón —la encontraremos en el Cielo y seguramente iremos a saludarla—, y eso es lo que cuenta ante Dios. Cuando nos sentimos tentados por el deseo de aparentar y de contabilizar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados ​​en la mirada de los demás pensemos en esta mujer y, —permitidme las palabras— cuando nos pavoneemos, pensemos en esta mujer. Nos hará bien: nos ayudará a despojarnos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y a permanecer humildes.

¡Que la Virgen María, mujer pobre que se entregó totalmente a Dios, nos sostenga en el propósito de dar al Señor y a los hermanos, no algo nuestro, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa! (Papa Francisco, 11-11-2018)

COMPRENDER EL TEXTO

La primera lectura y evangelio de hoy nos muestran a dos viudas pobres. Una ayuda generosamente a un enviado de Dios, el profeta Elías. La otra se convierte en ejemplo de entrega total y, desinteresada para los discípulos. En ambas se realiza la Palabra de Dios que, como dice el salmo, “sustenta a la viuda”.

La segunda lectura nos dice que, conociendo nuestra debilidad, Cristo se ha ofrecido de una vez para siempre, para quitar los pecados de todos. Sin embargo, lejos de adormilar nuestra conciencia, la certeza de contar con la misericordia de Dios nos debe impulsar a mirarnos en el ejemplo de aquella viuda pobre a la que Jesús alaba.

Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En Marcos 12,28, un escriba se presenta con sinceridad ante Jesús porque desea saber su opinión acerca del mandamiento más importante de la ley. No todos los escribas son así, otros maestros de la ley tienen una actitud totalmente distinta. Jesús nos llama la atención sobre la incoherencia de estos maestros en el inicio del evangelio de hoy.

La actividad de Jesús en Jerusalén gira en torno al templo y al culto. Se inicia con unos gestos simbólicos que manifiestan quién es Jesús (Mc 11,15-18 expulsión de los vendedores), esto tiene su réplica por parte de los dirigentes judíos (Mc 11,27-33: controversia sobre su autoridad). Este es el ambiente polémico en el que se inserta el evangelio de hoy. Jesús ha respondido con autoridad a las cuestiones que le plantean distintos grupos judíos, se dirige a sus discípulos para mostrarles qué actitudes deben rechazar y cuáles favorecer en su relación con Dios.

El texto leído consta de una advertencia y una enseñanza final a los discípulos. La advertencia es que hay que guardarse de las actitudes personificadas en los maestros de la ley, escribas, actitudes que en el fondo amenazan a todo ser humano: la ambición, el orgullo y la búsqueda de prestigio.

Los escribas o maestros de la ley eran especialistas en el estudio y aplicación de la escritura. Pero saber interpretarlas se convirtió para ellos en una forma de ganar prestigio social y en un medio para enriquecerse, olvidándose, entre otras cosas, que Dios había pedido la defensa de los más débiles (entre ellos las viudas Ex 22,21). Por tanto, la religión les otorgaba prestigio, reconocimiento público, seguridad material y, además, les permitía aprovecharse de los más desfavorecidos.

Pero Jesús no se queda solo en el reproche a los escribas, sino que nos presenta un ejemplo positivo. Jesús quiere transmitir algo muy importante a los discípulos, pero más que un discurso, les pide que se fijen en una viuda pobre que deposita en la caja del templo una ofrenda voluntaria. Jesús establece el contraste entre dos formas de vivir la religión:

  1. ESCRIBAS: la ejercen en su propio provecho, expertos en la escritura, disfrutan de prestigio social, buscan poder.
  2. VIUDA: vive la escritura desde la hondura de su desamparo; es mujer, viuda y pobre (3 elementos que en aquella época significaban marginación); carece de todo reconocimiento público, es toda pequeñez. Jesús que ya se ha presentado como juez en el gesto simbólico de la higuera (Mc 11,12-14) establece una valoración muy diferente para ambos.

Dios no se fija en los ritos externos suntuosos, ni siquiera en lo que entregamos; más bien observa cuánto nos reservamos para nosotros. Por eso las dos monedas, de escaso valor aparente, de esa mujer y la entrega total que implica es lo que requiere el verdadero culto. Ese abandono en manos de Dios (primera bienaventuranza) es lo que separa a la viuda pobre de los ricos y de los escribas, lo que la hace obrar “con todo su corazón.., con todas sus fuerzas”, cumpliendo así el mandamiento más importante de la ley (Mc 12,29-31).

Su actitud ante Dios y el culto refleja una fe sin reservas, una humildad sincera y una confianza absoluta. Por eso esta viuda anónima fue un ejemplo para los discípulos y lo será para los cristianos de todos los tiempos.

ACTUALIZAMOS

El evangelio de hoy ha puesto ante nuestros ojos un ejemplo de piedad ejemplar, una muestra de apertura total a Dios, un culto de corazón que se hace vida. Podemos quedarnos en las ideas o podemos dejarnos interpelar por ellas y ponernos en camino de superación, de cambio y de mirada agradecida.

  1. Las monedas significan todo aquello que somos y tenemos.

¿Qué nos reservamos para nosotros, qué ofrecemos a Dios y a los demás?

  1. Aquella mujer viuda y pobre depositó toda su confianza en Dios.

¿Mi confianza en Dios es absoluta, como la de aquella mujer?

  1. Este pasaje,

¿Me invita a abandonar actitudes de escriba en mi forma de vivir el cristianismo?

¿Cuáles?

  1. Aquella viuda depositó las dos únicas monedas que tenía en el cesto de las ofrendas.

¿Cuáles son mis dos mejores monedas que quiero entregar hoy para construir el Reino de Dios?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXI

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 2-6

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Teme al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y nietos, y observa todos sus mandatos y preceptos, que yo te mando, todos los días de tu vida, a fin de que se prolonguen tus días. Escucha, pues, Israel, y esmérate en practicarlos, a fin de que te vaya bien y te multipliques, como te prometió el Señor, Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel.

Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón».

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

R./ Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R./

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R./

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R./

Lectura de la carta a los Hebreos 7, 23-28

Hermanos:

Ha habido multitud de sacerdotes de la anterior Alianza, porque la muerte les impedía permanecer; en cambio, Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.

Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.

Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

En efecto, la ley hace sumos sacerdotes a hombres llenos de debilidades. En cambio, la palabra del juramento, posterior a la ley, consagra al Hijo, perfecto para siempre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:

«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El letrado replicó:

«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

«No estás lejos del Reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

COMENTARIO

Los textos del evangelio que vamos leyendo estos domingos van cerrando el círculo alrededor de Jesús: los adversarios intentan tenderle trampas para poder inculparle. Y Jesús responde, a veces, con una cierta dureza. Hoy un escriba le pregunta cuál es el primer mandamiento. La respuesta hace referencia directa al texto de la primera lectura. Y el próximo domingo, otro momento tenso: la crítica de Jesús ante el afán por hacerse notar de los escribas. Como segunda lectura, la carta a los cristianos hebreos continúa presentando a Cristo como al gran sacerdote sin mancha, irreprochable, que ejerce un “sacerdocio que no pasa”.

COMPRENDER EL TEXTO

A menudo se dice que ser cristiano es amar a los demás. No es falso, aunque es insuficiente. Amar a los otros es una llamada que todo hombre puede descubrir. Pero el cristiano está tocado por la revelación conmovedora del amor de Dios para con los hombres. Su primer impulso es responder a este amor. Pero se dará cuenta de que si no llega a amar a sus hermanos, su amor a Dios es solo de palabra, es una mentira, como dice claramente Juan en sus cartas. La mejor formulación, si se quiere unir a Dios y a los hermanos en un mismo amor, será tomar el nuevo mandamiento: «que os améis unos a otros; como yo os he amado». Sin olvidar que es por ser fiel al amor de su Padre que Jesús no ha dudado en dar su vida por nosotros.

La página evangélica de hoy forma parte de una amplia “controversia” entre Jesús y algunos dirigentes del judaísmo oficial (Mc 11,27–12,34). La escena se desarrolla en un atrio del templo de Jerusalén, pocos días antes de la pasión. Saduceos, herodianos y fariseos ya habían hecho a Jesús varias preguntas capciosas para ponerle en aprieto (sobre su autoridad, el tributo al César y la resurrección de los muertos). Ahora, se adelanta el único interlocutor sincero, un escriba o maestro de la ley empeñado en la búsqueda de la verdad y le propone una cuestión realmente importante.

Los escribas eran los maestros o guías religiosos del pueblo. Conocían muy bien la ley y se encargaban de explicarla al pueblo y de aplicarla a situaciones concretas de la vida. En su afán de codificar moralmente la existencia humana hasta los mínimos detalles, habían catalogado hasta 613 normas o preceptos (248 que mandan y 365 que prohíben), a los que habían añadido otras muchas prescripciones. Abrumado por el peso de estas leyes, el escriba que se acerca a Jesús parece que siente la necesidad de aligerar la carga, de concentrarse en un principio supremo que, en lugar de asfixiar y angustiar a las personas, sea capaz de simplificarles la vida y permitirles vivir más unificados y en paz.

Preguntado solo por el primer mandamiento, Jesús responde también sobre el segundo. De ahí que su respuesta conste de dos partes, inspiradas en textos bíblicos: “Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,5) y “No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor” (Lev 19,18). La primera parte de la respuesta conjuga una afirmación sobre Dios (existe Dios, el único, nuestro Dios) y el imperativo de amarle con todas nuestras fuerzas (con la mente, el corazón y la voluntad). La segunda parte hace hincapié en el segundo mandamiento: el del amor al prójimo. Ambos mandamientos se sitúan en la misma perspectiva; el primero se realiza en el segundo.

El escriba aprueba con entusiasmo la doctrina de Jesús y éste termina elogiando la sinceridad y sensatez del escriba.

ACTUALIZAMOS

En la vida nos interesa saber qué es importante y qué no lo es, para dedicarnos a lo que merece la pena. Pero ¿qué es lo que merece la pena, cuando hoy en día tenemos tantas posibilidades a las que consagrarnos? En el evangelio de hoy la respuesta de Jesús al escriba nos ilumina y nos da la clave para que acertemos: lo más importante en un hombre religioso es amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo. Así, pues, será necesario renunciar a lo que pone en riesgo nuestro amor a Dios o al prójimo, que es lo que se nos ha encomendado. Verdaderamente no hay mandamiento mayor que estos. El único Señor al que le debemos la vida y el regalo de la creación entera que nos ofrece cada día.

Es este Dios el único Señor, el que debe recuperar su puesto central en nuestra vida. Con el que hemos de relacionarnos cada día, bendecir su nombre, escuchar sus palabras, aceptar su voluntad, reconocer su grandeza y su bondad y dejarnos conducir por sus caminos. Jesús nos recuerda también la centralidad del amor al prójimo. Al amar a nuestro prójimo estamos siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino al mundo para que tuviéramos vida y vida en abundancia. Vino a entregar su vida en rescate por muchos. Lo característico del discípulo de Jesús no es otra cosa sino amar intensamente a los demás y estar siempre a su servicio. 

  1. En este mundo,

¿Qué consecuencias personales y sociales tiene para tu vida este diálogo entre Jesús y el escriba?

¿Qué leyes, normas, costumbres… has colocado en tu vida por encima del amor?

  1. Jesús dice al maestro de la ley: “No estás lejos del Reino de Dios”.

¿Qué te diría a ti Jesús? ¿Por qué?

  1. Según este pasaje,

¿Cuáles son los rasgos que caracterizan la presencia del Reinado de Dios entre nosotros?

¿Percibes la presencia de esos rasgos en la Iglesia, en tu comunidad, en tu vida?

LECTIO DIVINA – TIEMPO ORDINARIO 2 DE NOVIEMBRE «TODOS LOS FIELES DIFUNTOS»

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

COMENTARIO

Esta conversación entre Jesús y los discípulos tiene lugar de nuevo alrededor de la mesa, durante la Cena (cf. Jn 14,1-6). Jesús está triste y todos están tristes: Jesús había dicho que uno de ellos lo traicionaría (cf. Jn 13,21) y todos perciben que algo malo va a suceder. Jesús comienza a consolar a los suyos: porque una de las tareas, “de los trabajos” del Señor es consolar. El Señor consuela a sus discípulos y aquí vemos cuál es la forma de consolar de Jesús. Nosotros tenemos muchas formas de consolar, desde las más auténticas, las más cercanas a las más formales, como esos telegramas de pésame: “Profundamente afligido por…”. No consuela a nadie, es una simulación, es el consuelo formal. Pero, ¿cómo consuela el Señor? Es importante saber esto, para que también nosotros, cuando en nuestra vida tengamos que pasar momentos de tristeza, aprendamos a percibir cuál es el verdadero consuelo del Señor.

Y en este pasaje del Evangelio vemos que el Señor siempre consuela en la cercanía, con la verdad y en la esperanza. Estas son las tres huellas del consuelo del Señor.

En la cercanía, nunca lejos: “estoy aquí”. Esa hermosa palabra: “estoy aquí”. “Estoy aquí contigo”. Y muchas veces en silencio. Pero sabemos que él está aquí. Él siempre está aquí. Esa cercanía que es el estilo de Dios, también en la Encarnación, para acercarse a nosotros. El Señor consuela en la cercanía. Y no usa palabras vacías, por el contrario, prefiere el silencio. La fuerza de la cercanía, de la presencia. Habla poco. Pero está cerca.

La segunda huella de la cercanía de Jesús, del modo de consolar a Jesús, es la verdad: Jesús es veraz. No dice cosas formales que son mentiras: “No, no te preocupes, todo pasará, no sucederá nada, pasará, lo malo pasa…”. No. Dice la verdad. No esconde la verdad. Porque en este pasaje él mismo dice: “Yo soy la verdad” (cf. Jn 14,6). Y la verdad es: “Me voy”, es decir: “Moriré” (cf. vv. 2-3). Estamos ante la muerte. Es la verdad. Y él lo dice simplemente y también suavemente, sin lastimar. Pero estamos ante la muerte. No esconde la verdad.

Y esta es la tercera huella: Jesús consuela en la esperanza. Sí, es un mal momento, pero «no se turbe vuestro corazón. […] Creed también en mí» (v. 1). Os digo una cosa —así dice Jesús—, «en la casa de mi Padre hay muchas moradas. […] Voy a prepararos un lugar» (v. 2). Él va primero a abrir las puertas, las puertas de ese lugar por el que pasaremos todos, así lo espero. «Volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros» (v. 3). El Señor regresa cada vez que alguno de nosotros está en camino de abandonar este mundo. “Volveré y os tomaré conmigo”: la esperanza. Él vendrá y nos tomará de la mano y nos llevará. No dice: “No, no sufriréis, no es nada…”. No. Dice la verdad: “Estoy cerca de vosotros. Esta es la verdad: es un mal momento, de peligro, de muerte. Pero no dejéis que vuestro corazón se turbe, permaneced en esa paz, esa paz que es la base de todo consuelo, porque volveré y os llevaré de la mano a donde esté”.

No es fácil dejarse consolar por el Señor. Muchas veces, en los malos tiempos, nos enojamos con el Señor y no dejamos que venga y nos hable así, con esta dulzura, con esta cercanía, con esta mansedumbre, con esta verdad y con esta esperanza.

Pidamos la gracia de aprender a dejarnos consolar por el Señor. El consuelo del Señor es verdadero, no engaña. No es anestesia, no. Está cerca, es veraz y nos abre las puertas de la esperanza. (Papa Francisco, 08-05-2020)

COMPRENDER EL TEXTO

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-6

Jesús tranquiliza a sus discípulos en el discurso de despedida, después de la Última Cena, ante la inminencia de su vuelta al Padre: es necesario tener confianza en la bondad y en el poder de Dios, más fuertes que la muerte, y en él como a su revelador más completo. Jesús ve la muerte no como una destrucción, sino como un retorno al hogar paterno, que es también su casa. La entrada en esta comunión con Dios-Padre no está reservada sólo para él, sino también para los discípulos. “Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo”. La vida, pues, no es una autopista que acaba en el vacío, sino que tiene un camino que conduce a la plenitud: después de haber vivido tanto con Jesús los discípulos deberían saber que él es el camino que conduce al Padre.

Tomás, sin embargo, no comprende las palabras de Jesús: en el evangelio de Juan este discípulo reconoce a Jesús como Mesías, hasta el punto de estar dispuesto a dar la vida por él (Jn 11,16), pero le cuesta comprender la dimensión divina, duda de verlo resucitado (Jn 20,25). En este momento Jesús manifiesta claramente “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Que es “camino” supone que hay una meta en la vida; y la “verdad”, un contenido, que no es una teoría, sino “la vida” (Jn 1,4). Jesús es “la vida” porque es el único que posee el secreto del sentido de la existencia, sin él no habría esperanza posible, sólo él tiene “palabras de vida eterna” (Jn 6,68); todo aquel que ama desinteresadamente, lo sepa o no, sigue el camino de Jesús que lleva a la vida plena y a la casa del Padre.

EL MISTERIO DE LA MUERTE

La muerte es un gran misterio. Todas las culturas de todos los tiempos se han preguntado por su sentido. También el pueblo de Israel tenía sus interrogantes sobre la muerte. Con la muerte no acaba nuestra existencia, sólo nuestra vida terrenal.

CRISTO HA VENCIDO A LA MUERTE

Los cristianos damos un paso adelante sobre la fe del Antiguo Testamento porque la vida de los hombres ha sido transformada por la resurrección de Cristo. Que Jesús ha muerto y ha resucitado está en el centro de nuestra fe. Y que nos haya hecho partícipes de su victoria sobre la muerte es una pieza clave. Las lecturas de difuntos, de un modo u otro, recogen esta idea: «Escucha con bondad, Señor, nuestras súplicas para que, al confesar nuestra fe en tu Hijo resucitado de entre los muertos, se afiance también nuestra esperanza en la futura resurrección de tus siervos» (oración colecta).

EL CAMINO PARA LA RESURRECCIÓN: CREER EN JESÚS

Para recibir el premio prometido sólo se nos pide la fe: «creed en Dios y creed también en mí» (evangelio). Creer en Jesús es fundamental ya que se nos presenta como el único medio para alcanzar la vida eterna: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí». Jesús mismo nos ha prometido que ha ido por delante para prepararnos sitio, así nos lo dice en el evangelio: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar». 

Esta fe no es algo etéreo, que se queda en el aire y no se pueda demostrar. La fe se manifiesta en un modo concreto de vivir: el estilo de vida que nos marcó Jesús en el evangelio. La vida terrenal y la vida celestial están estrechamente unidas. En palabras del apóstol san Pablo: «Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos» (Romanos 14, 8-9). Participar o no de la resurrección de Jesucristo está sujeto a nuestra existencia terrenal. Las oraciones de la misa piden insistentemente a Dios que borre los pecados que los difuntos cometieron por fragilidad humana y los admita en la asamblea de los santos y elegidos.

ACTUALIZAMOS

  1. “Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo”.

¿Asumo la limitación y caducidad de la vida terrena?

¿Creo de verdad en la vida junto a Dios?

  1. En tu vida,

¿Cómo te implica esta celebración a vivir la vida de una forma concreta?