LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXII

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Radiante e inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.

Se adelanta en manifestarse a los que la desean.

Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta.

Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.

Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8

R./ Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua, R./

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R./

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R./

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.

Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.

Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.

Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”

Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las prudentes:

“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.

Pero las prudentes contestaron:

“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:

“Señor, señor, ábrenos”.

Pero él respondió:

“En verdad os digo que no os conozco”.

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

COMENTARIO

Estamos cerca del fin del ciclo litúrgico y se nos invita a reflexionar sobre los acontecimientos finales de la vida humana y de la historia: la muerte, la segunda venida de Cristo, el juicio. Tras el lenguaje de las parábolas se esconde una invitación esperanzada a vivir el día a día con la mirada puesta en ese rencuentro definitivo con el Señor, que nos ha de encontrar siempre preparados.

En la primera lectura se personifica a la Sabiduría como una figura femenina que sale al paso de quienes la buscan y anhelan su cercanía. Son sabías también las cinco doncellas prudentes y previsoras del evangelio que van al encuentro del novio con sus lámparas encendidas. Su actitud sensata, hecha de fe activa, es la que deben encarnar también los miembros de la comunidad cristiana de Mateo mientras esperan el regreso del Esposo. Una espera que se alargaba y causaba inquietud en los primeros cristianos, preocupados por los que iban muriendo antes de la última venida de Cristo. A ellos responde Pablo en la Carta a los Tesalonicenses con un convencimiento lleno de esperanza. Cuando el Señor vuelva, todos –vivos y difuntos- saldremos a su encuentro para estar siempre con él.

COMPRENDER EL TEXTO

Después de amonestar duramente a los dirigentes del pueblo, Jesús abandona el templo de Jerusalén y pronuncia el último de los cinco discursos que contiene el evangelio de Mateo (Mt 24,1-25,46) que trata sobre los acontecimientos finales de los tiempos. Destacan una serie de comparaciones y parábolas cuyo tema de fondo es la preparación para la “parusía”, la segunda venida del Hijo del hombre como juez universal.

No es fácil interpretar correctamente esta parábola, es preciso, distinguir dos niveles temporales. Jesús se preocupaba para que sus discípulos acogieran el Reino de los Cielos que llegaba con su persona con la misma alegría con la que se celebran unos esponsales. Por eso les invita a no perderse ese tiempo de gracia. El evangelista, en cambio, se dirige a una comunidad que aguardaba el retorno de Cristo, pero cuyo retraso provocaba en ella síntomas de cansancio, apatía y rutina. Para ello echó mano de la parábola original y la adaptó según sus intereses, convirtiéndola en una alegoría donde cada detalle parece tener un significado simbólico. Por otro lado, no es ésta la única vez que Mateo utiliza la imagen del banquete de bodas (Mt 22,2-14), un símil que en la Biblia suele evocar el tiempo de salvación mesiánica.

En la parábola destaca el dato de que la puerta se cierra e impide entrar al convite a una parte de los invitados, algo totalmente impensable en una cultura donde un festejo de este tipo suponía la participación de toda la comunidad. Es en este detalle donde se advierte que esta historia habla de “otra cosa” e invita a reflexionar sobre la realidad significada en esa “boda” cuya entrada se veta a quien no está preparado.

Los protagonistas de una boda son siempre quienes se comprometen en matrimonio. En cambio, aquí se pone atención en los personajes secundarios, en las amigas de la novia que aguardan al novio. Son diez muchachas divididas en dos grupos y calificadas como “necias” y “sensatas”, con lo que el lector es invitado ya desde el principio a identificarse con las primeras. La insensatez de las segundas se concreta en no haberse provisto de aceite para alimentar sus antorchas. El diálogo final entre las muchachas descuidadas y el novio tiene una gran importancia. En Mt 7,21-27 descubrimos a quiénes simbolizan estas jóvenes y las verdaderas razones por las que no pueden participar en el convite.

El final de la parábola presenta una semejanza con la conclusión del sermón del monte. Allí son llamados “sensatos” quienes escuchan la Palabra de Jesús y la ponen en práctica, mientras que los “necios” demuestran la actitud contraria, por eso no basta decir “Señor, señor”, como gritaban las muchachas descuidadas a la puerta de la sala nupcial. Para poder entrar en las bodas del Reino es preciso hacer lo que Dios quiere: la práctica del amor es ese “aceite” que no puede faltar a quienes desean estar “con él” (v.10); los otros deberán escuchar ese tremendo “no os conozco”.

Ante una comunidad desconcertada por el retraso de la venida de Cristo, el Esposo, es necesario volver a insistir en que nadie conoce el “cuando” de su regreso (Mt 24,36). Por tanto, la única actitud acertada ante la demora de la “parusía” es disponerse a ella mediante la vigilancia activa. No basta esperar al Señor que viene, es necesario estar preparado, y eso no se improvisa a última hora ni se puede “prestar”. La negativa de las jóvenes previsoras a compartir su aceite podría parecer un gesto de egoísmo, pero es un detalle narrativo que nos recuerda que actuar “sensatamente” mientras el Señor vuelve es una actitud personal e intransferible. No se puede cumplir la voluntad de Dios en lugar de otro. Nadie puede amar, comprometerse, perdonar … por ti.

ACTUALIZAMOS

La última venida de Cristo no nos debe angustiar, pero nos invita a estar preparados para un encuentro que, en todo caso, tendrá lugar a la hora de la muerte. Vivir el presente con responsabilidad, traduciendo en obras de amor la fe y la esperanza que nos anima, es la actitud verdaderamente sensata del que mantiene su lámpara siempre encendida.

  1. “…se nos apagan las lámparas”:

¿Qué aceite necesitarías en este momento de tu vida para que no se apague la lámpara de tu fe?

¿En qué actitudes lo concretarías?

  1. “…salid a su encuentro”:

¿Qué aspecto de esta historia te resulta más aplicable a tu compromiso cristiano?

  1. “…y se pusieron a preparar sus lámparas”:

¿Cómo entiendes la necesidad de estar siempre preparado de la que habla la parábola?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXI

Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14b-2, 2b. 8-10

Yo soy un gran rey, dice el Señor del universo, y todas las naciones temen mi nombre.

Esto es lo que os mando, sacerdotes:

Si no escucháis y no ponéis todo vuestro corazón en glorificar mi nombre, dice el Señor del universo, os enviaré la maldición.

Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley, invalidando la alianza de Leví, dice el Señor del universo.

Pues yo también os voy a hacer despreciables y viles para todo el pueblo, ya que vuestra boca no ha guardado el camino recto y habéis sido parciales en la aplicación de la ley.

¿No tenemos todos un mismo padre?

¿No nos creó el mismo Dios?

¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?

Salmo 130, 1bcde. 2. 3

R./ Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R./

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre;
como un niño saciado
así está mi alma dentro de mí. R./

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b-9. 13

Hermanos:

Nos portamos con delicadeza entre vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos.

Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.

Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios.

Por tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, porque, al recibir la palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

COMENTARIO

En las lecturas de hoy resuenan serias advertencias contra los líderes religiosos del pueblo. El profeta Malaquías denuncia a los sacerdotes que con enseñanza y comportamiento desviados escandalizan a la gente e invalidan la alianza. Jesús advierte en el evangelio sobre el mal ejemplo que dan los maestros de la ley y los fariseos con su conducta incoherente. Los cristianos debemos cultivar la fraternidad y la capacidad de servicio; como el autor del salmo, tampoco debemos perseguir grandezas, sino vivir en humildad; tal y como hizo Pablo, que no utilizó sus derechos ni su autoridad como apóstol, sino que se entregó totalmente por amor y trabajó como uno más.

COMPRENDER EL TEXTO

Termina el duro enfrentamiento entre Jesús y los diferentes grupos influyentes del judaísmo que hemos podido ver en los últimos domingos, hoy nos encontramos con un reproche a la conducta de escribas y fariseos. Se trata de una crítica que nos tiene que ayudar en la revisión de nuestra comunidad cristiana.

El texto de hoy es un duro juicio contra los “maestros de la ley y los fariseos”. Ellos eran quienes, en tiempos del evangelista, controlaban el judaísmo, y sobre ellos recae la condena a Israel por haber rechazado al Mesías de Dios. Aunque la lectura litúrgica omite las expresiones más duras (Mt 23,13-39), nos encontramos sin duda ante una de las páginas más “incomodas” del evangelio de Mateo.

Si bien Jesús critica a los “maestros de la ley y los fariseos” no es a ellos a quienes habla directamente, sino “a la gente y a sus discípulos”. Pero a través de estos destinatarios originales, Mateo se dirige a un “vosotros” (v.8) tras el cual se oculta la comunidad cristiana, que debe revisarse en profundidad para no caer en los mismos vicios y defectos de quienes son vistos como adversarios. Podemos distinguir dos partes en este pasaje. La primera está formada por los vv. 2-7, y en ella se censura el comportamiento de los líderes espirituales del pueblo.

Jesús no niega la legitimidad de la enseñanza de los letrados y fariseos. No es su doctrina la que es rechazable, sino sus obras porque “ellos dicen, pero no hacen”. Su hipocresía se manifiesta en su inflexibilidad a la hora de exigir a los otros el cumplimiento de normas y preceptos legales de los que ellos se eximen con facilidad. Ésas son las “cargas pesadas e insoportables” que colocan sobre la gente y contrastan con el “yugo ligero” que Jesús impone a quienes le siguen y aprenden de él (Mt 11,28-30). Más aún, su incoherencia de vida radica en que sus actos no están motivados por el deseo de hacer lo que Dios quiere, sino por el afán de aparentar y obtener el reconocimiento público de los demás.

Había un código de honor para ser bien considerados, la forma de vestir, la ocupación de lugares distinguidos en eventos sociales y religiosos y la utilización de ciertos títulos honoríficos. Las filacterias eran tiras de pergaminos que se ataban sobre la cabeza y el brazo izquierdo. A ellas se sujetaban unas cajitas en las que se introducían fragmentos destacados de la Torá (Dt 6,8; 11,18). Al ensancharlas, los judíos piadosos las agrandaban para hacerlas más llamativas y ostentar así su devoción por la ley. La presidencia de banquetes y reuniones litúrgicas era otro modo de obtener buena fama y reputación social.

La segunda parte del pasaje contiene una clara advertencia a la comunidad cristiana para que no caiga en la misma tentación que los escribas y fariseos. En ella no existe competición por títulos y puestos de honor. El ejercicio de diferentes funciones no debe ser ocasión para introducir clases y escalafones. Al contrario, el que quiera parecer como “mayor” debe actuar como “servidor”. La Iglesia es presentada así como una fraternidad radical en la que todos son hermanos y discípulos sin distinciones, reunida como una familia en torno a un  solo Padre Dios y a un único Maestro -El Mesías-, y lo que hace honorables a sus miembros no son los títulos, los signos externos de prestigio, sino el ejercicio de la solidaridad fraterna a ejemplo de Jesús (Mt 20,25-28).

Jesús entró en conflicto con las autoridades de su pueblo, las que surgen en este pasaje reflejan aquella con la que se enfrentaron las comunidades cristianas después del año 70 d.C. A partir de ese momento el grupo de fariseos se hizo con el control del judaísmo y acabó expulsando de su seno a quienes confesaban como Mesías al rabino de Nazaret. El evangelio de Mateo refleja cómo vivió esa ruptura traumática una comunidad mayoritariamente de origen judío. En este contexto polémico se presenta una peculiar imagen de los dirigentes religiosos israelitas, de quienes se exagera lo negativo y se ignora lo positivo. Tras ella se adivina, en realidad, la situación de una Iglesia en la que se iba infiltrando esa tendencia a reproducir las mismas estructuras de poder que imperaban en la sociedad.

ACTUALIZAMOS

El pasaje evangélico de hoy es tremendamente actual. Por medio de él Jesús sigue criticando nuestra facilidad para asimilarnos a los valores de la sociedad y nos invita a preguntarnos hasta qué punto vivimos en la Iglesia ese ideal de servicio y fraternidad que él nos plantea.

  1. “Uno solo es vuestro Padre…”

¿Qué imagen de Dios se refleja en este pasaje?

¿De qué manera determina esa imagen nuestra relación con Él y con los demás?

  1. “Ellos dicen, pero no hacen”:

¿Cómo interpela a tu conciencia la crítica que Jesús hace a escribas y fariseos?

  1. “Todos vosotros sois hermanos”:

¿Qué nos falta y qué nos sobra como Iglesia para acercarnos más a ese ideal de servicio y fraternidad que Jesús nos propone en el evangelio de hoy?

  1. “El primero entre vosotros será vuestro servidor”:

¿Es así como vivo mi pertenencia a la Iglesia?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXX

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Esto dice el Señor:

«No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

R./ Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R./

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R./

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:

Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.

No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».

Él le dijo:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

COMENTARIO

Los textos de la palabra de Dios de este domingo nos presentan, escuetamente, la clave fundamental de la vida cristiana: el amor, que se despliega en dos direcciones, hacia Dios y hacia el prójimo. Jesús, en el evangelio, mencionará ambos aspectos, el vertical (Dios) y el horizontal (hombres). Pero no desarrollará ni uno ni otro. Será en la primera lectura donde se nos hable más pormenorizadamente de cómo se debe expresar nuestro amor a los demás. Y el salmo responsorial nos aleccionará sobre el amor a Dios. El modelo para llevar a cabo esto es Jesús, el ejemplo a imitar.

La segunda lectura, lleva su propio ritmo. Y pone ante nuestros ojos una comunidad, la de Tesalónica, que da un testimonio de fe a las demás: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios para servir al Dios vivo y verdadero.

COMPRENDER EL TEXTO

Conviene saber qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas y qué debe ocupar un segundo o tercer lugar. Para que a la hora de priorizar nos detengamos en lo esencial y dejemos lo secundario para otro momento.

El pueblo judío tenía un total de 613 preceptos (248 positivos y 365 negativos). No era fácil estar pendiente de todos. De ahí la pregunta realizada a Jesús por el fariseo: ¿cuál es el mandamiento principal de la ley? Jesús es claro y directo: el amor. Una respuesta clara y sencilla que cualquiera puede entender sin ser docto de la ley.

Y este amor no es algo abstracto, etéreo, sino que se concreta mirando hacia arriba, a Dios, y mirando al frente, al prójimo.

Convendría que recordáramos que ya en el bautismo se les indica a los padres (y padrinos) que el crecimiento como cristiano se da en esa doble dirección: Al pedir el bautismo para vuestro hijo, ¿sabéis que os obligáis a educarlo en la fe para que este niño, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo como Cristo nos enseña en el evangelio?

El amor a Dios se manifiesta en la escucha de su palabra, en el trato con él en la oración, en el cumplimiento de su voluntad siguiendo el camino que nos propone para nuestra vida. Cada uno podría revisar cómo hace realidad este aspecto esencial del cristiano. Y evaluar también cuál es el lugar que ocupa Dios en su vida. En este mundo tan materialista, tan preocupado por lo inmediato, por el bienestar, hay que tener presente que lo esencial es servir a Dios, tal y como hizo la comunidad de Tesalónica. Abandonando los ídolos mundanos que nos hacemos y que ocupan en nuestras vidas el lugar del Dios vivo y verdadero.

Del primer y principal mandamiento se desprende el segundo: el amor al prójimo. Éste está intrínsecamente unido al primero, porque no es posible amar a Dios, a quien no vemos, si no amas a tu hermano, a quien sí vemos (cf. 1Jn 4, 20).

Y el amor al prójimo tiene como medida el amor a uno mismo, dice el propio Jesús. De tal manera que hay que tratar a los demás como querríamos que nos trataran a nosotros mismos o, dicho de forma negativa, no habría que hacer a los demás lo que a nosotros no nos gustaría que nos hicieran.

Pero más allá de este planteamiento genérico, sería necesario pasar a los detalles. Y la primera lectura nos da una serie de aspectos concretos de justicia social que, a pesar de que fueron escritos hace más de 2500 años, no han perdido actualidad:

  • No oprimirás ni vejarás al forastero, esto es, acoger a los inmigrantes, ser hospitalario con ellos.
  • No explotarás a viudas ni a huérfanos, esto es, no aprovecharse de los débiles.
  • Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses, esto es, no beneficiarse a costa de los pobres.
  • Si tomas en prenda el manto de tu prójimo se lo devolverás antes de ponerse el sol, esto es, apropiarse de los bienes ajenos.
  • El amor es la pregunta del examen final de nuestra vida y para poder superarlo necesitamos hacerlo realidad en nuestra vida cada día.

ACTUALIZAMOS

El amor es propuesto como la clave de nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Ambas expresiones del amor son diferentes, pero están indisolublemente unidas. Reflexionemos sobre la novedad que significa este mandamiento en nuestra sociedad y en nuestra vida, comprometiéndonos en la construcción del Reino desde estos valores que le son propios.

Para la reflexión:

  1. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”:

¿Qué significa en tu día a día amar a Dios con todo el corazón?

  1. “Este mandamiento es el principal y primero”:

¿En verdad todo en tu vida está ordenado desde el cumplimiento de este primer mandamiento?

  1. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”:

¿Te relacionas así con las personas o lo haces desde otras claves?

  1. Las palabras de Jesús contienen también una valoración positiva del amor a uno mismo en relación con el amor a Dios y al prójimo:

¿Cómo cuidas tus proyectos personales, tu salud, tu propia felicidad?

Jesús es el mejor modelo de amor a Dios y a la humanidad. Obediente al Padre y comprometido con la salvación de todos los seres humanos, lleva su amor hasta las últimas consecuencias: su muerte en la cruz. Como discípulos suyos, le pedimos que nos enseñe a amar, que nos muestre el camino que conduce al amor perfecto a Dios y a los hermanos.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXIX

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:

«Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren.

Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías.

Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios.

Te pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.

Yo soy el Señor y no hay otro».

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10ac

R./ Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R./

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R./

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R./

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente». R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.

En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.

Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:

«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».

Le respondieron:

«Del César».

Entonces les replicó:

«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo ponen ante nuestra mirada, desde distintos ángulos, que Dios es el único Señor de la historia. Así lo expresa Isaías haciendo una lectura religiosa de los acontecimientos que vivía Israel: el rey Ciro de Persia era un “ungido del Señor” para liberar al pueblo del exilio en Babilonia. En el Evangelio, Jesús insiste en el señorío de Dios y, por lo tanto, en que ningún poder en la tierra es digno del culto que a él sólo hay que ofrecer. Los cristianos de Tesalónica, nos hace saber Pablo, son ejemplo de amor y esperanza en el Señor Jesús.

COMPRENDER EL TEXTO

En los últimos domingos hemos leído tres parábolas con las que Jesús respondía a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo, quienes habían cuestionado la autoridad de sus palabras y de su actuación. A esas tres parábolas les suceden tres preguntas cargadas de mala intención. Hoy leeremos la controversia que se origina a raíz de la primera de ellas.

Los fariseos han escuchado las parábolas de Jesús y saben que se refieren a ellos. Se sienten identificados con el hijo que no fue a trabajar a la viña, con los labradores homicidas y con los invitados al banquete que se negaron a asistir. Necesitan tener alguna acusación firme contra Jesús para quitarlo de en medio y por eso intentan acorralarle mediante preguntas comprometidas. Al formularle esas preguntas, se dirigen a Jesús llamándole “Maestro”; es un apelativo que en el evangelio de Mateo sólo aparece en boca de quienes no saben quién es en realidad. Los que le conocen, como los discípulos, le llaman “Señor”.

Los enviados de los fariseos preguntan a Jesús sobre la obligación del pago del tributo al César. El tema era muy discutido, pues representaba la forma más clara de la dominación romana. Muchos grupos, de carácter revolucionario, se oponían al pago de esos impuestos porque lo consideraban una ofensa a Dios, el único soberano de Israel. Pero también había quienes, desde una tendencia más pro-romana, defendían el pago del impuesto. Dar una respuesta era muy comprometido: si se manifestaba a favor del pago, le podían acusar de colaboracionista con el imperio ocupante y, si decía que era contrario, sería tildado de enemigo del emperador y revolucionario.

Jesús en primer lugar pone en evidencia las malas intenciones de quienes le preguntan, desvelando la hipocresía que se esconde tras la actitud de los fariseos. Primero, porque el interés de éstos no está en la respuesta, sino en poder acusar a Jesús. Y después, porque esos discípulos de los fariseos tenían la moneda del tributo en la que aparecía la imagen del emperador, algo abominable por cuanto que la religión judía prohibía la representación de imágenes humanas. Las palabras finales de Jesús, su respuesta definitiva, se entiende mejor si recordamos que, según el relato del Génesis, Dios deja impresa su imagen en el ser humano.

Jesús no responde como sus enemigos esperaban, sino que sitúa la cuestión en un nivel más profundo. Con frecuencia, las palabras “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” se han entendido mal, como si el evangelio invitara a un reparto de poderes: el César gobernaría el ámbito de lo material, y Dios lo que se refiere al espíritu. Según eso, el ser humano estaría sometido a dos señores: al César, representante del poder político, y a Dios, a quien corresponde el poder religioso. Sin embargo, el sentido de las palabras de Jesús es otro: el hombre, imagen del Creador, ha de reconocer a Dios como su único Señor. El emperador imprime su imagen en las cosas que le pertenecen, pero el ser humano, desde la creación del mundo, tiene impresa la imagen de Dios. Él es el único Señor, y los demás poderes han de ser relativizados.

ACTUALIZAMOS

Jesús sale airoso de este primer intento de acorralarle. Y él es quien acorrala a los fariseos llamándoles la atención acerca de su manera de comprender su relación con Dios. También para nosotros las palabras de Jesús son un toque de atención. Hoy nos obligan a reflexionar acerca del Reinado de Dios y su señorío sobre la historia y sobre nuestras vidas.

  1. Dad a Dios lo que es de Dios”.

¿Cómo es el Dios del que nos habla el evangelio de hoy?

¿Cuál sería su principal exigencia?

  1. En lo que respecta a nuestra relación con Dios:

¿En qué cosas concretas se puede ver que le reconocemos como nuestro único Señor?

  1. ¿De quién es esta imagen?”. En nuestro día a día, muchas imágenes van marcándonos:

¿Qué imágenes están impresas en nuestra vida? ¿Quiénes son nuestros otros señores?

  1. Con frecuencia usamos la expresión “es la viva imagen de sus padres”:

¿Qué hemos de trabajar en nuestra vida para que los que nos rodean puedan ver en nosotros la “viva imagen de nuestro Padre Dios?

Somos imagen de Dios. Nos ha marcado con su sello y somos suyos. Por eso no tenemos ningún ídolo y afirmamos el señorío de Dios sobre nuestras vidas. Le damos gracias a Dios porque se ha fijado en nosotros, y le pedimos perdón por las ocasiones en que ofrecemos incienso en otros altares.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

Dios, el Señor,  enjugará las lágrimas de todos los rostros,  y alejará del país el oprobio de su pueblo   – lo ha dicho el Señor -.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.

Esperábamos en él y nos ha salvado.

Este es el Señor en quien esperamos.

Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6

R./ Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R./

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R./

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R./

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

COMENTARIO

La Parábola es una explicación de la entrada de los paganos en la Iglesia y una llamada a la comunidad para que confirme con obras su vocación cristiana. El mensaje es que Dios ha llamado y llama a todos a participar del banquete de su Reino, pero sólo serán admitidos aquellos que hayan respondido a la invitación, cambiando su estilo de vida según las enseñanzas de Jesús: Revestíos de Cristo (Gal. 3,27).

COMPRENDER EL TEXTO

LAS BODAS DEL MESÍAS

El evangelio presenta el proyecto de Dios para con la humanidad bajo la imagen de un banquete de bodas (importancia de las comidas de Jesús con los pecadores y publicanos, última cena…). Esto fue motivo de escándalo para los representantes del sistema: fariseos y publicanos, creadores de desigualdad y exclusión.

El rey hace entrar en el banquete no a la élite, sino a los marginados. La comunidad cristiana ha de ser abierta e inclusiva, no cerrada ni excluyente. En ella y en torno a su mesa se han de congregar gentes de procedencia social muy diferentes y eso, sin duda, crea dificultades y conflictos, ya que supone invertir los valores que más predominan en nuestra sociedad.

DÓNDE ESTÁN LOS POBRES

La iglesia respecto a los pobres es ambigua, los pobres han perdido el lugar de honor que les otorgaba el evangelio y la iglesia primitiva. Los pobres son objeto de ayuda asistencial, pero no son los sujetos de decisiones, ni los destinatarios del anuncio del Reino. ¿Cómo anunciar y comunicar a los excluidos, marginados y oprimidos, que son hijos de Dios y hermanos? Responder a esto nos da miedo y por eso nos refugiamos en asistir a los pobres, necesario pero evangélicamente insuficiente.

RECHAZAR LA INVITACIÓN

La parábola responde a la actitud de rechazo por parte de los sumos sacerdotes y fariseos a la invitación de Jesús a acoger el Reino y la respuesta de Dios al rechazo de su pueblo y lo hace mediante la segunda parábola. No es suficiente haber aceptado la invitación, es preciso la verdadera conversión al Reino. Existe un rechazo de la cruz y de los crucificados por parte de un mundo dominado por la cultura de la satisfacción. Los mismos discípulos se escandalizan ante los anuncios de Jesús de tomar la cruz. Debemos cuestionarnos si se ha extinguido el Espíritu de Jesús, o si estamos abandonando el traje de bodas del Reino. Es necesario revestirse de Cristo para irradiar su luz y su verdad.

SITUACIÓN

Hay dos formas de encarar la responsabilidad: desde el deber a cumplir o desde el DON.

Uno cumple con sus obligaciones de ciudadano, trabajador, padre o madre de familia… pero cuando se trata del REINO, solo cabe la RESPONSABILIDAD QUE NACE DEL DON. ¡Es muy distinto ir a misa por obligación o sentirse llamado a participar del banquete del Reino!

  1. ¿Cómo vivimos nuestra fe?
  2. ¿Cómo un sistema de normas que hay que creer y cumplir, o como el don mayor de nuestra vida, que en consecuencia nos empuja a compartirlo?

CONTEMPLACIÓN

Todo en la palabra de hoy, nos invita a la responsabilidad agradecida.

El anuncio gozoso del profeta acerca del futuro definitivo de la humanidad: abundancia de bienes que colman la indigencia humana (situación actual de miseria, pobreza, paro, inmigrantes…), entre esos bienes, nada menos que la inmortalidad feliz.

El Salmo traduce las promesas del futuro en una experiencia anticipada (sobre todo la intimidad con Dios como signo fundamental).

El Evangelio nos dice que se nos ha dado gratis el Reino. Por eso el PECADO consiste en haber “pasado” de Él, en creer que tenemos obligaciones mayores que recibirlo y disfrutarlo. Y aunque nos abramos a Él, porque asistimos al banquete, lo debemos tomar muy en serio, como la primera y más importante responsabilidad. La advertencia de Jesús vale para los judíos de entonces y para los cristianos de ahora: “si no lo tomáis en serio, será para otros”.

ACTUALIZAMOS

Cuando somos adultos, las responsabilidades más urgentes (El evangelio dice: “uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios…”) absorben el interés y la dedicación.

La solución pasa por fundamentar los compromisos en la experiencia del DON. Pero ese es nuestro drama, que no conocemos la verdad de nuestra fundamentación hasta que no somos puestos a prueba.

Son las responsabilidades más evidentes las que nos impiden, con frecuencia, el compromiso por el Reino. Siempre tenemos razones para aplazar la conversión, para no tomar en serio el amor de Dios, para mejorar económicamente sin preocuparnos de los demás. Llega un momento que la maraña de intereses y preocupaciones es tal que resulta imposible VIVIR DEL REINO.

  1. ¿Desde dónde vivimos nuestro compromiso cristiano, desde una obligación a cumplir o desde la responsabilidad agradecida?

El banquete sigue abierto. Porque en la sala “se reúnen todos, malos y buenos”. Volver a tomar en serio a Dios traerá consecuencias. Debemos pedir luz para ver qué intereses creados nos impiden optar y vivir el REINO.

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVII

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña.

Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.

Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho? ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?

Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada.

La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

R./ La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R./

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R./

Dios del universo, vuélvete:  
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R./

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios del universo, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan:

«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:

«¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?.

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

COMENTARIO

Isaías nos cuenta la relación de Dios con su pueblo como la historia de un amor no correspondido: Israel es la viña que el Señor cuida con delicadeza y que da agrazones en vez de buenas uvas. Es la misma historia que encontramos en el salmo 79. El evangelio mantiene la imagen de la viña, en este caso como el Reino entregado al pueblo de Israel. Éste no da los frutos esperados y maltrata y asesina a los enviados de Dios, terminando con su propio Hijo. Pablo, testigo de la nueva alianza, anima a los filipenses a abrirse al amor del Dios de la paz, viviendo como verdaderos discípulos de Cristo.

COMPRENDER EL TEXTO

La parábola de los labradores homicidas está ambientada en el recinto del templo de Jerusalén, inmediatamente antes del relato de la pasión de Jesús. Allí tienen lugar una serie de discusiones de Jesús con las autoridades y los grupos más representativos del judaísmo. El contexto y el contenido de la parábola son de fuerte polémica.

Se dan notables paralelismos con Isaías 5. En los dos casos la viña es un símbolo del pueblo de Israel. Esta parábola es como un resumen de la historia de las relaciones entre Dios e Israel. Los criados son los profetas que Dios ha ido enviado a Israel. Es evidente la identificación del hijo con Jesús. La forma como describe Mateo su muerte en el texto tiene en cuenta el relato de la Pasión (el hijo muere fuera de la viña. Jesús fuera de las murallas de Jerusalén).

Es evidente el rechazo a Jesús por la mayor parte del pueblo de Israel, y especialmente por sus autoridades.

Aparece también la apertura universalista que será típica del cristianismo (se dará a un pueblo que produzca sus frutos).

Hay, sobre todo, una fuerte carga cristológica, que culmina con la aplicación a Jesús del texto sobre la piedra desechada por los arquitectos, que finalmente será la piedra angular (Sal. 117,22-23). Los cristianos veían en esa imagen el anuncio de la muerte y resurrección de Cristo, y por eso se cita en diversas ocasiones en el Nuevo Testamento.

Prosigue el discurso en parábolas de Jesús, sobre el que llevamos reflexionando ya varios domingos. Hay una continuidad temática. Los operarios que esperan un salario mayor por haber estado trabajando todo el día y que critican la bondad del amo de la viña, el hijo que promete y no cumple, y hoy, los colonos que no pagan el arriendo, que en lugar de dar frutos de amor y de justicia, matan y asesinan.

El hilo conductor es la polémica de Jesús con los líderes de Israel. A todos nos puede surgir en un momento determinado la soberbia inmisericorde, la presunción de pensar que Dios nos debe algo, la tentación de vivir la religión de boquilla, más como posición social que como transformación personal… Y hoy, con atención muy especial a quienes tienen funciones de responsabilidad, se nos habla de otra grave tentación: tomar como propio lo que nos ha sido confiado. El mensaje de la parábola no es que Dios rechace a Israel, sino que ha llegado la hora de que sus dirigentes rindan cuentas, y esto vale también para nosotros.

El amor de Dios. Isaías y Mateo no hacen sino reproducir la estampa del primer capítulo del Génesis. El autor del relato trata de describir, no el origen del mundo, sino el original amor de Dios que, en el principio, prepara la morada del hombre: mansión con jardín, llena de luz y de vida, con toda suerte de animales y plantas para sustento y ayuda de Adán y Eva, de toda la humanidad. El hombre no solo no corresponde al amor de Dios, sino que se rebela y se engríe hasta pretender ser como Dios. En Isaías se dice que la cosecha es mala: agrazones. En Mateo, que los jornaleros pretenden quedarse con la viña dando muerte al heredero.

Llamada a la responsabilidad. El pecado del hombre tropieza, siempre con el amor misericordioso del Padre. Desde el principio, el pecado de la humanidad encuentra una salida en la promesa del Salvador. El Señor quiso que su amor no se perdiera y se perpetuara en un nuevo pueblo, la Iglesia de Jesús. Cuando los viñadores deciden dar muerte al Hijo de Dios, Dios decide darles una nueva vida y hacerles hijos suyos gracias al sacrificio de Cristo. El perdón de Dios no conoce resentimientos, es siempre una nueva oportunidad. Dios está siempre dispuesto a ponernos en el lugar de hijos, como en el hijo pródigo.

¿Es posible un mundo mejor? Hay salvación. Hay que abrir la luz de Cristo al mundo. Pecado colectivo, pero también somos portadores de Gracia.

ACTUALIZAMOS

El evangelio contiene duras palabras contra un pueblo y sus dirigentes que no reconocieron a los profetas enviados por Dios ni a su Hijo, y les maltrataron hasta la muerte. Despojados aquellos labradores, el nuevo pueblo de Dios es heredero del Reino y recibe el encargo de entregar los frutos correspondientes.

  1. Por último, les mandó a su hijo”:

¿Qué te parece más sorprendente en la forma de actuar de Dios, tal como nos la presenta el evangelio de hoy?

  1. “Arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo”:

¿Cuáles son esos frutos que corresponden al Reino de Dios?

¿De qué manera estamos respondiendo al encargo de Dios?

  1. “La piedra que desecharon los arquitectos”:

¿Nuestra sociedad reconoce a Jesús como la piedra angular de sus vidas?

¿Y tú?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVI

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Esto dice el Señor:

«Insistís: «No es justo el proceder del Señor».

Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Salmo 24, 4-5. 6-7. 8-9

R./ Recuerda, Señor, tu ternura.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R./

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R./

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.

No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.

¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»

Contestaron:

«El primero».

Jesús les dijo:

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

COMENTARIO

Podemos leer los textos de este domingo como una invitación a meditar sobre la responsabilidad personal ante la llamada de Dios. Ésta es la propuesta del profeta Ezequiel: es necesario convertirse a la justicia de Dios para acogerse a su promesa de vida. También en el evangelio leemos que la invitación está hecha y no basta obedecer sólo de palabra. Hay que cumplir la voluntad de Dios. San Pablo, en su Carta, propone el modelo: Cristo, el propio hijo de Dios, es obediente al Padre hasta las últimas consecuencias. En cualquier caso, no estamos solos. Con el salmista confesamos que la ternura y el amor del Señor son eternos, y le pedimos que nos enseñe a caminar por sus sendas.

COMPRENDER EL TEXTO

Tras la entrada en Jerusalén, Mateo insiste en la actitud de Israel simbolizada por la higuera estéril que recibe la maldición de Jesús (Mt 21,18-22): el pueblo elegido no ha sido fiel a su misión y va a ser abandonado por Dios. El rechazo de los dirigentes judíos hacia Jesús, que desembocará en su pasión y muerte, es el marco de las parábolas que leeremos hoy y en los próximos domingos.

Con la entrada de Jesús en Jerusalén, los acontecimientos parecen precipitarse: la hostilidad de los dirigentes judíos se hace más manifiesta y todo va apuntando al desenlace final en la cruz. Comprenderemos mejor el evangelio de hoy si dedicamos un momento a leer los versículos anteriores (Mt 21,23-27).

Mientras Jesús desarrolla su ministerio en Galilea, los dirigentes judíos contemplaban sus palabras y las obras que realizaba como una amenaza lejana. Pero ahora, esta amenaza se ha trasladado a Jerusalén y se encuentra en el lugar más significativo del judaísmo: el templo. Por eso, en un contexto de abierta hostilidad, los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo van al encuentro de Jesús mientras enseña y le interrogan acerca de la autoridad con la que actúa. Jesús responde con tres parábolas, la primera de las cuales, forma parte del relato que acabamos de leer.

En la parábola de los dos hijos, en el contexto social de la época, llevar la contraria a un padre, especialmente en público, era una afrenta muy grave contra su honor. En este sentido, el hijo que dice que sí, aunque luego no vaya, al menos salva las apariencias, y el juicio que recaerá sobre él no será tan severo. Aunque la pregunta final es muy concreta: ¿quién hace la voluntad del padre? La respuesta es clara: el que va a la viña, aunque antes se hubiera negado a ello. Hasta aquí no hay duda de la enseñanza de la parábola: con Dios, representado por el padre, lo que cuenta es el cumplimiento de su voluntad. No vale lo que los hijos dicen, sino lo que hacen. A continuación, Jesús reinterpreta la parábola a la luz de la situación de hostilidad que está sufriendo.

Las palabras finales de Jesús tienen como protagonistas a los publicanos y a las prostitutas, cuya actitud se contrapone a la de los sacerdotes y ancianos de los judíos. Los recaudadores y las prostitutas estarían representados por el primero de los hijos: inicialmente dijeron no a Dios, al negarse a vivir según los mandamientos, y fueron social y religiosamente proscritos por ellos; pero en realidad han sido capaces de acoger la invitación de Juan Bautista y han cumplido la voluntad del Padre. Por el contrario, los dirigentes judíos, asimilados por Jesús al segundo de los hijos de la parábola, dijeron sí a Dios, aceptaron la ley de Moisés, lo que les hace irreprochables ante el pueblo. Pero en realidad, al no acoger el camino de la salvación que traía Juan, no cumplieron la voluntad de Dios.

Lo verdaderamente importante para entrar en el Reino de Dios es cumplir la voluntad del Padre. Jesús responde así una vez más a quienes le acusaban de ser cercano a los marginados de la sociedad, recaudadores de impuestos, prostitutas, pecadores…; las normas sociales que declaraban a alguien proscrito son cosa del pasado; ahora, la única norma vigente para el discípulo de Cristo es la realización de la voluntad de Dios. En la comunidad de Mateo estas palabras dieron luz a la situación que estaba viviendo: por una parte, los dirigentes judíos no aceptaban el evangelio de Jesús y rechazaban abiertamente a los cristianos, que le reconocían como enviado del Padre, y, por otra, los paganos eran quienes acogían la Buena Noticia del Evangelio.

ACTUALIZAMOS

Las palabras de Jesús iluminaban las situaciones que se vivían en el seno de la comunidad de Mateo. La invitación del padre para ir a trabajar a su viña nos mueve, también a nosotros, a meditar sobre nuestra respuesta en el ámbito personal y comunitario.

  1. “¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?”:

¿Qué significa en mi vida cumplir la voluntad del Padre?

  1. “Pero después se arrepintió y fue.”:

¿Cuál es en este momento el punto central de mi compromiso cristiano?

¿Mi vida es coherente con la fe que proclamo de palabra?

  1. “Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios”:

¿Desde qué criterios valoro a las personas?

¿Miro a la gente con los ojos de Dios o según los modelos vigentes en nuestra sociedad?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXV

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.

Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Porque  mis planes  no son vuestros planes,  vuestros caminos no son mis caminos   – oráculo del Señor -.

Como dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18

R./ Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R./

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R./

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:

Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.

Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”.

Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:

“Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos:

“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

COMENTARIO

Las lecturas de este domingo ponen ante nuestros ojos el rostro de un Dios que, como siempre, nos desconcierta. Aunque hace tiempo que somos cristianos, nos queda aún mucho por aprender. Todavía es grande la distancia entre sus proyectos y los nuestros, como dice Isaías. Y tal como sugiere el evangelio, en todo momento el Señor sobrepasa tanto nuestra manera de comprender nuestra relación con él y con los hermanos. Él sigue llamando, invitando, a trabajar en su viña; que al atardecer de cada jornada podamos decir, como san Pablo a los cristianos de Filipos, que para nosotros la vida es Cristo.

COMPRENDER EL TEXTO

En los evangelios de los últimos domingos leíamos la enseñanza de Jesús sobre la corrección fraterna y el perdón, fundamento de unas nuevas relaciones entre los discípulos y expresión visible del Reinado de Dios. El evangelio de hoy continúa con el anuncio del Reino: la novedad en las relaciones humanas se comprende desde la novedad en la relación de cada creyente con Dios.

La parábola de hoy contiene una nueva enseñanza sobre el Reino de los Cielos que sólo encontramos en el evangelio de Mateo. En esta ocasión, Jesús cuenta la historia de un propietario que sale al despuntar la mañana en busca de jornales para que trabajen en su viña. En la primera parte del relato vemos cómo esa búsqueda de trabajadores se repite en varias ocasiones a lo largo del día. A continuación, en la segunda parte, se narra el pago a los jornaleros y la reacción de algunos de ellos.

La escena que se describe era habitual: cada mañana, muchos hombres esperaban ser contratados para trabajar a lo largo de esa jornada y llevar a sus casas el dinero con el que sus familias pudieran subsistir. Pero Jesús introduce en la historia dos elementos que captan la atención del auditorio. En primer lugar, el propietario sale cinco veces a lo largo del día, desde el amanecer hasta que va anocheciendo. Al final de la jornada sigue también contratando jornaleros aun a sabiendas de que su trabajo iba a rendir muy poco (estaba oscureciendo y todavía tenían que ir hasta la viña). En segundo lugar, con los contratados al amanecer sí que pacta el jornal en un denario, pero con los demás no se acuerda cantidad alguna: a unos les dice que se les pagará lo justo y a los últimos se les envía a la viña sin hablar de esa cuestión. La expectación que crea estos hechos hace que los oyentes presten especial atención a los últimos jornaleros y a la paga que iban a recibir.

En la segunda parte de la historia se distinguen dos momentos sucesivos: el pago de los salarios y el diálogo entre el propietario y los trabajadores de la primera hora. La idea de que los últimos serán los primeros está en el centro del pasaje (Mt 20,8) y lo enmarca al principio y al final (19,30 y 20,16). Siguiendo las órdenes del dueño, los primeros en cobrar son los que se incorporaron los últimos al trabajo. Además, todos los jornaleros recibieron la misma paga: un denario.

Viendo que los últimos recibían un denario, y aunque esa era la cantidad que habían acordado con el propietario, los primeros en ser contratados pensaron en buena lógica que iban a cobrar más: habían trabajado todo el día bajo el sol. En la queja de estos trabajadores se manifiesta su sentido de la justicia: a más trabajo, más salario. La rotundidad de la respuesta del propietario deja las cosas claras. Primero, dos preguntas: (“¿no quedamos en un denario?”, “no puedo hacer con lo mío lo que quiera”) señalan el derecho que asiste al propietario para actuar de ese modo. En segundo lugar, se expresa la razón última de su comportamiento (“yo soy bueno”), que va más allá de la mera justicia y lógica humanas. Y, por último, se apunta a que en la reclamación de los trabajadores puede haber algo de envidia encubierta.

Los cristianos a quienes Mateo dirige su evangelio entendieron que tras la parábola había una importante enseñanza para sus vidas. Aquellos que provenían del judaísmo y que formaban el núcleo original de la comunidad de Mateo no debían sentirse superiores a los cristianos llegados del paganismo, que se incorporaron más tarde. Igualmente, entre los miembros de la comunidad no podían considerarse más importantes los que desempeñaban una tarea de responsabilidad o quienes eran especialmente activos en la evangelización que aquellos otros “pequeños” que prestaban un servicio más discreto. Ahora nos corresponde a nosotros actualizar la parábola y leerla en el contexto de nuestra vida y de nuestra Iglesia.

ACTUALIZAMOS

Un amo y sus jornaleros. Dios y nosotros. Y un mensaje sobre el Reino: una invitación constante, últimos que serán primeros y un salario generoso. Nuestra vida de fe, caridad y esperanza se renueva desde la cotidiana llamada de Dios en nuestra vida, el establecimiento de un nuevo orden en las relaciones humanas y un futuro rebosante de magnanimidad de Dios.

  1. “Id también vosotros a mi viña”:

Dios llama una y otra vez a lo largo de nuestra vida.

¿A qué me llama Dios en este momento de mi vida? ¿cómo voy a responder?

  1. “¿No tengo libertad para hacer lo que quiera?”:

No podemos relacionarnos con Dios en términos mercantilistas, intentando comprar la salvación.

¿Cómo puedo crecer en ese sentido?

  1. “Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos”:

¿Quiénes son los últimos en nuestra sociedad, en nuestra familia, en nuestra Iglesia…?

¿Qué estoy haciendo para que sean los primeros en mi vida?

  1. “Amigo, no te hago ninguna injusticia”:

En el pasaje sobresalen el valor de la justicia (se paga el salario acordado) y el de la generosidad (se da más de lo esperado).

¿Cómo están presentes ambos valores en mi relación con los demás?

LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ODINARIO DOMINGO XXIV

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30-28, 7

Rencor e ira también son detestables, el pecador los posee.

El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?

Piensa en tu final y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a los mandamientos.

Acuérdate de los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa.

Salmo 102, 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12

R./ El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R./

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R./

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R./

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

COMENTARIO

No podemos pretender para nosotros el perdón de Dios, si nosotros, a nuestra vez, no concedemos el perdón a nuestro prójimo. Es una condición: piensa en el final, en el perdón de Dios, y deja ya de odiar; echa el rencor, esa molesta mosca que vuelve y regresa. Si no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados. (Papa Francisco, 13-09-2020)

COMPRENDER EL TEXTO

El pasaje de hoy corresponde a la segunda de las instrucciones que encontramos en el capítulo 18 de Mateo sobre cómo debe ser el trato con los pecadores. De igual forma que el domingo pasado leíamos la propuesta en torno a la corrección fraterna, el evangelio de hoy contiene una magnifica enseñanza sobre el verdadero sentido del perdón.

Podemos distinguir dos partes en el pasaje de hoy, la primera contiene la pregunta de Pedro a Jesús y la concisa respuesta del maestro, y la segunda, una parábola sobre el perdón. Nos fijamos en el diálogo con el que se abre el pasaje. Como sabemos con el número siete se expresa en la Biblia la totalidad y la perfección. Pedro pregunta acerca del perdón al hermano, pero realmente no pretende averiguar el número de veces que tiene que perdonar, sino cuál debe ser la calidad de ese perdón. Y Jesús responde exactamente a su pregunta: hay que perdonar “setenta veces siete”, es decir, el perdón ha de ser perfectamente perfecto, infinitamente infinito. Además, en esta respuesta de Jesús hay otro elemento importante que no pasó desapercibido a su auditorio. En el primer libro de la Biblia, el castigo prometido a quien atenta contra Caín y contra Lamec era de 7 y de 77 veces, respectivamente (Gn 4,15.24). Jesús realiza un cambio radical en las relaciones entre las personas: de la venganza sin límites se pasa al perdón sin límite. La parábola que está a continuación propone la razón de este cambio.

El versículo 23 compara el Reino de los Cielos con lo que sucede con un rey y sus siervos. En la primera escena comparece un siervo cuya deuda con el rey era impagable. Ante la perspectiva de ir con toda su familia a la cárcel, este siervo, suplica paciencia y se compromete a pagar. El rey escucha al siervo y va más allá de lo que pide: de manera increíble, le condona toda la deuda. Cuando pasamos a leer la segunda escena, enseguida nos damos cuenta de que el evangelista la plantea como un calco de la primera, para que la diferencia entre ambas resalte más.

El encuentro se produce ahora ente dos personas de la misma condición, dos “compañeros”, y los cien denarios son una cantidad insignificante comparados con la anterior. El acreedor tiene agarrado por el cuello al deudo y, en lugar de tener paciencia ante la súplica de este, le envía a la cárcel. El desenlace de la historia lo encontramos en la tercera escena, motivado por la indignación que lo ocurrido provoca entre los demás compañeros. El rey le recuerda a ese siervo cómo le había perdonado su deuda impagable y le recrimina que no haya actuado de forma similar con el otro que le debía una minucia por ello le envía a la cárcel y le exige el pago de toda su deuda.

La manera como actúa el acreedor era la normal en la vida cotidiana, si provoca indignación es porque el evangelista la presenta en paralelo al perdón sobreabundante del rey, a quien el auditorio ha identificado con Dios desde el principio de la parábola. De esta forma, Mateo quiere llamar la atención a la comunidad a la que escribe porque tal vez en muchas ocasiones está actuando como ese acreedor, y, al mismo tiempo, proponer la Buena Noticia del Reino de los Cielos, que establece el orden supremo de la misericordia. El perdón al hermano no es algo accesorio: se sitúa en el centro de la relación del creyente con Dios y le capacita para acoger su misericordia.

ACTUALIZAMOS

En nuestra relación con Dios siempre están presentes nuestros hermanos. Él toma la iniciativa en el amor y la compasión, y nos enseña a progresar en la senda del perdón. Desde el nuevo orden de la misericordia en el que Dios nos coloca podemos ver un horizonte de esperanza en medio del odio y la venganza que aparecen sembrados en nuestra historia cotidiana.

  1. “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

El siervo había sido perdonado, pero no había experimentado realmente el perdón. ¿Cómo he experimentado en mi vida la misericordia y el perdón de Dios?

  1. El Señor tuvo compasión de aquel siervo. 

¿Qué te parece más sorprendente de este Dios del que me habla el evangelio?

  1. “Setenta veces siete”.

El perdón que recibimos de Dios es completo, perfecto: ¿Es así mi perdón a los que me rodean?

¿Qué dificultades encuentro para perdonar de este modo?

¿Qué estoy haciendo para crecer en el perdón a los demás?

  1. Recibo el perdón de Dios.

¿De qué manera transmito el perdón que recibo de Dios al hermano que tiene una deuda conmigo?

LECTIO DIVINA – CICLO B – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXXIV «NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO»

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13-14

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

A él se le dio poder, honor y reino.

Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.

Su poder es un poder eterno, no cesará.

Su reino no acabará.

Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5

R./ El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder. R./

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R./

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R./

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra.

Al que nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre.

A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra.

Sí, amén.

Dice el Señor Dios:

«Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».

Lectura del santo Evangelio según san Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús:

«¿Eres tú el rey de los judíos?».

Jesús le contestó:

«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

Pilato replicó:

«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

Jesús le contestó:

«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

Pilato le dijo:

«Entonces, ¿tú eres rey?».

Jesús le contestó:

«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

 COMENTARIO

Hoy finaliza el año litúrgico con la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Durante el año hemos celebrado los misterios del Señor Jesús por los cuales los hombres recibimos la salvación y la vida. Hoy tiene el tono de una fiesta que es recopilación de todo. La Iglesia nos invita a una contemplación global del misterio del Señor Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro. Y hoy, de una manera muy viva, aparece el doble acento que acompaña siempre la figura de Jesucristo: la grandeza y la sorpresa, incluso el escándalo.

La realeza de Jesús es el tema central de las lecturas. El profeta Daniel, tras asistir a la caída de los imperios de su época, observa que Dios entrega el poder universal a un personaje divino y humano al mismo tiempo, al que denomina Hijo del hombre. La comunidad de Juan reconoce en este personaje a Jesús, el “soberano de los reyes de la tierra”, el “testigo fidedigno”, que confiesa su realeza ante Pilato.

Quienes acogen el señorío de Cristo participan ya desde ahora de su función real y entran en comunión con el Dios que es alfa y omega de todo lo creado. Pero acoger la realeza de Jesucristo no es fácil, porque se trata de un rey crucificado.

COMPRENDER EL TEXTO

JESÚS, SIGNO DE CONTRADICCIÓN

Este contraste ya apareció subrayado por los ángeles en su nacimiento, que celebrábamos en la Navidad: “Os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,11-12). Después se manifiesta con motivo de su título central, proclamado por el Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17). Toda su vida provocó una confrontación constante: “Si eres el Hijo de Dios…”, el tentador primero, y después todos, seguidores y no seguidores, reaccionan sin comprender hasta llegar al pie de la cruz: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz” (Mt 27,40).

JESÚS SE DECLARA REY

Hoy el contraste es vivo, lacerante. Jesús había rechazado siempre las pretensiones de llegar al poder, de ser erigido como rey. Al final de su vida, él mismo dice: “Tú lo dices: soy rey”, precisamente en una situación en la que esta frase es ridícula, incluso grotesca. Él es el reo humillado e insultado, a punto de recibir la sentencia a una muerte terrible en la cruz. San Pablo a esto lo llamó “el escándalo de la cruz”.

JESÚS ES REY PORQUE ES TESTIMONIO DE LA VERDAD

Este contraste doloroso nos ayuda a acercarnos al misterio de Jesús con un respeto inmenso, con la actitud de quien tiene que estar siempre aprendiendo. Sus categorías no son “de este mundo” (evangelio); son de Dios, no de los hombres (cf. Mc 8,33), como dijo a Pedro cuando éste lo contradijo la primera vez que anunció su muerte. Él mismo declara el sentido de su proclamación: “Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad” (evangelio). Evoca sus palabras a los discípulos sobre la actitud no de dominio, como los reyes de la tierra, sino de servicio: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45).

LA VERDAD SOBRE EL AMOR DE DIOS Y LA NUEVA VIDA

Jesús ha venido para ser testigo de la Verdad. Es la Verdad sobre Dios, padre que ama a la humanidad entera y se da como Vida para todos; y la Verdad sobre nuestra vida humana, la vida en Dios: de amor, de pobreza, de generosidad, de libertad, de esperanza. Él ha dado testimonio con su Vida y su Palabra, y especialmente con su Muerte y su Resurrección. Él ha vivido como “el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos” (segunda lectura).

Es el núcleo del misterio cristiano que hemos celebrado en todo el año litúrgico. Ésta es su verdadera realeza, la del que vive en el Padre, amando y dándose hasta la Muerte, encontrando así la plenitud de la resurrección. El evangelio de Juan lo destaca, subrayando el título de la cruz: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos” (Jn 19,19). Es “el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (prefacio). Jesucristo reina desde la cruz.

SER DE LA VERDAD

Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (evangelio). La expresión “todo el que es de la verdad” ha de ser meditada en silencio ante la humanidad entera. Cuando Jesús la pronunció y Juan la escribió no había cristianos, o eran pocos… “Ser de la Verdad” es una actitud del corazón que se traduce en una manera de vivir, en todas partes y en todos los tiempos. Son los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y la justicia, los que se abren misericordiosamente a los demás, los que escuchan y perdonan, los que transmiten alegría y libertad como Jesús. Son la obra de Dios entre nosotros los hombres, los que escuchan en el corazón la voz del Señor, los que participan del Espíritu de Jesús, los que reinan con él porque viven en la Verdad y dan testimonio con su manera de vivir. Todos estamos llamados a vivir así; por eso ha venido. “Nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre.” (segunda lectura).

LA EUCARISTÍA, SIGNO DEL MISTERIO

Consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que, ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (prefacio). Es la riqueza del lenguaje cristiano que se acerca al misterio insondable de Jesús, Muerto y Resucitado. Lo celebramos y participamos de él en la Eucaristía, signo de la nueva vida de reyes, sacerdotes e hijos que traen la paz.

ACTUALIZAMOS

Ahora sabemos en qué consiste la realeza de Jesús, cuál es la verdad de la que ha venido a dar testimonio en este mundo. Su Reino no necesita legiones, sino testigos capaces de llegar hasta la entrega de la vida.

  1. Gracias al Bautismo participamos de la realeza de Jesús.

¿Cómo compromete tu existencia esa realeza?

¿A qué testimonio te invita?

  1. Los cristianos somos llamados a colaborar en la construcción de un Reino que no se identifica con los poderes de este mundo pero que se empieza a realizar en él.

¿Cómo te implicas en esta tarea?

  1. En este mundo,

¿Cómo impulsa, anima mi esperanza la victoria de Cristo sobre el odio, la ingratitud, la muerte?

¿Descubro que su victoria es, en apariencia, una derrota?